March 31, 2021
De parte de Federaci贸n Anarquistas Gran Canaria
184 puntos de vista


Fuente: Prende la paraula

Pr贸logo

No tengo el gusto de conocer personalmente a Jordi Mart铆 Font, pero, a pesar de ello, creo poder afirmar que tiene algo de temerario. Temerario es, por lo menos, que invite a un servidor, un ap谩trida, a escribir, desde Canarias, un pr贸logo para un libro que va sobre la relaci贸n del anarquismo con la cuesti贸n nacional catalana.

El trabajo de compilaci贸n de documentos realizada por el autor, la cronolog铆a que traza sobre esta reedici贸n del conflicto catal谩n conocida como el proc茅s, son de por s铆 de gran inter茅s 鈥揳unque no se comparta su tesis de fondo鈥 por el simple hecho de que permite sistematizar los acontecimientos, las posturas y reacciones ante un fen贸meno muy mal entendido fuera de Catalunya e incluso, seg煤n parece, tambi茅n dentro.

La importancia documental de Visca l鈥橝narqu铆a i Visca la Terra ir谩 en aumento con el tiempo. Todos los colectivos e individuos, los peque帽os y grandes actores que circulan por sus p谩ginas, desde los intelectuales consagrados a los militantes reci茅n salidos del anonimato, quedar谩n retratados ante la Historia (quiz谩s no ante esa tan solemne que se imparte en las universidades, pero s铆 ante esa m谩s modesta que se fragua en los m谩rgenes). Las actitudes, compromisos y posiciones adoptadas durante la tormenta, desde las cargas policiales del 1 de Octubre hasta la Batalla de Urquinaona, desde la inusual huelga del 3-O hasta el parip茅 de la declaraci贸n parlamentaria de independencia suspendida y diferida, les definir谩n durante mucho tiempo. Definir谩 su capacidad de ejercer cr铆tica y tejer la propia narrativa, pero tambi茅n de entender su contexto, plantar cara ante la represi贸n y solidarizarse con sus vecinos.

A nivel te贸rico el debate tiene tres vertientes: anarquismo ante la pol铆tica institucional, anarquismo ante la cuesti贸n nacional y anarquismo ante las movilizaciones populares, es decir ante su realidad inmediata. Puede que muchos de estos temas parezcan superados, pero evidentemente no es as铆.

En vez de hacer un pr贸logo al uso y limitarme a recomendar la lectura de este libro, voy a analizar someramente las tres patas en las que en mi opini贸n se fundamentan, desde una 贸ptica libertaria, los aspectos m谩s controvertidos de una historia, tan reciente como inconclusa, que arriesgadamente trata de abarcar Visca l鈥橝narqu铆a i Visca la Terra.

Anarquismo e instituciones

Los intentos de conciliar al anarquismo con la v铆a institucional son c铆clicos y no pocos han sido los cient铆ficos locos empe帽ados en mezclar aceite y agua. Varios anarquistas recorrieron ese camino, a algunos les sirvi贸 para reforzar sus convicciones abstencionistas1, otros lo hicieron por el utilitarismo m谩s prosaico2 y la gran mayor铆a qued贸 fagocitada por la pol铆tica vertical3, e incluso hicieron naufragar proyectos colectivos que a煤n est谩n pagando la factura4.

Hoy en d铆a siguen salpicando la actualidad los casos de libertarios que dan el salto a la pol铆tica de gabinete y que no conformes con eso se largan dando un portazo y culpando a los dem谩s de su giro de 180. A niveles macro, y en relaci贸n al conflicto catal谩n, la idea de reducir la beligerancia con aquellos partidos con los que parece compartirse ciertos aspectos de la agenda o incluso tratar de vender la idea de un Estado peque帽o y edulcorado como mal menor, son algunos de los grandes errores en los que se ha incurrido desde los ambientes libertarios m谩s permeables al proc茅s.

La gran r茅mora que han arrastrado casi todas las comunidades humanas que han intentado autodeterminarse es no haber conseguido desprenderse de su propia casta pol铆tica, permitir que las instituciones marcaran los tiempos del conflicto y no permitir que la clase trabajadora protagonizara el proceso. Confiar en la capacidad de partidos y gobiernos para provocar un cambio real de paradigma es la f贸rmula perfecta para obtener el fracaso m谩s aplastante. No es dogma libertario, sino la experiencia acumulada de varios siglos de Estados modernos. El gobierno, como nos explicaba William Godwin en su Investigaci贸n sobre la justicia pol铆tica (1793), s贸lo puede tomar partido por el error, pues debe velar por perpetuar el estado de cosas existentes. Si puede alterar el formato pol铆tico, es incapaz de hacerlo con el econ贸mico, y si no altera el econ贸mico, la situaci贸n real de la poblaci贸n no cambiar谩 nunca m谩s all谩 de lo formal.

Si algo nos han ense帽ado las llamadas candidaturas populares o del cambio, nutridas a veces por libertarios arrepentidos, es la inutilidad del poder institucional. Extrapolando uno de los argumentos dados por S茅bastien Faure en su folleto Doce pruebas sobre la inexistencia de Dios (1926), las instituciones son en verdad como Dios: o no hacen el bien porque no pueden, en cuyo caso son impotentes; o no lo hacen porque no quieren, en cuyo caso son perversas. Sean una cosa u otra 鈥搊 las dos鈥 no nos sirven. Lo hemos comprobado en los desahucios, en los servicios sociales, en las respuestas al sinhogarismo, en la represi贸n a la migraci贸n y la venta ambulante, etc.

Intentar articular un movimiento popular que trata de romper con un Estado en quiebra, de cuestionar principios tan arraigados como el centralismo y la integridad estatal, y hacerlo a trav茅s de unas instituciones desprestigiadas, de la misma clase pol铆tica que ha reprimido y empobrecido a su propia poblaci贸n, supone un viaje a ninguna parte para el que no se necesitan las alforjas de la independencia real. Ning煤n pueblo ser谩 libre y aut贸nomo mientras no aprenda a independizarse primero de su propia clase gobernante.

Anarquismo y nacionalismo

Con respecto a la cuesti贸n nacional, en el anarquismo conviven dos almas. Por un lado ha combatido hist贸ricamente cualquier chovinismo y patriotismo y entiende que en ellos se esconde el germen de la guerra, la raz贸n de Estado, la conquista y el racismo. Por el otro, el anarquismo parte de abajo, de las oprimidas, y no puede ignorar a los pueblos sojuzgados por los Estados, aunque no comparta con ellos sus aspiraciones pol铆ticas, religiosas o su propio deseo de constituirse en un nuevo Estado. El anarquismo, por tanto, parte de reconocer el derecho de toda comunidad humana a organizarse como estime oportuno, pero no puede dejar de alertar sobre los peligros del nacionalismo, de las fronteras, de la guerra de banderas y de todo lo que establezca nuevas relaciones de poder sobre las ruinas de sus antecesoras.

El anarquismo, a diferencia del marxismo o de los movimientos sociales que no cuestionan el principio de autoridad, no cree que suponga un cambio sustancial que a una forma de poder la sustituya otra. El lugar de nacimiento del amo, su color o su g茅nero, no cambia su naturaleza de amo. Como dec铆a Joan Salvat-Papasseit: 鈥淟a llibertat del poble no est脿 en que l鈥檃mo sigui natural o 鈥榚stranger鈥, sin贸 en que no hi hagi amo鈥5.

La historia nos demuestra que no les bast贸 a los pueblos con librarse de sus invasores para que sus propios miembros, o sus vecinos, fueran libres. Los 铆beros conquistados por los romanos necesitar铆an unos cuantos siglos de maceramiento civilizatorio para lanzarse a masacrar Canarias y Am茅rica; los b贸ers encerrados en campos de concentraci贸n por los brit谩nicos estar铆an en menos de 100 a帽os haciendo lo mismo con la mayor铆a bant煤 de Sud谩frica; el pueblo jud铆o sobrevivir铆a al Holocausto para transfigurarse en menos de una d茅cada en Estado y acabar sometiendo a sangre y fuego a la poblaci贸n palestina鈥 El eterno retorno.

El imperialismo y el colonialismo no s贸lo tratan de conquistar pol铆tica y econ贸micamente un territorio; tambi茅n tratan de invadirlo culturalmente. Es de ah铆 de donde nace la reivindicaci贸n nacional de los pueblos conquistados (desde los tiempos del Romanticismo). Lo prioritario a tener en cuenta en una pugna leg铆tima como 茅sta es intentar no convertirse en aquello que se desprecia. Como apuntaba Nietzsche: 鈥淨uien con monstruos lucha, cu铆dese de no convertirse a su vez en monstruo鈥6. Eso es lo que olvidaron los bolcheviques en 1917 y tambi茅n la mayor铆a de movimientos que hoy celebran que mujeres y personas racializadas puedan convertirse en polic铆as, militares o gobernantes.

El an谩lisis de la teor铆a anarquista sobre la cuesti贸n nacional est谩, por tanto, 铆ntimamente relacionada con la cuesti贸n del poder, y necesita, para ser consecuente consigo misma, establecer una l铆nea divisoria clara entre sociedad y Estado, entre pueblo y gobierno; una l铆nea que los movimientos nacionales, hay que admitirlo, no siempre han sabido trazar.

En conclusi贸n, cuando un grupo de personas sojuzga a otras, sea por cuestiones culturales, 茅tnicas, religiosas, territoriales o econ贸micas, parece evidente que el lugar del anarquismo est谩 con los sojuzgados. Pero su eterna advertencia sobre la posibilidad de que el oprimido se convierta en opresor ha permitido que surgieran muchas voces llamando a la neutralidad. El debate, en consecuencia, es el siguiente: 驴es suficiente esa advertencia para inhibirnos de participar en una lucha similar de car谩cter popular? 驴La certeza de que todo se corrompe y desv铆a basta para quedarse de brazos cruzados? 驴Que muchos movimientos nacionales consideren que el pueblo y el gobierno son elementos intercambiables justifica que adoptemos una actitud neutral ante el imperialismo y la colonizaci贸n? No se puede afrontar el anarquismo, a nivel colectivo e individual, te贸rico y pr谩ctico, sin enfrentar antes estas cuestiones autodefinitorias.

Anarquismo y movimientos populares

Los movimientos populares han sido hist贸ricamente el h谩bitat natural del anarquismo. Sin embargo, desde hace tiempo es una tendencia que ciertos colectivos e ide贸logos destacados dentro del 谩mbito libertario hagan llamamientos a la no intervenci贸n, cuando no directamente al boicot de dichos movimientos.

Esta actitud no siempre se ha cimentado en reservas leg铆timas. Las negativas a implicarse en movimientos como el 15M o los 煤ltimos disturbios catalanes han dejado claro las verdaderas motivaciones de muchos detractores. Hablan de movilizaciones burguesas, reformistas o nacionalistas, pero sin contraponer ninguna alternativa de clase, revolucionaria o internacionalista real. De hecho, de la mayor铆a de discursos de este tipo se desprende una defensa vergonzante del inmovilismo como t谩ctica, de la inviolable unidad del Estado o de otro nacionalismo mucho menos cuestionado: el espa帽ol. Que esto, llam谩ndose anarquistas, les coloque en las mismas coordenadas que fascistas, militares, polic铆as, jueces y pol铆ticos nacionalistas espa帽oles 鈥搉o menos burgueses que los pol铆ticos independentistas catalanes鈥 es una circunstancia que pasar谩 a la historia 鈥揼racias a una obra como la que tienes entre las manos鈥 como una aberraci贸n hist贸rica.

El anarquismo cl谩sico, por el contrario y por suerte, pensaba que s贸lo interviniendo en los procesos populares cab铆a la posibilidad de radicalizarlos o reconducirlos hacia posturas revolucionarias. Cada vez que esta clarividencia se impuso, el movimiento anarquista consigui贸 espantar durante alg煤n tiempo la amenaza de ser relegado como un artefacto arcaico.

La participaci贸n del anarquismo en fen贸menos como el sindicalismo a finales del s. XIX (que durante mucho tiempo se tuvo por exclusivamente reformista), las protestas para impedir la subida de los alquileres, el reclutamiento militar, etc., ha partido de esta premisa. Organizaciones o eventos populares que surg铆an en muchas ocasiones de aspiraciones parciales o de la pura desesperaci贸n, no de programas revolucionarios. Y los movimientos que se han organizado contra la opresi贸n territorial han tenido entre los cl谩sicos la misma consideraci贸n.

Personajes como Errico Malatesta, Louise Michel o Mija铆l Bakunin lo entendieron as铆. Apoyaron, con mayor o menor fortuna, movimientos o insurrecciones populares de car谩cter nacional, aunque muchas acabaran en fracaso. La idea era clara: cuando la gente se echa a la calle, la misi贸n del anarquismo es estar ah铆, ya sea para tensar la situaci贸n, para extremar las demandas o para enfrentarse a los l铆deres burgueses que suelen acaparar el relato en la mayor铆a de las ocasiones. Ciertamente, no todos los movimientos populares tienen tendencias revolucionarias. Algunos, incluso, pueden ser reaccionarios. Hay movimientos impulsados por el racismo o el ultranacionalismo, como el Euromaid谩n. Pero incluso en esos casos el lugar del anarquismo est谩 la calle; no para apoyar o secundar, obvio, sino para enfrentar y desafiar, para aplastar al fascismo antes de que abandone la cuna. Quiz谩s muchas escaladas fascistas se habr铆an podido cortar antes de llegar a su punto 谩lgido si los anti-fascistas hubieran tratado de aplastar al enemigo en la calle y no en las urnas o en los debates ideol贸gicos.

No es cuesti贸n de idealizar movilizaciones y experiencias, sino de asumir que s贸lo en la calle puedes desarrollar y contraponer un discurso real, influir en la gente. Si en un movimiento popular imperan puntos de vista burgueses, reformistas y exclusivamente nacionalistas, el anarquista debe interrogarse sobre su parte de responsabilidad en ello. Cuando no se interviene se est谩 entregando la narrativa al enemigo. Inhibirse no es un acto inocente y sin consecuencias. Las ideas reaccionarias tambi茅n crecen porque aquellos que dicen defender las ideas revolucionarias est谩n tranquilamente en casa mientras sus adversarios te贸ricos les comen la tostada. Para Piotr Kropotkin la hoja de ruta no pod铆a estar m谩s clara y argumenta algo que es perfectamente extrapolable a la cuesti贸n catalana:

Nuestra tarea [en los movimientos de emancipaci贸n nacional] habr铆a de ser la de hacer aparecer los problemas econ贸micos. [鈥 En Irlanda la dificultad principal proviene del hecho de que los jefes del movimiento, grandes propietarios, igual que los ingleses, vaciaron el movimiento de emancipaci贸n nacional de su contenido social. [鈥 Me parece que en cada uno de estos movimientos de emancipaci贸n nacional se nos reserva una tarea importante: plantear el problema en sus aspectos econ贸mico y social, y esto paralelamente a la lucha contra la opresi贸n extranjera鈥7.

Sin embargo, no todo es un asunto de c谩lculo estrat茅gico. La cuesti贸n tambi茅n nos tira de las tripas e interpela a nuestra sensibilidad y empat铆a, a nuestro m谩s elemental sentido de solidaridad. A veces, simplemente, toca entender que no tomar partido tambi茅n es tomar partido y que entre una poblaci贸n desarmada y un Estado armado, el anarquismo no puede tener un resquicio de duda sobre cu谩l es su lado de la barricada. Emma Goldman, poco sospechosa de ser una nacionalista identitaria vendida a la burgues铆a, lo entend铆a perfectamente:

La rebeli贸n de Pascua en Irlanda culminaba tr谩gicamente. No me hab铆a hecho ilusiones sobre el movimiento. Por muy heroico que fuera carec铆a de la intenci贸n consciente de ser una emancipaci贸n completa del gobierno econ贸mico y pol铆tico. Mis simpat铆as estaban naturalmente del lado de las masas en rebeli贸n y contra el imperialismo brit谩nico, que hab铆a oprimido a Irlanda desde hac铆a tantos a帽os鈥8.

El libro de Jordi Mart铆 Font tambi茅n interpela a esta sensibilidad, a esta solidaridad entre vecinos y pueblos de la que tan hu茅rfanos estamos.

Ruym谩n Rodr铆guez

Norte de 脕frica, marzo de 2020, en plena distop铆a pand茅mica.

___________________________



on Twitter


on Facebook




Fuente: Anarquistasgc.noblogs.org