April 16, 2022
De parte de Asociacion Germinal
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Pr谩cticas de apoyo mutuo proletario en la II Rep煤blica

Los desempleados en la Barcelona de los a帽os 鈥30 paraban desahucios, expropiaban alimentos y cultivaban huertos urbanos de guerrilla para sobrevivir.

19/02/13 路 14:32
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inforelacionada

Las acciones del Sindicato Anda颅luz de Trabajadores (SAT) en los supermercados del pasado mes de agosto y otras iniciativas de solidaridad de base que se han retomado 煤ltimamente forman parte de una larga tradici贸n dentro de lo que E. P. Thompson defini贸 como la 鈥渆conom铆a moral鈥 de las clases populares: una serie de ideas acerca de lo que es justo que molde贸 una cultura de resistencia al mercado libre y a los estragos que genera entre sus v铆ctimas.

Desde los motines de subsistencia del siglo XVII hasta los proletarian shopping trips de la 茅poca thatcheriana en Inglaterra, los obreros mal pagados y los parados se han sentido obligados a requisar lo que necesitaban o lo que quer铆an para vivir con dignidad y, por lo tanto, sobrepasar las leyes econ贸micas y judiciales que pesan sobre los excluidos. Muchas veces eclipsadas por las grandes luchas sindicales, estas acciones de peque帽as guerrillas urbanas o estos individuos an贸nimos constituyen otro frente de la lucha de los despose铆dos para sobrevivir dentro de un sistema econ贸mico excluyente e inh贸spito.

Aunque con frecuencia parezcan pr谩cticas espont谩neas, si rascamos la superficie podemos ver en muchas ocasiones la mano de los activistas, como los comunistas en el Berl铆n de entreguerras, los aut贸nomos italianos de los 鈥60 y 鈥70, y los anarquistas franceses en nuestros d铆as. En Espa帽a, el ejemplo m谩s claro es el de la Barcelona republicana, cuando, en un contexto de paro forzoso galopante, los activistas de la CNT respaldaron y refinaron un universo amplio de pr谩cticas populares de autoayuda proletaria, acciones directas que muchas veces pertenec铆an m谩s a las calles que a los sindicatos.

Huelga de inquilinos

As铆, los cenetistas promovieron luchas colectivas no industriales, como la famosa huelga de inquilinos que afect贸 a la zona barcelonesa espor谩dicamente desde el comienzo de la Rep煤blica hasta la Guerra Civil, una lucha que moviliz贸 a barrios enteros, hombres, ni帽os y, sobre todo, a las mujeres. Anclados en una solidaridad profunda, los vecinos opusieron resistencia a los desahucios con todo lo que ello implica: enfrentamientos con la polic铆a y los propietarios y, en caso necesario, la acogida de los desa颅huciados en sus casas. Para dar 茅nfasis a la situaci贸n de los parados, se organizaron manifestaciones masivas que en ocasiones acabaron violentamente, con enfrentamientos con la polic铆a y saqueos de las tiendas por parte de los manifestantes. Los parados tambi茅n se organizaron en grandes grupos para visitar los talleres en busca de empleo, una pr谩ctica intimidatoria para los empresarios que sol铆a acabar en m谩s choques con la polic铆a.

Pero tambi茅n los activistas fortalecieron acciones de grupos m谩s peque帽os, como las expropiaciones de las tiendas (todav铆a no exist铆an los supermercados). Los parados y los pobres requisaban alimentos b谩sicos como la fruta, las verduras, el pan y otros elementos fundamentales de la dieta proletaria. Normalmente, la amenaza de violencia bastaba para lograr sus fines, pero de no ser as铆, hac铆an uso de la fuerza f铆sica. En ciertas ocasiones, se unieron grupos m谩s grandes y organizados de parados para asaltar almacenes. Incluso, en una ocasi贸n, un grupo armado y bien organizado 鈥損robablemente constituido de piquetes鈥 tom贸 el mercado principal y salieron de all铆 con camiones de verduras para distribuir entre los sin trabajo. Tambi茅n, en los barrios perif茅ricos, punto de encuentro entre la ciudad y el campo, los parados incautaban alimentos en las granjas de los alrededores. Tan frecuentes eran los asaltos a las fincas que a finales de 1931, seg煤n la Sociedad de Patronos Cultivadores, los granjeros ten铆an que vigilar sus cosechas 鈥渢odo el rato, d铆a y noche鈥. Pero los parados tambi茅n cultivaban la tierra: algunos se convirtieron en jardineros de guerrilla avant la lettre sembrando en tierras comunes o no usadas, una pr谩ctica que pod铆a culminar en choques contra la polic铆a.

Otra actividad para luchar contra el hambre era la de comer sin pagar en restaurantes. Normalmente hombres solos o grupos peque帽os entraban en un restaurante o bar, ped铆an y consum铆an la comida y, al terminar, se negaban a pagar, explicando que estando en paro les era imposible, o bien se daban a la fuga. Durante y despu茅s de grandes huelgas hubo casos de sindicalistas practicando este tipo de acciones. A veces estos grupos eran m谩s grandes, y por tanto m谩s intimidatorios. En una ocasi贸n hasta lograron que les sirviesen comida en el Ritz de Barcelona. Lo m谩s corriente, sin  embargo, eran las visitas a hoteles y restaurantes para exigir comida de las cocinas, buscando la solidaridad de los empleados o intimid谩ndolos.

Y por 煤ltimo, hay muchos indicios de que algunos parados se dedicaron al robo. Debido a la segregaci贸n espacial de clases, no era siempre f谩cil acercarse a las casas de los burgueses pero hay que destacar que los robos dentro de los barrios obreros no fueron comunes. Solidaridad Obrera, el aut茅ntico portavoz diario de los problemas de los barrios en esa 茅poca, rara vez registr贸 robos entre o contra obreros. Los que quer铆an robar buscaban objetos valiosos, as铆 que hubo abundantes robos de iconos religiosos de las iglesias, bicicletas y piezas de coche (en una ocasi贸n un  mec谩nico en paro fue detenido desmontando un coche de lujo en plena calle). La mayor parte de estos robos no ten铆a un car谩cter 鈥減rofesional鈥 sino m谩s bien 鈥渙casional鈥 o circunstancial, como respuesta a las condiciones precarias de la vida cotidiana dentro de un sistema social que obligaba a una parte significativa de la poblaci贸n urbana a transgredir la ley para garantizar su supervivencia f铆sica y material.

Una econom铆a criminal, el robo m谩s grande

Obviamente la perspectiva anarquista de la propiedad privada favorec铆a todas estas pr谩cticas. Para Solidaridad Obrera, el 鈥榬obo鈥 m谩s grande ten铆a su ra铆z en una 鈥渆conom铆a criminal鈥 basada en 鈥渆l sudor y la sangre derramados en los campos, talleres, f谩bricas y minas鈥. As铆, las 鈥渃lases criminales鈥 eran los pol铆ticos, los capitalistas, los caseros y los comerciantes, quienes constitu铆an la 鈥榓ristocracia del robo鈥, 鈥榣os traficantes en la miseria del pueblo鈥 y 鈥榣os verdaderos estafadores de la humanidad鈥. En fin, era una visi贸n que confirmaba las experiencias de los m谩s excluidos y que atrajo al movimiento anarquista a unos grupos sociales militantes y radicalizados.

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Fuente: Asociaciongerminal.org