November 19, 2021
De parte de Briega
292 puntos de vista


No tem谩is a las ruinas

Foto: Taylor Siebert (Unsplash).

El temor al colapso se ha colado en los hogares de quienes habitamos el norte global y lo ha hecho de la mano de medios de comunicaci贸n que compiten bajo las mismas reglas de quienes nos han llevado a esta situaci贸n, pues son los que pagan sus espacios publicitarios y copan sus consejos de administraci贸n

 

El art铆culo que vas a empezar a leer no pretende alarmar. Todo lo contrario. Trata de ver todo esto que nos rodea como una oportunidad. Una grieta. Lo cierto es que en este embrollo en el que andamos metidas tiene dif铆cil soluci贸n. Sobre todo, si somos incapaces de romper con paradigmas econ贸micos que lastran nuestras libertades, nuestra salud, y lo m谩s importante, atentan continuamente contra la resistencia de nuestros ecosistemas.

El enredo en cuesti贸n, y desde ya os digo que es una ecuaci贸n de dif铆cil resoluci贸n, incluye escasez de recursos energ茅ticos f贸siles, escasez de materiales (algunos necesarios para implementar las energ铆as renovables o mantener en funcionamiento tecnolog铆as como los smartphones), encarecimiento del transporte, deslocalizaci贸n de la industria, aumento de la pobreza extrema, industrializaci贸n masiva de la agricultura y ganader铆a, una econom铆a excesivamente financierizada y el amenazante calentamiento global.

Si hay algo que me preocupa realmente es que la humanidad hayamos sido capaces de destrozar el equilibrio de nuestro planeta en tan poco tiempo. Esta semana terminaba la celebraci贸n de la cumbre COP26 y lo hac铆a sin ninguna decisi贸n vinculante, y qu茅, aunque la hubiera, esta no ser铆a respetada. En el a帽o 2015 se firmaba el Acuerdo de Par铆s, un tratado internacional sobre el cambio clim谩tico jur铆dicamente vinculante. Fue adoptado por 196 pa铆ses en la COP21 celebrada en Par铆s, el 12 de diciembre de 2015 y entr贸 en vigor el 4 de noviembre de 2016.

Aquel acuerdo trataba de evitar que el calentamiento global superara el umbral de 1,5 C鈦, sin embargo, todos los indicadores que baraja la comunidad cient铆fica nos llevan a un escenario en el que ese l铆mite se ver铆a superado antes de lo estimado: en torno al a帽o 2030.

De hecho, la revista Science publicaba recientemente un art铆culo en el que se aseguraba que, incluso si dej谩ramos de utilizar combustibles f贸siles en todas las actividades, excepto en la agricultura y ganader铆a industriales tal y como las concebimos ahora, se superar铆a ese umbral.

Esto nos lleva a un asunto clave y en cierto modo representativo de lo que el capitalismo es y c贸mo funciona: la agroindustria. El actual proceso industrializado del sector primario supone el primer gran escollo que el capitalismo debe sortear ante los problemas de escasez de recursos que le acechan. La transformaci贸n de la agroindustria en beneficio de nuevas comunidades autosuficientes y respetuosas con el medioambiente no necesita de acuerdos vinculantes de los pa铆ses, es m谩s, de seguir los caminos marcados por los l铆deres de estos Estados, el cultivo en peque帽as huertas va a ser una obligaci贸n.

Si la escasez de combustibles f贸siles ha alcanzado el pico del petr贸leo y est谩 a punto de alcanzar el pico del gas, se hace improbable que grandes tractores y cosechadoras, como los que ahora vemos surcar y segar los campos, circulen dentro de una d茅cada.

As铆 mismo, esta escasez tambi茅n influir谩 en la fabricaci贸n de pesticidas y abonos derivados del petr贸leo, lo que nos obligar谩 a repensar la agricultura de una forma casi antropol贸gica. Sembrar en colectivo, regar en colectivo, cosechar en colectivo y comer en colectivo. Obligar谩 a colectivizar las tierras que nos den de comer, abandonada por las manos de aquellos que ya no podr谩n usar sus grandes m谩quinas para someter al campo a procesos industriales de los que saquen provecho unas pocas multinacionales.

Emprender este viaje colectivo hacia una nueva (o vieja) forma de alimentaci贸n obligar谩 a nuevas (o tambi茅n viejas) formas de sociabilizaci贸n que, a la fuerza, deber谩n romper con las l贸gicas del mercado. El capitalismo poco tiene que hacer ante la sociabilizaci贸n sin transacci贸n monetaria de por medio. Se ver谩 desarmado sin finanzas que hagan subir o bajar precios al antojo de quien m谩s cartas posee en ese sombr铆o juego. Y ya no hablamos solo de la agroindustria.

Pero este cambio necesita de un giro radical en la cultura creada por el capitalismo desde hace un par de siglos. Cambiar el paradigma de producci贸n, especulaci贸n, publicidad y consumo se hace estrictamente necesario de cara a afrontar cambios econ贸micos y sociales futuros. Romper con la macabra rueda dentada de la producci贸n requiere de una ruptura casi total con todo lo que conocemos. Y esto va a ser lo m谩s dif铆cil. Quitar la venda de nuestros ojos. Liberar nuestros pensamientos de sus apretados cors茅s. Durante d茅cadas la mayor parte de nosotros nos hemos convertido en engranajes de una maquinaria que no dese谩bamos, produc铆amos bienes y servicios que directamente no quer铆amos. Gast谩bamos nuestro tiempo en labores arduas, indeseadas y, en muchas ocasiones, innecesarias. Incluso cuando produc铆amos contracultura o subversi贸n est谩bamos siendo parte del sistema.

El capitalismo hace tiempo que desech贸 a una gran parte de la poblaci贸n mundial. La pobreza extrema azota desde hace d茅cadas al sur global, que sufre el expolio continuado de una descolonizaci贸n inconclusa. A quienes sufren ese colapso cotidiano no se le puede hablar de un nuevo colapso. Carlos Taibo lo resume bien cuando dice que 鈥explicar qu茅 es el colapso a una ni帽a nacida en la franja de Gaza me parece extremadamente dif铆cil, porque ella no tiene posibilidad de comparaci贸n鈥. A esa ni帽a, como a muchos otros ni帽os en 脕frica o Am茅rica no les asusta el colapso, porque ya viven en 茅l.

La encrucijada en la que nos encontramos en la actualidad requiere de pensamientos libres de ataduras. Porque el capitalismo viene mat谩ndose a s铆 mismo de avaricia. Y a la postre acabar谩 por destruirse. Y el colapso que nos pintan Ana Rosa o Ferreras es m谩s el suyo que el nuestro. Nosotros sab铆amos del fin de las materias primas desde hace a帽os y ahora nos quieren hacer jugar a su juego: convencernos que el capitalismo tal y como lo conocemos es la 煤nica soluci贸n y la 煤nica herramienta que puede salvarnos de ese colapso ca贸tico. La 煤nica alternativa. O ellos o el caos. El 鈥realismo capitalista鈥 exactamente como nos lo describi贸 Mark Fisher.

Pero no debemos caer en la trampa del derrotismo. Ante el miedo que nos vierten debemos mostrar nuestra fe. Como escrib铆a Layla Mart铆nez hace un par de meses en El Salto en su invocaci贸n a los muertos: 鈥La revoluci贸n es un acto de fe. Pero no la fe podrida de los cl茅rigos, sino la fe luminosa de los ni帽os o la fe ardiente de los amantes鈥. Porque ellos nos vender谩n su soluci贸n como m谩gica pero sabemos, porque lo hemos visto otras veces y en otros lugares, porque nos lo contaron tambi茅n nuestros muertos, que la soluci贸n capitalista lo destruye todo y nos vuelve a encerrar en su jaula.

El colapso que anuncien las grandes corporaciones medi谩ticas es tan solo el final de su reinado. El capitalismo tocando a deg眉ello. Y, en ese rebato para salvar sus beneficios, ser谩n sus propias l贸gicas las que llevar谩n al caos, sin darse cuenta de que a quienes pretenden asustar hace tiempo que vivimos en la cara oculta del capitalismo. Somos las que mal pagadas limpiamos sus casas, arreglamos sus coches, hacemos sus ofertas, servimos en sus bares, vendemos sus productos, pintamos sus paredes y, s铆, por qu茅 no decirlo, construimos sus palacios. No puede asustarnos que se derrumbe su imperio.

MIGUEL 脕NGEL CONEJOS MONTALAR 19 noviembre, 2021,




Fuente: Briega.org