August 10, 2022
De parte de Nodo50
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Por Ainara Medina

Elghalia Djimi, en Bilbao. / Foto: Lorna Biermann López.

Los cuerpos, como armazones vitales sobre los que apoyarnos y valernos, van acumulando historias allí donde el mundo exterior los atraviesa. El cuerpo de Elghalia Djimi narra la historia de una activista que ha conocido en primera persona las violencias que surcan su tierra, el Sáhara Occidental, pero también las resistencias que su pueblo ha forjado con el paso de los años. Fue vicepresidenta de la organización Sahrawui Association of Victims of Grave Human Rights Violations Committed by Moroccan State y actualmente es miembro y cofundadora de la Instancia Saharaui Contra la Ocupación Marroquí ISACOM. Además, es parte del Comité de Familias de Saharauis Desaparecidos y del Espacio de Mujeres en los Territorios Ocupados (EMSTO).

Djimi nació en Agadir en 1961 donde fue criada por su abuela hasta que esta fue detenida-desaparecida en 1984. Ella misma fue víctima de desapariciones forzosas en tres ocasiones, en 1981 y después entre 1987 y 1991, tras participar en iniciativas contra la ocupación marroquí en el Sáhara Occidental. Ha sido hostigada y detenida en multitud de ocasiones en los años posteriores. Durante los casi cuatro años que estuvo desaparecida, sufrió diferentes tipos de tortura por parte del Gobierno de Marruecos. Por esa misma razón, y en busca de hacer por fin justicia, trabaja desde 1998 registrando las violaciones de derechos humanos que el pueblo saharaui ha sufrido en los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Recientemente ha participado con el Instituto Hegoa (UPV/EHU) en un trabajo de investigación que ha documentado las violaciones de derechos humanos contra las mujeres en el territorio saharaui ocupado. Porque, al final, la historia de un cuerpo remite a la de otros cuerpos.

Estás estos días en Bilbao con otras defensoras de los derechos humanos, ¿qué habéis trabajado?, ¿te sirve reunirte con compañeras de otros territorios que sufren o han sufrido situaciones similares?

Ha sido un curso muy intenso e interesante porque hubo muchas defensoras valientes de los derechos humanos procedentes de diferentes países como América Latina y el Sáhara Occidental. Este encuentro nos da una buena oportunidad para explicar a nuestras compañeras de América Latina nuestro sufrimiento y también nuestra resistencia bajo la ocupación marroquí. Hemos podido hablar de nuestros ciudadanos que están en campamentos para refugiados, pero también de aquellos que están bajo la ocupación y en la diáspora porque la mayoría de ellas no conocían nada sobre el conflicto saharaui-marroquí. Hay un embargo mediático sobre nuestra causa y todas las compañeras hemos apreciado este intercambio de realidades.

Más allá de que eres consciente de todas las formas de violencia que han sufrido las mujeres saharauis, sistematizarlas y publicarlas no habrá sido fácil, en cierta manera puedes revivir lo sufrido.

Es nuestro deber vivir esos sufrimientos hasta que, por fin, logremos la independencia y entonces podamos hacer una cura psicológica entre todos. Hasta el momento resistimos, combatimos y luchamos sin esta cura que debería ayudarnos. Solamente nuestra determinación y la creencia en la legalidad y justicia de nuestra causa nos acompaña en este camino. Vale la pena sacrificarnos para ayudar al pueblo saharaui, expresarnos sobre su futuro político y dar una oportunidad a toda su población de vivir en su tierra en un entorno de paz, estabilidad y desarrollo continuo.

El informe ‘Que salga todo a la luz. Violaciones de derechos humanos de las mujeres en el Sáhara Occidental ocupado (1975-2021)’, elaborado por el Instituto Hegoa (UPV/EHU), junto con el apoyo de activistas e investigadoras saharauis, recoge los testimonios de 81 mujeres de entre los 12 y los 73 años que denuncian haber sido víctimas directas o indirectas de la violencia ejercida por Marruecos en el Sáhara Occidental. De media, tal y como se explica en el documento, cada mujer saharaui entrevistada ha sufrido desde la ocupación marroquí más de seis tipos de violaciones de los derechos humanos. Según la investigación, el 90 por ciento de las entrevistadas aseguran haber sido sometidas a diferentes tipos de torturas y otros tratos o penas degradantes, entre las que identifican golpes con objetos, escarnio público, golpes sin objetos, vendaje de ojos y utilización de capuchas, quemaduras o cortes o colgamientos en posiciones extremas. En cuanto a las consecuencias de las torturas, el 91 por ciento afirma sufrir impactos físicos como, por ejemplo, dolor crónico, alteraciones del sueño, heridas de diverso tipo, alteraciones alimentarias y discapacidad física o sensorial. Algunos de los daños psicológicos que las víctimas señalan son el miedo, la depresión, la pérdida de autoestima y la vergüenza. “El 78 por ciento de las mujeres ha denunciado los hechos ante distintas instancias de la administración marroquí. A pesar de las denuncias presentadas y del alto nivel de identificación de los victimarios directos, la impunidad es total: no se ha realizado ningún juicio contra miembros de las fuerzas de seguridad marroquíes o de colonos marroquíes implicados en las violaciones de derechos humanos”, añade el informe.

¿Te ha sorprendido algún resultado de la investigación?

No estoy tan sorprendida por la situación como mis compañeras. Sin embargo, las conclusiones de esta investigación son nuevas para nosotras porque, aunque trabajemos siempre sobre el tema de las violaciones de los derechos humanos, jamás hemos hecho un trabajo especialmente sobre la situación de las mujeres con estadísticas, porcentajes y gráficos. Todo eso es una novedad, pero es también lo que pide el trabajo académico. Es algo que nos da un nuevo impulso para mejorar nuestro trabajo.

La investigación va sobre mujeres y se sabe que la violencia contra las mujeres es un arma de guerra, ¿también en el caso saharaui?

Es verdad que compartimos esas violaciones de los derechos humanos con nuestras compañeras de América Latina. Creo que es habitual que en todas las partes del mundo donde hay conflictos, haya también abuso sexual contra las mujeres. Nosotras, por ejemplo, estábamos en centros secretos de desaparecidos donde nuestros guardias que eran hombres vivían día y noche con nosotras. Eran espacios pequeños y sin puertas en los que de vez en cuando se daban abusos. Hablamos, entonces, de un aspecto que acompaña siempre a los conflictos armados, incluido en el Sáhara Occidental.

Has estado detenida, desaparecida, hostigada, ¿te ayuda contar tu testimonio?

Sí, me ayuda mucho contarlo. De hecho, suelo contarlo cada vez que tengo ocasión porque creo que, debido al embargo mediático y militar impuesto sobre nuestro territorio, es parte de nuestro deber como activistas hacerlo. La mayoría de los países no saben nada de lo que pasa con nosotros y nosotras, por eso tenemos la determinación no solo de hablar de lo que sufrimos, sino también de lo que vivimos como parte de la resistencia. Con el sufrimiento hay también una resistencia extraordinaria en estos centros secretos, lejos de los ojos de los guardias. Cuando encontrábamos el momento adecuado, siempre conmemorábamos nuestras fiestas nacionales o ayudábamos a las otras a aprender, ya que la mayoría no sabían ni leer ni escribir. Las mujeres saharauis hacemos muchas cosas que demuestran que no somos solamente víctimas, sino también mujeres valientes que creen en un futuro mejor, un futuro de convivencia, de paz y de desarrollo. Hay que combatir los días y las noches de sufrimiento con este deseo, este sueño, en mente.

¿Qué sería para ti la justicia y la restauración?

La justicia es una reivindicación que hacemos y que nos corresponde por derecho, pero hasta el momento no hemos recibido ningún acercamiento en este sentido, ni tampoco de reconciliación porque el proceso que está llevando Marruecos es totalmente superficial. No ha analizado con objetividad todas las violencias que se han perpetrado en el Sáhara Occidental. Con el tema de los desaparecidos, por ejemplo, la información que nos hacían llegar era tan solo el nombre de la persona desaparecida junto con el centro secreto en el que supuestamente había muerto. Es el caso de mi madre. No nos explicaban dónde estaba la tumba, siguen sin hacerlo, no hay exhumación, no hay una devolución del cadáver para enterrarlo de acuerdo con nuestras costumbres religiosas. Entonces nuestro derecho al duelo, a la justicia, no lo hemos logrado todavía. Es verdad que Marruecos nos dio algo de dinero como reparación económica y material, pero nuestra principal demanda es la no repetición de estos hechos. Nosotras vivimos cada día en las calles de El Aaiún los ataques, las vejaciones, las torturas que aseguran que van a parar, pero que luego no es cierto. No han trabajado de una forma sería sobre lo ocurrido en el Sáhara Occidental y es por eso que como defensoras de los derechos humanos y víctimas tenemos que esforzarnos para hablar de estos temas con nuestros colaboradores como, por ejemplo, las investigadoras de Hegoa que nos han ayudado a hacer el informe.

¿Se siguen sucediendo estos episodios de violencia?

Sí, es siguen sucediendo, aunque no de la misma manera. Desde la invasión en el 75 se dan estos crímenes contra la humanidad como las desapariciones forzosas, por ejemplo. Actualmente no ocurren estas desapariciones masivas que duraban tantos años, sin embargo, hay otras violencias que son igualmente graves como la tortura psicológica y física en las calles y durante las manifestaciones. Todavía se llevan a cabo detenciones arbitrarias con condenas desproporcionadas que van de los cuatro años hasta la cadena perpetua. Todo esto se da además en un territorio que no nos es propio, en el que no hay prensa internacional o independiente. Tampoco tenemos una delegación en el territorio de las Naciones Unidas y la que se encomendó en 1991 para la implementación del referéndum, no tiene la capacidad ni la competencia para registrar y reportar las violaciones contra nosotros. Por lo tanto, la tarea que llevan a cabo las activistas es muy grande y muy peligrosa. Las represalias contra nosotras, contra nuestras familias, contra nuestros hijos son habituales llegando al punto en el que no pueden encontrar un trabajo u optar a becas universitarias porque se las deniegan. El activismo es un trabajo que considero casi como un deber nacional, pero en el que hay muchas trabas.

El Gobierno español ha cambiado su postura histórica respecto a la situación del Sáhara Occidental apoyando al reino de Marruecos. ¿Qué opinas sobre este drástico giro de posicionamiento?

No me sorprende este cambio de postura. Existe una tradición sistemática por parte del gobierno español de colaborar con Marruecos como ya lo hizo el 14 de noviembre de 1975 a través del Acuerdo Tripartito de Madrid. En él ofrecía el territorio del Sáhara Occidental a dos países vecinos: Marruecos al norte y Mauritania al sur. Es una vergüenza, es un crimen contra la humanidad que un país colonizador ofrezca un pueblo a otros dos países vecinos sin preguntar siquiera su opinión al respecto. Ahora, 47 años más tarde, el Gobierno español se pronuncia nuevamente sobre el pueblo saharaui y da la soberanía a Marruecos, a un régimen criminal, que atenta no solo contra nosotros, sino también contra los inmigrantes que usan Marruecos y el Sáhara como territorio de tránsito y que viven en condiciones lamentables. Todo el mundo ha visto la masacre de decenas de inmigrantes que han llevado a cabo en la frontera con España. Teniendo esto en cuenta, nadie debería colaborar con un país así, mucho menos ofrecerle un pueblo. Marruecos utiliza el apoyo de España a modo de legitimación para sus actos sobre el Sáhara Occidental. Considero esa complicidad como otro crimen más contra la población saharaui.

¿Os sentís abandonadas por la sociedad española?

No, todo lo contrario. Quiero agradecer a las organizaciones de todos los puntos de España su trabajo porque tenemos una muy buena relación, además de la buena acogida que tienen nuestros niños y niñas aquí. No necesitemos ayuda humanitaria como tal pues tenemos un territorio lleno de fuentes de materias primas, lo que necesitamos es un apoyo político de la sociedad española, así como del resto. Sin olvidar también la voluntad por parte de la comunidad internacional de resolver el conflicto en el Sáhara Occidental dándole la última palabra al pueblo saharaui. Necesitamos un referéndum para sentirnos por una vez en nuestra vida libres de poder elegir nuestro futuro político, independientemente del resultado.

¿Mantienes la esperanza?

En el Sáhara Occidental tengo la sensación de estar en una cárcel muy grande con jardines y en la que hay mucha vigilancia por parte de los policías. A pesar de ello, mantenemos siempre la esperanza y el coraje para continuar esta lucha pacífica que es, por otro lado, muy peligrosa, pero la paz, la estabilidad y la convivencia entre los pueblos saharaui y marroquí merecen el sacrificio.




Fuente: Info.nodo50.org