April 15, 2021
De parte de Nodo50
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Corren tiempos de tribulaciones para la fotograf铆a documental, fundamentalmente debido a lo que denomino e identifico como un 芦Proceso de gentrificaci贸n de los discursos documentales禄, que viene de largo y que no consiste en otra cosa que en la criminalizaci贸n y el descr茅dito de los mismos, su expulsi贸n de cualquier lugar en el que puedan tener relevancia y la ocupaci贸n del vac铆o que dejan por discursos est茅riles y vac铆os que sirven 煤nicamente a prop贸sitos de 茅xito, espect谩culo y mercado.

El poder siempre ha intentado 鈥攜 a menudo conseguido鈥 domesticar la imagen documental, porque destapa sus corruptelas y las consecuencias de su gesti贸n autoritaria. Desde la guerra de Vietnam el capitalismo se lanz贸 en tromba contra el documentalismo utilizando todos los medios a su alcance, entre ellos el f茅rreo control de los medios de comunicaci贸n. Adem谩s, las despiadadas cr铆ticas del posmodernismo hacia la imagen documental, neg谩ndole toda posibilidad para contar con eficacia absolutamente nada por su incapacidad para 芦decir la verdad禄, contribuyeron a generar una lenta pero imparable desconfianza.

El mundo del arte vino a ofrecer ciertos espacios a algunos de esos discursos expulsados de los medios de comunicaci贸n, pero a cambio de desactivarlos y vaciarlos de contenido para que pudieran formar parte del mercado art铆stico.

Todo este proceso gentrificador obedece realmente a intereses muy concretos por parte de quienes pueden verse m谩s perjudicados por la existencia de discursos documentales que airean sus miserias y evidencian sus estrategias, as铆 que prefieren discursitos amables y ligeros que desv铆en la atenci贸n para no mirar all谩 donde no les interesa. No hay m谩s que fijarse en qu茅 tipo de historias y qu茅 tipo de soluciones est茅ticas patrocinan y premian los grandes grupos de comunicaci贸n y las estructuras e instituciones del poder para saber por d贸nde van los tiros. A la fase m谩s reciente de este proceso de gentrificaci贸n me gusta llamarla de 芦luz de gas禄, porque asistimos desde hace un tiempo 鈥攆undamentalmente desde que se teoriz贸 lo que se ha venido a llamar posfotograf铆a鈥 a un intento por hacernos creer que ciertas cosas son lo que en realidad no son. Se prioriza la banalizaci贸n y la frivolizaci贸n. Se desacreditan y se aligeran los contenidos de lo documental, intentando crear una atm贸sfera de frivolidad, con toques de desenfado casual, como quien ya est谩 de vuelta de todo. Se marginan las miradas comprometidas socialmente, sustituy茅ndolas por miradas acr铆ticas, autocomplacientes y sentimentales, que son profundamente injustas y reaccionarias.

El ejemplo m谩s reciente es el caso de las fotograf铆as tomadas a los prisioneros del centro de exterminio S-21, en Camboya, manipuladas digitalmente por el artista irland茅s Matt Loughrey y dadas a conocer en una entrevista al autor en VICE Asia. El artista dice que recibi贸 el encargo de colorear algunas de las im谩genes que se tomaban a los presos antes de asesinarlos. Sin embargo, no se limit贸 a colorearlas digitalmente, sino que en algunos casos modific贸 la imagen original, a帽adiendo sonrisas falsas mediante Photoshop, modificaci贸n que descubrieron Rithy Panh y Jean-Sien Kim consultando los archivos originales en Tuol Sleng, el Museo de los Cr铆menes Genocidas. La gravedad de la manipulaci贸n y sus consecuencias son evidentes, porque no solo modifica la fotograf铆a sino que falsifica la historia. A帽adir digitalmente esas sonrisas en los rostros demacrados y compungidos de las v铆ctimas fotografiadas mientras eran torturadas y momentos antes de ser ejecutadas es un acto vil y profundamente irrespetuoso con las mismas. No podemos olvidar que las v铆ctimas fueron fotografiadas por sus torturadores y asesinos, por lo que el propio acto fotogr谩fico es cruel y no puede disociarse de su contexto criminal.

Sin embargo, no es un caso aislado, sino que forma parte de una pol铆tica de descr茅dito, manipulaci贸n e impunidad generalizada. Lo que ha llevado a Matt Loughrey a realizar esa manipulaci贸n sin ser consciente de su gravedad es consecuencia directa de pensar que todo vale y de que la imagen documental en realidad no nos habla de forma cr铆tica y veraz sobre nuestra propia vida, sino que es un simple divertimento inocente que podemos utilizar a nuestro antojo sin asumir ninguna responsabilidad. Consecuencia de ignorar que las claves de la imagen documental no son las mismas que las del resto de im谩genes, por muchos aspectos que compartan en el plano formal.  

Pero qu茅 m谩s les da a los artistas posfotogr谩ficos una sonrisa m谩s o una sonrisa menos. Total, a sus ojos, no son m谩s que elementos del atrezzo de una divertida pantomima que igual da que hable de las v铆ctimas del S-21, de un partido de f煤tbol, de una manifestaci贸n, de la recuperaci贸n de la memoria hist贸rica, de unas tranquilas vacaciones en la playa o de la boda de unos famosos. Para ellos, simplemente se trata del terreno de juego en el que desplegar sus habilidades t茅cnicas, sus destrezas art铆sticas y su maestr铆a en aplicar t茅cnicas de marketing implacables. Pero en realidad es fruto de su ignorancia supina, de su desprecio hacia los dem谩s, de su desconocimiento de qu茅 significan el compromiso, la solidaridad y la empat铆a, y desde luego de creer que nada hay m谩s importante que el discursito propio que engorde sus egos, que aumente los likes en sus redes sociales y que incremente sus cuentas bancarias.

Por eso cada vez hay m谩s gente incapaz de apreciar la importancia de ciertas cuestiones relativas a la imagen documental. Gente incapaz de valorar una imagen honesta por encima de im谩genes manipuladas, escenificadas, simuladas y corruptas. Porque lamentablemente creen que da igual. Pero no da igual. Los discursos documentales no utilizan la ficci贸n para seguir un guion escrito previamente. No da igual que el miliciano fotografiado por Gerta Pohorylle o Endre Friedmann fuera fotografiado en el mismo instante de recibir un disparo mortal, que si se trata de un simulacro y despu茅s de la foto se fue a merendar tranquilamente con sus compa帽eros. No da igual contemplar la cara de las v铆ctimas del campo S-21 con el horror y el miedo incrustados en sus rostros en unas im谩genes imperfectas y deterioradas que nos hablan de su sufrimiento, que sus rostros sonrientes en fotograf铆as perfectas y esplendorosas, pero falsas y t贸xicas, que no nos hablan de nada. Que no sirven m谩s que para hacer este mundo un poco peor.

Si esas manipulaciones e intervenciones en las im谩genes documentales nos dan igual, probablemente nos den igual muchas otras cosas. El problema es que el hecho de que se nos haya inoculado el virus de la indiferenciaci贸n entre unas im谩genes y otras es una calculada operaci贸n de marketing social que solo beneficia al fascismo.

Clemente Bernad, 13 de abril de 2021




Fuente: Clementebernadblog.wordpress.com