September 27, 2021
De parte de Asociacion Germinal
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Noam Chomsky : la escuela impide la difusi贸n de verdades esenciales

鈥 Si no se sabe lo que se est谩 buscando, si no se tiene idea de lo que es relevante, dispuestos a cuestionarse esta idea, si no se tien鈥

Noam Chomsky : la escuela impide la difusi贸n de verdades esenciales
Si no se sabe lo que se est谩 buscando, si no se tiene idea de lo que es relevante, dispuestos a cuestionarse esta idea, si no se tiene eso, explorar en internet es s贸lo tomar al azar hechos no verificables que no significan nada.鈥 鈥 Noam Chomsky
                                 
 Entrevista al fil贸sofo y Ling眉ista Noam Chomsky,  realizada por el te贸rico critico y ling眉ista  Donaldo Malcedo y publicada en el libro  鈥Chomsky on MisEducation鈥 . 
DONALDO MACEDO: Hace algunos a帽os, me sent铆 intrigado por el caso de David Spritzier, un estudiante de la Escuela Latina de Boston, de tan solo doce a帽os, quien tuvo que afrontar un expediente disciplinario por haberse negado a pronunciar el Juramento de Fidelidad . A Spritzier le parec铆a 芦una exhortaci贸n hip贸crita al patriotismo禄, puesto que no hay 芦libertad y justicia para todos禄. Quer铆a preguntarte por qu茅 crees que un ni帽o de doce a帽os pudo detectar la evidente hipocres铆a del Juramento y, en cambio, no lo hicieron sus maestros y administradores. Me deja pasmado que los maestros, que 鈥攑or la misma naturaleza de su trabajo鈥 deber铆an considerarse a s铆 mismos intelectuales, sean incapaces de ver lo que le resulta evidente a un ni帽o, o incluso se nieguen a aceptarlo.
NOAM CHOMSKY: No es dif铆cil de entender. Lo que acabas de mencionar demuestra la profundidad del adoctrinamiento tendencioso que se lleva a cabo en nuestras escuelas, e incapacita a las personas instruidas para comprender siquiera las ideas m谩s elementales, al alcance de cualquier ni帽o de doce a帽os.
De acuerdo, pero me sorprende que un maestro 鈥攓ue ha recibido una formaci贸n superior鈥 o un director de escuela sacrifiquen el mensaje del Juramento de Fidelidad a la imposici贸n de la obediencia, y exijan a sus estudiantes que lo pronuncien.
A m铆 no me extra帽a, en absoluto. De hecho, lo que le sucedi贸 a David Spritzler es lo que se espera de las escuelas, que son centros de adoctrinamiento y obediencia impuesta. Lejos de favorecer el pensamiento independiente, la escuela, a lo largo de la historia, no ha dejado de interpretar un papel institucional dentro de un sistema de control y coerci贸n. Una vez que se te ha educado, se te ha socializado ya de una manera que respalda las estructuras de poder que, a su vez, te recompensan generosamente. Pensemos en Harvard, por ejemplo. En Harvard no aprendes solo matem谩ticas; aprendes, adem谩s, qu茅 se espera de ti por ser un graduado de Harvard, qu茅 conducta has de seguir y qu茅 preguntas no tienes que hacer jam谩s. Aprendes las goller铆as propias de un c贸ctel, c贸mo debes vestirle, c贸mo se imposta el acento de Harvard.
Y tambi茅n c贸mo relacionarte con una determinada estructura de clase, y c贸mo conocer las metas, los objetivos y los intereses de esta clase, la clase dominante.
As铆 es. En este caso, hay una diferencia abrumadora entre Harvard y el MIT [Instituto de Tecnolog铆a de Massachusetts]. Aunque ser铆a razonable definir el MIT como una instituci贸n m谩s de derechas, es, en cambio, mucho m谩s abierto que Harvard. En Cambridge tienen un dicho que refleja bien esta diferencia: Harvard forma a la gente que gobierna el mundo; el MIT forma a los que lo hacen funcionar. Como consecuencia, en el MIT hay mucha menos preocupaci贸n por el control ideol贸gico y mucho m谩s espacio para el pensamiento independiente. Mi situaci贸n aqu铆 es una buena muestra de ello, pues nadie ha puesto obst谩culos a mi acci贸n pol铆tica ni mi activismo. Ahora bien, no pretendo decir con eso que el MIT sea un foco de activismo pol铆tico. No ha dejado de desarrollar la funci贸n institucional que le corresponde: ocultar la mayor parte de la verdad sobre nuestro mundo y nuestra sociedad. De no haber sido as铆, si se hubiera dedicado a ense帽ar la verdad, tampoco habr铆a podido sobrevivir demasiado.
Y precisamente porque no ense帽an la verdad sobre el mundo, las escuelas estadounidenses no tienen m谩s recurso que el bombardeo propagand铆stico constante a favor de la democracia. Si la escuela fuera en verdad democr谩tica, no ser铆a necesario machacar a los estudiantes con t贸picos sobre la democracia. Simplemente, la acci贸n y la conducta ser铆an democr谩ticas; pero sabemos que no es as铆. En principio, cuanto m谩s necesario resulte hablar sobre los ideales de la democracia, menos democr谩tico ser谩 el sistema.
Esto es bien conocido por los que se dedican a la pol铆tica y, a veces, ni siquiera se molestan en ocultarlo. La Comisi贸n Trilateral se refer铆a a las escuelas como las 芦instituciones禄 responsables del 芦adoctrinamiento de los j贸venes禄. Este adoctrinamiento tendencioso es imprescindible, porque las escuelas fueron dise帽adas 鈥攈ablando a grandes rasgos鈥 para apoyar los intereses del sector social dominante, la gente de mayor riqueza y bienestar. Desde muy temprano, en la educaci贸n se nos socializa para que comprendamos la necesidad de prestar respaldo a las estructuras del poder, sobre todo a las grandes empresas, a los hombres de negocios. La lecci贸n que uno saca de esta educaci贸n socializadora es que, como no apoyes los intereses de los m谩s ricos y poderosos, lo tendr谩s crudo: sencillamente, se te expulsa del sistema o se te marginaliza. Y la escuela cumple con 茅xito este programa de 芦adoctrinamiento de los j贸venes禄 鈥攑or decirlo con las mismas palabras de la Trilateral鈥 gracias a que opera dentro de un marco de propaganda cuyo efecto es deformar o suprimir las ideas y la informaci贸n no deseadas.
驴C贸mo es posible que estos intelectuales, que propagan falsedades al servicio de los intereses de los m谩s poderosos, sin atreverse a salir de dentro del marco propagand铆stico, salgan impunes de su complicidad?
Lo cierto es que no salen impunes de nada. De hecho, est谩n prestando el servicio que se espera de ellos; lo esperan as铆 las instituciones para las que trabajan, y ellos cumplen los requerimientos del sistema doctrinal, ya sea voluntaria o quiz谩 inconscientemente. Es como si contrataras a un carpintero y, una vez realizado el trabajo para el que lo contrataste, te preguntaras c贸mo ha podido hacerlo. Bueno, ha hecho lo que se esperaba de 茅l; y los intelectuales ofrecen un servicio muy parecido. Se comportan tal como se espera de ellos en la medida en que presentan una descripci贸n de la realidad m铆nimamente ajustada, pero sobre todo adecuada a los intereses de los que tienen m谩s poder y m谩s riqueza, es decir, de la gente que posee esas instituciones que solemos llamar escuelas y que, en el fondo, vienen a poseer la sociedad entera.
Est谩 claro que, hist贸ricamente, los intelectuales han interpretado un papel vergonzoso con su apoyo al sistema doctrinal. Vista esta postura 鈥攏o demasiado honrosa鈥, 驴crees que pueden ser tenidos por intelectuales, en el sentido m谩s genuino del t茅rmino? En varias ocasiones te has referido a algunos profesores de la universidad de Harvard como 芦comisarios禄, al estilo sovi茅tico. Personalmente, creo que ese t茅rmino los describe mejor que el de 芦intelectuales禄, pues son c贸mplices de la estructura del poder; adem谩s, desarrollan un rol funcionarial, puesto que defienden los supuestos 芦valores de la civilizaci贸n禄, aun cuando estos, en muchos casos, han generado justamente el efecto contrario: miseria, genocidio, esclavitud y explotaci贸n en gran escala de la masa de trabajadores.
A lo largo de la historia, efectivamente, esa es una imagen casi exacta de lo que ha sucedido. Si te retrotraes al tiempo de la Biblia, ver谩s que los intelectuales que m谩s tarde fueron denominados 芦falsos profetas禄 trabajaban en pro de los intereses de los poderosos. Sabemos que hab铆a intelectuales disidentes con una concepci贸n alternativa del mundo: los que despu茅s fueron llamados 芦profetas禄 (que es una traducci贸n dudosa de un t茅rmino confuso). Pues bien, estos fueron preteridos, torturados u obligados a exiliarse. Y las cosas no son muy diferentes en nuestros d铆as: la mayor铆a de las sociedades marginan a los intelectuales disidentes y, en lugares como El Salvador, se los quitan de en medio brutalmente. Eso es lo que les pas贸 al arzobispo Romero y los seis jesuitas: fueron asesinados por tropas de 茅lite, entrenadas y armadas por nosotros |los Estados Unidos] y costeadas con nuestros impuestos. Un jesuita salvadore帽o observ贸 acertadamente en su diario que, en su pa铆s, un V谩clav Havel, por poner un ejemplo (el antiguo prisionero pol铆tico que termin贸 siendo presidente de Checoslovaquia) no habr铆a ido a la prisi贸n, sino que lo hubieran destazado y abandonado en la vereda. Pero a V谩clav Havel, que se convirti贸 en el ojito derecho de Occidente, no se le puede acusar de cicatero, sino que agradeci贸 cumplidamente este apoyo, dirigi茅ndose al congreso de los Estados Unidos 鈥攎uy pocas semanas despu茅s del asesinato de los seis jesuitas en El Salvador鈥 sin mostrar ninguna solidaridad con sus compa帽eros de la disidencia salvadore帽a; antes al contrario, elogi贸 y bendijo al congreso como 芦el defensor de la libertad禄. El esc谩ndalo es tan may煤sculo que sobran los comentarios.
Pero bastar谩 una simple prueba para demostrar su magnitud. Imagina, por ejemplo, lo siguiente: Un comunista estadounidense y de color se presenta en lo que entonces era la Uni贸n Sovi茅tica, poco despu茅s de que seis destacados intelectuales checos hayan sido asesinados por fuerzas entrenadas y armadas por los rusos. Se dirige a la Duma y la ensalza como 芦la defensora de la libertad禄. 驴Qu茅 reacci贸n se hubiera producido en los Estados Unidos, entre los pol铆ticos e intelectuales? Sin duda, habr铆a sido r谩pida y predecible: se le denunciar铆a por apoyar a un r茅gimen criminal. Los intelectuales estadounidenses deber铆an preguntarse por qu茅 se sintieron arrobados por la espl茅ndida actuaci贸n de Havel, que es equiparable a esta historia imaginaria.
驴Cu谩ntos intelectuales de nuestro pa铆s han le铆do algo 鈥攕iquiera una p谩gina鈥 de lo escrito por los intelectuales centroamericanos asesinados por los varios ej茅rcitos que act煤an como delegados nuestros? 驴Cu谩ntos saben de la existencia de Dom Helder C谩mara, el obispo brasile帽o que se distingui贸 en la defensa de los pobres de Brasil? La mayor铆a tendr铆an problemas incluso para dar el nombre de alg煤n disidente de las brutales tiran铆as latinoamericanas 鈥攐 de otras zonas鈥 a las que apoyamos, adem谩s de entrenar a sus ej茅rcitos; creo que solo eso ya basta para describir el estado de nuestra cultura intelectual. Los hechos que no convienen al sistema doctrinal se despachan con rapidez, como si no existieran; simplemente, se eliminan.
Esta construcci贸n intelectual del 芦no ver禄 caracteriza a algunos intelectuales, descritos por Paulo Freire como educadores que afirman adoptar un enfoque cient铆fico y 芦pueden estar intentando esconderse en lo que consideran la neutralidad de los objetivos cient铆ficos, sin atender al modo en que se vayan a usar sus descubrimientos, sin molestarse a pensar siquiera para qui茅n o para qu茅 intereses est谩n trabajando禄 . En el nombre de la objetividad, seg煤n Freire, estos intelectuales 芦parecen analizar la sociedad que estudian como si no participaran en ella. En su celebrada imparcialidad, [parecen] acercarse al mundo como si llevaran guantes y mascarilla, para no contaminarlo ni resultar contaminados禄 . Personalmente, a帽adir铆a que no solo llevan 芦guantes y mascarilla禄, sino anteojeras, que les impiden ver lo evidente. 
Creo que no estoy demasiado de acuerdo con esa cr铆tica posmoderna en contra de la objetividad. No debemos desde帽ar la objetividad; al contrario, en nuestra persecuci贸n de la verdad tenemos que esforzarnos por ser objetivos.
Me parece razonable. Con mi cr铆tica no pretend铆a rechazar la objetividad. Lo que s铆 resulta imprescindible es analizar la cobertura de objetividad que utilizan numerosos intelectuales para no incorporar en sus an谩lisis una serie de factores poco convenientes, y que probablemente revela su complicidad con la eliminaci贸n de la verdad al servicio de la ideolog铆a dominante.
As铆 es. Hay que condenar sin tapujos la pretensi贸n de objetividad, cuando funciona como un medio de distorsi贸n y. desinformaci贸n al servicio del sistema doctrinal. Esa postura es mucho m谩s frecuente en las ciencias sociales, debido a que, en ellas, el mundo exterior impone unas constricciones especialmente d茅biles sobre los investigadores; la capacidad de comprensi贸n es m谩s reducida, y los problemas que se afrontan son mucho m谩s oscuros y complejos. Como consecuencia, resulta mucho m谩s sencillo ignorar todo lo que no interesa o铆r. Hay, por tanto, una diferencia muy marcada entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. En el primer caso, los hechos se atestiguan en la naturaleza de una forma verificable, lo que dificulta que un investigador pueda ignorar los datos que contradicen sus hip贸tesis favoritas; es por ello que los errores no suelen perpetuarse. Como en las ciencias naturales pueden repetirse los experimentos, los posibles errores se descubren sin mayores problemas. Adem谩s, hay una disciplina interna que rige esa tarea intelectual. Aun as铆, est谩 claro que ninguna investigaci贸n, por seria que sea, nos conducir谩 forzosamente a la verdad.
Pero volvamos al punto inicial: la escuela impide la difusi贸n de verdades esenciales. Es la responsabilidad intelectual de los maestros 鈥攐 de cualquier otra persona que se mueva en ese 谩mbito鈥 intentar decir la verdad. Eso me parece indiscutible. Es un imperativo moral: averiguar la verdad sobre las cuestiones m谩s importantes, y difundirla lo mejor que uno pueda, y siempre al auditorio m谩s adecuado. Porque ponerse a decirle la verdad al poderes malgastar el tiempo, literalmente, y ese intento puede ser, con frecuencia, una forma de cubrirse las espaldas. A mi modo de ver, desde luego, es una p茅rdida de tiempo irle con la verdad a Henry Kissinger o al director general de AT&T, o a otros que ejercen el poder en instituciones coercitivas: en la mayor铆a de los casos, ya la conocen, la verdad. Perm铆teme precisar lo que acabo de decir: cuando los que est谩n en el poder se apartan de sus circunstancias institucionales 鈥攕i es que lo hacen鈥 y se convierten en seres humanos, en agentes morales, en ese caso podemos dirigirnos a ellos como al resto de las personas. Pero en su funci贸n como dirigentes, pr谩cticamente no vale la pena, es una p茅rdida de tiempo. No es m谩s 煤til comunicarle la verdad al poder que a los peores tiranos o criminales, que no dejan de ser personas, independientemente de lo terrible de sus actos. As铆 que decirle la verdad al poder no es ninguna tarea honrosa.
Lo que debemos procurarnos es un auditorio que importe. En el caso de la ense帽anza, se trata de los estudiantes; no hay que verlos como un simple auditorio, sino como elemento integrante de una comunidad con preocupaciones compartidas, en la que uno espera poder participar constructivamente. Es-decir, no debemos hablar a, sino hablar con. Eso es ya instintivo en los buenos maestros, y deber铆a serlo en cualquier escritor o intelectual. Los estudiantes no aprenden por una mera trasferencia de conocimientos, que se engulla con el aprendizaje memor铆stico y despu茅s se vomite. El aprendizaje verdadero, en efecto, tiene que ver con descubrir la verdad, no con la imposici贸n de una verdad oficial; esta 煤ltima opci贸n no conduce al desarrollo de un pensamiento cr铆tico e independiente. La obligaci贸n de cualquier maestro es ayudar a sus estudiantes a descubrir la verdad por s铆 mismos, sin eliminar, por tanto, la informaci贸n y las ideas que puedan resultar embarazosas para los m谩s ricos y poderosos: los que crean, dise帽an e imponen la pol铆tica escolar.
Consideremos con m谩s detalle qu茅 significa ense帽ar la verdad y que todo el mundo aprenda a distinguir las verdades de las mentiras. Me parece que no requiere m谩s que sentido com煤n, el mismo sentido com煤n que nos hace adoptar una postura cr铆tica hacia los sistemas propagand铆sticos de las naciones que consideramos como enemigas. Antes suger铆 que los m谩s se帽eros intelectuales de nuestro pa铆s ser铆an incapaces de nombrar ni uno solo de los bien conocidos disidentes de las tiran铆as controladas por los Estados Unidos, como por ejemplo la de El Salvador. Sin embargo, estos mismos intelectuales sabr铆an proporcionarte una larga lista de disidentes de la antigua Uni贸n Sovi茅tica. Y tampoco les supondr铆a ning煤n problema el distinguir las mentiras, deformaciones e incongruencias que sirven para evitar que la poblaci贸n de los reg铆menes enemigos conozca la verdad. Pero esa capacidad cr铆tica que utilizan para desenmascarar las falsedades difundidas en los estados 芦delincuentes禄 se esfuma cuando se trata de criticar a nuestro propio gobierno o a las tiran铆as que apoyamos. En el trascurso de la historia, las clases mejor formadas han respaldado mayoritariamente a los aparatos propagand铆sticos y, cuando se minimizan o se eliminan las desviaciones de la pureza doctrinal, la m谩quina de la propaganda suele lograr 茅xitos apabullantes. Hitler y Stalin lo sab铆an muy bien y, hasta el d铆a de hoy, tanto las sociedades abiertas como las cerradas han procurado y recompensado la complicidad de la clase instruida.
Esta clase instruida ha sido considerada una 芦clase especializada禄, ya que es un grupo reducido de personas que analizan, ejecutan, toman las decisiones y mueven los hilos en el sistema pol铆tico, econ贸mico e ideol贸gico. Esta clase especializada suele representar un porcentaje 铆nfimo de la poblaci贸n, que tiene que recibir protecci贸n frente a la gran masa a la que Walter Lippmann dio el nombre de 芦reba帽o desconcertado禄. Es una clase que desarrolla las 芦funciones ejecutivas禄, lo que significa que realizan la funci贸n de examinar, planear y establecer el 芦inter茅s com煤n禄 (ahora bien, con esta f贸rmula se refieren a los intereses de la clase de los hombres de negocios). A la gran mayor铆a de la poblaci贸n, esto es, al 芦reba帽o desconcertado禄, le corresponde en nuestra democracia el rol de 芦espectadores禄, no el de 芦participantes en la acci贸n禄, seg煤n el credo democr谩tico liberal que Lippmann supo articular perfectamente. En nuestra democracia, cada cierto tiempo los miembros del 芦reba帽o禄 tienen la posibilidad de participar en la aprobaci贸n de uno u otro l铆der, mediante un proceso conocido como 芦elecciones禄. Una vez han aprobado a este o a aquel miembro de la clase especializada, deben retirarse y convertirse de nuevo en espectadores.
Cuando el 芦reba帽o desconcertado禄 intenta ampliar su papel como mero espectador, cuando la gente intenta participar en la acci贸n democr谩tica, la clase especializada reacciona en contra de lo que se pasa a denominar una 芦crisis de la democracia禄. Esa es la raz贸n de que nuestras 茅lites sientan tanto odio hacia los a帽os sesenta, cuando varios grupos de personas hist贸ricamente marginadas empezaron a organizarse y cuestionar la pol铆tica de la clase de los especialistas, sobre todo la relativa a la guerra de Vietnam, pero tambi茅n, en el 谩mbito interior, la pol铆tica social.
Una de las posibles maneras de mantener el control sobre el 芦reba帽o desconcertado禄 es adoptar la concepci贸n de escuela que hemos visto antes, la que propuso la Comisi贸n Trilateral: las escuelas son las instituciones responsables del adoctrinamiento de los j贸venes. Los miembros del 芦reba帽o禄 tienen que ser rigurosamente adoctrinados en los valores e intereses de tipo privado y estatal-corporativo. Los que asimilen mejor esta educaci贸n en los valores de la ideolog铆a dominante y demuestren su lealtad al sistema doctrinal podr谩n, a la postre, entrar a formar parte de la clase especializada. El resto del 芦reba帽o desconcertado禄, por el contrario, ha de ser mantenido a raya, de forma que no creen problemas, sean simples espectadores del desarrollo de la acci贸n y no reflexionen sobre aquellos aspectos de la realidad que son de veras importantes. La clase instruida considera que es imprescindible para el 芦reba帽o禄, porque este es demasiado est煤pido como para gobernar sus asuntos por s铆 mismo y lo har铆a mal, actuar铆a de acuerdo con sus 芦concepciones err贸neas禄. Cerca del 70 por 100 de los estadounidenses cree que la guerra de Vietnam no era correcta desde un punto de vista moral, pero, seg煤n la clase dominante, es necesario protegerlos de sus 芦concepciones err贸neas禄, que los han llevado a oponerse a la guerra; tienen que acabar creyendo en la versi贸n oficial, que indica que la guerra fue, sencillamente, un error.
Con miras a proteger al 芦reba帽o desconcertado禄 de s铆 mismo y de sus 芦concepciones err贸neas禄, las clases especializadas de las sociedades abiertas deben girar la vista sobre todo hacia las t茅cnicas de propaganda, denominadas eufem铆sticamente 芦relaciones p煤blicas禄. En los estados totalitarios, en cambio, controlas al 芦reba帽o禄 colgando un martillo sobre sus cabezas: al que se mueva de su lugar, le chafas la cabeza. Pero en las sociedades democr谩ticas no se puede confiar en la fuerza bruta para mantener la poblaci贸n a raya, as铆 que, para controlar la opini贸n p煤blica, hay que optar principalmente por la propaganda. En esta tarea de control de la opini贸n, la clase instruida resulta indispensable, y la escuela desarrolla una funci贸n crucial.
Tus afirmaciones sugieren 鈥攜, por mi parte, estoy de acuerdo鈥 que en las sociedades abiertas la censura es un componente esencial de la estructura de soporte de la propaganda, como intento de 芦controlar la opini贸n p煤blica禄. Desde mi 隆yunto de vista, no obstante, la censura de las sociedades abiertas difiere sustancialmente de la que se ejerce en las sociedades totalitarias. Y lo que he observado en los Estados Unidos es que la censura no solo se manifiesta bajo una forma diferente, sino que tambi茅n depende, en cierta medida, de una especie de autocensura. 驴Qu茅 papel desempe帽an la educaci贸n y los medios de comunicaci贸n en este proceso?
Eso que has denominado 芦autocensura禄 empieza, en realidad, a una edad muy temprana, mediante un proceso de socializaci贸n que es, a su vez, una forma de adoctrinamiento; el objetivo es promover la obediencia en sustituci贸n del pensamiento independiente. La escuela funciona como un mecanismo m谩s de esta socializaci贸n, y su meta es evitar que la gente haga preguntas importantes sobre las cuestiones importantes que les afectan directamente a ellos o bien a los dem谩s. Es decir, en la escuela no se aprenden solo contenidos. Como te dec铆a antes, si quieres convertirte en un profesor de matem谩ticas, no te limitas a aprender un mont贸n de nociones matem谩ticas, sino que, adem谩s, aprendes c贸mo has de comportarte, c贸mo vestirte adecuadamente, qu茅 tipo de preguntas puedes hacer, c贸mo encajar (en el sentido de amoldarte), etc. A la que seas demasiado independiente, o cuestiones demasiado a menudo el c贸digo de tu profesi贸n, lo m谩s probable es que te expulsen del orden de los privilegiados. De modo que uno se da cuenta muy r谩pido de que, para triunfar, hay que servir a los intereses del sistema doctrinal. Hay que estarse callado e instilar en los alumnos las creencias y los dogmas m谩s 煤tiles para los intereses de los que est谩n de verdad en el poder. La clase de los hombres de negocios y sus intereses privados tienen un representante en las redes del estado corporativo. Y es que la escuela no es el 煤nico de tales sistemas de adoctrinamiento; hay otras instituciones que colaboran para reforzar el proceso. Piensa en los programas que nos echan por la televisi贸n, por ejemplo: se nos propone que contemplemos una retah铆la de shows que no nos exigen el esfuerzo de pensar, que deber铆an distraernos; pero su funci贸n, en realidad, es impedir que los espectadores comprendan sus verdaderos problemas o identifiquen sus verdaderas causas. Una de las maneras de afrontar una vida poco plena es comprar sin parar; pues bien, estos programas se dedican a explotar las necesidades emocionales de los espectadores y los mantienen desconectados de las necesidades de los dem谩s. A medida que se van desmantelando los espacios p煤blicos, las escuelas y los relativamente pocos espacios p煤blicos que quedan trabajan para convertirnos en buenos consumidores.



Fuente: Asociaciongerminal.org