December 23, 2020
De parte de Algrano Sembrando La Duda
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Okupaci贸n, el fantasma de sobremesa

鈥淣o estoy segura de cual es el fatal secreto鈥, Matilde en el Castillo de Otranto

La reciente campa帽a medi谩tica contra la ocupaci贸n de viviendas no ha sido la primera, pero si una de las mas intensas de los 煤ltimos tiempos. Su lanzamiento, en v铆speras de un probable recrudecimiento del conflicto por la vivienda, no parece casual. La crisis econ贸mica y sanitaria ha puesto en alerta a los sectores implicados, y este parece un primer movimiento de una parte. Esta campa帽a est谩 empezando a tener respuestas, sobretodo en forma de art铆culos y en redes sociales. En estas respuestas, se ha denunciado que el fen贸meno de la ocupaci贸n de casas est谩 menos extendido de lo que los medios sugieren con tono alarmista. Los datos y las estad铆sticas refuerzan esta denuncia. Adem谩s se ha criticado, con raz贸n, que se est谩 confundiendo intencionadamente okupaci贸n con allanamiento de morada. Por 煤ltimo, se ha tratado de centrar de nuevo el debate sobre el problema del acceso a la vivienda, que es la causa primera que provoca la ocupaci贸n de propiedades.

La situaci贸n de calma tensa que vivimos, parece la antesala de una mayor conflictividad social, tambi茅n en torno al tema que tratamos. Por eso las respuestas defensivas son imprescindibles, pero convendr铆a tratar de ir un poco m谩s all谩 y retomar la iniciativa en el conflicto, para eso puede ser 煤til examinar aspectos menos visibles o menos explorados. Adem谩s, frente a campa帽as de este tipo, los datos y las estad铆sticas suelen ser 煤tiles solo a medias, porque de lo que se trata en este caso es de si ocupar viviendas y locales es leg铆timo o no.

La campa帽a se ha lanzado con titulares sensacionalistas, que llenan los programas de sobremesa y se esparcen por las redes sociales, provocando inquietud en la audiencia. Se nos presentan situaciones propias de un cuento de terror, en ellas el fantasma de la okupaci贸n puede apoderarse cualquier casa, en cualquier momento, para atormentar a sus inquilinas e inquilinos. Este fantasma de la okupaci贸n es sospechosamente similar a otro que se aparec铆a hace tres siglos, entonces el espectro ten铆a otro nombre.

En el siglo XVIII se empezaron a instaurar los Estados modernos, el Capitalismo industrial tomaba impulso y la burgues铆a se convert铆a en la nueva 茅lite dominante. Hac铆a falta mano de obra para las f谩bricas y el campo, y tambi茅n faltaban reclutas para mantener bajo control a las colonias. Con su ascenso al poder, la burgues铆a impuso su modelo de ciudadano ideal: ilustrado, entregado al trabajo, ahorrador y patriota. Para definir mejor este ideal se cre贸 un modelo negativo, que personificaba lo primitivo, lo corrupto y el mal. Una de las principales manifestaciones de este modelo negativo fue la figura del vago (tambi茅n lo encarnaba la poblaci贸n gitana, la extranjera, los sectores revolucionarios鈥). Se dedicaron estudios y an谩lisis, se hicieron propuestas y, finalmente, se establecieron leyes y castigos para perseguir al fantasma de la vagancia.

Todas estas iniciativas trataban de forzar la integraci贸n en el mundo asalariado de sectores de la poblaci贸n que manten铆an cierta autonom铆a econ贸mica, . Estos sectores conservaban tradiciones y pr谩cticas comunitarias, que les permit铆an tener un control relativo de sus ingresos, y con ello, de sus vidas. Las Leyes de Vagos fueron la principal herramienta de esta campa帽a de presi贸n. En ellas se empez贸 a distinguir la pobreza verdadera o de necesidad (por enfermedad, infancia, vejez鈥), de la pobreza falsa (por vagancia, maldad鈥). La distinci贸n implicaba distintos tratamientos. A la pobreza verdadera hab铆a que socorrerla con caridad, asignarle trabajos en obras comunales y vigilarla. Se le impon铆a de esta forma el papel de v铆ctima, v铆ctima de una maldici贸n b铆blica; la maldici贸n de la pobreza. La victimizaci贸n deshumanizaba a estas personas y las convert铆a en sujetos pasivos, pero sobretodo liberaba al modelo social de la responsabilidad de su situaci贸n. A la pobreza falsa, a la vagancia, en cambio, hab铆a que castigarla con azotes, trabajos forzados (en galeras o minas) o incluso con la muerte. Jornaleras y jornaleros que pasaban tiempo sin servir a nadie, gentes que viv铆an de la venta ambulante o la artesan铆a, feriantes, artistas y otras personas que combinaban trabajos informales con estrategias de supervivencia basadas en el apoyo mutuo, eran se帽aladas como vagos.

La Ley de Vagos se decret贸 en Espa帽a en 1745, y consisti贸 en una campa帽a de disciplinamiento cuyo objetivo era ajustar a la poblaci贸n a las necesidades del Capitalismo y del Estado modernos. A esta ley le siguieron otras, con nombres y disposiciones parecidas, que se fueron adaptando a cada momento hist贸rico. Los gestores estatales de todo color pol铆tico han impuesto, desde aquel momento, sus propias leyes de vagos. En el siglo XX se implantaron la Ley de Vagos de 1933 durante la Rep煤blica, la de 1954 con Franco, luego vinieron otras leyes represivas tanto durante el franquismo como despu茅s, y ya mas recientemente se aprobaron las leyes de extranjer铆a, y las ordenanzas c铆vicas municipales que persegu铆an el mismo objetivo por medios parecidos; ordenar el mercado laboral y de consumo por la fuerza.

El fantasma de la okupaci贸n que se nos presenta hoy es una actualizaci贸n del viejo fantasma de la vagancia. Ahora, las instituciones quieren respaldar al sector inmobiliario ante un probable aumento de los desahucios. La urgencia de mantener la disciplina entre quienes viven alquilando o pagando una hipoteca, impulsa la nueva campa帽a. Legalmente el tema de la ocupaci贸n apareci贸 en 1995, en el nuevo C贸digo Penal que aprobaron todos los partidos (incluida Izquierda Unida y Esquerra Republicana de Catalunya). En 茅l se acordaba, entre otras cosas, castigar el delito de ocupaci贸n de viviendas y espacios abandonados con penas de c谩rcel. Las instituciones respond铆an as铆 a las din谩micas de ocupaci贸n de viviendas y centros sociales que se estaban dando en aquellos a帽os. Estas din谩micas que surgieron en un contexto de crisis y paro juvenil, sirvieron unos a帽os despu茅s de inspiraci贸n al movimiento por la vivienda.

La crisis econ贸mica de 2008 gener贸 algunas simpat铆as hacia la ocupaci贸n de viviendas. Por eso en su 煤ltima aparici贸n el fantasma se vuelve a presentar en dos versiones, como su ancestro. El car谩cter disciplinario de la campa帽a basa su eficacia en la divisi贸n entre okupas por necesidad y okupas por inter茅s (inter茅s pol铆tico cuando se refieren al activismo social y econ贸mico cuando se hablan de mafias). Esta divisi贸n es falsa, alguien que decide infringir la ley y tomar una vivienda, porque se niega a aceptar el chantaje que impone el negocio inmobiliario, est谩 ejecutando un acto de desobediencia pol铆tica. En el mismo sentido, cualquiera que ocupe una vivienda o local, lo hace para cubrir necesidades que el modelo econ贸mico actual no satisface. No se puede desligar el fen贸meno de la ocupaci贸n de viviendas, de los efectos del negocio inmobiliario, por eso la distinci贸n entre tipos de okupas solo contribuye a su deshumanizaci贸n, como v铆ctimas pasivas o como gentes malintencionadas. La divisi贸n contribuye a aislar a quien se decide a desobedecer la ley.

Todo cuento de terror tiene sus protagonistas, que luchan por la vuelta a la normalidad, enfrent谩ndose a los fantasmas. El sector inmobiliario, los bancos, las constructoras, los pol铆ticos y las empresas de seguridad forman parte de un entramado que ha permitido a las 茅lites sostener sus beneficios durante a帽os. Unos beneficios conseguidos a costa del esfuerzo y los ingresos de buena parte de la poblaci贸n. En los 煤ltimos a帽os algunos sectores de la clase media se hab铆an insertado (de forma mas o menos legal) en este entramado como caseros de pisos de alquiler (tur铆stico o no). Y luego est谩 el tema de las llamadas mafias, que la mayor铆a de casos son gentes precarizadas que cobran por abrir una casa, en otros es algo mas organizado. Estas din谩micas reproducen a peque帽a escala la l贸gica del negocio inmobiliario legal, haciendo que unos sectores precarios exploten a otros. El miserabilismo se contagia f谩cilmente cuando el modelo social est谩 basado en el s谩lvese quien pueda. Aun as铆 el t茅rmino mafia se usa abusivamente en este caso, si hubiera que se帽alar a alguna mafia real ser铆a la que forma el negocio inmobiliario, como se comprob贸 con los casos de corrupci贸n que dieron pie a la 煤ltima burbuja inmobiliaria. En cualquier caso este tipo de actividades reproducen a escala liliputiense las din谩micas del negocio inmobiliario legal, del cual dependen para existir. Con esto de las mafias de la okupaci贸n pasa como con las llamadas mafias de la inmigraci贸n; se estigmatiza al colectivo de migrantes vincul谩ndolo con actividades delictivas, para tener una coartada para castigarlo. En el relato que se nos presenta en la campa帽a, estas gentes (del negocio inmobiliario legal) aparecen como v铆ctimas del fantasma de la okupaci贸n, cuando son las principales causantes de los problemas relacionados con la vivienda (hipotecas abusivas, alquileres caros, negocios urban铆sticos鈥). Detr谩s de la campa帽a se intuye mucho inter茅s por imponer castigos mas graves a quien infrinja la ley, pero tambi茅n por ocultar el papel real del sector inmobiliario en la crisis de vivienda que viene. El monstruo real cotiza en bolsa y se presenta a las elecciones, se帽alarlo p煤blicamente centrar铆a la atenci贸n en los verdaderos responsables del problema.

La aparici贸n del fantasma de la okupaci贸n, como la de cualquier otro fantasma, revela finalmente un gran secreto que da sentido a todo el relato. El fantasma condensa las pesadillas de la ciudadan铆a acomodada, la de ayer y la de hoy. En esas pesadillas hay un hilo que comunica la cultura de resistencia actual con la de otras 茅pocas; una resistencia a los modos y condiciones de vida que trata de imponer el Capitalismo a aquella parte de la poblaci贸n de la que extrae sus beneficios.

Esta cultura de resistencia se expresa, a veces de forma fragmentaria y de modos poco expl铆citos, en la desconfianza hacia las autoridades, en la confianza en las propias capacidades, en la astucia y en la valent铆a de quienes se niegan a tragar con las imposiciones del Capital. Los impagos, los enganches, la ocupaci贸n de espacios y el apoyo mutuo, son parte de esas estrategias que tratan de colocar la vida por encima de los intereses econ贸micos y las instituciones. Reconocerse como parte de esa tradici贸n y reivindicarla como propia nos reconecta con la poblaci贸n represaliada con las leyes de vagos, las de extranjer铆a o las ordenanzas c铆vicas. Al hacerlo, se vuelve a poner encima de la mesa lo mismo que entonces, que es: para llevar vidas mas dignas existe la posibilidad de oponerse cotidiana y colectivamente a las imposiciones de las 茅lites.

La campa帽a del fantasma de la okupaci贸n se apoya y refuerza miedos existentes a nuestro alrededor. Para responder a ella hace falta demostrar la mala intenci贸n de sus propagandistas, y su falsedad. Conviene tambi茅n saber quienes son y como enfrentarse a ellos. Las distinciones que tratan de imponernos solo refuerzan su posici贸n y nos debilitan, por eso no deber铆amos reproducirlas. Cada persona o grupo que ocupa una vivienda o local lo hace por razones propias, pero todas tienen su origen en los efectos del negocio inmobiliario y forman parte de una tradici贸n de resistencia que nunca ha desaparecido del todo. Reforzar esa tradici贸n es hacer justicia con la poblaci贸n represaliada, y puede servir para convertir las pesadillas de las 茅lites en realidad.

Ana Coluta, 21 de septiembre de 2020

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Fuente: Algranoextremadura.org