November 4, 2020
De parte de Briega
283 puntos de vista


No recordaba la dedicatoria, pero鈥 Tras descartar varios t铆tulos para encabezar este reportaje, me decid铆 por el que aparece justo encima de estas letras. Para un 鈥渓ibre so帽ador鈥 resume, creo yo, toda una historia que comenz贸 el 10 de julio de 1994 y finaliz贸 17 a帽os despu茅s: 15 de julio de 2011.

HACIENDO MEMORIA

En el a帽o 1971, en plena dictadura, Pepe Beunza, un andaluz (de Ja茅n), que se cri贸 en Valencia, fue condenado a prisi贸n por negarse a vestir el uniforme militar. Pepe Beunza, por lo tanto, sin tener en cuenta a los Testigos de Jehov谩 (prisioneros, tambi茅n por el mismo motivo, aunque en este caso debido a sus creencias religiosas), fue, seg煤n sus propias palabras, 鈥渆l primer objetor de conciencia por convicciones pacifistas, por profesar la no violencia鈥. Permaneci贸 en la c谩rcel entre enero de 1971 y marzo de 1974. Y en su extenso historial pacifista nos encontramos frases tan significativas como estas: 鈥溌l desertor es un h茅roe! Desertar es la 煤nica actitud respetable en una guerra. El desertor es el 煤nico que vence en una guerra, porque no mancha sus manos de sangre鈥. 鈥淟o cobarde es ser violento. 隆Hay que ser muy valiente para no emplear la violencia f铆sica!鈥. 鈥淭odo lo que hice yo y otros vale la pena por ser libres. 隆Hemos nacido para ser libres!鈥.

Es importante destacar que la acci贸n de Pepe Beunza, criticada, como es obvio, por el sector af铆n al r茅gimen dictatorial (el dictador 鈥搇o recuerdo鈭 muri贸 el 20 de noviembre de 1975), dio la vuelta al mundo, recibiendo miles de apoyos. En el a帽o 1972, pongo por caso, el gran m煤sico y compositor Crist贸bal Halffter compuso la obra 鈥淕audium et Spes鈥 en su honor.

El 15 de junio de 1977 se celebraron en Espa帽a las primeras elecciones democr谩ticas, des-pu茅s de la guerra civil, y el 6 de diciembre de 1978 se aprob贸, en refer茅ndum, la Constituci贸n Espa帽ola, con entrada en vigor el d铆a 29 de di-ciembre de aquel mismo a帽o. Sin embargo, nada cambi贸 respecto a la obligatoriedad del servicio militar ni tampoco sobre las penas de insumisi贸n.

Con la llegada del nuevo siglo parec铆a que todo iba a seguir igual en Espa帽a en relaci贸n con estos temas, ya que, en el a帽o 2000, doce nuevos insumisos-desertores entraron en prisi贸n, aunque, sorprendentemente, el Gobierno anunciara que el 煤ltimo reemplazo obligatorio de la mili se realizar铆a en diciembre de 2001. Pues bien, aun as铆, el Partido Popular, en ese 煤ltimo a帽o (2001), impidi贸 con sus votos la despenalizaci贸n de la insumisi贸n. Definitivamente, el 31 de diciembre de 2001 fue abolido en Espa帽a el Servicio Militar Obligatorio. Y en el a帽o siguiente, 2002, por fin, el Gobierno reform贸 el C贸digo Penal y el C贸digo Penal Militar para eliminar los vergonzantes 鈥渄elitos鈥 de insumisi贸n. El ej茅rcito en Espa帽a se hizo profesional, pero mientras tanto, en los 煤ltimos 30 a帽os, se han contabilizado cerca de un mill贸n de objetores y 10.000 insumisos, totalmente respetables, de igual forma que, hoy d铆a, por ejemplo, se respeta a los m茅dicos objetores de conciencia.

Llegado a este punto, considero conveniente aclarar a mis lectores, especialmente a alguno de ellos, que yo s铆 que hice el servicio militar obligatorio y, la verdad, no me siento nada orgulloso de aquella 鈥渉aza帽a鈥. La p茅rdida de tiempo, el r茅gimen dictatorial que sufr铆 de los 鈥渕andos militares鈥 y la 鈥渆ducaci贸n鈥 (la mala educaci贸n) del uso indiscriminado de las armas han hecho que mi opini贸n sea contraria a lo que se entiende por 鈥渄efensa del pa铆s o de la Patria por y para la paz鈥.

Dicho lo dicho, contin煤o.


Detalle de la portada de El Pa铆s Semanal del 10 de julio de 1994 con Ra煤l Molleda como protagonista

10 DE JULIO DE 1994

En el suplemento 鈥淓l Pa铆s Semanal鈥, del 10 de julio de 1994, aparec铆a un extenso reportaje titulado 鈥淚nsumisos. Rebeldes contra la mili鈥, un trabajo de Jes煤s Rodr铆guez (texto) y Bernardo P茅rez (fotograf铆as). Jes煤s, en su primer p谩rrafo, escribi贸 lo siguiente, que copio de forma literal, por entender que hace un excelente y respetuoso resumen sobre los insumisos: 鈥淟a conciencia entre rejas. Son los 煤ltimos so帽adores. Para la justicia, simples delincuentes. Defender sus ideas les ha llevado a la c谩rcel. Son antimilitaristas: creen en un mundo sin guerras ni ej茅rcitos. Rechazan la mili y la prestaci贸n sustitutoria y est谩n dispuestos a pagar con su libertad por esta utop铆a: una sociedad m谩s justa y con los presupuestos de defensa destinados a gastos sociales. Ninguno ha cumplido los 30, pero saben de calabozos y tribunales. Son m谩s de 10.000 y 186 cumplen penas de prisi贸n. Desde las celdas en las que viven confinados hablan de su lucha鈥.

Ra煤l Molleda era uno de aquellos prisioneros. C谩ntabru de nacencia, cumpl铆a prisi贸n en El Dueso (Santo帽a). Su edad 25 a帽os, y sus ideas muy claras: 鈥淢is enemigos no son los marroqu铆es, sino el paro, la destrucci贸n del medio ambiente, la pobreza, las malas condiciones de vida鈥 De todo esto no me puede defender ning煤n ej茅rcito鈥.

Dir茅, para resumir, que aquel art铆culo me 鈥渢oc贸鈥 la vena sensible, porque estaba totalmente de acuerdo con cada una de las opiniones que vert铆an los insumisos en鈥 prisi贸n 驴por haber cometido alg煤n crimen, violaci贸n, robo, atentado鈥? No. Por defender sus ideas sobre la paz y a favor de ella. 驴D贸nde estaba entonces el delito para que les condenaran a purgar 鈥渟us culpas鈥 en una c谩rcel? 驴Por qu茅 el ministro de Defensa de aquel entonces, Juli谩n Garc铆a Vargas, dijo lo que dijo (鈥渆l Estado debe conseguir que se sancionen y se disuadan las actitudes delictivas y, seg煤n el ordenamiento vigente, la insumisi贸n lo es鈥), y nadie se rasg贸 sus vestiduras por tales comentarios? 驴Delitos, se帽or ministro? Por favor鈥 驴En qu茅 pa铆s maravilloso viv铆a la oposici贸n para no pedir un poco de mesura en este tema y exigir la modificaci贸n de la ley de forma inmediata para que la propia sociedad pudiera vivir con los nuevos tiempos democr谩ticos?

En mi modesta opini贸n, Espa帽a todav铆a ol铆a a peinetas y a alcanfor, a patriotas de barro y defensores de la Patria seg煤n y c贸mo. Los que se creen 鈥渧alientes鈥 siempre mandan a los 鈥渃obardes鈥 al frente y se quedan en la retaguardia para estudiar la pr贸xima batalla (ja, ja). Y si el lector quiere ejemplos, en la historia de la Guerra Civil espa帽ola se encuentran por miles. El caso es que yo, al leer aquel art铆culo, me sent铆 mal, muy mal, porque me pon铆a en la piel de aquellos inocentes idealistas; me pon铆a en la piel de sus padres y abuelos; me pon铆a en la piel de sus mujeres o novias, y se me revolv铆a el est贸mago pensando en que no hab铆a derecho, y, si hab铆a justicia, aquello se parec铆a m谩s a venganza de鈥 cuarteles que apestaban a 鈥済uerreros nobles y patri贸ticos鈥, cuando la verdad (y recuerdo una vez m谩s que yo hice la mili y puedo hablar sin rodeos) es que todos intentaban, intent谩bamos, escaquearnos. 驴O no, capit谩n Rodr铆guez? 驴Por qu茅 aquellos 鈥渁bandonos de servicio鈥 no se consideraban, al menos, deserciones temporales y se condenaban, de igual forma, con la c谩rcel? Hubiera sido lo justo, 驴no?

En fin, que como poco pod铆a hacer por aquellos insumisos, lo que se me ocurri贸 fue enviar a Ra煤l Molleda mi primer libro publicado, 鈥淩emolinos de furia鈥, para que, en el supuesto caso de que le gustara la lectura, pudiera evadirse temporalmente con 茅l. Un intento, en definitiva, de mostrar mi apoyo por su causa.

驴Por qu茅? 驴Ser铆a tambi茅n causa de delito el env铆o de un libro a un insumiso y yo lo desconoc铆a? O, por el contrario, lo devolvieron porque s铆 (o por cojones), violando los m谩s m铆nimos derechos constitucionales, los mismos que tanto defend铆an algunos (l茅anse los art铆culos 10, 14, 16 y otros de nuestra Constituci贸n).

Con un regusto amargo, por no decir impotencia, aquel sobre lo guard茅 en uno de los cajones de mi escritorio y me olvid茅 de 茅l hasta que鈥, en el mes de octubre de 2010, buscando otro documento, me 鈥渟obresaltaron sus gritos鈥. 驴Por qu茅 no intentar encontrar el modo de ponerme en contacto con Ra煤l Molleda y entreg谩rselo en mano?

Dicho y hecho. Tras varios contactos y decenas de llamadas telef贸nicas, logr茅 hablar con Ra煤l, quien, superada su primera sorpresa, accedi贸 a recogerlo personalmente.

Acompa帽ado por V铆ctor Fdez. del R铆o, uno de los fot贸grafos de la revista CAMPARREDONDA, me desplac茅 hasta Cantabria, y all铆, en una plaza p煤blica y a plena luz del d铆a, entregu茅 a Ra煤l Molleda 鈥渓a prueba del delito鈥 que el director de la prisi贸n 鈥淓l Dueso鈥, o un funcionario 鈥渃iego鈥, sin derecho alguno, le neg贸鈥 hace 17 a帽os.

A Ra煤l Molleda, libre so帽ador, con mis mejores deseos.

Le贸n, 18 de julio de 1994
Despu茅s, a lo largo de 8 horas, tuvimos tiempo suficiente para hablar.

Hablar con Ra煤l Molleda fue muy sencillo. Desde el primer momento, as铆 lo hab铆amos pactado, surgir铆a la conversaci贸n de forma natural, como si nos conoci茅ramos desde hac铆a mucho tiempo. La verdad es que yo, al final de la tarde, as铆 lo cre铆. Ra煤l me demostr贸 que es una persona con un coraz贸n inmenso que se entrega, sin condiciones, que no se esconde, pero tampoco quiere ser protagonista de nada ni l铆der de nadie. 鈥淟o que ocurri贸 鈥搈e dijo鈭 no tiene importancia alguna; nosotros luch谩bamos por nuestros principios y ya est谩. Por supuesto que, pese a quien pese, logramos nuestro objetivo y eso fue lo m谩s importante. La c谩rcel, para m铆, fue una experiencia y, tras ella, tan s贸lo me qued茅 con lo positivo; eso nadie me lo puede arrebatar鈥.

Ra煤l en un principio me puso en antecedentes.
鈭扤o eran buenos tiempos para nadie. Esta ciudad, eminentemente industrial, dej贸 de serlo. Varias empresas desaparecieron, y con ellas la mano de obra. Mucha gente qued贸 en el paro y corr铆a la droga como la p贸lvora. Nada especial que no se sepa de aquellos a帽os. La juventud nos divert铆amos a nuestra manera y no ten铆amos maldad, pero para la polic铆a todo el mundo era sospechoso. Bastaba con tener un pendiente o una discreta melena para que 鈥渢e vieran sospechoso de鈥︹ y鈥

鈭扽o ten铆a amigos ecologistas 鈥搒egu铆a explic谩ndome Ra煤l鈭. De hecho alguno de ellos particip贸 de forma activa en la defensa de Ria帽o. En aquel grupo nos fuimos concien-ciando de la importancia de la naturaleza, ten铆amos que defenderla, y, poco a poco, sin ser muy conscientes del paso del tiempo, nos lleg贸 la hora de hacer la mili. Yo, entonces, era un estudiante de canter铆a, pero ya lo ten铆a muy claro: no me incorporar铆a jam谩s al Ej茅rcito. Y no creas que era un acto de rebeld铆a. No. Lo hac铆a por puros principios sociales. La Patria hay que defenderla, s铆, pero desde la paz; jam谩s pensando en hacerlo a golpe de armas, a trav茅s de una guerra. As铆 pues, 24 horas antes de comenzar mi mili, me present茅 en el Gobierno Militar de Santander y manifest茅 p煤blicamente mi negativa de incorporarme dentro de aquella farsa. Tras un a帽o y pico de tr谩mites y declaraciones previas, el 11 de octubre de 1993 fui juzgado y condenado. Me echaron seis meses, lo que significaba que me libraba de ir a la c谩rcel, pero no recurr铆 por defender otro de nuestros principios: nadie es m谩s que nadie; no quer铆a, en definitiva, ning煤n tipo de beneficio; mi conciencia me lo imped铆a: no es justo que a uno se le condene a seis meses, mientras que otro, por el mismo motivo, est茅 dos a帽os en chirona. El fiscal s铆 recurri贸 y mi sentencia qued贸 definitivamente en dos a帽os, cuatro meses y un d铆a. Me metieron en la c谩rcel. Pero antes tuvieron que ir a buscarme. Nadie se escondi贸 ni huy贸 de este pa铆s. Para que me entiendas, lo que hicimos fue anunciar el lugar donde nos encontr谩bamos, ya que, como es evidente, voluntarios no 铆bamos a ir. Pas贸 un tiempo y, s铆, la polic铆a nos detuvo. Nos pusieron las esposas y nos llevaron al furg贸n. Hab铆a mucha gente a nuestro alrededor apoy谩ndonos, pero no quer铆amos privilegio alguno. Tampoco me quej茅, eso jam谩s, sobre el trato de la polic铆a. Sab铆a que si lo hac铆a pod铆a ser en mi contra. Te apretaban m谩s las esposas y鈥 Estuve cinco d铆as en la Prisi贸n Provincial y once meses en la de Santo帽a, con vistas al mar Cant谩brico.

鈥淗ABR脥A QUE CORTARLES LOS COJONES鈥

Al mirar a los ojos a Ra煤l le铆a en ellos que lo que dec铆a era cierto y que hab铆a sufrido, pero no guardaba rencor, o al menos en la distancia no me lo demostraba. No le fue f谩cil 鈥揺so lo intu铆a鈭 lidiar semejante toro bravo, pero, afortu-nadamente para 茅l, creo que supo sobrellevarlo. Las provocaciones鈥

鈭扲a煤l, 驴sentiste alguna vez que te provocaban?

鈭扴铆, claro. 驴Por qu茅 me lo preguntas?

鈭扢ira, yo en aquel entonces, segu铆a con inter茅s vuestra buena o mala suerte y, la verdad, alguna declaraci贸n p煤blica era vergonzosa. Por ejemplo, 驴te suena eso de 鈥渜ue habr铆a que cortarles los cojones鈥?

Y Ra煤l no lo duda:

鈭扖laro que me suena. En una entrevista que hicieron a un soldado de la Legi贸n en televisi贸n espa帽ola, le preguntaron precisamente qu茅 opinaba sobre los insumisos. Aquel soldado puso cara de 鈥渋nteresante鈥. Y comenz贸 diciendo: 鈥渆n mi modesta opini贸n鈥︹. Hizo creer que dudaba y volvi贸 a repetir: 鈥渆n mi opini贸n鈥︹. Y ya, con carrerilla, lo solt贸: 鈥渆n mi opini贸n habr铆a que cortarles los cojones鈥.

Hubo un breve silencio, suficiente para que yo pudiera pensar: 鈥渧aya, otro macho sin razones. Pero鈥 驴d贸nde cojones tendr谩n estos descerebrados la inteligencia?鈥 鈭抮efiri茅ndome, como es obvio, a la m谩quina de matar al servicio de la Legi贸n Espa帽ola.

Ra煤l continu贸:

鈭扨ero no creas que solo era en la calle; en prisi贸n, un compa帽ero de celda, otro legionario, cada dos por tres, me soltaba 鈥渟i es que a los insumisos habr铆a que mataros鈥. Y as铆, una y otra vez, hasta que ya no aguant茅 m谩s y le dije: 鈥測a est谩 bien: 隆m谩tame ahora mismo o c谩llate de una puta vez!鈥. 驴Sabes? Dio resultado. Y se olvid贸 de m铆. No me dio m谩s la paliza, y es que era evidente: a los insumisos se nos ten铆a como seres inferiores, como amanerados o como seres muy fr谩giles, pero si te enfrentabas a esta gente, no con broncas ni con amenazas, sino con razonamientos, entonces comprobabas c贸mo daban marcha atr谩s. Te contar茅, si quieres, lo que me pas贸 con uno de tu tierra.

鈭扖laro que quiero. Adelante.

鈭扨ues ver谩s, en la c谩rcel nos daban para desayunar solamente leche. Si quer铆as caf茅 o Cola Cao, ten铆as que comprarlo en el economato, y se compraba, no con dinero de curso legal, sino con el propio dinero de la c谩rcel. Yo compr茅 un bote de Cola Cao. Y este sujeto me dijo un d铆a que si le daba un poco porque todav铆a no hab铆a recibido dinero de la familia. Yo acept茅, 驴por qu茅 no? Hoy por ti, ma帽ana por m铆. Pero al d铆a siguiente volvi贸 a ped铆rmelo y al siguiente y al siguiente. En la c谩rcel hacer favores puede resultar perjudicial para ti. Si los haces, la gente que te los pide 鈥渟e crece鈥 diciendo al resto que a fulanito le tiene dominado; que hace con 茅l lo que le da la gana. As铆 que, sin m谩s demora, opt茅 por negarle su raci贸n indic谩ndole que solo ten铆a para m铆, y as铆 un d铆a y otro. Hasta que al tercer d铆a 鈥渞event贸鈥: 鈥溌oder!, siempre me dices lo mismo鈥. Y yo: 鈥渢煤 tambi茅n me dices siempre lo mismo, 鈥榪ue no recibiste dinero de t煤 familia鈥, y yo no me enfado contigo ni grito鈥. Se acabaron los problemas con 茅l.

Al insistir en el tema de las provocaciones, Ra煤l me puso otro ejemplo:

鈭扷n d铆a est谩bamos tres compa帽eros jugando a las cartas; se acerc贸 un funcionario y nos dijo: 鈥渃uando acab茅is, llev谩is el banco 鈥揳quel en el que est谩bamos sentados鈭 a鈥︹. Y nosotros pensamos que era una provocaci贸n. Lo era, porque hab铆a personas encargadas para hacer ese trabajo. Pues bien, cuando marchamos, el banco qued贸 all铆 donde estaba. Me llamaron para pedirme explicaciones y el mismo funcionario lo hac铆a con ademanes de superioridad. Gritaba y gritaba. Y yo, tranquilo, le iba respondiendo sin levantar la voz. Sab铆a que si lo hac铆a ya estaba liada en mi contra. En la c谩rcel las provocaciones son permanentes. De ti depende no entrar en ninguna de ellas. Y yo, aquel d铆a, logr茅 otro de mis objetivos: que se me respetara por lo que era. Si hubiera accedido a llevar el banco al sitio designado por aquel funcionario, f铆jate qu茅 tonter铆a, me hubiera denigrado y habr铆a perdido el respeto para siempre.

鈭扝ablando de respeto, Ra煤l, 驴hab铆a respeto entre vosotros?

鈭扴铆 y no. Depende. En la celda 茅ramos cinco. Y a m铆, por ejemplo, me robaron la cartera. La culpa fue m铆a por dejarla donde la dej茅, porque todos sab铆amos que eso ocurr铆a con frecuencia. Ahora bien, all铆 ten铆amos dos aseos; nada del otro mundo: una pared baja los separaba del resto de la celda, tanto que se nos ve铆a la cabeza, y te cubr铆as tan solo, por delante, con una tela. All铆 s铆 hab铆a respeto.

鈭捖縁uiste testigo de alguna escena violenta o algo que sea destacable?

鈭扴铆, aunque no fue precisamente violenta. Un buen d铆a lleg贸 un nuevo prisionero. Y, no s茅 por qu茅, pero alguno r谩pidamente lo vio como鈥; t煤 ya me entiendes. Excepto otro y yo el resto se lo hicieron. 脡l lo permit铆a. Lo curioso, o lo que m谩s me llam贸 la atenci贸n, fue que los que se lo hicieron se justificaban una y otra vez: 鈥渘o creas que yo soy maric贸n, no, que hasta yo mismo me sorprendo de mi propia virilidad鈥 y cosas similares. Desde que estuve en el trullo, y visto lo que vi, ya no pienso lo mismo sobre la heterosexualidad.

Y uno, claro, se imagina a esos hombres con pelo en pecho y un par de鈥 cojones diciendo que hay que cortar los 铆dem a un insumiso por defender la paz y la libertad, que ellos (los machos ib茅ricos) son incapaces de defender y de fomentar con razones y, acto seguido, se les ve鈥 el plumero. 隆Qu茅 pa铆s!

ESTUDIOSO DE LA TOPONIMIA C脕NTABRA, DEFENSOR DE LA CULTURA TRADICIONAL Y M脷SICO

Ra煤l fue, para m铆, una caja de sorpresas. Estando en la c谩rcel, redimi贸 parte de su culpa estudiando la toponimia c谩ntabra, tan rica como excelsa. 鈥淓n la biblioteca me pasaba horas y ho-ras. Una pena 鈥搈e dijo鈭 que haya tan poca gen-te con ganas de continuar con ese trabajo鈥. 脡l s铆 lo hizo. Le gusta todo aquello con sabor c谩nta-bru y es un defensor ac茅rrimo de la cultura tra-dicional. Actualmente sigue con sus trabajos de canter铆a y con el cuidado y recolecci贸n de los ar谩ndanos de su propiedad. Pero鈥 lo que nunca dej贸, a lo largo de los 煤ltimos 20 a帽os, fue la m煤sica. Profesor de silbu y dulzaina, hoy forma parte de dos agrupaciones: Gatu Malu (un grupo de m煤sica folk c谩ntabra) y Estricalla (de m煤sica punk). En Gatu Malu se encarga de tocar el bajo el茅ctrico, mientras que en Estricalla lo hace con la guitarra el茅ctrica. Dos formas de actuar que le llenan por completo, aunque pienso que tal vez sea con el grupo folk donde se siente m谩s reali-zado, por aquello de que lo que 鈥渧enden鈥 (ya tienen dos discos en la calle) es una parte de la tradici贸n y del lenguaje de su tierra. Y para muestra, bajo estas l铆neas, publico una de las le-tras de sus canciones, aquella que da precisa-mente nombre al grupo, compuesto por los si-guientes miembros: Roberto Diego (fundador), Conchi Garc铆a, Maite Blanco, Esteban Bolado y el propio Ra煤l Molleda.

GATU MALU. Letra y m煤sica: Roberto

Diego Dicin qu鈥檋ai su毛ltu por ahi Un gatu mu guapu Que no asela un ratu Las gatucas del lugar Miagan de nochi Al velu marchar Es un gatu cazaritu Entra enas casas se quema鈥檒 jucicu no se deja atrapar con muchu remangu se g眉elvi a eslapar no tien due帽u, no tien amu gatu malu, gatu malu no li pon naidi la manu gatu malu, gatu malu qu鈥檃ru帽atos da esti gatu blinca ena mesa jeringa los platos es un bichu tan lambi贸n comi que comi de tou el ladr贸n nunca dejan de rutar cudiau cola genti li quier enga帽ar si lu vas a prisiguir con esas patucas ajuyi de ti no tien due帽u, no tien amu鈥

Ra煤l, como no pod铆a ser de otra forma, nos llev贸 a comer a un lugar de ensue帽o: Carmona, un pueblo declarado Conjunto Hist贸rico-Art铆stico, perteneciente a la comarca de Saja-Nansa, a orillas de los regatos El Piruju y Quivierda.

En el restaurante El Puente, y siguiendo su consejo, degustamos el sabroso cocido monta帽茅s (alubias con berza, chorizo, morcilla, hueso de rodilla, oreja, costilla, tocino y carne de cerdo). Realmente exquisito. Y de sobremesa…, acompa-帽ados por Aparicio (el due帽o del restaurante), V铆ctor (el fot贸grafo) y yo descubrimos un pueblo con encanto y sus entresijos. A Ra煤l se le ve铆a en su salsa explic谩ndonos los pormenores de las construcciones centenarias y los nombres c谩ntabros de cuantos objetos ve铆amos a nuestro paso. Nosotros disfrutamos de su presencia y, esperamos, que tambi茅n de su amistad.

De regreso a Le贸n, recordaba, en viva voz, unas palabras de Ra煤l: 鈥渇铆jate: la primera vez en mi vida que vi unos delfines en libertad fue tras las rejas de la c谩rcel鈥. 驴Libertad? 隆Libertad!

Libertad, ahora y siempre, para un libre so帽ador.




Fuente: Briega.org