July 23, 2022
De parte de Nodo50
227 puntos de vista

La semana pasada Cr贸nica Libre filtr贸 y transcribi贸 partes de unos audios que muestran varias conversaciones entre el (hoy imputado) ex comisario Jos茅 Manuel Villarejo, el director de La Sexta Antonio Garc铆a Ferreras y el consejero de Atresmedia y presidente de La Raz贸n Mauricio Casals. No tienen p茅rdida. En las grabaciones se puede escuchar c贸mo Villarejo y Ferreras coinciden en lo 鈥渃hungo鈥 y 鈥渄emasiado burdo鈥 de una informaci贸n que el propio Ferreras public贸 unos meses antes, en 2016. La informaci贸n hab铆a sido suministrada por un amigo com煤n, Eduardo Inda, colaborador habitual de Ferreras y director de la gacetilla sensacionalista de extrema derecha Okdiario. Se trataba de una pretendida prueba de que Pablo Iglesias, entonces al frente de Unidas Podemos, habr铆a recibido dinero del gobierno venezolano a trav茅s de una cuenta bancaria en Las Granadinas. Aun sospechando de su veracidad, Ferreras dio a conocer estas pruebas en su programa matinal de m谩xima audiencia en La Sexta, Al rojo vivo

Los audios muestran que La Sexta ha sido instrumental en las campa帽as de intoxicaci贸n medi谩tica contra Podemos y cualquier formaci贸n pol铆tica que se moviera a la izquierda del PSOE. La Sexta es tomada por muchos, todav铆a hoy, como un canal favorable al centroizquierda y como factor causal de los 茅xitos electorales de Podemos (de hecho, Ferreras saca en los audios el tema de la informaci贸n falsa contra Pablo Iglesias como defensa 鈥 隆menuda defensa! 鈥 ante la acusaci贸n de Villarejo de ser una cadena sesgada hacia la izquierda). 鈥淔uimos los que matamos a Monedero鈥, se jacta Ferreras en otro momento. Los audios y la intervenci贸n de Ferreras y Casals en ellos no dejan lugar a dudas del rol de 鈥渢elevisi贸n de estado鈥 鈥 en sus propias palabras 鈥 que creen que cumple La Sexta en Espa帽a.

Las reacciones a estas noticias han reanimado un viejo debate sobre las izquierdas y su relaci贸n con los medios de comunicaci贸n de masas convencionales. El caso ha mostrado c贸mo los conglomerados medi谩ticos no est谩n solo al servicio de los intereses comerciales milmillonarios de sus anunciantes y sus propietarios. Mucho m谩s: los audios muestran que estas empresas de comunicaci贸n son instrumentales en las tareas de represi贸n y control social del Estado espa帽ol. Una informaci贸n falsa, un bulo, fabricado por fuentes nacionales e internacionales desconocidas, filtrada por los cuerpos de seguridad del estado a los tabloides sensacionalistas de la extrema derecha y m谩s tarde distribuida a gran escala a trav茅s de medios de m谩xima audiencia que gozan de cierta confianza entre la opini贸n p煤blica y la profesi贸n period铆stica. Los audios ense帽an que todos los eslabones de la cadena, desde el principio al final, dudaban de una informaci贸n que, no obstante, se public贸 a bombo y platillo. Y de poco sirve el derecho de r茅plica a los afectados cuando informaciones tan da帽inas ya han sido distribuidas masivamente. 

驴Qu茅 deben hacer los activistas y periodistas de izquierdas o, m谩s ampliamente, aquellos m铆nimamente comprometidos con la democracia? Algunos peri贸dicos referentes en la prensa espa帽ola de izquierda como La Marea y El Salto han cuestionado la pertinencia de seguir acudiendo al programa de Ferreras, Al rojo vivo; si merece la pena difundir nuestro trabajo period铆stico cr铆tico o agenda pol铆tica en un altavoz de la cloaca. La reacci贸n del propio Pablo Iglesias ha ido tambi茅n en esta l铆nea.

脥ntegros y sagaces

El tono general del debate ha tendido a estructurarlo como una cuesti贸n de principios: sobre lo duro que hay que tener el est贸mago para colaborar en medios que conscientemente participan de las cloacas del Estado, sobre la decencia o valent铆a de quien decide ir o no ir, sobre el grado adecuado de maquiavelismo requerido en la labor propagand铆stica de una agenda pol铆tica de izquierdas. Sin embargo, creemos que este es un terreno poco f茅rtil para discutir. Apelar a principios abstractos no solo tiende a moralizar el debate 鈥 seg煤n quien lo cuente: astutos contra beatos, realistas contra idealistas, ambiciosos contra desinteresados鈥︹,  tambi茅n tiende a obviar la coyuntura pol铆tica, la econom铆a pol铆tica de la comunicaci贸n o, m谩s importante a煤n, el debate escasamente explicitado pero fundamental: si queremos, y c贸mo queremos, politizar el Ferrerasgate.

A grandes rasgos, y aun a riesgo de hacer una caricatura tambi茅n 鈥渄emasiado burda鈥, podemos agrupar a los contendientes en un espectro con dos extremos: los 鈥渟agaces鈥 y los 鈥溍璶tegros鈥. (Nuestra intenci贸n es identificar un debate relevante para las izquierdas en Espa帽a y se帽alar algunos de los que creemos que son sus puntos ciegos. Va de suyo que asumimos que los 鈥渟agaces鈥 e 鈥溍璶tegros鈥 que pugnan en el debate de esta semana son todos comprometidos dem贸cratas y la mayor铆a de ellos convencidos izquierdistas).

Seg煤n los 鈥渟agaces鈥, no hay que desperdiciar la oportunidad que nos brindan los medios de comunicaci贸n masivos para difundir nuestras ideas. Nos sabemos infrarrepresentados e infraescuchados. No podemos permitirnos cerrar, y mucho menos voluntariamente, ninguna puerta de acceso a la esfera p煤blica. En La Sexta, como en tantos otros medios, dicen los 鈥渟agaces鈥, puede haber habido errores period铆sticos deleznables o incluso ataques conscientes al proceso democr谩tico. Pero hay que bajar al barro, mancharse, y disputar la esfera p煤blica. 

Por el contrario, los 鈥溍璶tegros鈥 鈥 acusados por los anteriores de beater铆a 鈥 argumentan que, habi茅ndose demostrado p煤blicamente que el director de La Sexta es un antagonista de la democracia, darle audiencia o colaborar con 茅l implica blanquearle, convertirnos en un engranaje m谩s de esa m谩quina medi谩tica que tritura cualquier alternativa al r茅gimen. Las filtraciones habr铆an hecho saltar por los aires el triple pacto t谩cito entre La Sexta, los bulos de la extrema derecha y las cloacas del Ministerio del Interior. Cualquier colaboraci贸n en dicho pacto, dicen los 鈥溍璶tegros鈥, no solo conlleva no cuestionar, sino normalizar ese tri谩ngulo putrefacto y peligroso para la democracia.

Bajo nuestro punto de vista, el foco debe desplazarse de los principios al terreno en el que estos se pretenden poner en pr谩ctica. Las exhortaciones a principios generales, sean en forma de crudo cinismo estrat茅gico o de virtuosismo beat铆fico, son incompatibles con un an谩lisis de coyuntura. Las informaciones que han salido a la luz conectan de manera expl铆cita a uno de los medios generalistas m谩s legitimados por el centroizquierda con las cloacas del estado, con operaciones parapoliciales de represi贸n pol铆tica, con una alianza consciente de dispersi贸n de bulos auspiciados por la extrema derecha. 

Una oportunidad para politizar la cloaca 

El debate sobre la valent铆a o la decencia implicadas en seguir yendo o dejar de ir a La Sexta obvian el asunto m谩s importante que se ha abierto en la coyuntura actual: la oportunidad de capitalizar pol铆ticamente el Ferrerasgate. Es decir, la posibilidad de mostrar de forma clarividente las variables estructurales e institucionales que conectan las deficiencias democr谩ticas del r茅gimen salido de la transici贸n con el capitalismo medi谩tico espa帽ol. Hablamos de la tormenta perfecta desde la que concienciar a la poblaci贸n sobre un panorama televisivo que no deja hueco para las agendas progresistas. Los espacios m铆nimamente abiertos a estas ideas, cuando no son v铆ctimas de cancelaciones expeditivas (e.g., las anulaciones de las tertulias matinales de Jes煤s Cintora, primero en Cuatro y luego en RTVE; ambas peligrosas competidoras del programa de Ferreras), sufren de la amplificaci贸n de bulos, la cobertura de causas judiciales abiertas a todo volumen y que nunca llegan a ning煤n lugar, de campa帽as medi谩ticas dirigidas a deslegitimar sus gobiernos… La capitalizaci贸n pol铆tica del Ferrerasgate abre la posibilidad de hacer caer audiencias y dirigirlas hacia otros medios y tertulias, o de granjearse aliados poco frecuentes en la cr铆tica dura a los medios de comunicaci贸n (asociaciones de periodistas, trabajadores de la propia cadena, ciudadan铆a no politizada鈥).

Ante esta decisi贸n estrat茅gica (politizar o no el Ferrerasgate) merece la pena detenerse un poco m谩s en la propuesta 鈥渟agaz鈥 de seguir colaborando con la cadena. Esta suele defenderse desde dos argumentos. El primero insiste en que en La Sexta se ha cometido una mala praxis period铆stica. Y que esto se ha producido por una falta de atenci贸n, por un exceso de confianza en fuentes venenosas. 隆Ha faltado fact check! O quiz谩 han sido v铆ctimas de la presi贸n que ejerce la velocidad vertiginosa de los ciclos medi谩ticos: la competici贸n descarnada por las audiencias en el contexto de la precarizaci贸n sistem谩tica del sector, etc. Aqu铆 tiene sentido hablar de rendici贸n de cuentas, o incluso pedir la dimisi贸n de Ferreras. Y ambas reivindicaciones son compatibles con seguir yendo a su programa. El segundo argumento 鈥渟agaz鈥, m谩s cr铆tico, dice que lo que hay en juego es b谩sicamente una decisi贸n t谩ctica. Ya sab铆amos que la mera existencia de cadenas como La Sexta y el gigantesco conglomerado medi谩tico en el que se integra es una amenaza para la democracia. A pesar de todo ello, sigue valiendo la pena priorizar la difusi贸n de nuestras ideas. 

Sin duda, los 鈥渟agaces鈥 est谩n en lo cierto: la rendici贸n de cuentas period铆stica y el uso decididamente instrumental de los medios de comunicaci贸n son dos cuestiones que deben guiar nuestro an谩lisis. Pero si nos las tomamos en serio, debemos ser cautos y evitar que entre tanta exhortaci贸n viril a seguir peleando en el barro se nos escape el an谩lisis de la situaci贸n concreta. Hay que tener muy claro que si lo que se quiere politizar en esta coyuntura es el Ferrerasgate y sus implicaciones, dif铆cilmente podremos hacerlo en La Sexta. Nuestra presencia all铆 no garantiza la difusi贸n de este mensaje, o al menos no en unos t茅rminos en los que este pueda contribuir a la formaci贸n de un sentido com煤n que haga tambalear al medio en el que se emite. La capacidad de influencia de los medios de comunicaci贸n no reside en el hecho de decirnos qu茅 debemos pensar, sino sobre qu茅 pensar y c贸mo enmarcar los acontecimientos.

La Sexta puede impedir de muchas maneras que esta cuesti贸n se politice sin necesidad de censurar nuestra participaci贸n. Veamos un par de ejemplos. Imaginemos que nuestro mensaje es el siguiente: 鈥淟a Sexta es una amenaza para la democracia porque censura y difama a formaciones pol铆ticas de izquierdas, porque es un altavoz consciente de las cloacas del estado鈥. Lo m谩s probable es que esto aparezca en un debate en el que cada cual da su opini贸n. En ese contexto, nuestro mensaje es una opini贸n como otra cualquiera. Y encima nuestra mera presencia legitima el espacio de discusi贸n. El resultado, para los espectadores, es que si alguien como nosotros puede expresar su opini贸n es porque el debate es libre. Si La Sexta no fuera una cadena plural, no estar铆amos all铆. 鈥淎qu铆 todo el mundo puede hablar鈥. No nos sorprendamos si otros periodistas conocidos de la cadena cierran filas con este argumento. O, por poner otro ejemplo, nuestra participaci贸n podr铆a contribuir al proceso ya en marcha de victimizaci贸n de Ferreras, presentado como un periodista grabado en secreto por expolic铆as corruptos y cuya voz todos quieren silenciar, desde Vox hasta Podemos. Se trata de la escenificaci贸n de un circo televisivo en el que los dos extremos ponen en el punto de mira a un profesional de la informaci贸n 鈥 隆receta para el 茅xito! 鈥. Este teatrillo fomenta la idea de que Ferreras es odiado por todos precisamente por su imparcialidad (鈥渘o cae bien a nadie porque no se casa con nadie鈥). 

Por 煤ltimo, huelga recordar que La Sexta puede no llamarnos m谩s en caso de que fu茅ramos lo suficientemente inteligentes como para salir airosos de los dos escenarios anteriores. Y que eso no ser铆a censura, sino la mera aplicaci贸n de su l铆nea editorial. A veces se olvida que la ventana de opciones de lo que all铆 podemos divulgar se abre en funci贸n de dos cosas: primera, el enfoque de la actualidad que el medio ya ha definido previamente y, segunda, un solapamiento fortuito de sus intereses con los nuestros. Los colaboradores que defienden una agenda m铆nimamente radical van como ejemplares necesarios para la construcci贸n de una tertulia plural, o pol茅mica, que es lo que mantiene a los telespectadores enganchados. Si pensamos que lo que importa en esta coyuntura es capitalizar pol铆ticamente el Ferrerasgate y la cr铆tica estructural del papel de los grandes medios de comunicaci贸n en Espa帽a, entonces nuestra agenda pol铆tica est谩 constituida muy expl铆citamente contra los intereses de La Sexta y de su director. A nadie se le escapar谩 que este punto est谩 lejos de ser parte del solapamiento de intereses en el que se basa la (siempre desigual) mutua instrumentalizaci贸n. (Quiz谩 habr谩 muchos 鈥渟agaces鈥 que piensen que capitalizar pol铆ticamente el Ferrerasgate no es una prioridad, pero entonces hay que explicitar por qu茅 no lo es).

Cuesti贸n de prioridades, no de principios

Sabemos que el principio que rige las decisiones de las grandes empresas de comunicaci贸n en el mercado capitalista no es el derecho a la informaci贸n sino la b煤squeda del beneficio econ贸mico a corto plazo. Una b煤squeda que en el contexto espa帽ol, como en tantos otros, se concreta en la normalizaci贸n del sensacionalismo, la cosificaci贸n de las mujeres, la espectacularizaci贸n de la violencia y otras tantas pr谩cticas poco deontol贸gicas pero admisibles en un contexto en el que Mediaset y Atresmedia pelean por el 煤ltimo pedazo de cuota de pantalla. 

Contra lo que se suele pensar, la democratizaci贸n y la libertad en la esfera p煤blica tienen poco que ver con una mayor cantidad y pluralidad de opiniones en liza 鈥 muchos reg铆menes comunicativos poco democr谩ticos, el nuestro entre ellos, pueden producir y enorgullecerse de la pluralidad de voces. Aquello que define la libertad en la esfera p煤blica no es el contenido de las ideas, sino los espacios en que se producen y se divulgan. (Del mismo modo en que aquello que define la libertad en la esfera econ贸mica no es la cantidad o variedad de productos disponibles en el mercado, sino las condiciones en las que estos se producen y distribuyen).

En este sentido, crear medios de comunicaci贸n democr谩ticos – muchos 鈥渟agaces鈥 se帽alan, desde el desacuerdo, la ejemplaridad del proceso con el que El Salto tom贸 la decisi贸n de que Yago 脕lvarez deje de ir a Al rojo vivo – y acabar con la legitimidad, si no con la propiedad, de los grandes conglomerados de comunicaci贸n contribuye a democratizar la esfera p煤blica. En cambio, acudir al circo tertuliano m谩s visto, aportar un granito de arena al columnismo de los grandes diarios o regentar la sucursal en l铆nea de un magnate m谩s de la comunicaci贸n 鈥 por muy radicales o de izquierdas que sean las ideas vertidas en esas tertulias, columnas o v铆deos, o por muy 煤tiles que esas acciones puedan ser para llevar a cabo otros objetivos de nuestra agenda 鈥.

Entonces, 驴hay que rechazar a priori las colaboraciones con los medios de comunicaci贸n mainstream? Tampoco lo creemos. No abogamos por renunciar a la infiltraci贸n de las agendas pol铆ticas radicales en el grueso de la esfera p煤blica a trav茅s de los medios convencionales. Los sentidos comunes emancipadores tienen que participar de esos medios si nuestros objetivos requieren algo m谩s que predicar para los conversos, o solo para aquellas generaciones que se informan al margen de los medios tradicionales. Sin embargo, este debate solo tiene sentido a la luz de la situaci贸n concreta. La valent铆a de bajar al barro es contraproducente si antes no hemos puesto en orden nuestras prioridades. Paralelamente, la valent铆a consistente en dejar de colaborar con grandes empresas de comunicaci贸n tambi茅n ser谩 contraproducente si la defendemos como una mera virtud moral que apela a nuestra decencia 鈥 una virtud, por cierto, que solo podr谩 exhibir quien no dependa 煤nicamente de su sueldo de periodista para vivir, tenga contactos en un medio alternativo o renuncie a hacer del periodismo su profesi贸n.  

Creemos que la decisi贸n de los 鈥溍璶tegros鈥 鈥 dejar de acudir a La Sexta 鈥 tiene todo el sentido cuando se formula como parte de una estrategia m谩s amplia: socavar la legitimidad de los medios enemigos de la democracia y crear alternativas viables. Todo ello aprovechando la coyuntura para capitalizar pol铆ticamente este nuevo hallazgo sobre el pacto t谩cito entre Ferreras, Inda y las cloacas. Por otro lado, la posici贸n de los 鈥渟agaces鈥 鈥 seguir acudiendo a La Sexta 鈥 debe explicitar c贸mo se relaciona su propuesta con las posibilidades que abre esta nueva situaci贸n. Una defensa en abstracto de la instrumentalizaci贸n de los medios convencionales puede pecar, en el mejor de los casos, de audacia mal calculada (鈥渘osotros somos m谩s listos que ellos aunque estemos en clara desventaja鈥) y, en el peor, de un optimismo inocent贸n que cree en 鈥渆l poder de las buenas ideas y la verdad鈥 para abrirse paso entre la putrefacci贸n medi谩tica.




Fuente: Sinpermiso.info