March 14, 2023
De parte de La Tarcoteca Contrainfo
1,576 puntos de vista
Interesante pero extenso art铆culo de 2003 en el que podemos comparar las previsiones hechas entonces con los resultados vistos ahora. Donde dice Bush sustituy谩moslo por Biden y entenderemos qu茅 es lo que sucede despu茅s de 20 a帽os de publicado, porque las din谩micas desencadenadas entonces son las mismas que actuan ahora. La diferencia es que antes EEUU despegaba ya ahora se enfrenta a una policrisis. 2001 fue el origen del final de EEUU como Imperio, y aqu铆 te explica perfectamente cu谩l fue la decisi贸n clave: la Creaci贸n del Enemigo.
El mismo apunta a que el exceso de productividad industrial moderna implica una incapacidad social de absorber todo lo producido, por lo que el exceso de producto se dedica a la fabricaci贸n de productos b茅licos.
Producci贸n Robotizada implica Crisis de Sobreproducci贸n perp茅tua, con esta la disminuci贸n general de tasa de beneficios. La soluci贸n empleada desde por lo menos la 2GM fueron las guerras. Con los sistemas de robotizaci贸n las guerras ser谩n perp茅tuas.
Salud! PHkl/tctca
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Traducci贸n tarcoteca – Why America Needs War, The Project for The New American Century (PNAC) – Global Research por 30.4.2003 Jacques Pauwels

Las guerras son un terrible desperdicio de vidas y recursos, y por esa raz贸n la mayor铆a de la gente se opone en principio a las guerras. El presidente estadounidense, por otro lado, parece amar la guerra. 驴Por qu茅? Muchos comentaristas han buscado la respuesta en factores psicol贸gicos. Algunos opinaron que George W. Bush consideraba su deber terminar el trabajo iniciado, pero no completado por alguna oscura raz贸n, por su padre en el momento de la Guerra del Golfo; otros creen que Bush hijo esperaba una guerra corta y triunfal que le garantizara un segundo mandato en la Casa Blanca.

Creo que debemos buscar en otra parte la explicaci贸n de la actitud del presidente estadounidense.

El hecho de que Bush est茅 interesado en la guerra tiene poco o nada que ver con su psique, pero mucho con el sistema econ贸mico estadounidense. Este sistema, el tipo de capitalismo de Estados Unidos, funciona ante todo para hacer que los estadounidenses extremadamente ricos como la 鈥渄inast铆a del dinero鈥 de Bush sean a煤n m谩s ricos. Sin guerras calientes o fr铆as, sin embargo, este sistema ya no puede producir el resultado esperado en la forma de ganancias cada vez mayores que los adinerados y poderosos de Estados Unidos consideran como su derecho de nacimiento.

Productividad Industrial es Crisis General

La gran fortaleza del capitalismo estadounidense es tambi茅n su gran debilidad, a saber, su alt铆sima productividad. En el desarrollo hist贸rico del sistema econ贸mico internacional que llamamos capitalismo, una serie de factores han producido enormes incrementos en la productividad, por ejemplo, la mecanizaci贸n del proceso productivo que se inici贸 en Inglaterra ya en el siglo XVIII. Entonces, a principios del siglo XX, los industriales estadounidenses hicieron una contribuci贸n crucial en forma de automatizaci贸n del trabajo por medio de nuevas t茅cnicas como la l铆nea de montaje. Esta 煤ltima fue una innovaci贸n introducida por Henry Ford y, por lo tanto, esas t茅cnicas se conocen colectivamente como “fordismo”. La productividad de las grandes empresas americanas aument贸 espectacularmente.

1-Gran Depresi贸n

Por ejemplo, ya en la d茅cada de 1920, innumerables veh铆culos sal铆an todos los d铆as de las cadenas de montaje de las f谩bricas de autom贸viles de Michigan. Pero, 驴qui茅n se supon铆a que comprar铆a todos esos autos? La mayor铆a de los estadounidenses en ese momento no ten铆an billeteras lo suficientemente gruesas para tal compra. Otros productos industriales inundaron el mercado de manera similar, y el resultado fue la aparici贸n de una desarmon铆a cr贸nica entre la oferta econ贸mica en constante aumento y la demanda rezagada. As铆 surgi贸 la crisis econ贸mica conocida generalmente como la Gran Depresi贸n. Fue esencialmente una crisis de sobreproducci贸n. Los almacenes estaban repletos de productos sin vender, las f谩bricas despidieron a los trabajadores, el desempleo explot贸 y, por lo tanto, el poder adquisitivo del pueblo estadounidense se redujo a煤n m谩s, lo que empeor贸 a煤n m谩s la crisis.

2-Segunda Guerra Mundial

No se puede negar que en Estados Unidos la Gran Depresi贸n solo termin贸 durante y debido a la Segunda Guerra Mundial. (Incluso los m谩s grandes admiradores del presidente Roosevelt admiten que sus pol铆ticas New Deal tan publicitadas trajeron poco o ning煤n alivio). La demanda econ贸mica aument贸 espectacularmente cuando la guerra que hab铆a comenzado en Europa, y en la que los propios EEUU no participaron activamente antes de 1942, permiti贸 a la industria estadounidense producir cantidades ilimitadas de equipo de guerra. Entre 1940 y 1945, el estado estadounidense gastar铆a no menos de 185.000 millones $ en dicho equipo, y la participaci贸n de los gastos militares en el PNB aument贸 as铆 entre 1939 y 1945 de un insignificante 1,5% a aproximadamente el 40%. Adem谩s, la industria estadounidense tambi茅n suministr贸 enormes cantidades de equipos a los brit谩nicos e incluso a los sovi茅ticos a trav茅s de Lend-Lease. 

En Alemania, mientras tanto, las subsidiarias de corporaciones estadounidenses como Ford, Generald Motors GM e International Trucks & Tractors ITT produjeron todo tipo de aviones y tanques y otros juguetes militares para los nazis, tambi茅n despu茅s de Pearl Harbor; pero esa es una historia diferente. 
El problema clave de la Gran Depresi贸n 鈥揺l desequilibrio entre oferta y demanda鈥 se resolvi贸 as铆 porque el Estado 鈥渁liment贸 la bomba鈥 de la demanda econ贸mica mediante grandes pedidos de car谩cter militar.

En lo que respecta a los estadounidenses comunes y corrientes, la org铆a de gastos militares de Washington trajo no solo pr谩cticamente el pleno empleo sino tambi茅n salarios mucho m谩s altos que nunca; fue durante la Segunda Guerra Mundial que la miseria generalizada asociada con la Gran Depresi贸n lleg贸 a su fin y que la mayor铆a del pueblo estadounidense alcanz贸 un grado de prosperidad sin precedentes. 

3-War Pigs

Sin embargo, los mayores beneficiarios, con mucho, del auge econ贸mico de la guerra fueron los empresarios y corporaciones del pa铆s, que obtuvieron beneficios extraordinarios. Entre 1942 y 1945, escribe el historiador Stuart D. Brandes, las ganancias netas de las 2.000 empresas m谩s grandes de Estados Unidos fueron un 40 % mayores que durante el per铆odo 1936-1939. Tal “boom de ganancias” fue posible, explica, porque el estado orden贸 miles de millones de d贸lares en equipo militar, fracas贸 en instituir controles de precios y gravaba las ganancias poco o nada. Esta generosidad benefici贸 al mundo empresarial estadounidense en general, pero en particular a esa 茅lite relativamente restringida de grandes corporaciones conocida como “grandes negocios” o “Corporate America”. 
Durante la guerra, un total de menos de 60 empresas obtuvieron el 75% de todas las lucrativas 贸rdenes de compra militares y estatales. Las grandes corporaciones 鈥 Ford, IBM, etc. 鈥 se revelaron como los 鈥渃erdos de la guerra鈥, escribe Brandes, que se zamparon con la abundancia de los gastos militares del estado. IBM, por ejemplo, aument贸 sus ventas anuales entre 1940 y 1945 de 46 a 140 millones $ gracias a pedidos relacionados con la guerra, y sus ganancias se dispararon en consecuencia. 

4-La m谩quina hambrienta

Las grandes corporaciones estadounidenses explotaron al m谩ximo su capacidad fordista para impulsar la producci贸n, pero ni siquiera eso fue suficiente para satisfacer las necesidades del estado estadounidense en tiempos de guerra. Se necesitaba mucho m谩s equipo, y para producirlo, Estados Unidos necesitaba nuevas f谩bricas y una tecnolog铆a a煤n m谩s eficiente. Estos nuevos activos fueron debidamente arrancados de la tierra, y debido a esto el valor total de todas las instalaciones productivas de la naci贸n aument贸 entre 1939 y 1945 de 40.000 a 66.000 millones $. Sin embargo, no fue el sector privado el que emprendi贸 todas estas nuevas inversiones; debido a sus desagradables experiencias con la sobreproducci贸n durante los a帽os treinta, los empresarios estadounidenses encontraron esta tarea demasiado arriesgada. As铆 que el Estado acometi贸 la tarea invirtiendo 17.000 millones $ en m谩s de 2000 proyectos relacionados con la defensa [cooperaci贸n p煤blico-privada]. A cambio de una tarifa nominal, se permiti贸 a las corporaciones, de propiedad privada, alquilar estas nuevas f谩bricas para producir… y ganar dinero vendiendo la producci贸n al estado. Adem谩s, cuando termin贸 la guerra y Washington decidi贸 despojarse de estas inversiones, las grandes corporaciones de la naci贸n las compraron a mitad de precio, y en muchos casos s贸lo un tercio, del valor real.

驴C贸mo financi贸 Estados Unidos la guerra?

驴C贸mo financi贸 Estados Unidos la guerra, c贸mo pag贸 Washington las elevadas facturas presentadas por GM, ITT y los dem谩s proveedores corporativos de equipos de guerra? 

La respuesta es: 
1-en parte a trav茅s de impuestos, alrededor del 45%, 
2-pero mucho m谩s a trav茅s de pr茅stamos, aproximadamente el 55%. 
Debido a esto, la deuda p煤blica aument贸 dram谩ticamente, es decir, de 3.000 millones $ en 1939 a no menos de 45.000 millones $ en 1945. En teor铆a, esta deuda deber铆a haberse reducido, o eliminado por completo, mediante la recaudaci贸n de impuestos sobre la enorme ganancias embolsadas durante la guerra por las grandes corporaciones estadounidenses, pero la realidad fue algo diferente. 
Como ya se se帽al贸, el estado estadounidense no logr贸 gravar significativamente las ganancias inesperadas de las corporaciones estadounidenses, permiti贸 que la deuda p煤blica se multiplicara y pag贸 sus cuentas y los intereses de sus pr茅stamos con sus ingresos generales, es decir, mediante los ingresos generados por los impuestos directos e indirectos. Particularmente debido a la regresiva Ley de Ingresos introducida en octubre de 1942, estos impuestos fueron pagados cada vez m谩s por los trabajadores y otros estadounidenses de bajos ingresos, en lugar de por los s煤per ricos y las corporaciones de las cuales estos 煤ltimos eran propietarios, accionistas principales y/o o altos directivos. 鈥淟a carga de financiar la guerra鈥, observa el historiador estadounidense Sean Dennis Cashman, 鈥渞eca铆da firmemente sobre los hombros de los miembros m谩s pobres de la sociedad鈥.

Sin embargo, el p煤blico estadounidense, preocupado por la guerra y cegado por el brillante sol del pleno empleo y los altos salarios, no se dio cuenta de esto. 

Los estadounidenses adinerados, por otro lado, eran muy conscientes de la forma maravillosa en que la guerra gener贸 dinero para ellos y para sus corporaciones. 
3-Fil谩ntropos de la guerra
Por cierto, tambi茅n fue de los ricos empresarios, banqueros, aseguradores y otros grandes inversionistas de donde Washington tom贸 prestado el dinero necesario para financiar la guerra; la Am茅rica Corporativa tambi茅n se benefici贸 de la guerra al embolsarse la mayor parte de los intereses generados por la compra de los famosos bonos de guerra

脡lites Comunistas en EEUU

En teor铆a al menos, los ricos y poderosos de Estados Unidos son los grandes defensores de la llamada libre empresa y se oponen a cualquier forma de intervenci贸n estatal en la econom铆a. Durante la guerra, sin embargo, nunca pusieron objeciones a la forma en que el estado estadounidense manej贸 y financi贸 la econom铆a, porque sin esta violaci贸n dirigista a gran escala de las reglas de la libre empresa, su riqueza colectiva nunca podr铆a haber proliferado como lo hizo durante esos a帽os.

Grandes lecciones de la 2GM, as铆 empez贸 todo

Durante la Segunda Guerra Mundial, los ricos propietarios y altos directivos de las grandes corporaciones aprendieron una lecci贸n muy importante: durante una guerra se puede ganar dinero, mucho dinero. En otras palabras, la ardua tarea de maximizar las ganancias, la actividad clave dentro de la econom铆a capitalista estadounidense, puede absolverse de manera mucho m谩s eficiente a trav茅s de la guerra que a trav茅s de la paz; sin embargo, se requiere la cooperaci贸n ben茅vola del estado. Desde la Segunda Guerra Mundial, los ricos y poderosos de Estados Unidos han sido muy conscientes de esto. Tambi茅n lo es su hombre en la Casa Blanca hoy [2003, es decir, George W. Bush], el v谩stago de una “dinast铆a del dinero” que fue lanzado en paraca铆das a la Casa Blanca para promover los intereses de sus familiares, amigos y asociados adinerados. en la Am茅rica corporativa, los intereses del dinero, el privilegio y el poder [Lo mismo sucedi贸 con la familia Clinton y la familia Biden].

En la primavera de 1945 era evidente que la guerra, fuente de fabulosos beneficios, pronto terminar铆a. 驴Qu茅 pasar铆a entonces? Entre los economistas, muchas Casandras evocaron escenarios que se vislumbraban extremadamente desagradables para los l铆deres pol铆ticos e industriales de Estados Unidos. Durante la guerra, las compras de equipo militar de Washington, y nada m谩s, restauraron la demanda econ贸mica y as铆 hicieron posible no solo el pleno empleo sino tambi茅n ganancias sin precedentes. Con el regreso de la paz, el fantasma de la falta de armon铆a entre la oferta y la demanda amenaz贸 con volver a acechar a los Estados Unidos, y la crisis resultante bien podr铆a ser incluso m谩s aguda que la Gran Depresi贸n de los “sucios a帽os treinta”, porque durante los a帽os de la guerra la productividad la capacidad de la naci贸n hab铆a aumentado considerablemente, como hemos visto.
Los trabajadores tendr铆an que ser despedidos precisamente en el momento en que millones de veteranos de guerra volver铆an a casa en busca de un trabajo civil, y el desempleo resultante y la disminuci贸n del poder adquisitivo agravar铆an el d茅ficit de demanda. Visto desde la perspectiva de los ricos y poderosos de Estados Unidos, el desempleo que se avecinaba no era un problema; lo que importaba era que la edad de oro de las ganancias gigantescas llegar铆a a su fin. Tal cat谩strofe ten铆a que ser prevenida, pero 驴c贸mo?

La Creaci贸n del Enemigo: Rusia

Los gastos militares del estado fueron la fuente de grandes ganancias. Para que las ganancias siguieran brotando generosamente, se necesitaban urgentemente nuevos enemigos y nuevas amenazas de guerra ahora que Alemania y Jap贸n hab铆an sido derrotados. 

Qu茅 suerte que existiera la Uni贸n Sovi茅tica, un pa铆s que durante la guerra hab铆a sido un socio particularmente 煤til que hab铆a sacado las casta帽as del fuego para los Aliados en Stalingrado y en otros lugares, pero tambi茅n un socio cuyas ideas y pr谩cticas comunistas le permitieron ser f谩cilmente transformado en el nuevo hombre del saco de los Estados Unidos. La mayor铆a de los historiadores estadounidenses ahora admiten que en 1945 la Uni贸n Sovi茅tica, un pa铆s que hab铆a sufrido enormemente durante la guerra, no constitu铆a una amenaza en absoluto para los EEUU econ贸mica y militarmente muy superiores, y que Washington mismo no percib铆a a los sovi茅ticos como una amenaza .
De hecho, Mosc煤 no ten铆a nada que ganar y mucho que perder con un conflicto con la superpotencia estadounidense, que rebosaba confianza gracias a su monopolio de la bomba at贸mica. Sin embargo, Estados Unidos, el Estados Unidos corporativo, el Estados Unidos de los superricos, necesitaba urgentemente un nuevo enemigo para justificar los gastos tit谩nicos de “defensa” que se necesitaban para mantener las ruedas de la econom铆a de la naci贸n girando a toda velocidad tambi茅n despu茅s del final de la guerra, manteniendo as铆 los m谩rgenes de beneficio en los niveles exigidos -o mejor dicho, deseados- elevados, o incluso aumentarlos. Es por ello que la Guerra Fr铆a se desat贸 en 1945, no por los sovi茅ticos sino por el complejo 鈥渕ilitar-industrial鈥 estadounidense, como llamar铆a el presidente Eisenhower a esa 茅lite de individuos y corporaciones adineradas que supieron sacar provecho de la 鈥済uerra鈥 econom铆a.”

la Guerra Fr铆a super贸 sus mejores expectativas

En este sentido, la Guerra Fr铆a super贸 sus mejores expectativas. Se tuvo que fabricar m谩s y m谩s equipo militar, porque los aliados dentro del llamado “mundo libre”, que en realidad inclu铆a muchas dictaduras desagradables, ten铆an que estar armados hasta los dientes con equipo estadounidense

Adem谩s, las propias fuerzas armadas de Estados Unidos nunca dejaron de exigir tanques, aviones, cohetes y, s铆, armas qu铆micas y bacteriol贸gicas y otras armas de destrucci贸n masiva m谩s grandes, mejores y m谩s sofisticadas. Por estos bienes, el Pent谩gono siempre estuvo dispuesto a pagar grandes sumas sin hacer preguntas dif铆ciles. 
Como hab铆a sido el caso durante la Segunda Guerra Mundial, nuevamente fueron principalmente las grandes corporaciones las que pudieron cumplir con los pedidos. La Guerra Fr铆a gener贸 ganancias sin precedentes, y fluyeron hacia las arcas de aquellas personas extremadamente ricas que resultaron ser los propietarios, los altos directivos y/o los principales accionistas de estas corporaciones. (驴Sorprende que en Estados Unidos los generales reci茅n retirados del Pent谩gono reciban rutinariamente ofertas de trabajo como consultores de grandes corporaciones involucradas en la producci贸n militar, y que los empresarios vinculados con esas corporaciones sean designados regularmente como funcionarios de alto rango del Departamento de Defensa, asesores del Presidente, etc.?)

Tambi茅n durante la Guerra Fr铆a, el estado estadounidense financi贸 sus gastos militares vertiginosos mediante pr茅stamos, lo que provoc贸 que la deuda p煤blica se elevara a niveles vertiginosos. En 1945 la deuda p煤blica era de 鈥渟贸lo鈥 258.000 millones $, pero en 1990 鈥 cuando la Guerra Fr铆a tocaba a su fin 鈥 隆ascend铆a a nada menos que 3,2 billones (10 elevado a la12) $! Este fue un aumento formidable, tambi茅n cuando se tiene en cuenta la tasa de inflaci贸n, y provoc贸 que el estado estadounidense se convirtiera en el mayor deudor del mundo. (Dicho sea de paso, en julio de 2002 la deuda p煤blica estadounidense hab铆a alcanzado los 6,1 billones de d贸lares). Washington podr铆a y deber铆a haber cubierto el costo de la Guerra Fr铆a gravando las enormes ganancias obtenidas por las corporaciones involucradas en la org铆a armamentista, pero nunca hubo ninguna intenci贸n de tal cosa. 

Del 50 al 1 en 50 a帽os

En 1945, cuando termin贸 la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fr铆a tom贸 el relevo, las corporaciones todav铆a pagaban el 50% de todos los impuestos, pero durante el transcurso de la Guerra Fr铆a esta participaci贸n se redujo constantemente, y hoy en d铆a solo asciende a aproximadamente el 1%.

Esto fue posible porque las grandes corporaciones de la naci贸n determinan en gran medida lo que el gobierno de Washington puede o no hacer, tambi茅n en el campo de la pol铆tica fiscal. Adem谩s, la reducci贸n de la carga fiscal de las empresas se hizo m谩s f谩cil porque despu茅s de la Segunda Guerra Mundial estas empresas se transformaron en multinacionales, 鈥渆n casa en todas partes y en ninguna鈥, como ha escrito un autor estadounidense en relaci贸n con ITT, y por lo tanto les resulta f谩cil evitar pagar impuestos significativos en cualquier lugar del mundo. En Estados Unidos, donde se embolsan las mayores ganancias, el 37% de todas las multinacionales estadounidenses -y m谩s del 70 % de todas las multinacionales extranjeras- no pagaron un solo d贸lar de impuestos en 1991, mientras que las multinacionales restantes remitieron menos del 1% de sus ganancias en impuestos.

Los costos alt铆simos de la Guerra Fr铆a, por lo tanto, no fueron soportados por quienes se beneficiaron de ella y quienes, dicho sea de paso, tambi茅n continuaron embols谩ndose la parte del le贸n de los dividendos pagados por los bonos del gobierno, sino por los trabajadores estadounidenses y la clase media. Estos estadounidenses de bajos y medianos ingresos no recibieron un centavo de las ganancias tan profusamente arrojadas por la Guerra Fr铆a, pero s铆 recibieron su parte de la enorme deuda p煤blica de la que ese conflicto fue en gran parte responsable. Son ellos, por lo tanto, quienes cargaron realmente con los costos de la Guerra Fr铆a, y son ellos quienes contin煤an pagando con sus impuestos una parte desproporcionada de la carga de la deuda p煤blica.

En otras palabras, mientras las ganancias generadas por la Guerra Fr铆a fueron privatizadas en beneficio de una 茅lite extremadamente rica, sus costos fueron socializados sin piedad.en gran detrimento de todos los dem谩s estadounidenses. 

La America Pobre

Durante la Guerra Fr铆a, la econom铆a estadounidense degener贸 en una gigantesca estafa, en una perversa redistribuci贸n de la riqueza de la naci贸n en beneficio de los ricos y en perjuicio no s贸lo de los pobres y de la clase trabajadora, sino tambi茅n de la clase media, cuyas los miembros tienden a suscribirse al mito de que el sistema capitalista estadounidense sirve a sus intereses. De hecho, mientras los ricos y poderosos de Estados Unidos acumulaban riquezas cada vez mayores, la prosperidad lograda por muchos otros estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial se fue erosionando gradualmente y el nivel de vida general declin贸 lenta pero constantemente.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Am茅rica hab铆a sido testigo de una modesta redistribuci贸n de la riqueza colectiva de la naci贸n en beneficio de los miembros menos privilegiados de la sociedad. Sin embargo, durante la Guerra Fr铆a, los estadounidenses ricos se hicieron m谩s ricos, mientras que los no ricos, y ciertamente no solo los pobres, se empobrecieron m谩s. En 1989, el a帽o en que termin贸 la Guerra Fr铆a, m谩s del 13% de todos los estadounidenses (aproximadamente 31 millones de personas) eran pobres seg煤n los criterios oficiales de pobreza, que definitivamente subestiman el problema. Por el contrario, hoy el 1% de todos los estadounidenses posee no menos del 34% de la riqueza total de la naci贸n. En ning煤n pa铆s importante 鈥渙ccidental鈥 la riqueza se distribuye de manera m谩s desigual.

La Victoria en la Guerra Fr铆a en 1989 es el Inicio de la Nueva Depresi贸n

El min煤sculo porcentaje de estadounidenses s煤per ricos encontr贸 este desarrollo extremadamente satisfactorio. Les encantaba la idea de acumular m谩s y m谩s riquezas, de engrandecer sus ya enormes bienes, a expensas de los menos privilegiados. Quer铆an mantener las cosas as铆 o, si era posible, hacer que este esquema sublime fuera a煤n m谩s eficiente. Sin embargo, todo lo bueno debe llegar a su fin, y en 1989/90 termin贸 la generosa Guerra Fr铆a. Eso present贸 un problema serio. 
Los estadounidenses comunes, que sab铆an que hab铆an asumido los costos de esta guerra, esperaban 鈥dividendos de paz鈥. Pensaron que el dinero que el estado hab铆a gastado en gastos militares ahora podr铆a usarse para producir beneficios para ellos, por ejemplo, en forma de un Seguro Nacional de Salud [Salud P煤blica] y otros beneficios sociales que los estadounidenses, a diferencia de la mayor铆a de los europeos, nunca han disfrutado. 
En 1992, Bill Clinton ganar铆a las elecciones presidenciales dejando entrever la perspectiva de un plan nacional de salud, que por supuesto nunca se materializ贸. Un 鈥渄ividendo de paz鈥 no interesaba en absoluto a la 茅lite adinerada de la naci贸n, porque la prestaci贸n de servicios sociales por parte del estado no genera ganancias para los empresarios y las corporaciones, y ciertamente no genera las elevadas ganancias generadas por los gastos militares del estado. Hab铆a que hacer algo, y hab铆a que hacerlo r谩pido, para evitar la implosi贸n amenazadora del gasto militar del Estado.

Estados Unidos, o m谩s bien, el Estados Unidos corporativo, qued贸 hu茅rfano de su 煤til enemigo sovi茅tico y necesitaba con urgencia conjurar nuevos enemigos y nuevas amenazas para justificar un alto nivel de gasto militar.

-1990 Inicio del Tour, Irak y Saddam Hussein

Es en este contexto que en 1990 Saddam Hussein apareci贸 en escena como una especie de deus ex machina. Este “dictador de hojalata” hab铆a sido previamente percibido y tratado por los estadounidenses como un buen amigo, y lo hab铆an armado hasta los dientes para que pudiera librar una guerra desagradable contra Ir谩n; fueron EEUU y aliados como Alemania, quienes originalmente le suministraron todo tipo de armas. Sin embargo, Washington necesitaba desesperadamente un nuevo enemigo, y de repente lo se帽al贸 como un 鈥渘uevo Hitler鈥 terriblemente peligroso, contra quien era necesario librar una guerra con urgencia, a pesar de que estaba claro que un arreglo negociado de la cuesti贸n de la ocupaci贸n de Irak de Kuwait no estaba descartado.

George Bush padre fue el agente de reparto que descubri贸 este nuevo y 煤til n茅mesis de Estados Unidos y que desat贸 la Guerra del Golfo, durante la cual Bagdad fue bombardeada y los desventurados reclutas de Sadam fueron masacrados en el desierto. El camino a la capital iraqu铆 estaba abierto de par en par, pero la entrada triunfal de los infantes de marina en Bagdad fue repentinamente desechada. Saddam Hussein qued贸 en el poder para que la amenaza que se supon铆a que deb铆a formar pudiera invocarse nuevamente para justificar mantener a Estados Unidos en armas. Despu茅s de todo, el repentino colapso de la Uni贸n Sovi茅tica hab铆a demostrado lo inconveniente que puede ser que uno pierde a un enemigo 煤til.

Y as铆, Marte podr铆a seguir siendo el santo patr贸n de la econom铆a estadounidense o, m谩s exactamente, el padrino de la mafia corporativa que manipula esta econom铆a impulsada por la guerra y cosecha sus enormes ganancias sin asumir sus costos. 
El despreciado proyecto de un dividendo de paz podr铆a ser enterrado sin ceremonias, y los gastos militares podr铆an seguir siendo la d铆namo de la econom铆a y la fuente de ganancias suficientemente altas.
Esos gastos aumentaron implacablemente durante la d茅cada de 1990. En 1996, por ejemplo, ascend铆an a nada menos que 265.000 millones $, pero si se suman los gastos militares no oficiales y/o indirectos, como los intereses pagados por pr茅stamos utilizados para financiar guerras pasadas, el total de 1996 ascend铆a a unos 494.000 millones $, lo que representa un desembolso de 1.300 millones $ por d铆a

-Contin煤a el tour

Sin embargo, con solo un Saddam considerablemente castigado como coco, Washington encontr贸 conveniente tambi茅n buscar en otros lugares nuevos enemigos y amenazas. Somalia parec铆a prometedora temporalmente, pero a su debido tiempo se identific贸 a otro 鈥渘uevo Hitler鈥 en la Pen铆nsula Balc谩nica en la persona del l铆der serbio, Milosevic. Durante gran parte de los a帽os noventa, entonces, los conflictos en la ex Yugoslavia proporcionaron los pretextos necesarios para las intervenciones militares, los bombardeos a gran escala y la compra de m谩s y m谩s nuevas armas.

Dando Forma a un Estado Guerrero

La 鈥渆conom铆a de guerra鈥 podr铆a continuar funcionando a toda m谩quina tambi茅n despu茅s de la Guerra del Golfo. Sin embargo, en vista de la presi贸n p煤blica ocasional, como la demanda de un dividendo de paz, no es f谩cil mantener este sistema en funcionamiento.  Los medios de comunicaci贸n no presentan ning煤n problema, ya que los peri贸dicos, revistas, estaciones de televisi贸n, etc. son propiedad de grandes corporaciones o dependen de ellas para obtener ingresos publicitarios. Como se mencion贸 anteriormente, el estado tiene que cooperar, por lo que en Washington se necesitan hombres y mujeres con los que puedan contar, preferiblemente con individuos de las propias filas corporativas, individuos totalmente comprometidos a utilizar el instrumento de los gastos militares para proporcionar las altas ganancias que se necesitan para enriquecer a煤n m谩s a los muy ricos de Am茅rica. A este respecto, Bill Clinton no cumpli贸 con las expectativas, y las corporaciones estadounidenses nunca pudieron perdonar su pecado original, a saber,

Debido a esto, en 2000 se dispuso que el clon de Clinton, Al Gore, no se mudara a la Casa Blanca, sino un equipo de militaristas de l铆nea dura, pr谩cticamente sin excepci贸n, representantes de los ricos y corporativos estadounidenses, como Cheney, Rumsfeld y Rice, y por supuesto el propio George W. Bush, hijo del hombre que hab铆a demostrado con su Guerra del Golfo c贸mo se pod铆a hacer; el Pent谩gono tambi茅n estuvo directamente representado en el gabinete de Bush en la persona del supuestamente amante de la paz Powell, en realidad otro 谩ngel de la muerte. Rambo se mud贸 a la Casa Blanca y los resultados no tardaron en verse.

La Creaci贸n del Enemigo: Terrorismo

Despu茅s de que Bush Junior fuera catapultado a la presidencia [por medio de un lawfare en el estado de Florida, una decisi贸n que tambi茅n cambiar铆a el mundo como lo conocemos], durante alg煤n tiempo pareci贸 que iba a proclamar a China como la nueva n茅mesis de Estados Unidos. Sin embargo, un conflicto con ese gigante se vislumbraba algo arriesgado; adem谩s, demasiadas grandes corporaciones ganan buen dinero comerciando con la Rep煤blica Popular. 

Se requer铆a otra amenaza, preferiblemente menos peligrosa y m谩s cre铆ble, para mantener los gastos militares en un nivel suficientemente alto. A tal fin, Bush, Rumsfeld y compa帽铆a no podr铆an haber deseado nada m谩s conveniente que los hechos del 11 de septiembre de 2001 [voladura de las Torres Gemenas de NY]; es muy probable que estuvieran al tanto de los preparativos para estos monstruosos ataques, pero que no hicieran nada para prevenirlos porque sab铆an que podr铆an beneficiarse de ellos. En cualquier evento, aprovecharon al m谩ximo esta oportunidad para militarizar a Estados Unidos m谩s que nunca antes, arrojar bombas sobre personas que no ten铆an nada que ver con el 11 de septiembre, hacer la guerra a su antojo y, por lo tanto, para las corporaciones que hacen negocios con el Pent谩gono para registrar ventas sin precedentes. 
Bush declar贸 la guerra no a un pa铆s sino al terrorismo, un concepto abstracto contra el cual no se puede realmente hacer la guerra y contra el cual nunca se puede lograr una victoria definitiva. Sin embargo, en la pr谩ctica el lema 鈥済uerra contra el terrorismo鈥 signific贸 que Washington ahora se reserva el derecho de hacer la guerra en todo el mundo y de forma permanente contra quien la Casa Blanca defina como terrorista. y, por lo tanto, que las corporaciones que hacen negocios con el Pent谩gono registren ventas sin precedentes. 
Y as铆 se resolvi贸 definitivamente el problema del final de la Guerra Fr铆a, ya que en adelante se justificaba un gasto militar cada vez mayor. Las estad铆sticas hablan por s铆 solas. El total de 265.000 millones $ en gastos militares en 1996 ya hab铆a sido astron贸mico, pero gracias a Bush hijo el Pent谩gono pudo gastar 350.000 millones $ en 2002, y para 2003 el presidente ha prometido aproximadamente 390.000 millones $; sin embargo, ahora es pr谩cticamente seguro que la capa de 400.000 millones $ se redondear谩 este a帽o. 
Para financiar esta org铆a de gastos militares, se debe quitar dinero en otros lugares, por ejemplo, cancelando los almuerzos gratuitos para los ni帽os pobres; todo ayuda. No es de extra帽ar que George W. se pavonee radiante de felicidad y orgullo, ya que 茅l, esencialmente fue un ni帽o rico mimado de talento e intelecto muy limitados, ha superado las expectativas m谩s audaces no solo de su familia y amigos adinerados, sino de las empresas estadounidenses en su conjunto al quienes debe su trabajo.

Consecuencias del 110-S

El 11 de septiembre le dio a Bush carta blanca para hacer la guerra donde y contra quien quisiera, y como este ensayo ha pretendido dejar en claro, no importa mucho qui茅n sea se帽alado como enemigo del d铆a. El a帽o pasado, Bush lanz贸 una lluvia de bombas sobre Afganist谩n, presumiblemente porque los l铆deres de ese pa铆s dieron cobijo a Bin Laden, pero recientemente este 煤ltimo pas贸 de moda y fue una vez m谩s Saddam Hussein quien supuestamente amenaz贸 a Estados Unidos. 

No podemos tratar aqu铆 en detalle las razones espec铆ficas por las que los Estados Unidos de Bush quer铆an a toda costa la guerra con el Irak de Saddam Hussein y no con, digamos, Corea del Norte. Una de las principales razones para luchar en esta guerra en particular fue que las grandes reservas de petr贸leo de Irak son codiciadas por los trusts petroleros de EEUU con quienes los mismos Bush, y bushistas como Cheney y Rice, cuyos nombres fueron puestos a petroleros, est谩n tan 铆ntimamente relacionados. 
La guerra en Irak tambi茅n es 煤til como lecci贸n para otros pa铆ses del Tercer Mundo que no logran bailar al son de Washington, y como instrumento para castrar a la oposici贸n interna e imponer el programa de extrema derecha de un presidente no electo en las gargantas de los propios estadounidenses.

La ‘Am茅rica de la riqueza y el privilegio’ est谩 enganchada a la guerra. Sin dosis regulares y cada vez m谩s fuertes de guerra ya no puede funcionar correctamente, es decir, producir las ganancias deseadas. En este momento, esta adicci贸n, este anhelo est谩 siendo satisfecho por medio de un conflicto contra Irak, que tambi茅n es querido por los corazones de los magnates del petr贸leo. Sin embargo, 驴alguien cree que el belicismo se detendr谩 una vez que lacabellera de Saddam se una a los turbantes talibanes en la vitrina de trofeos de George W. Bush? El presidente ya ha se帽alado con el dedo a aquellos cuyo turno pronto llegar谩, a saber, los pa铆ses del 鈥渆je del mal鈥: Ir谩n, Siria, Libia, Somalia, Corea del Norte y, por supuesto, esa vieja espina en el costado de Estados Unidos, Cuba.

隆Bienvenidos al siglo XXI, bienvenidos a la valiente nueva era de guerra permanente de George W. Bush!

Jacques R. Pauwels es historiador y polit贸logo, autor de ‘El mito de la guerra buena: Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial’ (James Lorimer, Toronto, 2002). Su libro se publica en diferentes idiomas: en ingl茅s, holand茅s, alem谩n, espa帽ol, italiano y franc茅s. Junto a personalidades como Ramsey Clark, Michael Parenti, William Blum, Robert Weil, Michel Collon, Peter Franssen y muchos otros鈥 firm贸 鈥淓l Llamamiento Internacional contra la Guerra de los Estados Unidos鈥. Es investigador asociado del Centro de Investigaci贸n sobre la Globalizaci贸n (CRG)

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Fuente: Tarcoteca.blogspot.com