November 21, 2020
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Art铆culo de Omar Coronel – Profesor del Departamento de Ciencias Sociales, PUCP

En Lima, a pesar de que la represi贸n alcanz贸 niveles no vistos desde el r茅gimen autoritario de Alberto Fujimori, la participaci贸n en la protesta no dej贸 de aumentar. Hubo adem谩s innovaciones como la primera l铆nea, brigadas de salud y desactivadores de bombas lacrim贸genas.

El pa铆s entero, tambi茅n por primera vez, tuvo cacerolazos diarios, coordinados y exitosos. Tras solo seis d铆as de protestas el presidente Merino renunci贸. Pero 驴c贸mo es que hubo un estallido social exitoso en Per煤, con una ola de protestas tan masiva, territorialmente extendida y sostenida? 驴No era acaso que los peruanos ten铆amos una sociedad civil d茅bil y desorganizada?

Amenazas y represi贸n

Hace un a帽o argument茅 que el Per煤 no se uni贸 a la ola de estallidos de protesta en Am茅rica Latina debido a tres motivos: un alto nivel de informalidad laboral que normaliza las bajas expectativas sobre los servicios que ofrece el estado, la percepci贸n positiva de la lucha contra la corrupci贸n y el uso de la negociaci贸n en lugar de la represi贸n cuando estallaban los conflictos sociales. Estas v谩lvulas de escape, juntas, marcaban una diferencia sustantiva con la situaci贸n de los pa铆ses donde hab铆a estallidos.

Pero los dos 煤ltimos factores cambiaron dr谩sticamente la semana pasada. En cuanto al primer factor, la informalidad, esta ha crecido durante la pandemia, pero ello no fue decisivo para el estallido peruano.

La crisis sanitaria y econ贸mica probablemente sum贸 malestar durante el estallido, pero no lo explica: inclusive durante la pandemia, los peruanos ya esper谩bamos que el Estado no nos funcione.

Si bien exist铆a un malestar acumulado por los errores de la gesti贸n de Vizcarra en el control de la pandemia (hubo 525 protestas durante los 106 d铆as de la cuarentena nacional obligatoria), el presidente segu铆a contando con un apoyo del 54% de la poblaci贸n cuando fue vacado.

Lo que s铆 cambi贸 fue la percepci贸n positiva de la lucha contra la corrupci贸n y el limitado uso de la represi贸n. La satisfacci贸n con la lucha contra la corrupci贸n alcanz贸 su c煤spide con el cierre del Congreso, la instituci贸n menos apreciada del Per煤. Pero los resultados de las elecciones congresales decepcionaron r谩pidamente.

Un presidente bajo sospecha

La percepci贸n de que el nuevo congreso era igual o peor que el anterior 鈥揹ebido a su inter茅s en hacer retroceder reformas valoradas y su proclividad al populismo鈥 volvi贸 a acumular el malestar. A esto se sumaban las fundamentadas acusaciones de corrupci贸n al mismo presidente. A pesar de todo esto, el 78% prefer铆a que Vizcarra continuara su mandato mientras segu铆a siendo investigado.

Se le ve铆a como un aliado 煤til a la hora contener los exabruptos del Congreso. Por ello, el uso cuestionable de la vacancia, y la toma del poder por un sector que la mayor铆a de los peruanos percib铆a como una gran amenaza a la estabilidad gener贸 una ola de indignaci贸n y el temor a perder lo ganado con las reformas de los 煤ltimos a帽os.

Las amenazas pueden ser mejores movilizadores que las oportunidades. Cada d铆a del gobierno de Merino reforz贸 el temor de muchos peruanos. Para primer ministro, escogi贸 a 脕ntero Flores-Araoz,uno de los representantes m谩s emblem谩ticos de la vieja clase pol铆tica. Demor贸 dos d铆as en poder conformar su gabinete, y cuando lo llen贸 de pol铆ticos conservadores y empresariales que desde el 2011 no pueden ganar elecciones, confirm贸 la ilegitimidad del gobierno. Para espanto de un amplio sector, esos d铆as el Congreso anunciaba que agendar铆a la elecci贸n de los nuevos miembros del Tribunal Constitucional y debatir铆a proyectos que amenazaban la reforma universitaria. A esto se suman las denuncias de censura a periodistas del canal del Estado por cubrir las protestas y el copamiento de las instituciones.

Represi贸n indiscriminada en una democracia

De otro lado, la represi贸n indiscriminada en una democracia 鈥agonizante, pero democracia a煤n鈥 volvi贸 a demostrar ser una facilitadora de movilizaci贸n. El c谩lculo del gobierno parece haber sido que una represi贸n intensa desincentivar铆a las protestas.

Esta l贸gica no aprend铆a nada del error que eso signific贸 en pa铆ses como Chile o Colombia desde el a帽o pasado. Cada d铆a del breve gobierno de Merino las protestas se multiplicaron. La percepci贸n de amenaza gener贸 cascadas de acci贸n colectiva en marchas, plantones y cacerolazos.

En el centro de Lima se lleg贸 a reunir a varias decenas de miles. El jueves, durante la primera marcha nacional, la abarrotada Plaza San Mart铆n era una fiesta, con canciones, bailes y teatro. Sin embargo, cuando un grupo de manifestantes intent贸 avanzar al Congreso, la polic铆a reaccion贸 violentamente contra todos. Esto produjo enfrentamientos. Se tiraron innumerables bombas lacrim贸genas y se us贸 armas de fuego. Dos manifestantes quedaron gravemente heridos.

Los polic铆as se cubren con sus escudos durante un enfrentamiento con manifestantes durante la protesta contra la decisi贸n del Congreso de destituir al expresidente Mart铆n Vizcarra. Lima, 12 de noviembre de 2020- Shutterstock / Joseph Everth

La represi贸n del jueves solo increment贸 la indignaci贸n e hizo que aumentara la participaci贸n el viernes y m谩s a煤n el s谩bado, d铆a de la segunda marcha nacional. Esa noche se dio tambi茅n la represi贸n m谩s violenta. Dos j贸venes, Bryan Pintado (22) e Inti Sotelo (24), fueron asesinados de manera brutal. A Bryan le dieron 11 proyectiles en el rostro, cabeza y t贸rax, y a Inti le reventaron el coraz贸n.

En varias ciudades del pa铆s, pero fundamentalmente en Lima, se protest贸 por estos asesinatos con rabiosos cacerolazos a la medianoche. El domingo amanecimos con 114 heridos, 41 desaparecidos, y una juventud movilizada y lista para volver a enfrentarse a la polic铆a. Pero Merino renunci贸 al mediod铆a, dando paso a una etapa de distensi贸n.

El cierre de estas dos v谩lvulas de escape con la percepci贸n de las 鈥渕afias鈥 tomando el poder y la represi贸n indiscriminada son claves para entender por qu茅 la sociedad civil peruana sali贸 en masa a las calles. Debido a que Vizcarra acept贸 r谩pidamente su vacancia, al inicio las protestas se quedaron sin un objetivo concreto.

Pero el incremento de las amenazas y represi贸n ayudaron a que el objetivo se definiera: que Merino caiga como sea, sin tener claro lo que vendr铆a luego. Ese objetivo unific贸 la protesta.

La irrupci贸n de la generaci贸n del bicentenario

Pero el estallido peruano no puede explicarse solo por factores externos. Hace un a帽o mencionaba que, a pesar de la debilidad de la mayor铆a de nuestras organizaciones sociales, una desmesurada represi贸n facilitar铆a una movilizaci贸n sostenida por el solo hecho de la indignaci贸n, lo que el soci贸logo James Jasper llama shock moral.

Pero lo que vimos esta semana no fue solo la reacci贸n de los j贸venes, sino, nuevas formas y recursos de movilizaci贸n. La politizaci贸n de j贸venes millennials y -sobre todo-centennials trajo una serie de habilidades sin las que no se podr铆a terminar de explicar la masividad de la protesta.

Los primeros en asistir a las manifestaciones fueron los j贸venes politizados, con mayor experiencia, y vinculados al movimiento de derechos humanos que ha marchado permanentemente contra el fujimorismo y la corrupci贸n. Pero a la hora de la represi贸n, la novedad fue la presencia de las barras de equipos de f煤tbol que, como en Chile, tuvieron un rol protag贸nico en la organizaci贸n de la primera l铆nea de defensa contra la polic铆a.

Se formaron tambi茅n grupos encargados de desactivar bombas lacrim贸genas. Aparecieron j贸venes organizando las brigadas m茅dicas, que fueron decisivas para minimizar las v铆ctimas mortales. Mucha de la informaci贸n para convocar y coordinar se dio por Instagram y Tik Tok. Es m谩s, muchos influencers tomaron posici贸n y utilizaron sus cuentas con millones de seguidores para incentivar la participaci贸n. Gamers y Otakus tambi茅n utilizaron sus redes para convocar y coordinar.

Son estos nuevos protagonistas, bautizados por la soci贸loga Noelia Ch谩vez como la generaci贸n del bicentenario, quienes emplearon sus redes sociales para organizar la rabia que hab铆an provocado primero las amenazas y luego la represi贸n.

Sin la participaci贸n activa y entusiasta de este bloque de j贸venes nacidos a finales del siglo pasado o en este siglo dif铆cilmente se hubiesen generado las cascadas de acci贸n colectiva que muchos vimos con sorpresa esta semana. Fueron estos j贸venes tambi茅n los que grabaron y difundieron masivamente tanto los episodios de represi贸n como los momentos m谩s l煤dicos de las protestas, incentivando m谩s la participaci贸n.

Esta participaci贸n fue clave tambi茅n porque las principales centrales sindicales decidieron no acompa帽ar las protestas. Esto porque las ve铆an muy cercanas al ex presidente Vizcarra, contra quien hab铆an protestado durante la pandemia por temas laborales y econ贸micos. Esa ausencia fue compensada con la participaci贸n de amplios sectores de j贸venes autoconvocados, sin ninguna filiaci贸n con partidos ni organizaciones.

No deja de ser llamativo que este gran despliegue de solidaridad se haya dado en un pa铆s con uno de los niveles de confianza interpersonal m谩s bajos de la regi贸n. Este era uno de los datos manidos para argumentar que costosas coordinaciones y apoyos espont谩neos ser铆an improbables en una gran protesta peruana. Pero se dieron. Los j贸venes cuidaron de todos los manifestantes, no solo con las eficaces brigadas de salud 鈥formados por j贸venes m茅dicos, enfermeros y estudiantes de medicina鈥 sino tambi茅n con las coordinaciones entre j贸venes abogados para ir a las comisar铆as a buscar desaparecidos y ayudar a detenidos.

Al mismo tiempo, en las redes se organizaban colectas para apoyar a familiares de los j贸venes asesinados y heridos. Finalmente, el 茅xito de los cacerolazos, sobre todo los que respondieron a los dos fallecidos, dan cuenta de un 谩nimo emp谩tico y solidario que cuestiona los sentidos comunes sobre el individualismo, la indiferencia y la apat铆a pol铆tica del peruano promedio.

Manifestantes se enfrentan a la polic铆a durante una protesta contra la decisi贸n del Congreso de destituir al expresidente Mart铆n Vizcarra. Lima, 14 de noviembre de 2020. Shutterstock / Joseph Everth

驴Un estallido en las calles ef铆mero?

El parlamentario del Partido Morado, Francisco Sagasti, se convirti贸 en el nuevo titular del Congreso y asumir谩 la Presidencia de la Rep煤blica. Presidencia de Per煤

La protesta masiva, extendida y permanente no solo logr贸 tumbar al gobierno ileg铆timo de Manuel Merino, sino que tambi茅n presion贸 al Congreso para que elija un presidente y una mesa directiva conformada solo por congresistas que se opusieron a la cuestionada vacancia de Vizcarra (solo 19 de los 130). A pesar de que los 鈥渧acadores鈥 son mayor铆a e intentaron dar la pelea con una lista alternativa, al final optaron por aprobar una f贸rmula que respond铆a a la demanda de la calle, es decir, sin 鈥渧acadores鈥. Se eligi贸 a Francisco Sagasti, miembro del Partido Morado (PM), como presidente. El PM fue el 煤nico consistente en su rechazo a la vacancia y algunos de sus miembros ayudaron a ubicar desaparecidos y liberar detenidos.

Una diferencia con el estallido chileno es la debilidad de la clase pol铆tica peruana. En Chile el estallido dej贸 34 fallecidos, 3 400 civiles hospitalizados y 460 ciudadanos con ojos mutiladosy, si bien se logr贸 empujar el plebiscito nacional para someter a voto una Convenci贸n Constitucional, la coalici贸n de gobierno resisti贸 y permaneci贸 en el poder. En Per煤, en cambio, nuestra democracia sin partidos nos lleva a la paradoja de tener una clase pol铆tica repleta de independientes sin horizontes a mediano plazo que generan permanentes crisis, pero que al mismo tiempo es d茅bil y r谩pidamente susceptible de ser derrotada por la sociedad civil movilizada.

Otra diferencia con Chile es que el clivaje central en el estallido peruano fue democracia/dictadura. Mientras en Chile la demanda central avanz贸 hacia la nueva Constituci贸n para desmontar el modelo neoliberal, en Per煤 no se lleg贸 a politizar la desigualdad y el estallido respondi贸 a una amenaza autoritaria. Las protestas se orientaron m谩s a restablecer el statu quo que a presionar por una reforma o cambio sustantivo.

Desde que Merino renunci贸, las marchas disminuyeron notablemente y los cacerolazos dejaron de sonar masivamente. M谩s a煤n, con la elecci贸n del presidente Sagasti y la nueva mesa directiva del Congreso pareciera que muchos han quedado satisfechos.

Sin embargo, s铆 hay sectores que a煤n buscan movilizarse por al menos dos demandas: justicia y reparaci贸n para las v铆ctimas y la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

El primer objetivo convoca a la totalidad de quienes se movilizaron durante el estallido. Se exige sanci贸n para los culpables de la represi贸n (incluidos los responsables pol铆ticos) y reparaciones para las v铆ctimas. Por este motivo, han continuado numerosas marchas el mismo lunes, luego de la elecci贸n de Sagasti, y se han convocado nuevas marchas.

La demanda por la Asamblea Constituyente moviliza todav铆a a solo un sector de quienes participaron en el estallido. Aunque varias marchas el lunes fueron tambi茅n por avanzar hacia una Asamblea Constituyente, estas fueron menores en n煤mero. Esto contrasta con la extendida demanda por 鈥渜ue se vayan todos鈥, y con una reciente encuesta que indica que el 56% de peruanos estar铆a de acuerdo con una nueva Constituci贸n. Es probable que la distancia actual de muchos j贸venes manifestantes con esta propuesta se deba m谩s a su desconfianza con los partidos y colectivos de izquierda.

Entonces, 驴fue este estallido ef铆mero? Luego de la transici贸n de hace 20 a帽os, tambi茅n protagonizada por j贸venes en la Marcha de los Cuatro Suyos, muchos de los colectivos y organizaciones espont谩neas desaparecieron una vez que Fujimori renunci贸. Ahora podr铆a ocurrir algo similar, pero es probable que las amenazas a la democracia crezcan y que eventualmente se logre politizar la desigualdad.

Cuando esto ocurra, existe ya un nuevo bloque que acaba de politizarse 鈥揺n medio de la represi贸n鈥 y que tiene nuevas formas de hacer y comunicar pol铆tica. A partir de esta coyuntura cr铆tica, la generaci贸n del bicentenario peruano puede adquirir un protagonismo cada vez m谩s claro en la lucha pol铆tica. Por ahora ya nos ha dado una nueva narrativa de compromiso y solidaridad.


La versi贸n original de este art铆culo fue publicada por el Centro de Investigaci贸n Period铆stica (CIPER) de Chile.




Fuente: Eulixe.com