January 6, 2022
De parte de Asociacion Germinal
180 puntos de vista


Por Roarmag

La lucha por las humanidades, plural

Mi sugerencia aqu铆 es que muchos de los movimientos que hemos visto durante la 煤ltima d茅cada, a pesar de su vasta diversidad y abundantes desacuerdos, comparten en alg煤n nivel un rechazo impl铆cito o expl铆cito del sombr铆o paradigma del homo economicus . Cada uno, a su manera, propone o experimenta con otras formas de ser humano, anticolonialistas y anticapitalistas. Aunque ninguno de estos movimientos es perfecto y est谩 libre de contradicciones, cada uno se basa y ayuda a contar una historia diferente sobre qui茅n y qu茅 importa, qu茅 es de valor en el mundo y qu茅 significa ser parte de una especie con la singularidad. poder para moldear dr谩sticamente su mundo.

Por ejemplo, en Chile y Argentina , el feminismo ha estado al frente de las rebeliones contra el neoliberalismo en formas que priorizan no solo la justicia reproductiva, sino tambi茅n la importancia del trabajo de reproducci贸n social , cuya devaluaci贸n siempre ha estado en el centro del paradigma del capitalismo. En lugar de una cosmovisi贸n capitalista colonial, en la que la competencia y la extracci贸n son claves, estos movimientos promueven una l贸gica de cuidado, reciprocidad y enredo ecol贸gico. De Beirut a Bielorrusia a Brasil, los j贸venes se est谩n levantando para rechazar los reg铆menes que juzgan qui茅n debe vivir y qui茅n debe morir o dejarse sufrir. En toda Europa y en todo el mundo, los j贸venes se hacen eco de un grito cada vez m谩s desesperado de que su futuro no sea cancelado por el terrorismo clim谩tico corporativo, exigiendo que aquellos que afirman representar al 鈥減ueblo鈥 vayan m谩s all谩 de su obediencia a una creencia macabra de que los mercados deben ser lo primero. Otros est谩n tomando asuntos del clima en sus propias manos a trav茅s de acciones que van desde la formaci贸n de nuevas comunidades ecol贸gicas e iniciativas comunes hasta formas militantes de sabotaje.

En todo el mundo, nuevas oleadas de sindicalizaci贸n y militancia laboral (incluidos los trabajadores de la tecnolog铆a y los gig ) est谩n desafiando el ideal neoliberal del trabajador flexible que compite con u帽as y dientes contra sus colegas por el derecho a sobrevivir. A esto podemos agregar la ola de esfuerzos para revivir los jardines comunitarios, las econom铆as de vecindario, las ciudades en transici贸n y las pr谩cticas de decrecimiento radical que visualizan el crecimiento de una econom铆a insurgente dentro de las ruinas del capitalismo.

El movimiento por las vidas negras, si bien su actual iteraci贸n se origin贸 en los Estados Unidos, ha inspirado protestas en todo el mundo lideradas por miembros de la di谩spora africana expansiva, quienes siempre han sido colocados en el pelda帽o m谩s bajo de la escalera de la humanidad que tiene un homo europeo blanco. oeconomicus se entroniza en la cima. Las manifestaciones que insisten en que las vidas de los negros realmente importan han transformado el escenario pol铆tico en los Estados Unidos, Canad谩, el Reino Unido y m谩s all谩. Inspirado por la resistencia de los estudiantes sudafricanos en la 煤ltima d茅cada, este movimiento tambi茅n ha alentado una gran ola de luchas para eliminar o derribar lasestatuas de homo oeconomicus. ancestros: los caudillos coloniales y capitalistas de la historia que hoy, desde sus plintos , imponen la obediencia a la supremac铆a blanca. M谩s all谩 de ser meramente simb贸licos, estos movimientos apuntan a desbancar al homo oeconomicus de su trono y vengar la subhumanizaci贸n de generaci贸n tras generaci贸n de personas esclavizadas, mujeres, personas trans y no binarias, personas discapacitadas y trabajadores.

A esto hay que sumar el incre铆ble poder imaginativo y pol铆tico reunido en torno a las demandas de abolici贸n de las c谩rceles y la polic铆a, muchas veces derivadas del protagonismo de las propias personas encarceladas. Aqu铆, ante la subhumanizaci贸n implacable y el chivo expiatorio que justifica un r茅gimen de venganza carcelaria, la insistencia en la humanidad de los encarcelados socava fundamentalmente las presunciones del homo oeconomicus .

Asimismo, los levantamientos ind铆genas en todo el mundo , especialmente en Canad谩 , Brasil , India y Estados Unidos , representan el resurgimiento de formas de ser humanos que han sobrevivido a las guerras de aniquilaci贸n libradas contra ellos por el capitalismo colonial y ahora emergen en el escenario mundial para liderar el cambio de marea. La firme determinaci贸n del pueblo palestino sigue resonando en todo el mundo, en el entendimiento de que cualquier t茅cnica de deshumanizaci贸n que permitamos que se aplique contra los palestinos puede ser aplicada contra cualquiera de nosotros, tarde o temprano. En Rojava , Chiapasy una multitud de enclaves m谩s peque帽os como el zad o un archipi茅lago de okupados casas y centros sociales , militantes han recuperado su lugar en la tierra, con la tierra, como parte de la tierra como un espacio para recordar y reinventar lo que podr铆a significar ser humano.

Los movimientos, a su manera, proponen o experimentan con otras formas de ser humanos anticolonialistas y anticapitalistas.

Sin embargo, las luchas de hoy no solo son visibles en las calles y en las barricadas, por importantes que sean estos teatros. Tambi茅n ocurren en el nivel de la vida cotidiana.

Sin disminuir el apoyo vital que muchos reciben de los psicof谩rmacos, los activistas del cuidado insisten en que la depresi贸n y la ansiedad de una generaci贸n no son faltas personales sino problemas p煤blicos y compartidos, incluido el estar atrapado en un sistema omnicida. Despreciados por sus mayores como una generaci贸n mimada, los j贸venes de hoy est谩n aprendiendo de d茅cadas de activistas por discapacidad c贸mo construir comunidades de cuidado y ayuda mutua frente a una 鈥渆pidemia鈥 completamente justificada de lo que el sistema biom茅dico clasifica como 鈥 enfermedad mental鈥. Ser humano, desde este punto de vista, es ser vulnerable y depender unos de otros, muy lejos de la version miserable, alienada y competitiva de lo humano promovida por el capitalismo colonial. Estos movimientos tambi茅n aprenden de la Historia de luchas queer y trans que contin煤an hasta el d铆a de hoy y cuya negativa a sucumbir silenciosamente al sida nos ha mostrado c贸mo los virus (incluido el SARS-Cov2) ya son siempre pol铆ticos .

Tales movimientos se han inspirado en un largo legado de organizaci贸n feminista donde lo personal siempre ha sido pol铆tico, un reconocimiento emblem谩tico por una nueva ola de luchas por la libertad reproductiva que los v铆nculos expl铆citamente con la forma en que el patriarcado y el capitalismo racial siempre han trabajadora de la mano. -mano. Est谩 en juego el reconocimiento de que, en un mundo que insiste en hacernos elegir entre el individualismo o la deshumanizaci贸n, hay que volverse muchos para reinventar nuevas formas de parentesco, solidaridad, poder colectivo, amor, prosperidad y alegr铆a.

El lema enga帽osamente simple y profundamente honesto de que 鈥渘adie es ilegal鈥 golpea el coraz贸n podrido de la premisa maltusiana del capitalismo colonial y desaf铆a el poder de la frontera para determinar qui茅n vivir谩 y qui茅n morir谩 basado en distinciones imaginarias que se hicieron violentamente reales a trav茅s de cinco siglos de imperialismo racista. Al igual que los llamamientos para una renta b谩sica garantizada global o servicios b谩sicos garantizados, toma como premisa no el mito de la escasez despiadada, sino la promesa de la abundancia global, una promesa hasta ahora negada por una divisi贸n global horriblemente racista de la riqueza, el residuo de cinco siglos de saqueo colonial.

Los 煤ltimos diez a帽os tambi茅n han sido testigos de luchas que no encajan tan claramente en tal visi贸n, o que est谩n animadas por tendencias contradictorias. Los levantamientos en el mundo 谩rabe, el Movimiento Occupy global, el Movimiento de las Plazas en Espa帽a y Grecia, la recuperaci贸n del Parque Gezi en Turqu铆a, las manifestaciones de Hong Kong y otras luchas que protagonizaron tomas del espacio p煤blico necesariamente se abrieron a una amplia variedad. de posiciones ideol贸gicas. Sin embargo, dentro de estos, la izquierda radical jug贸 un papel central en la apertura de nuevos espacios para la democracia de base, participativa y construy贸 infraestructuras de atenci贸n colectiva y ayuda mutua.. Estos trasladaron fundamentalmente estas luchas fuera de los l铆mites convencionales de la democracia representativa liberal y las transformaron en zonas experimentales para nuevas formas de cooperaci贸n y autogesti贸n humanas.

Incluso el giro electoral, incluidas las campa帽as de Corbyn y Sanders en el Atl谩ntico norte, el giro municipalista hacia las instituciones en algunas partes del sur de Europa y m谩s all谩, ha estado marcado por el rechazo de la idea de que el estado est谩 destinado a ser poco m谩s que el ejecutor. del neoliberalismo o el veh铆culo de un nacionalismo asesino. Aqu铆, han aprendido y construido sobre el optimismo de la Marea Rosa en la primera d茅cada del siglo XXI y que hoy anima esperanzas.de su renacimiento en Am茅rica Latina. En un intento de aprovechar (algunos podr铆an decir capturar) el impulso de los movimientos de base, las nuevas formaciones de partidos de izquierda se ven obligadas a ir m谩s all谩 de la visi贸n de un capitalismo mejor administrado ya enfrentarse a la necesidad de rehacer la pol铆tica en el nivel de la vida cotidiana. Y, sin embargo, a ra铆z de sus derrotas electorales y pol铆ticas, los movimientos se enfrentan una vez m谩s a la cuesti贸n de c贸mo los deseos y sue帽os expresados 鈥嬧媏n las calles pueden encontrar el poder para cambiar el mundo.

M谩s all谩 de un sistema de venganza

Aunque se centra en las luchas de la di谩spora negra y las formas particulares de opresi贸n que surgen de los legados de la esclavitud sobre los que se construy贸 el capitalismo global, los escritos de Wynter invitan a una secci贸n transversal mucho m谩s amplia de la humanidad a liberarse de la ortodoxia y la cosmolog铆a neoliberal. Esta cosmolog铆a incluso restringe algunos de los movimientos m谩s radicales de nuestros d铆as. Aunque rechacen el neoliberalismo o incluso el capitalismo, muchos siguen preocupados por proponer una mejor gesti贸n de los escasos recursos y de las poblaciones.

Hoy en d铆a, estamos a la deriva en t谩cticas c铆nicas de relaciones p煤blicas que buscan apropiarse del lenguaje y el esp铆ritu de las luchas para vendernos el 鈥渃onsumismo verde鈥 o enga帽arnos haci茅ndonos pensar que las nuevas tecnolog铆as como las cadenas de bloques o las criptomonedas, por s铆 mismas, conducir谩n a liberaci贸n. Al mismo tiempo, las historias de lucha de movimientos, cuando se cuentan a trav茅s de la lente individualizadora y maniquea de las industrias capitalistas del entretenimiento, se transmutan en fantas铆as liberales que justifican el status quo.

Frente a esto, necesitamos, m谩s que nunca, historias poderosas e inspiradoras de lucha colectiva y transformaci贸n. En t茅rminos m谩s generales, necesitamos formas de escritura, teor铆a y narraci贸n que nos revelen lo que significa actuar por el mundo del que formamos parte, no como individuos aislados sino como movimientos comunes. Pero incluso m谩s all谩 de los nuevos modos de narraci贸n verbal, escrita o art铆stica, tambi茅n necesitamos contarnos esas historias en las calles, en nuestras acciones, en la comedia y la tragedia de la lucha material.

Necesitamos, m谩s que nunca, historias poderosas e inspiradoras de lucha colectiva y transformaci贸n.

La tarea que tenemos ante nosotros es monumental y sin precedentes. Debemos, por un lado, seguir a los zapatistas en la lucha por 鈥渦n mundo en el quepan muchos mundos鈥. Al mismo tiempo, de alguna manera, debemos asumir la responsabilidad de nosotros mismos como especie global con poderes profundos y terribles para transformarse a s铆 misma y al mundo.

Los arquitectos ideol贸gicos del neoliberalismo nos contaron la historia de que su sistema de globalizaci贸n de mercado libre era el 煤nico que pod铆a expresar y contener de manera verdadera y segura las aspiraciones de nuestra especie global. Solo si todos nos someti茅ramos al dominio pac铆fico del mercado estar铆amos a salvo de nosotros mismos: las grandes luchas ideol贸gicas, religiosas y 茅tnicas se desvanecer铆an a medida que una especie inherentemente codiciosa llevara sus impulsos competitivos a la arena capitalista justa. Se conquistar铆a la venganza, la xenofobia, la ignorancia y la escasez. Fue un sue帽o atractivo, no solo porque nos promet铆a una especie de paz que literalmente ser铆a el 鈥渇in de la historia鈥, sino porque ser铆a muy f谩cil: en lugar de una especie de despertar y transformaci贸n global, homo oeconomicus .

Lea el n煤mero completo aqu铆 .

Y, sin embargo, ahora, casi medio siglo despu茅s de la revoluci贸n neoliberal, gran parte de nuestro mundo est谩 en ruinas, o quiz谩s m谩s exactamente la ruina del planeta, que comenz贸 con la captura de esclavos y la invasi贸n del 鈥渘uevo mundo鈥, ahora est谩 llegando. su aterrador final. Aunque prometi贸 la conquista final de la venganzacomo un drama pol铆tico humano, el capitalismo colonial global se ha convertido en un sistema de venganza. No solo ha fomentado el crecimiento de la pol铆tica de venganza de la extrema derecha, sino que tambi茅n, sin que nadie pretenda u orquestarla, se est谩 vengando de manera extra帽a contra nuestra especie, especialmente a trav茅s del caos clim谩tico, pero tambi茅n el asesinato masivo de migrantes, el encarcelamiento masivo de personas racializadas. personas, y el terror universal del abandono socioecon贸mico que nos acecha a todos.

Ahora nos enfrentamos a la triste realidad de que, incluso si de alguna manera, m谩gicamente, convoc谩ramos una revoluci贸n global que pudiera cumplir nuestros sue帽os, heredar铆amos un mundo da帽ado. Se han desencadenado puntos de inflexi贸n clim谩ticos. Se han traumatizado generaciones. En su desesperaci贸n por proteger sus propiedades y privilegios, la clase dominante ha criado los perros del infierno del odio y el resentimiento reaccionarios y les ha dado el gusto por la carne. El mundo y nuestros cuerpos est谩n llenos de toxinas. Todos y cada uno de nosotros nos hemos habituado a una forma de supervivencia capitalista que, a peque帽a o gran escala, busca convertirnos en agentes de reproducci贸n del sistema. Estas heridas requieren generaciones de esfuerzo intencional para sanar.

Y, sin embargo, a pesar de esto, persistimos en la lucha, prosperamos en la solidaridad y nos estamos reconectando con nuestro derecho de nacimiento: la ayuda mutua y el devenir colectivo interdependiente. La pregunta que tenemos nosotros es c贸mo podemos contar una historia nueva y diferente sobre qui茅nes somos 鈥渘osotros鈥, 鈥渘osotros鈥, los muchos, los muchos 鈥渘osotros鈥. 驴C贸mo podemos contar una historia a trav茅s de nuestras acciones que nos ayude a recordar y reavivar nuestros poderes de rechazo y cocreaci贸n de formas que hagan el mundo m谩s grande, no m谩s confinado, que nos d茅 derecho a reclamar la riqueza que producimos cooperativamente en el lugar de buscar las sobras? sobras de un sistema de muerte? Esta narraci贸n est谩 ocurriendo a nuestro alrededor y no solo se encontrar谩 en obras visionarias de teor铆a o literatura, aunque estas son de hecho vitales. Son, lo m谩s importante, stories contadas en el hacer de la vida diaria y que hablan desde el car谩cter de nuestras luchas.

Fuente: Roarmag.org

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Fuente: Asociaciongerminal.org