September 15, 2022
De parte de Briega
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Ha vuelto a ocurrir. Cuando pens谩bamos que la barbarie hab铆a alcanzado su punto culminante de inhumanidad con la masacre de Melilla, la polic铆a de Marruecos ha asesinado a otra migrante en la frontera. El crimen se produjo entre las localidades de Tarfaya y Akhfennir, ubicadas al sur en la costa de Marruecos, cuando la gendarmer铆a dispar贸 contra un grupo de 35 personas que intentaban alcanzar territorio espa帽ol a trav茅s de la ruta canaria. Hay heridos graves cuyo pron贸stico se desconoce, pero sabemos que han acabado con la vida de una mujer.

Una mujer desarmada que ha sido asesinada de un balazo en el pecho. De momento ninguna de las cr贸nicas publicadas incluye su nombre ni ha tenido gran impacto en los medios. Conocimos el dato en la noche del 12 de septiembre gracias a una denuncia en la cuenta de Twitter de Helena Maleno. Sin embargo, este crimen no es un hecho aislado del que podamos lamentarnos en la intimidad. Horas m谩s tarde conoc铆amos la noticia de que la Junta de Portavoces del Congreso se negaba abrir una comisi贸n de investigaci贸n para esclarecer la actuaci贸n policial en la valla de Melilla solicitada por Bildu, ERC y Podemos. Asistimos a la rueda de prensa de Mohamed Said Badaoui, musulm谩n y activista social contra quien la polic铆a ha dictado una orden de expulsi贸n basada en criterios racistas e islam贸fobos que puede hacerse efectiva en cualquier momento. Y hace apenas unas semanas, precisamente a ra铆z de la masacre de Melilla, supimos que el presupuesto para el control fronterizo que la Uni贸n Europea otorgaba al Gobierno marroqu铆 aumentaba de 346 hasta 500 millones de euros, en un contrato de externalizaci贸n de fronteras que estar谩 vigente durante los pr贸ximos cinco a帽os, si bien en la reuni贸n mantenida en Rabat entre Grande-Marlaska, Ylva Johansson y Abdeluafi Laftit, ministro de Interior marroqu铆, qued贸 patente que la cifra podr铆a incrementarse en el futuro pr贸ximo.

La reflexi贸n anterior surge del sentir compartido dentro de organizaciones y movimientos como Caminando Fronteras y Regularizaci贸n Ya. Pero m谩s all谩 de la rabia y la impotencia, m谩s all谩 de la estupefacci贸n ante el uso desmedido de la fuerza policial contra poblaci贸n desarmada, 驴ser铆a posible interpretar lo sucedido atendiendo a claves de la historia reciente, buscar significados, sabidur铆a y acciones en el pensamiento de aquellas que ya transitaron por este lugar? Dicho de otro modo, 驴es posible mirar a otros contextos desde donde avanzarnos a la crecida de violencia fronteriza que vendr谩?

En uno de los primeros textos que integran el volumen Borderlands/La Frontera: The New Mestiza, de Gloria Anzald煤a, titulado El otro M茅xico, se lee lo siguiente: 鈥淟a frontera entre Estados Unidos y M茅xico es una herida abierta donde el Tercer Mundo se ara帽a contra el primero y sangra. Y antes de que se forme costra vuelve la hemorragia, la savia vital de dos mundos que se funde para formar un tercer pa铆s, una cultura de frontera. Las fronteras est谩n dise帽adas para definir los lugares que son seguros y los que no lo son, para distinguir el us (nosotros) del them (ellos). Una frontera es una l铆nea divisoria, una fina raya a lo largo de un borde empinado. Un territorio fronterizo es un lugar vago e indefinido creado por el residuo emocional de una linde contra natura. Est谩 en un estado de constante transici贸n. Sus habitantes son los prohibidos y los baneados. Ah铆 viven los atravesados: los bizcos, los perversos, los queer, los problem谩ticos, los chuchos callejeros, los mulatos, los de raza mezclada, los medio muertos; en resumen, quienes cruzan, quienes pasan por encima o atraviesan los confines de lo 鈥榥ormal鈥. Los gringos del suroeste de Estados Unidos consideran a los habitantes de las tierras fronterizas transgresores, extranjeros 鈥搕anto si tienen documents como si no, tanto si son Chicanos como si son Indios o Negros鈥. Prohibida la entrada. Los trespassers ser谩n violados, mutilados, estrangulados, atacados con gas, shot. Los 煤nicos habitantes 鈥榣eg铆timos鈥 son quienes tienen el poder, los blancos y quienes se al铆an con los blancos. La tensi贸n se apodera de los habitantes de las tierras fronterizas como un virus. La ambivalencia y el malestar residen all铆 y la muerte no es una extra帽a”.

Apenas 20 a帽os m谩s tarde de la primera edici贸n de Borderlands, Rita Segato publicaba La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Ju谩rez. Territorio, soberan铆a y cr铆menes de segundo estado, donde aportaba el concepto de violencia expresiva. 鈥淓s por su calidad de violencia expresiva m谩s que instrumental 鈥搗iolencia cuya finalidad es la expresi贸n del control absoluto de una voluntad sobre otra鈥 que la agresi贸n m谩s pr贸xima a la violaci贸n es la tortura, f铆sica o moral. Expresar que se tiene en las manos la voluntad del otro es el telos o finalidad de la violencia expresiva. Dominio, soberan铆a y control son su universo de significaci贸n. Cabe recordar que estas 煤ltimas, sin embargo, son capacidades que s贸lo pueden ser ejercidas frente a una comunidad de vivos y, por lo tanto, tienen m谩s afinidad con la idea de colonizaci贸n que con la idea de exterminio. En un r茅gimen de soberan铆a, algunos est谩n destinados a la muerte para que en su cuerpo el poder soberano grabe su marca; en este sentido, la muerte de estos elegidos para representar el drama de la dominaci贸n es una muerte expresiva鈥.

De esta manera Rita Segato alertaba de una suerte de representaci贸n o di谩logo establecido desde un espacio de violencia extrema, que se ha granjeado una l贸gica de terror e impunidad hacia nosotras, como mujeres y como sociedad. M谩s adelante, al analizar las caracter铆sticas concretas del caso, Segato apuntaba a Ciudad Ju谩rez, entre otras nociones que funcionaban entrelaz谩ndose entre s铆, como un territorio fronterizo. 鈥淔rontera entre el exceso y la falta, Norte y Sur, Marte y la Tierra, Ciudad Ju谩rez no es un lugar alegre. Abriga muchos llantos, muchos terrores. Frontera que el dinero debe atravesar para alcanzar la tierra firme donde el capital se encuentra, finalmente a salvo y da sus frutos en prestigio, seguridad, confort y salud. La frontera detr谩s de la cual el capital se moraliza y se encuentran los bancos que valen la pena. La frontera con el pa铆s m谩s controlado del mundo, con sus rastreos de vigilancia cerrada y casi infalible. A partir de ese punto, de esa l铆nea en el desierto, cualquier negocio il铆cito debe ser ejecutado con un sigilo m谩s estricto, en sociedades clandestinas m谩s cohesionadas y juradas que en cualquier otro lugar. El lacre de un silencio riguroso es su requisito. La frontera donde los grandes empresarios viven de un lado y 鈥榯rabajan鈥 del otro; de la gran expansi贸n y valorizaci贸n territorial 鈥搇iteralmente, terrenos robados al desierto cada d铆a, cada vez m谩s cerca del r铆o Bravo. La frontera del tr谩fico m谩s lucrativo del mundo: tr谩fico de drogas, tr谩fico de cuerpos. La frontera que separa una de las manos de obra m谩s caras del mundo de una de las manos de obra m谩s baratas. Esa frontera es el escenario del mayor y m谩s prolongado n煤mero de ataques y asesinatos de mujeres con modus operandi semejante de que se tiene noticia en 鈥榯iempos de paz鈥欌.

Siguiendo la estela de Gloria Anzald煤a y Rita Segato no resulta dif铆cil identificar una serie de significantes comunes entre la historia de estas otras fronteras y los actuales mecanismos de control en los l铆mites del sur europeo. Se trata de una violencia expresiva ejecutada sobre los cuerpos de un ser-humano-otro y que goza de una completa y gubernamentalmente consensuada inmunidad posterior.

La solidaridad de las mujeres de este lado de la frontera debe ser inapelable. Ninguno de los dos gobiernos espera una reacci贸n social de calado porque creen que la asesinada era una sin nombre, una donnadie, alguien que no nos importa. De nosotras depende demostrar hasta qu茅 punto se equivocan. Y posicionarnos en un espacio comprometido con el crescendo de violencia extrema que se sigue gestando en los l铆mites mismos de nuestro pa铆s. El lema que movilizara la lucha feminista en las calles, el que coreamos para proteger a nuestras amigas y vecinas, a mujeres desconocidas mientras reivindic谩bamos nuestro derecho a la vida, puede cobrar desde hoy un significado distinto. Si tocan a una nos tocan a todas deber铆a escucharse en las luctuosas playas de Tarfaya y Akhfennir y en los campos de Huelva. All铆 donde las temporeras marroqu铆es son violadas en la m谩s absoluta impunidad porque sus agresores, aunque ellas re煤nan el coraje de denunciar asumiendo un alt铆simo riesgo, no van a la c谩rcel, pues nuestra jurisprudencia est谩 contaminada de lo que colectivos de juristas como Justice for Muslims califica de islamofobia de g茅nero.

Desde los movimientos migrantes se convocar谩n concentraciones en varios puntos del territorio en repudio a este asesinato y para oponernos de manera preventiva a su impunidad. Tomando prestadas las palabras de Sojourner Truth preguntamos, 驴acaso no era ella una mujer? De nosotras depende gritar en su nombre.




Fuente: Briega.org