October 23, 2021
De parte de Nodo50
376 puntos de vista


Los viejos bur贸cratas sindicales han socavado algunas de estas luchas, pero est谩n tensando la cuerda contra la creciente combatividad de una clase obrera que no est谩 dispuesta a soportar la carga econ贸mica de la crisis pand茅mica mientras se disparan los beneficios de la patronal.

La profunda dislocaci贸n de los 煤ltimos 18 meses est谩 sacudiendo el sistema y preparando el terreno para un punto de inflexi贸n en la lucha de clases estadounidense.

Marea creciente

Los trabajadores de la sanidad, que han arriesgado sus vidas y han hecho sacrificios colosales, exigen ahora lo que les corresponde. 24.000 enfermeras y otros empleados del consorcio Kaiser Permanente en California votaron a favor de la huelga este mes, junto con otros 10.000 trabajadores de la sanidad empleados por Kaiser en Oreg贸n.

Esto fue en respuesta a un nuevo convenio laboral que combinaba un irrisorio aumento salarial del 1% para el personal existente, con un recorte de entre el 26% y el 39% para los nuevos contratados.

El llamado sistema de dos carriles (una caracter铆stica cada vez m谩s com煤n en el mercado laboral estadounidense) permitir谩 a los empresarios enfrentar a unos sectores de la plantilla con otros en una carrera general hacia el abismo. Mientras tanto, Kaiser obtuvo unos beneficios de 3.000 millones de d贸lares en el segundo trimestre de 2021.

2.500 enfermeras y personal hospitalario empleados por la empresa sin fines de lucro Catholic Health tambi茅n se declararon en huelga en Buffalo, Nueva York, en respuesta a la escasez de personal, los bajos salarios y los ataques a las pensiones. Estas huelgas se sumaron a la huelga de enfermeras que se est谩 llevando a cabo en el Hospital St. Vincent de Worcester (Massachusetts).

La pandemia de COVID-19 golpe贸 con especial dureza a los Estados Unidos gracias a la absoluta incompetencia y a las pol铆ticas imprudentes de la clase dominante.

Como consecuencia, el personal sanitario se vio sometido a una enorme presi贸n en unas salas desbordadas. “No hab铆a paga por horas extras, ni paga por riesgo”, dijo un antiguo trabajador sanitario en The Guardian, que describi贸 el a帽o 2020 pasando en una r谩faga de turnos de 24 horas.

Estas condiciones intolerables, combinadas con las 3.600 muertes de trabajadores sanitarios a causa del COVID-19, han provocado una escasez cr铆tica de personal. Esto ha ejercido una presi贸n a煤n mayor sobre los que quedan, especialmente con la variante Delta que ha provocado una nueva oleada de casos este verano.

“Tenemos gente exhausta, que se queja de problemas de salud mental y de trastornos post-estr茅s traum谩tico. Como sindicato, estamos en una situaci贸n en la que nos preocupa el futuro de la enfermer铆a”, dijo Denise Duncan, presidenta de United Nurses Associations del sindicato de profesionales de cuidados de la salud de California.

Mientras tanto, la reapertura de la econom铆a ha provocado el auge de la demanda en determinados sectores; pero mientras los empresarios se enriquecen, los trabajadores se ven presionados a煤n m谩s hacia la pobreza y la precariedad.

Por ejemplo, John Deere -fabricante de maquinaria agr铆cola- espera obtener este a帽o un beneficio r茅cord de 6.000 millones de d贸lares. Este aumento del 61% ha hecho que su director general, John C. May, se recompense con un salario anual de 15 millones de d贸lares, 220 veces m谩s que el de un empleado medio.

El 煤ltimo convenio presentado a los trabajadores el 12 de septiembre propon铆a unos salarios que apenas siguen el ritmo de la creciente inflaci贸n; adem谩s de aumentar los costes de la sanidad, poner fin a una moratoria sobre el cierre de plantas, socavar las condiciones de las pensiones para los nuevos contratados y reducir las oportunidades de hacer horas extras.

Chris Larsen, activista de United Auto Workers (UAW) y empleado de John Deere desde hace 19 a帽os, describi贸 acertadamente esta oferta como una “bofetada en la cara”, que hizo que 10.000 trabajadores de Iowa, Illinois y Kansas votaran en un 99% a favor de la huelga a menos que se presentara una mejor oferta. Tras m煤ltiples ofertas rechazadas, y a pesar de las maniobras de la direcci贸n del sindicato, el 14 de octubre se inici贸 un paro total.

Desde abril, 1.000 mineros del carb贸n de Alabama est谩n en huelga contra Warrior Met. La empresa intent贸 descargar sobre sus trabajadores las p茅rdidas ocasionadas por la ca铆da de la demanda durante la pandemia, elaborando nuevos convenios con salarios y condiciones inferiores. Ahora los precios del carb贸n vuelven a subir para alimentar la industria pesada en todo el mundo, pero la patronal se niega a ceder en este conflicto especialmente enconado.

Los rompehuelgas han intimidado y agredido a los activistas del United Mine Workers of America (UMWA), embistiendo en m煤ltiples ocasiones con veh铆culos las l铆neas de piquete, lo que ha provocado la hospitalizaci贸n de varios activistas. Sin embargo, los mineros se mantienen firmes. En una protesta frente a las oficinas de Warrior Met, el activista del UMWA Dedrick Garner declar贸:

“Esta intimidaci贸n, no me molesta… Lo que hagas hoy afecta a lo que te ocurra ma帽ana. As铆 que si no te levantas, vas a caer despu茅s”.

1.400 trabajadores de otras cuatro plantas de Kellogg’s tambi茅n est谩n en huelga desde el 5 de octubre. Las ventas de cereales, un alimento b谩sico popular, aumentaron m谩s del 8% en 2020, y el director general de Kellogg’s, Steven Cahillane, se embols贸 unos 11,6 millones de d贸lares ese a帽o.

A pesar de ello, Kellogg’s anunci贸 sus planes de recortar 212 puestos de trabajo en su planta de Battle Creek, Michigan, como parte de un proceso de “racionalizaci贸n”, y amenaz贸 con externalizar a煤n m谩s puestos de trabajo a M茅xico si el Sindicato Internacional de Trabajadores de la Panader铆a, Confiter铆a, Tabaco y Molinos de Granos (BCTGM) respond铆a con una huelga.

Adem谩s, los jefes de Kellogg’s est谩n eliminando las disposiciones sobre el coste de vida y atacando la paga de los d铆as festivos y las vacaciones, al tiempo que introducen un sistema de paga y beneficios de dos niveles para los empleados actuales y los nuevos. Al mismo tiempo, la empresa exprime a los trabajadores por cada gota de ganancia.

“Hace un a帽o, se nos aclamaba como h茅roes, ya que trabajamos durante la pandemia, siete d铆as a la semana, 16 horas al d铆a. Ahora, aparentemente, ya no somos h茅roes. Muy r谩pidamente se puede pasar de h茅roe a cero”, dijo Trevor Bidelman, presidente de BCTGM Local3G empleado en la planta de Kellogg’s en Battle Creek. Y continu贸:

“En realidad, no tenemos fines de semana. S贸lo trabajamos siete d铆as a la semana, a veces entre 100 y 130 d铆as seguidos. Durante 28 d铆as las m谩quinas funcionan y luego descansan tres d铆as para la limpieza. Ni siquiera nos tratan tan bien como a su maquinaria”.

La hip贸crita celebraci贸n de los “trabajadores esenciales” por parte de la clase dominante capitalista durante la pandemia, seguida de estos renovados ataques, han contribuido a un cambio de conciencia entre los trabajadores estadounidenses; especialmente cuando se habla de “recuperaci贸n” econ贸mica, aunque sea fr谩gil. Esto, a su vez, est谩 conduciendo a una mayor voluntad de lucha.

A los ejemplos anteriores, podemos a帽adir a los trabajadores de las comunicaciones en California; a los trabajadores del transporte en Texas; a los empleados de obras p煤blicas en Minnesota; a los trabajadores de los comedores en Illinois; a los trabajadores de las residencias de ancianos en Connecticut; a los trabajadores graduados de la Universidad de Harvard y Columbia y a los trabajadores de las panader铆as en Portland. Todos ellos han aprobado huelgas en las 煤ltimas semanas. Estos estallidos de descontento laboral son se帽al de una capa subterr谩nea de resentimiento de la clase trabajadora, acumulada tras d茅cadas de recortes y traiciones, que finalmente se filtra a trav茅s de las grietas abiertas por el impacto del COVID-19.

Huelgas debilitadas

Los dirigentes sindicales intentan frenar la creciente combatividad de la clase obrera y han vendido varias batallas importantes. Por ejemplo, 60.000 trabajadores de la industria del cine y la televisi贸n de EE.UU., organizados por la Alianza Internacional de Empleados de Escenarios Teatrales (IATSE), estaban preparados para llevar a cabo la mayor huelga de Hollywood desde la Segunda Guerra Mundial.

La pandemia impuls贸 las ganancias de empresas como Netflix, Hulu, Disney y Amazon a niveles vertiginosos, ya que sus servicios de streaming proporcionaron la mayor parte del entretenimiento medi谩tico al p煤blico atrapado en casa debido a los cierres. Las producciones de los llamados “nuevos medios” cuentan con presupuestos comparables a los de los grandes estrenos cinematogr谩ficos, 465 millones de d贸lares en el caso de la nueva serie de El Se帽or de los Anillos de Amazon Prime. Pero empresas como Amazon han presionado con 茅xito al gobierno de Estados Unidos para que les permita contratar trabajadores a bajo precio y con menos protecciones, en comparaci贸n con los equipos de cine y televisi贸n “tradicionales”.

Adem谩s, aunque las disposiciones sobre el almuerzo para los trabajadores de Hollywood (que no se han actualizado desde los a帽os 鈥80) estipulan una hora de descanso cada seis horas, las grandes empresas pueden simplemente tragarse una “penalizaci贸n por comida” e insistir en que el rodaje contin煤e indefinidamente. Un miembro del equipo de producci贸n entrevistado para el grupo de defensa de los trabajadores, More Perfect Union, dijo:

“Hice un programa este a帽o que costaba 12 millones de d贸lares por episodio, para una empresa (Amazon) cuyo director general acaba de ir al espacio, y nos programaron jornadas de 16 horas y sin pausas para comer, para un programa de seis meses”.

Los trabajadores describen haberse quedado dormidos en el plat贸. Desmayarse de hambre. Un trabajador de Hollywood tuvo recientemente un fatal accidente de coche debido a la fatiga: el coste mortal de llenar los bolsillos de Jeff Bezos.

Pero, a pesar del apoyo casi un谩nime de los activistas de base a la huelga, 茅sta se suspendi贸 en el 煤ltimo momento, el 18 de octubre, tras un acuerdo entre los negociadores del IATSE y los barones de los medios de comunicaci贸n. El acuerdo incluye un aumento salarial retroactivo del 3%, a pesar de que el 铆ndice de inflaci贸n anual super贸 el 5% en julio de 2021. Al parecer, el acuerdo estipula un horario de 10 horas diarias, aunque sigue siendo una jornada laboral muy exigente en comparaci贸n con muchos otros sectores. Y a pesar de introducir sanciones m谩s elevadas para las empresas que no proporcionen descansos adecuados para comer, compa帽铆as como Disney y Amazon consideran que estas multas forman parte del “coste de hacer negocios” en los rodajes largos. Adem谩s, el acuerdo s贸lo cubre a 40.000 trabajadores de la industria del cine y la televisi贸n, lo que deja fuera a decenas de miles.

Estas “concesiones” son una miseria comparadas con lo que se podr铆a haber ganado con la movilizaci贸n prevista de los miembros de IATSE, y seguramente permitir谩n a los peces gordos de Hollywood respirar con alivio. Mientras tanto, 2.000 trabajadores organizados por el Sindicato de Carpinteros del Noroeste iniciaron una huelga en septiembre. Estos trabajadores se quejaron de que los salarios no han seguido el ritmo del coste de la vida, mientras que se han perdido 200 millones de d贸lares de sus fondos de pensiones, coincidiendo con el mayor auge de la construcci贸n en la historia de la zona de Seattle y el oeste del Estado de Washington en 2020/21.

En m煤ltiples ocasiones, los bur贸cratas del sindicato intentaron poner fin a la huelga antes de tiempo, negociando acuerdos irrisorios con la patronal, y socavando deliberadamente la acci贸n de la huelga. Esto provoc贸 la indignaci贸n de los trabajadores de base. Art Francisco, presidente del grupo radical de base Peter J. McGuire, se quej贸 de que los dirigentes sindicales seleccionaran lugares de construcci贸n vac铆os como lugares de piquete, y que se negaran a permitir un piquete en el campus de Microsoft en el Westside de Redmond: cuya remodelaci贸n representa el mayor trabajo de construcci贸n en la Costa Oeste. Al parecer, esto dio lugar a una “loca pelea a gritos entre los [miembros del sindicato que trabajan en el proyecto de Microsoft] y los dirigentes” en una manifestaci贸n de la huelga, que estuvo a punto de desembocar en una “pelea f铆sica”, hasta que los dirigentes acabaron aceptando un piquete en Redmond.

Sin embargo, a pesar de la presi贸n ejercida desde abajo, la huelga de tres semanas se sald贸 con un estrecho voto a favor de la 煤ltima oferta de la patronal, que consist铆a en un aumento de 10,02 d贸lares por hora en los salarios y las prestaciones durante tres a帽os, despu茅s de que los trabajadores votaran en contra de los anteriores acuerdos contractuales propuestos. Aunque se trata de una concesi贸n digna de menci贸n, se qued贸 muy por debajo de las expectativas de miles de activistas sindicales. Como se帽al贸 acertadamente Francisco en una reciente entrevista, la burocracia sindical estadounidense ha tratado cada vez m谩s a las organizaciones de masas “como un intermediario laboral, no como un sindicato”.

La direcci贸n ve su papel como el de llevar a cabo discusiones respetables, a puerta cerrada, con la patronal para obtener concesiones “mutuamente aceptables”. Han abandonado la lucha de clases por la “asociaci贸n obrero-patronal”. Desde la hist贸rica derrota de la huelga de las aerol铆neas PATCO en la d茅cada de 1980 por parte de la administraci贸n Reagan, -que fue un enorme golpe a la confianza del movimiento obrero de base- los dirigentes sindicales sirvieron cada vez m谩s como yugo de la clase obrera organizada: manteni茅ndola dentro de canales seguros para el capitalismo. Este proceso se profundiz贸 con la crisis org谩nica del capitalismo en 2008, despu茅s de que los dirigentes sindicales impidieran a la clase trabajadora oponerse a los recortes y a la austeridad.

La burocracia sindical ha sido recompensada por su servicio a la clase dominante. En los 煤ltimos meses, una capa de dirigentes de la UAW ha sido declarada culpable de malversaci贸n de fondos y de aceptar sobornos de Fiat Chrysler: uno de los mayores empleadores de la industria. Sin embargo, en la poderosa huelga de maestros de Virginia Occidental de 2018, en la que decenas de miles de educadores de base desafiaron a sus c煤pulas sindicales, aqu茅llos realizaron una huelga radical. Esto fue un punto de inflexi贸n e inspiraci贸n para los trabajadores de todo Estados Unidos. Le sigui贸 un repunte de la actividad sindical, incluida una importante huelga en General Motors en 2019. La pandemia cort贸 esta tendencia durante un tiempo, pero el movimiento obrero estadounidense est谩 comenzando a deshacer el nudo de la historia.

Las bases chocan contra la burocracia

El impacto de la crisis pand茅mica ha hecho que los trabajadores de base entren cada vez m谩s en conflicto, no s贸lo con la patronal, sino tambi茅n con su direcci贸n colaboracionista de clase. Los dirigentes de la UAW intentaron repetidamente evitar la huelga de John Deere cerrando p茅simos acuerdos con la patronal. Esto se encontr贸 con la furiosa oposici贸n de los activistas de base.

En una reuni贸n de la Agrupaci贸n Local 838 de la UAW en Waterloo, Iowa, los afiliados imprimieron en sus camisetas su respuesta concisa a la 煤ltima oferta negociada por su sindicato: “A la mierda con el no”. Al parecer, un miembro tom贸 el micr贸fono y dijo que el acuerdo s贸lo serv铆a para “limpiarse el culo”. M谩s tarde, los dirigentes sindicales intentaron desviar la huelga en el 煤ltimo momento mediante una publicaci贸n en Facebook, a medianoche de la expiraci贸n del antiguo convenio (1 de octubre), declarando una pr贸rroga de las negociaciones, y que los afiliados deb铆an “presentarse a trabajar ma帽ana”. Se trataba de un intento evidente de hacer fracasar la huelga, que tuvo que ser rechazado por la presi贸n de las bases.

Uno de los afiliados dej贸 constancia de sus sentimientos en un comentario en el post original: “驴Qu茅 ha pasado con todo el rollo de la “huelga si se nos provoca”? 驴Cu谩l es la definici贸n del sindicato de “provocado”? 驴Podemos tener camisetas que digan ‘Nos retiraremos si nos amenazan’?”. Este enfrentamiento entre la direcci贸n y las bases se produce tras a帽os de acuerdos entre la UAW y las grandes empresas del sector del autom贸vil, que han hecho que los salarios y las condiciones sean cada vez m谩s bajos, especialmente para los nuevos empleados.

Hartos del comportamiento de las c煤pulas sindicales, los miembros de base -organizados en el grupo Unite All Workers for Democracy (UAWD)- est谩n presionando para que se establezca un sistema de voto directo -un miembro -un voto, para las elecciones a los 贸rganos directivos del sindicato. Sin embargo, si se aplica este sistema, en el contexto de unas elecciones sindicales nacionales, el dinero de la campa帽a y la capacidad de viajar siguen dando ventaja a los oficialistas. No hay atajos para recuperar el control del sindicato, los  afiliados deben organizarse en todas partes.

Los Teamsters (camioneros), que adoptaron el principio de “un miembro, un voto” en los a帽os 90, tambi茅n est谩n asistiendo a una lucha entre las nuevas capas insurgentes y la vieja burocracia, representadas respectivamente en las listas de Teamster United y Teamster Power para las elecciones generales del sindicato. La lista encabezada por Sean O’Brien, l铆der de Teamster United (o “OZ”) parece tener ventaja con los afiliados hasta ahora. O’Brien se ha visto favorecido por la furia de los miembros contra el actual presidente James Hoffa, que supervis贸 un acuerdo que permiti贸 la creaci贸n de un nivel inferior de conductores de reparto precarizados, “Uberizados”, en las negociaciones con UPS. Hoffa tambi茅n se ha negado   sistem谩ticamente a liderar a los trabajadores de Teamsters en acciones colectivas, favoreciendo los acuerdos de trastienda con la patronal.

Como afirma el organizador de OZ, Ken Paff: “queremos un sindicato que no diga a sus miembros lo que no se puede hacer. Queremos uno que diga: ‘Cuando los miembros quieran luchar, estaremos con ellos hombro con hombro'”. Una victoria de “OZ” ser铆a sin duda un paso adelante para la clase trabajadora estadounidense. Est谩 claro que est谩 surgiendo un deseo de lucha en las filas del movimiento obrero estadounidense, y estamos empezando a ver c贸mo se ponen al frente capas m谩s radicales para desafiar el dominio de la vieja burocracia. Estos nuevos l铆deres ser谩n puestos a prueba en el pr贸ximo per铆odo. Al final, su 茅xito depender谩 de si est谩n dispuestos, no s贸lo a desafiar a los empresarios individuales, sino al propio sistema capitalista.

Cambio de conciencia

Durante la pandemia, millones de trabajadores fueron llamados a hacer enormes sacrificios “por el inter茅s nacional”, unidos contra el enemigo com煤n de la pandemia. Muchos se enfrentaron a la decisi贸n de arriesgar su salud en el trabajo o de sobrevivir con las ayudas del gobierno. Se produjeron p茅rdidas terribles, incluyendo un n煤mero de muertes mayor que el que sufrieron los estadounidenses durante la llamada 鈥済ripe espa帽ola鈥. Se ha acumulado una gran cantidad de furia contra los podridos y codiciosos capitalistas y sus compinches pol铆ticos, que supervisaron esta cat谩strofe.

Ahora, sin embargo, la pandemia parece estar menguando, los beneficios se disparan y, sin embargo, en muchos lugares no hay descanso para las presiones ejercidas sobre los trabajadores durante lo que se supon铆a que eran circunstancias excepcionales. Adem谩s, las condiciones de vida se ven constantemente socavadas por el aumento de la inflaci贸n. De hecho, los salarios reales siguen estando por debajo de los niveles anteriores a la pandemia, y han disminuido constantemente en el 煤ltimo a帽o. Por lo tanto, mientras los peri贸dicos hablan de recuperaci贸n, las familias trabajadoras no la sienten en sus bolsillos. Junto con la riqueza descarada y muy visible de los m谩s ricos de la sociedad, que en EE.UU. han a帽adido 1,8 billones de d贸lares a sus fortunas durante la pandemia, un n煤mero cada vez mayor de estadounidenses ha decidido que ya es suficiente.

Todo esto est谩 impulsando a muchas capas de la clase trabajadora a la escena de la lucha, a luchar por mantener sus condiciones de vida y a exigir que se les devuelva lo que se les debe. Su confianza se ve reforzada por el hecho de que la bonanza econ贸mica ha provocado una escasez generalizada de recursos, que ya hemos comentado en otro lugar. Por primera vez en una generaci贸n, los trabajadores empiezan a sentir que son ellos los que tienen la palanca, y no la patronal.

No debemos exagerar esta evoluci贸n. La representaci贸n sindical en Estados Unidos sigue siendo hist贸ricamente baja (aunque subi贸 por primera vez en 2021, aunque s贸lo ligeramente); y estas huelgas son s贸lo el ensayo general de enfrentamientos mucho mayores que est谩n por venir. Los Dem贸cratas -que hist贸ricamente han trabajado mano a mano con la burocracia sindical para frenar a los trabajadores en la lucha abierta- quieren desesperadamente adelantarse y cooptar esta energ铆a radical.

Viendo la realidad, Joe Biden ha propuesto la Ley de Protecci贸n del Derecho de Organizaci贸n (o Ley PRO). Esta ley aumentar铆a la capacidad de los trabajadores para organizarse y debilitar铆a las leyes de “derecho al trabajo”, que destruyen los sindicatos, y que existen en 27 Estados. Biden sabe que es poco probable que se apruebe en el Senado estadounidense. Pero incluso si lo hace, est谩 muy lejos de lo que se necesita porque no deroga la legislaci贸n antisindical existente como la Taft-Hartley. En realidad, el prop贸sito principal de esta ley es tratar de canalizar la creciente militancia de la clase obrera por un camino seguro donde est茅 a salvo bajo el control de la burocracia existente, los Dem贸cratas, la Junta Nacional de Relaciones Laborales y los canales legales.

Lo que la clase obrera estadounidense necesita son organizaciones y l铆deres de lucha serios. Esto permitir铆a a los trabajadores ejercer su poder independiente, generalizar estas diversas luchas y luchar por grandes conquistas como un salario m铆nimo de 1.000 d贸lares a la semana ligado a la inflaci贸n, una sanidad universal de alta calidad y -lo m谩s importante- un partido pol铆tico propio. Hay un gran apetito por esto, tanto en las organizaciones de masas como en la sociedad en general. En una encuesta de Gallup de septiembre de 2020, el 65% de los encuestados (y el 77% de los menores de 34 a帽os) dijeron que aprobaban los sindicatos, empatando con los a帽os 2003 y 1999, como el mayor nivel de apoyo p煤blico de los 煤ltimos 53 a帽os.

Adem谩s, aunque el grueso de la poblaci贸n activa es menor de 34 a帽os, s贸lo representa una fracci贸n de la fuerza de trabajo sindicalizada. A medida que las condiciones de vida se vean sometidas a una mayor presi贸n, un n煤mero cada vez mayor de este estrato se ver谩 empujado a la lucha. Muchos de estos j贸venes trabajadores radicales ver谩n en las organizaciones de masas un medio para luchar por sus intereses. Una vez en los sindicatos, se sumar谩n a la oposici贸n a los dirigentes sindicales cobardes y capituladores, y luchar谩n por transformar los sindicatos de arriba a abajo en aut茅nticos instrumentos de lucha de clases.

En definitiva, estamos vislumbrando un nuevo comienzo en la historia del movimiento obrero estadounidense.

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Fuente: Luchadeclases.org