March 13, 2021
De parte de Nodo50
201 puntos de vista


Durante las 煤ltimas d茅cadas, el capitalismo ha tenido menos contrapesos que quiz谩s en ninguna otra fase de su historia. El llamado neoliberalismo ha significado ante todo una radicalizaci贸n sist茅mica. El capital se ha constituido como una relaci贸n social cada vez m谩s expansiva, destruyendo e invadiendo los espacios de libertad que los movimientos emancipatorios hab铆an construido durante casi dos siglos de luchas. Esto, por supuesto, no ha significado la desaparici贸n del antagonismo ni que el sue帽o de Thatcher de una sociedad compuesta solo por individuos se haya hecho realidad. La sociedad no se ha convertido en una gran llanura: m谩s bien podr铆amos compararla con un terreno escarpado, en donde los restos mon谩sticos del viejo movimiento obrero conviven con nuevas luchas en forma de erupciones volc谩nicas, que mantienen vivo el recuerdo de otro mundo y la posibilidad de otro, pero sin llegar a constituirlo. Esta situaci贸n en donde el capital ha vencido temporalmente y la clase antag贸nica est谩 situada estructuralmente a la defensiva ha generado una ilusi贸n 贸ptica en la sociedad. El sistema aparece como un Leviathan (recordemos que en el Leviathan no hay afuera y que, por lo tanto, no hay desgarro social), un poder mayest谩tico aceptado sin trabas por el conjunto de la poblaci贸n. Se ha creado as铆 una visi贸n irreal de una hegemon铆a basada simplemente en el consentimiento de los subalternos, ocultando sistem谩ticamente que el neoliberalismo se constituye a trav茅s de un proceso de luchas violent铆simo de los de arriba contra los de abajo. La neutralidad del Estado y el monopolio de la legitimidad de la violencia nunca existe per se: es un proceso que la clase dominante debe pelear y luchar pol铆ticamente.

Nuestro actual periodo hist贸rico se caracteriza por un doble movimiento. Por una parte, una tendencia al debilitamiento de los aparatos redistributivos del Estado, que fueron un producto de la lucha de clases y de la capacidad del movimiento obrero para incidir en el Estado. Por otra, un fortalecimiento corporativo de los organismos represivos, como la judicatura y la polic铆a, que tienden incluso a emanciparse del poder legislativo y ejecutivo. Es decir, nos encontramos ante una situaci贸n que podr铆a parecer il贸gica. El fortalecimiento del capital y la victoria del 鈥渘o hay alternativa鈥 thatcheriano no ha tenido un correlato en el aumento del consenso en torno al sistema. El sue帽o neoliberal de una sociedad en la que todos los individuos aceptasen gozosa y voluntariamente el orden del capital ha estallado en mil pedazos: al contrario, como enunci谩bamos m谩s arriba, la polic铆a ha fortalecido su papel como garante del orden sist茅mico.

Y es que durante los 煤ltimos a帽os, la irrupci贸n de nuevos procesos pol铆ticos protagonizados por las clases populares ha puesto en cuesti贸n en la pr谩ctica el dogma del ejercicio de la hegemon铆a sin violencia. No se puede entender el proceso que llev贸 a Syriza al gobierno sin la confrontaci贸n callejera y el enfrentamiento con las fuerzas del orden. Tampoco las revoluciones 谩rabes sin la quiebra de la capacidad represiva del Estado. M谩s recientemente, la rebeli贸n antirracista en EE UU liderada por el movimiento negro ha puesto de nuevo en primer plano el rol social de las fuerzas policiales. En Chile, el alzamiento popular contra el neoliberalismo tambi茅n ha estado muy marcado por la acci贸n brutal de los carabineros. El Estado vuelve a ser m谩s plenamente Estado. Estos procesos han removido profundamente a sus sociedades revelando y produciendo el doble movimiento en el seno de las estructuras estatales al que alud铆amos m谩s arriba.

La polic铆a, entre la autonomizaci贸n y la constituci贸n de parte

Este proceso ha adoptado muchas formas, en funci贸n de la relaci贸n de fuerzas entre las clases, la forma particular del ejercicio del poder pol铆tico por parte de la respectiva 茅lite nacional o de las formas de lucha de los movimientos impugnatorios. Sin embargo, existe un proceso general que convierte a la polic铆a en, por as铆 decirlo, la vanguardia y en el n煤cleo social de muchas tendencias antidemocr谩ticas y que tienden a traducirse en un v铆nculo pol铆tico con la nueva extrema derecha. En Grecia, por ejemplo, seg煤n estimaciones de la prensa griega, m谩s de la mitad de los polic铆as votaba a Amanecer Dorado. En EEUU, la vinculaci贸n entre el supremacismo blanco y la polic铆a es m谩s que evidente. En el Estado Espa帽ol, hemos vivido un proceso de radicalizaci贸n pol铆tica en el seno de la polic铆a, con el surgimiento de nuevos sindicatos como JUSAPOL (hoy el mayoritario dentro del cuerpo), primero vinculado a Ciudadanos, posteriormente hegemonizado por Vox. Es decir, existe una tendencia a la fascistizaci贸n de los cuerpos policiales, paralela al auge de la extrema derecha.

Me gustar铆a hacer dos aclaraciones al respecto, para fundamentar el por qu茅 de este proceso y explicar tambi茅n sus tendencias y contratendencias. El que escribe no cree que la polic铆a forme parte de la clase obrera, por mucho que le vayan a tirar la frasecita de Pasolini a la cabeza. Para la tradici贸n marxista, el rol social no est谩 simplemente determinado por la forma jur铆dica en la que recibes tus ingresos. Eso ya no ser铆a economicismo vulgar, ser铆a simple estupidez. Si 鈥渆l ser social determina la conciencia鈥, el rol social de la polic铆a sobredetermina claramente su tendencia pol铆tica. La polic铆a cumple el rol esencial de defender el orden sist茅mico y la propiedad: es desde esta posici贸n como construye la polic铆a su visi贸n del mundo, y la que condiciona sus experiencias, en confrontaci贸n con los sectores que cuestionan el orden social, pero tambi茅n contra los que m谩s lo sufren. En ese sentido, la polic铆a tiende a aliarse de forma natural con las viejas clases medias y a empatizar con el proceso que subyace al auge de la extrema derecha: una crisis moral y material de estos sectores sociales que, ante el proceso de proletarizaci贸n social sufrido por la crisis del capitalismo occidental, buscan armar un nuevo bloque con las 茅lites que les permita salvar su posici贸n relativa en la sociedad a cambio de aplastar todav铆a m谩s a los de abajo, especialmente a los migrantes y a la poblaci贸n racializada. Un proceso fortalecido por la propia estructuraci贸n de la polic铆a como cuerpo social cerrado, articulado como una comunidad asediada frente a fuerzas sociales hostiles hacia su papel represivo.

Este punto de vista nos deber铆a ayudar a evitar simplificaciones. Que la polic铆a sufra un proceso de radicalizaci贸n hacia la derecha y que en ese proceso converja con la extrema derecha no significa que, autom谩ticamente, la forma pol铆tica del Estado mute y estemos ante un 鈥淓stado fascista鈥. Ni siquiera en el caso de Trump eso ocurri贸. El Estado integral es un conjunto de relaciones y contrapesos y el paso al fascismo requiere un proceso de ruptura pol铆tica con la democracia liberal por el cual las 茅lites pol铆ticas no han apostado todav铆a en Occidente. M谩s bien, la conclusi贸n temporal del proceso que hemos descrito es la autonomizaci贸n de la polic铆a con respecto al poder pol铆tico ejecutivo y legislativo, el aumento del margen a la hora de ejercer su poder corporativo. Es dif铆cil que un gobierno, sobre todo de izquierdas, controle a la polic铆a. Lo bochornoso es que en vez de reconocer el problema, tienden a ocultarlo apoyando acr铆ticamente a la polic铆a. Por eso, es justo pedir responsabilidad pol铆tica a quienes formalmente la controlan, pero eso no soluciona el problema.

Entre la t谩ctica y la estrategia. Sobre la confrontaci贸n con la polic铆a y un programa mediato

El problema tiene entonces dos caras. Por una parte, frente a unos cuerpos policiales cada vez m谩s agresivos contra la protesta, es necesario armar una estrategia de movilizaci贸n que tenga en cuenta este factor. Por otro lado, es necesario dotarse de un programa mediato concreto, que busque revertir una relaci贸n de fuerzas abrumadoramente favorable al poder policial, cada vez m谩s consolidado material e ideol贸gicamente, sostenido por unas pol铆ticas securitarias que fortalecen el corporativismo de cuerpo y se articulan con los p谩nicos morales de las clases medias.

Con respecto a las estrategias de movilizaci贸n, creo que hay que diferenciar dos planos. Por un lado, la revuelta espont谩nea, que responde a los impulsos del momento y que es producto de la rabia leg铆tima, expresando de forma condensada el malestar social. La izquierda que cae en condenar esto se est谩 condenando a s铆 misma. Condenar la quema de unos contenedores o de las lunas de un banco es un acto insoportablemente hip贸crita: solo responde a la voluntad impotente de cierta izquierda de ser aceptaba en la institucionalidad liberal. Lo m谩s lamentable pol铆ticamente es que casi nunca funciona: aliena a la izquierda de su base social potencial y la coloca estructuralmente a la defensiva frente a la necesidad insaciable de condenar la protesta de los partidos del orden. El otro plano, sin embargo, tiene que ver con la posible reaparici贸n de t谩cticas semi-insurrecionalistas, que, a trav茅s de la confrontaci贸n vanguardista, busquen despertar 鈥渓a conciencia de las masas鈥. Lo que estamos diciendo aqu铆 no es ninguna novedad. Siempre surgen este tipo de expresiones pol铆ticas ante la impotencia y el leg铆timo descr茅dito de la pol铆tica institucional, la frustraci贸n frente a una izquierda oficial necia y timorata y la rabia que produce una situaci贸n socio-vital percibida como absurda. No se trata de acoger de forma paternalista este tipo de fen贸menos; tampoco de condenarlos moralmente, mientras no opten por un camino grave. Se trata de colocar encima de la mesa las estrategias de lucha m谩s 煤tiles para recomponer un movimiento social capaz de ser eficaz en las circunstancias actuales del capitalismo tard铆o. La desobediencia civil no violenta (que en ning煤n caso excluye la autodefensa) ha demostrado ser la v铆a m谩s 煤til durante todas las 煤ltimas d茅cadas para combinar radicalidad con masividad. Al contrario de lo que muestran muchos bienintencionados memes de internet, el factor decisivo para conquistar derechos nunca fue ejercer la violencia, si no por ser lo suficiente masivos y tener la suficiente capacidad organizativa como para que el uso de la violencia por parte del Estado no fuese decisivo. S茅 que puede resultar doloroso para el imaginario izquierdista, pero creo que urge desterrar como ejemplos mitos como el final desastroso y tr谩gico del movimiento aut贸nomo en Italia a finales de los a帽os 70. Creo que este tipo de cuestiones no tiene demasiada centralidad a d铆a de hoy, pero me parece importante mencionarlas por si resurgen en el futuro.

Por 煤ltimo, creo que la izquierda requiere de una estrategia estatal con respecto a polic铆a. Las medidas que propongo no est谩n pensadas para una situaci贸n revolucionaria en la que se quiebra el poder de los aparatos estatales, sino como medidas program谩ticas que la izquierda podr铆a incluir en el aqu铆 y ahora para ir generando un marco de disputa en clave ofensiva con este tema. Es evidente que esto tendr谩 costes en un sector de la opini贸n p煤blica y que deben encuadrarse en una estrategia consistente en ampliar el marco y los repertorios de protesta, libertades y autoorganizaci贸n popular. Por ejemplo, la abrumadora presencia policial en los barrios metropolitanos no contribuye a generar sensaci贸n de seguridad, sino todo lo contrario. Exactamente lo mismo que ocurre con las manifestaciones: la presencia de los cuerpos policiales en ellas suele ser una garant铆a de disturbios. La izquierda debe asumir la tarea de despolicializar los barrios y la protesta, como parte de un programa que ponga la convivencia y la reivindicaci贸n pac铆fica en el centro. Estas son propuestas que quiz谩s generen rechazo en sectores de las clases medias pose铆dos por sus p谩nicos morales, pero que contribuyan a acercar a la izquierda a amplios sectores sociales del subproletariado urbano (y especialmente a sectores de origen migrante) que sufren la presi贸n policial en su vida cotidiana.

En ese sentido, y por decirlo crudamente, creo que la izquierda debe comprometerse con un proyecto que busque debilitar el poder social y pol铆tico de la polic铆a. La reducci贸n del gasto policial, la disoluci贸n de las brigadas especializadas en los disturbios (los mal llamados anti-disturbios) o la prohibici贸n de los sindicatos policiales son propuestas concretas que podemos colocar en el debate p煤blico. Sin duda, har谩 falta valent铆a pol铆tica, pero la cobard铆a suicida basada en mirar hacia otro lado ante esta din谩mica de fortalecimiento del 鈥減arlamentarismo negro鈥 (Gramsci) que hemos descrito no parece una soluci贸n muy eficaz.

Brais Fern谩ndez es militante de Anticapitalistas y forma parte de la redacci贸n de viento sur

https://catarsimagazin.cat/no-hi-ha-poder-sense-violencia-sobre-policia-i-exercici-de-lhegemonia/

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Fuente: Vientosur.info