October 13, 2020
De parte de Cultura Y Anarquismo
193 puntos de vista


Ahora
m谩s
que
nunca,
okupa
t煤
tambi茅n

Actualmente
la
okupaci贸n
es
una
pr谩ctica
realizada
por
gente
de
diferentes
tradiciones,
con
diferentes
objetivos
y
formas
de
entenderla.
Hay
quien
okupa
por
necesidades
individuales
o
familiares,
o
quien
lo
hace
por
convicciones
pol铆ticas;
Hay
quien
se
define
como
芦okupa禄
y
otres
no;
Hay
quien
tiene
la
voluntad
de
construir
comunidad
o
quien
ve
una
manera
provisional
de
obtener
un
techo;
Hay
quien
considera
la
okupaci贸n
como
una
herramienta
contra
la
propiedad
privada
y
quien
ve
una
forma
de
demandar
a
la
administraci贸n
vivienda
digna
y
accesible;
Hay
quien
busca
la
estabilidad
del
espacio
llegando
a
un
acuerdo
y
quien
se
resiste
con
todas
sus
fuerzas
a
un
desalojo.

La
okupaci贸n
es
un
medio,
nunca
un
fin.
Tiene
una
fuerza
tremenda:
Se帽ala
la
especulaci贸n
inmobiliaria
y
la
gentrificaci贸n
que
destruyen
barrios
enteros,
expulsando
a
vecines
de
toda
la
vida,
gente
sin
recursos
y
migrantes;
Pone
el
acento
en
dar
respuesta
a
la
dificultad
de
acceder
a
una
vivienda
y
a
espacios
comunitarios;
Y
al
mismo
tiempo,
se
crean
a
su
alrededor,
redes
y
relaciones
sociales
capaces
de
transformar
la
cotidianidad.

Desde
l鈥橭ficina
per
l鈥橭kupaci贸
de
Karcelona
entendemos
la
okupaci贸n
como
una
herramienta
que
cuestiona
el
principio
de
propiedad
y,
por
tanto,
la
desposesi贸n.
La
okupaci贸n
muestra
una
manera
de
atacar
para
conquistar
nuestras
peticiones
concretas,
sin
esperar.
Los
centros
sociales
okupados
(CSO鈥檚)
nos
ense帽an
a
reapropiarnos,
a
resistir,
a
crear.
Defendemos
vivir
de
esta
manera,
poder
desarrollar
nuestros
proyectos
aut贸nomos,
m谩s
all谩
de
la
legalidad,
nosotres
hablamos
de
otro
lugar
que
habitar,
de
otras
relaciones,
de
otra
Vida
y
es
fundamental
no
perder
estas
ra铆ces
en
el
di谩logo
o
en
la
confrontaci贸n.


Ante
un
pacto
驴qu茅
es
una
victoria
y
qu茅
es
un
fracaso?

Aunque
la
legalizaci贸n
es
com煤n
en
el
movimiento
de
okupaci贸n
de
otros
pa铆ses,
en
el
estado
espa帽ol
no
es
un
hecho
frecuente
y
es
considerado
una
debilitaci贸n
del
movimiento.
Entre
les
que
pacten
y
les
que
no
pacten
se
augura
una
posible
separaci贸n,
como
sucedi贸
en
otros
lugares
de
europa,
diferenciando
entre
okupas
buenes
y
males.
La
legalizaci贸n
puede
afectar
negativamente
a
otras
experiencias
y
hacer
m谩s
f谩cil
tanto
los
abusos
de
los
propietarios
como
los
desalojos.

Mantener
conversaciones
con
la
propiedad
o
iniciar
una
negociaci贸n
pueden
servir
como
estrategia
para
ganar
tiempo
y
conseguir
m谩s
informaci贸n.
Pero
mientras
que
las
conversaciones
no
comprometen
a
las
partes,
en
las
negociaciones
el
objetivo
es
llegar
a
un
acuerdo
entre
les
interesades.
As铆,
la
decisi贸n
de
legalizar
un
CSO
驴compete
煤nica
y
exclusivamente
a
las
personas
que
lo
gestionan
o
que
viven
en
茅l?
Dif铆cilmente
una
negociaci贸n
ser谩
equitativa
cuando
no
se
hace
entre
iguales,
vemos
como
la
mayor铆a
de
veces
la
administraci贸n
pretende
mostrarse
dialogante
de
cara
a
la
opini贸n
p煤blica
pero
lo
cierto
es
que
no
comparte
en
absoluto
las
propuestas
de
autogobierno
de
los
espacios
liberados.
Al
entablarse
una
negociaci贸n
entre
la
administraci贸n
y
un
espacio
okupado
es
fundamental
que
se
abra
un
debate
de
forma
p煤blica,
de
otra
manera,
el
proceso
puede
ser
conducido
d贸cilmente
por
los
profesionales
de
la
pol铆tica.
El
hermetismo
alrededor
de
las
conversaciones
denota
desconfianza
del
grupo
negociador
en
el
resto
de
compa帽eres,
miedo
a
ser
juzgado
y/o
rechazado,
y
posibilita
que
primen
los
criterios
particulares
e
intereses
personales.
Este
secretismo
en
los
pactos
es
una
condici贸n
impuesta
por
las
instituciones
para
tratar
de
ocultar
sus
tejemanejes
y
favorecer
la
separaci贸n
entre
les
que
okupan.
En
Barcelona,
una
negociaci贸n
puede
traer
la
consecuencia
para
el
proyecto
okupado
de
quedarse
pr谩cticamente
solo,
en
lo
que
apoyo
por
parte
a
los
movimientos
sociales
anticapitalistas
se
refiere,
y
apoyarse
en
colectivos
integrados
o
recuperados
por
el
ayuntamiento
para
su
gran
proyecto
de
ciudad-mercanc铆a
con
tintes
芦alternativos禄.

Es
previsible
que
durante
las
conversaciones
para
legalizar
un
espacio
liberado
aparezcan
problemas
internos
en
el
seno
del
proyecto
y
sea
harto
dif铆cil
llegar
a
un
consenso
fuerte
-entre
aqu茅lles
que
quieren
salvaguardar
lo
conquistado,
entendiendo
la
cesi贸n
como
una
oportunidad
para
garantizar
el
proyecto,
y
aqu茅lles
que
apuestan
por
la
confrontaci贸n,
no
reconociendo
como
interlocutores
a
la
administraci贸n
p煤blica
porque
ser铆a
traicionar
la
propia
trayectoria-.
Demasiado
a
menudo
en
esta
controversia
una
parte
del
colectivo
acaba
marchando,
presumiblemente
quienes
se
oponen
al
pacto
para
dejar
v铆a
libre
a
un
acuerdo
y
la
continuidad
del
espacio.
Una
vez
se
ha
negociado,
es
cuesti贸n
de
tiempo
que
los
contenidos
y
la
l铆nea
pol铆tica
del
proyecto
originarios
queden
distorsionados,
a
consecuencia
de
los
nuevos
aliados
institucionales.
En
la
pr谩ctica,
la
autogesti贸n
se
va
perdiendo
y
el
espacio
se
convierte
en
una
especie
de
centro
c铆vico
que
da
un
servicio
a
la
comunidad
y
disfruta
de
la
amistad
de
la
opini贸n
p煤blica.
驴C贸mo
desarrollar
un
proyecto
aut贸nomo
colaborando
con
las
instituciones?
La
pr谩ctica
de
reunirse
con
los
gobernantes
consigue
moderar
las
posturas
m谩s
antag贸nicas.
Se
acaba
aceptando
cualquier
tipo
de
proposici贸n,
por
muy
alejada
que
est茅
de
los
principios
de
autogobierno,
autonom铆a
y
anticapitalismo.
Obtener
convenios
de
ocupaci贸n
del
espacio
despu茅s
de
negociaciones
y
pagar
un
alquiler
da
cierta
estabilidad
por
medio
del
contrato
y
de
la
transacci贸n
econ贸mica,
驴pero
qu茅
garant铆as
reales
existen
de
pervivencia
del
proyecto?
Mientras
cada
metro
de
la
tierra
tenga
amo,
no
hay
espacio
seguro,
siempre
pueden
expulsarte
del
lugar
que
habitas,
que
usas,
tanto
si
lo
construy贸
tu
familia
con
sus
propias
manos
como
si
firmaste
una
hipoteca
o
un
contrato
de
alquiler,
la
propiedad
es
un
robo
y
los
propietarios
disponen
de
los
medios
para
desalojarte,
ya
sea
mediante
una
expropiaci贸n,
con
matones,
o
judicialmente
por
impago
de
cuotas
o
finalizaci贸n
de
contrato.

Un
argumento
que
se
escucha
a
menudo
a
la
hora
de
justificar
la
legalizaci贸n
en
Barcelona
es
que
no
podemos
extraer
conclusiones
de
qu茅
pas贸
en
otros
pa铆ses
porque
son
contextos
diferentes.
Al
hacer
comparaciones
existe
el
peligro
de
caer
en
un
an谩lisis
atemporal
y
descontextualizado,
pero
negarse
a
aprender
de
otras
experiencias
es
caminar
a
tientas.
De
la
misma
manera
que
los
aciertos
de
otros
lugares
han
de
servirnos
de
inspiraci贸n,
los
errores
cometidos
aqu铆
y
all谩
son
una
fuente
de
la
que
beber
y
nutrirse.
Aun
teniendo
en
cuenta
la
situaci贸n
de
otros
pa铆ses
de
europa,
preferimos
pensar
con
optimismo,
a
pesar
de
que
la
realidad
a
veces
nos
impone
otra
visi贸n,
y
pensar
que
el
fantasma
de
la
despolitizaci贸n
de
la
okupaci贸n
aun
no
recorre
toda
la
pen铆nsula
pues
se
dan
casos
en
que
la
administraci贸n,
ante
la
fuerza
de
los
proyectos,
decide
retirarse
y
no
optar
por
la
v铆a
del
desalojo
(como
ejemplo
el
Centre
Social
Autogestionat
Can
Vies
que
en
2014
vivi贸
un
intento
de
desalojo
y
derribo
parcial
por
parte
del
Ayuntamiento
de
Barcelona).

Por
otro
lado,
desde
el
movimiento
vecinal
se
han
llevado
adelante
procesos
de
negociaci贸n
con
la
administraci贸n
para
conseguir
la
cesi贸n
de
un
espacio
que
no
han
generado
ning煤n
enfrentamiento
entre
las
diferentes
posturas,
al
no
plan颅tearse
como
una
alternativa
a
las
okupaciones
sino
como
una
v铆a
propia
de
los
movimientos
que
lo
impulsan.
Desde
un
punto
de
vista
estrat茅gico
hay
quien
plantea
que
es
posible
desarrollar
un
proyecto
aut贸nomo
y
gestionado
desde
la
participaci贸n
vecinal
y
al
mismo
tiempo
cooperar
con
las
instituciones.
Remarcan
que
lo
importante
es
que
las
condiciones
de
colaboraci贸n
queden
establecidas
con
total
claridad
y
respeten
la
autonom铆a
del
centro
en
la
definici贸n
y
gesti贸n
del
proyecto.


Aceptar
la
derrota
sin
luchar

Si
concebimos
la
pr谩ctica
de
la
okupaci贸n
como
una
acci贸n
contraria
a
la
existencia
de
la
propiedad
privada
(pilar
del
capitalismo,
del
estado
y
del
patriarcado)
entonces
no
admitimos
ning煤n
tipo
de
negociaci贸n,
eso
supondr铆a
aceptar
las
reglas
del
juego,
la
legalidad
vigente
impuesta
para
que
pueda
funcionar
la
dictadura
de
la
minor铆a
que
obstenta
el
poder
y
eso
ser铆a
aceptar
la
derrota
sin
luchar.
Pensar
en
dar
un
marco
legal
a
una
situaci贸n
que
conscientemente
subvierte
la
legalidad,
significa
pretender
por
derecho
aquello
que
ya
se
ha
conseguido
de
hecho.
Derecho,
ese
instrumento
de
regulaci贸n
y
normalizaci贸n
de
las
sociedades
modernas.

Un
pacto
consiste
en
capitalizar
la
amenaza
creada
por
el
movimiento,
lo
cual
requiere
la
existencia
previa
de
un
conflicto.
Al
reducir
la
enemistad
sobre
el
grupo
mediante
el
pacto,
se
deja
aislades
a
les
compa帽eres
que
no
quieren
o
no
pueden
acceder
a
la
negociaci贸n.
Y
aunque
sinti茅ndose
menos
insegures,
quienes
quieren
legalizarse
tambi茅n
ser谩n
reprimides
en
la
medida
en
que
sus
acciones
pasen
a
ser
una
amenaza
para
el
orden
p煤blico
y
la
ley.
驴De
qu茅
sirve,
entonces?
La
legalizaci贸n
es
una
forma
m谩s
de
acabar
con
los
espacios
okupados,
exactamente
como
el
desalojo,
pero
con
el
a帽adido
que
a
mucha
gente
le
cuesta
m谩s
posicionarse
claramente
en
contra.
La
administraci贸n
puede
utilizar
la
negociaci贸n,
no
para
llegar
a
un
acuerdo
con
la
gente
concreta
sino
para
marginalizar
y
criminalizar
al
resto.
Con
un
gobierno
de
芦izquierdas禄
en
Barcelona,
茅ste
podr铆a
tratar
de
gestionar
el
conflicto,
llevando
a
cabo
una
pol铆tica
para
conseguir
un
pacto
芦ejemplar禄
con
algunos
sectores
de
la
okupaci贸n
y
dejar
aislado
al
sector
m谩s
radical
que
no
quiere
negociar,
es
decir,
generar
una
divisi贸n
en
el
movimiento.

Como
aparec铆a
en
el
texto
de
convocatoria
a
una
asamblea
interna
(Febrero
2018)
para
tratar
las
posibles
legalizaciones
en
Barcelona:


芦Creemos
que
estos
procesos
de
negociaci贸n
son
la
continuaci贸n
de
lo
que
ha
sido
el
papel
de
la
izquierda
institucional
desde
el
franquismo
como
manera
de
endulzar
las
relaciones
sociales,
tanto
en
la
vertiente
pol铆tica
como
en
la
econ贸mica.
En
este
sentido,
el
茅nfasis
no
es
tanto
en
el
pacto
en
s铆
sino
que
茅ste
no
es
fruto
de
ning煤n
proceso
de
lucha,
como
mucho
de
una
mistificaci贸n
de
la
misma.
Durante
los
煤ltimos
30-40
a帽os,
hemos
podido
ver
tanto
en
el
谩mbito
laboral
como
en
el
vecinal
que
la
cultura
de
lucha
que
llevara
a
mejoras
sociales
ha
ido
transform谩ndose
en
la
cultura
de
los
despachos,
de
la
gesti贸n.
Es
evidente
que
un
pacto
producido
por
una
lucha
ayuda
a
generar
una
cultura
de
lucha,
mientras
que
un
pacto
hecho
a
partir
de
pol铆tica
de
despachos
reproduce
la
cultura
de
la
pol铆tica
institucional.
Los
procesos
de
legalizaci贸n
de
los
espacios
okupados
que
se
est谩n
dando
en
Barcelona
actualmente
(鈥),
claramente
no
generan
ninguna
din谩mica
de
lucha.禄

En
los
a帽os
90
el
movimiento
por
la
okupaci贸n
apuesta
no
tanto
por
estabilizar
espacios
sino
por
visibilizar
una
cr铆tica
radical
a
las
din谩micas
del
estado,
manteniendo
la
tensi贸n
social
y
pol铆tica,
rechazando
la
intermediaci贸n
institucional
desde
la
concepci贸n
de
la
autonom铆a
social.
Actualmente
conviven
en
la
ciudad
de
Barcelona
diferentes
filosof铆as,
la
corriente
que
considera
m谩s
importante
la
din谩mica
de
choque
ante
las
instituciones,
la
postura
que
defiende
el
uso
de
estrategias
mixtas
que
combinan
confrontaci贸n
con
la
capacidad
de
producir
efectos,
y
la
vertiente
m谩s
involucrada
en
campa帽as
por
el
derecho
a
la
vivienda.
Aqu铆
planteamos
que
alg煤n
movimiento
tiene
que
desobedecer
y
no
reconocer
las
instituciones
p煤blicas,
y
que
esa
amenaza
de
combate
abierto
contra
el
estado
sirve
tambi茅n
como
medida
de
presi贸n
y
de
producci贸n
de
cierto
miedo
al
conflicto
para
los
que
gobiernan
y
contribuye
a
que
puedan
abrirse
espacios
de
conquista
mediante
mediaciones
institucionales
(como
ejemplo
la
reivindicaci贸n
de
Can
Batll贸
en
el
barrio
de
La
Bordeta
y
Sants).


Liberar
la
vida
colonizada
por
la
mercanc铆a

En
Barcelona,
paralelamente
a
las
okupaciones,
siempre
han
existido
espacios
legales
o
m谩s
seguros
con
los
que
se
comparten
valores
o
pr谩cticas,
aquellos
que
acogen
una
editorial
o
una
radio,
un
espacio
de
salud
o
de
crianza,
un
taller
artesanal
o
una
cooperativa鈥
De
la
misma
manera,
los
CSO鈥檚
de
la
ciudad
son
espacios
donde
se
han
imbricado
muchas
otras
luchas
sociales,
como
la
lucha
obrera,
el
transfeminismo,
el
ecologismo,
las
luchas
ind铆genas,
de
las
personas
presas鈥
y
estas
otras
luchas
dan
apoyo
a
la
okupaci贸n.
Es
vital
crear
redes
sociales
e
infraestructuras
colectivas
de
apoyo,
estas
relaciones
nos
ayudan
a
sobrevivir.
Queremos
tener
presente
que
la
secuencia
okupaci贸n-desalojo-okupaci贸n
con
la
consecuente
mudanza,
es
un
ciclo
agotador,
a煤n
m谩s
si
hay
resistencia
al
desalojo
y
represi贸n
por
la
misma.
Esto
sumado
al
ciclo
vital
de
cada
cual,
el
envejecimiento,
las
personas
a
cargo,
la
falta
de
salud
f铆sica
y
mental,
nos
condicionan
a
la
hora
de
tomar
decisiones
y
de
actuar.

Pero
podemos
encarar,
de
una
manera
amplia,
los
procesos
de
negociaciones
entre
la
administraci贸n
y
espacios
okupados
buscando
claves
para
llevar
un
funcionamiento
subversivo,
practicando
la
afinidad
informal
y
una
total
horizontalidad.
No
someti茅ndonos
a
los
cauces
marcados
por
las
leyes
penales.
Combinando
nuestras
percepciones
para
desenmascarar
f谩cilmente
aqu茅llo
que
nos
determina
y
nos
oprime,
y
tener
la
fuerza
de
oponernos.
Reapropi谩ndonos.
Reduciendo
el
coste
de
la
vida,
compartiendo
las
infraestructuras
y
las
herramientas
de
uso
cotidiano.
Socializando
nuestros
conocimientos,
aprendiendo
unes
de
otres
para
acabar
siendo
m谩s
polivalentes
y
aut贸nomes.
El
autogobierno
necesita
de
la
m谩xima
libertad
para
poder
crecer.

Haciendo
tratos
se
infravalora
la
lucha
que
se
ha
llevado
a
cabo
para
defender
la
posibilidad
de
okupar
y
la
autonom铆a
ganada
en
Barcelona.
Asimismo,
es
importante
ser
consciente
de
otras
luchas
que
existen
m谩s
all谩
de
la
okupaci贸n
y
por
ello
no
puede
perderse
de
vista,
a
la
hora
de
pactar
con
la
administraci贸n,
el
mapa
general
de
sus
pol铆ticas
y
las
situaciones
abusivas
que
de
ellas
se
desprenden.
En
resumen,
el
poder
recupera
a
los
elementos
moderados
y,
mediante
esta
divisi贸n,
rompe
el
movimiento
al
mismo
tiempo
que
reinventa
el
funcionamiento
del
sistema.
Ante
la
recuperaci贸n
institucional
de
elementos
conflictivos
del
municipalismo
e
independentismo,
ha
crecido
el
coste
que
conlleva
asumir
plenamente
nuestra
enemistad
para
con
el
estado.
Dicho
esto,
padecer
la
represi贸n
no
es
ninguna
garant铆a
de
nuestra
radicalidad.
En
algunos
casos
hemos
visto
discursos
radicales
y
actitudes
de
mierda,
mientras
que
en
otros
hemos
visto
discursos
conciliadores
acompa帽ados
de
actitudes
atentas
y
combativas,
驴de
qu茅
sirve
autoproclamarse
algo
que
la
pr谩ctica
no
confirma?
Definitivamente,
alg煤n
movimiento
tiene
que
plantarse
y
visibilizar
una
confrontaci贸n
m谩s
directa
a
las
din谩micas
del
estado.


Oficina
per
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Fuente: Culturayanarquismo.blogspot.com