September 16, 2021
De parte de Asociacion Germinal
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Por la abolici贸n del ej茅rcito, la transformaci贸n integral y nuestra tradici贸n

Escrito por Kiko Bardaj铆 Cruz

Que exista un ej茅rcito profesional y permanente es una amenaza colosal para las libertades y para la vida misma de las gentes del pueblo. El poder deviene, en el 煤ltimo momento, en la 煤ltima circunstancia, del fusil. El estatus quo est谩 defendido por varias murallas: primero el adoctrinamiento, luego el miedo, m谩s tarde la polic铆a, luego la guardia civil y finalmente el ej茅rcito. El ej茅rcito es el garante n煤mero uno del orden actual.

Por otro lado, el ej茅rcito supone una explotaci贸n fiscal inaudita que nos esclaviza a trabajar para mantener a una casta de improductivos cada vez m谩s numerosa. La supuesta labor de 鈥渄efensa鈥 frente al exterior que ejerce el ej茅rcito la puede asumir el pueblo armado y organizado con plenitud.

Espartero, Narv谩ez, O麓Donnel, Prim, Serrano o Franco ya han sido suficiente, ya nos han ahogado en la desolaci贸n y en la matanza demasiadas veces. Esta saga de militares profesionales debe llegar a su fin. El coste en sangre, destrucci贸n y aculturaci贸n ha sido alt铆simo. El Ej茅rcito siempre es un Ej茅rcito de invasi贸n y a los primeros que invade es a la poblaci贸n que se la obliga a costearlo y soportarlo.

No es por nada el hecho de que en la literatura militar el pueblo siempre sea tratado como un enemigo, como el frente interior que hay que mantener dominado para atender el frente exterior.

Jaime Dom铆nguez Buj, Jefe del Estado Mayor del Ej茅rcito espa帽ol hasta 2017, afirma que el objetivo n煤mero uno del Ej茅rcito es 鈥済anarse los corazones y mentes鈥 de la gente, y que si esto no funcionara 鈥渆stamos preparados para intervenir鈥 en cada escenario interior鈥 que se presente.[1] El llamado frente interior no s贸lo es una cuesti贸n axial para los militares sino para todo el pensamiento liberal y socialdem贸crata. Para ello la inversi贸n en propaganda es fundamental as铆 como el mantenimiento de los costes de legitimidad.

En lo que llaman Espa帽a el ej茅rcito ha sido, desde hace siglos, la instituci贸n peor valorada por las gentes. Hasta la llegada de la socialdemocracia y el feminismo. Con 茅stos la inversi贸n en la conquista de las mentes y los corazones ha sido colosal.

Las milicias concejiles, nuestro pasado para construir nuestro futuro.

En nuestro mundo rural popular tradicional, ya extinto, tenemos un ejemplo magn铆fico en el que inspirarnos para reconstruir una sociedad sin ej茅rcito profesional: las milicias concejiles.

Las milicias concejiles son creadas por nuestros antepasados, las gentes de Castilla, Asturias, Le贸n, Navarra, Arag贸n y Catalu帽a en su lucha libertadora contra el imperialismo isl谩mico y sus ej茅rcitos profesionales de mercenarios. En la batalla de Simancas o de las Navas de Tolosa las milicias municipales demostraron ser absolutamente efectivas y letales para el enemigo. Las milicias se organizaban y financiaban desde los concejos abiertos de pueblos y aldeas y estaban formadas por pastores, artesanos, campesinos鈥 que eleg铆an un adalid que quedaba encargado del entrenamiento semanal de la milicia. La milicia era muy costosa, supon铆a un esfuerzo muy elevado a los pueblos. Hab铆a que sacar el hierro, alimentar la forja, fabricar en la herrer铆a, dise帽ar, mantener, entrenar en el uso, encargarse de las yeguadas comunales, invertir tiempo y recursos鈥

La libertad est谩 peleada con el desentenderse, con la comodidad, con el confort, el relax, la ataraxia, el no pensar, el hedonismo鈥 que en cambio son los valores de la dictadura. La libertad es muy costosa y requiere un esfuerzo tit谩nico permanente. La dictadura (parlamentaria o militar) ahoga la inteligencia, la creatividad, el ingenio, la iniciativa鈥 y en cambio la libertad las dispara.

Se dice desde sectores del academicismo estatal que los reyes, nobles y prelados conced铆an fueros y cartas pueblas a las gentes del pueblo durante la alta Edad Media. Que conced铆an privilegios. Los supuestos privilegios son en realidad libertades. El Estado no concedi贸 nada al pueblo porque una raz贸n clara: este estaba armado. Lo que el Estado hac铆a era ratificar los hechos consumados. Hasta el siglo XII el pueblo estuvo armado y organizado para la defensa. Cuando existe armamento general del pueblo y entrenamiento comunal regulado popularmente desde los concejos no se necesita para nada un ej茅rcito de mercenarios. Las milicias concejiles imped铆an a los reyes, nobles y clero imponer su voluntad. El pueblo impone su voluntad. Cuando el pueblo est谩 armado y no hay ej茅rcito profesional del Estado el pueblo puede adquirir una libertad razonable. En nuestra Alta Edad Media las milicias concejiles, el derecho consuetudinario de elaboraci贸n popular, los bienes comunales, el concejo abierto, el trabajo colectivista, la abolici贸n de la esclavitud y los muy desarrollados sistemas de ayuda mutua llevaron a nuestros antepasados a disfrutar de lo que el medievalista S谩nchez Albornoz llam贸 鈥渦na aut茅ntica libertad鈥.

El te贸logo Juan de Mariana escribi贸 en 1599 su obra m谩s famosa El rey y la instituci贸n en la que abogaba por el tiranicidio como ultima ratio contra la opresi贸n pol铆tica. Afirmaba que las leyes de la comunidad deben estar por encima de toda instituci贸n. Sab铆a que si un pueblo no est谩 armado no puede fundamentar su voluntad ni frenar las ansias de poder y riqueza del Estado. Por esto dej贸 escrito que cuando las milicias concejiles fueron sustituidas en el siglo XII por las mesnadas y las 贸rdenes militares como la de Calatrava, Santiago, Alc谩ntara鈥 el pueblo qued贸 a merced de la dictadura y la opresi贸n. Afirmaba tambi茅n que el Estado comenz贸 a subir los tributos sin el consentimiento de los concejos desde el momento en que 茅stos quedaron desarmados. Entend铆a tambi茅n que la concentraci贸n de propiedad y riqueza era incompatible con la libertad popular y que sin armamento general del pueblo no se pod铆an defender los bienes comunales creados a partir del siglo VII; pues el Estado ir铆a poco a poco haci茅ndose con ellos, como ha sucedido hasta el d铆a de hoy, tal cual[2].

La solera de nuestra oposici贸n al Ej茅rcito profesional.

El delegar en el Estado la gesti贸n de la seguridad a partir del siglo XII provoc贸 una progresiva p茅rdida de libertad y un crecimiento permanente del poder del Estado. La Corona de Castilla, tras derrotar a los comuneros castellanos en 1522, se dedic贸 a exprimir al pueblo castellano con exigencias cada vez m谩s brutales de soldados, impuestos, bienes y tierras. Cuando el Estado vio que Castilla estaba agotada, exhausta y empobrecida busc贸 abolir los fueros que proteg铆an del saqueo estatal a Arag贸n, Catalu帽a, Valencia, Molina de Arag贸n, Baleares, Navarra y las tres provincias vascas. El Conde Duque de Olivares intent贸 la llamada Uni贸n de Armas pero fracas贸 ante el descomunal rechazo popular.

Hasta que no llega el rey Felipe V en la primera mitad del siglo XVIII el Estado no consigue abolir los fueros del antiguo reino de Arag贸n. El Estado con Felipe V orientar谩 todos sus esfuerzos a la creaci贸n de un ej茅rcito profesional permanente y un servicio militar obligatorio.

El siglo XIX lo dedicar谩 el Estado a consolidar su poder y a intentar abolir los fueros vasco-navarros que segu铆an protegiendo a su poblaci贸n de las levas forzosas. Con la entrada de los ej茅rcitos invasores de Napole贸n se demostrar谩 que el ej茅rcito profesional no vale para la defensa frente a un enemigo exterior, que lo que vale es el pueblo en armas, la guerrilla.

Toda la ruralidad ib茅rica le dar谩 una tunda a los ej茅rcitos franceses que nunca olvidar谩. Cuando 茅stos se retiren con el rabo entre las piernas el Estado espa帽ol se reorganizar谩 e intensificar谩 su ataque a las libertades que a煤n quedaban de las conquistadas durante la revoluci贸n altomedieval. La resistencia de los navarros y vascos al Estado espa帽ol ser谩 茅pica y colosal. El rechazo popular al ej茅rcito espa帽ol se ha mantenido vivo hasta hoy mismo, desde hace mil a帽os ya. Este rechazo est谩 presente a煤n en la cosmovisi贸n profunda de una buena parte de los que vivimos bajo el poder de este maldito Estado, y espec铆ficamente entre los vasconavarros. Todo el siglo XIX ser谩 una lucha colosal de los pueblos ib茅ricos contra el ej茅rcito espa帽ol.

A煤n hoy, en un peque帽o rinc贸n de la pen铆nsula al que el Ministerio del Interior espa帽ol sigue llamando la Zona Especial Norte, se persiste en un rechazo visceral a todo lo relacionado con el Ej茅rcito profesional. Ya la Diputaci贸n de Navarra escrib铆a al Gobierno de Madrid en enero de 1845:

La repugnancia de los navarros al servicio de armas se ha convertido ya en algo     invencible鈥.

A principios del siglo XX la lucha continuar谩 con fuerza contra la leva forzosa del Ej茅rcito en todo el estado. Destacar谩 la huelga general que acaba en los disturbios barceloneses de 1909, la llamada Semana Tr谩gica. Una huelga organizada para impedir que el ej茅rcito se lleve por la fuerza a la juventud masculina para defender el Imperio y servir de carne de ca帽贸n contra los independentistas marroqu铆es y rife帽os.

Especialmente los monta帽eses (c谩ntabricos, pirenaicos, los del sistema central, los del sistema 铆b茅rico, los de sierra morena, los del sistema b茅tico y penib茅tico, los del mazizo galaico, los costeros del levante鈥), por su tradici贸n, por su cultura y por su enorme dignidad y amor a la libertad, adem谩s de por la capacidad de autoabastecimiento y la protecci贸n que le brindan sus monta帽as, siempre les ha soliviantado la idea del Ej茅rcito espa帽ol. En el llano era exactamente igual pero sucumbieron antes.

De participar en el ej茅rcito se mantuvieron exentos los vasco-navarros hasta la abolici贸n total de los fueros 隆a mediados del siglo XIX!. La lucha ha sido impresionante y hoy contin煤a.

Toda esta resistencia al Estado y a sus militares tiene, como ya hemos dicho, mucha solera en Iberia: m谩s de 200 a帽os de resistencia al Ej茅rcito romano; permanente resistencia al Ej茅rcito Visigodo y al Ej茅rcito de Carlomagno; ofensiva victoriosa contra el Ej茅rcito isl谩mico; resistencia a las mesnadas de los reinos cat贸licos (los guanches en Canarias, por ejemplo, resistir谩n 100 a帽os a los intentos de conquista); resistencia y ofensiva total contra el Ej茅rcito franc茅s de Napole贸n; resistencia contra el Ej茅rcito liberal del Estado central; y resistencia contra el  Ej茅rcito espa帽ol desde 1936 a 1953 (17 a帽os de maquis desde 1939) en que se derrota a la 煤ltima resistencia de la guerrilla rural; y desde 1976 a 2010 militantes vascos por la independencia de Euskal Herria matar谩n a 486 miembros del Ej茅rcito, de la Polic铆a y de la Guardia Civil (en cuanto empiecen, 茅stos 煤ltimos, a matar personas desarmadas e inocentes sin ning煤n tipo de orden moral, perder谩n radicalmente el apoyo popular y desaparecer谩n derrotados).

Esta tradici贸n antimilitar popular ib茅rica ha sido muy profunda, de coraz贸n. La jerarqu铆a militar deshumanizadora romp铆a de cuajo el tradicional adagio rural del nadie es m谩s que nadie.

Yo siempre he tenido un asco profundo por el cuartel, por el rancho y por los oficiales,鈥 dir谩 el vasco P铆o Baroja.

鈥淓l esp铆ritu militar me parece una pesada broma de locos鈥 en el Ej茅rcito no hay valientes, los verdaderos valientes son los que se niegan a colaborar con 茅l鈥, dir谩 el alto-aragon茅s Ram贸n J. Sender.

Nuestra cultura popular y literaria est谩 llena de expresiones de este calado pero por no extendernos no las pondremos. Esto es algo de lo que sentirse muy muy muy orgulloso y que nos conecta emocional y espiritualmente con nuestros antepasados. La resistencia al Ej茅rcito es una de las tradiciones m谩s preciosas de nuestros pueblos peninsulares e insulares que no debemos dejar que se pierda. Es un deber de todos el seguir denunciando por todos los medios al ej茅rcito espa帽ol y haciendo un esfuerzo 铆mprobo por construir una alternativa viable al ej茅rcito. Nos negamos a pedir el derecho a portar armas. Las vamos a portar s铆 o s铆, le pese a quien le pese, en la clandestinidad o en la legalidad.

脕ngel Ganivet (1865-1898) interpretaba nuestra cultura rural como una mezcla de estoicismo, cristianismo y lo que 茅l llamaba 鈥渆sp铆ritu territorial鈥. Un esp铆ritu contrario al Ej茅rcito, no apto para el mando y la sumisi贸n, pero s铆 para la guerrilla popular, el autosacrificio por ideales elevados sin perder la realidad del mundo tangible. La palabra guerrillero no tiene traducci贸n a otros idiomas, es netamente un endemismo ib茅rico que luego se utilizar谩 en el mundo entero. Ganivet afirmar谩 que el Caballero de la Triste Figura lucha a t铆tulo personal, pero lucha por y para los dem谩s, lo que es una apreciaci贸n que sintetiza el alma ib茅rica, su cosmovisi贸n profunda.[3]

Ganivet supo ver, por decirlo as铆, 鈥渓a esencia o el alma鈥 de los pueblos ib茅ricos. Por eso ve铆a tan contrario, tan ajeno, tan extranjero, tan equivocado a nuestra cultura cosas que se intentaban imponer, como la feroz estatolatr铆a de los partidos de la izquierda pol铆tica.

No s茅 c贸mo hay socialistas de Estado鈥 yo defiendo鈥 a los municipios aut贸nomos鈥 el porvenir no es el de unir a los hombres debajo de organizaciones artificiosas, sino el de afirmar la personalidad de cada uno y enlazar las ideas diferentes por la concordia y las opuestas por la tolerancia[4] dir谩 Ganivet.

Fue el Estado con la izquierda en el Bienio Aza帽ista quien desarm贸 al pueblo y lo dej贸 a merced de las matanzas del Ej茅rcito. El 20 de diciembre de 1931 el Ministerio de la Gobernaci贸n prescribi贸 todas las licencias de armas concedidas a particulares y dio un plazo de cinco d铆as para que se entregasen al Gobernador Civil en el caso de las capitales de provincia y a los cuarteles o puestos de la guardia civil en pueblos y aldeas.

Cuando los trabajadores y campesinos organizados tienen el convencimiento en julio de 1936 de que los militares se van a lanzar a matarlos a todos e imponer la dictadura militar, piden que se les devuelvan sus armas o se les entreguen las que hay almacenadas para poder defenderse. El Frente Popular izquierdista se las niega una y otra y otra vez. Usamos la palabra Ej茅rcito como sin贸nimo de Ej茅rcito franquista pues a pesar de que hubo militares profesionales en el bando republicano y que fueron clave para que no triunfara el golpe en toda el estado, pensamos que el ej茅rcito franquista era el que mejor entend铆a la situaci贸n de peligro para el Estado y la necesidad de reacci贸n en contra del pueblo.

Movimiento por la Insumisi贸n

El movimiento por la insumisi贸n fue una desobediencia a realizar el Servicio Militar Obligatorio (la mili) que dur贸 desde principios de los a帽os 80 a 2001, a帽o en que el Estado aboli贸 la mili. El antimilitarismo de los insumisos m谩s organizados cay贸 en el error de no promover y reivindicar el armamento general del pueblo como necesidad b谩sica para la defensa de la libertad popular. Pidieron la abolici贸n del Ej茅rcito pero no quisieron asumir la responsabilidad que abolir el Ej茅rcito conlleva: el armamento general y la creaci贸n de milicias municipales. Para que las milicias no se conviertan en un nuevo poder no popular es necesario que las funciones y el poder de 茅stas emanen de los concejos abiertos y sus organismos supralocales basados en las portavoc铆as investidas por el mandato imperativo asambleario.

El movimiento por la insumisi贸n sucumbi贸 ante el infantilismo de pensar que la seguridad no debe gestionarla nadie o que se gestiona sola o que podemos vivir sin vigilancia y sin armamento para defendernos. Esto no tiene por donde cogerlo. Este movimiento se despe帽贸 en la ideolog铆a err贸nea del pacisfismo que s贸lo conduce a dejarte esclavizar y matar, lo que es inaceptable.

Error enorme el del pacifismo pues la libertad exige una autogesti贸n popular y asamblearia de la seguridad. Y no es eludible este asunto. Si se hubieran fijado en las tradiciones concejiles de nuestra ruralidad habr铆an encontrado, por ejemplo, el estudio de investigaci贸n Pastores del Pirineo (1988) de Severino Pallaruelo en el que nos muestra como el cuidado y la vigilancia del bosque y de las calles de los pueblos se hac铆a de forma circular. Explica que el concejo abierto de Tellas en el Valle de Pu茅rtolas en el Alto Arag贸n ten铆a sus normas propias sobre el cuidado y vigilancia de calles, de montes, vedados, dehesas boyales, tierras pastizables, bosques, etc. Estas normas escritas por ellos mismos en asamblea abierta se hac铆an cumplir con vigilancia diurna y nocturna por riguroso turno circular llamado a redol铆n uno por casa. Cuando terminaba iba a la casa del siguiente y le entregaba 鈥渆n se帽al un palo que se llama porriello鈥.

Si se hubieran interesado por nuestros antepasados, y no hubieran sido tan modernetes, habr铆an encontrado el trabajo de Alfonso M.陋 Abella en Ordenanzas de buen gobierno de los concejos de 脕lava (1985) en el que nos habla del sistema circular de prestaci贸n personal a la comunidad llamado 鈥渁dra鈥. Mediante la adra se turnaban los cargos concejiles entre todos los vecinos para hacer la carga soportable por igual. Uno de estos cargos concejiles era el de vigilancia diurna y nocturna.

Tambi茅n hubieran encontrado el trabajo de Luciano Lapuente (1910-1990) Estudio Etnogr谩fico de Am茅scoa que dice que los vecinos de estos valles se re煤nen en batzarre (concejo abierto en euskera) para 鈥渞egular y vigilar el quehacer forestal de los montes concejiles鈥. Se reun铆an tambi茅n peri贸dicamente en la Sierra de Urbasa en la junta llamada 鈥淎ritzubeltza鈥 para acordar como gestionar pastos y arbolado.

Pero sobre todo hubieran encontrado los trabajos de los disc铆pulos de Claudio S谩nchez-Albornoz sobre nuestras gloriosas milicias concejiles.

El movimiento por la insumisi贸n fue un movimiento izquierdista (antirural, urbanita y anarcoestatista) y esto fue un lastre para comprender, no s贸lo nuestra tradici贸n rural, sino para entender la g茅nesis del pueblo norteamericano y la importancia de la Segunda Enmienda o el derecho a portar armas; que no es un derecho en realidad sino algo conquistado en su momento por las gentes norteamericanas y que el Estado, a pesar de todos sus esfuerzos, no ha podido arrancarles.

Para comprender la importancia de la libertad y su defensa armada en los inicios de los EEUU es muy recomendable leer el libro traducido al castellano de Dana Nelson Democracia Com煤n. La pol铆tica de participaci贸n en los primeros Estados Unidos.

Antes se ten铆a muy claro que sin armamento general la tiran铆a no tendr铆a freno.           

Aqu铆 transcribo unos extractos del pensar estadounidense en torno a la autogesti贸n de la seguridad. Reflexiones 煤tiles para el futuro. 隆Hermano, hermana, para defender la libertad que tanto amamos, 谩rmate y no esperes a que te den permiso! El Estado no va a tener piedad con nadie; o acabamos con 茅l o 茅l acaba con nosotros. A la batalla de las ideas le debe acompa帽ar el esp铆ritu de supervivencia. Y a la resistencia le debe acompa帽ar siempre la ofensiva y 茅sta debe ser organizada asumiendo el dolor y el sufrimiento que conlleva.

Los americanos tienen el derecho y el beneficio de estar armados, a diferencia de los ciudadanos de otros pa铆ses cuyos gobiernos tienen miedo a confiar las armas a su pueblo [鈥 Una milicia bien regulada, compuesta por el pueblo, adiestrada en el uso de las armas, es la mejor y m谩s natural defensa a la que puede aspirar un pa铆s libre鈥 James Madison.

Las armas de fuego igualan en importancia a la propia Constituci贸n [鈥 Para asegurar la paz, la seguridad y la felicidad, el rifle y el rev贸lver son igualmente indispensables. La misma atm贸sfera generada por la presencia de armas de fuego por todas partes refrena la interferencia del mal; se merece un lugar de honor entre todo lo que es bueno鈥. George Washington.

El gran objetivo es que todos los hombres est茅n armados [鈥 Todo hombre capaz puede tener un arma鈥 Patrick Henry.

La Constituci贸n nunca se interpretar谩 para impedir que el pueblo de Estados Unidos, conformado por ciudadanos pac铆ficos, posea sus propias armas鈥. Samuel Adams.

Lo mejor que podemos esperar a la larga con respecto al pueblo es que todos est茅n debidamente armados鈥. Alexander Hamilton.

Desarmar al pueblo es el modo m谩s efectivo de esclavizarlo [鈥 Yo se lo pregunto, se帽or, 驴qui茅nes son la milicia?Ahora la milicia es todo el pueblo.鈥 George Mason.

A ning煤n hombre libre se le prohibir谩 el uso de armas [鈥 Las leyes que proh铆ben llevar armas [鈥 desarman s贸lo a quienes no sienten la inclinaci贸n ni la determinaci贸n a cometer cr铆menes [鈥 La raz贸n m谩s poderosa para que el pueblo conserve el derecho a tener y          llevar armas es, en 煤ltima instancia, protegerse a s铆 mismo contra la tiran铆a del gobierno鈥. Tom谩s Jefferson.

Kiko Bardaj铆 Cruz

[1]http://www.elconfidencialdigital.com/defensa/generales-Jefe-Mayor-Ejercito-Cataluna_0_2384761525.html

[2] Sobre los bienes comunales dec铆a:

Es de nosotros un deber de Humanidad tener a disposici贸n de todos los bienes que Dios quiso que fuesen comunes, ya que a todos los hombres entreg贸 la Tierra para que se sustentaran con sus frutos, y s贸lo la rabiosa codicia pudo acotar y acaparar para s铆 ese            patrimonio divino, apropi谩ndose los alimentos y riquezas dispuestos para todos los hombres鈥.

[3]鈥淗istoria de la filosof铆a espa帽ola鈥 y 鈥淓l dualismo espa帽ol鈥 Heleno Sa帽a.

[4]鈥淗istoria de la filosof铆a espa帽ola鈥 Heleno Sa帽a.




Fuente: Asociaciongerminal.org