May 10, 2021
De parte de Ateneo Libertario Carabanchel Latina
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Carlos Javier Gonz谩lez Serrano 

P铆o Baroja

En un art铆culo publicado el 24 de septiembre de 1900 en El Pa铆s (bajo el t铆tulo de 鈥淟as vidas tristes鈥), un P铆o Baroja soliviantado con su pasado confesaba que, por fin, 鈥測o sal铆 de esos antros de imbecilidad llamados Universidades鈥, tras los reiterados suspensos (causados m谩s por su desinter茅s que por su incapacidad) con los que algunos catedr谩ticos le obsequiaban en Madrid. Cuando se traslada a Valencia, donde apenas conoce a nadie y comienza a sentirse por fin libre, declara en una carta fechada en 1893 el ideario que por aquel entonces no dudaba en poner en pr谩ctica: 鈥渧ivir entontecido, como siempre, y estudiar poco. Comer bastante; digerir bien; dormir mucho; ensuciarse en todo. Ser un bruto. He aqu铆 mi vida鈥.

Aunque pueda parecer llamativo, Baroja empez贸 a publicar sus primeros escritos de mayor repercusi贸n en la Revista Nueva a cambio de veinticinco pesetas y algunos muebles que 茅l mismo aport贸 para la redacci贸n. A pesar de este singular trueque, no pod铆a hacer caso omiso a su vocaci贸n. En sus memorias, explicaba que a finales de 1898 no sent铆a un verdadero apego por otra cosa que no fuera la escritura: 鈥淨uer铆a ensayar literatura. Ya comprend铆a que ensayar la literatura dar铆a poco resultado pecuniario, pero, mientras tanto, pod铆a vivir pobremente, pero con ilusi贸n. Y me decid铆 a ello鈥. As铆 empezaba la aventura literaria del autor de San Sebasti谩n.

Muy pronto sus art铆culos llaman la atenci贸n del p煤blico y de sus compa帽eros de faena. Unamuno aseguraba en 1900 que 鈥淏aroja llega al coraz贸n haci茅ndonos estremecer hasta en la m谩s peque帽a fibra. Pensador y artista, m谩s lo primero que lo segundo, sus narraciones son notas delicad铆simas, p谩ginas arrancadas de la realidad鈥. Un a帽o m谩s tarde, Ramiro de Maeztu aclaraba en la revista Madrid que 鈥渓o que Baroja busca en el esp铆ritu son las tendencias malsanas, las cobard铆as, las miserias, los indicios o residuos de la vida decadente que en esta 茅poca de seres indecisos se encuentran hasta en las individualidades m谩s poderosas鈥.

P铆o Baroja balc贸n

Y es que, como es sabido, la situaci贸n pol铆tica y social que en el fin del XIX se viv铆a en Espa帽a era, cuanto menos, delicada. La p茅rdida definitiva de algunas colonias y el desarrollo del pesimismo europeo (SchopenhauerLeopardiKierkegaard, el recuerdo de Larra), que muy pronto fue acogido por el mismo Baroja, pero tambi茅n por Unamuno, Azor铆n, Machado o Ganivet, ocasionaron la irrupci贸n de un tipo de literatura intimista, que hac铆a hincapi茅 m谩s en las vicisitudes psicol贸gicas e inquietudes metaf铆sicas de los personajes de las obras de turno, que en sus circunstancias externas -contempladas como meros hechos coyunturales-.

Podemos rastrear estos rasgos en algunos de los escritos m谩s tempranos de Baroja, por ejemplo, en  el relato 鈥淢elancol铆a鈥 (de apenas dos p谩ginas de extensi贸n), publicado en 1893 en La Justicia. En 茅l se exponen las breves pero intensas reflexiones de un 鈥渧iejo p谩lido y haraposo鈥, de 鈥渕irada fr铆a鈥 y sonrisa de 鈥渁marga tristeza鈥, que nos relata muy concisamente algunos de los hallazgos m谩s importantes de su vida. Aunque obtuvo no pocos 茅xitos, su incipiente satisfacci贸n siempre desembocaba en una gran tristeza. Cuando cerca de su final recapacita sobre su vida, la conclusi贸n es elocuente: 鈥淒eseo precisamente lo que no tengo, y, sin embargo, no hay en mi alma un ideal fijo y claro; siento ansias y anhelos de algo grande, de algo enorme, pero con ellos me morir茅, y con ellos me enterrar谩n; 驴qui茅n sabe?, quiz谩 la muerte, al hacerlos desaparecer, los satisfaga鈥.

En estas 煤ltimas palabras encontramos definitivamente algunos de los rasgos principales que Baroja tomar谩 de sus extensas y pausadas lecturas de Kant y, sobre todo, Schopenhauer. Del primero adopta una de sus ense帽anzas antropol贸gicas m谩s c茅lebres: la 鈥渋nsociable sociabilidad del hombre鈥, siempre en conflicto con sus semejantes, a los que, a la vez, necesita para poder existir. De Schopenhauer, por su parte, a quien Baroja tuvo siempre como uno de los esp铆ritus m谩s eminentes de la filosof铆a alemana, absorbe un pesimismo que podemos observar en todo el conjunto de la obra barojiana; en concreto, la fugacidad de la existencia de los seres humanos, el estrecho cerco que separa el ser y la nada, y la relaci贸n de los hombres con un deseo que nunca ceja en el empe帽o de ver satisfechas sus ambiciones. En otro de sus m谩s tempranos y significativos relatos, 鈥淓l bien supremo鈥 (1894), nuestro autor presenta a un personaje que conversa con Budha, quien le da la oportunidad de escoger el don que m谩s desee. Este elige la inmortalidad, pero enseguida cae en la cuenta de su fat铆dico error y suplica a Budha que, por favor, le permita traspasar las 鈥減uertas del reino de lo inconsciente, del sitio en que se es sin ser鈥. La nada, a fin de cuentas, es preferible al ser, a una vida en la que las generaciones se suceden unas a otras sin poder contemplar en ellas ning煤n viso de evoluci贸n espiritual.

Es sin duda en su art铆culo 鈥淢i moral鈥, de 1902, donde asistimos al despliegue barojiano de las hondas influencias que Nietzsche despert贸 en 茅l. En esta suerte de credo, te帽ido de un pesimismo siempre latente de corte darwinano, Baroja afirmaba que 鈥淪oy un individualista rabioso, soy un rebelde; la sociedad me parece defectuosa porque no me permite desarrollar mis energ铆as, nada m谩s que por eso鈥. Eso a lo que llamamos 鈥渕oral鈥, explica nuestro protagonista, parece responder a un inconsciente social que se propone como meta una mejora m谩s que dudosa y que, adem谩s, nunca acaba de llevarse a efecto. Impregnado del vitalismo biologicista de Nietzsche, Baroja asegura que 鈥渓a humanidad se ha separado de la ley natural鈥, a la que hay que retornar; debemos liberaros de las 鈥渓eyes y preceptos sociales y religiosos鈥, que tan solo dificultan la aut茅ntica y posible evoluci贸n: 鈥渁gotar todas las fuerzas vitales鈥 sin renunciar artificialmente a ninguna de ellas. El imperativo del autor vasco es tajante: que los seres humanos 鈥渟e sientan fuertes, a la conquista de la vida y del mundo鈥, pues la piedad es buena solo tras haber vencido.

pio baroja

Pero Baroja, gracias a sus lecturas de Baudelaire y Poe, es muy consciente de c贸mo nos las gastamos los unos con los otros. En su art铆culo 鈥淧erversidad鈥 (1893) se refiere a una misteriosa 鈥渇uerza鈥 que ni siquiera la filosof铆a puede explicar, una especie de 鈥渢endencia que determina a la voluntad a ejecutar actos reprobados鈥 por las leyes naturales que a帽os despu茅s, como hemos visto, ensalzar铆a a los cuatro vientos. Y es que en el mundo es posible hacer el mal por el mal, como ya adujo Poe (al que Baroja denomina 鈥渇il贸sofo de la perversidad鈥): incluso quiz谩s pueda hablarse de una maldad innata en los seres humanos, de una sugesti贸n demon铆aca en los hombres que puede llegar a conducir a su mutua destrucci贸n y aniquilamiento. Una masa, la humana, a la que Baroja siempre temi贸 y despreci贸, de la que emanan todos los malos impulsos que nos conducen a practicar el mal, aunque, acaso 鈥渓o 煤nico que podemos dar es lo que tenemos -escrib铆a en 鈥淣o nos comprendemos鈥 (1903)-. Un ansia dolorosa, un anhelo inconcreto por un ideal tambi茅n inconcreto, un deseo de algo grande, de algo terriblemente humano鈥.

驴C贸mo conciliar, entonces, ambos polos: las desmedidas pretensiones de aquellas 鈥渓eyes naturales鈥 (nuestros m谩s hondos deseos), a las que hay que dar rienda suelta, y la perversidad que parece residir en todo 谩nimo humano? Esta ser谩 una tensi贸n a la que Baroja har谩 frente durante toda su carrera creativa y con la que nunca temer谩 toparse. Dos textos debemos comparar en este punto. En una de sus novelas m谩s conocidas, Camino de perfecci贸n, don P铆o hac铆a hablar de esta manera  al arriero Nicol谩s Polentinos: 鈥淭odos los hombres son insaciables, cr茅alo usted, y como no se pueden saciar todos los deseos, porque el hombre es como un gavil谩n, pues vale m谩s no saciar ninguno鈥. La vida, declara Nicol谩s con un deje marcadamente schopenhaueriano, 鈥渘o es m谩s que una ilusi贸n鈥, y como declarara Rub茅n Dar铆o en el poema 鈥淟o fatal鈥 (1905), 鈥渘o hay dolor m谩s grande que el dolor de ser vivo,/ ni mayor pesadumbre que la vida consciente鈥. La ilusoria existencia de los hombres es precisamente dolorosa porque encierra la consciencia de su propia evanescencia y fragilidad. El ser humano intenta explicarse a s铆 mismo el funcionamiento de la vida tal y como se nos presenta (luchas, intrigas por doquier, peque帽os atisbos de ef铆mera felicidad, ansias de poder, sufrimiento, etc.), pero de nuevo se encuentra con el problema del egotismo, de la contemplaci贸n constante de su propio ombligo: 鈥淭odo lo vaciamos en el molde de nuestro esp铆ritu; fuera de ese peque帽o molde, no tenemos nada para asir y comprender las cosas que pasan por delante de nosotros鈥, escrib铆a Baroja en Las inquietudes de Shanti And铆a.

Aunque es un hecho que la mayor parte de las historias narradas por Baroja no poseen un final especialmente dichoso (como exig铆a el patr贸n de la tragedia dictado por Schopenhauer, tomado a su vez de Shakespeare), el autor vasco tampoco despreci贸 indiscriminadamente los peque帽os respiros que nos da en ocasiones la vida a trav茅s de la amistad y el amor鈥 siempre que tengamos muy presente que, como reza uno de los t铆tulos de una de sus obras maestras, El mundo es ans铆: 鈥淓s verdad. Todo es dureza, todo crueldad, todo ego铆smo. 隆En la vida de la persona menos cruel, cu谩nta injusticia, cu谩nta ingratitud!鈥 El mundo es ans铆鈥.

Baroja escritorio

La obra quiz谩s m谩s conocida de Baroja, El 谩rbol de la ciencia (1911), inaugura el g茅nero de la literatura filos贸fica en el siglo XX espa帽ol. En ella asistimos al desarrollo personal y cient铆fico de su personaje central, Andr茅s Hurtado, remedo del yo del autor. Baroja estudi贸 medicina en su juventud, y producto de las esperanzas que al principio deposit贸 en la ciencia, de la mano de sus inquietudes m谩s espec铆ficamente filos贸ficas, escribi贸 este libro que ha pasado a engrosar la lista de la literatura universal. Las ansias desaforadas de Andr茅s chocar谩n con las estrechas miras de una sociedad en decadencia y que dificultar谩 el desarrollo intelectual y emocional del protagonista. Un cl谩sico de inexcusable lectura. 鈥淯no tiene la angustia -escrib铆a Baroja-, la desesperaci贸n, de no saber qu茅 hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin br煤jula, sin luz adonde dirigirse. 驴Qu茅 se hace con la vida? 驴Qu茅 direcci贸n se le da? Si la vida fuera tan fuerte que le arrastrara a uno, pensar ser铆a una maravilla鈥.

En una obra anterior (1902), Camino de perfecci贸n, Baroja ya hab铆a ensayado este tipo de literatura que colinda con el pensamiento filos贸fico, aunque en este caso la fuerza narrativa del relato ostenta un primer respecto al de la reflexi贸n cr铆tica. El personaje central de esta novela, Fernando Ossorio, supone la personificaci贸n de un pesimismo mistificado que Baroja intenta superar a trav茅s de sus creaciones. En la historia observamos c贸mo Fernando, a trav茅s de una conducta siempre dubitativa que le impide en ocasiones actuar, deambula por la existencia en errante caminar. De nuevo, el tema de la vida como un sendero on铆rico se hace presente en la historia: 鈥淧asar toda la vida durmiendo con un sue帽o agradable, 隆qu茅 felicidad! 隆Y si el sue帽o no tuviera ensue帽os! Entonces, a煤n felicidad mayor. Pero el sue帽o est谩 pre帽ado de vida, porque en las honduras de esa muerte diaria se vive sin conciencia de que se vive鈥.

Camino de perfecci贸n Baroja
El 谩rbol de la ciencia Baroja
El mundo es ans铆 Baroja
La busca Baroja

En El mundo es ans铆 (1912), una de las cumbres de la producci贸n barojiana tanto por su trepidante estructura narrativa como por su contenido, el autor de San Sebasti谩n acomete acaso el 煤nico camino posible en esta vida tan rapaz: el desenga帽o. Su p谩ginas nos gu铆an a trav茅s de las reflexiones de su protagonista, en este caso una mujer, la rusa Sacha Savarof, quien cansada de bregar con una existencia plagada de sinsabores y cargada de promesas siempre incumplidas, acaba por declarar que 鈥渓a vida es esto; crueldad, ingratitud, inconsciencia, desd茅n de la fuerza por la debilidad, y as铆 son los hombres y las mujeres, as铆 somos todos鈥.

Por 煤ltimo, hay que destacar la trilog铆a de La busca(compuesta por este mismo t铆tulo, Aurora Roja y Mala hierba), en la que Baroja nos presenta un maravilloso retrato de la ciudad de Madrid acompa帽ado de una profunda reflexi贸n sobre la pol铆tica, la amistad y las relaciones humanas en general, inspeccionando los vericuetos del alma de los hombres con la esperanza de encontrar en ella, siquiera, un rastro de verdadera humanidad.

fuente: EL VUELO DE LA LECHUZA




Fuente: Ateneolibertariocarabanchellatina.wordpress.com