April 30, 2022
De parte de Lobo Suelto
965 puntos de vista

  A Marcelo T. de Alvear 2230, donde comenz贸 todo.

00. El pr铆ncipe, escritura y pol铆tica. Horacio Gonz谩lez mantuvo una atenci贸n vital y persistente sobre las relaciones constitutivas entre escritura y pol铆tica. Siguiendo de un modo muy personal a Antonio Gramsci, volvi贸 una y otra vez sobre la figura m铆tica del pr铆ncipe, zona s铆smica sobre la que se funda una rica tradici贸n que ha descubierto en el escritor, el personaje y el libro -Maquiavelo, el pr铆ncipe y El pr铆ncipe鈥 un yacimiento privilegiado para investigar l铆neas de movimiento comunes a la operaci贸n literaria y a la acci贸n pol铆tica. Y si Gramsci cre贸 una noci贸n operativa de 鈥渢raductibilidad鈥, Gonz谩lez extrajo de ella unas ense帽anzas originales, que funcionaron en 茅l como una concepci贸n particular y muy suya de la lectura. El sujeto de la lectura de El pr铆ncipe descubre su ser pol铆tico propio elaborando t谩cticas para la captaci贸n y constituci贸n de sentidos all铆 donde el vac铆o constitutivo del texto fuerza la presencia de un pr铆ncipe lector, convocado tambi茅n a descubrir los vac铆os de su propia coyuntura, aquella desde la cual lee y en relaci贸n a la cual el texto adquiere el valor de un instrumento de intervenci贸n. Libro y coyuntura, por tanto, en sus respectivos vac铆os, provocan o engendran un tipo de sujeto lector arrojado a una particular toma de conciencia de sus estimaciones y apuestas, tal y como el pr铆ncipe debe hacerlo para fundar un orden nuevo, estableciendo junto con la acci贸n un tipo de saber subjetivo sobre las condiciones objetivas dadas e incompletas que en el libro -tanto como en el propio tiempo hist贸rico- se nos dan como condici贸n -superficie y enigma- para nuestras diversas formas de contemplaci贸n y/o acci贸n. En lo que sigue vamos a leer dos textos de Gonz谩lez: 鈥淧ara nosotros Gramsci鈥, de 1971, y Maquiavelo y el problema de la lectura鈥, de 2019. Entre ambos textos transcurren casi cinco d茅cadas en las que pas贸 de todo.

 

  1. Traducciones malditas. El primer texto de Horacio Gonz谩lez de que tengamos noticias sobre el pr铆ncipe -鈥淧ara nosotros Gramsci鈥-, trata sobre la 鈥渢raductibilidad鈥 de las cuestiones estrat茅gicas planteadas por el comunista italiano referidas a la conquista revolucionaria del poder pol铆tico: 驴c贸mo leer la reflexi贸n gramsciana sobre la hegemon铆a -escrita en las prisiones de Mussolini-, desde el lugar espec铆fico desde el cual actuaba la izquierda peronista de inicios de los a帽os setentas? 驴C贸mo apropiarse desde el peronismo militante de esos textos que hablan de la voluntad nacional-popular, y que circulaban hac铆a a帽os en el pa铆s, editados por intelectuales ligados, cercanos o desprendidos del partido comunista argentino, con quienes se manten铆a una querella, precisamente, sobre la centralidad de dicha voluntad? 鈥淧ara nosotros Gramsci鈥 es el pr贸logo a El pr铆ncipe moderno y la voluntad nacional-popular, una reproducci贸n de la primera parte de la edici贸n italiana de las Notas sobre Maquiavelo, sobre la pol铆tica y sobre el estado moderno (Ediciones Puentealsina, Bs-As, 1971). En la tapa se ve a una decena de trabajadores api帽ados, con banderas argentinas. El pr贸logo del jovenc铆simo Gonz谩lez, de diecinueve p谩ginas, es un ejercicio de traductibilidad -de importaci贸n cr铆tica y pol茅mica- que busca enfatizar, a prop贸sito de Gramsci, el momento cognitivo de la pr谩ctica revolucionaria, no tanto como una teor铆a de los intelectuales a cargo de la creaci贸n -ling眉铆stica y categorial, pedag贸gica y m铆tica- de un pueblo nuevo, sino m谩s bien como organizadores de la cultura, instancia fundamental en la experiencia en la que grupos y clases saltan por sobre su conciencia inmediata corporativa para alcanzar un nuevo z贸calo cualitativamente diferente, activo y universal, por medio de una nueva conciencia nacional. El 鈥渁contecimiento nacional-popular鈥, registrado en Los cuadernos de la c谩rcel, supone un tipo de subjetivaci贸n revolucionaria constituida en un doble pasaje simult谩neo que va del pasado nacional al presente insurreccional, a la vez que, de lo obrero restringido a la posici贸n econ贸mica hacia una nueva figura de lo obrero pol铆tico capaz de producir hegemon铆a sobre los grupos y las clases de la naci贸n, en una guerra de posiciones anticapitalista. Son las cuestiones que se planteaba Lenin, pero pasadas por Maquiavelo y su m铆tica apelaci贸n a la unidad revolucionaria de Italia: el Partido Comunista Italiano como 鈥減r铆ncipe nuevo鈥 daba lugar a un intelectual colectivo o 鈥減r铆ncipe moderno鈥 a cargo de la creaci贸n de un nuevo Estado, mediante la educaci贸n pol铆tica de un pueblo-naci贸n. Si Gonz谩lez se interesa por esta doble traducci贸n gramsciana que sit煤a a Lenin en Italia -traducci贸n oriente/occidente-, y hace de Maquiavelo un bolchevique -traducci贸n pasado/presente-, lo hace a t铆tulo preparatorio de su propia traducci贸n, que va de la Italia al 鈥渢ercer mundo鈥 -norte/sur-, y del comunismo al peronismo. Si ense帽a al Gramsci traductor, es para proponer su propia modificaci贸n a la pr谩ctica del traducir: gramsciana en sus procedimientos, peronista en sus efectos. 鈥淭raducciones malditas鈥, entonces: porque el intelectual argentino, que debe asumir problemas distintos a los de Gramsci, s贸lo puede ser gramsciano a fuerza de no serlo del todo, o de no serlo de manera directa. Si los autodenominados gramscianos argentinos toman a Gramsci como una modificaci贸n te贸rica del corpus marxista para preguntarse por su propia posici贸n -en tanto detentadores de esa reflexi贸n te贸rica- respecto al movimiento nacional-popular del que se sienten ajenos o lejanos, la izquierda peronista se concibe en inmediata relaci贸n de interioridad con el pueblo y no acepa depender de una teor铆a separada de aquella experiencia. Maldita, tambi茅n, porque la traducci贸n gonzaliana no desea ser absorbida tampoco por la figura del cientista social acad茅mico, entregado a una relaci贸n de especializaci贸n anal铆tica con el saber, desimplicada pol铆ticamente. De all铆 la positiva menci贸n a la 鈥渋nvestigaci贸n social como arma pol铆tica鈥, del soci贸logo norteamericano Charles Wright Mills, m谩s pr贸xima de la investigaci贸n militante que de la gesti贸n de la teor铆a, que por aquellos a帽os realiza Juan Carlos Portantiero[1]. En definitiva, las direcciones principales de las traducciones malditas apuntar谩n al cambio de acentuaci贸n que Gramsci hace de las cuestiones leninistas de la naci贸n -el pasaje de la 鈥渃uesti贸n nacional鈥 a lo nacional como n煤cleo mismo de 鈥渦na l铆nea central de acci贸n鈥-, y de la t谩ctica pol铆tica, retomada con un nuevo 茅nfasis en sus dimensiones cognitivas. Ambas modificaciones -la de lo nacional y la de lo cognitivo- le interesan a Gonz谩lez como momentos propios de aquello que Gramsci llam贸 catarsis -t茅rmino procedente de la tragedia griega que el autor de los Cuadernos de la c谩rcel indica como momento del pasaje de lo 鈥渕eramente econ贸mico (o ego铆sta-pasional) al momento 茅tico-pol铆tico鈥-, n煤cleo o estructura dram谩tica de la acci贸n pol铆tica que organiza la lectura gramsciana de Gonz谩lez. La catarsis gramsciana es el salto o transici贸n que lleva consigo el paso de lo objetivo a lo subjetivo que es tambi茅n el que va de la inercia pasiva a la creaci贸n de iniciativas. En palabras de Gramsci: 鈥渓a fijaci贸n del momento 麓cat谩rtico麓 deviene as铆, me parece, el punto de partida de toda la filosof铆a de la praxis; el proceso cat谩rtico coincide con la cadena de s铆ntesis que resulta del desarrollo dial茅ctico鈥[2]. Son estas modificaciones/traducciones de las cuestiones leninistas las que adquieren un nuevo sentido en las nociones gramscianas de hegemon铆a y catarsis. Nociones que a su vez deben ser salvadas de la apropiaci贸n esterilizante que hizo de ellas el propio Partido Comunista Italiano: Palmiro Togliatti, su secretario general, interpreta la reflexi贸n gramsciana sobre el neocapitalismo en funci贸n de su propia t谩ctica de 鈥渁lpinismo reformista鈥 y de Frente Popular (sin贸nimo de alianzas en las que las fuerzas revolucionarias quedan subordinadas), neutralizando la carga revolucionaria y comunista del evento nacional popular. Traducir a Gramsci supone, por tanto, para Gonz谩lez, retener el elemento revolucionario por medio de un sinn煤mero de precauciones, incluida la de reprender al propio Gramsci por lo que Gonz谩lez considera son sus errores de apreciaci贸n hist贸rica. Es lo que sucede, por caso, con el rechazo del italiano al 鈥渁rditismo鈥, o formaciones armadas, t谩ctica que Gramsci consideraba -鈥渋ncorrectamente鈥- un m茅todo de las clases dominantes, porque ignoraba completamente la 鈥渆xperiencia pol铆tico-militar de las revoluciones en el Tercer Mundo鈥. Y as铆 como Marx se preguntaba qui茅n educa al educador, en Gonz谩lez se intenta una respuesta a la pregunta sobre qu茅 o qui茅n autoriza al traductor -puesto que los modos de traducir a Gramsci entran en conflicto entre s铆-, siendo autorizada aquella traducci贸n que puede activar sus ense帽anzas sobre un suelo nacional otro[3]. De all铆 el juego de palabras completo que da lugar al t铆tulo del pr贸logo que venimos analizando: 鈥減ara nosotros, peronistas, Gramsci鈥. Donde la palabra 鈥減eronistas鈥 debe ser escuchada en todo su espesor, porque es en esa escucha que las ideas de Gramsci podr铆an actuar como 鈥減royecto, anticipaci贸n y germen鈥 (cosa que no ocurre con 鈥渘uestros izquierdistas鈥, autopercibidos como 鈥済ermen en contra del movimiento nacional鈥). Si hay una izquierda nacional y popular capaz de recibir los saberes nacional populares revolucionarios, esa es la izquierda peronista desde la que escribe Gonz谩lez, autoconcebida como 鈥済ermen鈥 de un nuevo Estado. Por lo que el campo queda dividido entre quienes tradujeron a Gramsci 鈥渃orrectamente鈥, aunque tomados por la problem谩tica artificiosa del 鈥渄esencuentro de los intelectuales con el pueblo鈥, empleando el lenguaje del italiano al modo de un 鈥済rosero mimetismo sociol贸gico鈥, y quienes -como Gonz谩lez- sometieron a Gramsci al arte de la traducci贸n maldita, en la que la conexi贸n entre las palabras debe atravesar la prueba de los nombres que le interesan al peronismo -tales como 鈥渕ovimiento nacional, l铆der nacional, descolonizaci贸n, violencia popular鈥-, que Gramsci por razones obvias ignoraba por completo. Se trataba, entonces, de ser gramscianos en la teor铆a, pero sin el pueblo, o bien de hacer de Gramsci un insumo para unos militantes que ya ten铆an un pueblo y un l铆der que, por su vez, ya pose铆a un l茅xico pol铆tico propio muy distinto al de Gramsci (cuesti贸n de la compatibilidad entre Per贸n y la izquierda que Le贸n Rozitchner hab铆a se帽alado en su entonces ya c茅lebre 鈥淟a izquierda sin sujeto鈥). 鈥淧ara nosotros, peronistas鈥 -escribe Gonz谩lez-, Gramsci est谩 presente entonces muy de otra manera: 鈥減or medio de una comunidad tem谩tica en acci贸n. En Cooke, por ejemplo鈥. Cooke como ejemplo de traductor, una suerte de Gramsci local, autor de la expresi贸n 鈥渉echo maldito鈥, art铆fice de una comprensi贸n argentina del acontecimiento nacional-popular sin eludir los antagonismos sociales efectivos, estableciendo, habilitando las coordenadas locales de una s铆ntesis nacional de las luchas obreras. S贸lo a trav茅s de Cooke se torna visible un Gramsci traducido al idioma de los argentinos. Cooke es un Gramsci 鈥渜ue nos permite ser gramscianos鈥, incluyendo en esa primera persona del plural a 鈥渘uestro Viejo General en Batalla鈥 que seg煤n aqu茅l joven militante Gonz谩lez, percibe la inteligencia del encarcelado comunista italiano, su conmovedora voluntad de hacer la revoluci贸n.
  1. Espacio vac铆o de la lectura pol铆tica. En el a帽o 2015 Gonz谩lez public贸 sus 鈥淐omentarios a los cap铆tulos de El pr铆ncipe鈥, un extenso posfacio a la edici贸n del cl谩sico de Maquiavelo editado ese mismo a帽o por la editorial Coliuhe. Unos pocos a帽os m谩s tarde Gonz谩lez entreg贸 una versi贸n reescrita de aquel texto extenso bajo el t铆tuloMaquiavelo y el problema de la lectura鈥, texto que fue publicado en el n煤mero 13 de la revista chilena Papel M谩quina (a cargo de Mar铆a P铆a L贸pez), en diciembre de 2019. En lo que sigue vamos a seguir de cerca este 煤ltimo texto, con algunos desv铆os intermedios. Tal y como advierte desde el t铆tulo, la cuesti贸n que se plantea Gonz谩lez -casi cinco d茅cadas despu茅s de 鈥淧ara nosotros Gramsci鈥-, es la de la naturaleza de la practica de la lectura. La dedicatoria del art铆culo -鈥渁l que lea estas l铆neas鈥- nos constituye en destinatarios del texto, al mismo tiempo que ya desde su comienzo se inscribe en una serie hist贸rica -o escena intemporal- formada por quinientos a帽os de comentarios de El pr铆ncipe. En este escrito se retoma el problema de la relaci贸n entre acci贸n y conocimiento tal y como se desplaza entre los v茅rtices del tri谩ngulo formado por el escritor -el propio Maquiavelo-, el personaje -el pr铆ncipe nuevo-, y el libro. Esta condensaci贸n de m煤ltiples direcciones lleva a considerar lo pol铆tico en dimensiones diferentes, como un sistema abierto de correlaciones entre el c谩lculo pasional, la evaluaci贸n de valores morales, la estimaci贸n del teatro de apariencias y simulaciones, la atenci贸n a los cambios de circunstancias y las consideraciones sobre las diversas formas de gobierno. Y si en tal consideraci贸n de lo pol铆tico, vibra una cuerda de republicanismo popular, ella no surge s贸lo de las citas de la rep煤blica romana o florentina, sino tambi茅n del propio funcionamiento del libro como artefacto, portador de una fisura que s贸lo puede ser colmada por medio del juicio de un lector capaz de poner en pr谩ctica todas las operaciones de las que es susceptible la materia misma de lo pol铆tico. De ah铆 que Gonz谩lez nos recuerde que Gramsci se refer铆a a El Pr铆ncipe como un 鈥渓ibro vivo鈥. Una extraordinaria foto de Ximena Talento, ubicada en las primeras p谩ginas de la revista Papel M谩quina en la que se publica el texto, pareciera ilustrar esta relaci贸n con el vac铆o que Gonz谩lez detecta como mecanismo fundamental que afecta por igual a la conciencia del escritor, a la de su personaje, y a la estructura del artificio. Esa fotograf铆a nos enfrenta al espacio de escritura de Gonz谩lez, una disposici贸n de objetos que reposan en torno a su mesa de trabajo, en ausencia del flujo vivo de la escritura. Ese escritorio desbordado de libros, un mate y un termo, una pantalla, un teclado y una impresora, bajo unos cuadros o fotos -no se distingue- en la pared y m谩s ac谩 una silla con rueditas. Y sobre el respaldo de la silla, un abrigo. Impregnados de esa foto lo leemos: 鈥渢odo lector crea un tiempo propio o produce una cierta abolici贸n de la historicidad m谩s palpable鈥, 隆abstracci贸n que en el caso del lector de El pr铆ncipe supone desatender la infinidad de acontecimientos y transformaciones ocurridas durante medio milenio! S贸lo saltando los siglos que nos separan de 茅l es posible encontrar en Maquiavelo al 鈥渟iempre contempor谩neo mito del pr铆ncipe鈥, al que Gramsci recurr铆a en medio del gran entusiasmo bolchevique. Pero Gonz谩lez imagina otra forma de considerar El pr铆ncipe como 鈥渓ibro vivo鈥. Lo imagina ensamblado a un dispositivo de registro, como la caja negra de un avi贸n, capaz de informarnos sobre las sucesivas capas de sentido y operaciones de lectura de que ha sido objeto -de Shakespeare a Napole贸n y de Spinoza a Mussolini-, una suerte de libro perfecto, capaz de ense帽arnos c贸mo funcion贸, en cada uno de estos grandes lectores, la reorganizaci贸n de frases y p谩rrafos, en funci贸n de las diversas percepciones sobre las fuerzas que configuraban sus respectivas coyunturas. La escena intemporal da curso a la hist贸rica precisa, cada lectura a una pol铆tica, siguiendo el curso inesperado en que se presentan las circunstancias hist贸ricas, solicitando al lector su mejor disposici贸n para afrontar con 铆mpetu o prudencia lo desconocido -los rostros de la virt煤鈥 el designio divino 鈥fortuna-, buscando en El pr铆ncipe la inspiraci贸n para una acci贸n espec铆fica. Es el lector asumiendo la posici贸n del pr铆ncipe, realizando la doble experiencia de descubrir su propia autonom铆a de lectura respecto del contexto de Maquiavelo -la eterna e imponente 鈥渞areza鈥 de sus argumentos-, pero tambi茅n de la inmersi贸n en un presente hist贸rico como un enigma que hace de lo pol铆tico un desaf铆o de conocimiento y de transformaci贸n referida a lo inesperado, a lo no elegido, y a lo adverso. El pr铆ncipe reclama un lector capaz de actuar como pr铆ncipe de la lectura, capaz de sobreponerse a las dificultades de la lectura seg煤n el modelo de la imposici贸n de la virt煤 sobre la fortuna. Es el tipo de lectura que Gonz谩lez ve funcionando en Louis Althusser y su lectura sintom谩tica, dirigida a interpretar la astucia del pr铆ncipe que introduce un vac铆o entre el sujeto y sus pasiones, fundando el juego de las simulaciones y las apariencias. Y la de Quentin Skinner, para quien la virt煤 en Maquiavelo es la actitud moral con que intentamos corresponder -y esta correspondencia ser铆a la fortuna misma- a cada solicitud particular que nos reclama cada mudanza de 鈥渓os tiempos鈥. El pr铆ncipe -pol铆tico y/o lector- es alguien atento a las variaciones de los tiempos, abocado en cuanto puede a instituir, por decisi贸n propia, una 鈥渟oberan铆a en acto鈥, una definici贸n de lo actual que es tambi茅n una hip贸tesis riesgosa sobre c贸mo tornar favorable las posibilidades nunca del todo anticipables de las coyunturas. Interesa, entonces, el escritor Maquiavelo, pero interesa tambi茅n lo que Claude Lefort llam贸 鈥渆l trabajo de la obra鈥, es decir, los enlaces producidos 鈥渆ntre la obra original y esas capas diferenciales que produjeron siglos de interpretaciones鈥, que hicieron de los lectores de El pr铆ncipe otros tantos pr铆ncipes de la lectura.

 

  1. Pol铆tica y tragedia. Antes de seguir con la lectura de Gonz谩lez, un comentario sobre la lectura de El Pr铆ncipe que hace Eduardo Rinesi en Pol铆tica y tragedia, Hamlet, entre Maquiavelo y Hobbes (2011), que en m谩s de un sentido act煤a en 铆ntima conversaci贸n con la meditaci贸n gonzaliana. Rinesi parte de dos enunciados que definen a partir de una relaci贸n de interioridad lo pol铆tico como modelo 煤ltimo de la acci贸n humana. Seg煤n el primero, hay que entender por 鈥減ol铆tica鈥 una realidad esencialmente ambivalente, afectada por una tensi贸n irreductible entre dos principios: el del 鈥減oder鈥 -como conjunto de operaciones institucionales que unifican lo plural en un cierto orden- y el del 鈥渃onflicto鈥 -la serie de las pr谩cticas que cuestionan ese orden, provocando divisiones. Lo pol铆tico, dice Rinesi, es tanto el principio que articula la divisi贸n en un nuevo orden como la inevitable divisi贸n conflictiva que ning煤n poder logra conjurar definitivamente. Orden y revoluci贸n son las dos met谩foras constitutivas e inconciliables de lo pol铆tico. Hay aqu铆 una primera aproximaci贸n a la relaci贸n entre pol铆tica -orden y conflicto- y tragedia -forma o g茅nero del pensamiento sobre las ambivalencias y lo irresuelto en el orden de las cosas-, sumamente 煤til para pensar lo pol铆tico. Lo que esta primera presentaci贸n de la tragedia permite pensar es la acci贸n como elecci贸n entre al menos dos principios incompatibles entre s铆 que operan sobre la situaci贸n. Pr铆ncipe es entonces aquel que se decide a actuar en una situaci贸n esencialmente irresoluble, y cuya decisi贸n no descansa jam谩s en un saber completo sobre sus circunstancias, raz贸n por la cual la pol铆tica como modelo 煤ltimo de la acci贸n estar谩 siempre m谩s all谩 de la conversaci贸n y el consejo, el pacto o el contrato. El segundo enunciado ya no refiere a la pr谩ctica pol铆tica, sino a los modos del pensar: lo discursos, los textos cl谩sicos de la ciencia pol铆tica. Seg煤n Rinesi, la grandeza de la tradici贸n filos贸fica occidental no consiste en la coherencia con la que ha sistematizado su indiscutible deseo de orden, sino m谩s bien en haber sido capaz de atreverse a pensar -contra su propio deseo- 鈥渦n componente de tragedia del que no se puede deshacer鈥. La nobleza de la l铆nea antidemon铆aca, que va de Plat贸n a Hobbes, radica en sus extraordinarias percepciones sobre aquello que pretend铆a conjurar: la divisi贸n, el conflicto, la anarqu铆a, la guerra civil, la revuelta y la revoluci贸n, reconociendo en el s铆ntoma el poder de aquello que quer铆a evitar. Un repaso r谩pido por ambos enunciados, el tr谩gico y el sintom谩tico, nos deja ante la cuesti贸n de c贸mo se piensa a s铆 misma la revoluci贸n. Porque, si hemos entendido bien, la tragedia concierne -al menos en esta primera presentaci贸n- a lo irresoluble al nivel de la situaci贸n, antes que a la conciencia del sujeto que debe actuar en ella. Es la situaci贸n la que carece de asimetr铆as orientadoras, volviendo hiper-subjetiva la elecci贸n. Lo paradojal, entonces, es que sean las conciencias reaccionarias las que con mayor lucidez comprendan aquello que en la situaci贸n permanece irreductible al orden, sin que quepa teorizar la naturaleza positiva del conflicto en tanto portador de asimetr铆as que preanuncian el orden nuevo. Cuesti贸n que Rinesi advierte con toda claridad al estudiar la doble presencia de lo tr谩gico -en la acci贸n y en los valores- en El pr铆ncipe de Maquiavelo. 鈥淟a originalidad de Maquiavelo鈥 -t铆tulo de un formidable estudio de Isaiah Berlin que Rinesi sigue de cerca-, consiste en haber formulado un tipo de conocimiento sobre las disyunciones que comunica un cierto 鈥 y quiz谩s fr谩gil- motivo para la elecci贸n. Desde el punto de vista de la acci贸n, la disyunci贸n (tr谩gica) afecta a la situaci贸n (siempre a la situaci贸n, y no al sujeto, como ocurrir谩 m谩s adelante con el pr铆ncipe Hamlet) seg煤n las c茅lebres ruedas opuestas de la fortuna y la virt煤. Rinesi estudia en detalle la argumentaci贸n pendular de Maquiavelo sobre este punto, mostrando como se pasa de un polo al otro (en los extremos cada polo se cree capaz de subordinar al otro: la virt煤 sue帽a con el control de la contingencia, la 鈥渇ortuna鈥 tiende a imponerse como 鈥渆structura鈥 de la que el sujeto ser铆a apenas una 鈥渄erivada鈥) concluyendo en la inexistencia de un 鈥渕odelo mon铆stico鈥 en cuanto a la acci贸n pol铆tica. No hay un principio organizador, sino dos principios no coincidentes. Voluntad racional y rebelde realidad se presentan como perspectivas alternas, y no hay -desde un punto de vista neutral o exterior- criterio alguno desde el que seleccionar un tipo de acci贸n en particular. Todo lo que cabe decir es que la acci贸n depender谩 del tipo de coyuntura, y del modo en que sea le铆da por el pr铆ncipe. Pero desde la perspectiva del pr铆ncipe mismo -perspectiva que interesa a Maquiavelo-, se trata elegir, de recurrir a los medios disponibles, de torcer los datos de la coyuntura para convocar a la fortuna, asunto que concierne al modo en que el propio Maquiavelo asume la tragedia de los valores y que nos permite responder la pregunta que se hace Berlin sobre la originalidad de Maquiavelo. De hecho -se pregunta Berlin- no es f谩cil entender en que radica la inquietud que despierta El pr铆ncipe en sus lectores, sobre todo cuando advertimos que el texto es 鈥渃laro鈥, 鈥渃onciso鈥 y 鈥渟incero鈥. La fascinante 鈥渓ibertad de pensamiento鈥 de Maquiavelo redunda en una escritura desprovista de moralismo, cristianismo, idealismo y esencialismo: 鈥渆l m茅todo y el tono son emp铆ricos鈥, sin apelar a garant铆as metaf铆sicas. La 煤nica libertad en Maquiavelo, seg煤n Berlin, es la de crear formas pol铆ticas libertarias contra 鈥渆l gobierno desp贸tico arbitrario鈥: Maquiavelo es un republicano. Y no, como han interpretado muchos, un t茅cnico antimoralista. La originalidad de Maquiavelo no es, por tanto -como se ha cre铆do y ense帽ado- la autonomizaci贸n de la pol铆tica de la moral o de la religi贸n, sino el tipo de elecci贸n que hizo entre dos sistemas de valores morales y religiosos incompatibles entre s铆. Entre la religi贸n cristiana -fundante de los valores morales occidentales- y la pagana -base de una moral romana, republicana- elige con toda naturalidad la segunda. En palabras de Leo Strauss: 鈥渄escribir al pensador Maquiavelo como un patriota mueve a error. Es un patriota de un tipo particular: est谩 m谩s preocupado por la salvaci贸n de la patria que por la salvaci贸n de su alma鈥. El error, para Strauss, es oponer y luego elegir entre patria y alma, dos principios que deber铆an ir juntos. Salvo que para Maquiavelo -para Berlin y Rinesi- la experiencia demuestra que la moral que busca la salvaci贸n del alma -cristianismo- es un individualismo que paraliza la decisi贸n pol铆tica, mientras que en nombre de la patria -moral romana, republicana-, resulta posible educar a gobernantes y ciudadanos en valores tales como: 鈥渆l coraje, el vigor, la fortaleza ante la adversidad, el logro p煤blico, el orden, la disciplina, la felicidad, la justicia鈥 y el equilibrio entre pretensiones y el consiguiente conocimiento adecuado para asegurarlas. El conflicto entre dos sistemas de valores incompatibles no produce en Maquiavelo una incapacidad de elegir, menos a煤n lo coloca del lado de un rechazo de la moral. Maquiavelo se sit煤a de modo firme y natural en una 茅tica pol铆tica que se ocupa de la salud de la rep煤blica. De all铆 la cita de Berlin: 鈥渁maba a su ciudad nativa m谩s que a su propia alma鈥. Maquiavelo no era diab贸lico, sino un libre pensador que expuso las ventajas de una moral que era social -m谩s adecuada al conocimiento de la pol铆tica, que versa sobre los afectos humanos-, por sobre una individual (identificada a la impotencia pol铆tica). Y al hacerlo as铆, Maquiavelo propon铆a un modelo de conocimiento cuyos materiales -las pasiones humanas- no son informes e inerciales, sino pl谩sticos, vivaces, cambiantes. La pol铆tica como saber, as铆 como la 茅tica con la que se act煤a en ella, reconoce reglas, las considera, se deja guiar por ellas. Lo que no se le perdona a Maquiavelo, dice Berlin, no es haber descrito realistamente el conflicto pol铆tico -cosa que se hace desde siempre-, sino el haber develado el punto de falla de las bases mismas en las que pretende sostenerse la filosof铆a dominante del Occidente: la inexistencia de una 鈥渃ompatibilidad 煤ltima de todos los valores genuinos鈥. Si hay una novedad en la pol铆tica de Maquiavelo, concluye Rinesi, es 鈥渓a comprensi贸n te贸rica de que la acci贸n (o inacci贸n) de los hombres se desarrolla siempre en un vac铆o de determinaciones y de garant铆as鈥.

4. Estrategias de lectura. Volviendo al texto que estamos leyendo, 鈥淢aquiavelo y el problema de la lectura鈥, y a la tesis seg煤n la cual act煤a en El pr铆ncipe una cierta fisura productiva, tesis que en Rinesi lleva a una reflexi贸n sobre indeterminaci贸n constitutiva de lo pol铆tico, y que Gonz谩lez seguir谩 pensando como un vac铆o que recorre la serie de las palabras, impidiendo estabilizar los argumentos, pero tambi茅n la de las pasiones, planteando una apasionante pregunta sobre si son estas series inestables las que expresan o bien determinan lo cambiante de las circunstancias y explicando, en 煤ltima instancia, la naturaleza misma del cambio que Maquiavelo atribuye al tiempo hist贸rico. Este vac铆o es un componente 铆ntimo de la conciencia del pr铆ncipe, una condici贸n de posibilidad para la apertura de cursos de acci贸n, y en el texto una incompletud que convoca al lector a hacerse cargo de la obra. Por eso el pr铆ncipe moderno no existe sin su correlato, el lector moderno, que comparte una l铆nea de horizonte liberada de finalismos, y por tanto sumido en una estimaci贸n continua de s铆 mismo como lugar de verificaci贸n de un saber de lo colectivo. Gramsci ejemplo m谩s eminente. Por que en su practica de lectura modifica el texto que lee (haciendo de el pr铆ncipe una representaci贸n m铆tica de una figura colectiva), porque leer es para 茅l una operaci贸n de traductibilidad, porque en sus notas y fragmentos crea la hegemon铆a primero como experiencia de la lectura antes que como estrategia pol铆tica y porque al escribir bajo censura toma una serie de recaudos m煤ltiples que suponen un tipo de lector avispado sobre los disfraces de la lengua. Y, sin embargo, no es Gramsci sino Leo Strauss el invocado ahora por Gonz谩lez, interesado por su investigaci贸n sobre los modos de leer entre l铆neas, quiz谩s m谩s que como int茅rprete de Maquiavelo. Para el erudito conservador Strauss leer filosof铆a es distinguir dimensiones, puesto que no hay autor de peso que no se haya visto obligado a ocultar por obligaci贸n o prudencia su verdadera ense帽anza en un nivel esot茅rico, escondiendo aquello que ser铆a disruptivo para la moral p煤blica bajo una capa exot茅rica e inofensiva, que camufla y permite poner en circulaci贸n una escritura privada enmascarada, que s贸lo podr谩n descifrar aquellos h谩biles lectores capaces de percibir lo que en la escritura se hurta al censor. En su art铆culo 鈥淟a persecuci贸n pol铆tica y el arte de escribir鈥, Strauss reflexiona sobre esta prudencia propia del escritor que 鈥渟ostiene opiniones heterodoxas鈥 y sobre la 鈥減eculiar t茅cnica de escritura鈥 que cifra su sentido dirigi茅ndose a lectores 鈥渟uficientemente confiables e inteligentes鈥 como para jugar el juego de la m谩xima astucia, que tienen en mente el 鈥渆ntendimiento y cautela鈥[4]. Si Maquiavelo es interpretado por Strauss como un maestro del mal, es precisamente por la falta de toda prudencia en la enunciaci贸n de una pol铆tica puesta mas all谩 de la moral. Porque aquello que en Maquiavelo es amor a la verdad -a la concepci贸n moderna de una verdad sin dios-, en sus lectores no sabios -entre quienes se encuentran los pr铆ncipes realmente existentes- ser铆a justificaci贸n de la tiran铆a. 驴Cabr铆a entonces situar el vac铆o en esa c谩mara privada que se esconde en cada enunciado, al que s贸lo ingresa el interprete especializado, munido de una t茅cnica de los indicios que le permite eludir lo dicho como apariencia en el texto para acceder al sentido pleno como lo dicho entrel铆neas? Salvo que el propio interprete -como advierte Lefort- puede perderse en el camino. Gonz谩lez percibe el juego maquiaveliano del vac铆o menos como el presentimiento de un fondo esot茅rico yaciente y m谩s como producci贸n subjetiva en la dificultad de las lecturas. Le atrae la f贸mula de Lefort sobre el 鈥渢rabajo de conocimiento鈥, que busca comprender el car谩cter hist贸rico de esa producci贸n subjetiva. La labor del conocimiento que Lefort propone para leer a Maquiavelo consiste en clarificar la propia experiencia con relaci贸n a la pol铆tica y la conducta humana -dado que el maquiavelismo es 鈥溍璶dice de una representaci贸n colectiva鈥- pero tambi茅n -y sobre todo-, en trazar un v铆nculo singular con la verdad que se pretende hallar en la obra de Maquiavelo. Un lector tal es Spinoza, quien -seg煤n Lefort- no deja de creer 鈥渃omo lo har谩 Rousseau, que en Maquiavelo hay un doble lenguaje鈥, uno que simula servir a los pr铆ncipes y otro -particularmente compatible con la propia pol铆tica spinoziana- que hace conocer al pueblo 鈥渓a disposici贸n natural de los modos de la potencia, en la cual se manifiesta la divisi贸n de dominantes y dominados, y que la p茅rdida de potencia que acompa帽a a la instalaci贸n de un particular en el lugar de la soberan铆a鈥.

  1. Glosa. Rastrear mas a fondo las ramificaciones de las traducciones malditas gonzalianas implicar铆a por lo menos cotejar estas reflexiones principescas con sus lecturas de Per贸n -sobre todo en su Per贸n, reflejos de una vida. Sobre este libro ha escrito un art铆culo Eduardo Rinesi -鈥淧er贸n y el peronismo en la obra de Horacio Gonz谩lez鈥 (compilado en el mismo n煤mero de la Revista Papel M谩quina en el que se public贸 el texto de Gonz谩lez sobre Maquiavelo que venimos comentado). Rinesi afirma all铆 que si algo condena Gonz谩lez en Per贸n es 鈥渟u incapacidad para poner fin al juego desesperante de inversi贸n del significado鈥 que llevaba el arte de la conducci贸n al vac铆o o la demencia y a la 鈥渇uria porque hubiera historia鈥, porque de no haberla, nada ni nadie limitar铆a el juego del conductor de frases. Per贸n, escribe Rinesi, se enfurece contra la materia f谩ctica de una historia que se resiste a la ret贸rica. Y quiz谩s sean estos t茅rminos -鈥渕ateria f谩ctica鈥, 鈥渞et贸rica鈥 y 鈥渇uria鈥- los que querr铆an ser reorganizados por casi todos los nombres citados hasta aqu铆 -de Cooke a Portantiero, de Aric贸 a Rozitchner y habr铆a que agregar tambi茅n, porque para Gonz谩lez era importante, a Ernesto Laclau- imaginando modos de constituci贸n pol铆tica capaces de emanciparse este modo de condensaci贸n m铆tica del l铆der, y en lo que en ella hay de 鈥渟ed de absoluto鈥 (expresi贸n que Gonz谩lez resalta de su lectura del libro de Jos茅 Aric贸, La cola del diablo: esa 鈥渟ed de absoluto鈥 que serv铆a a Aric贸 para criticar a Guevara, pero tambi茅n a Rodolfo Mondolfo, para identificar negativamente un n煤cleo decisionista en el pr铆ncipe gramsciano). Podr铆a pensarse, siguiendo la 煤ltima cita de Lefort sobre Spinoza lector de Maquiavelo, que son precisamente los lectores spinozistas de El pr铆ncipe quienes habr铆an intentado diluir esta 鈥渟ed de absoluto鈥 (entendiendo por ella el peso del elemento teol贸gico presente en su teor铆a de la soberan铆a) en la teor铆a pol铆tica, pero Gonz谩lez no los toma demasiado en cuenta en el texto que comentamos. Ser铆a el caso de Gabriel Albiac que, a partir de la enumeraci贸n de ciertos datos o episodios biogr谩ficos del canciller republicano perseguido, intenta una comprensi贸n propiamente spinoziana de la dial茅ctica entre virt煤 y fortuna, la que redunda en la incompatibilidad entre rep煤blica popular maquiaveliana y el poder privado de los Grandes. Brevemente: Maquiavelo actu贸 como 鈥渞esponsable de las fuerzas militares de Florencia鈥, 鈥渇uncionario del cuerpo diplom谩tico鈥 y 鈥渄efensor de la hip贸tesis republicana de gobierno鈥, hasta ser encarcelado y torturado en 1513 鈥渂ajo acusaci贸n de haber participado en una conspiraci贸n antim茅dicea鈥. Desde una lectura spinoziana, Albiac presenta al maquiavelismo como una 鈥渃rucial ruptura鈥, entre la pol铆tica y el voluntarismo teleol贸gico. Ese 鈥渓impio corte鈥 permite concebir lo pol铆tico como determinaci贸n de redes causales que act煤an sobre el tiempo y sus ritmos, delimitando situaciones hist贸ricas precisas e identificando m谩rgenes de intervenci贸n para introducir la fuerza (virt煤) en 鈥渓a cadena determinativa de la fortuna鈥, todo lo cual supone espejar de modo sostenido las ilusiones, permanencias en las que cristaliza lo teol贸gico-pol铆tico. Respecto de la militancia republicana -y muy cerca de algunos fragmentos de Lefort- el republicanismo maquiaveliano consiste, seg煤n Albiac, en afirmar que 鈥減ara que un estado pueda imponer su potencia, pueda hacer que la potencia de lo p煤blico se imponga sobre la de lo privado, es necesario que los privados renuncien al ejercicio del presente en funci贸n de las consecuencias que un futuro imprevisible, un futuro precario, que les haga temer o les haga esperar鈥. Por su parte, Toni Negri -tanto en El poder constituyente, como en su introducci贸n al Maquiavelo y nosotros, de Althusser- sigue de cerca la relaci贸n entre mutaci贸n y rep煤blica en la que la posibilidad de la potencia depende de un juego temporal que recorre la realidad y la reorganiza, juego no lineal poblado de largos silencios, siniestras esperas, y de salvajes asaltos, en la que la crisis italiana determina la situaci贸n del pr铆ncipe como nueva potencia, o un nuevo paradigma en ausencia de fundaci贸n. Justo porque el tiempo hist贸rico de la mutaci贸n est谩 definitivamente vac铆o de significado, escribe Negri en El poder constituyente, 鈥渓a invocaci贸n ontol贸gica est谩 suspendida sobre un vac铆o de consecuencias, sobre la desesperaci贸n de un objetivo inalcanzable鈥. El pr铆ncipe es, por tanto, 鈥渆l punto de partida de senderos interrumpidos鈥, y lo pol铆tico se presenta como 鈥渢ragedia del poder constituyente鈥. Una 鈥渢ragedia necesaria鈥, puesto que la acci贸n libre descubre s贸lo retroactivamente los efectos de su acci贸n, y por tanto la acci贸n misma queda afectada irremediablemente por la contingencia, siendo lo tr谩gico pol铆tico una 鈥渃omplejidad irreductible鈥 que atraviesa toda tentativa de constituci贸n de una 鈥渕ultitud popular鈥. Esta dial茅ctica de las pasiones que se conjugan como nuevo real constituyen para Negri la base de un 鈥減roceso constitucional convertido en un juego de sujetos productivos鈥 que absorbe el discurso -驴soberano?- de El pr铆ncipe en el de la din谩mica democr谩tica. Citando a Althusser, Negri concluye que Maquiavelo es el te贸rico que piensa desde el vac铆o de las condiciones y de la ausencia de democracia y del principio constituyente, que desde all铆 arranca el deseo de un sujeto y lo constituye en programa. En la misma l铆nea argumenta en su introducci贸n a la reflexi贸n althusseriana sobre Maquiavelo. El vac铆o y lo aleatorio definen la profundidad de la crisis y el lugar indeterminado desde el que lanzar la acci贸n. La pol茅mica con Gramsci se centra en que este 煤ltimo evoca a Maquiavelo para pensar la fundaci贸n del partido, mientras que 鈥渆l descubrimiento de la hip贸tesis de lo aleatorio del proyecto de liberaci贸n鈥 supone una aleatoriedad y una historicidad que es ya 鈥減unto de vista constitutivo鈥, entre la desesperaci贸n de la derrota y el vac铆o de toda prefiguraci贸n, en el 鈥渞econocimiento de la potencia de los cuerpos鈥 -en su sentido colectivo-, que da lugar a las preguntas pol铆ticas negrianas: 鈥溌縬u茅 significa pensar pol铆ticamente?鈥, cuya respuesta es: 鈥渄ar soluciones inmediatamente compuestas en y por la colectividad鈥; 驴qu茅 cosa es un Estado pol铆ticamente deseable? 鈥淯no abierto a la acumulaci贸n y a la aleatoriedad de lo nuevo鈥, respuestas estas que nos brindan una comprensi贸n aceptable de la noci贸n de hegemon铆a. Pero esta clase de argumentos no convencen a Gonz谩lez, que, como dec铆amos, lee a Maquiavelo y a Gramsci desde la Argentina y desde una particular relaci贸n con el peronismo. La presencia del spinozismo pol铆tico fue tratada por Gonz谩lez en un art铆culo, 鈥淭oni Negri, el argentino鈥, en el cual se considera el hecho que 鈥渄esde Antonio Gramsci que no se daba en el mismo hontanar pol铆tico al intelectual y al hombre perseguido por sus actividades pol铆ticas, que se manifiesta en su obra publicada y es capaz de llamar a nuevos conceptos pol铆ticos, convocar a aglutinar realidades bajo nuevos nombres鈥, aunque plantea dos clases de obst谩culos dif铆ciles de sortear. El primero de ellos recae sobre la diferencia de contexto entre ambos pa铆ses sobre todo durante las d茅cadas de los 70 y 80, aunque es la segunda objeci贸n la que realmente importa y afecta la apreciaci贸n sobre el argumento del contexto. Si Negri sit煤a la derrota de la clase obrera italiana entre fines de los a帽os setentas y los ochentas, Gonz谩lez resalta el hecho de que la derrota del movimiento popular en argentina no es reduce a las luchas en f谩bricas, sino que se refer铆a a una acci贸n pol铆tica nacional, que fue atacada con una generalizada acci贸n estatal represiva que incluy贸 una el desarrollo de una dimensi贸n clandestina. De esta primer diferencia Gonz谩lez pasa a considerar un nuevo tipo de lectura gramsciana hecha en la Argentina para comprender el tipo de relaci贸n entre instituci贸n represiva y sociedad civil, subestimada en la caracterizaci贸n de las Fuerzas Armadas como ej茅rcito de ocupaci贸n. Por lo tanto, 鈥渆ra en Gramsci -y no es Spinoza- el que segu铆a presidiendo los cen谩culos de la autocr铆tica argentina en el exilio鈥, son nociones como 鈥渃atarsis鈥 y 鈥渉egemon铆a鈥, dice Gonz谩lez -invocando tambi茅n a Ernesto Laclau y su noci贸n de 鈥渃ontingencia鈥-, y no la de 鈥渁nomal铆a salvaje鈥, que es la que interesa a Negri en su prisi贸n, las que permit铆an criticar concepciones err贸neas de las organizaciones revolucionarias de los setentas y comenzar a revertir la derrota en Argentina. Esto conduce a Gonz谩lez a considerar su segunda y m谩s profunda objeci贸n, referida al discurso de Negri, que persigue 鈥渓os surcos de la potencia del ser, que es a la vez indefinido y determinado, denso y m煤ltiple, constitutivo y placentero鈥, es decir frente a 鈥渇uerzas sin negatividad dial茅ctica ni vac铆o material que por procesos de autoafirmaci贸n y combinaci贸n no finalista de actos de ser, expresa la potencia colectiva鈥. Son todas im谩genes te贸ricas que Gonz谩lez percibe -igual que Negri- como opuestas al radical historicismo 鈥渂ajo especie cat谩rtica鈥, proveniente de la tradici贸n tr谩gica, y que se refiere a un tipo particular de conmoci贸n que acompa帽a el pasaje a 鈥渙tro estadio social m谩s ext谩tico鈥. En otras palabras, Negri afirma la coincidencia entre t茅cnica y ontolog铆a, entre producci贸n y constituci贸n, mientras Gonz谩lez sostiene la vigencia de una dial茅ctica gramsciana con su afirmaci贸n de un historicismo de tipo cultural. El n煤cleo del argumento de Gonz谩lez radica en la afirmaci贸n seg煤n la cual en Negri no hay 鈥渧ac铆o material鈥, fundamento del historicismo de la cultura, sino 鈥渟er inmanente y dado鈥, apoyado en un materialismo de la t茅cnica. La lectura spinoziana de Negri trae la multitud ah铆 donde con Gramsci estaba en juego lo 鈥渘acional- popular鈥. Lo que Gonz谩lez defiende ya no s贸lo como su propio marco de pensamiento sino como lo 鈥渁rgentino鈥 mismo ser铆a, entonces, un pensamiento fundado en 鈥渦na libertad de combinatoria de elementos que ocurren en el seno de una temporalidad鈥 (nunca se estuvo tan cerca de Laclau y al mismo tiempo de Maquiavelo) que act煤a 鈥渁rrastrando figuras ya consumadas de sentido鈥, figuras que condicionan el 鈥渉orizonte colectivo鈥 bajo modalidades que hay que saber estudiar. El texto de Gonz谩lez es del a帽o 2001, y concluye con la advertencia seg煤n la cual ser铆a 鈥渢orpe鈥 abandonar a Gramsci, cuyo pensamiento 鈥渘o parece agotado鈥.
  1. El obsequio y el conflicto. El Pr铆ncipe comienza con una dedicatoria 鈥渁l magn铆fico Lorenzo de M茅dici鈥 en la que se anuncia que la composici贸n de libro es un obsequio que compite con otros tantos regalos que se les hacen a los pr铆ncipes, tales como 鈥渃aballos, armas, telas bordadas en oro, piedras preciosas y adornos similares鈥. Pero Maquiavelo estima el conocimiento de la pol铆tica como un bien a煤n mas alto. De all铆 que la dedicatoria de este 鈥減eque帽o volumen鈥, apto para 鈥渉acer comprender en brev铆simo tiempo鈥 lo que a 茅l le llev贸 una vida de riesgos y perjuicios, sea el regalo m谩s valioso: la narraci贸n de un saber vital, un libro personal, un intento de escribir sobre las formas mismas del conocimiento por medio de la composici贸n de un curioso personaje -el pr铆ncipe- que se debate entre dos clases de pensamientos, el c谩lculo de las pasiones y las formas de gobierno, y 鈥渓os pasajes inesperados鈥 entre estos mundos 鈥渉eterog茅neos y vaporosos鈥. En El pr铆ncipe, Maquiavelo conversa con su personaje y consigo mismo, pasando de la primera a la tercera persona, en un 鈥渢eatro del pensamiento鈥 o tambi茅n 鈥渃omedia ingrata de las pasiones que disputan con las divinidades m谩s altas鈥, como prueba de ese pensamiento libre al que Gonz谩lez llama tambi茅n 鈥減r铆ncipe鈥, puesto que por tal entiende -citando nuevamente a Skinner- el acto en el cual la confrontaci贸n con las propias desgracias engendra se帽or铆o. Maquiavelo, en cuanto escritor, explora un juego de mediaciones en las que se constituye el saber que el pueblo tiene del pr铆ncipe y el pr铆ncipe del pueblo, el intelectual como figura tercera, pero tambi茅n como figura primera un tipo de conocimiento que es acci贸n, y que ya no consiste en la 鈥渁plicaci贸n鈥, sino inter茅s por la noci贸n de 鈥渢iempo鈥, o marcha indetenible que destruye una tras otras las ideas que se hab铆an probado como verdaderas y que hace necesario reunir este infinito en un libro -por eso 鈥渧iviente鈥-, en el que lo que siempre est谩 en juego -escribe Gonz谩lez- es qui茅n es el pr铆ncipe, qui茅n el escritor y qui茅n el lector, puesto que incluso en el pensamiento sobre el poder, definido como 鈥渃apacidad de establecer las cosas y verlas por ese mismo acto fundador al borde de su propio abismo鈥, la angustia del pr铆ncipe se asemeja a la del escritor: ambos deben lidiar con esa l贸gica paradojal, que Gonz谩lez formula en la siguiente frase: 鈥渟in conflicto no hay conocimiento, no hay pr铆ncipe鈥.
  1. El imposible clasificatorio. Como lo ha mostrado Ernesto Funes en su libro La desuni贸n. Rep煤blica y no-dominaci贸n en Maquiavelo, el juego de las clasificaciones del florentino viene desacomodado, puesto que no hay coincidencia estricta entre el juego de los afectos que recorren la ciudad, y el de los reg铆menes pol铆ticos considerados por la ciencia pol铆tica. Siguiendo a Claude Lefort en su lectura de la ciudad como lugar de la divisi贸n entre dos humores de naturaleza inconmensurable -los 鈥済randes鈥 que desean dominar, y el 鈥減ueblo鈥 que desea no ser dominado-, Funes enfatiza una desproporci贸n al interior del sistema de correspondencias entre dos afectos -deseo de dominio/de no ser dominado- y formas de gobierno 鈥撯減rincipado鈥, 鈥渞epublica鈥 y 鈥渓icencia鈥-, desproporci贸n que se explica por el hecho de que en Maquiavelo act煤an varias din谩micas simult谩neas, de modo tal que la correlaci贸n causal por la que el conflicto de los afectos -o humores- de clases producen determinados efectos institucionales -o formas de gobierno- fundados en el predominio de la dominaci贸n de unos grupos sobre otros debe completarse con lo que ser铆a el descubrimiento -o la posici贸n- del propio Maquiavelo: la 鈥渄esuni贸n鈥 que rompe las relaciones de dominaci贸n y act煤a como causa eficiente propia y actual de la libertad pol铆tica, que Maquiavelo vio realizarse en la republica romana, cuyas leyes justas atribu铆a al tumulto plebeyo. De este modo, el republicanismo popular, y la idea misma de un contrapoder plebeyo irrumpen como elemento desequilibrante, produciendo una falla en el orden clasificatorio que organiza la rueda de los reg铆menes pol铆ticos de la dominaci贸n. Falla que vuelve legibles para el nuevo pr铆ncipe las asimetr铆as y por tanto proveyendo los criterios que prefiguran un orden nuevo. En expl铆cito homenaje a Louis Althusser, este pr铆ncipe que desborda las clasificaciones es propuesto por Funes como pr铆ncipe lector de las condiciones objetivas de la situaci贸n, es decir, como alguien capaz descifrar un sentido posible -un diagn贸stico y un programa popular de transformaci贸n-, y de gestar una intervenci贸n efectiva, gesto por medio del cual adquiere cuerpo una potencia subjetiva de ruptura y de instituci贸n, capaz de hacer advenir un nuevo proyecto hist贸rico. Pero a todo esto hay que llegar maquiav茅licamente -escribe Gonz谩lez en el textos que seguimos comentando- a partir de certeros 鈥渏uicios de circunstancias鈥, adheridos a la 鈥渧erdad efectual鈥, sin despegarnos del 鈥減rocedimiento de lo real鈥, lo que supone que aquello que en una situaci贸n se presenta como legible -conflicto de humores, circunstancias cambiantes- s贸lo es legible para un tipo de lector capaz de 鈥渕irar frente al precipicio鈥: 鈥渓a imagen de Maquiavelo, se帽alando el vac铆o, siempre est谩 ah铆鈥. Porque leer, para el Maquiavelo de Gonz谩lez, es siempre una batalla contra la fortuna. Y porque todo razonamiento pol铆tico se produce sobre un fondo abismal, desgarrando la conciencia del pr铆ncipe, en cuyo teatro privado hecho de pasiones, cuidados y apariencias, Maquiavelo descubre, en su intimidad de escritor, que cada lector debe vivir por su cuenta, el hecho de que la presencia del vac铆o hace de cada conciencia -texto o acci贸n- la sede de un continuo c谩lculo, un balance y puesta a prueba en condiciones de extrema adversidad. Un 鈥渂arroquismo de gestos que se sostienen sobre la nada鈥, que se abre en las grietas de la divisi贸n de lo real. Y por eso, agrega Gonz谩lez, a El pr铆ncipe es inseparable de otro libro sobre divisiones y simulaciones, escrito por Carlos Marx -el 18 brumario-, su propio 鈥減r铆ncipe bonapartista鈥, un 鈥渢eatro de pensamiento鈥 en el que la acci贸n deseada no surge sino de la impugnaci贸n de aquella que se nos presenta en la figura de Luis Bonaparte, pero que permite captar algo esencial sobre el problema de la variaci贸n de la fortuna, asociada a la presencia del tiempo, y por tanto al problema de la 鈥渃oncordancia鈥 de la acci贸n y la 鈥渃alidad de los tiempos鈥. O, dicho de otro modo, al engarce entre la 鈥渞ueda fija de la diversidad de la naturaleza humana鈥 y la rueda imprevisible del tiempo, que no pertenece a la voluntad humana sino al capricho de los dioses. Este engarce que no deja lugar a ninguna clase de 鈥渢emporalidad interior鈥 ni a 鈥渦na conciencia inmanente del tiempo鈥 y que apunta a la 鈥渇elicidad pol铆tica鈥 como coincidencia entre 鈥渃ar谩cter y situaci贸n鈥, entre personalidad y coyuntura. El pr铆ncipe es una apelaci贸n a la acci贸n unitaria del disgregado 鈥減ueblo鈥 (italiano), un libro dedicado a descubrir los mecanismos de selecci贸n rec铆proca, que continuamente se operan entre subjetividad y azar, pasado y presente, como una lecci贸n sobre el saber 煤ltimo seg煤n el cual 鈥渓a fortuna es la virt煤鈥.
  1. Para nosotros, Gonz谩lez. En 鈥淢aquiavelo y el problema de la lectura鈥 lo pol铆tico es tratado como actividad introspectiva que condiciona la actividad p煤blica, sin la cual no hay posici贸n subjetiva desde la cual realizar ese complejo razonamiento sobre la instituci贸n que abarca el c谩lculo de las pasiones, de las categor铆as morales, pero tambi茅n lo pre-categorial, dado que la estimaci贸n de las mutaciones temporales, imprevisible, opera como selecci贸n sobre el car谩cter de la voluntad pol铆tica. Esa condici贸n previa que tiene la subjetividad respecto de la teor铆a es lo que Gonz谩lez llama 鈥渇isura鈥, como la realidad m谩s persistente en cualquier estructura. De esa fisura dice Gonz谩lez: esos somos nosotros, 鈥渟omos nosotros, lectores鈥, quienes padecemos los 鈥済olpes de la fortuna鈥, que son las acciones de los grandes escritos 鈥渁 nuestras espaldas鈥. En Gonz谩lez hay un modo militante de leer, un modo maldito de traducir y una adhesi贸n al 鈥渧ac铆o鈥 material como condici贸n 煤ltima que permite pensar tanto lo pol铆tico -pues el pr铆ncipe no deja de ser, ante todo, la figura que act煤a ah铆 donde la determinaci贸n no puede ser nunca completa- como el lenguaje -porque el pr铆ncipe no deja de ser el personaje que mejor nos revela las estimaciones de un sujeto en vilo que es el escritor-, y hasta la conciencia -dado que finalmente toda acci贸n es incompleta para quien la realiza. El ensayista que es Gonz谩lez se sostiene, en 煤ltima de instancia, en una reflexi贸n viva de la lectura, pol铆tica ella misma en tanto que animada por ese vac铆o que recorre las series, posibilita traducciones y vuelve principesco el arte mismo de leer, aunque m谩s no sea porque al dar con ese vac铆o circulante, del que nos anoticiamos por el modo en que se desplaza los t茅rminos que constituyen las series de las palabras y las cosas, se puede percibir el tiempo hist贸rico como sitio ahuecado, atravesado por una l贸gica n贸made del sentido m谩s cercana a la acci贸n revolucionaria -que Gonz谩lez nunca ha despreciado- que a los compromisos del orden. Aunque solo sea porque el estado de vacilaci贸n de las conciencias, es tambi茅n la espera de una ocasi贸n de verificar qu茅 pasa cuando los impulsos m谩s 铆ntimos repercuten con otrxs, enhebrando un tipo de afirmaci贸n cuya materia es ella misma materia de lo pol铆tico. Para nosotros, Gonz谩lez es la consigna de quienes, no pudiendo ser gonzalianos -por las mismas razones, quiz谩s, que Gonz谩lez no pod铆a decirse gramsciano-, encontramos en Gonz谩lez ese deslumbramiento con el car谩cter titilante, libertario o contingente que va del lenguaje a lo pol铆tico como punto de partida, crisis y tr谩nsito, y tambi茅n como horizonte siempre entreabierto por nuevos modos de la lectura.

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Ernesto Funes, La desuni贸n. Rep煤blica y no-dominaci贸n en Maquiavelo; Gorla, Bs-As, 2004.

[1] Solo dos a帽os m谩s tarde, Portantiero resulta el encargado de argumentar la nueva valoraci贸n que en la segunda aparici贸n de la revista Pasado y Presente se hace de la relaci贸n entre clase obrera y peronismo: 鈥渟e trata de un dato y no de una teor铆a鈥, afirmaci贸n que a Gonz谩lez vuelve a disgustarle muchos a帽os m谩s tarde cuando, en 2014 y ya como director de la Biblioteca Nacional, la comenta con severidad: 鈥渁rriesgada frase, alegor铆a italiana revertida a la Argentina鈥. Lo que rechaza Gonz谩lez no es el movimiento de la revista hacia el peronismo, sino el hecho de que este giro ponga al peronismo como 鈥渄ato鈥, preservando para el grupo de la revista el lugar de la teor铆a. Por lo que disgusto y fascinaci贸n van de la mano. Sobre el 煤ltimo n煤mero de PyP escribe Gonz谩lez: 鈥測a es enteramente Gramsci hablando del peronismo鈥, 鈥渦n n煤mero cookista鈥 que contiene un elogio al l铆der montonero Mario Firmenich y una 鈥渇rase m谩xima鈥 que parece brotar de 鈥渓as entra帽as legendarias del moderno pr铆ncipe鈥, en la que PyP pronostica que el destino de la reciente fusi贸n de FAR y Montoneros conlleva 鈥渦na profunda significaci贸n en la historia futura de la lucha de clases en la Argentina鈥. El lector que cuatro d茅cadas despu茅s vuelve sobre esta frase debe 鈥渃ontener la respiraci贸n鈥, puesto que se enfrenta al 鈥渕谩ximo punto al que ha llegado la apuesta revolucionaria argentina鈥, esto es 鈥渆l encuentro de dos historias paralelas, la de los j贸venes armados que hablar谩n la lengua peronista para, a su vez, disput谩rsela al viejo Per贸n, y la de las izquierdas de origen comunista que han elaborado una lectura de la crisis mundial con la bibliograf铆a m谩s encumbrada que hab铆a permitido la 茅poca鈥. Todas estas citas provienen de 鈥淧asado y presente: la tragedia de los gramscianos argentinos鈥, la introducci贸n a la edici贸n facsimilar de la revista Pasado y presente, Tomo I Ediciones Biblioteca Nacional, Bs-As, 2014- es una rese帽a atenta y un reconocimiento al evidente valor de 鈥渓a revista m谩s prestigiosa de la izquierda argentina鈥.

[2] Antonio Gramsci, 鈥淚ntroducci贸n al estudio de la filosof铆a鈥, El materialismo hist贸rico y la filosof铆a de Benedetto Croce (Laurato, Argentina, 1958).

[3] La cuesti贸n de la traducci贸n, entendida como operaci贸n pol铆tico-intelectual de resignificaci贸n -de importaci贸n, traslado y adaptaci贸n- de una colecci贸n de conceptos desde un espacio cultural central a otro perif茅rico fue motivo de reflexi贸n por parte de los gramscianos argentinos. En el libro de Mart铆n Cort茅s, Un nuevo marxismo para Am茅rica Latina, Jos茅 Aric贸: traductor, editor, intelectual, el autor escribe: 鈥淓n la obra de Jos茅 Aric贸, la pregunta por la traducci贸n se configura como un interrogante acerca de los modos de hacer teor铆a en Am茅rica Latina鈥. La labor de intelectual de Aric贸 fue la del escritor pol铆tico, pero, adem谩s, y de manera notoria, la del traductor y la del editor. Cort茅s se refiere a la inmensa obra aricosiana como la del  productor y del  artista de 芦libros inventados禄, que organiza 芦composiciones鈥 a partir de la actividad de agrupar textos y adosarles pr贸logos y presentaciones, un cultor erudito de un tipo de discurso que consiste en 芦hablar a trav茅s de otros禄 (de Jos茅 Mari谩tegui a Carl Schmitt). La cuesti贸n de la traducci贸n est谩 en el centro del problema que se planteaba el autor de Marx y Am茅rica Latina: el de la inadecuaci贸n entre socialismo y movimientos sociales en Am茅rica Latina. Problema que Aric贸 percib铆a como muy vinculado a la tensi贸n entre lo universal y lo particular, pero tambi茅n a a un desaf铆o interno a la cr铆tica del capitalismo, cuyo objetivo es la destrucci贸n de un modo de producci贸n global a partir de experiencias y lenguajes que s贸lo pueden funcionar de un modo situado, adquiriendo un tono propio de acuerdo a cada realidad nacional. As铆 planteado el problema, la pr谩ctica de la traducci贸n se dispara en varias direcciones (ninguna de ellas ausente de la propia obra de Gramsci): hay una traducci贸n que que sucede en el interior de la relaci贸n entre  pr谩ctica y teor铆a, entre problema hist贸rico y discurso; otro que tiene que ver con el modo en que ciertas estrategias deben modificarse seg煤n diferencias importantes en las diversas formaciones sociales -Rusia no es Italia, Italia no es la Argentina-, y hay una dimensi贸n literaria que concierne a la historia de la cultura nacional. Como sostiene Cort茅s, la obra de Aric贸 debe entenderse como una estrategia sostenida simult谩neamente en estas tres dimensiones de las pr谩cticas de la traducci贸n. Para eso despleg贸 una enorme bater铆a de intervenciones -casi todas bajo el nombre colectivo de 芦Pasado y presente禄-, desde una perspectiva 芦gramsciano-benjaminiana禄: una estrategia -dice Cort茅s- de edici贸n, traducci贸n y escritura que introduc铆a fragmentos de la tradici贸n marxista 芦bajo el signo de la pertinencia te贸rico-pol铆tica禄, desmarc谩ndose del modelo centro-sucursal que caricaturiza el problema de la posici贸n perif茅rica como posici贸n creativa, que permite trabajar de otro modo los conceptos.

[4] 驴C贸mo lee Strauss a Maquiavelo? En su libro Leo Strauss: el arte de leer, Claudia Hilb explica que Maquiavelo es interpretado por Strauss como un diablo, un revolucionario y un fil贸sofo: las tres cosas al mismo tiempo. Es revolucionario porque subvierte las premisas cl谩sicas del pensamiento occidental -el complemento entre biblia y filosof铆a, entre Atenas y Jerusal茅n-, pero es diab贸lico porque es imprudente comunicar abiertamente -y en su propio nombre- un conocimiento sobre la ausencia de fundamento firme para la acci贸n moral -consecuencia de una ruptura con la teolog铆a, pero tambi茅n con toda teleolog铆a-, algo que s贸lo se justifica en quien busca una gloria mayor a la de los propios pr铆ncipes fundadores de las ciudades -Maquiavelo aspira a la gloria inmortal de los maestros de los fundadores- y porque si su relaci贸n con el conocimiento le proporciona la mayor satisfacci贸n -y en esto se reconoce al fil贸sofo- si experimenta que s贸lo el conocimiento permite enfrentar el azar, ese conocimiento deber铆a ser protegido -reprocha Strauss-, solo un ser malvado goza publicitando unos conocimientos que superan los l铆mites de la moral. La filosof铆a de Maquiavelo se oscurece, a los ojos de Strauss, al negar el valor pol铆tico de la virtud que lo orienta a 茅l en su propia adhesi贸n a la actividad del conocimiento.

*Este n煤mero especial de la revista La Biblioteca, Los libros y la vida. Horacio Gonz谩lez (1944-2021), ser谩 presentado en la feria del libro el d铆a 15 de mayo a las 16.30 horas por Christian Ferrer, Graciela Daleo, Miguel Vitagliano y Dar铆o Capelli.




Fuente: Lobosuelto.com