November 7, 2021
De parte de ANRed
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Nos es imperante confeccionar transiciones populares que recuperen soberan铆as, que hablen de modelos de producci贸n y consumo desde miradas colectivas, territorializadas, solidarias y que respondan a las necesidades para la sostenibilidad de la vida digna. Por Pikara Magazine


El movimiento por la justicia clim谩tica no es nuevo. Muchas han sido las personas que nos han ido allanando el terreno para que entendamos que, si en el momento presente la juventud no lucha, estamos perdidas. Perdidas porque en el presente se est谩n batiendo r茅cords de concentraciones atmosf茅ricas de di贸xido de carbono, porque en los oc茅anos habr谩 pronto m谩s pl谩stico que peces, porque la biodiversidad est谩 desapareciendo, porque la temperatura media anual est谩 aumentando a帽o tras a帽o pese a que la comunidad cient铆fica nos alerta de que no podemos superar el 1,5 grados cent铆grados, porque los peores impactos del cambio clim谩tico los sufren aquellas personas y pa铆ses que menos han contribuido a su avance鈥 驴Es esa la clase de futuro que queremos?

Ya en 1888, en Huelva, se organiz贸 un movimiento que aun贸 a sindicatos, agricultoras y vecinas para luchar contra las minas de Riotinto, unas minas que no solo explotaban laboralmente a las familias obreras de la zona, sino que tambi茅n estaban destruyendo el medio ambiente. Una huelga y un centenar de muertos dio como resultado la primera gran victoria medioambiental en el Estado espa帽ol, amarga eso s铆, pero no la 煤ltima. Durante todo el siglo XX, incluida la 茅poca de la dictadura aunque en menor escala, el movimiento ecologista luch贸 para cerrar nucleares que arrojaban vertidos al mar, contra cementeras, incineradoras y refiner铆as que quemaban residuos altamente contaminantes, plant贸 cara a la construcci贸n de grandes complejos especulativos como el Algarrobico y otras infraestructuras como el inservible aeropuerto de Ciudad Real, se opuso al fracking, a las miner铆as de oro y uranio y a las prospecciones marinas de hidrocarburos, e incluso se moviliz贸 en oposici贸n a la construcci贸n de embalses que sepultaron pueblos enteros.

Hoy, los motivos que nos llevan a luchar por el planeta y las injusticias ambientales apenas han cambiado. La diferencia es que, como dice el manifiesto de Juventud por el Clima, 鈥渘os encontramos en un momento clave de nuestra historia鈥, porque si no cambiamos de manera contundente ya, ser谩 demasiado tarde para el planeta y los seres que lo habitan, y no hay planeta B.

As铆 pues, estamos viviendo un momento de inflexi贸n: las pol铆ticas de hoy marcar谩n nuestras formas de vida en los pr贸ximos a帽os. Esta realidad atraviesa nuestras formas de organizaci贸n y de concepci贸n de la crisis clim谩tica, y nos empuja a cuestionar este sistema colapsado de desarrollo e 铆ntimamente ligado a unas energ铆as que nunca fueron eternas ni baratas. No podemos sostener modelos ciegos que sigan perpetuando y profundizando en las crisis de desposesi贸n, degradaci贸n y precarizaci贸n de las comunidades y ciclos naturales; no podemos seguir asumiendo la destrucci贸n, el silencio y la resignaci贸n como norma de supervivencia ante sistemas que s贸lo hablan de beneficios. Nos es imperante confeccionar transiciones populares que recuperen soberan铆as, que hablen de modelos de producci贸n y consumo desde miradas colectivas, territorializadas, solidarias y que respondan a las necesidades para la sostenibilidad de la vida digna.

Hablamos de transiciones energ茅ticas que desaf铆en y rompan el paradigma neoliberal, que dejen atr谩s l贸gicas extractivistas y de especulaci贸n, y reconozcan nuestra condici贸n interdependiente y ecodependiente. Unas transiciones que hablen de comunidad, afectos y vulnerabilidad, que abandonen los deseos y imposiciones de un sujeto BBVAh (blanco, burgu茅s, var贸n, adulto y hetero) que se cree hegem贸nico, pero que depende de otros cuerpos. En s铆, unas transiciones ecofeministas, que relocalicen los procesos de producci贸n, de distribuci贸n y de consumo, pensando desde la suficiencia y la justicia social, desde las formas de relaci贸n de los ciclos naturales, la vida comunitaria y nuestras realidades encarnadas.





Fuente: Anred.org