November 18, 2021
De parte de Todo Por Hacer
215 puntos de vista


La Ley de Vivienda que se anuncia es, siguiendo el refranero, mucho ruido y pocas nueces. Para algunas, una decepci贸n por la oportunidad perdida de aprobar una ley que defienda aunque sea m铆nimamente el derecho a la vivienda. Para otras la confirmaci贸n de lo que ya esper谩bamos. O quiz谩 ambas a la vez. Pero por m谩s que la escena se repita una y otra vez, es interesante analizarla m谩s de cerca para ver los matices, para poder diferenciar. Puede haber qui茅n piense que se trata de una ley insuficiente, pero que, al fin y al cabo, avanza en la direcci贸n adecuada, que incluso podr铆amos celebrarla como una peque帽a victoria. Pero tambi茅n cabe la posibilidad de que esos 鈥減eque帽os avances鈥 ni siquiera sean reales, o incluso, en el peor de los casos, que est茅n contribuyendo a agravar el problema de la vivienda. Hay muchas cosas que le faltan, las m谩s b谩sicas: no paraliza los desahucios, no incorpora todas las viviendas de SAREB (pagadas con dinero p煤blico) al parque de vivienda p煤blica鈥 Pero es analizar algunas de las medidas que incluye para resolver el interrogante el motivo de este art铆culo.

驴Regulando los alquileres o vendiendo humo?

Durante toda la legislatura, la regulaci贸n de los precios del alquiler en la ley de vivienda ha sido motivo de debate a nivel social e institucional. La negativa del PSOE a hacerlo, que se negaba perjudicar los intereses de los propietarios, se explicaba al mismo tiempo por la presi贸n del lobby inmobiliario y por querer contentar a cierto sector de sus votantes: rentistas o clases medias acomodadas con intereses en el mercado del alquiler. Su propuesta era, en lugar de regular el precio o sancionar la vivienda vac铆a, poner incentivos fiscales a los propietarios. Partiendo de este punto, puede sorprender que finalmente la Ley de Vivienda incluya la regulaci贸n de alquileres.

La explicaci贸n a este cambio de postura es muy sencilla: est谩 dise帽ada para que jam谩s llegue a aplicarse. La ley se aprobar铆a en 2022, tras lo cual, en lugar de aplicarse inmediatamente, las Comunidades Aut贸nomas tendr铆an que realizar tortuosos tr谩mites para regular el alquiler en zonas concretas. Para rematar, la propia medida incluye una pr贸rroga de 18 meses m谩s para los grandes propietarios. El resultado: con elecciones en 2023, la legislatura terminar铆a antes de que la medida comenzase a aplicarse, convirti茅ndola literalmente en papel mojado. Sabiendo esto, no vamos a entrar en los pormenores de la medida, pero Jaime Palomera del Sindicato de Inquilinas de Barcelona analiza en un art铆culo reciente otras mil lagunas que la har铆an totalmente inoperante.

Estamos acostumbrados ya a este tipo de movimientos por parte del gobierno m谩s progresista de la historia. Tambi茅n la escena medi谩tica se repite. El PSOE se cuelga medallas y vende humo. Podemos en una posici贸n inc贸moda cede y lo disimula como puede, llegando a mentir a la sociedad y los movimientos sociales, de quienes dice hacerse eco. La derecha y quienes se benefician del mercado de la vivienda ponen el grito en el cielo sin que se est茅n atacando realmente sus intereses. Pero ag谩rrense que ahora es cuando vienen las curvas.

El 鈥渂ono vivienda鈥, 驴regalo o manzana envenenada?

La medida estrella dentro de la ley de vivienda, anunciada orgullosamente por el gobierno, es la creaci贸n de un bono de ayuda al alquiler de 250鈧 mensuales para j贸venes. Va en paralelo al anuncio del bono cultural, una ayuda de 400鈧 para el consumo de productos culturales tambi茅n destinada a j贸venes, una medida muy similar pese a dirigirse a campos muy diferentes (quiz谩 por eso de que quien solo tiene un martillo tiende a ver cualquier problema como si fuese un clavo). Es habitual que se trate de vender este tipo de medidas como pol铆tica social y el culmen del progresismo, as铆 como criticarlas por populistas. Por otro lado, Almeida como alcalde de Madrid tom贸 hace un par de a帽os una medida calcada: dar ayudas al alquiler de 150鈧 a j贸venes. A primera vista puede sorprender que algo as铆 pueda venir de la derecha, pero en realidad es muy coherente. Y el ejemplo del bono cultural, aunque parece sacarnos del tema, ilustra muy bien parte del por qu茅.

Poco despu茅s de anunciarse, se conoci贸 que el bono cultural exclu铆a a la tauromaquia. Las reacciones no se hicieron esperar, y los empresarios del sector se lanzaron a hablar de 鈥渄iscriminaci贸n ideol贸gica鈥 y 鈥渃ensura鈥. M谩s all谩 de lo superficial, de lloriqueos rid铆culos y de d贸nde cargan las tintas, lo interesante es lo que ocurre en segundo plano: al poner el grito en el cielo, involuntariamente hacen expl铆cito y dan por hecho que son ellos los verdaderos beneficiarios de las ayudas (por encima de los consumidores). Tambi茅n el propio gobierno lo dice sin rodeos cuando habla de 鈥渆char una mano a una industria tan importante como es la cultural鈥. Al fin y al cabo, es en sus manos en las que termina el dinero, y lo mismo ocurre con las ayudas al alquiler: m谩s que de ayudas a inquilinas, podemos hablar de ayudas a propietarios.

Este tipo de medidas, por tanto, son tremendamente peligrosas. Y el peligro no est谩 tanto en el enga帽o y el maquillaje, que permite hacer pasar una medida neoliberal como pol铆tica social, sino en los efectos que las medidas de este tipo realmente tienen. Pero antes de profundizar m谩s en ello, vamos a dar algunos rodeos.

El problema y las soluciones

El problema, p煤blicamente reconocido independientemente de la orientaci贸n pol铆tica, es que el precio de la vivienda impide para muchas personas disfrutar de una en condiciones dignas. Solo hasta aqu铆 llega el consenso, a partir de ah铆 los diagn贸sticos y las propuestas son m煤ltiples. Vamos a reflexionar sobre algunas de ellas.

El dogma de la derecha, adem谩s de su principal apuesta durante mucho tiempo, era aumentar la oferta a trav茅s de la construcci贸n. Eso, supuestamente, har铆a disminuir los precios de forma natural. Basta echar la vista atr谩s y observar lo ocurrido con la burbuja inmobiliaria para desmentirlo: m谩s bien ocurr铆a al rev茅s, la especulaci贸n con la vivienda hac铆a aumentar los precios, lo que animaba nuevas inversiones en la construcci贸n de viviendas y a conceder hipotecas f谩cilmente, hinchando m谩s y m谩s la burbuja. En una situaci贸n de escasez, plantear la construcci贸n como soluci贸n podr铆a tener sentido. En un pa铆s con millones de viviendas vac铆as, no.

Adem谩s, para darle un matiz m谩s social, parte de esas nuevas construcciones podr铆an convertirse en alg煤n tipo de vivienda protegida, que sale a la venta con un precio fijado y est谩 destinada a personas con rentas bajas o que cumplan determinados requisitos. Esta es una medida que tambi茅n est谩 entre las anunciadas para la pr贸xima ley de vivienda, sin ocupar en ella un lugar tan destacado. Aunque la idea es que ese precio fijado sea inferior al de mercado, lo cierto es que lo chapucero de la medida y los vaivenes en el precio de la vivienda pueden hacer de la diferencia algo rid铆culo, e incluso es habitual que est茅 por encima del precio de mercado.

En cambio, lo que es una constante es la l贸gica que subyace. Como dijo en su d铆a Jose Luis Arrese, Ministro de Vivienda durante el franquismo, 鈥渜ueremos un pa铆s de propietarios y no de proletarios鈥, pues es una de las formas m谩s eficaces de generar una conciencia de clase media: conformismo, conservadurismo, consumismo鈥 Tambi茅n son una constante las tramas de corrupci贸n pol铆tica alrededor de los pelotazos urban铆sticos, la gentrificaci贸n que remodela barrios enteros expulsando a sus vecinas m谩s precarias a la periferia y el catastr贸fico impacto ecol贸gico de la urbanizaci贸n y la construcci贸n desenfrenadas.

La f贸rmula, que riega con dinero p煤blico a constructoras en el proceso, consigue que las viviendas subvencionadas pasen a manos privadas en lugar de a un parque p煤blico en r茅gimen de alquiler social. Adem谩s, cumpliendo algunos requisitos, pueden ser descalificadas y pasar al mercado de nuevo, esta vez sin regulaci贸n alguna.

Sin embargo, el contexto social ha cambiado, y tambi茅n por ello la forma de abordar el problema. La crisis supuso una precarizaci贸n masiva de las condiciones laborales. La bajada de los salarios y inestabilidad hacen que la inversi贸n en vivienda se diversifique. El modelo de ladrillazo e hipoteca es ahora menos v谩lido, en tanto que la expectativa de que la deuda termine siendo pagada es mucho menor (lo que no significa que haya dejado de ser algo generalizado). El alquiler permite mayor flexibilidad a la hora de hacer negocio: permite aprovechar burbujas para aumentar los precios, despachar m谩s f谩cilmente a un inquilina morosa para r谩pidamente sustituirlo por otro. El alquiler ha sido tambi茅n la forma de algunos sectores de las clases medias de huir de los efectos de la crisis, manteniendo a trav茅s del aumento de los alquileres su poder adquisitivo. Ambos factores contribuyen a explicar tanto la burbuja del alquiler como la l贸gica detr谩s de medidas de ayuda al alquiler.

Salir del foso cavando hacia abajo

Volvemos de nuevo a ese regalo envenenado que son las ayudas al alquiler. 驴Y por qu茅 envenenado?

Ante un problema como el elevado precio del alquiler, regularlo u ofrecer una forma alternativa de acceder a la vivienda, dot谩ndonos de un parque de vivienda p煤blico lo suficientemente amplio, ser铆an reacciones l贸gicas. Dar ayudas, es, como dec铆amos, una forma de regalar dinero p煤blico a los propietarios. Y por tanto, una forma de redistribuci贸n de la riqueza un poco rara, que nos cobra impuestos para regal谩rselo a quienes son m谩s ricos que nosotras en lugar de destinarlo a servicios p煤blicos. Pero al margen de que sea m谩s coherente con el programa neoliberal, vista superficialmente, aparenta ser una opci贸n m谩s conciliadora: ganamos todas, 驴no?

Esta apariencia enseguida cede si lo examinamos de cerca. Y es que, un efecto directo de medidas de este tipo en ausencia de un sistema de control de los precios es que permiten a los propietarios subir el precio del alquiler. Si un propietario antes ped铆a 1200鈧 al mes por un piso, ahora podr谩 pedir 1450. Que esto ocurra puntualmente, simplemente regala dinero p煤blico a los propietarios sin solucionar nada. Pero adem谩s, en la medida en que es algo generalizado, al haber m谩s dinero disponible destinado a pagar alquileres se empujan los precios al alza. Se generaliza tambi茅n la subida de precios. Es decir, incluso empeora la situaci贸n para quienes no optan a la ayuda, que sin recibir un solo euro tienen que 鈥渃ompetir en misma la subasta鈥 viendo como se hincha m谩s a煤n la burbuja, m谩s cuanto mayor alcance tengan las ayudas.

El propio Almeida no se molestaba en ocultar o negar esto en su d铆a, limit谩ndose a afirmar que el ayuntamiento 鈥渆star铆a atento鈥. El actual gobierno podr铆a intentar escudarse en la regulaci贸n del precio del alquiler, que hemos desmontado unos p谩rrafos m谩s arriba.

Premiar a los culpables, apuntalar las reglas del juego

Pero si hay algo que termina de rematar la jugada es que, a un nivel m谩s profundo, tambi茅n consigue apuntalar las reglas del juego al premiar a los culpables. Sigue la misma l贸gica general del rescate a la banca, la creaci贸n de SAREB, o la compensaci贸n econ贸mica a propietarios por el decreto Stop Desahucios, cada uno a su escala y con distintos destinatarios concretos. Lo m谩s grave no son las cifras de cu谩nto dinero se nos roba, sino, sobre todo, que les ayuda a reproducirse como clase y a reproducir la vivienda como mercanc铆a. Y no se soluciona un problema mimando y alimentando a sus responsables. Con medidas de este tipo, no solo aumenta el grado de desigualdad (los pobres m谩s pobres, los ricos m谩s ricos). Ayuda adem谩s a eternizar el mecanismo que genera la desigualdad: que solo a trav茅s del mercado pueda accederse a la vivienda, que no se pueda contemplar la vivienda m谩s que como mercanc铆a.

La alternativa, una vez hemos llegado a esta conclusi贸n, se nos sirve en bandeja: sacar la vivienda del mercado.

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Fuente: Todoporhacer.org