January 28, 2022
De parte de Lobo Suelto
733 puntos de vista

Quisiera apuntar aqu铆 al mismo tiempo, mi admiraci贸n por el libro de Negri, mi acuerdo con lo que me parece que es la esencia de su interpretaci贸n de Spinoza, as铆 como tambi茅n, como anexo, las pocas reservas que puede suscitar en un historiador de la filosof铆a que profesionalmente siempre ha intentado apegarse a la literalidad de los textos.

Admiraci贸n, tanto en el sentido cl谩sico como en el sentido ordinario de la palabra, por el extraordinario an谩lisis marxista con el que Negri hace inteligible la relaci贸n entre la evoluci贸n del pensamiento de Spinoza y las transformaciones hist贸ricas que se produjeron en la situaci贸n holandesa de su tiempo. Desafortunadamente, soy muy incompetente en esa materia para permitirme juzgar la verdad o falsedad de su hip贸tesis. Pero lo que s铆 es cierto es que es muy fecunda: permite tanto introducir una l贸gica interna en lo que ya sab铆amos, como resaltar el car谩cter significativo de ciertos datos f谩cticos que, con demasiada frecuencia, pasan por marginales. Nos hace comprender, en primer lugar, c贸mo la 芦anomal铆a holandesa禄 puede dar cuenta de la persistencia tard铆a en los Pa铆ses Bajos de este pante铆smo ut贸pico de tipo 芦renacentista禄 que, efectivamente, con mucha confusi贸n e incertidumbre, fue sin duda el de Spinoza en las partes m谩s arcaicas del Tratado Breve. Nos hace comprender, a continuaci贸n, c贸mo la aparici贸n tard铆a en Holanda de la crisis del capitalismo naciente puede dar cuenta de la dislocaci贸n de este pante铆smo inicial y de la necesidad que sinti贸 Spinoza, como realmente la sinti贸, de realizar una dificil铆sima reorganizaci贸n conceptual. Finalmente, nos hace comprender c贸mo la revuelta de Spinoza frente a la soluci贸n absolutista que se hab铆a dado a la crisis en el resto de Europa, y que amenazaba con suceder en Holanda, puede dar cuenta del resultado final de esta reorganizaci贸n conceptual. Ahora bien, dejando de lado la hip贸tesis en s铆, creo que, para lo esencial, los hechos sobre los que llama nuestra atenci贸n son muy reales y muy importantes.

Esto es cierto, en primer lugar, para el estado final (o relativamente final) de la filosof铆a de Spinoza: para lo que Negri denomina su 芦segundo fundamento禄. En este punto, con una salvedad sobre la que volver茅, estoy fundamentalmente de acuerdo con 茅l. En esta 芦segunda fundaci贸n禄, Spinoza no s贸lo rompe con cualquier supervivencia del emanacionismo neoplat贸nico (eso que todos los comentaristas serios reconocen), sino que ya no admite la m谩s m铆nima trascendencia de la substancia en relaci贸n con sus modos, bajo ninguna forma en que se presente: la substancia no es un fondo cuyos modos ser铆an la superficie, no somos olas en la superficie del oc茅ano divino, sino que todo se reabsorbe en la superficie. La substancia sin sus modos es s贸lo una abstracci贸n, exactamente como lo son los modos sin la substancia: la sola realidad concreta son los seres naturales individuales, que se combinan entre s铆 para formar todav铆a otros seres naturales individuales, etc., al infinito. Pero esto no significa que el beneficio de los an谩lisis anteriores fuera nulo; esto significa que todo lo que se atribu铆a a Dios ahora se confiere a las cosas mismas: ya no es Dios quien produce las cosas en la superficie de s铆 mismo, sino que son las cosas mismas las que se vuelven auto-productivas, al menos parcialmente, y productoras de efectos en el marco de las estructuras que definen los l铆mites de su auto-productividad. Todav铆a se puede hablar de Dios (como lo hace Spinoza, y como, desde su propio punto de vista, tiene raz贸n de hacerlo) para designar esta actividad productiva inmanente a las cosas, esta productividad infinita e inagotable de toda la naturaleza, pero a condici贸n de recordar bien lo que eso significa: la naturaleza naturante, es la naturaleza en cuanto naturante, la naturaleza considerada en su aspecto productivo aislado por la abstracci贸n; y la naturaleza naturada, o los modos, son las estructuras que se da a s铆 misma al desplegarse, la naturaleza en cuanto naturada; pero en la realidad no hay m谩s que individuos m谩s o menos compuestos, cada uno de los cuales (naturante y naturado a la vez) se esfuerza por producir todo lo que puede, y por producir y reproducirse a s铆 mismo al  producir todo lo que puede: la ontolog铆a concreta comienza con la teor铆a del conatus. Es por eso que Negri tiene toda la raz贸n al caracterizar este estado final del spinozismo como una metaf铆sica de la fuerza productiva; y tal en oposici贸n a todas las dem谩s metaf铆sicas cl谩sicas, que son siempre m谩s o menos metaf铆sicas de las relaciones de producci贸n, en cuanto subordinan la productividad de las cosas a un orden trascendente.

Que esta metaf铆sica de la fuerza productiva opera en todos los niveles del spinozismo, eso es lo que Negri explica admirablemente. Nos muestra, siguiendo el hilo de las tres 煤ltimas partes de la 脡tica, c贸mo, en este ser natural tan compuesto que es el hombre, se va constituyendo la subjetividad; c贸mo el conatus humano, convertido en deseo, se despliega a su alrededor, gracias al papel constitutivo (y ya no simplemente negativo) de la imaginaci贸n, un mundo humano que es verdaderamente una 鈥渟egunda naturaleza鈥; c贸mo los deseos individuales, siempre gracias a la imaginaci贸n, se componen entre s铆 para introducir en esta 鈥渟egunda naturaleza鈥 una dimensi贸n interhumana; y c贸mo, gracias al enriquecimiento as铆 tra铆do a la imaginaci贸n por la producci贸n misma de este mundo humano e interhumano, nuestro conatus puede volverse cada vez m谩s autoproductor, es decir, cada vez m谩s libre, convirti茅ndose en raz贸n y deseo racional, luego en conocimiento de tercer g茅nero y en la felicidad. En estas tres 煤ltimas partes de la 脡tica, la ontolog铆a deviene as铆, dice Negri, en fenomenolog铆a de la pr谩ctica. Y ella desemboca en la teor铆a de aquello que ella misma presupuso, de hecho, desde el principio; el 芦amor intelectual de Dios禄, por lo que es correcto decir que es, bajo cierto aspecto (aunque en mi opini贸n, no es el 煤nico), la pr谩ctica humana autonomiz谩ndose por el conocimiento que ella adquiere de s铆 misma.

Pero sobre este conocimiento, queda proseguir su realizaci贸n elaborando la teor铆a de las condiciones de posibilidad colectiva de su g茅nesis, cuyo lugar fue indicado en la 脡tica, sin ser todav铆a ocupado ah铆 efectivamente. Tal es el objeto del Tratado Pol铆tico, del que Negri tiene toda la raz贸n al decir que es el apogeo, en el sentido tanto positivo como negativo, de la filosof铆a de Spinoza: su punto culminante y, al mismo tiempo, su extremo l铆mite.

Punto culminante, porque Spinoza ahora opera all铆 la constituci贸n, a partir del conatus individual, de este conatus colectivo al que nombra 鈥減otencia de la multitud鈥. Y esto siempre seg煤n el mismo principio: primac铆a de la fuerza productiva sobre las relaciones de producci贸n. La sociedad pol铆tica no es un orden impuesto desde afuera sobre los deseos individuales; ni se constituye por un contrato, por una cesi贸n de derechos de la cual resultase una obligaci贸n trascendente. Es la resultante cuasi-mec谩nica (no dial茅ctica) de las interacciones entre poderes individuales que, al estar compuestos, se convierten en potencia colectiva. Como en todas partes de la naturaleza, las relaciones pol铆ticas no son m谩s que las estructuras que la fuerza productiva colectiva se da a s铆 misma y reproduce constantemente por su propio despliegue. No hay ninguna disociaci贸n, por tanto, entre sociedad civil y sociedad pol铆tica; ninguna idealizaci贸n del Estado, ni siquiera el democr谩tico: admito plenamente junto a Negri en que estamos en las ant铆podas de la trinidad Hobbes-Rousseau-Hegel, aunque me reproch贸, debido a un malentendido del que soy en gran parte responsable por un lenguaje que me encontr茅 utilizando sin haber medido todas las connotaciones, de haber hegelianizado demasiado a Spinoza. Y coincido con 茅l en el inmenso alcance revolucionario y la extraordinaria actualidad de esta doctrina: el derecho, es la potencia, y nada m谩s; el derecho que tienen quienes detentan del poder pol铆tico es, pues, el poder de la multitud, y nada m谩s: es la potencia colectiva que la multitud les concede y les vuelve a conceder su uso a cada instante, pero que bien podr铆a dejar de poner a su disposici贸n. Si el pueblo se rebela, tiene derecho a hacerlo por definici贸n, y el derecho del soberano, por definici贸n, desaparece ipso facto. El poder pol铆tico, incluido el sentido legal de la palabra 芦poder禄, es la confiscaci贸n, por parte de los gobernantes, de la potencia colectiva de sus s煤bditos; confiscaci贸n imaginaria, que produce efectos reales s贸lo en la medida en que los propios sujetos creen en su realidad. El problema no es, por lo tanto, descubrir la mejor forma de gobierno: es descubrir, en cada tipo de sociedad pol铆tica dada, las mejores formas de liberaci贸n, es decir, las estructuras que permitir谩n a la multitud reapropiarse de su propia potencia despleg谩ndola al m谩ximo 鈥 y quienes, por ello, pero solamente por este hecho, conocer谩n una autorregulaci贸n 贸ptima.

En cuanto a los l铆mites con los que se tropez贸 Spinoza en el examen detallado de estas estructuras (cap铆tulos VI a XI del Tratado Pol铆tico), son evidentemente los l铆mites mismos de la situaci贸n hist贸rica que fue la suya. Negri me reprocha amigablemente haber insistido demasiado en este examen detallado, que a 茅l le parece menos interesante por su contenido que por el fracaso que atestigua. Sin embargo, me parece que era necesario tomar en serio lo que el propio Spinoza se tom贸 en serio. Pero reconozco con Negri que, para nosotros y por hoy, tanto desde el punto de vista del futuro como desde el punto de vista de la eternidad (que, en 煤ltima instancia, es lo mismo), la esencia del Tratado Pol铆tico, son sus fundamentos tal y como se les expone en los primeros cinco cap铆tulos. Y como estos fundamentos ser铆an incomprensibles para cualquiera que no haya le铆do la 脡tica, Negri tiene toda la raz贸n al aseverar que la verdadera pol铆tica de Spinoza es su metaf铆sica, que es en s铆 misma pol铆tica de punta a punta.

Queda por saber c贸mo lleg贸 Spinoza, desde su pante铆smo inicial seg煤n el cual 鈥渓a cosa es Dios鈥, a este estado final de su doctrina seg煤n el cual 鈥淒ios es la cosa鈥. Y es en este punto donde ya no estoy del todo de acuerdo con Negri, al menos en el sentido en que me parece que ha establecido una verdad que no es exactamente lo que 茅l cre铆a. Porque creo, mientras que 茅l no, que este 煤ltimo spinozismo (mediante un a帽adido importante, es cierto), es el de toda la 芦脡tica禄, incluidas las partes I y II. Seg煤n 茅l, estas partes I y II, en la forma que las conocemos, en particular con la doctrina de los atributos divinos que all铆 aparece, corresponder铆an a la primera redacci贸n de la 脡tica, la que fue interrumpida en 1665; y dar铆an testimonio, a pesar de algunas anticipaciones, de un estado intermedio del pensamiento de Spinoza, caracterizado por una tensi贸n extrema entre las exigencias de su primer pante铆smo y la conciencia de la imposibilidad de mantener estas exigencias hasta el final; de donde resultar铆a, qui茅rase o no, una cierta dualidad entre substancia y modos: por un lado Dios, por otro lado el mundo (la 鈥減aradoja del mundo鈥, dice Negri). Ser铆a s贸lo en las partes III, IV y V, junto con algunos restos de la vieja doctrina reactivada con fines de 芦catarsis禄 en la parte V, que la metaf铆sica de la fuerza productiva se manifestar铆a plenamente: la teor铆a de los atributos habr铆a casi desaparecido y s贸lo jugar铆a un papel residual. Ahora bien, sobre este punto me parece posible una discusi贸n, que podr铆a iniciarse dirigiendo a Negri las siguientes dos objeciones provisionales:

1) Es muy dif铆cil reconstruir el primer borrador de la 脡tica a partir de los materiales proporcionados por esta sola obra. Es cierto que los comentaristas que lo han intentado (en particular Bernard Rousset) han obtenido resultados muy interesantes y muy convincentes en ciertos puntos: hemos podido identificar parcialmente, en la 脡tica, dos capas distintas de vocabulario, de las cuales una luce mucho m谩s arcaica (porque se acerca m谩s a la terminolog铆a del Tratado Breve); y, de una a la otra, la transformaci贸n va en la direcci贸n de un inmanentismo m谩s radical, pasando Spinoza del vocabulario de la participaci贸n al de la potencia. Pero, por un parte, estos son solo resultados parciales. Y, por otra, conciernen a todas las partes de la 脡tica: las dos capas se encuentran en cada parte, sin separarse m谩s particularmente entre las dos primeras para el m谩s antiguo, y las tres 煤ltimas para la m谩s reciente. Por lo tanto, no me parece posible afirmar que las dos primeras partes tal como los conocemos sean anteriores a 1665, siendo s贸lo las tres 煤ltimas posteriores a 1670. Mucho m谩s porque, en todo caso, es muy poco probable que Spinoza, retomando su escritura en 1670 despu茅s de una pausa de cinco a帽os, no revisase todo su texto. La vieja capa de vocabulario, con gran verosimilitud, son, en cada parte, las palabras y expresiones que Spinoza mantuvo porque le parec铆a posible, a煤n a costa de alguna apariencia de ambig眉edad que cre铆a f谩cilmente disipable, reutilizarlas sin entrar en contradicci贸n con el nuevo estado de su doctrina. En efecto,

2) Por parte m铆a, no veo contradicci贸n alguna entre las dos primeras partes y las siguientes. Puede parecer que las hay si consideramos ciertas afirmaciones aisladamente, pero si las reemplazamos en la cadena de razones, estas aparentes contradicciones se desvanecen. Es cierto que Spinoza apenas habla de los atributos en las partes III, IV y V; lo cual es normal, ya que no es ese su prop贸sito y ya se ha dicho lo esencial sobre este punto. Pero las proposiciones que aparecen en estas tres partes se demuestran ellas mismas a partir de otras proposiciones, que a su vez se demuestran a partir de proposiciones a煤n anteriores, etc.; y finalmente, si recorremos toda la cadena, casi siempre terminamos con proposiciones relativas a los atributos. Quiz谩s este sea, en definitiva, mi principal (y, en 煤ltima instancia, mi 煤nico) punto de desacuerdo con Negri: no se toma en serio el orden de las razones, que le parece superpuesto a lo externo y no ser铆a m谩s nada que el 芦precio pagado por Spinoza en su tiempo禄. Por supuesto, no puedo probarle que deba tom谩rsele en serio. Pero creo que, si uno se decide a hacerlo, descubre en toda la 脡tica una coherencia l贸gica muy grande; a condici贸n, as铆 lo especifico, de interpretarla enteramente de acuerdo con la doctrina final: de lo contrario, ciertamente, habr铆a una falla. Pienso, con Negri, que la ontolog铆a concreta comienza con la teor铆a del conatus; pero la doctrina de la substancia y los atributos pretende demostrar esta teor铆a: demostrar que toda la naturaleza, pensante y extensa al mismo tiempo, es infinita e inagotablemente productiva y autoproductiva; y para demostrarlo fue necesario reconstituir gen茅ticamente la estructura concreta de lo real, comenzando por aislar por abstracci贸n la actividad productiva en sus diferentes formas 鈥 que son precisamente los atributos integrados en una sola substancia. Uno puede pensar, ciertamente, que fue in煤til demostrarlo; pero Spinoza no lo cre铆a as铆. Tambi茅n podemos pensar que err贸 al no pensarlo as铆; sobre este punto, una vez m谩s, no tengo nada que objetar que sea l贸gicamente vinculante: es una cuesti贸n de elecci贸n metodol贸gica. Pero es cierto que, si se opta por considerar esencial el orden de las razones, se llega a dar m谩s importancia que Negri a lo que se llama impropiamente, a falta de haber podido encontrar un t茅rmino m谩s adecuado, el 芦paralelismo禄 de pensamiento y extensi贸n; lo cual, sin contradecir en modo alguno su interpretaci贸n de la doctrina final, simplemente le agrega algo. Tal era el significado de la 芦reserva禄 a la que alud铆 m谩s arriba: es la teor铆a de los atributos, entendida como Spinoza quer铆a que se entendiera, la que funda, me parece, el 芦segundo fundamento禄 en s铆 mismo. Por lo que la 芦vida eterna禄 de la parte V, siendo exactamente lo que Negri dice de ella, puede aparecer al mismo tiempo, y sin ninguna 芦catarsis禄, como eterna en sentido estricto.

Pero al final, creo que la primera de mis dos objeciones anula en parte el alcance de la segunda. Hubo, en todo caso, una primera redacci贸n de la 脡tica, aunque no fue reproducida como tal en las partes I y II. Y el argumento de Negri sobre los otros textos del per铆odo 1665-1670 m谩s bien me da la impresi贸n de que este primer borrador ciertamente debe haber sido m谩s o menos conforme con lo que 茅l nos dice. Lo que suele probarlo son, en primer lugar, ciertos pasajes comentados por 茅l en la correspondencia de Spinoza que data de este per铆odo. Y es sobre todo el papel de catalizador que juega el Tratado Teol贸gico-Pol铆tico, que es estudiado admirablemente. En efecto, por un lado, Negri nos hace sentir de una manera muy convincentemente hasta qu茅 punto las exigencias de la lucha pol铆tica librada a lo largo de esta obra, al llevar a Spinoza a tomar conciencia del papel constitutivo de la imaginaci贸n (de la que hemos visto cu谩l ser谩 luego 鈥嬧媗a importancia en las 煤ltimas tres partes de la 脡tica), debieron inspirarle la urgente necesidad de restaurar sus conceptos. Y por otro lado, lo que parece sugerir con mucha fuerza que esta necesidad todav铆a no estaba satisfecha en 1670, es el v铆nculo que establece Negri entre el contenido que asigna al primer borrador de la 脡tica y el hecho de que, en el Tratado Teol贸gico-Pol铆tico, Spinoza todav铆a habla de un contrato social, mientras que todo el contexto muestra que ya podr铆a haber prescindido l贸gicamente de 茅l: para atreverse a dejar completamente de hablar de un contrato (como ser谩 el caso en el Tratado Pol铆tico), era, efectivamente, necesario poseer la doctrina final en su forma m谩s madura; y es muy fruct铆fero dar cuenta de la desaparici贸n de esta noci贸n vincul谩ndola, como lo hace Negri, a una maduraci贸n general de la filosof铆a de Spinoza en su conjunto.

Mis reservas son, por tanto, secundarias a mi admiraci贸n y acuerdo. En definitiva, y m谩s all谩 de cuestiones de detalle, lo que sobre todo me llama la atenci贸n en Negri son sus deslumbrantes intuiciones que nos hacen percibir, como un rel谩mpago de conocimiento de tercer genero constantemente renovado, la esencia misma del spinozismo. Sin duda esto proviene (y en este punto, como en muchos otros, estoy de acuerdo con Deleuze) del hecho de que su reflexi贸n te贸rica y su pr谩ctica han sido durante mucho tiempo las de un verdadero spinozista.

Edici贸n francesa, PUF, 1982, pp.19-25

Trad. C茅sar Panza

A partir de: https://www.multitudes.net/preface-a-l-anomalie-sauvage-de1417/




Fuente: Lobosuelto.com