September 8, 2022
De parte de Asociacion Germinal
163 puntos de vista
驴Por qu茅 las vanguardias temen a los dragones?

El siguiente art铆culo forma parte del libro 鈥淒esatarse. Textos contra la domesticaci贸n鈥 que edit贸 la Biblioteca Social Contrabando hace un tiempo.

En un contexto de auge del autoritarismo, tanto de derechas como de izquierdas, tanto parlamentario como extraparlamentario, parece necesario revisar las causas y los efectos de la l贸gica vanguardista. Entender lo que ocurre para intervenir de la mejor manera, para profundizar en proyectos de base, horizontales y lo mas aut贸nomos posible respecto a las l贸gicas institucionales, patriarcales y mercantiles.

En los a帽os 90 del pasado siglo, con la ca铆da del Capitalismo Sovi茅tico, parec铆a que la figura de la vanguardia her贸ica encargada de guiar al pueblo hacia la revoluci贸n, iba a entrar en decadencia. En gran parte fue as铆, entre la juventud se hizo una cr铆tica constante de las vanguardias pol铆ticas tradicionales, a las que se ve铆a como arrogantes y parasitarias. Sin embargo, la pacificaci贸n social, la falta de referentes y la inexperiencia, llevaron a gran parte de esta juventud a refugiarse en un gueto pol铆tico autorreferencial, que salvo en algunos campos (insumisi贸n, okupaci贸n, antifascismo鈥) segu铆a siendo dependiente de aquellas organizaciones residuales del vanguardismo cl谩sico. Esas organizaciones, por su parte, estaban evolucionando del obrerismo leninista hacia un ciudadanismo socialdem贸crata.

Tras la cat谩rsis dem贸crata del 15M y la llegada al poder municipal, y luego nacional, de las iniciativas electorales surgidas de esa movilizaci贸n, el impulso del ciudadanismo socialdem贸crata parece que est谩 perdiendo fuerza. El desencanto con la nueva pol铆tica ha hecho que desde algunos entornos, principalmente universitarios pero no solo, se hable de retomar modelo cl谩sico de vanguardia pol铆tica. En los movimientos en defensa de la vivienda, del territorio y en algunas otras luchas se empieza a notar tambi茅n los efectos de estos debates.

A ra铆z de esto, surgen varias cuestiones. 驴Por qu茅 vuelven siempre las tendencias vanguardistas? 驴Qu茅 las vincula con el culto a los h茅roes? 驴Y con la l贸gica del Capitalismo? 驴Es el vanguardismo pol铆tico una forma de domesticaci贸n de las luchas? 驴Reproduce el vanguardismo la divisi贸n de clases dentro de los movimientos de protesta? La intenci贸n del texto no es responder a todos estos interrogantes, sino mas bien empezar a hablar de aquello que no se habla. Poner encima de la mesa el debate sobre el vanguardismo pol铆tico, para poder reconocerlo y tratar de superarlo.

1. El h茅roe y la vanguardia

El h茅roe es un modelo ideal, un ejemplo, un referente a imitar y con el que identificarse. Aunque hay muchos tipos, el predominante suele ser miedoso, el miedo en sus distintas formas es lo que mueve al h茅roe a hacer lo que hace, sus temores son su motor. El h茅roe es un ser miedoso, que teme el desorden y por eso trata de poner orden en el caos, le asusta lo desconocido, y por eso proyecta sobre lo extra帽o aquello que rechaza de si mismo; le espanta afrontar sus miedos, y por eso siempre huye hacia adelante; le aterroriza aceptar que es un ser con l铆mites, mortal, y por eso se convierte, aun sin quererlo, en un enemigo de la vida. El h茅roe tiende a buscar desesperadamente seguridad y orden. Para conseguirlos puede apropiarse de lo que es colectivo, explotar a quien haga falta o enfrentarse a quien suponga un obst谩culo para sus planes. El h茅roe suele identificar su seguridad con conseguir Poder, y el orden con imponer sus criterios.

Las leyendas, como la historia, las suelen escribir los sectores dominantes. El h茅roe ha sido habitualmente uno de los instrumentos de las 茅lites para imponer su cultura, sus valores y sus h谩bitos a la poblaci贸n dominada. La figuras heroicas, a cambio, tienden a legitimar a quienes ostentan el Poder, y marcan los l铆mites de lo aceptable y lo razonable en una sociedad. La l铆nea que traza el h茅roe tambi茅n identifica aquello que no es aceptable, y debe ser aislado o eliminado. En los relatos heroicos la colectividad tiene un papel marginal, y las protagonistas habituales son las distintas facciones de la 茅lite que luchan por el Poder. El h茅roe suele representar a quienes ejercen directamente el Poder, aunque algunas veces sea el emblema de otro sector de la 茅lite, que aspira a sustituir al que ostenta el mando. La 茅pica heroica esconde, entrelineas, historias de disidencia y resistencia frente al Poder.

El h茅roe se ve a si mismo como un acumulador de virtudes. En esto se parece a algunas personas que por estar implicadas en algo social o pol铆tico, se creen superiores al resto de la poblaci贸n. El vanguardismo pol铆tico es la expresi贸n organizada de este sentimiento de superioridad moral o intelectual. Esta forma de percibirse como superior a los dem谩s, suele darse de forma mas acentuada entre quienes, por su posici贸n social, forman parte de sectores con cierto poder. El segmento de profesionales socioculturales, gestores y mediadores en general, que trabaja en la industria cultural, la educaci贸n, la salud, los servicios sociales, los medios de comunicaci贸n o la ciencia, adem谩s de quienes ejercen como gerentes de la distribuci贸n comercial o como especialistas en las nuevas tecnolog铆as, suelen percibirse tambi茅n como acumuladores de virtudes. Hay mucha variedad dentro de estos 谩mbitos laborales, sin embargo una gran parte de ellos constituye (o aspira a formar parte de) la nueva clase media ilustrada. Las funciones principales de estos sectores laborales son asegurar la reproducci贸n de las relaciones sociales capitalistas, y racionalizar el modelo social capitalista para garantizar su perpetuaci贸n. Por eso, si se implican en movimientos o luchas, las personas empleadas en estos 谩mbitos tienden a desconfiar de la capacidad de auto-organizaci贸n y auto-gesti贸n de qui茅nes no forman parte de su entorno, tienden a menudo al vanguardismo pol铆tico.

2. El vanguardismo pol铆tico

El t茅rmino vanguardia viene del franc茅s y tiene or铆genes militares. A finales del siglo XIX y principios del XX se empez贸 a usar para referirse a algunas tendencias culturales y a determinadas pr谩cticas pol铆ticas. La socialdemocracia, la mayor parte de entornos comunistas y algunos sectores anarquistas, se han reivindicado en distintas 茅pocas como vanguardias pol铆ticas. La cr铆tica te贸rica y pr谩ctica al vanguardismo pol铆tico tiene tambi茅n una trayectoria larga, y son expresi贸n de ella los s贸viets pre-bolcheviques, los consejos de la revoluci贸n alemana de 1918, las colectividades y los comit茅s de barrio en la revoluci贸n espa帽ola de 1936, los comit茅s estudiantiles y obreros del 68 franc茅s, las expresiones de la autonom铆a obrera durante la llamada Transici贸n espa帽ola, las luchas contra el desarrollismo (TAV, ZAD, MAT鈥), algunos sectores de la lucha feminista, etc. En general, en toda lucha se suele dar una tensi贸n entre sectores vanguardistas, y otros que defienden la autonom铆a de las luchas y movimientos.

El vanguardismo pol铆tico es una filtraci贸n de la ideolog铆a capitalista y del principio de autoridad estatal, en los movimientos de protesta; es la reivindicaci贸n atrapada en la cultura de la clase dominante. Por eso, las principales caracter铆sticas del vanguardismo tienen influencias del mundo empresarial, militar y acad茅mico.

2.1. Influencias empresariales

El fetichismo de la organizaci贸n

El vanguardismo institucionaliza la divisi贸n de tareas, replicando la verticalizaci贸n empresarial y la l贸gica del Capital. La c煤pula, o grupo de participantes centrales, concentra mucha informaci贸n, conocimientos t茅cnicos-pol铆ticos-organizativos, dise帽a planes y como llevarlos adelante. La base hace tareas rutinarias, propaganda, delega decisiones, se deja llevar por inercias y tiende a hundirse en la pereza intelectual.

La transformaci贸n social, desde la perspectiva vanguardista, se ve como algo t茅cnico y organizativo en manos de especialistas, por eso la organizaci贸n vanguardista trata de imitar a una m谩quina empresarial. Pero la trasformaci贸n social es muy poco mec谩nica, es m谩s un cambio en las formas de relaci贸n social, empezando por las propias.

En la l贸gica vanguardista se suele promover el culto a la organizaci贸n, este es un mecanismo que limita la cr铆tica y la disidencia interna, a la que se percibe muchas veces como una forma de traici贸n. Puede aparecer tambi茅n cierta competitividad t贸xica con otras organizaciones similares, como entre empresas por un nicho de mercado, pero en este caso se compite por la imagen p煤blica. Sin embargo, muchas movilizaciones importantes no tienen ninguna marca definida detr谩s, por ejemplo las recientes protestas de pensionistas.

La separaci贸n entre pol铆tica y econom铆a

Seg煤n la l贸gica vanguardista, las organizaciones sociales deben estar organizadas en un nivel inferior a la vanguardia, y actuar谩n como correa de trasmisi贸n de esta, trasladando las decisiones de la c煤pula a lo social. Lo econ贸mico debe subordinarse a lo pol铆tico. Las organizaciones sociales deben concentrarse en su especialidad: laboral, de vivienda, etc. sin pretender aspirar a una perspectiva o una pr谩ctica integral, que queda reservada para la vanguardia. Esta din谩mica reproduce la divisi贸n de tareas entre la clase gestora y la clase trabajadora, la fragmentaci贸n laboral y la falsa separaci贸n entre el Estado y el Capital, es una l贸gica tan difundida por los medios que a veces se percibe como algo natural sin serlo.

La instrumentalizaci贸n

El vanguardismo niega la capacidad de la base, y de la poblaci贸n en general, para pensar, decidir y actuar por si misma y en contra de las din谩micas del Capital. Seg煤n esta perspectiva, la base necesita la intervenci贸n externa de una c煤pula u organizaci贸n pol铆tica (de cuadros o l铆deres) para hacerse consciente. Por eso las organizaciones vanguardistas suelen tratar de instrumentalizar a la base, a las coordinadoras y a las luchas, en funci贸n de sus propios objetivos. Las vanguardias perciben a 茅stas como un objeto sobre el que intervenir, se habla de masa amorfa que necesita modelaje externo, de desorganizaci贸n que debe ser ordenada, de ineficacia pendiente de ajustar con disciplina y comisiones, de falta de conciencia que necesita recibir formaci贸n.

En la organizaci贸n vanguardista, la actividad especializada de la c煤pula pol铆tico-t茅cnica suele estar impulsada por el voluntarismo, y lleva a actuar hacia el exterior, hacia la base o poblaci贸n. El centro de la actividad de la vanguardia es la poblaci贸n implicada en luchas, no las luchas en si mismas. Pero una lucha, para ser transformadora debe ir ligada a la propia vida y a las propias necesidades colectivas, y debe fomentar la autonom铆a de pensamiento y acci贸n de la poblaci贸n dominada. Sino, a la larga, deriva en pasividad y cinismo, o en intelectualismo alejado de la pr谩ctica, o en alg煤n tipo de profesionalizaci贸n de la actividad pol铆tica, con los problemas de corporativismo que esto trae.

La homogeneizaci贸n

La l贸gica vanguardista tiende a reproducir modelos organizativos concretos y din谩micas predeterminadas, como si se tratara de poner en marcha franquicias. Se trata, habitualmente, de crear sucursales que sigan las consignas de la vanguardia, sin importar demasiado si se adaptan al contexto social del sitio o no. Con estos modelos se fomenta un monocultivo esterilizante, que debilita la diversidad de iniciativas y su autonom铆a. As铆 se obstruye la experimentaci贸n y la vitalidad de las din谩micas colectivas. En cambio, muchas movilizaciones potentes basan su fuerza en la diversidad o incluso hacen bandera de ella, como las movilizaciones recientes del feminismo.

2.2. Influencias militares

Los planes y programas

El vanguardismo pol铆tico tiene como prioridad la elaboraci贸n de programas de actuaci贸n. La funci贸n principal de 茅stos planes suele ser la de ocultar o justificar la dominaci贸n pol铆tico-t茅cnica de la c煤pula sobre la base y sobre la poblaci贸n en general. Estos planes suelen consistir en una teor铆a separada de lo real, que degenera en ideolog铆a, y en una pr谩ctica separada del pensamiento, que degenera en propaganda y en activismo repetitivo. Pero la conciencia real surge de la praxis, o sea de la experimentaci贸n prueba-error.

Cuando los hechos no se ajustan a los planes elaborados por la c煤pula, se suele retocar el relato de lo ocurrido, para adaptarlo convenientemente al plan inicial. Hay un reajuste narrativo que tiende a reafirmar el mantra: vamos por el buen camino.

La separaci贸n entre sujeto y objeto

La vanguardia se suele identificar como el sujeto activo, y asigna a la base o la poblaci贸n el papel de objeto de la acci贸n. Adem谩s suele fomentarse la centralizaci贸n de los organismos de coordinaci贸n y de informaci贸n, y se tiende a liberar a estos 贸rganos del control de la base, reforzando la verticalizaci贸n de la organizaci贸n. En resumen, la c煤pula toma las decisiones, mientras la base se mantiene atareada con tareas rutinarias o subalternas. Esta jerarquizaci贸n organizativa reproduce la l贸gica de la dominaci贸n capitalista y la fomenta en entornos disidentes.

El eficientismo

La eficacia en la l贸gica vanguardista, se refiere sobretodo a los m茅todos empleados, al hacer. No est谩 relacionada con el contenido de lo que se hace, ni con el sentido o la coherencia que pueda tener para transformar las relaciones sociales. Pero por medios alienantes, solo se suelen conseguir resultados alienantes. Adem谩s, el criterio de lo que es eficaz lo define la c煤pula, normalmente conforme a la ideolog铆a dominante. Esta eficacia se suele referir a lo operativo, a lo t谩ctico. Los planes y la estrategia se suelen subordinar a este nivel t谩ctico, por eso los objetivos a largo plazo (la transformaci贸n de las relaciones sociales) y a medio-corto plazo (crecer como organizaci贸n) suelen permanecer muy separados, y con poca conexi贸n entre s铆.

Este eficientismo tiende a obstaculizar la imaginaci贸n, la autocr铆tica y el aprendizaje colectivo. En base a esta idea de eficacia, se dejan en segundo plano los impulsos hacia la autonom铆a respecto a las instituciones estatales y la l贸gica capitalista, y tambi茅n los esfuerzos por transformar las formas de relaci贸n y por potenciar la autogesti贸n de las luchas.

2.3. Influencias profesorales

La ideolog铆a realista y cient铆fica

La teor铆a vanguardista de las organizaciones suele reproducir la ideolog铆a y la cultura de la clase dominante, basada en la competitividad, raz贸n instrumental, la fragmentaci贸n de lo real, etc. Esta forma de ver el mundo que se anuncia como realista, oculta en cambio los prejuicios, mitos e idealizaciones propios de la 茅lite. Por ejemplo, el vanguardismo percibe al Estado, y sus instituciones, como un ente relativamente neutral sobre el que se puede influir. Esta visi贸n del Estado es idealista, porque no responde ni a hechos hist贸ricos, ni a comprobaciones estructurales o funcionales, pero sigue siendo presentada por las vanguardias como realista.

Esta teor铆a se emite desde la c煤pula de forma unidireccional, por eso tiende a estancarse y convertirse en ideolog铆a. Su funci贸n principal no es conocer ni aprender acerca de lo real, sino justificar la dominaci贸n de la c煤pula sobre la base o poblaci贸n.

3. El capital pol铆tico

Las vanguardias pol铆ticas necesitan conseguir popularidad, ser representativas y tener capacidad de movilizaci贸n. Necesitan lo que algunos especialistas han llamado capital pol铆tico, o sea una forma de cr茅dito simb贸lico que les permite intervenir en nombre de una parte de la poblaci贸n. Las vanguardias pol铆ticas dependen de este recurso para sostenerse, sin 茅l entran r谩pidamente en decadencia, y desaparecen.

El problema es que la representatividad que necesitan las vanguardias, implica un proceso de sustituci贸n de la comunidad, una forma de suplantaci贸n. Su capacidad de representaci贸n es inversamente proporcional a la capacidad de autodeterminaci贸n de una comunidad: cuanto mas fuerte es una, mas d茅bil es la otra, y viceversa. La din谩mica vanguardista de actuar en nombre de un sector de poblaci贸n, introduce la l贸gica de la democracia representativa en el 谩mbito de la protesta, por eso puede generar tensiones entre la vanguardia y la comunidad a la que pretende representar.

La dependencia que tienen las vanguardias respecto del llamado capital pol铆tico, hace que a menudo mantengan una actitud ambigua y contradictoria respecto a su poblaci贸n de referencia. En general, las vanguardias tratan de seducir a su p煤blico para ganar influencia, para ello tienden a reproducir las t茅cnicas t铆picas del mercado para vender productos (marketing pol铆tico, imagen corporativa, presencia en medios de comunicaci贸n, etc.). El proceso de seducci贸n de las vanguardias acompa帽a a toda su existencia, y trata de afianzarse por medio de actos y declaraciones con fuerte contenido simb贸lico.

Sin embargo, hay situaciones en las que una parte de la comunidad manifiesta su voluntad de representarse a si misma, de reafirmar su autonom铆a respecto a las instituciones, el Capital y, tambi茅n, las vanguardias pol铆ticas. Este deseo de autodeterminaci贸n colectivo supone una amenaza para la existencia de las vanguardias, porque si la comunidad puede hacerse consciente de su propia situaci贸n, y actuar en consecuencia 驴cu谩l es el papel de la vanguardia?

Por esta raz贸n las vanguardias suelen percibir las tendencias hacia la autonom铆a de las luchas y movimientos como una amenaza, y act煤an en consecuencia. El ciclo de la seducci贸n deja paso entonces al del enfrentamiento, visible o disimulado, con los sectores que reivindican su autonom铆a. Las t茅cnicas para tratar de limitar la autodeterminaci贸n de una comunidad de lucha tienen una larga tradici贸n entre las vanguardias, y son una r茅plica a escala de las t茅cnicas estatales de control social. A menudo, usan los mismos t茅rminos que las 茅lites dominantes para referirse a los sectores que no siguen sus consignas: inmadurez, incompetencia, desorganizaci贸n, irracionalidad, salvajismo, etc. La capacidad de estigmatizaci贸n de las vanguardias hacia los sectores disidentes, depende de la relaci贸n de fuerzas que exista en cada momento entre unas y otros.

La dependencia que mantienen las vanguardias con respecto a su poblaci贸n de referencia, hace que puedan idealizarla y temerla al mismo tiempo. Los procesos de seducci贸n que despliegan buscan amoldarla a sus necesidades, y someterla a sus consignas. Cuando la poblaci贸n decide constituirse a si misma, siguiendo sus propios deseos y necesidades, sin atender a las consignas de las vanguardias pol铆ticas, 茅stas se sienten amenazadas y reaccionan a la defensiva. Su objetivo prioritario pasa entonces a ser la domesticaci贸n de la comunidad de lucha y la eliminaci贸n de sus aspectos salvajes, es decir, la anulaci贸n de su autonom铆a.

4. La cultura de resistencia

La cultura la conforman el conjunto de saberes, valores, h谩bitos y pr谩cticas que determinan como se relacionan las personas entre si, y con las estructuras sociales. Uno de los objetivos principales de las vanguardias suele ser transformar la cultura, para influir sobre la poblaci贸n. Para tratar de transformar la cultura a veces recurren a apropiarse de aspectos de la cultura de resistencia, la cultura de la poblaci贸n dominada. La cultura de resistencia es un tipo de cultura concreto, es la expresi贸n y la herramienta de los dominados, para constituirse como colectividad aut贸noma respecto de los dominadores. La cultura de resistencia son aquellos saberes, valores, h谩bitos y pr谩cticas, que sirven a la poblaci贸n oprimida para reforzar sus v铆nculos y resistir a la dominaci贸n. Este tipo de cultura implica cierto grado de autonom铆a de los dominados, y una conflictividad, latente o visible, respecto a los sectores dominantes y su cultura.

La cultura de resistencia se genera al margen de las 茅lites, en encuentros de la poblaci贸n dominada que ayudan a tejer lazos colectivos y aportan cierto anonimato. Cuando en estos encuentros emerge un discurso propio, se refuerza la identidad colectiva enfrentada a la de las 茅lites. La cultura de resistencia implica la negaci贸n de la cultura dominante, o de una parte importante de ella, y puede adoptar la forma de un discurso propio, unas actividades que beneficien al grupo o acciones contra los sectores dominantes. Este tipo de cultura surge en entornos en los que hay gestos de compa帽erismo, actos de solidaridad y ciertas complicidades. Es habitual que arraigue con fuerza cuando se dispone de tiempos y espacios propios, al margen del Poder, en los que se puedan fomentar pr谩cticas de autodefensa material y simb贸lica, frente a las agresiones de las 茅lites. Su existencia revela alg煤n grado de conflictividad, que los medios de comunicaci贸n tienden a ocultar o desvirtuar.

Las luchas contra la dominaci贸n y la cultura de resistencia, se necesitan y se refuerzan mutuamente. La cultura de resistencia se expresa habitualmente en formas indirectas de presi贸n, que tratan de minimizar los riesgos que implicar铆a la confrontaci贸n directa, disimul谩ndola por medio de la astucia. Estas formas de presi贸n, tratan de aprovechar las debilidades de las estructuras de control y de la moral dominante para conseguir ventajas. Las din谩micas que promueve la cultura de resistencia, producen grietas en el consenso y en la naturalizaci贸n de las relaciones de poder, y adem谩s ponen en cuesti贸n la normalizaci贸n de la desigualdad. Solo cuando estas formas de presi贸n indirectas fallan o se muestran insuficientes, se suele pasar al desaf铆o directo, a la lucha p煤blica.

Algunas pr谩cticas impulsadas por la cultura de resistencia consisten en ligeras desobediencias a la norma y peque帽as ilegalidades, extendidas entre la poblaci贸n dominada, y a menudo acompa帽adas de un discurso propio que las defiende. Los impagos a la administraci贸n, bancos o caseros, el absentismo laboral, los peque帽os hurtos, las desobediencias sutiles, los chistes o cr铆ticas referidas a los jefes, etc. forman parte de una serie infinita de pr谩cticas que fertilizan el terreno de la cultura de resistencia. Las luchas p煤blicas y visibles que consiguen arraigar entre la poblaci贸n dominada, necesitan de este abono para germinar. Estas luchas suelen ser la punta del iceberg de toda una serie de din谩micas menos visibles, que conforman la cultura de resistencia.

La cultura de resistencia es la fuente que revitaliza los v铆nculos comunitarios de solidaridad, y tambi茅n la que sostiene la dignidad de quienes, siendo conscientes de su situaci贸n de sometimiento, defienden su dignidad. Es, tambi茅n, el mayor tesoro de la poblaci贸n dominada, porque contiene las claves para enfrentarse a la opresi贸n y a la explotaci贸n. A veces, ante agresiones especialmente escandalosas, o en situaciones en que la resistencia se muestra insuficiente, emergen de forma espont谩nea movimientos, luchas o revueltas.

El t茅rmino espont谩neo viene del lat铆n spontaneus, que significaba: voluntario, por propia decisi贸n y sin ser obligado. Cuando se dice que una lucha o revuelta surge espont谩neamente, normalmente lo que se quiere decir es que no se conoce a fondo el entorno, o el contexto, en el que surgi贸. Esto acostumbra a pasar cuando solo se presta atenci贸n a las manifestaciones p煤blicas de protesta, o a la actividad de asociaciones y organizaciones formales. Se tiende a calificar de espont谩neo aquello de lo que se desconocen los procesos internos, normalmente lentos y de naturaleza variada. Estos procesos pueden acabar transformando, de forma brusca y visible, una situaci贸n aparentemente est谩tica. Las luchas o revueltas espont谩neas no surgen de la nada, son la parte visible de la cultura de resistencia, que por su propia seguridad y supervivencia se suele mantener en un plano discreto.

Es frecuente que la l贸gica vanguardista tienda a sentirse amenazada por las acciones y protestas espontaneas, porque ponen en cuesti贸n su papel real en la transformaci贸n social, por eso acostumbra a reaccionar a la defensiva ante estas iniciativas. En las vanguardias suele haber cierto temor a que los sectores dominados no necesiten de influencias externas para tomar conciencia de su situaci贸n, y a que act煤en de forma aut贸noma en defensa de sus intereses. La espontaneidad no es lo contrario de la organizaci贸n, sino de la l贸gica vanguardista.

Las din谩micas vanguardistas tienden a centralizar en un grupo reducido de personas, el protagonismo de las transformaciones sociales. Desde esa perspectiva se suele ver a la poblaci贸n dominada como objeto de la acci贸n, como condiciones objetivas, en vez de como protagonistas de su propia liberaci贸n. Las vanguardias pol铆ticas tienden a actuar como mediadoras entre la cultura de resistencia y la cultura dominante, interviniendo en funci贸n de sus propios objetivos. En la mayor parte de los casos, esta actuaci贸n contribuye a la captaci贸n de algunos aspectos de la cultura de resistencia, y a su integraci贸n en la cultura dominante, diluyendo su contenido.

El vanguardismo pol铆tico se suele ver a si mismo como la parte consciente, realista y socialista de la sociedad. En contraste, tiende a ver al resto de la poblaci贸n como masas atrapadas en la falsa conciencia y prisioneras de la mentalidad burguesa. La l贸gica vanguardista defiende que sin su intervenci贸n, la poblaci贸n dominada tiende a caer en valores y din谩micas capitalistas. En realidad esta actitud parece una proyecci贸n en otros de sus propias tendencias: la l贸gica vanguardista es un producto t铆pico de la cultura dominante, la cultura capitalista.

5. La comunidad de lucha

En el transcurso de las luchas, a menudo, se tejen v铆nculos basados en el apoyo m煤tuo y la cooperaci贸n entre personas diversas. Estos lazos se fortalecen cuando hay un deseo de aprendizaje colectivo, y un ansia por conectar la lucha por los medios para el sostenimiento de la vida (o sea la econom铆a) con la autodeterminaci贸n colectiva (lo pol铆tico). El impulso hacia la autodeterminaci贸n colectiva, entendida esta como la recuperaci贸n para la comunidad de la capacidad de decisi贸n y conducci贸n del propio destino, contiene en si mismo una cr铆tica de la representaci贸n vanguardista. Estas din谩micas auto-constituyentes suelen incluir formas cotidianas de resistencia y subsistencia, que adem谩s ayudan a transformar las relaciones sociales, econ贸micas y pol铆ticas de quienes participan en esa lucha.

La autodeterminaci贸n colectiva se fortalece cuando hay capacidad de decisi贸n aut贸noma, respecto de la Administraci贸n, del Mercado y de las vanguardias. Tambi茅n se reafirma cuando dispone de espacios y tiempos para poder poner l铆mites a las agresiones del Capital y las instituciones, para ampliar la capacidad de satisfacer necesidades, y para desplegar los deseos colectivos. Cuando se dan estas circunstancias es posible que surja el deseo de dirigir la propia lucha como un experimento de gesti贸n anticapitalista. Al hacer esto, el objetivo pasa a formar parte del medio para conseguirlo. Esto se hace visible sobretodo en los v铆nculos que se establecen entre las personas que participan en la lucha, que ensayan formas de relaci贸n anticapitalistas, y son una especie de tesoro comunitario que puede servir de inspiraci贸n a otras personas.

Las relaciones que se establecen en las luchas, tienden a ir m谩s all谩 del c谩lculo econ贸mico privado y de la voluntad de poder, es decir de la l贸gica capitalista. Con su mera aparici贸n cuestionan el supuesto realismo capitalista y su filosof铆a ego铆sta. Por eso son una experiencia de apertura transformadora, una afirmaci贸n de la vida en contra del miserabilismo competitivo. Estos modos de relaci贸n estimulan la imaginaci贸n y abren la posibilidad de reconectar el mundo interior con el exterior, y lo individual con lo colectivo. Por todo ello son una forma de riqueza colectiva que nos permite llevar vidas m谩s dignas, con un sentido m谩s profundo, y sobre la base de relaciones m谩s sanas. Son una forma de riqueza colectiva tambien porque desenmascaran el car谩cter miserable del Capitalismo y de las formas de relaci贸n que este fomenta, y permiten la sanaci贸n de algunas heridas provocadas por el modelo social imperante.

Estas formas de relaci贸n interrumpen, aunque sea parcial y fugazmente, la alienaci贸n individual y suponen un destello, un soplo de aire fresco que permite asomarse mas all谩 de la l贸gica capitalista. La perspectiva mas all谩 de esta l贸gica capitalista, aunque sea temporal, puede desestabilizar y subvertir la cotidianidad. Tiene la capacidad para despertar fuerzas latentes, no domesticadas y deseos de transformaci贸n colectiva. El h茅roe y la vanguardia, en cambio, necesitan seguridad y control, por eso cuando las luchas escapan a su supervisi贸n las perciben como una amenaza. En el caso del h茅roe, proyecta sus miedos en la figura del drag贸n, un monstruo mezcla de serpiente, le贸n, 谩guila, murci茅lago鈥 En el caso de la vanguardia, tiende a acusar a los movimientos que no controla de rabiosos, salvajes, incontrolados o infiltrados. La tendencia natural del h茅roe es la de tratar de dominar al drag贸n, y si esto no es posible intentar acabar con 茅l, esto le permite convertirse en heredero del Poder. La tendencia natural de las vanguardias es la de tratar de controlar las luchas y movimientos, y si no lo consiguen, suelen tratar de fragmentarlas, desactivando su potencial. Esto fortalece su posici贸n como mediadoras y representantes de un sector de la poblaci贸n, ante los medios de comunicaci贸n.

La palabra drag贸n viene del griego (drakon) y est谩 relacionada con el acto de mirar (drakein) y con el de ver claramente (derkomai). A veces, en el transcurso de las luchas, y de las relaciones que se establecen en ellas, somos capaces de ver mas all谩 de la l贸gica capitalista. Esta imagen, aunque sea breve, tiende a anidar en nuestro interior como una prueba de que las formas de relaci贸n capitalista son miserables, y sustituibles por otras mas sanas. Las vanguardias temen a las comunidades de lucha como los heroes a los dragones, porque: saben que su verdad desaf铆a, incluso amenaza todo lo falso, todo lo que es fingido, innecesario y trivial en la vida que se han dejado imponer. Le temen a los dragones, porque le temen a la libertad. U. K. Le Guin

Biblioteca Social Contrabando, agosto de 2021

鈥斺斺

Bibliograf铆a

鈥 El miedo como uno de los ejes de la construcci贸n social de los h茅roes 鈥 G贸mez, David

鈥 Horizontes comunitario-populares 鈥 Guti茅rrez, Raquel (2017)

鈥 H茅roes. Los grandes personajes del imaginario de nuestra literatura 鈥 Meyer, Bruce (2008)

鈥 Socialismo salvaje 鈥 Reeve, Charles (2020)

鈥 Cr铆tica a la izquierda autoritaria en Catalu帽a (1967-1974) 鈥 Sala, Antonio y Duran, Eduardo (1975)

鈥 Los dominados y el arte de la resistencia 鈥 Scott, James C. (2003)

鈥 La sociedad implosiva 鈥 Vela, Corsino (2015)

鈥 Revista Melusine n.潞 20 (2000)

Share



Fuente: Asociaciongerminal.org