May 25, 2022
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
191 puntos de vista

Jos茅 Ovejero

Mientras se encontraba en Suiza, a donde hab铆a huido en 1943 temiendo ser detenido por la Gestapo, Bertrand de Jouvenel termin贸 un libro en el que ya hab铆a estado trabajando en la Francia ocupada: Sobre el poder. Confieso haber descubierto a este autor hace poco y a煤n no s茅 si me fascina m谩s su biograf铆a o su pensamiento. A los diecisiete a帽os inici贸 una relaci贸n clandestina que durar铆a cinco a帽os con la segunda esposa de su padre, la escritora Colette, treinta a帽os mayor que 茅l. A principios de los a帽os 30 se cas贸 con Martha Gellhorn, que luego se har铆a famosa como reportera de guerra, entre otras cosas por sus art铆culos sobre la guerra civil espa帽ola; el matrimonio no dur贸 mucho.

Pero si su vida privada fue interesante, tambi茅n lo fue la evoluci贸n pol铆tica de este hombre que comenz贸 su actividad entre los J贸venes Turcos del Partido Radical -entonces de izquierdas y antiliberal-, pasa al filofascista Partido Popular Franc茅s, entrevista a Hitler, se deja impresionar por la Alemania nazi, pero se aleja de las veleidades del culto al l铆der tras ver las orejas al superhombre en los Acuerdos de Munich, aquella carta blanca a Alemania para apoderarse de los Sudetes, con la que se pretend铆a saciar el hambre del l铆der nazi pero que s贸lo fue el aperitivo de la invasi贸n de Checoslovaquia; m谩s tarde particip贸 en la fundaci贸n de la Sociedad de Mont-P猫lerin, que ser铆a la locomotora del liberalismo en el mundo, pero la abandonar铆a pronto y acabar铆a dedic谩ndose a pensar el ecologismo y su relaci贸n con la pol铆tica. Un personaje y un pensador sobre el que sin duda investigar茅 m谩s, pero por ahora ando embebido en el ensayo que mencion茅 al principio: Sobre el poder.

Entre los muchos temas que trata, uno que le preocupa particularmente es la raz贸n de nuestra obediencia. 驴Por qu茅 obedecemos al Estado? 驴Por qu茅 nos sometemos a la ley? 驴Por qu茅 nos rebelamos tan poco? Y podr铆a a帽adir yo, 驴por qu茅 se mira con tanta desconfianza a quienes se rebelan?, como hemos visto estos d铆as durante la okupaci贸n del antiguo edificio de UGT en Hortaleza 88.

De Jouvenel descarta numerosas razones que se han aducido a lo largo de los siglos para justificar nuestra mansa aceptaci贸n de lo que se nos exige (y que podemos resumir con la palabra quiz谩 m谩s repetida en la obra p贸stuma de Nietzsche, La voluntad de poder, despu茅s de los dos sustantivos del t铆tulo: reba帽o). Para de Jouvenel, nuestra obediencia se basa en tres ideas combinadas: la legitimidad, la fuerza y el bien com煤n. Resumiendo mucho el razonamiento, obedecemos en primer lugar porque consideramos leg铆timo el poder al que nos sometemos, ya sea porque su legitimidad viene de Dios, como en las monarqu铆as medievales, o de la voluntad popular, como en las democracias parlamentarias; pero adem谩s ese poder tiene una fuerza superior a la de los individuos, que le permite obligar y castigar; y por 煤ltimo confiamos en que nuestra obediencia, aunque a veces nos lleve a renunciar a lo que desear铆amos hacer, sea beneficiosa porque el poder es el 煤nico capaz de velar por el bien com煤n y, por tanto, del nuestro.

驴Se dan esos tres factores en la Espa帽a del siglo XXI? Desde luego no podemos decir que sea as铆 de una manera constante. No creo, por ejemplo, que se puedan considerar leg铆timas las victorias electorales de partidos que concurren a los comicios dopados con dinero il铆cito. No se trata de que tal o cual pol铆tico haya delinquido, cosa inevitable en cualquier gremio, sino de que varios partidos nacionales y auton贸micos crearon sistemas de financiaci贸n que iban del blanqueo de capitales a exigir comisiones ilegales concediendo contratos p煤blicos a cambio (es decir, malversando el dinero p煤blico).

En cuanto al bien com煤n, lo que hemos visto con frecuencia es la actividad pol铆tica en favor de una clientela a la que poco le interesa el bien com煤n y mucho el propio, llegando en los casos m谩s graves al confinamiento obligatorio -hasta la muerte- de ancianos que han cotizado toda su vida a la seguridad social, mientras se permit铆a salir y hospitalizarse a los que ten铆an un seguro privado.

Queda entonces鈥 la fuerza, que se aplica de diversas maneras: permitiendo la impunidad de la polic铆a cuando comete infracciones y delitos; fomentando una judicatura partidista que parece pensar m谩s en la defensa de intereses pol铆ticos que de la justicia; alimentando las cloacas del Estado y combatiendo a quienes investigan de verdad los delitos fomentados desde la pol铆tica; creando un aparato de espionaje a los propios ciudadanos que poco tiene que ver con la defensa nacional. Que estas tendencias, muy marcadas en lo que va de siglo, se apunten bajo un sistema democr谩tico no permite pensar que sean instrumentos para el bien com煤n -poco bien ha salido de la ley mordaza-. Ya advert铆a de Jouvenel que es en los per铆odos democr谩ticos cuando se crean los instrumentos que despu茅s ser谩n utilizados en las tiran铆as.

De Jouvenel ya era consciente de fallas similares en la democracia de su tiempo, que hac铆an dif铆cil entender la obediencia de los ciudadanos y las ciudadanas. Para explic谩rsela, a帽ad铆a un cuarto matiz: no es que constatemos la legitimidad y la b煤squeda del bien com煤n en nuestro sistema pol铆tico. Es que le concedemos un cr茅dito, mantenemos viva la esperanza de que un d铆a sean un hecho, y entretanto aguantamos las injusticias, tambi茅n los retrocesos en los derechos conquistados (pero 驴seguiremos obedeciendo si se proh铆be el aborto, si contin煤a privatiz谩ndose lo com煤n, si se destruye lo p煤blico, si aumenta la impunidad con la que se enriquecen los allegados al poder?).

El cr茅dito se est谩 reduciendo de forma alarmante. Lo demuestra que un porcentaje elevad铆simo de la poblaci贸n no se moleste en ir a votar o, peor, que favorezca el regreso a soluciones totalitarias, hoy idealizadas y a帽oradas por m谩s gente de lo que hace poco nos parec铆a posible. El descr茅dito de la democracia no es solo un mal en s铆 mismo, es que nos augura la llegada de tiempos a煤n peores, pilotados precisamente por las personas y los clanes que hoy destruyen la democracia desde dentro. Porque al final, en las democracias y en los reg铆menes totalitarios, y eso es lo deprimente, los beneficiarios del mal com煤n son siempre los mismos.

Fuente: https://www.lamarea.com/2022/05/10/…

Mossos
Polic铆as, haciendo valer su autoridad.



Fuente: Grupotortuga.com