June 15, 2021
De parte de Nodo50
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Fascismo como concepto transhist贸rico

漏 El nacimiento del Fascismo, pintura de David Alfaro Siqueiros

El ascenso de la derecha radical es uno de los rasgos m谩s destacados de la situaci贸n internacional actual. Desde los a帽os treinta del pasado siglo, el mundo no hab铆a experimentado un crecimiento similar de movimientos de derecha radical, que inevitablemente despiertan la memoria del fascismo. Al principio, el n煤cleo de esta tendencia era la Europa continental, con el ascenso del Frente Nacional en Francia y otros movimientos de extrema derecha de Europa central. Hoy, los partidos de extrema derecha est谩n en el poder en siete pa铆ses europeos 鈥揂ustria, B茅lgica, Hungr铆a, Polonia, Rep煤blica Checa y Finlandia鈥 y est谩n fuertemente representados en la casi totalidad de los pa铆ses de la UE. El 茅xito de Alternative f眉r Deutschland y de Vox demuestra que Alemania y Espa帽a ya no son excepciones. Y que, tras la elecci贸n de Donald Trump en EE UU y de Bolsonaro en Brasil, esta tendencia ha adoptado una dimensi贸n global. Los fantasmas del fascismo reaparecen y reabren viejos debates: 驴acaso el viejo concepto de fascismo da cuenta de la novedad del ascenso de las derechas radicales? El concepto de fascismo es transhist贸rico; transciende el tiempo en que apareci贸 y puede ser utilizado con el fin de aprehender nuevas experiencias, que est谩n conectadas con el pasado a trav茅s de una tela de ara帽a de continuidades temporales (este fue el caso de las dictaduras latinoamericanas de los a帽os setenta). No obstante, las comparaciones hist贸ricas establecen analog铆as y diferencias m谩s que homolog铆as y repeticiones. A veces revelan que los viejos conceptos no funcionan y deben renovarse.

Hoy el ascenso de las derechas radicales despliega una ambig眉edad sem谩ntica: por un lado, pr谩cticamente nadie habla de fascismo 鈥揺xceptuando, quiz谩s, en relaci贸n con Bolsonaro鈥 y la mayor parte de los comentaristas reconocen las diferencias existentes entre estos nuevos movimientos y sus ancestros de los a帽os treinta; por otro, cualquier intento de definir este nuevo fen贸meno implica una comparaci贸n con el periodo de entreguerras. Resumiendo, el concepto de fascismo parece a la vez inapropiado e indispensable para comprender esta nueva realidad. Esta es la raz贸n por la cual el concepto de posfascismo se corresponde con este paso transicional. Posfascismo debe ser entendido tanto en t茅rminos cronol贸gicos como pol铆ticos: por un lado, estos movimientos aparecen con posterioridad al fascismo y pertenecen a otro contexto hist贸rico; por otro, no pueden definirse compar谩ndolos al fascismo cl谩sico, que sigue siendo una experiencia fundacional. Por un lado, ya no son fascistas; por otro, no son totalmente distintos, son algo intermedio.

Una situaci贸n tal nos recuerda la famosa sentencia del 18 Brumario de Karl Marx, donde comparaba a Napole贸n Bonaparte con su sobrino, Luis Napole贸n; la historia se repite: primero como tragedia y despu茅s como farsa. Trump, Bolsonaro y Salvini parecen caricaturas de Hitler y Mussolini. Esto no es falso del todo, pero no es suficiente.

El ascenso de la derecha radical no es la 煤nica analog铆a actual respecto a la situaci贸n del mundo de entreguerras. Otras similitudes son evidentes y se han puesto a menudo de relieve: en primer lugar, la ausencia de un orden internacional y las sucesivas oleadas conc茅ntricas de crisis econ贸mica. En los a帽os veinte y treinta, dicho caos depend铆a del colapso del concierto europeo del siglo XIX, mientras que hoy en d铆a es el resultado del fin de la Guerra Fr铆a y de su mundo bipolar. La ausencia de un orden internacional siempre hace emerger la demanda de hombres fuertes. En los a帽os treinta como hoy, la crisis econ贸mica ha alimentado el ascenso del nacionalismo, la xenofobia, el racismo y la demanda de poderes autoritarios. No resultar铆a dif铆cil trazar un paralelismo entre la crisis econ贸mica, pol铆tica y moral de Europa en los a帽os treinta y la crisis actual en la Uni贸n Europea: no hay m谩s que pensar en la crisis de los refugiados, que parece una repetici贸n de la Conferencia de Evian de 1938.

Sin embargo, me gustar铆a resaltar algunas diferencias cruciales entre el fascismo cl谩sico y la nueva derecha radical. Estas diferencias se refieren sobre todo al anticomunismo, a la revoluci贸n, al utopismo, al antisemitismo y al conservadurismo.

Anticomunismo

Un pilar fundamental del fascismo cl谩sico fue el anticomunismo. Tras la Gran Guerra, el anticomunismo fue el crisol de la transformaci贸n del nacionalismo desde una derecha conservadora hacia una derecha revolucionaria: Mussolini defini贸 dicho movimiento como una revoluci贸n contra la revoluci贸n. Hoy, tras el colapso del socialismo real y el fin de la URSS, el anticomunismo ha perdido tanto su atractivo como su significado. A veces sobrevive 鈥損ensemos en la campa帽a de Bolsonaro contra el marxismo cultural鈥, pero se ha vuelto marginal. Esto tiene algunas consecuencias considerables. Ya no existe la potente frontera que en el pasado separaba al fascismo de la izquierda y el movimiento obrero. Le Pen, Salvini, Orban y Trump han reintegrado a la clase obrera en la comunidad nacional. L贸gicamente, se refieren a la clase obrera nacional, en su mayor parte compuesta de hombres blancos, pero dicen defenderles contra la globalizaci贸n. Ha ca铆do una frontera significativa. En perspectiva hist贸rica, el posfascismo podr铆a verse como un resultado de la derrota de las revoluciones del siglo XX: tras el colapso del comunismo y la adopci贸n de la gobernanza neoliberal por los partidos socialdem贸cratas, los movimientos de derecha radical se convirtieron, en muchos pa铆ses, en las fuerzas m谩s influyentes opuestas al sistema, sin mostrar una vertiente subversiva y evitando cualquier competencia con la izquierda radical.

De acuerdo con el paradigma populista cl谩sico, la derecha radical no ha abandonado el viejo mito del buen pueblo opuesto a las 茅lites corruptas, pero lo ha reformulado de un modo significativo. En el pasado, el buen pueblo significaba una comunidad rural 茅tnicamente homog茅nea opuesta a las clases peligrosas de las grandes ciudades. Tras el fin del comunismo, una clase obrera derrotada golpeada por la desindustrializaci贸n ha sido reintegrada en dicha comunidad nacional-popular. El mal pueblo 鈥搃nmigrantes, musulmanes y negros de los suburbios, mujeres con velo, yonquis y gentes marginales鈥 es fusionado con las clases ociosas que adoptan costumbres liberadas: feministas, defensores de los derechos de los gays, antirracistas, ecologistas y defensores de los derechos de las personas migrantes. En fin, el pueblo bueno del imaginario posfascista es nacionalista, antifeminista, hom贸fobo, xen贸fobo鈥, y alimenta una clara hostilidad contra la ecolog铆a, el arte contempor谩neo y el intelectualismo.

Antiutopismo

El posfascismo pertenece a una era posideol贸gica perfilada por el colapso de las esperanzas del siglo XX y no rompe su temporalidad presentista que, en palabras de Koselleck, carece de un 鈥渉orizonte de expectativas鈥. En los a帽os treinta, el fascismo reivindicaba una revoluci贸n nacional y se pintaba a s铆 mismo como una civilizaci贸n alternativa, opuesta tanto al liberalismo como al comunismo. Anunciaba el nacimiento de un hombre nuevo que regenerar铆a el continente, sustituyendo a las viejas y decadentes democracias. El posfascismo no tiene ambiciones ut贸picas. Su modernidad reside en los medios de su propaganda 鈥搕odos sus l铆deres est谩n familiarizados con la publicidad televisiva y la comunicaci贸n鈥 m谩s que en su proyecto, que es profundamente conservador. Contra los enemigos de la civilizaci贸n 鈥搇a globalizaci贸n, la inmigraci贸n, el islam, el terrorismo鈥, la derecha radical solo reivindica el retorno al pasado: moneda nacional, soberan铆a nacional, preferencia nacional, detener la inmigraci贸n, la preservaci贸n de las ra铆ces cristianas de los pa铆ses occidentales, etc.

Desde este punto de vista, la nueva derecha radical es m谩s conservadora que fascista; pertenece a la tradici贸n de la desesperaci贸n cultural (Fritz Stern) m谩s que a la de la revoluci贸n conservadora. Pensemos en el ide贸logo de Alternative f眉r Deutschland, Rolf-Peter Sieferle. Escribi贸 un panfleto pesimista en el que se quejaba de la decadencia de Alemania dominada por valores cosmopolitas y posnacionales, completamente remodelada por la idea de Habermas del patriotismo constitucional. Tras la publicaci贸n de su testamento intelectual se suicid贸. No es realmente la trayectoria de un redentor.

Xenofobia

Un rasgo com煤n de todos los posfascismos es la xenofobia. El odio hacia las y los inmigrantes modela su ideolog铆a e inspira su acci贸n. El inmigrante es la met谩fora de un enemigo interior que corrompe desde dentro el cuerpo nacional como un virus o un c谩ncer. La b煤squeda de un chivo expiatorio es un elemento constitutivo del discurso fascista, pero hay que observar un cambio capital: el desplazamiento del antisemitismo hacia la islamofobia. El principal objetivo de los movimientos posfascistas ya no son los jud铆os, sino los musulmanes.

El fascismo era profundamente antisemita. El antisemitismo modelaba el conjunto de la cosmovisi贸n del nacional-socialismo alem谩n y afect贸 profundamente a las distintas variantes de los nacionalismos radicales franceses; se introdujo en las leyes de 1938 del r茅gimen fascista italiano e incluso en Espa帽a, donde los jud铆os hab铆an sido expulsados a finales del siglo XV, distingu铆a la propaganda de Franco, que los identificaba con los rojos, enemigos ambos del nacional-catolicismo. Claro que, durante la primera mitad del siglo, el antisemitismo se hab铆a extendido pr谩cticamente a todos los 谩mbitos; desde las capas aristocr谩ticas y burguesas 鈥揹onde traz贸 fronteras simb贸licas鈥 hasta la intelligentsia: muchos de los escritores m谩s le铆dos de los a帽os treinta no ocultaron su odio hacia los jud铆os.

Hoy, el racismo ha cambiado sus formas y objetivos: el inmigrante musulm谩n ha sustituido al jud铆o. El racismo 鈥搖n discurso cient铆fico basado en teor铆as biol贸gicas鈥 ha sido sustituido por un prejuicio cultural que pone el acento en una discrepancia antropol贸gica radical entre la Europa judeocristiana y el islam. El antisemitismo tradicional, que model贸 todos los nacionalismos europeos durante m谩s de un siglo, se ha convertido en un fen贸meno residual. Como en un sistema de vasos comunicantes, el antisemitismo de preguerra empez贸 a declinar y aument贸 la islamofobia. La representaci贸n posfascista del enemigo reproduce el viejo paradigma racista y, como el antiguo bolchevique jud铆o, se representa al terrorista isl谩mico con rasgos f铆sicos que denotan su alteridad.

Conspiraci贸n

A veces el antisemitismo y la islamofobia coexisten en el discurso posfascista como dos figuras ret贸ricas complementarias. El caso m谩s impactante de dicha combinaci贸n se encuentra en Viktor Orban, el jefe del gobierno h煤ngaro, quien denuncia una doble amenaza: una conspiraci贸n financiera organizada por una 茅lite jud铆a que dirige el proceso de globalizaci贸n desde Wall Street (el objetivo habitual de sus discursos es el banquero George Soros) y una amenaza demogr谩fica encarnada por una inmigraci贸n masiva procedente de Asia y 脕frica, que se corresponde, a nivel cultural, con una tercera amenaza: la invasi贸n isl谩mica. Sin la claridad de las palabras de Orban, otros dirigentes de extrema derecha de Europa central y occidental sugieren argumentos similares. Pero no deber铆amos negar las m煤ltiples contradicciones de semejante ret贸rica xen贸foba: Orban, al igual que Trump, Bolsonaro y otros l铆deres de extrema derecha, tiene muy buenas relaciones con Israel, al que considera un poderoso basti贸n antiisl谩mico (y como un intermediario 煤til entre el grupo de Visegrado y Estados Unidos).

En Francia, el arquitecto del mito del Gran reemplazo 鈥搇a islamizaci贸n de Francia鈥 es una figura literaria: Renaud Camus, un escritor que no esconde su proximidad al Frente Nacional. Hace quince a帽os se quejaba en su diario[1] de la presencia jud铆a aplastante en los media culturales franceses; en los a帽os que siguieron desplaz贸 el foco hacia los musulmanes, cuya inmigraci贸n masiva provocar铆a un gran reemplazo. Camus pertenece a la vieja escuela del conservadurismo franc茅s. Los m谩s populares defensores de la teor铆a del gran reemplazo son, no obstante, dos intelectuales p煤blicos jud铆os: 脡ric Zemmour y Alain Finkielkraut. Zemmour ha dedicado a este tema un libro muy exitoso 鈥揾a vendido 500.000 ejemplares en seis meses鈥 titulado Le suicide fran莽ais. Finkielkraut es el autor de otro best-seller, L禄identit茅 malheureuse (La identidad infeliz), en el que describe la desesperaci贸n de una gran naci贸n frente a dos calamidades: el multiculturalismo y un mestizaje err贸neamente idealizado (el mestizaje de una Francia 鈥淣egra-Blanca-Beur鈥[2]). Este discurso no difiere demasiado del antisemitismo de Heinrich von Treitschke. En 1880, este historiador alem谩n deploraba la intrusi贸n (Einbruch) de los jud铆os en la sociedad alemana, en la que conmovieron las costumbres de la kultur y actuaron como un elemento corruptor. La conclusi贸n de Treitschke fue una nota de desesperaci贸n que se convirti贸 en una especie de eslogan: 鈥淟os jud铆os son nuestra infelicidad鈥 (die JudensindunserUngl眉ck).

El retorno de lo colonial reprimido

En cualquier caso, la islamofobia no es un simple suced谩neo del viejo antisemitismo, ya que sus ra铆ces son antiguas y posee su propia tradici贸n, que es el colonialismo. El colonialismo invent贸 una antropolog铆a pol铆tica basada en la dicotom铆a entre ciudadanos y s煤bditos coloniales 鈥揺n franc茅s, las categor铆as legales de citoyens e indig猫nes鈥 que fijaba fronteras sociales, espaciales, raciales y pol铆ticas.

La matriz colonial de la islamofobia nos aporta la clave para entender la metamorfosis ideol贸gica del posfascismo, que ha abandonado las ambiciones imperiales y conquistadoras del fascismo cl谩sico con el fin de adoptar una postura m谩s conservadora y defensiva. No desea conquistar, sino m谩s bien expulsar (incluso criticando las guerras neoimperiales libradas desde principios de los a帽os noventa por Estados Unidos y sus aliados occidentales). Mientras que el colonialismo del siglo XIX deseaba lograr su misi贸n civilizatoria mediante sus conquistas fuera de Europa, la islamofobia poscolonial lucha contra un enemigo interior en nombre de los mismos valores. El rechazo sustituy贸 a la conquista, pero sus motivaciones no cambiaron; hoy en d铆a, el rechazo y la expulsi贸n buscan proteger a la naci贸n de su influencia delet茅rea. Ello explica los debates recurrentes sobre la laicidad y el velo isl谩mico que conducen a la ley islam贸foba que lo proh铆be en espacios p煤blicos. Este acuerdo consensuado sobre una concepci贸n neocolonial y discriminatoria de la laicidad ha contribuido significativamente a la legitimaci贸n del posfascismo en la esfera p煤blica.

Republicanismo de derechas

El posfascismo no oculta sus inclinaciones autoritarias 鈥揺xige un poder ejecutivo fuerte, leyes de seguridad especiales, la pena de muerte, etc.鈥, pero ha abandonado su viejo marco ideol贸gico 鈥搇o cual supone una ruptura real con el marco tipo ideal fascista鈥 con el fin de abrazar la Ilustraci贸n. En la era postotalitaria de los derechos humanos, eso le aporta respetabilidad. El colonialismo cl谩sico se desarroll贸 en nombre del progreso y, en Francia, del universalismo republicano; esta es la tradici贸n con la que el posfascismo intenta fusionarse. No justifica su guerra contra el islam con los viejos y hoy inaceptables argumentos del racismo doctrinal, sino con la filosof铆a de los derechos humanos. Marine Le Pen 鈥搎uien se ha distanciado claramente de su padre en este tema鈥 no desea defender exclusivamente a los franceses nativos contra los inmigrantes, tambi茅n desea defender a jud铆os y mujeres contra el terrorismo, el comunitarismo y el oscurantismo isl谩mico. Homofobia e islamofobia gay friendly coexisten en esta derecha radical cambiante. En los Pa铆ses Bajos, el feminismo y los derechos de los gays han sido el bander铆n de enganche de una campa帽a violentamente xen贸foba por parte de Pim Fortuyn, y posteriormente de su sucesor Gert Wilders, contra la inmigraci贸n y los musulmanes.

脡lites

Durante los a帽os treinta, el miedo al comunismo empuj贸 a las 茅lites europeas a aceptar a Hitler, Mussolini y Franco. Como han se帽alado diversos historiadores, dichos dictadores ciertamente se beneficiaron de sendos errores de c谩lculo cometidos por los hombres de Estado y los partidos conservadores tradicionales, pero no hay duda de que sin la Revoluci贸n rusa y la Gran Depresi贸n, en medio del colapso de la Rep煤blica de Weimar, las 茅lites econ贸micas, militares y pol铆ticas no habr铆an permitido a Hitler tomar el poder. Hoy, en Europa, los intereses de las 茅lites econ贸micas est谩n mucho mejor representados por la Uni贸n Europea que por la derecha radical. Esta podr铆a convertirse en un interlocutor cre铆ble y una direcci贸n potencial tan solo en el caso de un colapso del euro, lo cual empujar铆a al continente a una situaci贸n de caos e inestabilidad. Desgraciadamente, no podemos excluir dicha posibilidad. Las 茅lites de la UE nos recuerdan a los son谩mbulos al borde del precipicio de 1914, a los defensores del concierto europeo que se dirig铆an a la cat谩strofe sin ser en absoluto conscientes de lo que estaba sucediendo.

Las ra铆ces de los movimientos de derecha radical son antiguas, pero su ascenso ha sido significativamente potenciado por la crisis econ贸mica, que ha revelado dram谩ticamente la relaci贸n simbi贸tica existente entre las 茅lites pol铆ticas (basta pensar en Hillary Clinton en Estados Unidos) y las financieras. A diferencia, tanto de los partidos socialdem贸cratas como de la derecha tradicional que apoy贸 y encarn贸 dicha simbiosis pol铆tica y econ贸mica, la derecha radical de la UE siempre se opuso a la introducci贸n de la moneda com煤n (el euro) y sus pol铆ticas de austeridad. Esta es la premisa de su crecimiento espectacular. Las 茅lites tradicionales no son la alternativa al ascenso del posfascismo por la simple raz贸n de que son su causa principal.

Populismo

El discurso acerca de la decadencia, la identidad amenazada, la inmigraci贸n descontrolada, la invasi贸n isl谩mica y la defensa de Occidente es bastante com煤n entre todas las corrientes conservadoras y los partidos gubernamentales de la derecha tradicional. Lo que distingue al posfascismo de ellos es el nacional-populismo. La derecha radical desea movilizar a las masas y reivindicar un despertar nacional para apartar a la 茅lite corrupta, dirigida por el capitalismo global y responsable de pol铆ticas que han abierto los pa铆ses europeos a la inmigraci贸n descontrolada y a la colonizaci贸n isl谩mica.

Resumiendo, no hay duda de que los movimientos de derecha radical contempor谩nea son populistas 鈥搒u ret贸rica consiste en oponer al pueblo contra las 茅lites鈥, pero una definici贸n tan simple describe su estilo pol铆tico sin aprehender su contenido. Desde el siglo XIX, hemos experimentado un populismo ruso y norteamericano, gran variedad de populismos latinoamericanos, un populismo fascista y un populismo comunista. Hoy en d铆a, esta etiqueta ha sido aplicada a personalidades tan distintas como Hugo Ch谩vez y Silvio Berlusconi; Marine Le Pen y Jean-Luc M茅lenchon, el l铆der del Frente de Izquierdas franc茅s; Matteo Salvini, el l铆der de la Liga Norte italiana, y Pablo Iglesias, el l铆der de Podemos en Espa帽a. Populismo es un t茅rmino camale贸nico: cuando el adjetivo se transforma en sustantivo, su valor heur铆stico cae dram谩ticamente. Muy a menudo, populismo es una palabra que revela el desd茅n hacia el pueblo por parte de quienes lo utilizan con el fin de descalificar a sus adversarios. Esta es la raz贸n por la cual creo que posfascismo es una definici贸n mucho m谩s pertinente.

Hoy en d铆a el posfascismo est谩 creciendo en todas partes y no sabemos el desenlace de su proliferaci贸n. Podr铆a mantenerse en el marco de la democracia liberal, pero tambi茅n podr铆a experimentar una nueva radicalizaci贸n, especialmente en el caso de un colapso de la Uni贸n Europea, que es uno de sus objetivos. Las premisas de ambos desarrollos ya existen. Como afirm茅 al principio, la segunda opci贸n lograr铆a la transformaci贸n del fascismo en un concepto transhist贸rico. En este caso, nos ver铆amos compelidos a reconocer que el fascismo no fue un par茅ntesis del siglo XX.

Enzo Traverso es historiador. Ha publicado recientemente Las nuevas caras de la derecha (2018) y Melancol铆a de izquierda (2019)

Notas

[1] Publicado en forma de libro el a帽o 2000: La Campagne de france. Journal 1994. Ed. Fayard.
[2] Beur es una expresi贸n coloquial que viene a significar poblaci贸n de origen 谩rabe [N. del T.].

Fuente: Viento Sur.

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Fuente: Elviejotopo.com