March 17, 2021
De parte de Indymedia Argentina
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Presentar los conflictos actuales como resultado repentino de 鈥渦nos ins贸litos 鈥榙iaguitas calchaqu铆es鈥欌 que rompen la armon铆a de un paisaje habitado s贸lo por 鈥減eque帽os productores鈥, es irresponsable, afirman las autoras.

14/03/2021

Por Lorena Rodr铆guez* y Lucrecia Martel**

En Argentina, hace ya algunas d茅cadas, diferentes personas y pueblos ind铆genas comenzaron a fortalecer y visibilizar sus identidades 茅tnicas. Despu茅s de mucho tiempo de silenciamientos, activaron sus memorias, recompusieron sus historias y desafiaron las peyorativas representaciones que pesaban sobre ellos. M谩s importante a煤n, iniciaron un camino de organizaci贸n y lucha que puso en evidencia una serie de conflictos que, aunque anclados en procesos hist贸ricos de larga data, eclosionan con fuerza en la actualidad.

En el marco de esos conflictos, y especialmente en determinadas coyunturas, aparecen notas en medios gr谩ficos y televisivos que buscan desacreditar la identidad y los reclamos ind铆genas. Afirman que los mapuches son chilenos o terroristas, dicen que los diaguitas son truchos. En este texto, buscamos reponer la complejidad de los procesos hist贸ricos para proponer una lectura diferente sobre las reivindicaciones ind铆genas en el presente. Afortunadamente, una nutrida producci贸n acad茅mica nos ofrece la base desde la cual partir.

Respecto a los diaguitas del Valle Calchaqu铆 salte帽o, recientemente se publicaron algunas cr贸nicas en un medio nacional en las que se afirmaba que esa identidad era un invento, que no hab铆a diaguitas en esa zona y que en todo caso los 鈥渧erdaderos habitantes de la regi贸n鈥 eran los 鈥減ulares鈥. Obviamente, la cuesti贸n es menos lineal. Veamos.

En t茅rminos hist贸ricos, las primeras descripciones sobre el valle Calchaqu铆 fueron escritas por los conquistadores espa帽oles a mitad del siglo XVI. Diego de Rojas llam贸 a sus habitantes 鈥渄iaguitas鈥 y los caracteriz贸 como muy belicosos; una representaci贸n que se hab铆an ganado por rebelarse frente a los incas y que refrendar铆an luego al ofrecer resistencia a los espa帽oles. En efecto, aunque los incas hab铆an podido instalarse en el sector norte del valle, movilizando poblaci贸n e instalando colonos a modo de control, hay autores que plantean que nunca lograron poner completamente bajo su dominio a las poblaciones locales. Por otra parte, hacia 1560, un levantamiento encabezado por el cacique Juan Calchaqu铆 inaugurar铆a las denominadas 鈥淕uerras Calchaqu铆es鈥. A partir de ese momento los espa帽oles comenzaron a designar como 鈥渋ndios de Calchaqu铆鈥 a quienes estaban bajo la 贸rbita de dicho jefe, para, finalmente, ampliar la denominaci贸n a todos los ind铆genas del valle que estaban en pie de guerra.

Los apelativos de diaguitas y calchaqu铆es sirvieron entonces para comenzar a ordenar el espacio a conquistar y diferenciar a sus habitantes. Pero en realidad, esas grandes entidades 茅tnico-lingu茂sticas inclu铆an numerosos grupos que, aunque compart铆an pautas culturales y ten铆an un idioma com煤n (el kak谩n), se manten铆an como unidades pol铆ticas independientes que se relacionaban entre s铆 a trav茅s de la alianza o la guerra y que los espa帽oles -poco a poco- empezaron a mencionar en sus escritos (pulares, atapsis, payogastas, chuschas, etc.).

No es dif铆cil imaginar la falta de rigor con la que las autoridades coloniales hicieron esos registros y la poca sensibilidad que tuvieron los conquistadores para distinguir particularidades en medio del af谩n por repartirse la mano de obra. Este proceso supuso la fragmentaci贸n, superposici贸n y desplazamiento de los ind铆genas, en especial luego de finalizadas las Guerras y avanzado el proceso de conquista y consolidaci贸n del dominio colonial.

A pesar de esta compleja realidad dif铆cil de conocer, se afirma convenientemente que no hab铆a 鈥渄iaguitas鈥 en el sector salte帽o del valle y que los 鈥渧erdaderos habitantes de la regi贸n鈥 eran los 鈥減ulares鈥. Si, como vimos, el uso de 鈥渄iaguitas鈥 y 鈥渃alchaqu铆es鈥 es problem谩tico no lo es menos el de 鈥減ulares鈥. Sobre ellos a煤n hay intensos debates entre los especialistas y en el estado actual de conocimiento es imposible afirmar que una designaci贸n es m谩s correcta que otra y aseverar qu茅 caracter铆sticas 茅tnicas y territoriales los defin铆an.

Frente a una historia tan accidentada, tan voluntariamente borroneada, sorprende leer o escuchar ciertas certezas. Y es justamente por eso, por los borramientos y las discontinuidades forzadas, que el tema de la 鈥渁utopercepci贸n鈥 -que suele mencionarse con sorna en notas y apariciones televisivas- es de gran relevancia. Tal vez no podamos saber exactamente c贸mo se autoadscrib铆an quienes habitaban el valle hace siglos. Pero s铆 podemos hoy escuchar c贸mo los pueblos ind铆genas quieren llamarse, c贸mo ven sus relaciones con el pasado y reescriben su propia historia. De ah铆 que, el Convenio 169 de la OIT, al que nuestro pa铆s suscribe, reconoce a la autoidentificaci贸n como uno de sus principales derechos.

Otro de los puntos que suele mencionarse en las notas que buscan desacreditar los actuales reclamos es el del supuesto 鈥渙rden arm贸nico鈥 vallisto que se ve amenazado en la actualidad por la pol铆tica 驴De qu茅 armon铆a hablan? Si lo que vemos d铆a a d铆a en el valle es el resultado de un proceso hist贸rico violento nunca acabado. Nuestra cultura argentina se construy贸 sobre una estrategia: otorgar una naturaleza inferior a quienes ac谩 viv铆an para someter su fuerza de trabajo. Pero tiene una tremenda debilidad: es imposible convencer completamente a una persona de que no vale y que debe permanecer en la carencia. Debajo de ese superficial orden arm贸nico bullen conflictos que salen a la luz cuando las condiciones lo permiten. Cada vez m谩s escuchamos sobre pueblos y comunidades que inician reclamos de tierra. Esto no es invento de un pu帽ado de militantes. Es la lucha centenaria de muchos.

Imaginemos la siguiente situaci贸n: en la primera cita al m茅dico quien atiende es una chica morena, que habla como santiague帽a. En el 90% de los corazones argentinos surgir谩 la desconfianza. 鈥淓lla no est谩 preparada, me tengo que ir鈥. 驴Estamos exagerando? Ese sentimiento de sospecha sobre la incapacidad del otro fue fundado hace siglos, prolijamente desarrollado, condimentado con palabras de desprecio y con a帽os de manuales escolares.

Es necesario desarmar esa historia sesgada y fuertemente arraigada en nuestro sentido com煤n. Pero para eso hay que comenzar, al menos, por problematizar las fuentes que no deben leerse con fe de monaguillos, sin reponer el contexto en que fueron escritas. Un argumento muy com煤n de desligitimaci贸n es que las tierras hoy reclamadas estaban 鈥渧ac铆as鈥, que ya desde la colonia no hab铆a indios en ellas porque se hab铆an 鈥渆xtinguido鈥. Una lectura atenta de los documentos nos permite poner en tensi贸n el significado de esas palabras y comprender que en muchos casos su uso fue resultado de una serie de dispositivos discursivos cuyo 煤nico fin era despojar a los indios de sus territorios.

驴Es que a nadie le llama la atenci贸n lo conveniente de pregonar tierras sin gente? El Censo colonial de 1778 muestra que en el Curato de Calchaqu铆 viv铆an 2195 personas, de las que un 78 % fueron reconocidas como indios por las autoridades. M谩s all谩 de la discusi贸n acerca de los r贸tulos o adscripciones 茅tnicas y de cu谩n 鈥渙riginarios鈥 eran, esta cifra merece resaltarse pues ofrece un contrapunto interesante con los datos disponibles para la etapa republicana, en la que los indios parecen haber desaparecido totalmente.

Es que en el siglo XIX, que suele obviarse en los an谩lisis period铆sticos detractores de los reclamos ind铆genas, cuna del orden arm贸nico pregonado y de la homegeneidad ficticia, se dej贸 a los indios coloniales indefensos. Se les quitaron los derechos concedidos por la Corona, quedando sometidos e invisibilizados bajo otras categor铆as como 鈥渁rrenderos鈥, 鈥渕edieros鈥, 鈥減eones鈥.

La reconstrucci贸n hist贸rica es compleja, y m谩s cuando involucra poblaci贸n subalterna, cuya historia ha sido deliberadamente borrada o tergiversada. Presentar los conflictos actuales en el valle como resultado repentino de 鈥渦nos ins贸litos 鈥榙iaguitas calchaqu铆es鈥欌 que apoyados por el Estado rompen la armon铆a de un paisaje habitado s贸lo por 鈥減eque帽os productores鈥, es irresponsable.

驴Por qu茅 no se menciona que lo que ha caracterizado a la regi贸n, y a煤n hoy lo hace, es la presencia de grandes latifundios en los que ciertas formas de sometimiento, muy similares a las del per铆odo colonial, siguieron vigentes? 驴Por qu茅 no se habla de la reconversi贸n econ贸mica del valle de las 煤ltimas d茅cadas, que atrajo a capitales para diferentes emprendimientos agr铆colas, mineros, inmobiliarios y tur铆sticos (fundamentalmente extranjeros) y produjo una enorme revalorizaci贸n de la tierra reviviendo antiguos pleitos jam谩s resueltos? 驴Se han interesado por los papeles con los que se justifica la propiedad de las heredades coloniales? 驴Por qu茅 no se los mira con la misma desconfianza con la que se mira al indio en su reclamo? Ser铆a importante que quien visite pr贸ximamente el valle tome nota de los m茅todos con los que a煤n hoy se hostiga a la gente. Y quiz谩s a m谩s de uno le surja preguntarse por qu茅 all铆 hay tantos sin acceso a la tierra, frente a tan extens铆simas propiedades muy bien aseguradas.

Y si hablamos de la importancia de reponer los contextos y las coyunturas hist贸ricas, vale se帽alar que las notas y programas que buscan deslegitimar reclamos ind铆genas aparecen justamente cuando se analiza la pr贸rroga de la Ley 26.160. Ya sucedi贸 en el a帽o 2017 y est谩 volviendo a suceder en este 2021. Dicha ley lejos est谩 de ser perfecta pero al d铆a de hoy es el 煤nico instrumento legal con el que se cuenta para que se suspendan los desalojos violentos. La ley no entrega tierras, pero sirve para empezar a pensar c贸mo resolver estos conflictos.

Hace mucho tiempo que hay mucha gente tratando de buscar soluciones. Y no suma al debate el desconocimiento sobre las trayectorias de quienes hoy lideran las organizaciones ind铆genas y sobre los mecanismos que, basados en el consenso de pares y refrendados por el estado, permiten elegirlos y regular su accionar. Incluso asumiendo la posibilidad de que inescrupulosos quieran sacar provechos dentro del INAI, lo que es una preocupaci贸n permanente para las comunidades, no se justifican los ataques a la lucha ind铆gena.

Nos imaginamos que muchos de quienes hoy salen p煤blicamente a denunciar falsas identidades se sienten preocupados o indignados con la mediocre clase pol铆tica que no resuelve los problemas y es incapaz de imaginar un destino com煤n. Con todo ese enojo podemos estar de acuerdo. Pero no nos transformemos en lo mismo, desarmemos la matriz colonial con la que se fund贸 nuestra Naci贸n y construyamos un pa铆s m谩s diverso y justo.

Para tranquilidad de los lectores, que creen que reconocer la deuda con lo indio es estar en contra de la propiedad privada y las virtudes del trabajo, aclaramos que no. Solo que no tenemos paciencia ya para soportar la ceguera con la que se piensa esta Naci贸n Blanca y Pura. Por todos lados la pobreza es de color marr贸n, y las c谩rceles se llenan de marrones cuando los delitos millonarios est谩n en manos m谩s claras.

Que el profundo racismo de nuestra cultura no los confunda.

*Antrop贸loga

**Cineasta

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/329420-no-todo-es-armonia-en-el-valle-calchaqui




Fuente: Argentina.indymedia.org