April 5, 2021
De parte de La Haine
125 puntos de vista


Hacia 1975 nos sorprendió el incremento de la pobreza y de la indigencia, tanto la pobreza por ingresos, como la estructural o de las necesidades básicas insatisfechas (NBI).

La primera se mide regularmente y más allá de cambios en la metodología o sospechas de escamoteo de información en algún periodo, el fenómeno ha sido relevante en el último medio siglo, agravado en el presente[1]. La segunda surge de los Censos de población y va más allá de los ingresos mensuales y remiten a condiciones de vida y de vivienda, entre otros. Uno y otro de los indicadores dan cuenta del deterioro de las condiciones de vida en una parte importante de la población de un país considerado rico por su potencial, e incluso en su real capacidad de generar riqueza.

Los datos actuales confirman el problema de la pobreza como fenómeno estructural, de largo aliento y de no fácil resolución si no median cambios profundos en la organización económica de la sociedad. Hasta entonces, los datos estadísticos sobre pobreza o problemas de empleo no ofrecían relevancia en las consideraciones más generales sobre la evolución económica, aun existiendo pobreza. Todo indicador negativo parecía encontrar solución en las políticas de industrialización gestadas desde comienzos del Siglo XX, entre 1910 y 1974/5. Es una constante reiterada de esos tiempos bajo gobiernos constitucionales e incluso dictaduras.

El desarrollismo será una constante, con los matices y énfasis en cada momento, ya que no es lo mismo la gestión del ciclo industrializador bajo regímenes constitucionales que en dictatoriales. Estos últimos intentaron restaurar el poder conservador y una lógica de subordinación al modelo definido desde la gran propiedad terrateniente. No tuvieron éxito por las resistencias populares y una lógica mundial asociada a la extensión del proyecto mundial de expansión de la industrialización. El agotamiento y transformación global de ese “modelo” opera a mediados de los 70.

Pretendemos apuntar a que el horizonte de la pobreza y los problemas de empleo emergieron como fenómeno visible para la consideración pública en el último cuarto del siglo XX. Será desde entonces un tiempo de desindustrialización relativa, asociado a una subordinación a lógicas globales por la mundialización, definida por las cadenas de valor que perforan los límites de las fronteras nacionales. La transnacionalización del capital converge con el fin de la extensión de la industrialización gestada en tiempos del desarrollismo capitalista.

¿Es diferente en el mundo?

La gran expansión fabril en China desde fines de los años 70 del siglo pasado tuvo impacto en la mejora de los ingresos del país más poblado del mundo, contribuyendo a bajar los indicadores de pobreza en el ámbito mundial. Si se excluye a China, los indicadores no son tan favorables. Es más, con la pandemia creció la pobreza, los problemas de empleo y se revirtieron las tendencias globales a la disminución del fenómeno de la pobreza en todo el mundo. Lo interesante es que en simultaneo a la mejora relativa de los indicadores de pobreza, la relación de desigualdad entre riqueza y pobreza se extendió desde el inicio del modo de producción capitalista hasta el presente. En rigor, la concentración del capital y sus mecanismos de acumulación definen la desigualdad, por lo que en esta tercera década del siglo XXI nos encontramos con crecimiento de la pobreza y de la desigualdad entre ricos y pobres.

Señala recientemente la titular del FMI que:

“El futuro económico es muy diverso. No todos los países ni todas las personas tienen ya acceso a las vacunas. Son demasiados los que siguen enfrentando la pérdida de puestos de trabajo y el aumento de la pobreza. Son demasiados los países que se están quedando atrás.”[2]

Las palabras de Georgieva remiten al rebote de la economía mundial para este 2021, pero “diverso”, sostiene, ya que los motores son China y EEUU, no necesariamente todos los países capitalistas desarrollados y menos los emergentes o los empobrecidos y con mayor población vulnerable por las condiciones de funcionamiento de la economía capitalista contemporánea.

De hecho, el fenómeno de la pobreza está en el origen mismo del orden capitalista, ya que la novedad en la investigación sobre la “riqueza de las naciones”, título de la obra fundación de la Economía Política clásica, remite a la sistematización de la disciplina científica del orden capitalista. Claro que la riqueza inglesa estudiada por Smith hacia 1776, en tanto novedad, incluía a la pobreza como la “norma” de la vida, incluso en el territorio de expansión de las nuevas relaciones sociales capitalistas. El crecimiento de la riqueza no impide el de la desigualdad, tema esencial de los recientes estudios del francés Piketty u otros informes sobre el tema. Por eso, el problema es el orden capitalista, que ya no puede disimular los límites relativos del enriquecimiento y de la pauperización por la extensión de las relaciones capitalistas a todo el territorio mundial.

La tendencia decreciente de la productividad del trabajo impuso los cambios del último tiempo, los que promueven el privilegio a la renta como forma de apropiación del plusvalor, sea la renta del suelo, la petrolera, o la financiera, todas subsidiarias de la propiedad privada concentrada del capital, la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes. El resultado es la extensión de la pobreza y la desigualdad.

Más de cuatro décadas de liberalización

Por eso es que ahora es visible la cruda realidad de la pobreza en la Argentina, como fenómeno relativamente nuevo.

El país capitalista insertado en la economía mundial desde 1880 se presentaba como una potencia en expansión, con crecimiento de su población, especialmente la trabajadora, inmigración mediante, incorporando todos los atributos de la innovación tecnológica provista por el capital externo, y en el saber hacer de una clase obrera educada en países con mayor desarrollo relativo.

La pobreza “parecía” importada, pero el capitalismo local otorgaba oportunidad a los “pobres extranjeros” para la superación de su condición, incluso, el hecho de que muchos trabajadores y trabajadoras pudieron “ascender” en la escala social como pequeños empresarios, algunos de los cuales pudieron crecer, acumular y transformarse en parte de quienes disputan integrarse en la cúpula empresarial.

De ahí la ilusión del “capitalismo nacional” como aspiración de proyecto político para el país burgués. Una concepción imposible derivada de la tendencia a la universalidad del régimen capitalista, transnacionalización mediante. La ilusión desarrollista se estrelló hacia 1975-76 y con ella el destino de industrialización, inserción laboral masiva y ascenso social por ingresos. La novedad fue el desempleo, el subempleo, la precariedad laboral, la pobreza y la indigencia. Es lo que nos devuelve el INDEC para fines del 2020 con 42% de pobreza, 10,5% de indigencia y el lacerante dato del 57.7% de menores de 14 años bajo la pobreza. Esto es hipoteca para el futuro, un no destino de la sociedad empobrecida, mayoritaria.

Fue grave el dato de la pobreza en la grave situación del 89/90, que más allá de los estallidos sociales desembocaron en la “convertibilidad” de hace 30 años (abril del 91) y su lógica de liberalización (privatizaciones, apertura económica, etc.). Ahí se consolidó una tendencia histórica que define el pico de crecimiento de la pobreza argentina en torno al 57% de la población, que derivó en la pueblada del 2001 y la crítica a las políticas hegemónicas de liberalización.

Los datos del presente están entre los del 89 y los del 2001, superando a aquellos y no alcanzando aun el pico de hace dos décadas. La preocupación es que los datos de pobreza del presente evolucionen manteniendo las fronteras de estos elevados valores. Por ello, en la coyuntura nos animamos a sustentar la necesidad de cambiar profundamente la política económica para incidir en la forma de producir y consumir y de ese modo, que se resuelva el problema estructural de una pobreza que ya no puede atacarse con “desarrollismos”, una estrategia fuera de época. Una estrategia para eta época supone confrontar con el poder y su base material instalada en la propiedad privada de los principales medios de producción.

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Notas:

[1] INDEC. Informe sobre “Condiciones de vida., Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos”. Segundo semestre de 2020, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/eph_pobreza_02_2082FA92E916.pdf

[2] Kristalina Georgieva, Directora Gerente del FMI. Washington, DC, 30 de marzo de 2021, en: https://www.imf.org/es/News/Articles/2021/03/25/sp033021-SMs2021-Curtain-Raiser

La Haine




Fuente: Lahaine.org