February 12, 2021
De parte de Nodo50
225 puntos de vista

Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós

La incorporación de
Israel al Centcom lesionará aún más la causa palestina, dividirá a los Estados
árabes y aumentará la presión sobre Irán

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Sin el ceremonial propio de una decisión de tal trascendencia, el Pentágono anunció el mes pasado una importante reorganización de su mando militar en Oriente Próximo por la que incorporará a Israel junto a los Estados árabes ya integrantes.

Hasta ahora Israel ha pertenecido al mando europeo del
ejército estadounidense, el EUCOM, y no al de Oriente Próximo, conocido como
Mando Central o CENTCOM. La decisión pone fin a esa idea tradicional de que
incluir a Israel en el Centcom incrementaría las fricciones entre Estados
Unidos y los países árabes y haría que estos últimos fuesen más reacios a
compartir información de inteligencia o a cooperar con el Pentágono.

Esas preocupaciones se percibían sobretodo cuando Estados
Unidos tenía muchas tropas desplegadas en Iraq y en Afganistán. En 2010, David
Petraeus, entonces comandante del Centcom, ya expresó su temor de que
fuesen las fuerzas estadounidenses estacionadas en la región las que tuvieran
que pagar el precio de una connivencia militar demasiado manifiesta con Israel.

Pero el objetivo de Israel desde hace tiempo ha sido forzar
al Pentágono a reestructurar el Centcom; la presión de
los lobbies pro-israelíes
en Washington se intensificó en los
últimos meses de la administración Trump. La decisión se pareció bastante a un
“regalo de despedida” del presidente Donald Trump a Israel antes de dejar el
cargo.

‘Normalización’ militar

El traspaso formal de Israel al Centcom aún no se ha
producido pero la medida se ha concretado la semana pasada durante la primera
visita a Israel
del general Kenneth McKenzie, actual jefe del
Centcom desde que Joe Biden llegó a la Casa Blanca. Al lado del jefe del Estado
Mayor de Israel, Aviv Kohavi, McKenzie plantó
un árbol, oficialmente para celebrar la festividad judía de Tu Bishvat, aunque
lo que vino a representar fue el símbolo de la nueva era de su asociación
estratégica.

El viernes, tras una reunión con el general estadounidense,
el ministro de Defensa de Israel Benny Gantz emitió una declaración en la que
ensalzaba la reorganización del Pentágono y proclamaba
que le “permitirá a Israel profundizar en la cooperación con nuevos socios
regionales y ampliar horizontes operativos”.

La decisión de incorporar a Israel al mando militar de
Estados Unidos en Oriente Próximo se aprecia mejor –desde la perspectiva de
Washington– como la culminación de las presiones ejercidas a los Estados árabes
para su “normalización”
pública con Israel
.

La normalización militar puede sumarse ahora a la
normalización política, diplomática y económica que comenzó formalmente el
pasado mes de septiembre, cuando dos Estados del Golfo, Emiratos Árabes Unidos
y Bahrein, firmaron los
llamados Acuerdos Abraham
con Israel. Marruecos y Sudán han
anunciado también sendos acuerdos de paz con Israel, y es probable que otros
Estados árabes sigan su ejemplo una vez que la administración entrante de Biden
se asiente.

Desde la firma de los Acuerdos Abraham, EAU ha establecido
fuertes lazos comerciales con Israel y ha ayudado a fundar el
Fondo Abraham
, destinado a financiar la infraestructura de la
ocupación que Israel viene utilizando para privar a los palestinos de un
Estado. Desde que se abrieron los vuelos a Dubai en noviembre, los turistas
israelíes acuden en masa a EAU aprovechando las nuevas relaciones amistosas
para escapar de las restricciones del bloqueo en su país.  De hecho, según las noticias,
estas visitas son una de las principales causas de que Israel haya importado
nuevas cepas de Covid-19. La semana pasada Israel cerró fulminantemente sus
fronteras –excepto para el General McKenzie– para mantener el virus bajo
control.

Aumentar la confianza

A juzgar por las apariencias, el interés de Israel por formar
parte del Centcom –una especie de OTAN de Oriente Próximo que incluye a varios
Estados árabes con los que Israel aún mantiene relaciones hostiles– no parece
muy lógico. Pero lo cierto es que Israel obtendrá importantes beneficios
estratégicos.

Alineará aún más estrechamente los intereses de seguridad de
Estados Unidos en la región con los suyos propios y a expensas de sus vecinos
árabes. Contribuirá, con la cooperación explícita o implícita de muchos Estados
árabes, a la sistemática política israelí de aplastar las ambiciones nacionales
palestinas. Exacerbará las tensiones políticas en el bloque de los Estados
árabes debilitándolo aún más. Y servirá para presionar a los Estados árabes
recalcitrantes para que se sumen al consenso superior contra el único enemigo
regional importante que le queda a Israel: Irán.

Es revelador cómo se ha evaporado la vieja preocupación de
Washington de que la presencia de Israel en el Centcom pudiera perjudicar las
relaciones de Estados Unidos con los Estados árabes. Antes, Estados Unidos
ponía cuidado en distanciarse de Israel cada vez que el Pentágono se
involucraba a fondo en la región, ya fuera en la guerra del Golfo de 1990 o en
la invasión y ocupación de Iraq en 2003. Esos cálculos ya no parecen tener
importancia.

La jugada [de incorporar a Israel en el Centcom] demuestra la
confianza que tiene Estados Unidos en que a los Estados árabes –al menos a los
que le importan a Washington– ya no les preocupa que trascienda que pactan un
acuerdo militar con Israel además de otros compromisos políticos y económicos.
Deja claro que ahora son las petromonarquías del Golfo e Israel quienes
impulsan principalmente la política exterior de Estados Unidos en la región, y
sugiere que la más importante, Arabia Saudí,
está esperando el momento oportuno para firmar su propio acuerdo con Israel.

Salir de las sombras

Está previsto que Israel siga realizando maniobras militares
en Europa con los países de la OTAN, pero pronto podrá desarrollar relaciones
directas similares con ejércitos árabes, especialmente con los que se están
ampliando y profesionalizando vertiginosamente en el Golfo gracias a los
beneficios del petróleo.

Los oficiales israelíes saldrán pronto de las sombras para
entrenar y asesorar públicamente a los ejércitos de EAU y Arabia Saudí como
parte de sus funciones conjuntas en el Centcom. La experiencia concreta de
Israel después de décadas de vigilancia, control y represión de los y las
palestinas será muy cotizada en unos Estados del Golfo acobardados por la
disidencia interna o por previsibles levantamientos.

Como ha señalado el
académico israelí Jeff Halper
, Israel ya ha dado muestras de su
eficacia para que sus vínculos militares y de seguridad con ejércitos y fuerzas
policiales de todo el mundo se traduzcan en apoyos diplomáticos en organismos
internacionales.

No parece que vaya a ser diferente en Oriente Próximo. Lo que
cabe esperar es que cuando Israel se haya convertido en el eje de los ejércitos
más profesionalizados de la región, los Estados que dependan de su asistencia
se desentiendan aún más de la causa palestina.

Dividir y gobernar la región

Otra ganancia para Israel será entorpecer las relaciones de
Washington con la región árabe. El Centcom no sólo cuenta con importantes bases
militares en el Golfo (en particular en Bahrein y Qatar) sino que encabeza la
proclamada “guerra contra el terrorismo” con operaciones abiertas o encubiertas
en varios Estados árabes, incluidos Iraq y Siria. A Estados Unidos le resultará
más difícil desvincularse de operaciones abiertamente beligerantes, incluidos
ataques aéreos que Israel lleva a cabo en flagrante violación del derecho
internacional en ambos países árabes. La tensión entre Estados Unidos y Bagdad ha aumentado debido
a los ataques aéreos israelíes contra Iraq, que han ocasionado amenazas de
limitar el acceso de Estados Unidos al espacio aéreo iraquí. 

Con Israel dentro del Centcom, Estados Unidos y los Estados
árabes a los que más favorece se verán previsiblemente implicados de manera
directa en las grandes operaciones militares de Israel contra los y las
palestinas, como en las reiteradas “guerras” contra Gaza.

Ello supondrá un importante reto para las instituciones de
cooperación de la región, como la Liga Árabe. Casi con seguridad provocará una
fractura aún más profundamente entre los Estados árabes favorables a Washington
y los acusados de estar en el lado equivocado de la “guerra contra el
terrorismo”. El resultado podría ser una política regional de “divide y
vencerás” forjada por los israelíes para reproducir las divisiones que durante
décadas ha provocado Israel en los líderes palestinos, más notoriamente en la
división entre Fatah y Hamas.

Frente anti-iraní

La mayor retribución para Israel será una alianza más
explícita con los Estados árabes contra Irán, y que otros Estados timoratos
acaben trasegando en el abrevadero israelí.

Tal parece haber sido el propósito de la reciente y bien
publicitada reconciliación entre EAU y los saudíes por un lado, y Qatar por el
otro, alcanzada en los últimos días de la administración Trump. Una de las
principales causas
del prolongado bloqueo a Qatar tiene que ver con
su insistencia en mantener los vínculos políticos y económicos con Teherán.

El objetivo de Israel es forzar
que la administración Biden mantenga la beligerante política anti-iraní de
Trump, que comprende enérgicas sanciones, asesinatos y anular el acuerdo
nuclear con Teherán firmado por Barack Obama en 2015. Gracias a ese acuerdo,
los inspectores accedieron a Irán para poder asegurar que este país no estaba
desarrollando una bomba nuclear que pudiera neutralizar el peso estratégico que
Israel tiene por su propio arsenal nuclear.

Dentro del Centcom Israel podrá trabajar más estrechamente
con los aliados del Golfo para sabotear cualquier esfuerzo que desde Washington
pretenda revivir el acuerdo nuclear con Teherán. Este punto se recalcó la
semana pasada en el curso de una conferencia de seguridad on line
organizada por la Universidad de Tel Aviv y que contó con la presencia de dos
ministros del Golfo.

En la conferencia, Kochavi, jefe del Estado Mayor de Israel, soltó una
reprimenda pública
y sin precedentes a Biden por sus recientes
declaraciones relativas a que pretende revivir el acuerdo nuclear. Kochavi
calificó el acuerdo de “malo y equivocado desde el punto de vista estratégico y
operativo”, afirmó que Irán lanzaría misiles nucleares contra Israel una vez
que los tuviera, y declaró que “debe ponerse sobre la mesa” un ataque en
solitario por parte de Israel.

El ministro de Asuntos Exteriores de Bahréin, Abdullatif al
Zayani, observó que Israel y los Estados del Golfo tendrían más posibilidades
de impedir cualquier conciliación de Estados Unidos con Irán si hablaran con
una “voz unificada”, y añadió:
“Una posición regional conjunta en estos temas ejercerá una mayor influencia
sobre Estados Unidos”. Opinión compartida por Anwar Gargash, ministro de
Asuntos Exteriores de EAU.

El coco de Oriente Próximo

En una señal de que el gobierno de Biden teme tener que hacer
frente a una alianza amplia en Oriente Próximo contra Irán, el nuevo secretario
de Estado elegido por el presidente, Antony Blinken, declaró el
mes pasado que era “de vital importancia” consultar con Israel y con los países
del Golfo antes de volver a reactivar el acuerdo.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, desesperado
por apuntalar su fortuna electoral y desviar la atención de su inminente juicio
por corrupción, tiene todos los incentivos para abrir esa grieta.

Garantizar que Irán siga siendo el coco número uno de Oriente
Próximo –el foco de la hostilidad occidental– redunda en el interés conjunto de
un Israel que no tiene intención de poner fin a su obstrucción durante décadas
a la creación de un Estado palestino, y de los Estados del Golfo que no tienen
intención de poner fin a sus propios abusos de los derechos humanos y seguir
promoviendo la discordia islámica.

Mike Pompeo, secretario de Estado saliente de Trump, plantó
una mina terrestre el mes pasado diseñada para servir a los intereses israelíes
y saudíes cuando recalcó que varios dirigentes de al Qaeda han encontrado
refugio en Irán. Resonó a la fantasiosa afirmación de la administración Bush
sobre los vínculos entre al Qaeda y Sadam Husein como pretexto, junto a las
inexistentes armas de destrucción masiva, para la invasión y ocupación de Iraq
en 2003.

La llegada de Israel al Centcom no puede sino aumentar las
presiones de lobby para que se repita ese catastrófico despropósito y con ello
las perspectivas de una nueva conflagración en Oriente Próximo.

Fuente: https://www.jonathan-cook.net/2021-02-02/israel-pentagon-arab-centcom/




Fuente: Rebelion.org