October 28, 2021
De parte de Briega
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Una exploraci贸n de los nuevos y variopintos odres de un viejo vino, el nacionalismo espa帽ol: esto es lo que ofrece el tercer ensayo del historiador asturiano Pablo Batalla Cueto (Gij贸n, 1987), publicado, como los dos anteriores, por Ediciones Trea: Los nuevos odres del nacionalismo espa帽ol. De Marta S谩nchez a Mar铆a Elvira Roca Barea, de Augusto Ferrer-Dalmau a los aprovechamientos pedag贸gicos de las victorias de la selecci贸n espa帽ola de f煤tbol, de la explosi贸n de ventas de la bandera rojigualda a teleseries como El Ministerio del Tiempo o Isabel, Batalla estudia ac谩 toda clase de fen贸menos culturales y entrevera su relato de largos apuntes comparativos y contextualizadores sobre otros nacionalismos del mundo y de la propia Espa帽a y otros momentos de la historia del nacionalismo espa帽ol, con la ambici贸n m谩xima de constituir, en conjunto, un libro sobre el fen贸meno nacionalista y la construcci贸n nacional en general.

El libro comienza con un concierto de Marta S谩nchez.

Aquel concierto en el Teatro Real en el que celebraba sus treinta a帽os de carrera y se arranc贸 con su propia versi贸n del himno de Espa帽a, s铆. Me parec铆a un momento muy interesante y, de alguna manera, muy compendioso de lo que quer铆a contar en el libro. La letra de aquel himno era mala con avaricia. No lo digo porque fuera una letra para un himno de Espa帽a. El himno de Pem谩n, gloria a la patria que supo seguir sobre el azul del mar el caminar del sol, ya sabes, es un himno fascista y tambi茅n un himno bello. Esto no; esto era una cosa muy amateur, como de redacci贸n infantil. Sin embargo, tuvo un 茅xito tremendo y lo tuvo sobre tuvo sobre todo por un verso: aquello de “y no pido perd贸n”, que hizo al teatro venirse abajo cuando Marta S谩nchez lo pronunci贸. El himno se hizo viral despu茅s, Gonz谩lez Pons propuso que Marta S谩nchez lo cantase en la final de la Copa del Rey, y hubo hasta quien pidi贸 que se oficializara. Y estoy convencido de que esa viralidad se debi贸, antes que nada, a ese verso que pon铆a nombre a cierto estado de 谩nimo que necesitaba que se lo pusieran; a un nacionalismo defensivo, iracundo, agraviado, paranoide, que cree que el mundo conspira contra Espa帽a para arrodillarla, y que hab铆a ido prosperando en los a帽os anteriores.

“Y no pido perd贸n” resume a Mar铆a Elvira Roca Barea, a Augusto Ferrer-Dalmau, a Isabel San Sebasti谩n o hasta los anuncios de Campofr铆o a los que dedicas un subcap铆tulo. Llegaste a sopesarlo como t铆tulo, 驴verdad?

S铆, por eso mismo, porque me parec铆a que resum铆a muy bien todo, aunque luego lo descart茅 porque me parec铆a que un t铆tulo entrecomillado es una cosa un poco farragosa y, sin las comillas, un libro titulado Y no pido perd贸n, al primer vistazo, parecer铆a una apolog铆a nacionalista espa帽ola en lugar de una cr铆tica (risas). En efecto, Mar铆a Elvira Roca Barea no pide perd贸n por el Imperio, Ferrer-Dalmau no pide perd贸n por las gestas militares que pinta, Isabel San Sebasti谩n no pide perd贸n por la Reconquista en la que ambienta sus novelas… Y los anuncios de Campofr铆o de los a帽os de la crisis, aquellos 芦que nadie nos quite nuestra manera de disfrutar de la vida禄, tampoco ped铆an perd贸n en esos d铆as en que la econom铆a espa帽ola se desplomaba y nos ten铆an que rescatar. Aquel eslogan expresaba el mismo sentimiento conspiranoide y como a la defensiva.

Dices que eran anuncios herderianos. 驴A qu茅 te refieres?

Johann Gottfried Herder, a principios del siglo XIX, es el gran padre de una determinada forma de entender el concepto naci贸n, que es la que cree en la existencia de un Volksgeist, de un alma nacional. En oposici贸n a la defensa francesa de la naci贸n como un espacio c铆vico y a la idea de que eres miembro de la naci贸n si, vengas de donde vengas, aceptas un determinado paquete de ciudadan铆a, de derechos y deberes, Herder y otros proclaman que la naci贸n no es una Constituci贸n, sino una esencia que se lleva en los genes, en la sangre; que hay una psicolog铆a alemana, una psicolog铆a francesa, una psicolog铆a espa帽ola, etc茅tera, que funcionan al margen o por encima de las leyes concretas. Pues bueno, los anuncios de Campofr铆o jugaban con eso. Hay uno en particular en el que los humoristas que salen en los spots, Quique San Francisco y compa帽铆a, se han cambiado de nacionalidad porque estaban hartos de la espa帽ola; se han hecho noruegos y as铆, y Chus Lampreave duda de qu茅 nacionalidad escoger y va escuchando opciones, pero las descarta por motivos como que los n贸rdicos son fr铆os y hura帽os y los espa帽oles somos gente que se abraza y da voces, y no quiere renunciar a eso. A nuestra manera de disfrutar de la vida. 驴Hay una manera espa帽ola de disfrutar de la vida? 驴No hay espa帽oles que no dan voces ni abrazos o son fr铆os o hura帽os? 驴Son menos espa帽oles, son malos espa帽oles?

Comentas que esos anuncios te recuerdan a un discurso de legitimaci贸n que fue muy utilizado por el franquismo tard铆o.

S铆, una vertiente del Spain is different que despu茅s ha tenido larga vida, como tantas creaciones del franquismo, y que es la siguiente: da igual que Espa帽a sea una excepci贸n autoritaria en Europa. Tiene que serlo porque el espa帽ol, como es apasionado, como es fogoso, es peligroso si se le deja suelto; necesita, como satirizar谩 despu茅s la famosa canci贸n, palo largo y mano dura. Pero ese car谩cter fogoso, alegre, festivo, es maravilloso si est谩 bajo control; una cosa por la que los europeos nos envidian y que vienen a buscar ac谩. S铆, tienen democracia pluripartidista, sindicatos libres, un alto nivel de vida y esas cositas, pero 隆ah!, no tienen terracitas, ni ca帽itas bien fr铆as, ni esta alegr铆a nuestra. 驴Qui茅n quiere dos mil pavos de salario m铆nimo si no hay terracitas ni ca帽itas bien fr铆as en las que gastarlos?

Parafraseando al Federico Garc铆a Lorca de ‘El Ministerio del Tiempo’, una escena que mencionas cr铆ticamente en el libro, en las p谩ginas que dedicas a esa serie, dejemos las cosas como est谩n.

Exacto. Reconcili茅monos con el horror fascista, porque tenemos terracitas y ca帽itas bien fr铆as; y s铆, a Lorca lo mataron de, textualmente, “dos tiros en el culo, por maric贸n”, pero cuarenta a帽os despu茅s, aunque su cad谩ver siga en una fosa com煤n, Camar贸n cantar谩 canciones con sus versos, as铆 que pelillos a la mar. Esa escena que entusiasm贸 a tanta gente de buena fe, a m铆 me result贸 lamentable.

Ese tomar la parte por el todo (los espa帽oles fogosos por los espa帽oles en general) aparece otras veces en el libro. Citas por ejemplo, en el cap铆tulo titulado ‘Nacional-futbolismo: la patria posible de Casillas e Iniesta’, aquella portada de Marca durante el Mundial de 2010: un coraz贸n sali茅ndose de un pecho enfundado en una camiseta de la Selecci贸n y el titular ‘46.745.807 corazonadas’. Tantas corazonadas como espa帽oles.

S铆: la evidente ficci贸n de que todos y cada uno de los ciudadanos del Reino de Espa帽a quer铆an que la Selecci贸n ganara el Mundial. Muchos espa帽oles quer铆an que Espa帽a ganara aquel mundial, desde luego, y yo entre ellos. Pero Marca sab铆a perfectamente que hab铆a una cantidad no peque帽a de espa帽oles que deseaba la derrota o le era indiferente: nacionalistas catalanes, vascos, gallegos, pero tambi茅n gente a la que no le gusta el f煤tbol, gente a la que puede gustarle el f煤tbol pero no quer铆a, en aquel momento de crisis, que la victoria fuera utilizada para tapar los problemas del pa铆s y los recortes del Gobierno… sin embargo, proclamaba la versi贸n espa帽ola de ese “som un sol poble” de los nacionalistas catalanes que s铆 indigna a los nacionalistas espa帽oles, a pesar de que ellos mismos cuentan y se cuentan la misma mentira. Ning煤n poble es un sol poble. A帽ado: gracias a Dios.

Dedicas un subcap铆tulo al periodismo deportivo, del que dices que no describe: prescribe.

Igual que el de guerra. No registra la realidad, sino que cuenta algo que se parece a la realidad pero que tiene m谩s que ver con c贸mo deber铆a ser la realidad a juicio de quien escribe; el famoso wishful thinking. Cuando la Selecci贸n gan贸 en 2010, por ejemplo, la prensa deportiva, y la no deportiva tambi茅n, se llenaron de una catarata de celebraciones de c贸mo el triunfo hab铆a resuelto los problemas territoriales: somos una sola naci贸n, que ha ganado porque ha sido un solo coraz贸n, esta Selecci贸n de asturianos y canarios y vascos y catalanes trabajando juntos refleja la realidad de una Espa帽a unida. Los problemas segu铆an y seguir铆an ah铆, como bien sabemos, pero esta prensa los negaba por esa v铆a del pensamiento desiderativo; del cuando deseas algo con todas tus fuerzas el Universo conspirar谩 para que lo consigas del cantama帽anas de Paulo Coelho.

Me recuerdas a Arturo P茅rez-Reverte, a quien dedicas otro subcap铆tulo. Pero P茅rez-Reverte es un caso singular. 驴Se podr铆a pensar leyendo sus diatribas contra el car谩cter cainita de los espa帽oles que no es exactamente un nacionalista espa帽ol, 驴no?

Lo es y no lo es. Por un lado, tiene ese discurso tremendista, insufriblemente plomizo, de la Espa帽a cainita y fratricida: esa cosa febril de recrearse en el ‘cable suelto’ que dice que todos los espa帽oles tenemos y que nos hace propensos a abrirle la cabeza al vecino de un fesoriazu y quedarnos con sus tierras. Un discurso de Espa帽a como un pa铆s anormal, anormalmente fan谩tico, tan vastamente comprado como est煤pido: Espa帽a, como argumento en el libro, no es un pa铆s anormal, y no lo es en absoluto, sino un pa铆s europeo postimperial y desarrollado normal y corriente, con los mismos problemas y no problemas que tiene cualquier otro pa铆s europeo postimperial y desarrollado. Su historia tampoco es anormal. Espa帽a no ha sido un pa铆s m谩s guerracivilista que cualquiera. No lo es m谩s que la Francia a la que Arturo P茅rez-Reverte admira. El XIX franc茅s no se parece poco a una guerra civil constante a partir de la gran guerra civil fundacional de la modernidad que es la Revoluci贸n francesa, donde durante a帽os se acuchillan los girondinos y los jacobinos, los legitimistas y los republicanos, los reaccionarios de La Vend茅e y los revolucionarios que ahogan la revuelta en sangre, etc茅tera.

Casi un siglo m谩s tarde, la Comuna de Par铆s es un momento de una violencia tremenda.

Exacto. Y m谩s tarde, el Caso Dreyfus no llega a guerra civil, pero est谩 a punto: hay una polarizaci贸n absoluta de la sociedad francesa, con dos bandos que se detestan a muerte. Espa帽a, en ese contexto de agitaci贸n europea, es un pa铆s normal, donde si hay una guerra civil en los a帽os treinta es porque ac谩 la sociedad no se entrega mansamente al fascismo, como s铆 en otros lugares, sino que le planta cara durante tres a帽os, lo que me parece a m铆 que es un motivo de orgullo y no de verg眉enza. Pues bueno, Reverte, por un lado, tiene ese discurso que es una especie de nacionalismo al rev茅s: Espa帽a como un pa铆s singular, especial; para mal, pero singular. Y que es un discurso que se engarza con otro que es su demonizaci贸n febril de la pol铆tica y los pol铆ticos espa帽oles. Una demonizaci贸n que, si te fijas bien, no es la demonizaci贸n de los pol铆ticos corruptos o de la corrupci贸n de la pol铆tica, sino de la pol铆tica per se, de la pol铆tica por lo que es intr铆nsecamente y no por lo que se vuelve.

驴A qu茅 te refieres?

A que Reverte, por ejemplo, dice: 驴Republicano yo? M谩s que el puto Robespierre, muchacho. Pero republicano pata negra, republicano de Cicer贸n, republicano de una Rep煤blica en la que haya un se帽or respetado por todos y que est茅 por encima de los intereses mezquinos y los apa帽os, no de un Echenique cualquiera. Y como eso no es posible en Espa帽a, pues no queda m谩s remedio que arrodillarse ante Felipe VI. La pol铆tica, la pol铆tica democr谩tica, es, y tiene que serlo, pluralidad y choque de intereses, negociaci贸n, pacto, componenda, el ingrato taladrar tablas duras que dec铆a Weber y que nada de lo que se consiga se parezca al programa m谩ximo de nadie, pero a Reverte eso le parece algo sucio; considera que es una mezquindad que el presidente de una Rep煤blica tenga ideolog铆a, haga campa帽a electoral y convenza a unos y no a otros. Es decir, no quiere una Rep煤blica, sino otra cosa que tiene otro nombre y que a m铆 me recuerda demasiado a una cosa sobre la que diserta R眉diger Safranski en su biograf铆a de Heidegger: los mandarines de Weimar; gente que despreciaba la pol铆tica parlamentaria como un negocio gris, in茅pico, mezquino, y suspiraba por la llegada de un comandante que mandara parar y reorganizara la vida p煤blica en torno a un ideal rom谩ntico m谩s grande que la vida. Reverte, con la misma energ铆a con la que abomina de la pol铆tica y los pol铆ticos, enaltece lo militar y a los militares; dedica sus columnas a gestas castrenses de la historia de Espa帽a, incluyendo las de la Divisi贸n Azul; se deshace en elogios a las Fuerzas Armadas. Vivan mis amigos de la Legi贸n y muera I帽aki Anasagasti. 驴Qu茅 resultado te da a ti una suma de enaltecimiento del Ej茅rcito, demonizaci贸n de la pol铆tica parlamentaria y una idea amarga del espa帽ol cuando se le deja suelto? Ojo: no digo que Reverte desee activamente un golpe de Estado o algo as铆. Seguramente no lo desee. Quiz谩s hasta se opondr铆a a 茅l, llegado el caso. Pero la historia nos ense帽a que la misma persona puede engrasar la pendiente resbaladiza de un determinado advenimiento siniestro, puede facilitar su llegada cebando el clima cultural que lo genera, y horrorizarse cuando finalmente se produce. Thomas Mann se va de Alemania en cuanto llega Hitler al poder y luego es un impecable antifascista, pero en 1919 est谩 escribiendo fil铆picas antisemitas contra la Revoluci贸n rusa.

El libro est谩 atravesado de una equiparaci贸n del nacionalismo con la religi贸n 鈥攔eligi贸n laica鈥 que afirmas que en el fondo es. Siempre que tienes ocasi贸n, comparas los fen贸menos culturales a los que aludes con las tradiciones religiosas de las que ser铆an una nueva versi贸n: la cuelga de banderas de los balcones con la de tapices en el Corpus, la propia bandera nacional como un icono sagrado al que es sacrilegio agredir… Acu帽as tambi茅n una met谩fora religiosa para referirte a los distintos niveles de propaganda en los que el nacionalismo espa帽ol es eficaz: dices que tiene te贸logos, misioneros y catequistas.

Es una imagen que se me ocurri贸 para expresar c贸mo una fe, un credo, una ideolog铆a, necesita, para propagarse, ser eficaz en tres niveles de producci贸n intelectual y propagand铆stica de distinta complejidad. Necesitas te贸logos: intelectuales que armen una visi贸n compleja del mundo, pero tambi茅n misioneros y catequistas que la empaqueten en peque帽as c谩psulas y la lleven a todos los rincones de la Tierra. Necesitas un Tom谩s de Aquino que te escriba una catarata de p谩rrafos abstrusos sobre la Sant铆sima Trinidad y necesitas a san Patricio, que se la explicaba a los paganos irlandeses mostr谩ndoles un tr茅bol: tres hojas en una sola planta. Necesitas a Gustavo Bueno y a Manolo el del Bombo y el t茅rmino medio que ser铆an Augusto Ferrer-Dalmau o los novelistas hist贸ricos. El misionero es la consigna r谩pida, el mensaje simple y efectista; el catequista, el que explica la fe de forma amena pero ya m谩s compleja y sosegada a esos paganos ya convertidos.

En los 煤ltimos a帽os, aseveras, el nacionalismo espa帽ol es eficaz en los tres niveles. No as铆 los movimientos de izquierda.

Exacto. La izquierda, hoy, tiene te贸logos, pero apenas misioneros o catequistas. Las librer铆as est谩n llenas de ensayos progresistas acojonantes, que mapean con una precisi贸n asombrosa el presente del tardocapitalismo. Pero nos faltan esas figuras capaces de convertir todo eso en lemas, en consignas, en un arte proselitista. Quiz谩s la excepci贸n sea el feminismo, que tambi茅n tiene grandes te贸logas que est谩n desentra帽ando hasta el 煤ltimo mecanismo del patriarcado, pero no deja de producir novelas, arte, series, pel铆culas, etc茅tera, y se ha demostrado f茅rtil igualmente en el nivel m谩s bajo de los lemas, los gritos de guerra: “Hermana, yo s铆 te creo”, “No es no”… etc茅tera.

Coment谩bamos en nuestra entrevista para este mismo medio sobre tu libro anterior, ‘La virtud en la monta帽a’, que en 茅l sal铆a Le贸n. Aqu铆 vuelve a salir.

Salen los reyes de Le贸n en un subcap铆tulo del cap铆tulo dedicado a Gustavo Bueno y para rebatir una cosa que 茅l afirmaba. Bueno sosten铆a que Espa帽a, antes que ser naci贸n, fue imperio, que era imperio lo que Espa帽a era fundamentalmente, que si dejaba de serlo dejaba de tener sentido, y que ya los primeros reyes de Asturias, ya Pelayo en Covadonga, hab铆an sido imperialistas; hab铆an alumbrado el proyecto de, no meramente reconquistar el reino visigodo perdido, sino ir m谩s all谩 y recubrir al islam entero; llegar hasta el 煤ltimo rinc贸n del mundo musulm谩n y conquistarlo. Un disparate, como me asegur茅 de contrastar con medievalistas como Jos茅 Mar铆a M铆nguez o Francisco Javier Fern谩ndez Conde. Pero Bueno se apoyaba para afirmarlo, entre otras cosas, en algo que era cierto, que es que los reyes de Le贸n se proclamaban imperatores. La cuesti贸n aqu铆 es que imperator, imperium, no significaban entonces lo que significar铆an despu茅s. Proclamarse imperator no era proclamar una ambici贸n de extenderse por el mundo entero, ni tan siquiera por Hispania entera, sino una especie de “aqu铆 mando yo” que adquir铆a su sentido en un mundo de soberan铆as en conflicto y en el que las monarqu铆as pugnaban imponer la suya sobre la aristocracia y el Papa. Se trataba de decir: aqu铆 mando yo, no un duque; aqu铆 mando yo, no el Papa. El rey quer铆a ser imperator in regno suo, emperador en su reino, porque no lo ten铆a para nada asegurado. Agarrar eso para inventarte una vocaci贸n imperialista perenne y temprana y de sentido moderno es absurdo.

驴Cu谩l es tu propia relaci贸n sentimental con Espa帽a, con la identidad espa帽ola?

Yo me digo espa帽ol sin ning煤n problema. Soy espa帽ol y me gusta el pa铆s llamado Espa帽a al que pertenezco. Lo conozco bien, lo he recorrido mucho, he le铆do mucha historia de Espa帽a, conozco bien la cultura popular espa帽ola. No tengo ning煤n inter茅s en dejar de ser espa帽ol. Si acaso, romper铆a Espa帽a hacia arriba, hacia la uni贸n con Portugal. Soy muy iberista. Pero me vale con Espa帽a. Lo que no soy es nacionalista. Camus dec铆a: “Amo demasiado a mi pa铆s para ser nacionalista”. Pues un poco eso. El nacionalista es una persona insatisfecha: la naci贸n real nunca se parece a la ideal; la naci贸n del nacionalista siempre est谩 en construcci贸n, porque siempre quedan rugosidades que aplanar, diversidades que simplificar, h茅roes a los que parecerse m谩s de lo que los seres humanos reales pueden parecerse, gente que en la fiesta nacional se queda en la cama igual. Es un amor de maltratador: te quiero porque eres m铆a y en tanto que seas m铆a. Yo amo Espa帽a tal y como es: como el maravilloso pa铆s casual y contingente y variopinto y no grabado en las estrellas ni una misi贸n divina que es. Amo Espa帽a por la misma raz贸n por la que me gusta m谩s Yugoslavia que Eslovenia: me gusta m谩s lo grande y diverso y oportunidad cotidiana para el descubrimiento y la convivencia con lo distinto que lo peque帽ito y asfixiantemente homog茅neo. Si me permites la boutade, soy un miembro feliz de eso que los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos llaman Estado espa帽ol y por los mismos motivos por los que ellos consideran que es una aberraci贸n. Gritar铆a: “隆Viva el Estado espa帽ol!”.

驴C贸mo resolver铆as t煤 el problema territorial de Espa帽a?

F铆jate que esta era una pregunta que esperaba que pudieran hacerme en las entrevistas sobre el libro, y en cierto modo la tem铆a. Se me da medio bien lo anal铆tico, pero rematadamente mal lo propositivo. Tengo pocas certezas y much铆simas dudas sobre este tema. S铆 que te puedo decir que alguien a quien me gusta escuchar es una persona con la que no concuerdo pol铆ticamente, pero que en torno a esto dice cosas que me gustan: Eduardo Madina. Madina viene a preguntarse por qu茅 no romper con esa idea decimon贸nica, que tan de perogrullo parece, pero no tiene por qu茅 serlo, de que el Estado tiene que ser un Estado-naci贸n; de que cada naci贸n debe corresponderse con un Estado; de que es deber del Estado ser guardi谩n de una determinada identidad nacional. 驴Por qu茅 no armar un Estado que trate, en cambio, la idea nacional como los Estados avanzados tratan a las religiones: como un leg铆timo sentimiento del 谩mbito privado en el que el Estado no se inmiscuye, y t煤 te sientes espa帽ol o catal谩n o berciano o ciudadano del mundo o ap谩trida o lo que te d茅 la gana, y el Estado simplemente te presta servicios y reconoce unos derechos y redistribuye la riqueza?

Un Estado anacional.

S铆, as铆 lo he llamado en alguna ocasi贸n. 驴Est谩 claro que es una cosa muy ut贸pica, pero por qu茅 no so帽ar y acercarse lo m谩s posible a eso? Madina, por otra parte, tambi茅n dice algo con lo que estoy muy de acuerdo: Espa帽a, guste m谩s o guste menos, est谩 abocada a un modelo federal. Lo est谩 por historia y lo est谩 hasta por geograf铆a. No es ya una cuesti贸n de diversidad ling眉铆stica o cultural, que esa la hay en cualquier pa铆s de cierto tama帽o y la de Espa帽a tampoco es tan variopinta: tenemos un pu帽ado de lenguas romances y la vasca. En Francia tienen un pu帽ado de lenguas romances, la vasca, una c茅ltica 鈥攅l bret贸n鈥 y otra germ谩nica: el alsaciano. Ling眉铆sticamente, es un pa铆s m谩s diverso, y sin embargo es centralista. No es eso lo que nos obliga al federalismo, ya digo. Nos obliga m谩s a煤n el hecho de que Espa帽a es un pa铆s muy rugoso; un pa铆s de orograf铆a tortuosa, con problemas hist贸ricos de comunicaciones que siguen muy presentes y con realidades, no ya culturales, sino de pura organizaci贸n socioecon贸mica elemental, muy diferentes. Aqu铆 en Le贸n sabemos bien que tienes cordilleras que las cruzas por un t煤nel de cuatro kil贸metros y has transitado entre dos mundos completamente distintos. Tienes el poblamiento disperso del noroeste y tienes Badajoz, donde hay treinta kil贸metros de p谩ramo absoluto entre un pueblo y otro. Tienes desiertos como el de Tabernas y los vergeles atl谩nticos del norte. Tienes zonas de minifundio y zonas de latifundio; zonas que piden un sistema de peque帽os hospitales repartidos por todo el territorio y zonas donde lo l贸gico es un gran hospital para toda la provincia, etc茅tera. Un pa铆s as铆 es imposible de centralizar. Incluso en las 茅pocas en que Espa帽a fue un pa铆s centralizado, era federal en la pr谩ctica: aquel mundo de caciques de la Restauraci贸n, que gobernaban de facto all谩 donde no lo hac铆a un Gobierno central cuyo poder, como se dec铆a entonces, alcanzaba hasta donde llegaba la vista desde las ventanas del Ministerio de la Gobernaci贸n. Tras el final del franquismo, toda la eclosi贸n que se produce de partidos regionalistas de centro y de derecha suele corresponderse con redes informales de fuerzas vivas provinciales que hab铆an prosperado en el seno de la propia dictadura y que se refundan como tales partidos. Espa帽a tiene que ser federal.驴 Ahora bien, qu茅 federalismo? Pues no s茅. La idea de un federalismo asim茅trico me parece aberrante, pero si no es asim茅trico, la tienes montada en Catalu帽a y el Pa铆s Vasco, donde, por amplias que sean las competencias concecidas, siempre van a querer ser m谩s que Murcia o Extremadura. No s茅. Ojal谩 tuviera una varita m谩gica, pero no la tengo. Lo que tambi茅n te puedo decir es que plurinacionalidad es una ch谩chara que no me va mucho, pero acepto pulpo como animal de compa帽铆a en tanto se asuma que, si Espa帽a es plurinacional, lo es tanto como Catalu帽a o Euskadi; que las naciones no son cuerpos objetivos, homog茅neos y herm茅ticos que se yuxtaponen, sino subjetividades que coexisten y se solapan. En Catalu帽a hay gente que se siente parte de la naci贸n espa帽ola y tiene el mismo derecho y la misma legitimidad para ello que la que se siente parte de la naci贸n catalana, y eso tiene que ser reconocido.

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‘Los nuevos odres del nacionalismo espa帽ol’ se presenta en el Teatro Gull贸n de Astorga este jueves, 28 de octubre, a las 19.30 horas. El acto contar谩 con la presencia del autor, Pablo Batalla Cueto, y de Abel Aparicio, autor de esta entrevista. El acto est谩 organizado por el Ayuntamiento de Astorga, el Teatro Gull贸n, el Ateneo Republicano de Astorga y Ediciones Trea.




Fuente: Briega.org