January 25, 2021
De parte de La Haine
208 puntos de vista


Un informe del Relator Especial de la ONU ante el Consejo de Derechos Humanos presentado el pasado a帽o pidi贸 “reducir radicalmente el uso de la coacci贸n, la medicaci贸n excesiva, de todas las formas de discriminaci贸n contra las personas con problemas de salud mental”. Un gran n煤mero de organizaciones en Espa帽a como la Confederaci贸n de Salud Mental, que representa a 300 entidades con m谩s de 47.000 personas, la Asociaci贸n Espa帽ola de Neuropsiquiatr铆a o la Asociaci贸n Espa帽ola de Enfermer铆a de Salud Mental han visto en ese informe un espaldarazo a su reivindicaci贸n del fin de las contenciones mec谩nicas que se practican con estos enfermos en centros sanitarios de nuestro pa铆s.

El asunto no es menor, aunque s贸lo sea por el posible n煤mero de afectados. Seg煤n la 煤ltima Encuesta Nacional de Salud de Espa帽a, la de 2017, cerca del 11% de la poblaci贸n mayor de 15 a帽os de este pa铆s ha sido diagnosticada de alg煤n problema de salud mental. Una parte de esas personas 鈥揹e eso ya no hay datos, aunque son muchas鈥 pueden acabar sufriendo una crisis que requiera un ingreso en un servicio de urgencias o en una unidad de agudos de un hospital. Y en ese momento es cuando podr铆an verse sometidas a una contenci贸n mec谩nica 鈥搒ujeci贸n de pies, manos y torso鈥 aplicada seg煤n criterios muy diversos fijados en protocolos que pueden variar de un hospital a otro, de una comunidad aut贸noma a otra, y sin un registro ni una norma de 谩mbito estatal que visualice el alcance de esta pr谩ctica y evite un uso indiscriminado.

Enrique Gonz谩lez, de 36 a帽os, conoce muy bien esas contenciones, porque se las han aplicado ya en cinco ocasiones, y eso que es el presidente de la Federaci贸n de Salud Mental Canarias. La 煤ltima vez fue el pasado mes de junio, cuando ingres贸 a causa de una crisis en urgencias de un hospital p煤blico de Santa Cruz de Tenerife. Y ha sido la peor de todas. Estuvo cuatro d铆as atado de pies, manos y torso a una camilla, primero en un habit谩culo de unos dos metros cuadrados y luego en un pasillo, hasta que lo trasladaron a la planta de agudos.

Enrique asegura que, pese a mostrar una actitud sumisa, con mucho miedo por la crisis que estaba pasando, le mandaron quitarse la ropa delante de “un mont贸n” de personas, entre personal de enfermer铆a, auxiliares y hasta dos guardias de seguridad, para ponerlo en una camilla en la que ya hab铆an colocado previamente las correas de contenci贸n. “Como yo estaba paralizado por la situaci贸n, muy asustado 鈥搑ecuerda鈥, y no hac铆a nada, se echaron sobre m铆, me redujeron, me pusieron sobre la camilla y me ataron“. En ese estado permaneci贸 durante cuatro d铆as y cuatro noches, en medio de un pasillo del servicio de urgencias, salvo cuando lo desataban para llevarlo a la ducha o un turno m谩s comprensivo le dejaba suelto un pie o una mano, siempre solo, sin la posibilidad de ver a su familia excepto en algunos momento puntuales, una limitaci贸n debida, tambi茅n, a la situaci贸n de pandemia por la covid-19.

“Sientes como si te hubieran enterrado vivo. Te sientes atrapado en tu propio cuerpo por la sensaci贸n de inmovilidad en la que te mantienen durante tanto tiempo. Y eso que t煤 has ido all铆 por una crisis, para que te curen. Intentas respirar, relajarte. Yo no grito. Otras personas s铆, porque te da mucho miedo. Es una sensaci贸n de dolor extremo a nivel ps铆quico e incluso f铆sico. No te puedes cambiar de posici贸n, ponerte en una posici贸n fetal, en una situaci贸n m谩s protectora. Y lo que ha dicho la ONU es que eso es una tortura, una pr谩ctica denigrante para el enfermo que atenta contra los derechos de las personas”, subraya este paciente.

Montaje de im谩genes de un paciente.

A consecuencia de esa 煤ltima experiencia, el presidente de Salud Mental Canarias ya no quiere volver a ingresar en un servicio de urgencias, porque carecen, dice, del profesional especializado y formado para atender debidamente a pacientes como 茅l que s铆 hay en las unidades de agudos. Asegura que har谩 lo que sea para que, cuando se produzca un nuevo brote, pueda ir directamente a la planta del hospital especializada en salud mental. Y por la misma raz贸n, pondr谩 a煤n m谩s empe帽o en trabajar desde su asociaci贸n en la sensibilizaci贸n de los profesionales sanitarios que tienen que atender a enfermos como 茅l, para que no traten a otros como le han tratado a 茅l. “Hay que acabar con ese estigma que pesa sobre la enfermedad mental 鈥揺xplica Enrique Gonz谩lez鈥, con la falsa creencia, el prejuicio que les lleva a actuar de esa manera en cuanto se encuentran con un paciente as铆, porque piensan que es una persona agresiva”.

Atado como “un mu帽eco de trapo”

Jonatan Yuste, de 32 a帽os, tambi茅n ha sufrido en sus carnes la contenci贸n mec谩nica. Aunque fue hace ya un tiempo, en 2012, se acuerda perfectamente. Tras ingresar en la unidad de salud mental de un hospital p煤blico de Murcia a causa de una crisis derivada de un sobreestr茅s laboral y el “consumo espor谩dico de una sustancia”, dos guardias de seguridad le tumbaron en una camilla: uno empez贸 a presionarle la cabeza y el torso con los codos, mientras el otro le agarraba las piernas, antes de sujetarlo con las correas de contenci贸n. Y la misma operaci贸n se repiti贸 d铆as despu茅s, cuando recibi贸 la visita de sus padres.

“Sal铆 gritando detr谩s de ellos cuando se iban, porque les hab铆an dejado estar conmigo muy poco tiempo. Entonces vinieron los de seguridad, y un guardia por un lado y otro por el otro me tiraron al suelo, como si fuera un placaje de rugby. Y luego me ataron de pies y manos en la cama. Se me iba la fuerza s贸lo de gritar y llorar de impotencia, de estar atado como si fuera un mu帽eco de trapo“, cuenta Jonatan, integrante de la federaci贸n murciana de Salud Mental, que asegura que durante aquella estancia en el hospital vio a un paciente permanecer durante cerca de dos semanas maniatado a la cama de una habitaci贸n contigua a la suya.

El presidente de la Confederaci贸n Espa帽ola de Salud Mental, Nel Gonz谩lez Zapico, no se anda con rodeos y afirma que las contenciones mec谩nicas “se est谩n aplicando sistem谩ticamente” en los centros sanitarios de nuestro pa铆s y tambi茅n a personas mayores que padecen demencias y est谩n internadas en residencias. Y esto sucede, a su juicio, porque no hay ning煤n inter茅s en eliminar una pr谩ctica que supone una “violaci贸n de los derechos de las personas”.

Seg煤n Gonz谩lez Zapico, lo que deber铆a de ser una excepcionalidad, un recurso para casos extremos cuando ya no queda otra forma de contener a un paciente en situaci贸n de grave crisis, se ha convertido en una normalidad propiciada por la falta de recursos humanos y materiales para la atenci贸n de pacientes con trastornos mentales. “Somos 鈥搒e lamenta鈥 el pariente pobre de la salud. Y la salud mental deber铆a ser una prioridad en la agenda pol铆tica, un tema de estado, porque, como se帽ala la OMS, una de cada cuatro personas, el 25% de la poblaci贸n, puede tener un problema de salud mental en alg煤n momento de su vida”.

La ausencia de una legislaci贸n estatal general en este campo no ha ayudado, desde luego, a mejorar la situaci贸n. En mayo de 2017 se aprob贸 en la Comisi贸n de Sanidad del Congreso una proposici贸n no de ley, promovida por el grupo de Ciudadanos, en la que se inst贸 al Gobierno a solicitar a todos los centros de atenci贸n de salud mental o de personas mayores a llevar un registro de los pacientes con sujeci贸n mec谩nica y detallar el motivo de la contenci贸n, as铆 como a implantar un programa para la progresiva eliminaci贸n de esta pr谩ctica en todas las comunidades aut贸nomas. En varios parlamentos regionales tambi茅n se han aprobado propuestas para regular o reducir el uso de la contenci贸n mec谩nica, pero a d铆a de hoy sigue sin haber una normativa de rango nacional que les haya puesto coto. Ahora, seg煤n Gonz谩lez Zapico, el sector est谩 pendiente de la aprobaci贸n en el Consejo Interterritorial de Salud de la nueva estrategia nacional sobre salud mental, en la que, dice, deber铆a estar contemplado este tema.

Un “esc谩ndalo” que no termin贸 con los manicomios

En un cuaderno t茅cnico sobre las contenciones mec谩nicas elaborado por la Asociaci贸n Nacional de Neuropsiquiatr铆a se advierte: “el esc谩ndalo del manicomio, con sus permanentes atentados a la dignidad del sujeto, que llev贸 a la erradicaci贸n de tales instituciones perversas, es el mismo que sentimos en la actualidad con las pr谩cticas llamadas coercitivas (…) Tal vez, la desinstitucionalizaci贸n de la instituci贸n f铆sica, el manicomio, y otros asilos, no ha ido del todo acompa帽ada de una desinstitucionalizaci贸n de los modos de hacer extramuros”.

La Asociaci贸n Nacional de Neuropsiquiatr铆a, constituida en 1924 y formada por profesionales de la psiquiatr铆a, psicolog铆a cl铆nica, enfermer铆a, trabajo social y el derecho, entre otros campos, es una de las organizaciones firmantes del Manifiesto de Cartagena en 2016 para la erradicaci贸n de las pr谩cticas coercitivas en la salud mental, que, a su entender, incumplen la Convenci贸n de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad ratificada por Espa帽a. Su presidente, el psiquiatra Mikel Mun谩rriz, sostiene que el predominio actual de la visi贸n biom茅dica, basada fundamentalmente en la administraci贸n de f谩rmacos y en una relaci贸n asim茅trica entre profesional y usuario, favorece el uso de las contenciones mec谩nicas.

Por eso, a juicio de Mun谩rriz, no s贸lo hace falta un desarrollo legislativo, normativo, que limite al m谩ximo el uso de estas contenciones, sino tambi茅n un cambio cultural, que requerir谩 m谩s tiempo, en el modo de enfocar la atenci贸n de los pacientes con enfermedades mentales. Ese cambio, explica, implicar铆a una mejor formaci贸n de los profesionales para que aprendan a hacer frente a situaciones de crisis sin necesidad de llegar a la sujeci贸n, una mayor dotaci贸n de personal en n煤mero y en especializaci贸n, una adaptaci贸n de los espacios de hospitalizaci贸n para hacerlos m谩s acogedores y una mayor participaci贸n de los usuarios en su tratamiento.

Y las consecuencias del status quo imperante en el abordaje de la asistencia psiqui谩trica no son peque帽as. Seg煤n el presidente de la Asociaci贸n Nacional de Neuropsiquiatr铆a, el uso de los m茅todos coercitivos acaban provocando en el paciente una p茅rdida de confianza en el sistema de salud que lo atiende, secuelas traum谩ticas que pueden agravar su enfermedad y, en algunos casos, hasta la muerte.

Jonatan Yuste menciona, por ejemplo, el caso de un chico en su pueblo que ten铆a un trastorno mental y se tir贸 de un octavo piso tras haberse quedado gravemente traumatizado por el tiempo que lo tuvieron esposado en un calabozo policial. Y Gonz谩lez Zapico cuenta el de una chica a la que encerraron una noche en la habitaci贸n de un hospital de Canarias y a la ma帽ana la encontraron muerta a causa de un baj贸n de glucosa, porque era diab茅tica y 煤nicamente tuvieron en cuenta su trastorno mental. Aunque el caso m谩s conocido es el de Andreas Fern谩ndez, una joven asturiana que falleci贸 en abril de 2019 en el hospital de Oviedo donde estuvo ingresada durante cuatro d铆as como paciente psiqui谩trica, atada a la cama y sin que la familia pudiera verla, cuando lo que padec铆a era una meningitis a la que se sum贸 una miocarditis.

Personal de enfermer铆a que rechaza las contenciones

La enfermer铆a desempe帽a un papel esencial en el cuidado de estos pacientes, porque sus profesionales son quienes est谩n m谩s en contacto con ellos y pueden dispensarles la atenci贸n necesaria para evitar un episodio irreversible que derive en una contenci贸n. En esa batalla anda la Asociaci贸n Espa帽ola de Enfermer铆a de Salud Mental, que ha elaborado un manifiesto de “Tolerancia cero con las contenciones mec谩nicas”, en el cual afirma que muchos profesionales han comenzado a negarse a utilizar una t茅cnica que consideran puede suponer una violaci贸n de los derechos humanos, aunque su fin sea aumentar la seguridad.

“Buscamos un horizonte libre de coerci贸n hacia los colectivos de especial vulnerabilidad; no solo en el 谩mbito de la salud mental, sino tambi茅n en cualquier otro que emplee este tipo de pr谩ctica (geriatr铆a, cuidados intensivos, plantas de hospitalizaci贸n m茅dicas y quir煤rgicas…)”, se帽ala la asociaci贸n en su manifiesto.

Carlos Aguilera, enfermero de un equipo de salud mental comunitario en M谩laga, es el secretario de esta organizaci贸n y autor de una tesis doctoral sobre la reducci贸n del uso de las medidas coercitivas en este 谩mbito sanitario. “El uso de esta medida, por desgracia 鈥揹ice鈥, est谩 a煤n muy extendido en Espa帽a, aunque hay algunas experiencias, aisladas, puntuales, donde se trabaja con cero contenciones, que han conseguido muy buenos resultados en la mejora del ambiente terap茅utico”.

Al igual que el presidente de la Asociaci贸n Espa帽ola de Neuropsiquiatr铆a, Aguilera considera esencial cambiar los espacios y el modo de la relaci贸n terap茅utica de forma que se tenga mucho m谩s en cuenta la opini贸n del paciente y de sus familiares, rompiendo del todo con los vestigios del modelo “custodial” que imperaba en los manicomios antes de la reforma psiqui谩trica. Pero tambi茅n ve fundamental implantar “un verdadero liderazgo” de la enfermer铆a especializada, de manera que tenga un mayor poder de decisi贸n en el tratamiento de un paciente, sin necesidad de esperar a lo que diga el m茅dico, para ordenar, por ejemplo, una salida terap茅utica que ayude a liberar una tensi贸n.

Sin embargo, para que eso sea posible, el secretario de la Asociaci贸n Espa帽ola de Enfermer铆a de Salud Mental demanda un aumento de la inversi贸n p煤blica que permita que todas las unidades de hospitalizaci贸n en este 谩mbito dispongan de una enfermer铆a especializada, algo que ahora, dice, s贸lo ocurre en algunas comunidades aut贸nomas.

“La contenci贸n mec谩nica es un fracaso en pleno siglo XXI de todos, del sistema, de los profesionales que trabajan en 茅l. Porque hay otros modos de cuidar al paciente. Hablamos de la empat铆a, de la escucha, de la templanza que tambi茅n forman parte del tratamiento terap茅utico. Y todo eso requiere tiempo y profesionales especializados. De esa forma, la contenci贸n ser铆a s贸lo un evento centinela, excepcional, que deber铆a ser estudiado para analizar detenidamente sus causas”, explica Carlos Aguilera.

El Comit茅 de Bio茅tica de Espa帽a, 贸rgano independiente adscrito al Ministerio de Sanidad, ya emiti贸 un informe en 2016 en el que se帽al贸 que el uso de contenciones en Espa帽a “es m谩s frecuente que en los pa铆ses de su entorno”. En dicho informe, el Comit茅 advirti贸 de que las contenciones s贸lo se deben aplicar el “tiempo estrictamente necesario” y de forma proporcional, garantizando el bienestar del paciente, que deber谩 dar su consentimiento previo.

“Pueden quedar exentas de solicitar inicialmente el consentimiento informado las situaciones asistenciales que conlleven un riesgo vital urgente, pero siempre que sea posible se debe informar a los familiares o acompa帽antes de la necesidad de aplicar esta medida solicitando el consentimiento para la misma por escrito y asegurando que el paciente participe en la medida de lo posible en la toma de decisiones a lo largo del proceso sanitario”, a帽ade el Comit茅 de Bio茅tica. Tanto Enrique Gonz谩lez como Jonatan Yuste, los dos pacientes que han relatado su experiencia en este reportaje, aseguran que nadie les inform贸 ni consult贸 sobre la sujeci贸n mec谩nica a la que fueron sometidos.

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Fuente: Lahaine.org