July 29, 2021
De parte de Amor Y Rabia
143 puntos de vista


Ante la amplitud de la polarizaci贸n actual, a menudo reducidas a meros conflictos entre “pro” y “anti” vacunas, es muy dif铆cil adoptar una posici贸n pol铆tica clara. Por un lado, se est谩 extendiendo una desconfianza significativa contra el certificado de vacunaci贸n y la obligaci贸n a medias de vacunarse, que lleva a miles de personas a salir a las calles a protestar por toda Francia, como ocurri贸 ayer. Por otro lado est谩 la desconfianza de una parte de la izquierda radical hacia estas movilizaciones, que la empuja a retirarse de ella, con el argumento indiscutible de que parte de la extrema derecha est谩 al frente de las movilizaciones contra la generalizaci贸n del uso de las vacunas o por el confusionismo, con tendencia negacionista, que atraviesa ciertos discursos y s铆mbolos que se promueven en las protestas, en particular las analog铆as con el Holocausto o el apartheid.

Si en estas discusiones el fondo parece m谩s azul (muy oscuro) que rojo (en referencia a los colores de derecha -azul- e izquierda -rojo-, AyR), el no intervencionismo -practicado por parte de la izquierda radical- sobre los temas fundamentales de la vigilancia masiva y todas las consecuencias inducidas por las nuevas medidas del gobierno es cuestionable. Particularmente estando a menos de un a帽o de las elecciones presidenciales y las promesas en la sombra que ya nos hacen.

La incapacidad de la izquierda revolucionaria para intervenir en cosas que escapan a su gram谩tica tradicional podr铆a sorprender, en particular despu茅s de los dos a帽os marcados por el movimiento de los Chalecos Amarillos. 驴C贸mo puede ser posible esa dificultad? En primer lugar, la ret贸rica que recorre las movilizaciones actuales, especialmente en lo relacionado con la vacuna, est谩 indudablemente orientada hacia el principio de las libertades individuales. Desde la cr铆tica marxista a la visi贸n liberal que basa la emancipaci贸n en el derecho burgu茅s y las libertades individuales, el campo revolucionario nunca se ha encontrado muy c贸modo en las luchas y las consignas que all铆 existen.

Esto es comprensible, ya que el derecho sacrosanto de emprender y maximizar los beneficios (otro nombre de “libertad de explotar”) est谩 茅ticamente justificado por esta misma concepci贸n individualista de la libertad, que hoy es la norma. Pero tambi茅n encontramos esta referencia a la libertad en los discursos conservadores, con la famosa idea de que “la seguridad es la primera de las libertades”, e incluso en un contexto francamente racista, defendiendo el supremacismo blanco en base a la “libertad de conciencia”, presentando la preservaci贸n de tradiciones y valores republicanos franceses como un derecho (y deber) nacionalista.

Es dif铆cil negar que este tipo de afectos y l贸gicas son los que imulsan a una parte de los manifestantes contra la vacunaci贸n obligatoria (impuesta mediante el certificado de vacunaci贸n): movilizados en nombre de la sacralidad de su “cuerpo individual”, considerado muy superior a los imperativos sociales de solidaridad, salud p煤blica y protecci贸n de los m谩s d茅biles. Desde este punto de vista, es dif铆cil ver qu茅 posici贸n ideol贸gica y pr谩ctica proponer, sobre todo porque, en los 煤ltimos a帽os, las cr铆ticas a las medidas destinadas a acabar con la pandemia del Coronavirus (confinamientos, mascarillas, tests, campa帽as de vacunaci贸n, etc.) ha sido desplegada de manera abrumadora por racistas reaccionarios, desde Bolsonaro hasta Trump, desde Philippot hasta Dupont-Aignan. Algunas de las posiciones contra la sanidad y especialmente contra la vacunaci贸n son de una inspiraci贸n 鈥渓ibertaria鈥 (m谩s bien libertariana, AyR) tipo Trump, si nos hacemos eco de la reciente reestructuraci贸n de la extrema derecha, a lo que se a帽ade un feroz rechazo a cualquier medida de solidaridad colectiva con el capitalismo desenfrenado y el criminal escepticismo hacia el cambio clim谩tico (el ecologismo apocal铆ptico que defienden aqu铆 los autores de este texto es una ideolog铆a apocal铆ptica, acient铆fica y favorable al capitalismo verde que desde Amor y Rabia rechazamos como hemos explicado AQU脥, AyR). No obstante, no ser铆a aconsejable reducir esta oposici贸n a meras tendencias individualistas, 鈥渃onspiracionistas鈥 o incluso proto-fascistas.

Sin hacer una analog铆a apresurada con el movimiento de los chalecos amarillos, es 煤til recordar que las movilizaciones contra el impuesto al carbono se refer铆an a l贸gicas que nada ten铆an que ver con la reivindicaci贸n de un 鈥渄erecho individual a contaminar鈥, como se ha dicho a veces. La revuelta denunci贸, entre otras cosas, las consecuencias de tal impuesto sobre los modos de socializaci贸n en la periferia urbana y las zonas rurales. As铆, tambi茅n se indic贸 el aislamiento y la relegaci贸n social que caracterizan cada vez m谩s los espacios perif茅ricos, y se negaba a apoyar que los m谩s pobres y aislados paguen el costo de la destrucci贸n del medio ambiente de la que son responsables las grandes empresas y los m谩s ricos, sin que se impida de ninguna manera. 

Sin embargo, una parte significativa de la extrema izquierda ha mantenido una posici贸n est茅ril de pureza ideol贸gica durante las primeras semanas del actual movimiento de protesta, justificando su no participaci贸n calificando invariablemente las protestas como un movimiento individualista, interclasista o abiertamente fascista. Sin embargo, es a trav茅s de la participaci贸n en el movimiento, de la intervenci贸n antifascista en las manifestaciones, as铆 como de la multiplicaci贸n de reuniones y discusiones, como la percepci贸n colectiva hacia los elementos fascistoides se ha vuelto cada vez m谩s negativa y han terminado siendo expulsados o desapareciendo. Adem谩s, la desintegraci贸n social a la que apuntaban los Chalecos Amarillos recuerda al certificado de vacunaci贸n, que efectivamente impedir谩 el acceso a los espacios de encuentro, actividades culturales y de ocio, as铆 como a los medios de circulaci贸n, adem谩s de a las urbes… Y esto, despu茅s de dos a帽os de confinamiento y repetidos toques de queda, limitaciones de asistencia a reuniones, prohibiciones de reuniones familiares y amistosas, entre otras cosas.

Pero la comparaci贸n no es correcta y est谩 claro que las movilizaciones actuales difieren de las del movimiento de los chalecos amarillos. En efecto, nos parece que este 煤ltimo, en virtud de su composici贸n, los fundamentos emp铆ricos de su enfado y sus posiciones -a veces ingenuas- apol铆ticas, nunca se habr铆a dejado liderar por partidos y grupos fascistas, ni se habr铆a dado por vencido permitiendo que se alzasen coo sus portavoces figuras pol铆ticas, oportunistas y nacionalistas como Florian Philippot o Nicolas Dupont-Aignan. Sin embargo, algo similar se repite en la posici贸n de una parte de la izquierda radical hacia las movilizaciones actuales. Antes de afirmar que estas se pierden para siempre en manos de fuerzas racistas, antisemitas y conspiracionistas, un m铆nimo rigor nos obligar铆a a realizar investigaciones en nuestras respectivas ciudades, para identificar la composici贸n social y pol铆tica real de las protestas, as铆 como las din谩micas internas que atraviesan las posiciones en contra del certificado de vacunaci贸n.

A la vista de los primeros resultados de intentos de este tipo, vemos que muchas personas que salen a la calle a denunciar la medida impuesta por Macron no tienen nada que ver, ni de cerca ni de lejos, con la extrema derecha, ni siquiera con los conservadores. Y por una buena raz贸n: las cr铆ticas a la obligaci贸n de vacunaci贸n, aplicada mediante el certificado de vacunaci贸n, no se pueden unir unilateralmente detr谩s del concepto de “conspiracionismo”. La desconfianza en la vacunaci贸n y el miedo a su uso para fines distintos de la salud p煤blica no son todos de la misma naturaleza. Ciertamente, ante estos temores, sin duda ser铆a 煤til recordar que es poco probable que una vacuna principalmente disponible para los pa铆ses ricos del Norte global y las clases medias y altas de lugar a una propagaci贸n generalizada de muerte, esterilidad o enfermedades graves, como hemos escuchado. Como sabemos, en caso de duda cient铆fica, las poblaciones preferidas de los estados occidentales y los laboratorios farmac茅uticos para hacer experimentos siguen siendo los habitantes del Sur global.
Sin embargo, sin hablar de complot, las preguntas expresadas sobre los procesos de producci贸n y comercializaci贸n de una vacuna cuya fase de prueba no ha concluido, producida en pocos meses como parte de una implacable competencia interimperialista, 驴ha de ser rechazada necesariamente en su conjunto y ser considerada como parte del campo de los ego铆stas reaccionarios de este mundo? Adem谩s, 驴no ha otorgado la Uni贸n Europea garant铆as financieras a los fabricantes de vacunas que les permitan ser compensados 鈥嬧媏n caso de que sean considerados responsables de posibles consecuencias provocadas por este procedimiento sin precedentes de producci贸n de vacunas y a la falta de perspectiva sobre los efectos secundarios a los que podr铆an dar lugar?

Por tanto, la base de las preocupaciones expresadas debe estar ligada a los precedentes que han marcado la historia reciente de la salud, en particular el caso de la sangre contaminada y el de la vacuna H1N1. Estos precedentes deber铆an servir como recordatorios, llev谩ndonos a pensar a partir de hoy en formas concretas de solidaridad en la direcci贸n de las personas que sufren efectos secundarios graves, consecuencia de cualquier despliegue masivo de una vacuna de este tipo, y para poder hacer plenamente responsables de ello a la industria farmac茅utica como demanda b谩sica del movimiento social actual.

Adem谩s, estas preocupaciones son af铆nes a la calamitosa gesti贸n y los mandatos judiciales contradictorios permanentes del gobierno de Macron durante los 煤ltimos dos a帽os. Porque este gobierno tiene una responsabilidad directa en el actual clima de desconfianza, y no cabe duda que la respuesta absurda y ultra-represiva a la que el movimiento social actual se opone acentuar谩n a煤n m谩s este fen贸meno (recordemos que el certificado de vacunaci贸n entra en vigencia a pesar de que los tiempos de espera para recibir una inyecci贸n llegan a tardar varios semanas en algunos lugares, y que las cantidades de dosis son actualmente insuficientes para vacunar a todos).

驴Por qu茅 entonces nuestro campo cede a esta tendencia absurda que unifica bajo el nombre de “conspiracionismo” las posiciones supremacistas paranoicas incluso esot茅ricas, y las simples tendencias a cuestionar la narrativa hegem贸nica de lo que est谩 ocurriendo, a veces en forma de una cr铆tica desdentada del capitalismo y de las formas contempor谩neas de control social? Una cr铆tica que a veces puede carecer de anclaje pol铆tico, pero que debemos alentar, informar o analizar en lugar de rechazarla y despreciarla. Un trabajo a realizar sobre estas contradicciones internas ser铆a imponerles demandas de emancipaci贸n e igualdad social, racial y de g茅nero, pero tambi茅n cuestionar el imperialismo y colonialismo de la salud que se desarrolla actualmente y contra el que debemos luchar activamente. En este sentido, es importante recordar la gesti贸n en las colonias francesas, a煤n m谩s basada en la mentalidad de vigilancia y autoritaria de la pandemia, a pesar de la flagrante ausencia de una s贸lida pol铆tica de salud p煤blica en estos territorios (1).

Este conjunto de preguntas nos lleva al coraz贸n de nuestro argumento: la centralidad de la polarizaci贸n social en torno a la vacuna en el debate actual es una trampa que debemos evitar.

Por un lado, son las medidas autoritarias que lo enmarcan lo que est谩 en cuesti贸n. Desde este punto de vista, si la presencia de elementos fascistas, antisemitas y confusonistas es muy real, 驴deber铆a hacer que cerremos los ojos al sistema de control generalizado que representa el certificado de vacunaci贸n? En un momento de esc谩ndalos revelados por denunciantes o espionaje ilegal de Pegasus, incluso cuando se hab铆a iniciado un gran movimiento contra la Ley de Seguridad Global y el 茅nfasis en seguridad que estaba implementando, la cr铆tica al capitalismo de vigilancia debe ser un tema que nos ocupa seriamente. Entonces, 驴por qu茅 esta cr铆tica se suspende repentinamente, o es muy t铆mida, tan pronto como entran en juego los problemas de salud? 驴La pandemia global crea de repente un eje “progresista” tan vago que la cr铆tica y la desconfianza se vuelven culpables de la traici贸n final? Y sobre todo, 驴c贸mo puede la implementaci贸n sistem谩tica de vigilancia ilegal y medidas de represi贸n policial por parte del gobierno autoritario y ultraliberal de Macron, para algunos, servir como una soluci贸n para detener la pandemia y proteger a los m谩s d茅biles?
Por otro lado, y este es quiz谩s el punto m谩s importante, debe cuestionarse la tendencia general a hacer de la vacunaci贸n la soluci贸n definitiva al problema pand茅mico. No porque esta vacuna sea peligrosa en s铆 misma, sino porque es una medida estrictamente “paliativa”, lo cual, en forma de certificado de vacunaci贸n, encaja perfectamente en el neoliberalismo autoritario contempor谩neo. No nos enga帽emos: cada vez est谩 m谩s claro que la vacuna tiene hoy un papel vital (aqu铆 el manifiesto asume la idea que da legitimidad a todo el aparato de control impuesto por los estados con la excusa del virus, olvidando que la industria farmac茅utica es incapaz de desarrollar vacunas eficaces al 100% debido a la velocidad de mutaci贸n de los virus, AyR), y que solo una campa帽a de vacunaci贸n mundial gratuita y sin obst谩culos por sus patentes parece ser capaz de poner fin a la pandemia que atravesamos. Pero como activistas revolucionarios, son sobre todo los v铆nculos causales los que nos interesan y no solo las consecuencias que generan. Esta, adem谩s, es la definici贸n misma de una posici贸n pol铆tica radical: que se remonta a las ra铆ces, a las causas de los hechos hist贸ricos. Durante los primeros confinamientos, vimos el despliegue de una posici贸n de este tipo, que se bas贸 en an谩lisis ecol贸gicos radicales sobre el desarrollo del virus o la consigna de “autodefensa de la salud” desarrollada por las Brigadas de Solidaridad Popular.
Esta posici贸n, entonces mayoritaria en la extrema izquierda, estaba atentada por las investigaciones que acusaban al capitalismo f贸sil de la destrucci贸n de los ecosistemas, induciendo as铆 al acercamiento entre los espacios de vida humano y animal. Puso en tela de juicio la privatizaci贸n neoliberal del hospital p煤blico (y los servicios p煤blicos en general) y la eliminaci贸n de camas. Esta posici贸n ha apoyado la larga huelga de los cuidadores y la denuncia de sus desastrosas condiciones laborales durante a帽os. Esta posici贸n apunt贸 a la escasez de m谩scaras, la total falta de anticipaci贸n del gobierno, su desprecio por las famosas profesiones de “primera necesidad” y, naturalmente, su oportunismo autoritario con el nuevo estado de emergencia, esta vez de salud. Esta posici贸n observ贸 de cerca todo lo que se ha reforzado, desde el despliegue policial hasta el tratamiento represivo sistem谩tico de los no blancos y los habitantes de los barrios obreros, sin olvidar las deplorables condiciones sanitarias y las dr谩sticas restricciones impuestas en c谩rceles y centros de detenci贸n administrativa.

Dado que el tema de la vacunaci贸n ha guiado las distintas posiciones tomadas, todas estas discusiones parecen haberse desvanecido. 驴Por qu茅, de repente, se est谩n escondiendo bajo la alfombra una serie de cuestiones que est谩n en el centro de nuestras luchas recientes? En primer lugar, el hecho de que esta nueva medida restrictiva tendr谩 consecuencias dram谩ticas, en t茅rminos de precariedad y control, sobre los pobres, que son los objetivos favoritos entre los menos vacunados y, en particular, los no blancos. 驴Qu茅 pasar谩 con las personas que atraviesan situaciones administrativas marginadas, especialmente aquellas que no tienen documentaci贸n francesa?

Este conjunto de preguntas puede llevar a muchas otras. Desde un punto de vista internacionalista y antiimperialista, 驴a qu茅 estamos esperando para difundir la consigna fundamental de igualdad de acceso a la vacuna y la eliminaci贸n inmediata de las patentes? En el mismo sentido, en un contexto marcado por la escasez de dosis a escala global, 驴por qu茅 aceptamos -incluso favorecemos- que se d茅 prioridad a los adolescentes y adultos j贸venes sanos en los pa铆ses occidentales sobre los ancianos o fr谩giles en India o M茅xico (por ejemplo, hablando de tercera dosis pese a que algunos pa铆ses tienen coberturas de vacunaci贸n muy bajas).

As铆, las posiciones actuales nos parecen perder una relaci贸n concreta con el capitalismo contempor谩neo, que d铆a a d铆a se ha dotado de sus vestiduras m谩s autoritarias. Adem谩s, est谩n abriendo un camino hacia la extrema derecha para que se haga con el control de las calles. Pero tambi茅n para producir y difundir un discurso de oposici贸n hegem贸nico: frente a la vigilancia masiva, frente a medidas que ignoran cada vez m谩s sistem谩ticamente cualquier m铆nima discusi贸n democr谩tica o incluso frente al uso capitalista de la tecnolog铆a digital. De manera m谩s general, permite que la recomposici贸n “libertariana” del fascismo postrumpista se erija como un campe贸n de la desconfianza en las narrativas estatales.

Nuestra inspiraci贸n debe ser alimentada por la estrategia de Act Up, que promovi贸 una pol铆tica de salud igualitaria y emancipadora, frente a los intereses privados que la obstaculizaban (este es quiz谩s el apartado m谩s lamentable de todo el comunicado: la defensa de la estrategia de Act Up exigiendo a los estados comprar a precios car铆simos una sustancia mort铆fera, el AZT, monopolizado por una sola empresa y vendido a un precio por gramo superior al oro, a pesar de que la tasa de pacientes muertos por los efectos secundarios era enorme; y olvida tambi茅n que la ola de muertes que provoc贸 el consumo de AZT provoc贸 que un sector Act Up, con San Francisco a la cabeza, diese un cambio de 180 grados a sus reivindicaciones, denunciando la pol铆tica pro-AZT de la mayor铆a de la organizaci贸n, AyR). Siempre en la lucha contra la marginaci贸n social, la posici贸n de Act Up nunca ha cedido ante las sirenas autoritarias y de seguridad. En esta l铆nea, debemos construir demandas s贸lidas y, sobre esta base, intentar intervenir. Por un mejor acceso a la vacunaci贸n, transparencia real y difusi贸n de informaci贸n, discusiones, debates y contra cualquier forma de control y vigilancia social. El calendario pol铆tico de los pr贸ximos meses nos urge a hacer esto: entre el posible regreso de la reforma previsional y un movimiento de oposici贸n, las consecuencias de las medidas de vigilancia que se perfilan hoy y, por supuesto, las elecciones presidenciales,no podemos dejar las calles y la cr铆tica pol铆tica a los fascistas y oportunistas.

NOTAS

(1) Este lunes, Macron anunci贸 la reimposici贸n del toque de queda y el estado de emergencia sanitaria en Martinica y Reuni贸n, medidas que a煤n no se han levantado en Mayotte, Guyana, Wallis-et-Futuna, en Tha茂ti y Moorea.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com