March 21, 2021
De parte de Paco Salud
1,465 puntos de vista

             


 

              LA MEMORIA ALCANZADA

                  

            

                Ocurri贸, un martes, ocho de
septiembre.

El reloj llor贸 las seis campanadas,

                Y el sentir de sus ecos me se帽ala,

El umbral de una l煤gubre jornada.

La ma帽ana se muestra nebulosa,

Fr铆gida y sospechosamente extra帽a.

Arranco caminando a la estaci贸n,

Con simulada y temerosa calma.

Por las calles se cruzan negras sombras,

Que rielan sobre las casas albeadas.

No hay aqu茅l 隆buenos d铆as! en los saludos,

Como la buena gente acostumbraba;

Ni apretones de manos entre amigos

Ni abrazos limpios entre compa帽eros

S贸lo tristes miradas que soslayan,

Las esquinas que al confidente ampara.

 

Frente al and茅n espero el viejo tren,

Que habr谩 de conducirnos a la f谩brica.

Me arrincono en un coche deplorable,

Junto a una desvencijada ventana.

Las palabras furtivas, humilladas,

Por rehiletes de irracional venganza.

Las miradas se inclinan sepultadas,

Bajo un manto de sombras y de l谩grimas.

 

S贸lo rostros perdidos entre nieblas,

Atisban, sensaciones que acompa帽an;

Que a veces se desnudan por rescoldos,

Que iluminan los cabos de colillas.

Nos acercamos al empalme previo,

Para el seguro cambio de las v铆as.

El holl铆n del carb贸n ya se acomoda,

En el ambiente hostil que se respira.

 

A pesar del
serpenteante camino,

El traqueteo
del tren no nos impide,

Escuchar los
fusiles que disparan,

Muerte por
sus alargadas gargantas.

Veinte rojos
claveles y una rosa,

Yacen junto
a la tenebrosa zanja;

Veinte
hombres, y una madre desolada,

Arrancadas
sus vidas, y esperanzas.

 

La tapia del
cementerio te帽ida,

Con pinceles
de criminales balas;

Ornamentan
bajo el espurio cielo,

Un lienzo de
amapolas deshojadas.

El resto del
camino se amordaza,

Con vendas
de sal nuestros alaridos.

Los tarayes
que acompa帽an las v铆as:

Rojas sus
flores, sangre su roc铆o.

 

Los golpes
en tu puerta, a media noche,

Te confirman
el orden implantado;

Una nueva familia
mutilada;

Un cuerpo
que se muestra, ya sin vida.

Sudamos el
silencio de los miedos,

Del saber: a
qui茅n golpear谩n ma帽ana.

Chivatos y
asesinos siempre ocultos

Exhiben sus
orejas prolongadas.

 

Nuestro
entender se ensancha y ratifica,

La respuesta
que entonces vislumbramos:

隆En nuestro
pueblo no hubo guerra, s贸lo,

Represi贸n y
terror planificado!

 

Ocurri贸 un
martes, ocho de septiembre,

De tanta
muerte el reloj fue testigo

Por eso
llora las seis campanadas:

En honor de
las flores cercenadas.

 

N.V.

 

               Puerto Real Septiembre 2005.




Fuente: Pacosalud.blogspot.com