May 20, 2021
De parte de Valladolor
187 puntos de vista

 

¡No a la
militarización de Ceuta y Melilla!

¡Solidaridad con los
inmigrantes reprimidos por el ejército y la policía!

 

 

Durante el pasado lunes 17 y hoy martes 18,
casi 8000 inmigrantes han cruzado la frontera que separa Ceuta del
territorio marroquí y han entrado en España. Ante esta situación,
auspiciada por el Estado marroquí, que ha utilizado a su policía
para provocar este movimiento de personas, la respuesta del gobierno
ha consistido en la militarización de las ciudades de Ceuta y
Melilla, a las que ha desplazado un contingente militar que se ha
desplegado sobre todo en la zona de El Tarajal apostando en la playa
sus vehículos blindados como si se tratase de una invasión armada.

Una vez que los militares han comenzado a
reprimir a la masa humana que intentaba cruzar a nado alrededor del
espigón que separa Ceuta de Marruecos en esta zona, han logrado
retener a miles de inmigrantes, trasladarlos a zonas de detención y
devolverlos a Marruecos al momento, es decir, han aplicado las
famosas devoluciones en caliente que nunca han parado, ni con el
gobierno del Partido Popular ni con el gobierno socialista.

A última hora del día 18, la situación
parece haber vuelto a la normalidad: la policía marroquí ha vuelto
a cerrar su lado de la frontera y ya prácticamente nadie intenta
cruzarla pero miles de inmigrantes siguen presos en manos del
gobierno español que no ha aclarado qué piensa hacer con ellos.
Desde algunas organizaciones no gubernamentales se afirma que no se
ha llamado a la asistencia jurídica gratuita a la que tienen derecho
los inmigrantes detenidos, así que todo hace pensar que también
serán devueltos a Marruecos por la vía rápida.

El presidente Sánchez ha viajado a las dos
ciudades autónomas junto con el ministro del interior
Grande-Marlaska. Desde allí ha afirmado que no permitirá que se
viole la soberanía territorial española y que defenderá la
integridad nacional a cualquier precio con un discurso inusualmente
claro al respecto de la situación que se vive en Ceuta y Melilla
desde hace años.

Por su parte, el gobierno de Marruecos ha
llamado a consultas a su embajadora en Madrid después de que esta,
una vez se hubo reunido con las autoridades españolas, dejase
entrever que el movimiento migratorio alentado por Marruecos es una
respuesta ante el apoyo prestado por las autoridades españolas al
líder del Frente Polisario, Brahim Gali, que fue admitido en un
hospital de La Rioja para tratarse por Coronavirus.

Este tipo de movimientos por parte de Marruecos
son muy comunes: periódicamente afloja la vigilancia que ejerce
tanto sobre las verjas que separan Marruecos de España como sobre
los inmigrantes, buena parte de ellos subsaharianos que viven durante
meses en territorio marroquí esperando poder pasar a España, y
provoca situaciones en las que la policía y la Guardia Civil
española se ven desbordadas. Se trata de maniobras que el Estado
alauí lleva a cabo para reafirmar su posición como gendarme del
paso a Europa para los centenares de miles de inmigrantes que
intentan huir de sus países cada año: a cambio de ejercer este
papel, cuya importancia intenta poner de relieve con este tipo de
provocaciones, recibe cuantiosas sumas de dinero, concesiones en
otros ámbitos de la política internacional, etc. Durante los
últimos años la situación se ha ido tensando cada vez más: al
cierre de los pasos fronterizos le siguió el bloqueo a las miles de
trabajadoras que pasan a diario la frontera para comprar y vender
mercancías, con lo que se condena a la miseria a todas las familias
que viven de este comercio. La situación creada por la pandemia
mundial únicamente ha logrado agravar este panorama, en medio del
cual las presiones tanto del Estado marroquí como del español no
hacen sino crecer.

La militarización de Ceuta y Mellia tiene como
objetivo no tanto controlar un paso de inmigrantes, algo que
perfectamente podía haberse hecho con refuerzos policiales, sino
mostrar una posición firme frente a las “provocaciones”
marroquíes. El discurso humanitario del gobierno español no puede
esconder la tensión que existe entre los dos Estados, que mantienen
desde hace cuarenta años una calma tensa siempre en riesgo de
ruptura y sobre la que planea el control tanto de zonas estratégicas
del Norte de África como de los pasos marítimos del Mediterráneo y
el Atlántico, así como la continuidad de la soberanía española
sobre Ceuta y Melilla. Las concesiones hechas por España a Marruecos
buscan evitar que el conflicto de baja intensidad que se vive en la
frontera, especialmente con la inmigración como moneda de cambio,
pase a ser una situación más grave y para ello se transfieren
continuamente fondos al Estado alauí, se le da carta blanca para
imponer sus intereses en el Sáhara, etc.

Por su parte Marruecos es una potencia regional
de primer orden en el Norte de África y constituye una especie de
tapón que controla una parte de los flujos migratorios subsaharianos
y que es capaz de evitar el desarrollo del peligro terrorista tipo
ISIS que amenazaría de cerca a los países europeos. Como hemos
dicho, cobra un precio por llevar a cabo estas funciones y cuando la
situación se le vuelve ligeramente hostil, presiona con abrir la
válvula de la inmigración.

En medio de esta situación, los inmigrantes
marroquíes y subsaharianos son simplemente una moneda de cambio
entre ambos estados. Después de recorrer miles de kilómetros,
dejando atrás su tierra y su familia y después de caer bajo el
control de las redes criminales que controlan los pasos por el Sáhara
hacia la costa Norte africana, los inmigrantes subsaharianos quedan
bajo el dominio de las fuerzas armadas marroquíes, que les reprimen
con dureza, limitando sus movimientos, hacinándoles en bosques de
los que no les permiten salir si no le conviene a Marruecos para
presionar a España. Y si finalmente consiguen saltar la valla que
separa Marruecos de Ceuta o de Melilla, se encuentran con las
fuerzas represivas del Estado español que, o bien les encierran en
los centros de internamiento de inmigrantes (los tristemente célebres
CIEs) o les deportan directamente y sin el procedimiento legal
adecuado.

Las masas desheredadas de África, que padecen
en su tierra las consecuencias del control de estas por parte de las
principales potencias imperialistas y de los gobiernos autóctonos
aliados a estas, se encuentran, al huir, con que las mismas potencias
que les mantienen en situación de guerra permanente y extienden la
miseria a cada lugar de sus países, ejercen toda la presión posible
sobre los estados magrebíes del Norte para que controlen los flujos
migratorios y ejerzan de policía fronteriza a gran escala. El precio
de esta política anti inmigratoria es la multiplicación de las
muertes en los pasos fronterizos, marítimos o terrestres, de
Canarias, Marruecos, Túnez, Sicilia, etc.

En España tanto la represión contra los
migrantes como el despliegue del ejército en las fronteras ha
corrido a cargo de la coalición progresista PSOE-Podemos.
Demostración evidente de que los intereses nacionales, de entre los
cuales están en primer lugar tanto el control fronterizo como el
control de la población inmigrante, están por encima de cualquier
gobierno es que esta coalición ha continuado exactamente con la
misma política que llevó a cabo el Partido Popular durante sus
gobiernos. Los ministros de Podemos y del PCE, que se escudarán sin
duda en que conforman la minoría de la coalición de gobierno,
siguen exactamente la misma senda que los ministros del Opus Dei del
anterior gobierno popular.

Pero más allá de la continuidad con esta
política, que es la que impone la clase burguesa, la militarización
de Ceuta y de Melilla tiene que ver con la demostración por parte
del Estado de que el orden, en cualquiera de sus aspectos, se
impondrá con fuerza y sin vacilaciones allí donde haga falta. No ha
pasado ni un mes desde el fin del Estado de alarma, cuando el
gobierno ha vuelto a sacar al ejército a la calle enseñando a quien
quiera ver que de ahora en adelante el Estado burgués no va a tener
problema ninguno en solucionar este tipo de problemas de la manera
más expeditiva posible.

Los proletarios tienen mucho que aprender de
las lecciones que este último año está poniendo encima de la mesa.
La movilización con la excusa de la pandemia, el confinamiento
forzoso, el despliegue de la policía en las grandes ciudades de la
manera más intimidatoria posible, la prohibición de
desplazamientos, reuniones, etc. y ahora la militarización de las
fronteras muestran que el Estado burgués no tiene repararos en
emplear toda la fuerza de la que dispone a la hora de afrontar
cualquier situación que ponga mínimamente en riesgo el orden
social.

Los sacrificios que, sin duda alguna, la
burguesía exigirá a los proletarios en España irán acompañados
de medidas represivas fortísimas. De la misma manera que se ha
podido ver al presidente del Gobierno utilizar el mismo discurso
militarista que suele utilizar el presidente de Ceuta, veremos a
todas las fuerzas del Estado volverse contra la clase proletaria con
el mismo discurso que hoy utiliza la extrema derecha. Si los
proletarios no aceptan sin rechistar las medidas que con toda
seguridad se impondrán a partir de septiembre (reforma de las
pensiones, reforma laboral, etc.) la respuesta de la clase burguesa
no será tan condescendiente como pudo ser hace diez años con el
movimiento 15M. Hoy la situación social es mucho más tensa, incluso
para esta burguesía, y su margen de maniobra mucho menor en
consecuencia. El endurecimiento del Estado, el auge de la extrema
derecha, el desarrollo por parte del gobierno de izquierdas de
medidas punitivas contra la población, forman parte de un ensayo con
el que la burguesía saca músculo y muestra a los proletarios el
futuro que les espera si no toleran cualquier medida que les venga
impuesta para favorecer la recuperación de la economía nacional.

Frente a esto, la clase proletaria debe sacar
las lecciones oportunas. Debe romper con la ilusión de que la
política de colaboración entre clases que defienden especialmente
los partidos como Unidas Podemos, PSOE, Esquerra Republicana o Bildu,
representa una posibilidad para sortear los males propios de la
sociedad capitalista. Sólo la lucha de clase, en defensa de sus
propios intereses, a través de medios y métodos clasistas, puede
darle a la clase proletaria una mínima posibilidad de victoria
frente a la tremenda fuerza que la burguesía está dispuesta a
utilizar contra ella.

¡Fuera los militares de las fronteras!

¡Solidaridad de clase con los inmigrantes
retenidos por el Estado español!

¡Por el retorno del proletariado al terreno
de la lucha de clase!

Partido Comunista Internacional (El Proletario)

18/05/2021. 




Fuente: Valladolorentodaspartes.blogspot.com