July 26, 2021
De parte de A Las Barricadas
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Es que me gusta mucho el gato

Hace unos días contemplaba –impávido y silencioso– una conversación a través de internet, de dos personas que especulaban con mi adscripción a diversas organizaciones políticas y sindicales. Sin dudarlo me acabaron ubicando en varias a las que nunca he estado apuntado y, dicho sea de paso, no es que me moleste que se piense que yo soy de esto o de lo otro. Pero por aclarar la pregunta:

Yo he estado siempre vinculado a la CNT. O dentro, o en las afueras. Incluso hubo una temporada de varios años que estuve sin carnet… Pero siempre pendiente de su actividad, a la cual apoyo sin condiciones. Desde muy jovencito me entusiasmó su planteamiento para cambiar el mundo y a ella he dedicado mi vida a mi manera (que no todo va a ser follar, decía Krahe). O sea: mientras que en el mundillo ideológico soy un purista del anarquismo de los que hablan tonterías, en el plano organizativo mi organización es la CNT. 

A la CNT le debo todo cuanto he sido y soy. En ella me formé como militante, y le he intentado aportar lo que buenamente he podido para engrandecerla. Eso no quiere decir que desprecie el esfuerzo de los demás que optan por otras vías. Allá películas. Simplemente a mí me parece que es la más correcta, o más bien, la que más me cuadra.

¿Que por qué le debo tanto al sindicato? Pues porque ahí aprendí a meterme en un conflicto, y a saber salir de él. Entendí lo que era hacerme responsable de mis actos. Comprobé que no estaba en un juego dialéctico, porque allí entraba en la ecuación la vida de las personas, y las alternativas eran muchas veces, o salir airoso o caer en la ruina.

También aprendí a planificar y a criar resistencia. Tener un plan cuando entrabas en la batalla me parecía necesario. Lo que pasa es que el plan había que irlo cambiando a los cinco minutos de echar a andar, no solo porque los movimientos del contrario son imprevisibles (iba siempre a ver a la vidente, y ni por esas), si no porque los propios colegas –al intervenir tanta gente– dejaban muchas veces en el aire el plan: alguien no había hecho algo, o había hecho más de la cuenta, o había llevado a cabo algo que no era esperable, o la había cagado a base de bien… Moverte en el caos te da luego mucha libertad de movimientos. Por ejemplo, me ayuda a comprender la cola del pan cuando se cuela una vieja.

Porque al final comprendes que debes tomar decisiones. Hay quien piensa que en esto del sindicato toooodo tiene que pasar por la asamblea, la discusión entre iguales y todo eso. Me parece muy bien. Pero yo me las he visto en más de una ocasión teniendo que tirar por la calle de en medio, porque no podía andar esperando a no sé qué. En cierto modo el carnet antiguo de la CNT lo decía bien claro: allí donde estás tú, está la CNT. 

¿Tiene defectos el sindicato?… En eso yo soy indulgente. El sindicato eres tú. Personas. No es un ente con vida. La vida la damos nosotros y nosotras. Y ¡Claro que metemos la pata!, y pon aquí lo que desees de horrores horribles y horrorosos, dejaciones de principios y esas películas masturbatorias. Ahora bien, si hay algo que creo paralizante y antisindical, es el pretender que todas las cosas se hagan “bien”, conforme a un manual inexistente. La práctica es siempre azarosa, cambiante, contradictoria…, fascinante…,  te hace sufrir y te constriñe, te lleva a hacer muchas cosas “mal”. Y a ver qué pasa. Por eso yo elegí una CNT que funciona “mal”, a trancas y barrancas, y que avanza como puede en su desarrollo, a un sindicato de los cien que hay cobrando del presupuesto, o a uno imaginario que no ha existido ni existirá. ¿Que a ti te va mejor otra cosa? No tengo problema. Ahí va.

No basta la Razón. Es necesaria la Fuerza. Â¡Mil años de vida, a la Confederación Nacional del Trabajo! Nuestra musa. Nuestra inspiración.




Fuente: Alasbarricadas.org