September 30, 2021
De parte de Lobo Suelto
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Aceptar el recorrido que nos proponen Pia y Guille a trav茅s de esa selva que es la escritura- pensamiento de Horacio, significa acompa帽arlos por siete caminos, siete surcos que ellos construyen para atravesar su obra. Juegan a dibujarnos un mapa para transitar por una escritura que conocen como pocos. Y disfrutan con la arbitrariedad del acto clasificatorio que dispone 36 textos, escritos a lo largo de 34 a帽os 鈥揺ntre 1985 y 2019鈥 en siete itinerarios diferentes. Llevada por el n煤mero siete, pienso en los siete tomos de En busca del tiempo perdido (que Horacio siempre recomendaba leer a sus alumnos de sociolog铆a), que se inician por el camino de Swann y luego siguen por el camino de Guermantes, como senderos por los que se accede a un mundo que se refleja y se refracta en los territorios del alma proustiana. Esta Antolog铆a, de manera an谩loga, nos propone internarnos en el pensamiento de Gonz谩lez por siete caminos distintos: por el camino del m茅todo, por el del baqueano, por el del viejo topo, por los reflejos de una vida, por el camino de la expresi贸n americana, por el de la risa y, finalmente, por un camino de conceptos para la pol铆tica.

Como viajera o paseante, entonces, que entra en este mundo-libro con el mapa de Pia y Guille, decido sacar una imposible fotograf铆a en cada uno de los recorridos, que pueda evocar algo de lo que por all铆 se encuentra. Quiz谩s, con una serie de im谩genes y sus negativos 鈥揷omo los que se produc铆an con los dispositivo pre-digitales鈥 pueda hacer algo con un libro tan tremendo.

Empiezo por el camino del m茅todo, y la imagen que tomo es la de la libertad en el lenguaje y la sensibilidad frente a las inflexiones de una voz. El negativo a partir del cual y contra el cual esa libertad y esa sensibilidad se revelan (con v corta y con b larga) es la comunicabilidad, la ley que regula la realidad sin relieves, donde domina la palabra autom谩tica y los lugares comunes, los tonos monocordes y las sonoridades met谩licas.

La libertad no es un estado, sino una disposici贸n activa a escurrirse de los sentidos y sonidos que circulan, pertrechos necesarios para subirse al tren de una escritura 鈥渁daptativa y repitiente鈥. La escritura que responde al imperativo de la transparencia comunicativa es la que domina una actualidad de las ciencias sociales con la que Horacio siempre discuti贸. Un lenguaje al servicio de una comunicaci贸n sin comprensi贸n 鈥揹ice鈥 frente a la cual reivindica una inteligibilidad sin comunicaci贸n. Una inteligibilidad parad贸jica que puede darse en el ensayo, en la medida en que quiebra el andamiaje neutro y liso de las significaciones convencionales. Es decir, all铆 donde se demoran unas ideas que se transforman mientras buscan modos de expresarse que no las preexisten. Y donde la escritura es inseparable de los obst谩culos que la interfieren. Esos obst谩culos le pertenecen al escribir, que es un cuerpo a cuerpo entre el pensamiento y el lenguaje. Un cuerpo a cuerpo, que a veces es una lucha, a veces un juego de escondidas, a veces una danza, y a veces una fusi贸n.

Un libro como este, presidido por el t铆tulo La palabra encarnada, tiene como hilo fundamental una experiencia largamente elaborada, que es la experiencia de esta dificultad en el lenguaje. El hecho de que la experiencia de esa dificultad no haya dejado de ser el sustrato de una escritura y una oralidad proliferante, movediza, d煤ctil, se debe a una sensibilidad particular. Que tiene mucho de sensibilidad musical, y que nos hace pensar en la presencia de Liliana y de su m煤sica a lo largo de las d茅cadas en que fueron escritos estos textos. Para escribir a la manera de Horacio, hab铆a que escuchar a la manera de Horacio la variedad de matices, tonalidades y colores de las voces que pueblan nuestros mundos sociales e hist贸ricos.

驴Qu茅 hacer ante el hablar de los golpeados, de los excluidos?, se pregunta en 鈥淧ara una sociolog铆a de la voz鈥 (publicado en los Cuadernos de la Comuna, de Puerto General San Mart铆n). 鈥淓sa voz que est谩 en todas partes, pero no est谩 en ninguna鈥 escapa de la atm贸sfera diaria de la pol铆tica y los medios de comunicaci贸n. Es inaccesible para quienes no la comprenden, e igualmente inaccesible para quienes pretenden comprenderla demasiado. A distancia del desprecio ilustrado y del populismo aguerrido 鈥揹ice Horacio鈥 se da la inc贸moda situaci贸n de quien entiende que la 煤nica opci贸n reside en escuchar. 鈥淓l 煤ltimo lamento verbal de un excluido siempre luchar谩 entre su autenticidad presente y su condici贸n de gemido ancestral, millones de veces proferido鈥 鈥揹ice con tono sartreano. Para escuchar esa voz como mundo social, como sonido y sentido, habr谩 que salirse entonces de las usuales correlaciones sociol贸gicas entre verbalizaci贸n y ser social.

Palabra encarnada. 脡tica y pol铆tica. Metido entre la gente, en las calles, las asambleas, las aulas, los bares. En la biblioteca. Militando con los barrenderos de Flores en su juventud setentista, y con los ladrilleros en los a帽os macristas. Siempre en la biblioteca. Incluso cuando dej贸 de ser el director de esta instituci贸n, a la que hizo levitar y elevarse, como una nave, hacia una utop铆a emancipatoria real, actual y realizable. Conmueve leer el discurso de Horacio, al asumir como subdirector de la biblioteca en 2004. 鈥淓ste es un momento feliz, un momento de algarab铆a鈥, dec铆a. Esa felicidad y esa algarab铆a del momento fundacional se mantuvo a lo largo de sus diez a帽os al frente de la instituci贸n. Incluso y sobre todo en los tiempos m谩s graves, tensos y dilem谩ticos. Amor intelectual. Me hace recordar la famosa frase de Borges: 鈥淭odo lo que hagamos con felicidad los escritores argentinos pertenecer谩 a la tradici贸n argentina鈥. La felicidad de Horacio al transformar la idea misma de instituci贸n y sus posibilidades (primero en Marcelo T., y luego en la Biblioteca) abri贸 muchos mundos nuevos, que conectan de otro modo con la palabra argentina.

Sigo andando. Y por el camino del baqueano, la fotograf铆a que tomo se llama redenci贸n. Y la contra-imagen negativa a trav茅s de la cual se revela, es la reproducci贸n de los hitos culturales consagrados y la aceptaci贸n de un destino de olvido para los pasados ya transcurridos.

El baqueano es, justamente, el que conoce bien las sendas y los atajos. Horacio 鈥揹icen Pia y Guille鈥 fue un rastreador del archivo nacional, con un andar de cercan铆a, 鈥渁tento al detalle, con los ojos tocando la rugosidad del territorio鈥, advirtiendo cada irregularidad, cada sinuosidad, cada contra-tiempo. De ese andar pegado al terreno surgen sus bibliograf铆as, sus textos imprescindibles, los que lo marcaron, los que present贸 a sus alumnos en las aulas universitarias, el material de sus libros.

Horacio, baqueano de los textos argentinos, se detiene all铆 donde hay algo que se mueve o se inquieta; all铆 donde algo se agrieta, cruje o se rompe; all铆 donde algo se aletarga o se duerme, pero puede despertar; all铆 donde se ve la huella de algo suprimido, que vale la pena reconstruir o evocar. Se detiene donde hay sorpresa, donde hay promesa. Donde hay absurdo, donde hay provocaci贸n, donde hay imaginaci贸n y pensamiento. Donde hay inconformismo y disidencia. Donde hay destellos de poes铆a y de belleza. Donde hay algo para rescatar del olvido. Argentina es entonces redimida por la lectura memoriosa, a partir de trazos, pedazos, fragmentos narrativos que recuperan momentos que fueron realmente vividos y sue帽os que fueron realmente so帽ados.

Tambi茅n puede ser redimida una 茅poca, eludiendo la facilidad de la mistificaci贸n o de la admonici贸n, las lecciones y las moralejas. Tratando de comprender la tragedia de las vidas pol铆ticas y los infortunios de las biograf铆as intelectuales. Ac谩 me desv铆o por el sendero de los reflejos de una vida para simplemente recuperar la instant谩nea precisa que Pia y Guille nos entregan. Los leo: 鈥淕onz谩lez escribe como sobreviviente y un sobreviviente es quien se pregunta, casi sin aire, por qu茅 no le toc贸 el peor de los destinos. Y en esa bifurcaci贸n afortunada, carga una deuda con quienes fueron asesinados. Ser sobreviviente, para muchas personas, es asumir esa deuda denunciando o dando testimonio. Hablar por quienes no pueden hablar, alojarlos en la memoria com煤n. Horacio narra aquello que quiso borrar el terror, y lo hace con el empe帽o de traducir, para el presente, el sentido de las vidas conmovidas por la revoluci贸n鈥.

Gritar en silencio, llorar para adentro: existir al borde del abismo. Esa tensi贸n vital es la que sostiene la palabra que busca en la historia y en la actualidad, abriendo ventanas por donde se vislumbren porvenires m谩s justos. Creo, nuevamente, que lo que permite traer esos pasados para un presente que no quiere repetirlos ni repudiarlos, es un tipo de sensibilidad, correlativa de la que antes llam茅 musical, y que ahora llamar铆a fenomenol贸gica. Es la observaci贸n y la atenci贸n a los infinitos matices de los paisajes y las personas de este presente la que le da potencia expresiva a la palabra comprometida con la justicia hist贸rica. Lo que Horacio dice, con admiraci贸n, de un fil贸sofo que ley贸 muy bien 鈥隆Husserl hace hablar a todo lo hablante o significante con la voz que tiene y con la que no sabe quepodr铆a tener!鈥 es lo que 茅l mismo hac铆a; y la base de su capacidad de narrar y traducir el sentido de aquellas vidas truncas con las que comparti贸 su juventud. Los sesentas y los setentas fueron su 茅poca y, sin embargo, esa 茅poca no lo devor贸. Horacio no qued贸 orbitando alrededor de tiempos idos. Fue tan intensamente de aquella 茅poca como de la nuestra.

驴Qu茅 es una 茅poca?, se pregunta en el hermoso art铆culo 鈥淔otocopias anilladas鈥. Lo leo:

No es un colectivo construido por la imaginaci贸n com煤n, no es la dilataci贸n material de una subjetividad o mentalidad colectiva. Es la b煤squeda de un punto 煤nico, original y resistente de la historia en el que las acciones humanas buscan conocer la diferencia entre lo que se construye como su tono dominante y lo que lo cuestiona. Definir una 茅poca es descubrir una libertad para elegir palabras que mantengan al rebelde liberado de las maldiciones que se le dirigen (adquiriendo raz贸n aut贸noma lo que para el mundo oficial es caos o discordia). Dicho de otra manera: una 茅poca es la libertad intelectual para invertir el signo de sus vocablos centrales 鈥搚 no la atm贸sfera cultural com煤n que impregna todos esos vocablos. Por eso, una 茅poca puede ser considerada como metamorfosis: suspenso de lo que se va tornando su contrario, la absoluta no simultaneidad de los ejercicios de sentido sobre una misma palabra, cuya trazo se tuerce, dando origen a la noci贸n o a la ilusi贸n del tiempo hist贸rico: una 茅poca es entonces el tiempo imaginario que abarca lo que se suspende, se extiende y demora en agotarse. El debate sobre los sentidos, usos y significados diferentes que se van adhiriendo a un l茅xico corriente y repetidor.

 

Y ahora sigo andando, aunque me doy cuenta de que este juego se hace largo, y que probablemente tenga que interrumpirlo antes de terminar. Por el surco trazado por el viejo topo, la imagen que privilegio es la de la herencia que se elige, diferenciada de las tradiciones obligatorias que fundan dogmas y cancelan posteridades imprevistas.

La frase de Horacio que recuperan Pia y Guille en el pr贸logo es maravillosa: 鈥淣osotros no deber铆amos necesitar del ungido permiso de Derrida para declararnos una parte menuda pero real del coraz贸n marxista de este tiempo sin marxistas. De una manera que nunca podr谩 explicarse bien, siempre fuimos marxistas latinoamericanos libertarios, y no es porque Derrida abra la compuerta del castillo de Elsinor y pronuncie nuevamente los juramentos ante los fantasmas din谩sticos, que ir铆amos a clausurar nuestros propios ejercicios hereditarios, que incluyen a Baudalaire v铆a John William Cooke, a Gramsci v铆a Aric贸 y Mari谩tegui, y a Sartre y Merleau-Ponty v铆a Oscar Masotta鈥.

Horacio menciona en distintas ocasiones que su entrada al peronismo se da con un texto de Lenin bajo el brazo: A qu茅 herencia renunciamos. Ese Lenin que renunciaba a la herencia populista (que era la tradici贸n de su querido hermano mayor, ejecutado por el zar) 鈥減arec铆a estar habl谩ndonos a nosotros en los a帽os 70 鈥揹ice en las conversaciones con Jos茅 Pablo Feinmann鈥, a nosotros que no quer铆amos renunciar a ninguna herencia, sino tomar lo mejor de cada una鈥. Esta disposici贸n abierta a la lectura de todo aquello que nos hable sobre los problemas que enfrentamos o sobre lo que nos interesa es propia del ensayismo argentino. Otra vez Borges, diciendo con una autosuficiencia que a Horacio no terminaba de convencerle: 鈥減odemos manejar todos los temas europeos, sin supersticiones, con una irreverencia que tiene consecuencias afortunadas鈥. Horacio lo dice con otros matices, pensando en la cultura francesa de alguien como Massota. 鈥淐argamos la lectura francesa con una cuerda interna que podr铆amos llamar arltiana, pero con ella cargamos el intento de crear la escritura y el pensar que se recline sobre la propia voz de nuestro mundo cultural. Porque no se puede abandonar el tono que les de a nuestros ensayos filos贸ficos lo que deben tener de singularidad y eficacia鈥.

Conexiones ex贸ticas: Marx, a trav茅s de Massota, queda asociado con una idea que podr铆a ser de 鈥渄erecha鈥, si no proviniera de Roberto Arlt: la idea de destino. 鈥淓l hombre hace la historia en condiciones que no conoce, y llama o es posible que llame destino, a ese desconocimiento, una fusi贸n de determinismo y libertad鈥. Estas variaciones sobre Marx son un asunto reiterado en Horacio. En La cris谩lida defiende 鈥渆l derecho a tener una tesis鈥, una gran tesis, que sostiene: 鈥淓n el transcurso de sus ejercicios de imaginaci贸n, de car谩cter m铆tico y filos贸fico, los hombres contraen ciertas experiencias fundamentales y extraordinarias, no necesariamente conscientes para ellos, que acaban formando parte de senderos del pensar, recurrentes y gen茅ricos. (鈥). Esas sendas, que son como plusval铆as del vivir reflexivo, pueden designarse con los nombres de metamorfosis y dial茅ctica鈥.

Senderos, caminos鈥 Rutas argentinas que tambi茅n se entrecruzan con surcos universales. Podemos decir que las variaciones marxianas de Horacio, que juegan con inversiones quiasm谩ticas de la letra y el sentido, mantuvieron siempre como inquietud de fondo los interrogantes abiertos por la biograf铆a pol铆tica e intelectual de John William Cooke. Girar los conceptos, hasta probar el costado que mejor se toca con un territorio. El m茅todo de la inversi贸n, seg煤n Horacio, es un poderoso aparejo conceptual para darle operatividad mundana a los horizontes filos贸ficos, y no para vaciarlos de sentido. De modo que ese Marx 鈥揹el cual Shakespeare es una categor铆a interna, como nombre de la tragedia irreductible y como modificador te贸rico de la noci贸n de tiempo hist贸rico capitalista鈥, tiene operatividad mundana para Horacio, en cuanto trata de pensar el drama de la izquierda peronista. Pr谩cticas sin nombres adecuados, nombres sin pr谩cticas acordes a sus promesas. El problema de los nombres fuera de lugar, que ped铆a un intercambio de humores, o sea, una demanda imposible de ser articulada.

Ese drama de la historia y de la lengua es la fuente de la que provienen las sutiles geometr铆as que siempre aparecen en los textos de Horacio, y que sobrepasan sus umbrales de elocuencia cada vez que se condensan en la forma lograda de un quiasmo. La prosa de Horacio r铆e feliz cuando logra anudar de ese modo un n煤cleo comprensivo. R铆e, aunque est茅 hablando de lo m谩s dif铆cil y lo m谩s serio. Hace algo con la discordancia entre los signos y la experiencia, que vuelve inteligibles las cosas, aunque permanezcan elusivas a la comunicaci贸n. Esa inteligibilidad del mundo que le ofrec铆a cotidianamente a este pa铆s, inst谩ndolo a no claudicar en la b煤squeda de conceptos para una pol铆tica emancipatoria, la extra帽amos profundamente.

Ahora s铆 voy terminando, recordando lo que Horacio dec铆a en una entrevista hermosa grabada en esta Biblioteca, en el a帽o 2012. 鈥淣adie puede decir que sabe hablar. Aprender a hablar es tarea de toda una vida. Y siempre estamos aprendiendo de nuevo a hablar鈥. Con esa sencillez, Horacio 鈥搎ue para nosotros era el que mejor y m谩s profundamente hablaba鈥 amparaba todas nuestras dificultades, incertezas e irresoluciones. Siempre estamos aprendiendo de nuevo a hablar y a escuchar, a leer y a escribir. Y una vez m谩s, es la escritura generosa de Horacio la que nos lleva m谩s all谩 de ese punto de inflexi贸n que fue su muerte, para sobrevivirlo. Una vez m谩s, eternas gracias a 茅l. Y a nuestros queridos amigos.

*Palabras le铆das en la Biblioteca Nacional el 23 de septiembre de 2021 en la presentaci贸n de La palabra encarnada. Ensayo, pol铆tica y naci贸n. Textos reunidos de Horacio Gonz谩lez (1985-2019), CLACSO, 2021. Compilaci贸n y estudio preliminar de Mar铆a Pia L贸pez y Guillermo Korn




Fuente: Lobosuelto.com