February 5, 2021
De parte de Asociacion Germinal
213 puntos de vista


Gritos Intestinales

Revista Ctxt. Enero 2021. Gustavo Duch

En el primero de estos dos art铆culos ofrec铆a un paralelismo entre la revoluci贸n verde agr铆cola del siglo pasado y el actual boom de energ铆as renovables. Me falt贸 a帽adir otros elementos fundamentales donde, creo, encontrar semejanzas entre una y otra.

Escudados en la supuesta necesidad de producir m谩s, nadie dijo entonces que detr谩s de esa 鈥榬evoluci贸n verde agr铆cola鈥 habr铆a tantas y tantas v铆ctimas. El concepto de soberan铆a alimentaria apareci贸 entonces, justamente, como respuesta a esas 鈥榚xternalidades鈥 nunca antes visibilizadas. Si en esta nuestra orilla, con la llegada de ingente maquinaria se sufri贸 un 茅xodo campesino a las ciudades, en la otra, se organizaban guerras para la apropiaci贸n del petr贸leo que la mover铆a. Si los pueblos de aqu铆 lloran a煤n su soledad, territorios soberanos como el S谩hara, rico en los fertilizantes que la industria agraria requiere, sufren una ocupaci贸n imperdonable con la complicidad de la comunidad internacional. Que Espa帽a sea una potencia en la producci贸n de cerdos depende de la importaci贸n de soja para alimentarlos y por lo tanto depende de los incendios de la Amazon铆a o el Cerrado en Brasil鈥

Y de la misma manera, tenemos que advertir de que el hecho de que aqu铆, en Europa, rueden las turbinas de los molinos de viento para producir energ铆a verde est谩 directamente relacionado con el c谩ncer de pulm贸n que, en Antofagasta (Chile), sufre un 10% de la poblaci贸n, porque desde una considerable distancia, cuatro horas de coche, llegan por el aire metales pesados de una de las mayores minas a cielo abierto del mundo. En Chuquicamata, un cr谩ter de 4 kil贸metros de di谩metro y uno de profundidad, se extrae el cobre que requieren las turbinas e贸licas y el cableado para transportar la energ铆a el茅ctrica producida por ellas y el que requieren tambi茅n las bater铆as, bobinas y motores de los coches el茅ctricos 鈥榮uperecol贸gicos鈥 que la usan. Les recomiendo el documental La cara oculta de las energ铆as renovables donde, en silencio, se explica muy bien esta realidad.

Metales pesados en el aire, en las aguas fluviales y en la sangre y en la orina de unos tres millones de personas ind铆genas del Per煤, un Estado t贸xico, cuyos pueblos est谩n muy cercanos a las muchas minas 鈥搕ambi茅n de cobre鈥 del llamado Corredor Minero de los Andes. Durante las 24 horas del d铆a, las minas est谩n activas y el trasiego de los camiones no cesa, agrietando sus casas y desparramando nubes de polvo t贸xico sobre los cultivos de estas familias. Las tierras se vuelven 谩ridas, el agua deja de ser potable, las llamas mueren bebiendo de ella o aliment谩ndose de los pastos tambi茅n contaminados鈥 y una forma de vida sostenible pasa a ser una vida invivible. De hecho, en Per煤, las afecciones respiratorias de la poblaci贸n son responsables de un 铆ndice de mortalidad por coronavirus superior a la media.

Lo mismo ocurre en la llamada Silicon Valley de las tierras raras, en la provincia china de la Mongolia interior, que convierte a este pa铆s en el primer pa铆s extractor de estos minerales, con m谩s de un 70% de la producci贸n mundial. 鈥淓n Occidente quer铆amos los metales, pero no el coste ecol贸gico de obtenerlos, en cierta manera, deslocalizamos la contaminaci贸n a China y as铆 podemos decir que hacemos una transici贸n energ茅tica ecol贸gica鈥, explica Guillaum Pitron en su libro La guerra de los metales raros (Pen铆nsula) para escenificar los efectos de esta 鈥渃ontaminaci贸n exportada鈥.

Ya tenemos, m谩s o menos, el 80% de toda la tierra mundial convertida en monocultivos y el 70% gestionada solo por un 1% de todos sus propietarios

El pr贸ximo libro de Alfons P茅rez, Pactos verdes en tiempos de pandemias, recoge una lista mayor de conflictos relacionados con estas materias primas cr铆ticas para la revoluci贸n verde energ茅tica que tanto se anhela: las condiciones de trabajo cercanas a la esclavitud que denuncian los trabajadores de la mina de cobalto de Bouazar (Marruecos); la contaminaci贸n del agua y de los ecosistemas por parte de la compa帽铆a minera Glencore-Katanga en el Congo, con amenazas y violencia contra activistas (no dejen de ver el documental Machini); las lluvias 谩cidas y las emisiones de di贸xido de azufre provocadas tambi茅n por Glencore en Zambia; las luchas del pueblo ind铆gena Karonsi鈥檈 Dongi contra la minera Vale, S.A., en Indonesia;  y, desde luego en may煤sculas, el conflicto geoestrat茅gico abierto por los recursos de litio en el salar de Uyuni (Bolivia), donde empresas como Tesla, l铆der en tantos negocios limpios鈥 que requieren de este mineral, est谩n detr谩s, seg煤n declaraciones de Evo Morales, del golpe de Estado del a帽o pasado. A帽adamos en este listado la expansi贸n minera prevista tambi茅n en la pen铆nsula ib茅rica.

Por 煤ltimo, teniendo en cuenta las dimensiones de los molinos o los parques e贸licos, veo tambi茅n similitud con el gigantismo al que rindi贸 culto la revoluci贸n verde agraria. Del improductivo minifundio tuvimos que pasar al mucho m谩s lustrado latifundio; del latifundio a las grandes plantaciones y ya tenemos, m谩s o menos, el 80% de toda la tierra mundial convertida en monocultivos y el 70% gestionada solo por un 1% de todos sus propietarios. De animales en el prado de la finca o en el patio de la casa, se pas贸 a las granjas de 50 animales que crecieron hasta albergar cientos de animales, pero dicen que se quedaron chicas y ahora tenemos, multiplic谩ndose por toda la pen铆nsula, megagranjas de miles de animales que no son nada frente a las supermegagranjas de China de 12 y 14 plantas, cual rascacielos porcinos. Del carro tirado por mulas se pas贸 al tractor tirado por caballos de vapor y de este a megatractores anchos como dos carriles de autopista; de una peque帽a represa en el r铆o junto a cada pueblo, a las centrales hidroel茅ctricas de las multinacionales y sus matones (lo digo abiertamente por los muchos asesinatos de defensoras de la tierra), que dan risa si las comparamos con la presa de las Tres Gargantas en China, una central de 鈥榚nerg铆a renovable鈥 que ha expulsado a m谩s de un mill贸n de personas que viv铆an sosteniblemente.

Cada uno de esos molinos insertados cual estacas en la tierra me remite a las im谩genes de los pozos de petr贸leo en los Estados Unidos que he conocido por el cine o los documentales. Cierto que el ruido de los molinos no debe ayudarme a apreciar las much铆simas diferencias entre unos y otros. Pero queda claro que nos seguimos sintiendo los due帽os de la Naturaleza y, como ocurri贸 con la llegada de las energ铆as f贸siles, seguimos sin cuestionarnos hasta qu茅 punto es natural industrializar lo natural. 驴Cu谩ntos 谩rboles, cu谩nta vegetaci贸n, cu谩nta flora y fauna hemos asesinado en la ocupaci贸n del territorio tomado por los molinos y sus caminos? Siento cada molino como la muleta que sostiene una humanidad sobrecivilizada pero coja de sentimientos y emociones.

La soberan铆a alimentaria, a medida que fue desarrollando su discurso, entendi贸 con claridad que, adem谩s de reclamar pol铆ticamente el control social de la agricultura y la alimentaci贸n y de denunciar las injusticias Norte/Sur, deb铆a posicionarse rotundamente a favor de un modelo productivo, en este caso la agroecolog铆a, que nace de la visi贸n tradicional de la agricultura campesina. No es sostenible consumir productos de otros lugares, ni de fuera de temporada, aunque sean ecol贸gicos. No podemos asumir como sostenibles productos locales si est谩n cosechados por manos maltratadas laboralmente. En las luchas por la descarbonizaci贸n de la atm贸sfera y la soberan铆a energ茅tica, como tambi茅n apunta Pablo Bertinat, ingeniero electricista, es central esta reflexi贸n de modelo y mirada global. 鈥淣o solo es encontrar un estilo de desarrollo que sea menos intensivo en t茅rminos de energ铆a y de materiales, sino que tambi茅n tenemos que romper ese esquema de fuerte desigualdad. Esto hace que haya gente que tenga que consumir m谩s, otra menos y todos consumir distinto. Tenemos que encontrar procesos de satisfacci贸n de necesidades con menos. En definitiva, c贸mo ser felices con menos materia y energ铆a. Con la desigualdad en el centro鈥.

Desde el S谩hara ocupado por sus riquezas como la pesca o los fosfatos (por cierto, extra铆dos de la mina de Bucraa con energ铆a e贸lica instalada por la empresa Siemens Gamesa), el poeta Luali Leshan nos interpela con estos rotundos versos anat贸micos:

El lenguaje con el que chillan

los intestinos del Sur

es un enigma en los o铆dos del norte.

驴Enigma? Algunos medios de comunicaci贸n esconden datos, la publicidad empresarial maquilla rostros, cierto, pero 驴no ser谩 que tanto esfuerzo por reclamar las energ铆as renovables nos ha dejado la conciencia tan tranquila que se nos ha olvidado pensar?

Share



Fuente: Asociaciongerminal.org