February 20, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
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Corrían los años en el pintoresco kiosco/bodega donde me encontraba sobreviviendo…

Cuando venía un policía local nuevo al barrio, entraba en el kiosco, se presentaba muy amablemente, me dejaba su tarjeta y me decía que si tenía algún problema no dudara en avisarle. Yo me sentía muy segura.

Un día entra un policía local de barrio con su “amoto”, bastante “templao”, y en vez de presentarse como todos, me preguntó si conmigo tenía que hablar a las buenas o a las malas. Yo le dije con voz dulce y temblorosa que a las malas por qué. Creo que ni me dejó su tarjeta, nunca lo llamé, me visitaba muy asiduamente. Se llamaba Vicente. En Mislata es muy dado llamar a los policías, policeros: entonces lo bauticé como el “policero Vicente”. El pobre me amargó la existencia durante una larga temporada.

En el kiosco siempre tenía dos sillas de plástico en la entrada, una casi siempre estaba ocupada por “Anestesia”, una señora de avanzada edad que vivía sola, enfrente del kiosco y le encantaba sentarse todas las mañanas y hacía la “bicicleta” con las piernas. La otra la usaba yo para salir a fumar. Si alguna estaba libre se sentaba cualquier persona que quisiera, el que venía cargado con la compra, y hacer su descansillo, a tomarse su cervecita, a charrar un poco, a tomar la fresca… Quise pedir permiso de terraza al ayuntamiento, pero fue misión imposible.

Pegado al kiosco tenía un vecino muy agradable, F. que vendía ropa vaquera en los mercados. En su planta baja guardaba el coche, el remolque y tenía el vado- Yo recibía paquetes de él y él me dejaba usar su vado para poner las sillas y me regalaba vaqueros de todas las maneras: cortos, largos… Aún uso vaqueros de él.

El policero Vicente venía muy a menudo a darme el toque: que me iba a multar por tener sillas en la calle… Por lo visto había algún policero de balcón tocapelotas que avisaba a los policeros porque molestaban las sillas. Yo abogaba por la fresca de toda la vida, le decía que aquello no era la calle Colón de Valencia, que era el Barrio del Quint de Mislata…

Luego se puso chunga la cosa con la bebida. Vino un día el policero Vicente y me dijo que tenía que avisar a los clientes de que estaba prohibido beber en la calle y que iba a multar a los vecinos, que tenía que poner un cartel avisando. Un día toda inspirada escribí:

“Según la normativa vigente y el policero Vicente:

queda terminantemente prohibido el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública,

multa de hasta 600 euros.”

Un día dos chicos me pidieron un bote de bebida refrescante y una cerveza de bote. Se las puse en una bolsa de plástico para llevar. Por lo visto estaban esperando a que bajara algún vecino y justo fuera en la esquina se los estaban bebiendo. Yo salí a fumar y veo que el policero frena en seco la “amoto” y les dice: “¿la kiosquera no os ha comentado que está totalmente prohibido beber en la vía pública.?”

Otra vez pude ver que enfrente había un aparcamiento reservado para minusválidos y un coche aparcado con una fotocopia mal hecha del carnet de minusválido, dicho por el policero. Estuvo despotricando un buen rato. Al final bajó el dueño del coche y, por lo visto, eran supercoleguis y no pasó nada.

También debo decir que nunca me multó por nada. Al final venía de paisano con su hijo a por las buenas chuches y bebidas en bolsa de plástico para llevar, y en el fondo no me caía del todo mal.

D.E.P Sra. Anastasia.

D.E.P Vicente, policía de barrio en Mislata.




Fuente: Grupotortuga.com