January 17, 2022
De parte de Asociacion Germinal
250 puntos de vista
Pot Juan Carlos Rois, Tortuga

En la pasada pascua militar la ministra de Defensa española celebraba el desvelo militar español, lejos de sus casas y familias, por velar por la paz mundial.
Pero los indicadores del índice de paz global que publica el Institute for Economics and Peace desde 2007 demuestra que la paz global y la seguridad humana no aumentan significativamente en el planeta.

Han pasado ya 21 años del Siglo XXI, pero la paz con contenidos no goza de buena salud en el planeta. Según el informe «Global peace index 2021» y por lo que respecta a 2021, los indicadores de paz mundial han retrocedido en 73 de los 163 países contemplados, y se han mantenido, con ligeras mejoras de un 0´07% en otros diez, con estancamientos bien férreos en el resto.

Los grandes paladines de la paz mundial no son, como cabría esperar, los países calificados como más pacíficos en el ranking mundial, ni tampoco los Estados donde más crece la paz vinculada a la justicia. Ni EE. UU, ni las grandes potencias europeas, ni ninguno de los países de la ONU con derecho de veto, están en los primeros cinco puestos del índice mundial de paz; puestos que se reparten entre Islandia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Portugal o Eslovenia.

Los conflictos provocados por el juego geopolítico mundial en Afganistán, Yemen, Siria, Sudán del Sur o Irak, por ejemplo, convierten, según dicho informe, a estos exóticos lugares en los países menos pacíficos del mundo, galardón que gozan desde al menos 2010.

Al lado de un panorama mundial nada pacífico, llama la atención la preocupación/injerencia de las potencias principales del planeta, cuando no su implicación militar o en la venta/carrera de armamentos, en estos lugares.

Junto a la mentira que se esconde en la idea de paz oficial, otros estrepitosos fracasos relacionados con los objetivos de desarrollo sostenible, la crisis climática o las constantes agresiones del orden neoliberal a la seguridad humana hacen sospechar que en realidad las grandes potencias trabajan contra las aspiraciones de vida, justicia y paz de la humanidad. Pareciera que los Estados que se consideran el culmen del progreso con una mano firman paz y con la otra hacen todo lo contrario. Su paz no es nuestra paz.

Es opinión extendida que existe una evidente relación entre la mayoría de los conflictos violentos que el planeta soporta hoy y los intereses geoestratégicos y económicos de las grandes potencias y de sus aliados. En unos casos, porque las grandes potencias son los verdaderos causantes y promotores de os conflictos; en otros porque aprovechan su agravamiento para un reposicionamiento de sus intereses y en un tercer lugar porque el propio caos e ingobernabilidad global que caracteriza a nuestro sistema global hace de combustible para que los países empobrecidos sufran las consecuencias de nuestro modo de vida, sin despreciar, en todos ellos, el papel de estímulo que juegan las industrias militares, siempre bien dispuestas a nutrir de armamento (y, dicho sea de paso, de deuda) a cualquiera que lo solicite y a hacer con ello un suculento negocio.

La propagación del relato de la inseguridad y el miedo que forma parte del mito capitalista y de su verdad más esencial, serán la otra cara de la moneda con la que los señores de la guerra (generales, políticos, banqueros y especuladores, vendedores de armas y otros especímenes indecorosos) acompañan sus catálogos de armamento «prêt a porter» y su paz (nuestras guerras, las que empiezan aquí y acaban allende).
Con este ruido de fondo he querido preguntarme por dos elementos que conciernen al Estado español y que están presentes de algún modo en algunos de los conflictos internacionales actuales: la presencia de tropas españolas y la venta de armas españolas.

Cada cual puede sacar conclusiones como mejor le parezca. La mía es que cuando las casualidades son tan repetitivas hay que sospechar que no son tan casuales como parece. Y en lo que se refiere a la conducta de nuestra industria militar (incluidos los vergonzantes apoyos públicos que recibe y los viajes de negocios que realiza de la mano de nuestras autoridades) y la participación militar en el exterior, el beneficio de la duda se perdió hace ya mucho tiempo.

Adelanto que, según yo lo veo, el envío de tropas con su parafernalia a los escenarios de conflicto sirve más al adiestramiento militar español y a los intereses militares del bloque occidental que a la causa de la paz, pero también para exhibir el arsenal de armas Made in Spain con el que España ha alcanzado el triste honor de ser la séptima potencia en el mercado de armas.

De este modo, la guerra, su preparación, su prevención, la pacificación y toda la caja de herramientas del militarismo vienen a ser un gran negocio que ofrece oportunidades de promoción a los militares, reconocimiento a nuestra clase política poco reconocida en el ámbito internacional por cuestiones más decorosas y generosos ingresos a la industria militar.

He recogido algunos de los conflictos violentos con derivadas militares que las distintas agencias internacionales reconocen como tales y que, aunque los medios de comunicación suelen obviarlos o utilizarlos con sensibleras pero aviesas intenciones, siguen en pie y provocando miles de víctimas y de sufrimiento.

Los he agrupado de un modo tal vez caprichoso. Veámoslos:

  • 1) Conflictos en el oriente medio. He contemplado en este caso los siguientes lugares implicados:
    a. Afganistán
    b. Irak
    c. Israel/ Palestina /Líbano
    d. Yemen
    e. Siria
  • 2) Conflictos en el Sahel y Africa occidental: aquí he metido varios lugares implicados y de una conflictividad «difusa», que tiene mucho que ver con el posicionamiento neocolonial de la UE y unos intereses bien codiciosos por parte de ésta y de los actores europeos más comprometidos en el Sahel (Francia y España):
    a. Camerún
    b. Eritrea
    c. Etiopía
    d. Gabón
    e. Kenia
    f. Mali
    g. Mozambique
    h. República Centroafricana
    i. Somalia
    j. Senegal
    k. Costa de Marfil
    l. Cabo Verde
    m. Sudán
  • 3) Conflicto magrebí/saharaui, donde contemplo:
    a. La guerra entre Marruecos y la república saharaui
    b. La conflictividad entre Marruecos y Argelia
    c. La alianza entre Argelia y Mauritania ante la agresividad de Marruecos.
  • 4) Conflicto Ucraniano
  • 5) Conflicto irresuelto de Colombia.
  • 6) Mozambique.

Se puede discutir si a estos conflictos podemos añadir otros, como la lucha por el dominio pacífico entre EE. UU y China, o la confrontación cada vez más elocuente entre Rusia y EE. UU y sus aliados. Son conflictos difusos donde el alineamiento de España es evidente. No en vano mantenemos un tratado de cooperación militar con EE. UU que permite la utilización de bases militares americanas en España. También formamos parte de la OTAN que sigue las directrices de EE. UU y somos una de las «potencias» más proactivas en la implicación militar de la UE, pero no lo hemos contemplado de forma directa.

He intentado hacer una descripción superficial y somera, que por supuesto únicamente pretende poner en situación y no es un análisis del conflicto en sí. Espero que los expertos y activistas más implicados en cada uno de ellos sepan perdonar la simplificación.

Vayamos a los cuadros comparativos que me resultan de esta comparación.

Conflictos en Oriente medio

Puedes descargar en PDF el cuadro pinchando a continuación:  https://www.grupotortuga.com/IMG/pdf/conflicto_oriente_medio.pdf

Las principales características de nuestra implicación en la zona son, por una parte, el seguidismo en estos conflictos de las directrices marcadas por EE. UU y la OTAN, el estrechamiento de relaciones con los países del golfo, principalmente Araba Saudí, la participación militar directa en el Líbano bajo la excusa de apoyo a la paz y la poco escrupulosa venta de armas a países que hacen uso de ellas en las guerras desencadenadas. No en vano Arabia Saudí es uno de nuestros principales clientes actuales y uno de los principales actores y promotores de la militarización de estos conflictos.

Puede considerarse además que, a caballo entre oriente medio y la región oriental del Sahel, la participación española en las operaciones de vigilancia del índico (operación Atalanta) ha sido un buen escaparate para los barcos de guerra españoles que tanta ilusión le hacen a Arabia Saudí. En su día también se interesaron por los barcos de Navantia Qatar, Kuwait o Emiratos Arabes.

Oriente medio, por otra parte, ha sido un escenario importante para la venta de armas españolas a la región, dentro de la escalada de armamentos en que la misma se ha embarcado. Así, nuestra clientela comprende a Omán (31 millones de euros de ventas en munición de artillería y 153,5 millones autorizados en 2020), Emiratos Arabes (8,20 millones en munición en el mismo año y 60 millones autorizados más), Barein (7,9 millones de ventas en 2020), Catar (2,36 millones), Kuwait (1,42 de ventas y 0,68 de autorizaciones), Jordania (0,17) e incluso Egipto, a quien hemos vendido en el primer semestre de 2021 por importe de otros 11,3 millones en repuestos y hemos autorizado otros 17,05 millones más.

A lo que parece, el conflicto generalizado en oriente medio ha sido un buen escaparate para que nuestra tropa destacada en la zona exhiba sus capacidades militares y los señores de la guerra hagan negocio vendiendo armas a troche y moche.

Conflicto del Sahel y Africa occidental

España mantiene una estrategia militar que denomina de Fronteras de Seguridad Avanzada.

Conforme a la misma, el Sahel constituye una de nuestras fronteras de seguridad, lo que justifica el interés militar por esta frontera.

La principal característica de nuestra política de defensa en la zona es la importante unidad de acción con Francia, antigua potencia colonial de gran parte de la misma, y el papel activo de nuestro ejército y del espionaje militar en la zona.

La posición de España en el Golfo de Guinea tiene también mucho que ver con la enorme riqueza en materias primas de la zona (caladeros marinos e hidrocarburos especialmente) y con el interés español en promover un control de los flujos de personas con intención de migrar hacia Europa.

España cuenta con un Plan de Diplomacia de la Defensa que fija el área del golfo de guinea, áfrica occidental como una de las prioridades para la defensa española.

Entre los objetivos del plan, se encuentran:

  1. Intensificar las visitas de autoridades a la zona.
  2. Potenciar las visitas de unidades navales y ejercicios en la zona.
  3. Explorar las posibilidades de ofrecer actividades relacionadas con la reforma del sector de defensa y seguridad.
  4. Contribuir al aumento de la capacidad de vigilancia y seguridad marítima con Senegal y Cabo Verde.
  5. Participar activamente en las actividades que lleven a cabo la OTAN o la UE y que tengan los mismos objetivos, especialmente el Partenariado de Paz y Seguridad Unión Europea – Unión Africana.

Al margen de ello, España ha realizado diversos convenios de cooperación militar con gran parte de los países del Sahel y del Golfo de Guinea por medio de los que les ha transferido material militar en forma de cooperación, en parte para que ejerzan, en nuestro nombre, una política de control migratorio.

También participa en el proyecto de la UE de «Arquitectura Yaundé», con el que la UE se ha establecido en el Golfo de Guinea desde 2019 como proveedor de «seguridad marítima».

Del mismo se puede obtener un cuadro en formato pfd pinchando en: https://www.grupotortuga.com/IMG/pdf/conflicto_sahel.pdf

Conflicto Magrebí/ saharaui

El norte de Africa constituye un área especialmente sensible para los intereses de la UE y de España, seguidista en general de la política marcada por la anterior gran potencia colonial francesa.

Para Europa el Magreb es una región de relevancia espacial como exportadora de mano de obra barata y como estado tapón frente a la zona del Sahel y aplica políticas de cooperación económica y militar con los países de esta región.

España mantiene dos ciudades autónomas en Marruecos que son fuente de litigio interestatal. Igualmente fue potencia colonial de una franja de marruecos, donde se empleó con brutalidad en una guerra que definitivamente perdió y donde se curtieron gran parte de los oficiales militares, incluyendo al dictador Franco, que protagonizaron el golpe militar del 1936, la guerra civil y la posterior dictadura. A su vez España fue potencia colonial del Sahara Occidental, que llegó a ser considerada una provincia española antes de abandonarla a su suerte en la decadencia de la dictadura, incumpliendo, desde entonces, los deberes que tiene teóricamente en la descolonización de esta región occidental de Africa.

Marruecos ocupó una gran parte del territorio saharaui y reivindica su anexión y a pesar de existir un mandato de la ONU para la realización de un referéndum de autodeterminación, se niega a permitirlo.

En la actualidad hay una guerra no declarada entre Marruecos y la república saharaui, esta con el apoyo político de Argelia y Mauritania.

Se puede descargar en pdf en: https://www.grupotortuga.com/IMG/pdf/saharahui.pdf

Conflicto de Colombia

Conflicto de Mozambique

¿Conclusiones?

Cada cual puede sacar las suyas.

Yo me pregunto si es casualidad que en la mayoría de los conflictos que en 2022 seguirán activos y que hemos repasado España participe con tropas bajo mandato ONU, OTAN, UE o por propia iniciativa y que la industria militar española tenga una significativa presencia.

¿Será que tiene una explicación alternativa, como por ejemplo que, dado el compromiso que nuestros políticos no se cansan de repetir de España en la paz mundial, resulta lógica su presencia en cuanto conflicto exista y que la venta de armas españolas no tiene que ver con nada?

Como digo, cada cual que saque sus conclusiones.

https://www.grupotortuga.com/Presencia-espanola-y-venta-de

Share



Fuente: Asociaciongerminal.org