December 21, 2021
De parte de La Haine
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Publicamos el manifiesto fundacional de Rojo del Arcoiris, surgido en el Estado Espa帽ol en oto帽o de 2021. RDA es un proyecto marxista y queer cr铆tico que busca reclamar el espacio hist贸ricamente arrebatado a las disidentes sexuales de la clase obrera dentro del pensamiento revolucionario.

1ROJO DEL ARCO脥RISRojo del Arco铆ris Proyecto marxista cr铆tico, que busca reclamar el espacio hist贸ricamente arrebatado a las disidentes sexuales de la clase obrera dentro del pensamiento revolucionario.

I. Lo 鈽璾eer del marxismo

Afirmamos que la opresi贸n que sufrimos las disidentes sexuales de la clase obrera ha de ser abordada desde las herramientas de an谩lisis y transformaci贸n de la realidad que nos ofrece el marxismo. Hacemos nuestras las palabras de las compa帽eras brit谩nicas de Invert, cuando declaran que 鈥渓a disoluci贸n de las formas est谩ticas en relaciones sociales se encuentra en el coraz贸n de la dial茅ctica marxista鈥. El potencial queer del materialismo hist贸rico y dial茅ctico radica, pues, en la posibilidad de mostrar el car谩cter de clase, y por tanto socialmente construido, de todo aquello que se nos ha presentado como natural e inmutable. No obstante, con frecuencia este potencial radical de cuestionamiento de la normatividad ha sido hist贸ricamente postergado en las organizaciones revolucionarias, resultando en la perpetuaci贸n de las ideas burguesas con respecto a la familia, y en consecuencia, al eros. Son numerosos los nombres de camaradas queer que, a causa de su disidencia, tuvieron que abandonar la lucha por el socialismo. Pedro Lemebel, Mario Mieli, Sylvia Rivera, Nastasia Rampova, Nestor Perlongher, Jean Nicolas, Daniel Gu茅rin, Pier Paolo Passolini, son tan solo unos pocos de ellos. M谩s son, sin embargo, los nombres de las camaradas queer, como el que se esconde tras Amanda Klein, que nunca conoceremos porque los prejuicios reaccionarios de quienes otrora anhelaban la revoluci贸n no repararon en que la sexualidad tambi茅n era una relaci贸n de producci贸n a revolucionar. No estudiamos, pues, las dimensiones clasistas del heterosexismo y el cisexismo 煤nicamente en tanto ata帽en a nuestra vivencia como transmaribibolleras; sino que nuestra vivencia como transmaribibolleras nos permite advertir que la matriz heterosexual no est谩 siendo incorporada en los an谩lisis de la totalidad capitalista, dejando incuestionado 鈥攃uando no naturalizado鈥 un aspecto central de la hegemon铆a burguesa. Proseguimos el legado de Leslie Feinberg: nuestra opresi贸n no ha existido siempre, sino que surgi贸 con la sociedad de clases. Usemos, como elle, una vieja llave para abrir nuevas puertas. Es el momento de permitir florecer el potencial queer que siempre tuvo el marxismo.

EL RUMOR DE LAS MULTITUDES

Trans/formarlo todo (I). Notas degeneradas para la abolici贸n del g茅nero

IRA HYBRIS11

II. A favor del rosa, en contra de la moral burguesa

Si bien el marxismo se enorgullece de ser contrario a la ideolog铆a burguesa, constantemente est谩 juzg谩ndose a s铆 mismo en base a unos est谩ndares de lo que es decente o serio, construidos dentro de esos propios valores conformados por el capitalismo.

No solo eso, sino que en muchas ocasiones se opone fervientemente a todo aquello que la moral burguesa considere pervertido de alguna manera, generalmente en cuanto a lo que se considera feminizado. As铆, las est茅ticas y valores de organizaciones que se llaman marxistas adquieren unos tintes arcaicos y folcl贸ricos 鈥攜 masculinizados鈥 con el objetivo de darse a s铆 mismos un estatus concreto. Desde El Rojo del Arco铆ris reivindicamos todo aquello que la moral burguesa hegem贸nica no considera aceptable o digno, ya que no necesitamos la aprobaci贸n de nadie que se rija por unos est谩ndares nacidos en la cuna de la explotaci贸n; y es por eso por lo que hospedamos orgullosas una est茅tica femme y petarda, m谩s all谩 de lo que la burgues铆a nos hizo creer que era v谩lido.

III. Sexo, g茅nero y familia

Sostenemos que la matriz de la diferencia sexual no est谩 en la biolog铆a sino en la econom铆a pol铆tica, particularmente, en la instituci贸n de la familia mon贸gama burguesa. Proclamamos, as铆, que la familia produce la heterosexualidad, y con ella, las realidades de hombre y mujer. La heterosexualidad, como producto de la etapa hist贸rica de la dominaci贸n burguesa, es mucho m谩s que una orientaci贸n del deseo, es el mecanismo que naturaliza la reproducci贸n del estado presente de las cosas. Asimismo, la idea de que existen dos sexos separados no precede a la producci贸n 鈥攈ist贸ricamente espec铆fica鈥 de la heterosexualidad. Los mandatos de la masculinidad y la feminidad que hoy son nombrados bajo la r煤brica del g茅nero no son, pues, la politizaci贸n de unas diferencias naturales de nuestros cuerpos, sino que en s铆 mismos son los encargados de producir la ficci贸n burguesa de la naturalidad de la diferencia sexual. La mutilaci贸n genital sufrida por los beb茅s intersex desvela c贸mo el capital adapta normativamente los cuerpos entre sus bastidores, para hacer pasar por inevitable la divisi贸n del trabajo tal y como existe en el presente. No obstante, ni hombre ni mujer son destinos naturales, sino relaciones sociales necesarias para perpetuar un mundo dividido entre explotadores y explotados, as铆 como un producto encarnado de esta misma divisi贸n. Abolir la diferencia sexual, mediante la cual el capital institucionaliza nuestros cuerpos como espacios de reproducci贸n de las clases sociales y la propiedad privada, pasa por la abolici贸n de la familia, fruto de una previa abolici贸n del trabajo asalariado.

IV. Totalidad capitalista y autodeterminaci贸n

Desde RDA declaramos que la opresi贸n de las personas queer no es anterior ni ajena a las relaciones de clase, sino que se inscribe en estas. Esto es buenamente aplicable a otras din谩micas opresivas como el racismo, el capacitismo y el sexismo, que si bien se presentan como independientes, forman parte de las mismas relaciones de producci贸n y reproducci贸n del capital.

Recogemos la visi贸n unitaria de nuestra camarada Holly Lewis cuando sostiene que 鈥渓a clase social no es otro vector de opresi贸n; sino que es la mistificaci贸n de todas las relaciones sociales para ponerlas al servicio de la producci贸n de plusval铆a鈥. En consecuencia, no solo rechazamos cualquier posicionamiento LGTBI interclasista, en tanto que concilia intereses antag贸nicos, sino que tambi茅n nos oponemos a una postura obrerista que perpet煤e el desclasamiento de la sexualidad como ajena a las relaciones productivas, en acr铆tica consonancia con la divisi贸n burguesa entre lo p煤blico y lo privado. Esto es, decir que la opresi贸n de una transmaribibollera obrera es de clase, supone que no se reduce a su desposesi贸n de los medios de producci贸n, sino que su propia subjetividad como disidente sexual es un producto del orden capitalista.

Las vidas negras que el capitalismo desprecia, las vidas queer, las vidas discas, psiquiatrizadas que el capitalismo desprecia, contienen el potencial imaginativo para las relaciones sociales del futuro comunista

Hacemos nuestras las palabras de las camaradas de Pinko, pues en el capitalismo 鈥渓a libertad sexual o de g茅nero que poseemos no es m谩s que la libertad de reproducir el orden social vigente鈥. Cuestionamos las estrategias de falsa inclusi贸n de las disidentes sexuales que lleva a cabo la burgues铆a. Como expone el antrop贸logo marxista queer Gianfranco Rebucini, esa inclusi贸n en el orden capitalista se hace en tanto que nos convierte en consumidores aceptables, a expensas de la expulsi贸n de un Otro racializado. Y a帽adimos, esto vale tambi茅n para las disidencias que no se pliegan, las de las psiquiatrizadas y discas. No queremos la igualdad liberal para que algunes puedan subir la escalera social. Luchamos por una pol铆tica revolucionaria que la derribe.

Afirmamos que la 鈥渁utodeterminaci贸n de g茅nero鈥 no puede ser alcanzada dentro del capitalismo. El esfuerzo de legislarla dentro del marco normativo burgu茅s no solo resulta insuficiente, al mantener intactos los mecanismos sociales coercitivos, sino que peca de apuntalar la naturalizaci贸n de la divisi贸n sexual del trabajo. Es m谩s, el g茅nero no puede ser visto desde una perspectiva individual, puesto que como se帽alan desde Pinko: 鈥渆s actualmente el lugar donde se naturaliza el trabajo de la reproducci贸n de las clases sociales. Aunque se experimenta como algo profundamente personal 鈥攃omo la esencia de la persona, incluso鈥 es una de las m谩s centrales experiencias pol铆ticas vividas por las masas en la sociedad capitalista鈥. Asimismo, tampoco puede entenderse como el producto de una narrativa biol贸gica, como afirman ciertas voces que, lejos de realizar un an谩lisis materialista de la opresi贸n de la mujer, persisten en una narrativa reaccionaria y ahist贸rica.

Solo destruiremos las cadenas que nos oprimen en un acto colectivo, solo alcanzaremos la autodeterminaci贸n de g茅nero aboliendo la sociedad de clases.

V. Abolici贸n de la familia

Para la mayor parte de personas, un futuro sin familia resulta tan inconcebible como un futuro sin capitalismo; es dif铆cil imaginar un d铆a a d铆a sin este sistema. El Estado capitalista vuelca sobre la familia cuidados, formaci贸n, sustento y otras responsabilidades que deber铆an ser colectivas, y es por ello comprensible que diferentes sujetos de la clase obrera la perciban como un refugio, incluso como la 煤nica v铆a para la supervivencia. Esta percepci贸n de la familia como basti贸n de los v铆nculos obreros, frente a las formas l铆quidas de los afectos en el neoliberalismo, ha alentado recientemente un giro nost谩lgico que reivindica la hospitalidad de la familia, utilizando ret贸ricas naturalizadoras y binaristas que se alejan del an谩lisis hist贸rico materialista del capitalismo y sus instituciones.

Sin embargo, la familia es ante todo la reproducci贸n no solo literal 鈥攂iol贸gica鈥 sino social del r茅gimen capitalista. Un r茅gimen que tiene como modelo la familia nuclear, donde la progenie es una propiedad que ha de ser dirigida hacia los intereses de la clase burguesa para garantizar la subsistencia de la plusval铆a custodiada por la unidad familiar. Los individuos que, consciente o inconscientemente, no se inscriben en este modelo ponen en peligro la estabilidad del r茅gimen familiar y, con ello, la estabilidad del matrix del capital. Por tanto, son primero empujados a la reforma y, cuando permanecen irreformables, son exiliados de la econom铆a pol铆tica familiar. El Estado burgu茅s adem谩s acent煤a la inviabilidad y la intrascendencia de cualquier forma de solidaridad obrera que han construido al margen de la filialidad biol贸gica quienes hist贸ricamente han quedado fuera de este modelo. Son experiencias que atraviesan los testimonios de nuestras mayoras queer y compa帽eras contempor谩neas que tejen redes de apoyo mutuo, formaci贸n y cuidados emocionales fuera de la l贸gica familiar nuclear burguesa.

ROJO DEL ARCO脥RIS

Sabemos que los espacios en los que se entretejen aquellas redes de supervivencia que Nat Raha denomina reproducci贸n social queer no dejan de perpetuar la ficci贸n capitalista de que solo podemos cuidar de 鈥渓as nuestras鈥 en unidades 铆ntimas y dom茅sticas. Comprendemos que la abolici贸n de la familia no pasa por reproducir la ficci贸n de la familia a trav茅s de la idea de 鈥渇amilias elegidas鈥, sino por un cuidado comunal hacia todes, que construimos desde el cobijo de todas las vidas que el capitalismo, en su l贸gica impersonal, decide que no importan.

Los sujetos pol铆ticos queer que, a menudo, comparten un extenso legado hist贸rico de marginaci贸n, silenciamiento y expulsi贸n de la familia, han sido y deben ser conscientes de que abolir el capitalismo implica por tanto necesariamente abolir su principal instituci贸n de reproducci贸n: la familia. Volvemos a las palabras de Holly Lewis: 鈥渓a abolici贸n de la familia no es un llamamiento a abolir los lazos entre las personas que se aman鈥. Lo que buscamos es destruir la capacidad de la clase capitalista de explotar y controlar nuestras redes de apoyo y nuestros afectos.

Entendemos, en 煤ltima instancia, que las personas queer obreras, as铆 como otras comunidades oprimidas, est谩n a la vanguardia de la reproducci贸n social por venir. As铆, las vidas negras que el capitalismo desprecia, las vidas queer que el capitalismo desprecia, las vidas discas, psiquiatrizadas que el capitalismo desprecia, contienen el potencial imaginativo para las relaciones sociales del futuro comunista.

VI. Abolici贸n de la explotaci贸n de los cuerpos

Cuando nos enfrentamos a la problem谩tica del trabajo como comunistas tomamos como premisa que nadie deber铆a trabajar. El salario esconde una relaci贸n de explotaci贸n de la que queremos liberar a todos los cuerpos. La propia divisi贸n del trabajo fue la generatriz de las problem谩ticas de clase, y por tanto nos declaramos abolicionistas del trabajo asalariado.

Adem谩s, como personas queer dentro del marxismo entendemos que no podr谩 haber libertad en cuestiones de sexualidad mientras vivamos dentro del sistema capitalista. Por lo tanto, el objetivo de las transmaribibolleras obreras pasa por acabar con la existencia del trabajo y no solo con la forma particular en la que este sistema ejerce represi贸n sobre la disidencia sexual.

Nos desligamos, asimismo, de la corriente mitificadora y obrerista del trabajo asalariado como 鈥渆nnoblecedor鈥, ya que no es m谩s que una trampa del capital. Apela al supuesto orgullo de clase, cuando en realidad solo busca reproducir la hegemon铆a capitalista al tiempo que obstaculiza el 铆mpetu revolucionario de la clase obrera, haci茅ndonos pensar que sacamos un beneficio del mero hecho de trabajar. Esto es, como si hubiera que darles las gracias a nuestros jefes y patrones por 鈥渄ejarnos鈥 trabajar. El mito de la realizaci贸n del individuo mediante el trabajo asalariado es la ant铆tesis de nuestra 鈥渓abor鈥 en RDA.

Sin embargo, reconocemos que el lugar de la explotaci贸n es el lugar desde donde la clase obrera se relaciona y organiza, facilitando la colectividad y, por ende, tiene potencial para generar espacios con posibilidades revolucionarias y de solidaridades. Por ello, la burgues铆a intenta destruir cualquier espacio para la organizaci贸n, especialmente los que surgen en el seno de la producci贸n social, en tanto que eslab贸n d茅bil del orden capitalista.

El ser humano tiene la capacidad de desarrollar tecnolog铆a que automatice los procesos laborales hasta que se libere nuestro tiempo y podamos desarrollar otras actividades, para nosotros 鈥攏o para sobrevivir en el capitalismo. Disfrutarnos, no vendernos. Dif铆cil de imaginar en un ambiente neoliberal, donde incluso nuestros pasatiempos y pasiones se han mercantilizado para crear capital.

Por otra parte, entendemos que el objetivo de la abolici贸n del trabajo incluye la abolici贸n del trabajo sexual. No vemos contradicci贸n entre este objetivo y ayudar a las trabajadoras en sus luchas para sobrevivir al horror capitalista. Como Silvia Federici, decimos: 鈥測o tambi茅n soy abolicionista: quiero abolir el capitalismo; quiero abolir el trabajo asalariado; quiero abolir la explotaci贸n鈥. Pero, al mismo tiempo, no podemos decir: 鈥渆ste tipo de explotaci贸n es aceptable y esta no鈥. Para nosotras, el abolicionismo del trabajo no conlleva una alianza con las propuestas neoliberales basadas en fantas铆as punitivistas, que buscan dar m谩s poder al Estado burgu茅s desde sus herramientas represivas y coloniales. Asimismo, como comunistas, nos oponemos a ejercer tutela alguna sobre otras trabajadoras, pues en tanto nos une la opresi贸n, solo podemos construir la solidaridad.

No obstante, al abordar la cuesti贸n de la explotaci贸n de los cuerpos, es inevitable mencionar la trata de personas. Como subraya Holly Lewis, 鈥渓a trata 鈥攕exual o no鈥 es una problem谩tica de la econom铆a pol铆tica, no de la maldad o el patriarcado鈥. La diferencia entre el mercado laboral convencional y el tr谩fico de cuerpos reside en que el ser trabajador est谩 definido en base a la explotaci贸n, y las personas esclavizadas son en s铆 mismas mercanc铆a. La separaci贸n entre la explotaci贸n y la deshumanizaci贸n es menguante, pero acarrea 鈥渦n cambio de paradigma鈥. Retomando las palabras de Lewis: 鈥渆l hecho de que una transacci贸n econ贸mica est茅 relacionada con el sexo no transforma m谩gicamente la manera en que funciona el capitalismo鈥.

Emancipar todos los cuerpos de todas las opresiones, para hacer perecer la heterosexualidad, creaci贸n del capitalismo, en el proceso.

EL RUMOR DE LAS MULTITUDES

Los usos de la teor铆a cultural: Raymond Williams en la coyuntura

DIEGO PAREJO P脡REZIV脕N ALVARADO CASTRO

VII. Cultura para una nueva sociedad

El poder del capitalismo parece insoslayable, como anta帽o el derecho divino de los reyes. Sin embargo, el ser humano puede resistirse al poder, alterarlo.

Ursula K. Le Guin

Imaginemos mundos para poder crearlos. El arte no es exclusivamente burgu茅s, no relegamos lo est茅tico 鈥攅n t茅rminos de Herbert Marcuse鈥 a un lugar 鈥渕enor鈥 a emancipar. Seguimos a figuras como Raymond Williams, que entend铆a la cultura como algo ordinario que se produce y reproduce constantemente. Apostamos por ofrecer nuevos horizontes a la comunidad con una comunicaci贸n cercana: no pretendemos imponer nada a una masa ignorante porque no entendemos a la gente como masa ignorante. Nuestra intenci贸n no es escribir para demostrar los conocimientos que tenemos. De hecho, la cultura que desarrollamos aqu铆 es desde, por y para la comunidad. No queremos ni la cultura producida para 鈥渆l populacho鈥 con intereses econ贸micos ni la tradici贸n que la clase capitalista selecciona como distinguida. Para la burgues铆a ya somos les villanes que el oligopolio de Disney ha queercodeado: seamos, pues, les que ofrecen una direcci贸n comunista a la cultura de la clase obrera.

Hay que analizar las formas en que el capitalismo usa el arte para reproducirse, para convencernos a todos de que no hay alternativa a ese 鈥渋nsoslayable鈥 poder. Han intentado extinguir nuestras energ铆as revolucionarias mediante concesiones que pueden ser importantes para individuos 鈥攍a representaci贸n de personas LGTB en el arte鈥, pero que son cooptadas para convertirnos en c贸mplices de la opresi贸n capitalista.

Estudiar tambi茅n el arte queer como posible lugar de revoluci贸n, para apoyar y potenciar estas expresiones, para encontrar nuevas formas de creaci贸n que sacudan el estancamiento del presente capitalista. Quitarle a la burgues铆a sus propias herramientas, tambi茅n. 驴Qui茅n mejor que las personas queer, que hist贸ricamente nos hemos apropiado de los insultos que se han utilizado contra nosotres, para cambiar los significados hegem贸nicos que condicionan nuestra forma de interpretar el mundo? Hemos de recuperar genealog铆as. 驴En cu谩ntas escuelas de cine se sigue ocultando que uno de los creadores del montaje, Sergei Eisenstein, era homosexual? 驴Cu谩ntos aportes de las personas queer para una cultura emancipadora se han intentado borrar de parte de ambos lados?

Le declaramos la guerra a la hegemon铆a existente y aunque conocemos las limitaciones que nos impone el sistema capitalista proponemos producir y experimentar nuevas formas de vida en com煤n. Creemos que es posible una hegemon铆a alternativa con la que logremos que estas formas emergentes se hagan dominantes.

VIII. Cuidarnos en la revuelta

Tras la divisi贸n sexual del trabajo, las feminidades fueron relegadas al trabajo en el hogar. El cuidado de la familia era el pilar estable que manten铆a los engranajes del capitalismo. Estaba en nuestra mano sacar adelante a las bocas que en alg煤n momento sustentar铆an a otras bocas. El cuidado aleccionado era unidireccional, altruista, moral. La corriente hegem贸nica lo dot贸 del biologicismo que ya impregnaba los roles de g茅nero femeninos.

Durante los a帽os m谩s oscuros de la historia, las disidencias sexuales y de g茅nero nos vimos forzadas al ocultamiento, en aras de la persecuci贸n o, incluso, el asesinato. Pero fue en esos a帽os de extrema marginalizaci贸n y criminalidad cuando comenzamos a encontrarnos y reconocernos. Junt谩ndonos para sobrevivir, para legitimar nuestra existencia. Y con el paso del tiempo, compartir cultura e identidad, e incluso visualizar un futuro de pertenencia en la norma. Exist铆amos para el capitalismo, incluso pudiendo parecer que 茅ramos aceptadas por el sistema. 驴Pero a qu茅 precio? Una vez Chueca, Torremolinos o el Gaixample fueron conquistados por los intereses del capitalismo, y los carteles de las transformistas y drags de barrio fueron sustituidas por RuPaul, todos los a帽os de aprendizaje en autocuidados, en creaci贸n de espacios acogedores, fueron permanentemente aniquilados. Este hecho ya se observ贸 en el caso de Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, completamente santificadas por el capitalismo en la actualidad, pero que vivieron en la m谩s absoluta miseria al ser obreras queer. 脷nicamente rescatadas para generar m谩rtires.

Encontrar en nuestras relaciones el hogar arrebatado, pero no afincarnos; quemarlo todo hasta que nuestro hogar sea el Universo

Con el auge de la violencia contra las realidades LGTBI y, especialmente las disidentes, hemos hecho brotar otro incendio de radicalidad. Como en la crisis del VIH, como en el franquismo, las marginalizadas nos solidarizamos en momentos de profundo desamparo y rabia. Es nuestra responsabilidad emplear toda esa fuerza contrarreproductiva en organizarnos, buscando o, en su ausencia, fundando espacios acogedores de nuevo donde gestar proyectos pedag贸gicos y revolucionarios. Queremos reclamar los espacios que nos pertenecen, aunando todo el cuerpo te贸rico y debati茅ndolo, construy茅ndolos con bloques de firme l茅xico y ciment谩ndolos con cuidados y solidaridad. Reproduzcamos as铆 las vidas que el sistema no quiere vivas. Brice Chamouleau nos se帽ala la l铆nea a seguir: 鈥渢omar las armas en contra de un mundo simb贸lico profundamente desigual, y en contra de quienes reproducen esas desigualdades sociales鈥.

Juntas somos m谩s de todo. Salimos del peque帽o callej贸n en el que nos hab铆amos vuelto a ocultar tras la revoluci贸n sexual 鈥攅n el que siempre hab铆amos permanecido鈥. Combatimos prejuicios intracomunitarios. Intentamos sanar el rencor generacional. Fuimos un ej茅rcito de amantes. Y luchamos. Porque entendemos que nuestro enemigo es el capital y ya que este favorece la competici贸n, los nichos, la intolerancia y la desconfianza, lo m谩s combativo que podemos hacer es unirnos y cuidarnos.

Encontrar en nuestras relaciones el hogar arrebatado, pero no afincarnos; quemarlo todo hasta que nuestro hogar sea el Universo.

IX. Lo queremos todo

Si les dejas atacar a los rojos, atacar谩n a los negros, y si les dejas atacar a los negros, atacar谩n a los maricas. Todos estamos conectados, por eso tenemos que estar juntos.

National Union of Marine Cooks and Stewards

Afirmamos que nada aterroriza m谩s a la clase de los capitalistas que la solidaridad entre las oprimidas y explotadas del mundo. En la lucha, las personas queer nos entrelazamos en solidaridad con las personas racializadas, las personas discas, las personas psiquiatrizadas, las personas migrantes y las luchas de las mujeres. Construimos desde nuestra praxis pol铆tica solidaridades propositivas que comparten un horizonte de emancipaci贸n com煤n con el resto de las luchas. Como ya dijeran las camaradas de Third World Gay Revolution: sus victorias ser谩n nuestras victorias. Nuestra libertad solo llegar谩 cuando todes seamos libres.

Sabemos que la clase de los capitalistas nos quiere atomizades, pues como nos ense帽aron Marx y Engels, 鈥渆l trabajo asalariado descansa exclusivamente sobre la competencia de los obreros entre s铆鈥. Usan nuestras disidencias sexuales para mantenernos separades. Al grito de 鈥渕aric贸n鈥 corroen la solidaridad entre nosotres. Sin embargo, la clase trabajadora cisheteronormativa no obtiene beneficio alguno de la opresi贸n de las personas queer. A este juego de la divisi贸n entre la clase obrera cisheteronormativa y las transmaribibolleras de clase obrera han entrado de lleno sectores reaccionarios que se autodenominan comunistas. Crean falsas dicotom铆as entre las necesidades de la clase obrera y un supuesto lobby queer cuyas necesidades ven como fr铆volas. 驴Sanidad p煤blica o lenguaje inclusivo? 驴Derechos laborales o ba帽os mixtos? Nosotres lo queremos todo. Queremos el pan y tambi茅n las rosas.

Necesitamos reapropiarnos y resignificar la palabra camaradas. Para tejer las luchas del presente necesitamos construir entre todes un horizonte com煤n, una ideolog铆a lo suficientemente com煤n, un compromiso com煤n que vaya m谩s all谩 de compartir acciones espec铆ficas. Como nos recuerda la camarada Jodi Dean, camarada es con quien puedes pelear la larga lucha. Para ello debemos edificar un deseo com煤n compartido con las personas racializadas, las discas, las psiquiatrizadas, las migrantes, las mujeres, la clase obrera cisheteronormativa y nosotras, las disidentes sexuales. Es este deseo com煤n compartido el que nos va a permitir romper con los identitarismos y las fracturas: ir a por todo, transformarlo todo y pedirlo todo, no dejarse ni una relaci贸n social sin trastocar.

X. Revoluci贸n

La emancipaci贸n de las disidentes sexuales de la clase obrera tiene un 煤nico camino: rompamos con las cadenas de las relaciones sociales capitalistas que nos atan a una vieja instituci贸n familiar en la que nuestros cuerpos y nuestras formas de expresarnos nunca ser谩n plenamente posibles. Detengamos la rueca heteronormativa de la plusval铆a, pongamos fin a la violencia disciplinaria que la sociedad de clases ejerce contra las vidas queer. No m谩s reproducci贸n del viejo mundo en el nombre de lo normal: todo cuanto es aceptable merece perecer.

Tras la tormenta burguesa, somos el rojo del arco铆ris.

https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/por-un-marxismo-ueer-manifiesto-de-rojo-del-arcoiris




Fuente: Lahaine.org