November 13, 2020
De parte de El Libertario
256 puntos de vista


Cristiano Fretta
 
* Escrito pensando en la realidad actual de Brasil, pero parece v谩lido en su esencia para muchos otros lugares.

De un tiempo para ac谩, la expresi贸n 鈥渂uen ciudadano鈥 ha ido ganando importancia en las discusiones pol铆ticas. Casi siempre designa a un tipo de brasile帽o intelectual y econ贸micamente medio, cuya principal caracter铆stica es expresar odio sin l铆mites, especialmente en internet. Pero, 驴qu茅 hay detr谩s de este 鈥渂uen ciudadano鈥? La hipocres铆a parece ser la palabra clave que m谩s lo caracteriza de manera sint茅tica y objetiva. Est谩 en la superficie de su comportamiento y se puede encontrar en casi cualquier momento cuando se compara su discurso con su pr谩ctica. Sin embargo, hay elementos profundos y complejos que lo hacen hoy parte constitutiva de la identidad nacional brasile帽a.

La nomenclatura, por s铆 misma, ya presupone la exclusi贸n: si hay un buen ciudadano, entonces hay un mal ciudadano. Esta oposici贸n es an谩loga a la pol铆tica 鈥渘osotros y ellos鈥 y sirve como combustible para el autoritarismo, ya que no existe un fundamento 茅tico entre esta dualidad, que impide la ocurrencia y legitimidad de cualquier actitud dial贸gica elaborada. Adem谩s, el mal ciudadano lleva un adjetivo que niega su propia ciudadan铆a, en la medida en que solo alcanza su plenitud cuando armoniza derechos y deberes dentro de una sociedad. Como no ciudadano, el mal ciudadano est谩 expuesto a una subcategor铆a social, un lugar rebajado donde sus derechos m谩s b谩sicos no son l铆citos para ser respetados. El buen ciudadano no puede ver la ciudadan铆a en el otro y no se reconoce a s铆 mismo como parte del mal. En su l贸gica, los actos de falta de respeto al otro son comportamientos aceptables y normales. As铆, se desea que lo diferente -ya sea en el 谩mbito pol铆tico, en el g茅nero, en la conducta, en definitiva, en cualquier 谩mbito social y/o individual- sea exterminado de la misma manera que se exterminan los insectos en una casa.

Brasil tiene en su estructura social una desigualdad entre las 茅lites y los m谩s pobres que es tan degradante que incluso los convierte en polos opuestos en la din谩mica de nuestra sociedad. En medio de este antagonismo, o mejor dicho, suavizando las relaciones entre la base y la punta de la sociedad, se encuentra la clase media, el h谩bitat natural del buen ciudadano. Se comporta como suavizador de las relaciones entre los m谩s ricos y los m谩s pobres de Brasil. M谩s directamente, la clase media es el capataz de la 茅lite brasile帽a. Y esto no es hoy: fue una maniobra para el derrocamiento de Vargas y Goulart, por ejemplo. Y as铆 fue, por supuesto, en el juicio pol铆tico de Dilma y el arresto de Lula. La 茅lite, sin embargo, es un capataz que no usa l谩tigo. Como forma de opresi贸n, utiliza poderes simb贸licos, transformando al buen ciudadano en una especie de esclavo dom茅stico que frecuenta la casona. De esta forma, la clase media se mira al espejo y ve mucho m谩s de lo que realmente es y se siente rica cuando, por ejemplo, un banco privado aprueba la financiaci贸n de su auto nuevo.

El buen ciudadano brasile帽o desempe帽a muy bien el papel de servidor de la 茅lite al hacerse eco de la idea de que el Estado es la 煤nica fuente de todo mal social. El t铆pico representante de la clase media lleva en su ADN la creencia en el personalismo y el patrimonialismo. Esto, por supuesto, sin haber le铆do nunca a S茅rgio Buarque de Holanda. Esta visi贸n surge a trav茅s del odio y el descr茅dito a los funcionarios p煤blicos, pero tambi茅n se basa en una creencia ciega en la meritocracia. El buen ciudadano cree que la iniciativa privada la hacen solo hombres honestos, ordenados y trabajadores, y que el Estado impide y corrompe su desarrollo. Al vaciar todo lo p煤blico de car谩cter meritocr谩tico, acaba creyendo que el objetivo de la clase p煤blica y pol铆tica es simplemente “chuparle las tetas al Estado”, y as铆 demonizarlos. El sue帽o del ciudadano brasile帽o de clase media es colocar un 鈥渁rbeit macht frei鈥 en la frente de todos los funcionarios. Defender la privatizaci贸n de todos y cada uno de los servicios es una creencia ingenua de que una supuesta meritocracia del incentivo privado se har谩 cargo de todas las demandas sociales, preocup谩ndose por el bienestar social antes que el lucro.

El moralismo es otro elemento fundamental para la constituci贸n de la identidad del buen ciudadano, quien, a trav茅s de 茅l, comienza a considerarse representativo de lo mejor y se comprende a s铆 mismo como basti贸n de defensa de lo correcto e indiscutible en cuanto a pr谩cticas. individual y colectivo social Es en este sentido que la dictadura militar ve un pasado m铆stico y perdido, que necesita ser restaurado a toda costa. La tensi贸n sexual es otro medio por el que se manifiesta el moralismo: el placer del cuerpo dialoga directamente con la libertad individual y se desarrolla en torno a orientaciones de g茅nero mucho m谩s complejas que el binarismo que el buen ciudadano puede comprender. Se utiliza un argumento biol贸gico para disfrazar el car谩cter cristiano conservador detr谩s de la defensa de la heterosexualidad como el 煤nico comportamiento sexual supuestamente correcto.

El buen ciudadano brasile帽o es un colonizado. Se entiende como una isla de moral y trabajo perdida en un pa铆s donde nada funciona. As铆, mira hacia el norte y encuentra el lado opuesto de la sociedad brasile帽a en Estados Unidos: hay total libertad econ贸mica en un pa铆s basado en la meritocracia. De esta manera, el buen ciudadano reproduce el colonialismo mental, que no usa espadas ni armas de destrucci贸n, pero que subyuga al colonizado a trav茅s de la admiraci贸n y la idea de naci贸n, y por eso es muy eficiente.

Sin embargo, el buen ciudadano no es un tipo que haya surgido en los 煤ltimos a帽os. Lo que sucedi贸 fue que la enunciaci贸n de la violencia expl铆cita se concret贸 en nuestra vida cotidiana, precisamente a trav茅s de su figura hip贸crita. Las ratas salieron de la alcantarilla, dicen. De hecho, en Brasil, las ratas nunca han estado dentro de una alcantarilla. Siempre caminaban de un lado a otro, ya sea por las pr谩cticas del propio Estado, o por las bromas en el asado familiar. Lo que pas贸 fue que los ratones ganaron una resonancia enunciativa que nunca hab铆an tenido. Y este es un resultado directo de las redes sociales.

Internet representa una revoluci贸n en las formas de comunicaci贸n, ya que otorg贸 un amplio poder para difundir el discurso a personas que antes solo pod铆an ser escuchadas al alcance de la vida cotidiana. A trav茅s de ella, la interlocuci贸n se volvi贸 indirecta y consecuentemente sus interlocutores sufrieron un proceso de aplanamiento jer谩rquico: se pasteuriz贸 el respeto al otro y el conocimiento del otro para que cualquier ciudadano pueda sentirse empoderado para, por ejemplo, estar en desacuerdo con un doctorado en biolog铆a. molecular sobre un tema en esa 谩rea. Esta desjerarquizaci贸n produce una intensa falta de respeto por el conocimiento espec铆fico, ya que el conocimiento complejo puede ser cuestionado por cualquiera que tenga acceso a Internet. Nunca comunicamos tanto para decir tan poco. La arrogancia encuentra un lugar privilegiado para proliferar libremente. El ciudadano brasile帽o con buena fortuna ahora puede enrostrar a quien quiera sus verdades patriarcales. Es imposible pensar en un terreno m谩s propicio para el auge del autoritarismo que este. Es un nuevo mundo de producci贸n simb贸lica, en el que el discurso reina soberano. Las fake news son la m谩xima realizaci贸n de este funcionamiento.

Adem谩s, es imposible pensar en las redes sociales sin comprender la importancia que juega la inteligencia artificial, m谩s popularmente llamada “algoritmo”, en la organizaci贸n de las interacciones en la red, especialmente en Facebook. De manera muy general, logra mapear todos los datos de sus usuarios para ordenar y organizar las publicaciones en el feed de noticias a trav茅s de los intereses de los perfiles. Al parecer, este funcionamiento puede parecer ingenuo e incluso agradable, en la medida en que es c贸modo que no estemos expuestos a temas que nos desagradan. En la pr谩ctica, sin embargo, este mecanismo tiene consecuencias m谩s graves. Al mapear nuestras 谩reas de inter茅s, la red tambi茅n puede visualizar nuestro perfil de consumidor. Nuestra privacidad se pone en jaque cada vez que nos gusta una p谩gina o compartimos un determinado contenido, ya que esto ayuda a la red a comprender mejor nuestros gustos e intereses, lo que favorece que seamos manipulados de una manera cada vez m谩s positivo. Al comparar millones de perfiles, Facebook puede comprender c贸mo act煤an determinadas poblaciones en temas sensibles a cualquier sociedad, como las elecciones pol铆tico-ideol贸gicas, por ejemplo. As铆, es posible mapear qu茅 edad tiene m谩s probabilidades de defender pautas como el desarme de la poblaci贸n civil, cu谩l es el perfil de los interesados 鈥嬧媏n la despenalizaci贸n de la marihuana, cu谩l es el porcentaje de mujeres mayores de 20 a帽os que defienden la legalizaci贸n del aborto, entre infinito n煤mero de otras posibilidades. Esto, por supuesto, es una peque帽a muestra de la absurda cantidad de datos que se pueden generar. Por eso son una de las cosas m谩s valiosas en la actualidad: quien las tenga puede ejercer control sobre poblaciones enteras.

Sin embargo, la consecuencia m谩s grave es la polarizaci贸n producida naturalmente por la herramienta. Se crea una realidad virtual en la que el algoritmo produce inmensas burbujas de inter茅s en las que es muy dif铆cil percibir la alteridad enunciativa del otro. As铆, quien piensa diferente no es un ciudadano que tiene una opini贸n diferente, sino el habitante de una realidad paralela e incomprensible, como si fuera un ser de otro planeta. 驴Y no es as铆 exactamente como piensa el buen ciudadano? Brasil aparentemente tiene 130 millones de perfiles de Facebook. Es permisible, por tanto, que la realidad virtual polarizada forjada por las redes sociales encuentre repercusiones en el mundo fuera de las pantallas. Hay millones de buenos ciudadanos, por tanto, expuestos a la polarizaci贸n de la red. En sus perfiles, est谩 la incapacidad de ver ciudadan铆a en el otro, escudado por la distancia enunciativa y la desjerarqu铆a. Las redes sociales son el h谩bitat m谩s adecuado para la proliferaci贸n discursiva de buenos ciudadanos brasile帽os.

En esta simbiosis entre las redes sociales y el buen ciudadano, el fascismo encontr贸 un terreno muy f茅rtil para florecer: es, por naturaleza, la ideolog铆a de la negaci贸n de la alteridad, aspecto que dialoga muy bien con el buen ciudadano en las redes sociales. Al igual que en el fascismo, en lo virtual desaparecen las normas de tolerancia, lo que provoca la anulaci贸n del entorno democr谩tico en favor del autoritarismo, porque la democracia no puede florecer en contextos puramente binarios. En este entorno, poco se sabe de lo que se quiere y mucho de lo que no se quiere, y la tolerancia se vuelve imposible ya que la jerarqu铆a fascista necesita polarizaci贸n para sobrevivir. Asimismo, la irrealidad, tan esencial para el fascismo, encuentra amplio terreno de propagaci贸n en lo virtual, en la medida en que las redes sociales nunca han presentado una pol铆tica r铆gida para combatir la informaci贸n falsa y terminan sirviendo como veh铆culo no solo para la difusi贸n de las fake news, sino tambi茅n por la construcci贸n de un entorno irreal en el que pr谩cticamente todo es defendible.

La cosmovisi贸n naturalmente binaria del buen ciudadano encontr贸, por tanto, un excelente terreno enunciativo en las redes sociales. Y ellos, a trav茅s de sus algoritmos, tienen una enorme influencia en la polarizaci贸n de la pol铆tica no solo en Brasil, sino tambi茅n en todo el mundo. Lo positivo fue que Brasil se mir贸 en el espejo despojado de las mitolog铆as identitarias que habitaban nuestro sentido com煤n. No somos un pa铆s pac铆fico que vive con sus diferencias en un carnaval de inmensa tolerancia. Al contr谩rio. Quitada la m谩scara, la polarizaci贸n virtual del buen ciudadano es terriblemente s谩dica. El desaf铆o que tenemos por delante es c贸mo pegar el discurso a la realidad en un contexto en el que las redes sociales ya est谩n completamente enraizadas en nuestra realidad. Vivimos un momento en el que la democracia brasile帽a est谩 en riesgo. Y una de las principales causas de esto es la polarizaci贸n que provocan las redes sociales. Ahora nos queda por saber si el algoritmo subvertir谩 las instituciones democr谩ticas o si podr谩n desempe帽ar su papel de guardianes de la democracia y, de alguna manera a煤n no muy clara, frenar las consecuencias da帽inas que pueden traer a nuestra sociedad. El tiempo lo dir谩, con o sin fake news.

[Publicado originalmente en portugu茅s en https://passapalavra.info/2020/11/135072. Traducido al castellano por la Redacci贸n de El Libertario.]




Fuente: Periodicoellibertario.blogspot.com