August 4, 2021
De parte de ANRed
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El furor por la reedición de la serie “Okupas” (estrenada originalmente en el año 2000) se da curiosamente a un año del inicio del proceso de recuperación de tierras de Guernica, que terminó con un violento desalojo a manos de Sergio Berni dando lugar a vergonzosos spots publicitarios y selfies de los fiscales sin importar el imperante contexto de déficit habitacional agravado a escala nacional y particularmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Como en cada crisis capitalista profunda que ha sufrido el país en las últimas décadas (1989, 2001), la actual crisis socio-económica desatada por la pandemia en 2020 ha generado una nueva oleada de ocupaciones de tierra en la periferia metropolitana. De estas ocupaciones la mayoría han sido desalojadas mediante la represión (en concreto, de cada 25 tomas, 24 se desalojaron a los tiros). Por Juan Pablo Venturini y Ricardo Apaolaza para ANRed.*

En estrecha relación con ese fenómeno, también se ha reavivado la problemática de los desalojos de inmuebles ubicados en zonas centrales y pericentrales de la ciudad (CABA y partidos de la primera corona), merced a las dinámicas de valorización de ciertos barrios y de la imposibilidad de las empobrecidas familias de pagar los crecientes alquileres. El capitalismo es así camaradas, no tiene ningún rostro humano, sólo colmillos bien afilados. Persigue lógicas económicas que van mucho más allá de las decisiones de los actores individuales, y como buen proceso estructural sin alma ni pena, no encuentra ningún problema en alimentar lógicas de expoliación, exclusión o asesinato. La rienda suelta a esta dinámica inmobiliaria expulsiva y la paparruchada gubernamental quedaron en evidencia cuando el Gobierno dejó caer el decreto que prohibía los desalojos por el contexto de pandemia (el 31 de marzo de 2021) y terminó por desarrollar un protocolo pedorro y totalmente insuficiente de alerta temprana de desalojos de alquileres formales.

La serie “Okupas” empieza, justamente, con un violento desalojo a manos de la policía de un inmueble ocupado por numerosas familias, que son expulsadas y libradas a su suerte. Se trata de una antigua casa, en claro estado de abandono y deterioro, que por las referencias dadas se encuentra en el barrio porteño de Congreso, y cuyos dueños tienen un repentino interés en venderla, para lo cual recurren a una inmobiliaria donde trabaja una de las herederas, mientras esperan que se concrete un trámite de sucesión. Por temor a que la casa sea nuevamente ocupada, le proponen a Ricardo -encarnado por Rodrigo De la Serna-, un joven de 24 años que es parte de la familia, de clase media-alta y que abandonó sus estudios de medicina, que la habite hasta que pueda ser vendida. Al no tener trabajo ni ningún otro lugar donde vivir, Ricardo termina ocupando la casa junto con tres amigos, “el Pollo”, Walter y “el Chiqui”.

El conflicto de Guernica puso en el centro del debate -aún con dificultades, contradicciones y con abordajes sesgados por las desiguales capacidades de comunicación de los distintos actores sociales implicados- la cuestión del acceso a la tierra, la vivienda y el hábitat, que todavía sigue candente, con la continuidad de la lucha de las familias de Guernica y de otras recuperaciones de tierras. La reedición y furor de la serie, seguramente sin quererlo, se inserta en este contexto y presenta algunas aristas para seguir profundizando ese debate.

La simpatía que pueden despertar los protagonistas en la audiencia contrasta con el discurso estigmatizante contra las familias que protagonizan las tomas de tierras y con las voces en favor de los desalojos en nombre de la propiedad privada, el orden y otras tantas pamplinas, replicadas por los medios hegemónicos de comunicación y por buena parte del sentido común de la población. El término “ocupa”, que la serie toma con cierta ironía, es justamente muy utilizado por estos discursos estigmatizantes para referirse a las familias que por necesidad deciden asentarse en un terreno baldío como sucedió, por ejemplo, en el caso de Guernica. Allí la “defensa de la propiedad privada” primó sobre cualquier derecho social y humano y sobre cualquier utilidad social que se le pudo haber dado a los terrenos, aunque esa tan consagrada propiedad fuese para unos pocos y para especular, estuviese en claro estado de abandono desde hacía décadas, fuera sumamente precaria en términos de documentación, haya sido adquirida por vínculos fraudulentos en connivencia con la última dictadura y aunque no estuviese cumpliendo con la normativa urbanística de la provincia (estos últimos aspectos aplican a la parcela reclamada que la empresa El Bellaco S.A. para la construcción de un complejo de barrios cerrados).

En la serie se refleja más concretamente el tema de las ocupaciones de inmuebles -las “casas tomadas”- que junto con los alquileres informales, las pensiones e inquilinatos se constituyeron en una problemática típica de la Ciudad de Buenos Aires en los años 1980, ante la crisis socio-económica generalizada, las políticas restrictivas para el acceso a la vivienda heredadas de la dictadura y las dinámicas de abandono/deterioro y desvalorización que empezaban a sufrir muchos barrios céntricos de la Capital. En paralelo en esos años comenzaban a multiplicarse las tomas en el Gran Buenos Aires como modalidad de acceso a la tierra por parte de las clases trabajadoras empobrecidas. Así como a partir de Guernica se reavivó puntualmente ese tema, la cuestión de los desalojos de inmuebles ocupados también viene estando muy presente en los últimos años, particularmente en barrios cercanos al centro porteño con alto potencial de valorización para el desarrollo comercial, de oficinas y de vivienda para sectores de altos ingresos, en un proceso conocido como gentrificación. Ejemplos de esto son actualmente los barrios de San Telmo, La Boca y Parque Patricios, y un poco antes Palermo. En La Boca, sujeto a dinámicas de valorización inmobiliaria desde que fue nombrado, junto con San Telmo y Barracas, parte del “Distrito de las Artes” por el GCBA, son moneda corriente los desalojos y los incendios intencionales de casas y viejos conventillos donde habitan las familias más pobres. En Parque Patricios, parte del “Distrito Tecnológico”, se encuentra actualmente el caso emblemático de la “Casa Santa Cruz”, a pocas cuadras de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad. Se trata de una fábrica abandonada que fue recuperada como complejo de viviendas por más de 100 familias y que está en juicio desde 2010 y tiene sentencia de desalojo desde 2017, solicitada por un empresario hotelero que la adquirió mediante subasta. (https://www.anred.org/2021/06/16/desalojo-casa-santa-cruz-140-el-ejemplo-de-una-politica-de-estado/; https://revistacitrica.com/la-casa-santa-cruz-resiste.html).

El Estado que fomenta las inversiones y la valorización inmobiliaria de zonas céntricas y que construye autopistas y habilita la construcción de barrios cerrados en las zonas periféricas, es el mismo que desaloja las casas y las tierras ocupadas a través de la justicia y las fuerzas represivas y que prácticamente no brinda soluciones habitacionales a las familias desalojadas.

La serie “Okupas” y los contextos sociales en los que se inserta, tanto en su edición original como en su reedición actual, remiten a la contradicción fundamental entre el valor de uso y el valor de cambio de la tierra y la vivienda. El valor de uso se refiere a la capacidad que tiene cualquier objeto de satisfacer una necesidad humana, en este caso una necesidad básica como la de tener un espacio físico donde habitar. El valor de cambio es aquel que adquieren las mercancías al insertarse en el mercado, donde son intercambiadas por otras según un determinado precio o equivalencia. El problema fundamental es que la tierra es una “mercancía ficticia”, ya que no es el resultado de un proceso productivo (como puede ser, por ejemplo, una esa o un auto, que se fabrican a partir de otras mercancías), sino que resulta de la apropiación de un fragmento de espacio que preexiste a las relaciones sociales bajo las cuales se da esa apropiación y que como soporte natural de la sociedad debería pertenecer a ella en su conjunto. Esta contradicción se ve exacerbada por el hecho de que buena porción de ese precio del suelo y/o la vivienda depende de la ubicación relativa de los mismos, siendo más elevado cuanto más céntricamente se encuentren ubicados. Demás esta aclarar que ningún actor individual, ni siquiera aquellos más poderosos, pueden por sí mismos determinar la ubicación relativa de un único solar: la ciudad y la centralidad son productos colectivos, generados por la sociedad urbana en su conjunto.

La contradicción entre el valor de cambio y el valor de uso llega a su máxima expresión cuando la utilidad social de la tierra o la vivienda es negada por la voluntad de su valorización mercantil futura por parte de su dueño (es decir, su apropiador). Esta situación aplica con exactitud a la casa de “Okupas”, cuyos dueños quieren vender para obtener un beneficio económico, tras años de abandono y deterioro, sin importar la situación de las familias que la ocuparon ante su necesidad de un lugar donde vivir. Las tierras de Guernica fueron otro ejemplo claro ejemplo de ello, ya que tras el desalojo todas ellas siguieron baldías, sujetas a especulación, a la espera del desarrollo de barrios cerrados, es decir, una mercancía de alto valor accesible para muy pocas personas. Sólo la organización y la lucha de las familias trabajadoras de Guernica podrá doblarle el brazo al capital inmobiliario y el Estado palanca, que apoya sus negocios con sangre y fuego.

Para quienes luchamos por una sociedad más justa, sin personas excluidas ni sometidas al salvajismo inmobiliario, nos resulta importante resaltar la carga semántica y política del término “recuperación”. Efectivamente, como se vio en Guernica, en los últimos años preferimos hablar de “recuperaciones” y ya no de “tomas” u “ocupaciones”, ya que parte del significado de esos procesos es arrancar esas tierras o inmuebles de la lógica mercantil de la especulación y devolverles su función social, retornar esos bienes a la esfera de la satisfacción de necesidades sociales, reivindicando su valor de uso.

*Geógrafos socialistas defensores de las usurpaciones





Fuente: Anred.org