September 14, 2021
De parte de Asociacion Germinal
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OPERACIÓN MADELEINE: LA BATALLA MÁS EXITOSA DE LA RESISTENCIA FRANCESA QUE ORGANIZÓ UN ASTURIANO

Cristino García Granda, el asturiano más famoso en la guerrilla francesa durante la segunda guerra mundial

Cristino García Granda, el héroe más reconocido de la guerrilla durante la Segunda Guerra Mundial, fue traicionado por De Gaulle y fusilado por Franco

12 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde muy joven y durante toda su vida, Cristino García Granda fue un combatiente y así murió. Era lo que sabía hacer, quizá su naturaleza. Lo que no pudo imaginar es que, después de arriesgarlo todo por echar a los invasores alemanes de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, sería precisamente el que fuera (oficialmente) su jefe durante la contienda, Charles de Gaulle, quien le daría más tarde la espalda y permitiría que fuera asesinado.

Originario de Ferrero, en el concejo de Gozón, Cristino ingresó solo 17 años en la Juventud Comunista de España en 1930. Eran tiempos convulsos que estallarían en la revolución de octubre de 1934, en la que participó activamente hasta que fue sofocada.

Enrolado como fogonero en el barco mercante Luis Adaro, en 1936, cuando se produce el levantamiento franquista se encontraba en Sevilla. Rápidamente es consciente de la situación y, junto otros compañeros, se amotina y entre todos toman el control del barco, que patronean hasta Avilés.

El frente norte es un caos. A sus 23 años, encabeza el 46 Batallón de Mineros y aprende a realizar operaciones en la retaguardia, una experiencia de la que sacará gran rendimiento al finalizar la Guerra Civil. En octubre de 1937 huye de las tropas franquistas en un barco de pesca. Recogido por un buque de guerra británico, pasa a Francia y de ahí regresa al frente de Cataluña. Debido a su veteranía, recibe el cargo de teniente en la 235ª Brigada del ejército republicano, una unidad guerrillera que realizaba operaciones especiales de gran peligro.

El asturiano Cristino García Granda, al frente de su grupo de guerrilleros en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial

Al terminar la guerra, como para tantos otros republicanos, quedarse en España significaba la cárcel o la muerte, de modo que se exilia en Francia. Es bien sabido que el Gobierno francés no recibió a los refugiados con los brazos abiertos, una historia constatada y narrada miles de veces: el ingreso en un campo de concentración; después el trabajo en una mina de forma más o menos voluntaria.

Así transcurre el tiempo y los acontecimientos: Alemania ocupa Francia y coloca en su «zona libre» el gobierno títere de Pétain. Los comunistas, aunque desde luego perseguidos, están bien organizados en mitad sureste francesa. Los exiliados españoles, bajo la dirección de Jesús Ríos, se organizan en el XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles (el mismo nombre que había recibido la unidad republicana de García Granda).

En el año 1943, a Cristino se le encomienda el mando de la 3ª División, que consta de las brigadas de Lozère, Ardèche y Gard. A partir de ahí, su actividad contra los nazis es incansable: Atentados con explosivos, sabotajes contra trenes e infraestructuras usadas por el ejército invasor y también contra la policía colaboracionista.

Según varios investigadores, los ataques a las minas dañaron significativamente la producción de carbón, imprescindible para la producción de armamento alemana, como es el caso de Roche-Belle, Saint-Privat, La Grande-Combe (Gard) o Saint-Jean-de-Veriscles.

Las operaciones son muy numerosas y bien documentadas por numerosas fuentes, una actividad que no deja de lado las escaramuzas directas con los militares y policías fascistas. Por varias operaciones es especialmente recordado en Francia: la batalla de La Madeleine, la liberación de presos de la cárcel de Nimes, la liberación de Mende y la emboscada a tropas alemanas entre Privas y Aulemas.

Asalto a la cárcel

El asalto a la Prisión Central de Nimes (Gard) fue una de esas espectaculares (y exitosas) operaciones. Al mando de una veintena de guerrilleros españoles con un puñado de revólveres y granadas de mano, Cristino García estudia cuidadosamente el terreno y planifica el ataque.

Según Antonio Vilanova (Los olvidados. Los exiliados españoles en la segunda guerra mundial. París, Ruedo Ibérico, 1969), «fue el 4 de febrero de 1944, a las 9 de la mañana (…). De aquella cárcel, en treinta años, nadie se había podido escapar. La prisión se encuentra en el centro de la ciudad. A paso de lobo, protegidos por la noche, se deslizan ocho hombres; en el interior tenían un cómplice y la puerta se abrió. Cristino y sus hombres avanzaban pegados al muro hasta el cuerpo de guardia. De un salto penetran en él; los guardias se defienden. Cristino se tambalea; ha sido herido por uno de los guardias, pero todos son inmovilizados y vencidos. El director de la prisión es hecho prisionero”. Fueron liberados 76 presos políticos a punto de ser deportados. Cristino había recibido un balazo en la pierna y un médico clandestino le curó para seguir con sus actividades.

Tras ser ascendido a comandante, organiza una emboscada el 13 de julio de 1944 contra tropas alemanas entre Privas y Aulenas. Según Vilanova, de nuevo al mando de una veintena de guerrilleros, colocan explosivos en varios puntos de la carretera y se esconden. Pasa el convoy de sesenta camiones cargados de tropas, que cae en la trampa. A una señal del comandante, estallan las cargas y llueven las balas. «A pesar de su inferioridad numérica, los guerrilleros despegaron de sus posiciones sin haber sufrido una sola baja; los alemanes tuvieron 70 muertos e innumerables heridos», cuenta el investigador.

La acción legendaria

La Batalla de La Madeleine fue, a decir de las fuentes oficiales francesas, la acción que consagraría a Cristino García, ya un experimentado combatiente, como un héroe de la resistencia en ese país. Tuvo lugar el 25 de agosto de 1944 en Castellas-de-Tornac, a unos 40 kilómetros de Nimes.

Los aliados estaban ya avanzando por todo el oeste Francés y están a punto de liberar París, por lo que De Gaulle, contraviniendo las órdenes de Eisenhower, llama a la guerrilla a levantarse. El jefe de la coalición británicoamericana teme un baño de sangre y prefiere que dejen la tarea a las tropas regulares, pero el general francés hace caso omiso.

Vilanova explica que Cristino García quiso contribuir a obstaculizar el paso a los alemanes en dirección al frente. Una columna alemana se movilizaba de Toulose en dirección a París. Por eso, el 22 de agosto de 1944, al frente de un pequeño grupo, se propone impedir que llegasen a Ales. El mismo día en que Leclerc entraba en Paris, García Granda hace saltar por los aires el puerte del ferrocarril de la línea Lezan-Anduze por donde tenía que pasar una columna de la 11ª Panzerdivisión.

El pueblo cercano de Jornac ha sido previamente ocupado por los guerrilleros. A las dos de la tarde divisan las tropas nazis y las dejan pasar: 60 camiones, tres cañones y cinco blindados ligeros; entre 1.200 y 1.500 hombres contra tres docenas de guerrilleros. La columna que viene de Saint-Hyppolite se dirige hacia Anduce o Nimes.

«Cristino en persona pone la primera mina. Cada diez metros hay una; una red de cables las une y éstos están dispuestos en tal forma que al estallar las de la cabeza, unas tras otras lo harán las del centro y la retaguardia. Con este dispositivo, todo el convoy será destrozado», cuenta Vilanova.

El puente por donde tienen que pasar está destruido, lo que obliga a los alemanes a detenerse. En ese momento explotan las minas y Cristino ordena abrir fuego contra los alemanes. Los guerrilleros son muy pocos, pero se mueven rápido y parecen muchos más.

A las siete de la tarde, los alemanes piden parlamentar y Cristino ordena el alto el fuego, pero al saber que se trata de guerrilleros, se niegan a rendirse a éstos. Solo se rendirán ante jefes militares. Vilanova narra que, establecida una tregua de dos horas, dos oficiales alemanes son conducidos hasta Anduze para negociar con los jefes españoles en presencia del jefe de la gendarmería del lugar, única fuerza regular en los alrededores.

Monumento conmemorativo a la batalla de La Madeleine, en la que el asturiano Cristino García Granda derrotó a un contingente de 1.500 soldados alemanes

García Granda exige la rendición sin condiciones, pero los alemanes se niegan y rompen la tregua. La resistencia envía refuerzos y el combate se hace más duro. Intervienen también los aliados, gracias a un mayor de operaciones especiales (tal vez Edmond Hartley-Sharpe) contactó por radio con un portavión aliado atracado en Provenza y cuatro aviones de la Royal Navy ametrallaron en picado la columna. Sobre las ocho de la tarde, los alemanes se rindieron. Su comandante, el teniente general Konrad A. Nietzsche se suicida.

El balance es espectacular: Entre 300 y 600 (según la fuente) muertos y heridos, así como 1.100 prisioneros entre los alemanes. En la ciudad de Albi, capital de Tarn, existe desde entonces un cementerio de La Madeleine que alberga 34 tumbas de soldados de la noche caídos por la libertad de Francia. Ninguno de ellos tenía más de 21 años. En el pueblo de La Madeleine, en septiembre de 1946, se pusieron dos placas de mármol. En una dice: Honneur à Cristino García, chef de maquis.

Las acciones siguieron hasta que el invasor fue expulsado de Francia, lo que a García Granda le valdría el reconocimiento del estado vecino. Aún tiene tiempo de casarse con una francesa unos años más joven que él, Mimy Romaguera. Ha perdido una guerra y ganado otra, pero Franco manda en España y él quiere seguir combatiendo. En abril de 1945 cruza la frontera por los pirineos con un pequeño grupo y llega tan lejos como la sierra de Guadarrama.

En un bar de Peguerinos (Ávila), unos desconocidos disparan contra una patrulla que les pidió la documentación, dando muerte al sargento que la mandaba e hiriendo a dos guardias. Eran Los dinamiteros del asturiano Cristino, que querían sabotear alguna línea de ferrocarril. El cerco se estrecha en torno a ellos en Las Navas del Marqués (Ávila). Varios mueren en refriegas, aunque García consigue ocultarse en Madrid, donde realiza varias acciones, entre ellas el atraco al Banco Central del paseo de las Delicias.

El 15 de octubre de 1945, Cristino es detenido en un piso franco de Madrid o, según las fuentes, en la plaza Mayor. Juzgado junto a algunos compañeros por un tribunal militar, es condenado a muerte. El gobierno francés intercede por su vida el 9 de febrero, pero sin mucho apoyo del presidente de la República: De Gaulle es, al fin y al cabo, acérrimo enemigo de los comunistas, aunque se sirviera de ellos durante la guerra. Incluso en EEUU, donde es reconocido el valor del asturiano, se producen protestas para que Eisenhower presione a Franco, pero no sirve de nada.

Protestas en EEUU contra la ejecución del guerrillero asturiano Cristino García Granda

El 21 de febrero de 1946, a las 7 de la mañana, Cristino García es fusilado junto a 11 antifranquistas más, en el campo de tiro de Campamento. Su cuerpo es enterrado en el cementerio Sur de Carabanchel. Tenía solo 32 años.

Tras el fusilamiento, la Asamblea Francesa votó una moción solicitando del Gobierno la ruptura de relaciones con Franco por este hecho y, aunque hubo un cierre de fronteras, tal cosa no se produjo.

Varias ciudades francesas dieron el nombre de Cristino García a algunas de sus calles o parques, como La Madeleine o Saint-Denis, un suburbio de París. El 25 de octubre de 1946, por sus acciones heroicas, Francia le concede la Cruz de Guerra con estrella de plata dorada y, en 1947, le otorga, a título póstumo, la más alta condecoración francesa. Incluso se le dedica, años más tarde, un sello conmemorativo.

Calle dedicada al guerrillero asturiano Cristino García Granda en Saint-Denis, cerca de París GOOGLE MAPS

Con motivo del 50 aniversario de su muerte, el 21 de febrero de 1996, el pleno del Ayuntamiento de Alcalá de Henares le dedicó una calle de la ciudad con su nombre y, más tarde (en realidad, los últimos), Asturias y la ciudad de Gijón le dedicaron, en 2016, el nombre de un parque.

El héroe de la resistencia francesa forjado en Asturias

GUILLERMO GUITER

Asturias, 1934. Un joven alemán, comunista y judío, llega arrastrado por el fervor revolucionario desde Bilbao, donde había abandonado el barco en el que se enroló como marinero. Alfred Woiznik, que será conocido por el alias de Max Brings (y más tarde Coronel Maxine), se siente cautivado por Asturias y al final decide quedarse a luchar en España.

Por otra parte, son muy malos tiempos para judíos y comunistas en Alemania, de modo que la elección parece obvia. Hitler ha tomado el poder, acaba de asesinar a sus rivales (en la llamada noche de los cuchillos largos) y persigue ferozmente a los que considera sus enemigos, que son casi todos. Y no ha hecho más que empezar.




Fuente: Asociaciongerminal.org