February 9, 2021
De parte de Nodo50
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La relaci贸n entre pandemia y deterioro de la salud mental es algo que a estas alturas se da por hecho. Se alude a ella continuamente en los medios de comunicaci贸n, que tratan de esbozar la amenaza que se cierne sobre la sociedad apoy谩ndose en declaraciones de profesionales y datos sobre el incremento del consumo de psicof谩rmacos. En otro plano, alguien como Bernie Sanders ha hecho referencia a los estragos causados por el aislamiento y la ansiedad en el primer p谩rrafo de su art铆culo de opini贸n sobre las medidas que debe tomar la Administraci贸n de Joe Biden en los primeros compases de la nueva legislatura. La idea de que el sufrimiento ps铆quico de la gente es un problema de primer orden ha conseguido desbordar los m谩rgenes de lo cl铆nico y de la experiencia individual, lo que ofrece la oportunidad de pensar la salud mental sin los reduccionismos a los que estamos acostumbrados.

Que se acepte la conexi贸n directa entre el contexto y los denominados 鈥渢rastornos mentales鈥 puede parecer algo evidente a primera vista, pero lo cierto es que no ha sido ni es la tendencia dominante en psiquiatr铆a. La interpretaci贸n hegem贸nica es biologicista, lo que quiere decir que los problemas de salud mental son considerados b谩sicamente como desajustes bioqu铆micos. As铆 pues, la 鈥渆nfermedad mental鈥 se presenta como una patolog铆a an谩loga al resto de afecciones tratadas por la medicina, una disfuncionalidad cuyo abordaje es esencialmente farmacol贸gico. Este es el motivo por el que a la mayor铆a de las personas que hemos sido atendidas en consultas psiqui谩tricas nunca nos han preguntado por lo que estaba ocurriendo en nuestras vidas, pero s铆 hemos escuchado reiteradamente que debemos tomarnos los psicof谩rmacos recetados de la misma manera que un diab茅tico tiene que ponerse la insulina.

Un argumento que responde m谩s a un anhelo que a los hechos, y que ha sido refutado hasta la saciedad por pacientes, profesionales e investigadores ajenos a esta forma de simplificar la complejidad de los fen贸menos mentales, pero que, aun as铆, sigue vigente porque concuerda con un modo de concebir la realidad que cuenta con entusiastas y poderosos defensores. La apolog铆a extrema de la individualizaci贸n que celebra la ideolog铆a neoliberal no solo se queda en las din谩micas de consumo, la configuraci贸n del sistema productivo o el quehacer institucional, tambi茅n atraviesa otros territorios menos evidentes, entre los que se encuentra el c贸mo se percibe y gestiona la salud mental. Hacer del sufrimiento ps铆quico un problema estrictamente individual responde a la l贸gica que gobierna el mundo. Un mundo que hoy se cae a pedazos.

La crisis global que ha provocado el coronavirus est谩 tensando buena parte de las contradicciones sobre las que se asienta la organizaci贸n de la vida que conocemos. Son muchas las viejas verdades que ya no se podr谩n sostener sin caer en el rid铆culo. No, no hay ning煤n psicof谩rmaco que pueda por s铆 mismo restituir el equilibrio perdido, no hay nada parecido a una insulina para los problemas de salud mental que nos asolan. Nunca lo hubo. Al igual que no existen pruebas m茅dicas objetivas que sirvan para diagnosticar la 鈥渆nfermedad mental鈥, solo entrevistas subjetivas, y tampoco demostraci贸n emp铆rica alguna de que la depresi贸n, la ansiedad o la psicosis sean causadas por desequilibrios bioqu铆micos (como suele decir Joanna Moncrieff, profesora de Psiquiatr铆a en el University College de Londres, no se tiene la menor idea de c贸mo es un cerebro qu铆micamente equilibrado).

Si todo esto fuera as铆, si los diagn贸sticos psiqui谩tricos tuvieran una base fundamentalmente biol贸gica que pudiera subsanarse con medicaci贸n, no habr铆a tanto de qu茅 preocuparse en la actual situaci贸n: se podr铆a prever el crecimiento de los casos en base a una prevalencia estimada y habr铆a una soluci贸n farmacol贸gica ya inventada desde hace d茅cadas para ellos. Pero no, el problema de la salud mental estaba antes de la covid, las consultas psiqui谩tricas y el consumo de psicof谩rmacos crec铆an desde hac铆a d茅cadas sin que se produjera un verdadero cuestionamiento social acerca de los factores que propiciaban semejante escalada. La anterior crisis econ贸mica dio numerosas pistas al respecto, pero el modelo asistencial permaneci贸 intacto. Las investigaciones sobre Procesos de desahucio y salud de la Escuela Andaluza de Salud P煤blica y Los riesgos de la crisis econ贸mica en la salud mental en Espa帽a: evidencias en los centros de Primaria o el m谩s reciente informe del Observatorio Desc sobre Emergencia habitacional, pobreza energ茅tica y salud en Barcelona son claras muestras de ello. La irrupci贸n del virus nos acerca a toda velocidad a un horizonte que llevamos tiempo atisbando.

Si el contexto que habitamos empuja a una parte m谩s que relevante de la ciudadan铆a a la atenci贸n psiqui谩trica, parece urgente revisar el c贸mo estamos viviendo

Las condiciones de vida inciden de manera directa en todas y cada una de las problem谩ticas asociadas a la salud mental. En el caso de las experiencias psic贸ticas o el diagn贸stico de esquizofrenia, por ejemplo, se ha estudiado su relaci贸n con las experiencias traum谩ticas, la pobreza o el desempleo. Lejos de querer defender la existencia una 煤nica causa, ni tampoco descartar la influencia de la biolog铆a (lo cual ser铆a absurdo), creo honestamente que las vidas que vivimos son lo que mejor explica nuestro sufrimiento ps铆quico. Esta perspectiva, que nada tiene de novedosa, acarrea una serie de consecuencias l贸gicas y pol铆ticas que la han hecho sumamente impopular en determinados 谩mbitos. Para empezar, apela directamente a la responsabilidad social, es decir, si el contexto que habitamos empuja a una parte m谩s que relevante de la ciudadan铆a a la atenci贸n psiqui谩trica, parece urgente revisar el c贸mo estamos viviendo. Tambi茅n saca la salud mental del campo acotado de la psiquiatr铆a y la psicolog铆a y hace de ella una preocupaci贸n compartida, ya que deja de ser una cuesti贸n circunscrita 煤nicamente a los individuos y sus dolencias. Plantea, entre otras muchas cuestiones, los l铆mites de un modelo centrado en el f谩rmaco, pues medicalizar la existencia no ofrece una salida real a los problemas de la gente. Porque, al fin y al cabo, de lo que estamos hablando es de que no pueden ofrecerse soluciones individuales a problemas que son colectivos si lo que se busca es la reducci贸n significativa del sufrimiento. A la larga es insostenible. Toda alfombra tiene una cantidad limitada de mierda que puede esconder, y esta ya rebosaba.

Desgraciadamente, este es un momento perfecto para evaluar c贸mo afronta esta sociedad el deterioro del bienestar mental de las personas. Padecer ansiedad, estar deprimido o incluso tener experiencias ps铆quicas inusuales como la disociaci贸n u o铆r voces en un contexto como el actual no significa tener una enfermedad, es una respuesta humana a una situaci贸n extrema de confusi贸n, precariedad y aislamiento. Llegar ahora a esta conclusi贸n no es complicado, nos basta con mirarnos a nosotros mismos y a nuestro alrededor: el juicio se bloquea con pensamientos recurrentes, la incertidumbre paraliza, algunas ideas desembocan en paranoias, cuesta dormir [inciso: mientras escribo estos p谩rrafos he hablado por tel茅fono con mi madre, una estoica mujer castellana de 75 a帽os que ha dicho: 鈥淪i esto sigue as铆 nos vamos a volver todos locos鈥漖. Nuestro propio d铆a a d铆a nos hace bastante m谩s intuitivo el pensar que los problemas de nuestra salud mental est谩n localizados en la vida que creer que lo est谩n el cerebro. 驴Por qu茅 no reflexionar tambi茅n sobre c贸mo ha podido afectar el estr茅s continuado o un conjunto de experiencias negativas a todas esas personas que ya ten铆an diagnosticados trastornos mentales antes de la pandemia? Sin duda se podr铆an extraer valiosas conclusiones pr谩cticas de ello鈥

Solo si vamos m谩s all谩 del qu茅 nos est谩 pasando, de la mera constataci贸n de que la gente est谩 sufriendo con todo lo que sucede, podremos plantearnos qu茅 hacer al respecto. La consigna generalizada parece ser invertir en salud mental鈥 驴pero en qu茅 consiste esa inversi贸n?, 驴m谩s gasto farmac茅utico, m谩s personal sanitario, mayor capacidad diagn贸stica, m谩s camas en las unidades agudos? Que las plantillas de los dispositivos en salud mental est谩n mermadas es un hecho de sobra conocido. Que la posibilidad de ver a un psic贸logo en la sanidad p煤blica suele ser escasa, tambi茅n. Sin embargo, centrar las necesidades exclusivamente en ello parece presuponer que tenemos un modelo correcto falto de medios, algo que cualquier visita a un centro de salud mental o una planta de psiquiatr铆a pone seriamente en cuesti贸n. Hay que mirar a todo lo que falla antes, esa es la idea impl铆cita en el verbo 鈥減revenir鈥. Voy a poner un ejemplo concreto que quiz谩s ayude a ilustrar lo que estoy tratando de trasmitir:

Un compa帽ero ha sufrido dos ingresos pr谩cticamente consecutivos durante el confinamiento, un total de ocho semanas. Uno de los detonantes, si no el principal, fue la vulnerabilidad econ贸mica, ya que sus ingresos se vieron suspendidos por la situaci贸n sanitaria y quedaba fuera de las medidas de protecci贸n social al formar parte de la llamada econom铆a sumergida. Cuando le dieron el alta se le facilit贸 el n煤mero de tel茅fono del trabajador social que le correspond铆a por zona para que tramitara el Ingreso M铆nimo Vital. Nunca nadie atendi贸 a ese tel茅fono, consigui贸 presentar la documentaci贸n por su cuenta y casi medio a帽o despu茅s no tiene ninguna noticia al respecto (una situaci贸n compartida por cientos de miles de ciudadanos, tal y como vienen se帽alando movimientos sociales y sindicatos desde hace meses).

Por tentador que parezca en un primer momento, pedir psicoterapeutas para todos y todas lleva a otro callej贸n sin salida

En determinada coyuntura, la ayuda profesional hace aguas. Claro est谩 que una persona especializada puede contribuir con conocimientos y herramientas a la gesti贸n de experiencias y sentimientos que desbordan a las personas, pero 驴c贸mo te puede ayudar un psiquiatra o un psic贸logo cuando lo que necesitas es una m铆nima estabilidad econ贸mica y habitacional? Yendo m谩s all谩 de estrictas necesidades materiales: 驴c贸mo nadie te va a ense帽ar a lidiar con el aislamiento cuando el futuro inmediato se caracteriza por el distanciamiento social? o 驴c贸mo aprender a gestionar la ansiedad provocada por la inseguridad si los vaticinios fallan d铆a tras d铆a desde hace diez meses? Por eso, por tentador que parezca en un primer momento, pedir psicoterapeutas para todos y todas lleva a otro callej贸n sin salida. No hay terapia que pueda dar por si misma sosiego en una realidad donde fallan los cimientos.

De silenciar hist贸ricamente la salud mental se ha pasado a alarmar sobre la necesidad de tenerla en cuenta (la pr贸xima ola de estos tiempos pand茅micos), hay quienes han ido m谩s all谩 y han exigido recursos. De acuerdo, ahora hace falta definirlos, plasmar su traducci贸n pr谩ctica para hacer frente a los efectos que est谩 teniendo en la poblaci贸n el miedo, la p茅rdida, la ausencia de control sobre las propias vidas y la precarizaci贸n acelerada, cuando no directamente la pobreza. Una perspectiva que tiene que implicar a quienes han experimentado y experimentan el sufrimiento ps铆quico, a quienes tienen un conocimiento directo de lo que funciona y de lo que no cuando se necesita ayuda. Y que a su vez exige romper con todos los discursos que se quedan y agotan en los s铆ntomas y obvian la vinculaci贸n con una vida que a todas luces est谩 funcionando mal. Porque invertir en salud mental supone much铆simo m谩s que 鈥渞eforzar los dispositivos de salud mental de manera que puedan hacer frente a las necesidades no atendidas y afrontar el [aumento] previsible de la demanda鈥 (Editorial del 11 de enero de El Pa铆s); es hacer pol铆ticas que combatan la desigualdad y ofrezcan un sost茅n efectivo a todas las personas en situaci贸n de vulnerabilidad. Y a partir de ah铆, avanzar.

Ya no tiene sentido seguir pensando en la locura como algo situado al margen, algo ajeno. Est谩 demasiado presente en nuestra cotidianidad para seguir desviando la mirada. Las consecuencias psicol贸gicas de la pandemia evidencian que el sufrimiento ps铆quico es un problema que debe ser afrontado colectivamente. Su politizaci贸n conlleva exigir con car谩cter de urgencia los mecanismos necesarios para minimizar su magnitud e impacto, pero desde luego no se queda solo ah铆. Significa trabajar por agrietar los tab煤es, reconocernos vulnerables a las acometidas de la vida y trazar un camino com煤n a partir de ese reconocimiento. Asumir, en definitiva, que la construcci贸n de una sociedad m谩s libre y justa es por principio un problema de salud mental.




Fuente: Ctxt.es