November 18, 2021
De parte de Nodo50
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Araceli Ruiz (a la izquierda) y Teresa Alonso (en el centro) charlan con una antigua compa帽era en un homenaje a los ni帽os de la guerra de Espa帽a celebrado en Mosc煤, en 2017. NUEVE CARTAS

芦驴Ves la insignia? M铆rala bien. Es el contorno de Espa帽a. Y las siglas M.A.E. en rojo, amarillo y morado. Significa 鈥楳ujeres Antifascistas Espa帽olas鈥. 隆Esa no la tuvo todo el mundo!禄, exclama orgullosa Julia Delgado (Madrid, 1923) en su domicilio cubano. Es una de las cuatro protagonistas de Matrioskas, las ni帽as de la guerra, el documental de Helena Bengoetxea que se estren贸 anoche en el festival Zinebi de Bilbao. Su cinta es, a falta de homenajes oficiales, una suerte de reconocimiento a unas mujeres heroicas que dejaron su pa铆s, se criaron en la Uni贸n Sovi茅tica, sobrevivieron a dos guerras y mantuvieron intactos sus ideales pol铆ticos.

Cuenta Bengoetxea que Teresa Alonso (Donosti, 1925) no sale nunca a la calle sin su chapa con la bandera republicana. Hoy vive en Barcelona. Siendo ni帽a asisti贸 al bombardeo de Gernika antes de ser evacuada, durante la guerra civil, junto con otros 35.000 ni帽os. 芦Los que fueron a Rusia eran casi todos hijos de militantes del Partido Comunista 鈥損recisa Bengoetxea鈥. Hubo muchos ni帽os de la guerra enviados a otros pa铆ses: a Francia, Inglaterra, M茅xico, Dinamarca, B茅lgica y Suiza禄. Hasta la adolescencia Teresa vivi贸 en un hogar para ni帽os espa帽oles en Ucrania. Durante la guerra mundial fue trasladada y sobrevivi贸 al cerco de Leningrado. All铆 ayudaba a neutralizar las bombas incendiarias de los nazis con bidones de arena. Trabaj贸 recuperando cad谩veres, miles de ellos, para llevarlos a las fosas comunes. Y sin expresarlo abiertamente, en el documental da entender c贸mo pudo librarse de morir de inanici贸n en aquellos d铆as.

Araceli Ruiz (Palencia, 1924) le muestra a Bengoetxea sus fotos de Cuba. 芦Mira, todo hombres. Yo soy la 煤nica mujer禄. All铆 trabaj贸 como traductora de los asesores militares sovi茅ticos durante la crisis de los misiles. No volvi贸 a su casa, en Gij贸n, hasta 1980. Ten铆a mucho trabajo en la URSS y no lo quer铆a dejar. Ni volver mientras Franco viviera.

En la misma situaci贸n laboral estaba Alicia Casanoba (Barakaldo, 1925). M茅dica especialista en neumolog铆a, se present贸 voluntaria para trasladarse a Cuba en los primeros a帽os de la Revoluci贸n. All铆 lleg贸 a dirigir varios hospitales y contribuy贸 a erradicar la tuberculosis de la isla a mediados de los a帽os sesenta. 芦驴Qu茅 hubiera pasado si vuelves a Espa帽a?禄, le pregunta Bengoetxea. 芦Pues que no hubiera llegado a lo que llegu茅禄, contesta Alicia con una desarmante lucidez.

Teresa vivi贸 esa experiencia limitadora en carne propia. Ella s铆 volvi贸, en la d茅cada de 1950, cuando Franco permiti贸 el regreso de los ni帽os de la guerra. Su formaci贸n, obtenida en la URSS, era de perito, experta en electricidad, pero s贸lo pudo trabajar de telefonista en un hotel de Barcelona. En cierta ocasi贸n un m煤sico sovi茅tico se aloj贸 all铆 y cuando el director la vio hablando en ruso con 茅l rebaj贸 a煤n m谩s su categor铆a. No sab铆a que estaba dando empleo a una comunista. Y encima divorciada. A partir de ese d铆a fue camarera de piso. Ten铆a que hacer las camas de rodillas porque su espalda qued贸 da帽ada en una explosi贸n durante el sitio de Leningrado. 芦Y adem谩s nadie le alquilaba un piso. Viv铆a con su hija en un portal, debajo de una escalera禄, nos cuenta la directora de Matrioskas.Hemos estado olvidadas pero que se sepa por lo que hemos pasado. Para los que vienen detr谩s, porque se puede repetir禄, dice Teresa en la pel铆cula.

A ella, tras pasar por tantas vicisitudes, no le extra帽贸 que muchos de aquellos ni帽os que regresaron se volvieran a marchar a la URSS. Vieron la Espa帽a de Franco, esa que el NO-DO encuadraba sin asomo de verg眉enza 芦en el mundo libre禄, y se marcharon por donde hab铆an venido. Fue como el heroico salto del Muro de Berl铆n, pero al rev茅s, hacia el Este. Es l贸gico que a muchos patriotas espa帽oles, educados en los relatos oficiales (el franquista y el hollywoodense), les explote la cabeza con historias como estas.

芦Vivir dos guerras y un exilio es un drama. Y eso es lo que vivieron estas ni帽as. Los ni帽os tambi茅n, por supuesto, pero yo ten铆a muy claro que quer铆a contar la historia de las mujeres, mostrar esta memoria en forma de genealog铆a femenina禄, explica Bengoetxea. 芦Ellas, a pesar de la tragedia, de tener que dejar a sus familias, de ir a otro pa铆s, de tener que aprender otro idioma, de vivir otra guerra, a pesar de todo eso, se puede decir que hasta tuvieron suerte. Porque si llegan a quedarse aqu铆, ni hubieran estudiado ni hubieran conseguido desarrollar una carrera profesional. Aqu铆, para hacer cualquier cosa hab铆a que contar con el permiso del marido, del padre o del hermano. Una cosa de locos禄.

Feministas en la pr谩ctica

El convulso siglo XX convirti贸 a estas mujeres, parad贸jicamente, en lo que son, en feministas no adscritas a ninguna ola. Feministas antes de cualquier teor铆a feminista 芦Yo lo tengo muy claro禄, asegura Bengoetxea. 芦Que ellas no se definan como feministas no significa que no lo sean, como ha ocurrido con much铆simas mujeres a lo largo de la Historia禄, a帽ade. Y subraya un matiz para entender esto en su verdadera dimensi贸n: 芦Ellas hablan de esos acontecimientos hist贸ricos porque los vivieron en primera persona, exactamente igual que los hombres. Pero, adem谩s, hablan de otras cosas. Hablan de la maternidad, de las relaciones de pareja, de su trabajo y de las dificultades que tuvieron en 茅l por el hecho de ser mujeres鈥 En definitiva de cosas que hoy siguen pasando禄.

Su forma de hablar de aquellos a帽os tr谩gicos tambi茅n es diferente. La guerra civil fue, durante d茅cadas, un tab煤 en la mayor铆a de hogares espa帽oles. La excusa era vivir en paz y salir adelante. As铆 que sobre aquello se extendi贸 un manto de silencio. Pero eso no vale para ellas. 芦Es que son m谩s abiertas, porque han sido educadas as铆 y porque no vivieron aqu铆 鈥揺xplica la directora鈥. Ellas emprendieron un exilio pol铆tico con 12 a帽os y sab铆an perfectamente lo que pas贸: un golpe de Estado, una guerra y una dictadura. Y vivieron otra realidad. Y m谩s a煤n: para ellas su pa铆s es la Espa帽a de la Rep煤blica. Aunque este pa铆s, el pa铆s ideal de su memoria, no existe禄.

Helena Bengoetxea hace un paralelismo entre la locuacidad de la que hacen gala Araceli, Teresa, Alicia y Julia y el silencio que ha marcado a tantas familias espa帽olas que vivieron la dictadura: 芦En Navarra, de donde soy yo, no hubo frente de guerra. El general Mola y los carlistas se hicieron con el territorio en los primeros d铆as de la contienda. No hubo guerra como tal. Lo que s铆 hubo fue una represi贸n terrible. Asesinaron a casi 4.000 personas. Y, claro, aqu铆 s铆 que no se habla. Hay pueblos en los que las familias de los verdugos y las familias de las v铆ctimas se conocen, y eso no se ha solucionado jam谩s禄.

鈥楳atrioskas鈥, un trabajo a contrarreloj

Por pura ley de vida, el rodaje de Matrioskas fue una carrera contrarreloj. Sus protagonistas, que superan con creces los noventa a帽os, convert铆an el tiempo en algo precioso. Quien pone a Helena Bengoetxea en la pista de estas mujeres es una contempor谩nea de ellas, Isabel 脕lvarez Mor谩n, otra de aquellas ni帽as de la guerra. La conoci贸 en Cuba en 2016, mientras realizaba un m谩ster de Documental Creativo en la Escuela de Cine y Televisi贸n de San Antonio de los Ba帽os. Isabel form贸 parte del grupo de 200 voluntarios espa帽oles que a principios de la d茅cada de 1960 cambi贸 la URSS por Cuba para ayudar a la revoluci贸n naciente. Tambi茅n iba a participar en Matrioskas, pero su estado de salud se deterior贸 r谩pidamente y no pudo ser.

Sobre Bengoetxea pend铆a, pues, la espada del tiempo. Sin embargo, sacar un rodaje adelante es algo especialmente lento. Conseguir la financiaci贸n y los permisos no fue una tarea f谩cil ni 谩gil, lo que provoc贸 cambios inevitables en el proyecto original. Y a esas dificultades se le sum贸 la pandemia, que restringi贸 la capacidad del equipo para desplazarse a Cuba y a Rusia. Con todo y con eso, el resultado es un documental conmovedor que hace justicia a unas mujeres que merec铆an un homenaje.

'Matrioskas, las ni帽as de la guerra'
Teresa Alonso mantiene viva su curiosidad a los 97 a帽os. Detr谩s, la directora de 鈥楳atrioskas鈥, Helena Bengoetxea, durante el rodaje en Barcelona. NUEVE CARTAS

As铆 como cada a帽o, en Europa, se homenajea a los h茅roes de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, Espa帽a pod铆a haber hecho lo mismo con los suyos. Pero no ha sido as铆. Ni con los hombres y mujeres que lucharon contra los nazis ni con los reprimidos y asesinados durante la dictadura franquista. 芦Bueno, a m铆 no me extra帽a禄, dice Bengoetxea. 芦驴Sabes cu谩l es la diferencia? Que la Resistencia francesa gan贸 la guerra. Aqu铆 los republicanos la perdieron. Tuvimos 40 a帽os de dictadura y lo que vino despu茅s: que el franquismo se qued贸 en las instituciones. 驴Tenemos una democracia formal? Pues supongo que s铆鈥 pero con un rey que puso ah铆 un dictador y que no se cuestiona. Y con un partido que se llama 鈥榮ocialista鈥, que gobern贸 desde 1982, durante 14 a帽os, y que hizo bien poco por toda esta gente禄.

Este retardismo de nuestra memoria hist贸rica es un tema que le duele especialmente: 芦No se ha hecho una valoraci贸n justa de lo que significaron el PCE y el PSOE en los gobiernos de la Rep煤blica. S茅 que el PCE de hoy no es el PCE de entonces, pero es m谩s grave a煤n lo del PSOE. Hay muertos en las cunetas que son suyos y no han hecho nada禄. Este desencanto llega hasta la misma Transici贸n: 芦La recuperaci贸n de la memoria hist贸rica se ha hecho tarde y mal. Y eso hablando de la guerra civil. Si hablamos de otras recuperaciones posteriores, de la represi贸n de los a帽os sesenta y setenta, apaga y v谩monos. A ver si prospera la diligencia contra Mart铆n Villa en Argentina. 驴Pero de qu茅 democracia estamos hablando si te tienes que ir hasta Argentina para que juzguen a este se帽or?禄.

Malditos comunistas

Si muchos pa铆ses europeos disfrutaron de un Estado del bienestar y hoy sacan pecho por sus democracias liberales, fue gracias al esfuerzo y la sangre derramada por los comunistas, muchos de ellos espa帽oles. Y a煤n hoy, en el Congreso de los Diputados, se sigue usando el t茅rmino 芦comunista禄 como insulto. 芦Tampoco me extra帽a. Es otra consecuencia l贸gica del desarrollo de nuestra historia禄, afirma la directora.

En cualquier caso, sus protagonistas, que siempre mantuvieron vivas las aspiraciones republicanas y la utop铆a comunista, no son mujeres obtusas. 芦Tienen muy claros los errores y los horrores cometidos en la Uni贸n Sovi茅tica禄, explica Bengoetxea. 芦Teresa me contaba que cuando fue a Mosc煤 en 2017, al homenaje que le dieron a los ni帽os de la guerra por el 80潞 aniversario de su llegada, fue a la Plaza Roja para ver la tumba de Stalin. 隆Y fue all铆 para re帽irle! Y Araceli, que tiene una forma de expresarse muy serena y muy racional, dice que lo mejor que hizo la URSS fue sacar a los presos pol铆ticos de los gulags, porque Stalin fue un sinverg眉enza. Te lo dicen as铆. Pueden seguir teniendo los mismos ideales y creer en una utop铆a comunista, pero saben que, en la pr谩ctica, lo que se vendi贸 como comunismo no fue tal禄.

'Matrioskas, las ni帽as de la guerra'
Julia Delgado y su compa帽ero posan en su domicilio de La Habana, donde vive rodeada de recuerdos. El m谩s querido de todos es un dibujo que Antonio Buero Vallejo le hizo a su padre, hist贸rico dirigente comunista, cuando compartieron presidio en Madrid. NUEVE CARTAS

Esta es la visi贸n de las que volvieron a Espa帽a. El caso de Julia y de Alicia, las que se quedaron en Cuba, es un poco diferente. 芦Su posici贸n pol铆tica es casi una met谩fora de lo que es el pa铆s. Son comunistas de pro, de las de aquellos a帽os, y viven en un pa铆s que tambi茅n est谩, ideol贸gicamente hablando, en aquellos a帽os. Ellas fueron a ayudar a la Revoluci贸n Cubana, esa fue su manera pr谩ctica de llevar a cabo sus ideales. Y cumplieron. Para ellas la revoluci贸n estaba hecha. Por eso se quedaron all铆. Julia lo dice claramente: 鈥榊o soy una cubana m谩s鈥櫬.

芦Si muchos cubanos murieron en Espa帽a peleando por la Rep煤blica, 驴por qu茅 yo no pod铆a pelear aqu铆?禄, se pregunta Julia en el documental. 芦Por eso vine. Ten铆a que ayudar. Y no me sent铆 nunca extranjera. Yo siempre me sent铆 cubana禄.

Cerca ya de los 100 a帽os, Julia afirma que no le tiene miedo a la muerte. Simplemente no piensa en ella. Despu茅s de vivir dos guerras, de sentir c贸mo le ca铆an las bombas encima, y habiendo salido de aquello por su propio pie, opina que ya es tarde para tener miedo. As铆 y todo, Bengoetxea la interroga:

鈥撀縏煤 a qu茅 le tienes miedo, Julia?

鈥撀緼 qu茅 voy a tener miedo? A los fascistas.




Fuente: Lamarea.com