January 4, 2022
De parte de Nodo50
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A prop贸sito de la reciente aparici贸n de 鈥驴Qu茅 es la econom铆a popular? Experiencias, voces y debates鈥 (El Colectivo), adelantamos un fragmento de la introducci贸n al libro en el que aportan sus miradas referentxs de la econom铆a popular en la Argentina.

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Definir a la econom铆a popular no es una tarea sencilla. No porque falten sentidos, sino porque proliferan y se sobre-amontonan. Muchas veces se trata de sentidos ambiguos o abiertamente contradictorios.

Este es un peque帽o ensayo sobre la econom铆a popular. Una escritura experiencial y afectiva. Es el fruto de un an谩lisis y una reflexi贸n militante sobre un fen贸meno que ha adquirido relevancia a partir de la 煤ltima gran expansi贸n del mundo asociativo, en particular el mundo asociativo de las clases subalternas y oprimidas, de los y las de abajo. Junto con esta expansi贸n, tambi茅n cobraron inusual visibilidad un conjunto de experiencias asociativas preexistentes, en particular aquellas vinculadas al universo campesino e ind铆gena y a la tradici贸n cooperativa argentina, m谩s que centenaria.

Como parte de esas experiencias asociativas preexistentes, cabe destacar dos de ellas relativamente recientes. Ambas poseen vasos comunicantes con muchas de las actuales experiencias de la econom铆a popular. Ambas generaron unos modos colectivos de subjetivaci贸n plebeya que tienen continuidad en los actuales. Ambas generaron las semi贸ticas de base que constituyen nuestro punto de partida para pensar la econom铆a popular. Por un lado, la experiencia de las 鈥渇谩bricas recuperadas鈥 que apelaron a la acci贸n directa para recuperar medios de trabajo y vida, en especial las experiencias m谩s comprometidas en una l铆nea de autogesti贸n; por el otro, la experiencia del 鈥渕ovimiento piquetero鈥, particularmente la experiencia de las organizaciones de trabajadores desocupados que hace m谩s de 20 a帽os fueron pioneras en la reconversi贸n de los subsidios al desempleo en proyectos productivos autogestionados. La econom铆a popular ya despuntaba detr谩s del piquete. En ambos casos y por distintas v铆as estas experiencias nos muestran procesos de creaci贸n de medios populares de producci贸n.

En los 煤ltimos a帽os, y como corolario de dicha expansi贸n en el marco de la sociedad civil popular, la econom铆a popular ha incrementado su presencia social, institucional, intelectual y acad茅mica. Esta presencia de la econom铆a popular se puede correlacionar con unos niveles de reconocimiento relativamente importantes. Esto presenta aspectos positivos y negativos. Los positivos se relacionan con la visibilidad (y proyecci贸n) social del universo de la econom铆a popular y con las ventajas derivadas de salir de la condici贸n de la 鈥渋nformalidad鈥, por lo ejemplo: la posibilidad de adquirir ciertos derechos y lograr ciertas reivindicaciones por parte los trabajadores y las trabajadoras que forman parte de ese universo. Los negativos se relacionan con los sistemas de reciprocidades asim茅tricas, con las l贸gicas que, desde el Estado o el mercado, tienden a la integraci贸n subordinada de la econom铆a popular.

En la Argentina, adem谩s de la Uni贸n de Trabajadores de la Econom铆a Popular (UTEP), existe una Federaci贸n de Trabajadores por la Econom铆a Social (FETRAES), la Federaci贸n de Cooperativas Autogestionadas de Buenos Aires (FEDERABA).  En la parte de la econom铆a popular vinculada al universo campesino tenemos a las distintas l铆neas del Movimiento Nacional Campesino Ind铆gena (MNCI) que integran la UTEP, y a las diversas organizaciones que forman de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), articulada en el plano internacional con una instancia global como V铆a Campesina. A nivel estatal proliferan las secretar铆as, las subsecretar铆as de la econom铆a popular junto con 谩reas y dependencias emparentadas, en todos los niveles de gobierno, incluyendo infinidad de programas, planes, proyectos, etc.

Entre otros 谩mbitos institucionales cabe mencionar especialmente al Instituto Nacional de Asociativismo y Econom铆a Social (INAES); el Consejo de la Econom铆a Popular y el Salario Social Complementario (CEPSSC); el Registro de Organizaciones Sociales de la Econom铆a Popular y Empresas Autogestionadas, bajo la 贸rbita del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social; el Registro Nacional de la Econom铆a Popular (RENATEP), bajo la 贸rbita del Ministerio de Desarrollo Social, la Comisi贸n Nacional de Microcr茅dito (CONAMI), etc茅tera.

Adem谩s, existen redes internacionales, nacionales y locales de la econom铆a popular que promueven la articulaci贸n de emprendimientos de la econom铆a popular en distintos niveles. Por ejemplo, la Red Global de Econom铆a Solidaria, creada en 2001 en la primera reuni贸n del Foro Social Mundial de Porto Alegre.

Cada vez son m谩s las universidades p煤blicas que ofrecen c谩tedras o cursos de postgrado sobre econom铆a social o econom铆a popular. Por su puesto, en el plano de la sociedad civil popular se puede contar un sinn煤mero de cooperativas, asociaciones civiles, fundaciones, colectivos, etc茅tera.

En muchos enfoques sobre la econom铆a popular es f谩cil detectar una tendencia a asignar centralidad a los aspectos vinculares o socio-culturales en desmedro de otros aspectos. Como respuesta casi especular a las visiones economicistas, muchos abordajes priorizan los enfoques cuasi 鈥渆tnogr谩ficos鈥, abordan la econom铆a popular despoj谩ndola de 鈥渕aterialidad鈥. Si hace m谩s de dos siglos Adam Smith aboli贸 la distinci贸n entre subsistencia y econom铆a e impuso el imperio de la escasez, en este tiempo no faltan quienes separan la econom铆a de la subsistencia.

Del mismo modo, la centralidad anal铆tica asignada a las unidades de la econom铆a popular (UEP)[1] y, dentro de ellas, especialmente a las unidades comunitarias de la econom铆a popular (UCEP), al desdibujar los entornos m谩s extensos, posee efectos distorsivos: presenta a la econom铆a popular como un sector aislado del resto de la econom铆a (y del resto de la sociedad). Pero esta dista de ser la condici贸n real de la econom铆a popular.

Por el contrario, los vasos comunicantes o los cruces entre la econom铆a popular y el sector capitalista convencional predominante son innumerables. El aislamiento anal铆tico de la econom铆a popular tiende ocultar las profundas asimetr铆as econ贸micas y sociales. No da cuenta de las relaciones de explotaci贸n y dominaci贸n. Por eso, cuestionamos los enfoques descontextualizados y las visiones basadas en la 鈥渁utosuficiencia de la pr谩ctica鈥 que, en general, producen materiales y discursos de baja criticidad que perjudican los procesos de auto-percepci贸n de los y las protagonistas de las experiencias de econom铆a popular: dirigentes, referentes, activistas y bases.

En el universo de la econom铆a popular pueden observarse tendencias que rechazan los ejercicios orientados a formalizar la reflexi贸n en el plano te贸rico. Creemos que esto conspira contra las din谩micas constitutivas de una teor铆a global de la econom铆a popular al inhibir las posibilidades de un contraste con otras teor铆as, ya sean cr铆ticas o no.

El empirismo mella el fil贸n cr铆tico de la econom铆a popular. Ese fil贸n cr铆tico es clave para no dar por supuesto al sistema capitalista, para no considerarlo un sistema eterno e inmutable, para plantearse el horizonte de la transformaci贸n estructural de la sociedad capitalista, para contribuir a la conformaci贸n de bloques sociales emancipadores. Tambi茅n resulta indispensable para asumir la necesidad de reformular categor铆as como salario, renta y ganancia y para repensar formas alternativas de distribuci贸n del producto social. La econom铆a popular ser谩 una econom铆a cr铆tico-pr谩ctica o no ser谩.

Proponemos un abordaje de la econom铆a popular a partir de una mirada macro y multiescalar. Asimismo, proponemos insertar la reflexi贸n sobre la econom铆a popular en los marcos de una hip贸tesis transicional (y una teor铆a de la transici贸n) hacia sistemas econ贸mico-sociales poscapitalistas. En esta l铆nea intentamos aportar algunos insumos de cara al debate sobre los fundamentos de un proyecto pol铆tico emancipador y sobre el sujeto social capaz de impulsarlo y sostenerlo.

La econom铆a popular remite a un universo pr谩cticamente inabarcable compuesto de experiencias y din谩micas muy variadas. La heterogeneidad es uno de sus signos m谩s caracter铆sticos. La pregunta sobre la econom铆a popular es una pregunta por lo realmente existente pero tambi茅n por el poder ser y por el deber ser, por el acto y la potencia, por la presencia y la latencia. De esta manera, todo relato sobre la econom铆a popular est谩 obligado a las definiciones m铆nimas, a los esfuerzos por delimitar (anal铆tica y pol铆ticamente) un campo. Como las definiciones y la delimitaci贸n crean sentido, el campo de la econom铆a popular deviene un campo de disputa que, en 煤ltima instancia, es pol铆tica.

 

驴Econom铆a social o econom铆a popular?

驴Por qu茅 optamos por el concepto de econom铆a popular en lugar de hablar de 鈥渆conom铆a social鈥, 鈥渟ocioeconom铆a solidaria鈥, 鈥渆conom铆a social y solidaria鈥, 鈥渆conom铆a del trabajo鈥, entre otros similares y emparentados? Pensamos lo popular en un sentido fuerte, como una categor铆a pol铆tica de dimensiones clasistas, culturales y ut贸picas. No concebimos lo popular como una categor铆a 鈥渋dealista鈥 o meramente descriptiva de un actor social subalterno, plebeyo.

El concepto de econom铆a social se nos presenta m谩s general y abstracto y con predominio de aspectos puramente descriptivos. La econom铆a social, usualmente, hace referencia a un 鈥渟ector鈥 (o una segmentariedad) de la econom铆a que no es el Estado ni el mercado pero que no les cuestiona el predominio ni se propone como alternativa.[2] La econom铆a social, por lo general, tiende a impulsar iniciativas productivas en 谩reas marginales y suele estar m谩s cerca de las visiones 鈥渃omplementaristas鈥 que promueven la creaci贸n de entornos econ贸micos y sociales 鈥減ara-capitalistas鈥 subordinados. Asimismo, se centra en lo espont谩neo y en lo emp铆rico y en el desarrollo de programas gubernamentales. En general, no se plantea la construcci贸n de un sector org谩nico alternativo al capitalismo. No asume horizontes contra-hegem贸nicos. Julia Mart铆 ha planteado que el concepto de econom铆a social suele quedar en un plano te贸rico 鈥測a que desde las propias pr谩cticas alternativas no se utiliza como forma de autodeterminarse鈥.[3]

Por supuesto, la econom铆a social y la econom铆a popular comparten algunos principios: solidaridad, complementariedad, sostenibilidad ambiental, equidad, justicia social, perspectiva de g茅nero, democracia econ贸mica y protagonismo popular. Este es un dato incontrastable. Pero estos principios, sin dudas loables, son harto flexibles y se prestan a m煤ltiples interpretaciones. No abonan necesariamente proyectos alternativos al capitalismo y al centralismo estatal. Por cierto, en muchas de sus expresiones, la econom铆a social reconoce como antecedentes a economistas liberales defensores del libre mercado como Le贸n Walras o John Stuart Mill, junto a otros que impulsaron el asociativismo de la clase trabajadora en los marcos del sistema capitalista, o a los cultores de un cooperativismo integrado.

Generalmente, los planteos realizados desde la 鈥渆conom铆a social鈥 o 鈥渓a econom铆a social y solidaria鈥 sobredimensionan los aspectos pasivos (adaptativos) de las estrategias de supervivencia de las clases subalternas y oprimidas. De esta manera, a la hora de analizar el universo asociativo plebeyo, pesan m谩s los efectos colaterales de la expansi贸n de capital, cobran relevancia los procesos de reconfiguraci贸n posfordistas del mercado laboral, la conformaci贸n de mercados de trabajo polarizados y heterog茅neos, las estrategias de 鈥渟ubcontrataci贸n competitiva鈥 o la flexibilizaci贸n de los sistemas empresariales y del trabajo. Tambi茅n la 鈥渄eflaci贸n salarial鈥 provocada por el incremento de la fuerza laboral activa a partir de la expansi贸n de acumulaci贸n capitalista en China y en la India.

Por otra parte, el sentido del trabajo que priorizan estos planteos est谩 relacionado exclusivamente con las actividades generadoras de ingresos. La econom铆a de los y las de abajo, aparece asociada a las respuestas espont谩neas y hasta desesperadas contra el desempleo y la pobreza. Tambi茅n al cuentapropismo y los micro-emprendimientos individuales, las 鈥渃hangas鈥 o similares.

En el caso de la econom铆a popular, cobran una dimensi贸n relevante aspectos absolutamente diferentes. La econom铆a popular se presenta como un conjunto de praxis colectivas (un archipi茅lago de experiencias) con potencialidades contra-hegem贸nicas. Praxis capaces de realizar aportes significativos en el sentido de la superaci贸n del capitalismo y brindar elementos para la consolidaci贸n de matrices de desarrollo alternativas, de car谩cter 鈥渁ut贸nomo鈥, 鈥渆nd贸geno鈥, 鈥渕ultidimensional鈥. Se emparenta con el uso racional de los factores productivos y la reproducci贸n ampliada (y transgeneracional) de la vida. La econom铆a popular plantea, entonces, la necesidad de desarrollar una conciencia y una voluntad popular.

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Las diversas formas de propiedad social/colectiva; la autogesti贸n; la gesti贸n directa, consciente y creativa de los trabajadores y las trabajadoras; la sustentabilidad de sus actividades, son algunos de los rasgos m谩s caracter铆sticos y definitorios de la econom铆a popular. Es decir, el car谩cter popular vinculado a lo no capitalista, a lo anticapitalista, a lo desmercantilizador y lo radicalmente democr谩tico.

Los antecedentes que la econom铆a popular reconoce remiten al asociativismo popular y plebeyo (te贸rico y pr谩ctico), a las tradiciones cooperativistas cr铆ticas, comunales, a los diversos experimentos de autogesti贸n y autogobierno popular, al 鈥渟ocialismo pr谩ctico鈥 y al 鈥渃omunismo desde abajo鈥. En cuanto al sentido del trabajo, cabe destacar que, para la econom铆a popular, los aspectos identitarios adquieren relevancia junto a las pr谩cticas alternativas al trabajo asalariado capitalista.

En un plano m谩s general, la econom铆a popular no deja de ser una respuesta al car谩cter cada vez m谩s parasitario del capital. Una respuesta al agotamiento de los criterios de racionalizaci贸n de la econom铆a basados en la ley del valor. Una respuesta al abandono del capitalismo de toda funci贸n progresiva respecto de las fuerzas productivas y la erradicaci贸n de la escasez. Una respuesta a la brecha creciente entre valor y riqueza.

Una respuesta que suele ser confusa, incoherente, impregnada de un conjunto de elementos propios del capital. Esta condici贸n, en buena medida, responde al car谩cter intersticial de la econom铆a popular. Y si bien no toda experiencia de econom铆a popular constituye per se una alternativa al capitalismo ocurre que por las caracter铆sticas que le son inherentes esa posibilidad de devenir alternativa est谩 siempre latente.

La econom铆a popular remite a formas de producci贸n, distribuci贸n, intercambio y consumo basadas en el respeto al trabajo y a la naturaleza. Se trata de formas que intentan organizar colectivamente los modos de acrecentar y utilizar los valores de uso. La econom铆a popular, tal como la entendemos, aspira a que el trabajo muerto no domine al trabajo vivo, a que el trabajo abstracto no domine al trabajo concreto, a que el producto excedente no devenga plusval铆a, a que el valor de cambio no domine al valor de uso, a que los productos no est茅n f铆sicamente separados de los productores. En un plano muy b谩sico, pero altamente significativo, la econom铆a popular busca evitar que las cosas se vuelvan contra las personas y contra la naturaleza.

En este nivel general, en este plano b谩sico, la econom铆a popular puede verse como la expresi贸n que asume en nuestro tiempo la 鈥渆conom铆a moral鈥 de los y las de abajo. La misma que supo identificar, rastrear y analizar el historiador ingl茅s Eduard P. Thompson.[4]

Por supuesto, tambi茅n concebimos a la econom铆a popular como un conjunto de estrategias de subsistencia de un sujeto subalterno y oprimido (plebeyo, popular) que presupone la centralidad de la vida y no del capital. Se trata de estrategias que, en la pr谩ctica, indirectamente y de manera espont谩nea, cuestionan la l贸gica del capitalismo que consiste en transformar la fuerza de trabajo, las condiciones y medios de trabajo y subsistencia en mercanc铆a.

 

La financiarizaci贸n del capital

Muchos economistas hablan de cambios en el capitalismo mundial a partir de 2001 y 2008: la irrupci贸n de China con su 鈥減roductividad suprapromedial鈥, la crisis econ贸mica mundial. Identifican una etapa pos-neoliberal. Esto puede ser cierto. Pero, de todos modos, consideramos que esos cambios, con lo que puedan tener de rupturistas respecto de la etapa anterior en ciertas esferas (la tecnol贸gica por ejemplo), siguen inscribi茅ndose en algunas coordenadas generales del neoliberalismo. O sea, nos cuesta pensar al capitalismo de 鈥減lataforma鈥, de 鈥渇ranquicia鈥, el capitalismo 鈥渦berizado鈥, al capitalismo 鈥渞ent铆stico鈥 y al modelo de ganancias sin acumulaci贸n, por fuera de una l铆nea de continuidad con algunos procesos inaugurados en la d茅cada del 80. Lo vemos m谩s como una profundizaci贸n de tendencias que ya estaban presentes en los tiempos del 鈥渃onsenso de Washington鈥, que contaron con la inestimable colaboraci贸n de nuevas tecnolog铆as relacionadas, por ejemplo, con el desarrollo del big data, la inteligencia artificial, entre otras. Entonces, se profundizan las tendencias a la subcontrataci贸n competitiva, a la internacionalizaci贸n de las cadenas productivas, a la automatizaci贸n, a una mayor adaptaci贸n del trabajo a los requerimientos del capital. Pudo haber cambios en la esfera de la regulaci贸n. Pero no estamos seguros de que esos cambios sean lo suficientemente significativos para hablar de pos-neoliberalismo. Por su parte, la expansi贸n econ贸mica y geopol铆tica China reproduce todas las taras de la explotaci贸n imperialista. Las relaciones de China con los pa铆ses del 鈥渟ur global鈥 no hacen m谩s que perpetuar la dependencia de estos. Asimismo, vale tener presente que el neoliberalismo de las d茅cadas del 80 y el 90 no fue tan desregulado como se pretende, sobre todo en los pa铆ses centrales.

Luego, no creemos que el neoliberalismo sea un 鈥渙rden鈥 del cual se pueda entrar y salir con tanta facilidad. Sobre todo salir. Se suele sostener que los gobiernos dizque progresistas en Am茅rica Latina 鈥渟alieron鈥 del neoliberalismo y que los gobiernos de derecha que los sucedieron 鈥渋ngresaron鈥 nuevamente en 茅l. La confianza de algunos sectores en el retorno del progresismo para volver a salir del neoliberalismo se mantiene inc贸lume. La superficialidad es uno de los rasgos m谩s notorios de este tipo de afirmaciones.

La hegemon铆a del capital financiero, lo que Carlo Vercellone denomin贸 鈥渄evenir renta de la ganancia鈥,[5] marca una continuidad de fondo, estructural. El capital financiero es la forma m谩s depredadora del capital. B谩sicamente porque se trata de una forma rent铆stica. Las finanzas se alimentan de la ganancia no acumulada, no reinvertida en capital. El capital financiero extrae plusval铆a por fuera de los espacios espec铆ficos del proceso de producci贸n; es decir, extrae plusval铆a de 鈥渓a vida鈥. Sus estrategias para multiplicar los 谩mbitos de extracci贸n de plusval铆a son de lo m谩s variadas y sofisticadas, el capital financiero busca anclar la reproducci贸n social en pr谩cticas como el endeudamiento, la monetizaci贸n, el consumismo, la privatizaci贸n.

Adem谩s de los grandes motores de la financiarizaci贸n: flujos a escala, intereses de deuda, pr茅stamos bancarios a gran escala, inversiones en mercados burs谩tiles, existe una financiarizaci贸n por abajo a partir de la bancarizaci贸n masiva y la expansi贸n de los 谩mbitos y agentes del capital generadores de inter茅s. El capital financiero adquiere 鈥渃apilaridad鈥 a trav茅s del consumo endeudado del proletariado extenso (que incluye a una parte importante de los sectores asalariados, al precariado y al pobretariado, a los paupers que no se pueden mantener a partir de su 鈥渢rabajo necesario鈥).

De este modo el capital, al tiempo que se valoriza, va limitando las posibilidades de los 谩mbitos de reproducci贸n social como generadores de subjetividades cr铆ticas y como pilares de proyectos pol铆ticos alternativos. O sea, lo que tenemos frente a nuestras narices es el despliegue de una simultaneidad muy perversa: la realizaci贸n del capital y el ocultamiento (m谩s que la anulaci贸n) de la potencia popular por la v铆a de la fragmentaci贸n del trabajo que deja de jugar los papeles integradores caracter铆sticos del fordismo.

La financiarizaci贸n puede verse como una de las formas a las que recurre el capital para lograr que amplios grupos humanos, en teor铆a 鈥渆xpulsados鈥, de los diferentes sectores de la econom铆a formal (los trabajadores y las trabajadoras 鈥減otenciales鈥), se inserten en la forma-valor y resulten significativos para el proceso de acumulaci贸n.

La financiarizaci贸n ampli贸 las fuentes de plusval铆a, las directas y, sobre todo, las indirectas; aument贸 la 鈥渕asa de plusval铆a total鈥, gener贸 una 鈥渟ubjetividad financiera鈥. El alfa y omega del capitalismo es la extracci贸n de plusval铆a donde sea y como sea. 隆Todos, todas y todes a colaborar con el proceso de acumulaci贸n de capital! 隆Qu茅 nadie se quede afuera! La financiarizaci贸n contribuye a subordinar el trabajo al capital sin que medien los procesos de proletarizaci贸n caracter铆sticos del fordismo. La financiarizaci贸n acrecienta la capacidad del capital de metabolizar un sin fin de pr谩cticas humanas originadas por fuera de su l贸gica.

La importancia adquirida por la esfera de la circulaci贸n en los procesos de valorizaci贸n del capital hace posible que este 煤ltimo extraiga valor de la esfera misma del consumo y la reproducci贸n de la vida.

Resulta evidente que la econom铆a popular no puede soslayar las realidades impuestas por la financiarizaci贸n: la contradicci贸n entre la expansi贸n del capital financiero (junto con las formas de obtenci贸n pecuniaria derivada de los derechos de propiedad) y lo com煤n producido por las relaciones sociales es cada vez m谩s acuciante.

 

驴Reproducci贸n ampliada del capital o acumulaci贸n por desposesi贸n?

Si el capitalismo, a lo largo de casi dos siglos, se caracteriz贸 por un proceso de acumulaci贸n basado en la reproducci贸n ampliada; la etapa posindustrial (o neoliberal), coincidente con un completo proceso de mundializaci贸n capitalista, apela a formas de acumulaci贸n pret茅ritas en la b煤squeda por resolver su crisis. En estas condiciones, la reproducci贸n del capital ya no supone simplemente un aumento del proletariado.[6] La centralidad que adquieren los procesos de acumulaci贸n por desposesi贸n en el capitalismo actual indican que los procesos de subsunci贸n real al capital no se limitan a la incorporaci贸n de fuerza de trabajo.

Siguiendo algunos planteos de David Harvey, es posible afirmar que la econom铆a popular, m谩s que a las tradicionales l贸gicas de la reproducci贸n ampliada del capital, est谩 vinculada a los procesos de acumulaci贸n por desposesi贸n que marcan la t贸nica de la actual etapa del capitalismo signada por el extractivismo, la ruptura del r茅gimen salarial, la precarizaci贸n laboral y de la vida, por el neo-colonialismo, el neo-imperialismo, etc鈥

La econom铆a popular, como parte de la clase que vive de su trabajo, constituye un espacio propicio para pensar formas transicionales porque en ella adquieren resonancia los procesos de despojo. Las posibilidades de la econom铆a popular radican justamente en engendrar y proyectar las luchas contra el despojo.  Las propuestas que hacen centro en la agroecolog铆a, el respeto por la naturaleza y la democracia sustantiva conforman, en t茅rminos gramscianos, sus 鈥渘煤cleos de buen sentido鈥.

Entonces, hay una naturaleza distinta en la lucha de clases que plantea la econom铆a popular. Por esto mismo adquieren centralidad las luchas contra el agro-negocio y contra todas las formas de producci贸n de alimentos no sustentables, la defensa (y la recuperaci贸n) de los territorios campesinos e ind铆genas, los formatos descentralizados basados en la autogesti贸n y autogobierno de las comunidades.

En este sentido, siempre resultar谩 contraproducente pensar las reivindicaciones y las acciones necesarias de la econom铆a popular a partir de las l贸gicas caracter铆sticas de la etapa de la reproducci贸n ampliada. Si el horizonte de la econom铆a popular est谩 puesto en reconstruir la sociedad salarial del capitalismo de bienestar, chocar谩 con un obst谩culo hist贸rico ineludible: las condiciones para retornar al pleno empleo ya no existen, en buena medida porque el capitalismo se ha encargado de destruir las bases de aquella sociedad.[7]

Pensar la lucha de clases en las sociedades capitalistas estructuradas en el despojo implica observar nuevas conflictividades, identificar puntos de ruptura diferentes a aquellos predominantes medio siglo atr谩s. En la actualidad, si las luchas no logran conectarse y convertirse en momentos de triunfos contra los mecanismos de desposesi贸n, estar谩n destinadas a perderse en un oc茅ano de acciones reivindicativas fragmentadas contra un sistema preparado para metabolizarlas. Las luchas del proletariado extenso hoy requieren tener como horizonte la reproducci贸n ampliada de la vida.

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Entornos hostiles

Sin embargo, algo que a veces olvidamos los y las que defendemos a la econom铆a popular es que las iniciativas en donde no existe subordinaci贸n directa del trabajo al capital pueden contribuir a la subordinaci贸n indirecta (explotaci贸n indirecta). Este nos parece un tema crucial. Existen formas estructurales de subordinaci贸n y control del trabajo colectivo. El capital recurre a formas de reciclaje de la fuerza de trabajo de la econom铆a popular. La l贸gica de la valoraci贸n incesante puede reabsorber lo distinto.

Una de las caracter铆sticas de la financiarizaci贸n del capital es la notable interconexi贸n entre mercados formales, mercados informales y mercados ilegales. Esto redunda en una extraordinaria capacidad de volver 鈥減roductivas鈥 casi todas las esferas de la vida social. En tal sentido, no puede minimizarse el hecho de que los procesos de valorizaci贸n del capital se extienden incluso en las esferas de la econom铆a popular.

El capital, insistimos, posee una enorme capacidad metabolizadora. Por su l贸gica sist茅mica y por las estratagemas de algunos de sus agentes, hace que la fuerza de trabajo gastada en la producci贸n de valores de uso termine al servicio de la producci贸n de valores de cambio, que termine reinserta en un proceso de explotaci贸n y, por ende, de generaci贸n de plusval铆a. La explotaci贸n no consumada en el proceso de producci贸n puede ocurrir despu茅s, en el mercado capitalista. Lo que se produjo con modos no mercantiles, puede devenir mercanc铆a.

Al capital le interesa controlar la mercanc铆a fuerza de trabajo bajo cualquier forma. Ya sea bajo un r茅gimen laboral m谩s o menos 鈥渢radicional鈥 (pero hace tiempo con una tendencia a ser cada vez m谩s flexible y m谩s precario, dado que la ley de valor fundada en el tiempo de trabajo est谩 en crisis) o bajo relaciones aparentes de circulaci贸n que condicionan a los productores y las productoras 鈥渋ndependientes鈥. Incluso, a trav茅s de la generalizaci贸n de algunos 鈥減aquetes tecnol贸gicos鈥, los productores y las productoras independientes no s贸lo pueden terminar trabajando para el capital, sino como capital. Entonces: 驴de qu茅 clase de independencia estamos hablando?

La econom铆a popular, en contra del deseo de sus protagonistas principales, puede ser funcional a la estrategia del capital que pretende articular sus objetivos de acumulaci贸n con los objetivos de subsistencia. 驴Hasta qu茅 punto la econom铆a popular no contribuye a generar una redistribuci贸n del costo de la subsistencia al interior de la clase trabajadora, una redistribuci贸n del costo de la explotaci贸n entre los sectores explotados?

驴Hasta qu茅 punto la econom铆a popular no contribuye a resolver la contradicci贸n entre la acumulaci贸n capitalista y la subsistencia y reproducci贸n del conjunto de la clase trabajadora? No debemos olvidar esto. No son extra帽as las experiencias de la econom铆a popular que consumen insumos caros para vender productos baratos. Es m谩s, son muy comunes. 驴Acaso no existen unidades de la econom铆a popular, tanto urbanas como rurales, endeudadas con bancos, que producen para las transnacionales, que dependen de los insumos que proveen grandes corporaciones? 驴Acaso el autoabastecimiento de las unidades dom茅sticas no contribuye al predominio de los bajos salarios en diversas ramas de la econom铆a?

A la hora de pensar la econom铆a popular no debemos pasar por alto las funciones hist贸ricas que cumplieron las econom铆as de auto-subsistencia en el marco del capitalismo; c贸mo se comport贸 el capital frente a sectores que produc铆an por debajo de la media social y que invert铆an m谩s tiempo del trabajo socialmente necesario, que ten铆an un gasto de capital constante m谩s alto y un nivel de productividad menor, un ciclo de rotaci贸n del capital bajo, etc茅tera.

驴Qu茅 pasa cuando la econom铆a popular entra en contacto con otros sectores de la econom铆a capitalista? 驴C贸mo evitar la devaluaci贸n de los productos de la econom铆a popular? 驴Cu谩nta plusval铆a hay en los bienes que la econom铆a popular vuelca al mercado (trabajo no pago de personas ancianas, de mujeres, de ni帽os, ni帽as y ni帽es) que pasa a formar parte de la ganancia media del capital? 驴Cu谩nto aporta la econom铆a popular a la ganancia media del capital?

No puede ser muy 鈥減opular鈥 una econom铆a que solo sirve para que los y las pobres sobrevivan a costa de ellos mismos y ellas mismas, a costa del conjunto de la clase trabajadora. 驴Qu茅 significa que los y las pobres pueden y deben resolver aut贸nomamente sus propias necesidades?  驴Acaso esa resoluci贸n aut贸noma se puede concretar a trav茅s del emprendedorismo y el cuentapropismo, a trav茅s de la 鈥渙cupaci贸n aut贸noma鈥?

De la misma forma que en el actual sistema social del capital los l铆mites entre producci贸n y reproducci贸n son difusos y hasta inexistentes, los procesos de subsunci贸n formal y real al capital tampoco tienen l铆mites claros; al contrario, tienden a extenderse de la mano de renovadas formas de flexibilizaci贸n y extensi贸n de las jornadas de trabajo. Por eso mismo, el conjunto de respuestas de las clases populares frente a los procesos de despojo son un terreno pasible de ser metabolizado por el capital. Siempre existe esa tensi贸n. La autonom铆a de este conjunto de respuestas no se encuentra en su (aparente) lejan铆a con los n煤cleos de producci贸n de las cadenas de valor. Eso ser铆a pensar de una forma antidial茅ctica o, dicho de otro modo, subestimar las capacidades metab贸licas del capital como relaci贸n social.

Para disminuir los riesgos de confundir la transici贸n con la transacci贸n, un buen punto de partida puede ser pensar la transici贸n en clave de la actualidad del socialismo, del comunalismo o como quiera llamarse al sistema alternativo capaz de exceder la civilizaci贸n del capital y reemplazarla por otra. Tambi茅n es importante entender que, en el marco del capitalismo, la econom铆a popular, aunque pueda conquistar algunos territorios, siempre tendr谩 estrictos l铆mites estructurales y carecer谩 de posibilidades para desplegar todas sus posibilidades.

 

La econom铆a popular y el Estado

驴C贸mo puede la econom铆a popular desarrollarse en un contexto tan adverso como el que describimos? 驴C贸mo pueden evitar las unidades de la econom铆a popular ser funcionales al sistema capitalista?

Entre otras cosas la econom铆a popular debe generar 鈥渆cosistemas鈥 propios, redes no mercantiles de la producci贸n de lo com煤n (m谩s que 鈥渃adenas de valor propias鈥), redes cooperativizadas y comunizadas, circuitos de distribuci贸n propios que eliminen las intermediaciones, acuerdos intercooperativos, redes, etc. Especialmente redes de trabajo cooperativo y solidario que no integren solamente a los sectores m谩s din谩micos, comprometidos y concientes de la econom铆a popular y a los colectivos afines sino tambi茅n a diversos proyectos socio-comunitarios y en especial a esa parte de la clase trabajadora extensa que forma parte del indefinido universo del cuentapropismo. La producci贸n de entornos no mercantiles para el cuentapropismo resulta fundamental para el desarrollo de la econom铆a popular.

Habr谩 que pensar una relaci贸n entre un sector regido por l贸gicas reproductivas y otras acumulativas sin que el primero termine perjudicado por el segundo. Un objetivo fundamental para la econom铆a popular deber铆a estar orientado a alcanzar niveles altos de autonom铆a de la reproducci贸n social. En este aspecto creemos que el rol del Estado puede ser clave para que la econom铆a popular alcance esos niveles de autonom铆a de la reproducci贸n social.

Sabemos que el Estado act煤a como garante del valor de cambio. El Estado capitalista no sirve para implementar formas de gesti贸n alternativas de los recursos colectivos, de la vida. El desarrollo de la econom铆a popular est谩 condicionado por los marcos institucionales, por las jerarqu铆as institucionales. No tiene sentido cuestionar la ley del valor sin decir algo respecto de las instituciones encargadas de garantizar su funcionamiento.

Una econom铆a popular subordinada al Estado (a este Estado) no producir谩 mandatos, y si por azares del destino los produjera, no estar谩 en condiciones de sostenerlos. Una concepci贸n emancipadora de la econom铆a popular no puede soslayar la cr铆tica del Estado capitalista y los v铆nculos verticales que promueve. Pero鈥 si bien no hay que subestimar el grado de integraci贸n del Estado a la din谩mica del capital, tampoco hay que sobrestimarla.

驴Cu谩l ser铆a el espacio para la integraci贸n y articulaci贸n de las diferentes experiencias de micro gesti贸n? 驴C贸mo garantizar un ordenamiento de las distintas experiencias productivas y las m煤ltiples formas de propiedad? 驴Cu谩l ser铆a el 谩mbito para la macro gesti贸n de la econom铆a popular?

En primera instancia no nos parece descabellado pensar en un Estado, un nuevo Estado, un Estado rehecho desde abajo, abierto y autogestionario, que exprese otras relaciones de fuerzas. Que exprese otra condensaci贸n material de las relaciones de fuerza. Un Estado asentado sobre una sociedad civil popular densa, potente y dirigido por un gobierno popular. Un Estado no co-constitutivo del capitalismo. Un Estado que favorezca el acceso a cada vez m谩s medios de producci贸n para los actores y las actrices de la econom铆a popular y que, por supuesto, garantice la protecci贸n del trabajo.

Un Estado capaz de producir din谩micas de mutua implicancia, sinergias que favorezcan la articulaci贸n de los diversos actores de la sociedad civil popular. Un Estado que, entre otras medidas, detente el control del comercio exterior, de los puertos, de la banca, etc. Un Estado que asuma el control de los sectores estrat茅gicos de la econom铆a y que haga de ese control estatal un control social-popular, un control democr谩tico, no burocr谩tico. Un Estado que evite que la libertad sea utilizada para producir alguna desigualdad. Un Estado capaz de articular y reorientar y movilizar las capacidades productivas y todos los recursos de la Naci贸n.

Las posibilidades de la econom铆a popular para trascender el campo (y el horizonte) del micro experimento y de la micro gesti贸n y para erigirse en sector dinamizador de una alternativa sist茅mica no har铆an m谩s que acrecentarse en articulaci贸n con un Estado de estas caracter铆sticas. Un Estado que genere un marco institucional y regulatorio favorable a la econom铆a popular y desfavorable para los monopolios privados. Un Estado que le cree 鈥渁ctivos鈥 directos a la econom铆a popular. Un Estado que le facilite a las unidades de la econom铆a popular el acceso a los medios de producci贸n. Un Estado coautor de mercados alternativos, que financie la construcci贸n de centros de procesamiento, de almacenamiento, etc. Un Estado que promueva la propiedad social y comunitaria de los medios de producci贸n y que tenga la capacidad de orientar la ley del valor, de darle un contenido que est茅 en funci贸n de los intereses populares. Un 鈥淓stado comunal鈥 afirmado sobre el 鈥減oder popular鈥. Otro Estado. Otras instituciones.

Consideramos que la Econom铆a popular debe articularse con la planificaci贸n econ贸mica desde abajo en especial con m茅todos de Planificaci贸n Estrat茅gica Situacional (PES),[8] esto es, con una concepci贸n de la planificaci贸n democr谩tica, no determin铆stica ni tecnocr谩tica, distante de la que desarrollaron los 鈥渟ocialismos reales鈥, fundada en un modelo (y una teor铆a) de la transici贸n al poscapitalismo diferente a la que el socialismo adopt贸 en el siglo XX.

Por otra parte, este tipo de planificaci贸n puede cubrir todas las carencias de la econom铆a popular, tanto las relacionadas espec铆ficamente con falta de capital constante y tecnolog铆a, con la baja productividad y el intercambio informal como las relacionadas con aspectos contables, legales, administrativos, etc., en fin, con los huecos 鈥済erenciales鈥 de la econom铆a popular. Diversas experiencias (en la Argentina y en resto del mundo), muestran una notable correlaci贸n entre la participaci贸n comunitaria y el grado de eficiencia de diversos programas estatales relacionados con la econom铆a popular.

El debate sobre la econom铆a popular, si pretende adquirir profundidad, no puede soslayar temas tales como la planificaci贸n y el papel del Estado y del mercado en la nueva sociedad.

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Una distribuci贸n de los fondos p煤blicos que otorgue prioridad a los sectores vinculados a los medios de reproducci贸n y a los sectores autogestionados, el financiamiento especializado y focalizado en unidades de la econom铆a popular, las compras p煤blicas, la inclusi贸n de cl谩usulas sociales en los mecanismos de licitaci贸n, los precios preferenciales para los servicios b谩sicos y otros subsidios, el suministro de servicios sociales b谩sicos, la cesi贸n de infraestructuras, materiales para la construcci贸n, insumos, el apoyo t茅cnico, el desarrollo de un conjunto extenso de pol铆ticas compensatorias, etc., pueden ser pasos muy importantes, pero sin intervenciones m谩s profundas, ser谩n insuficientes para erigir un nuevo sistema econ贸mico y productivo.

Sin lugar a dudas, ser铆a muy fruct铆fero encarar esta reflexi贸n sobre la transici贸n sali茅ndose de la dicotom铆a estatismo-antiestatismo, o Estado malo y sociedad civil popular buena. Decimos, repensar el Estado como campo de autodeterminaci贸n. 驴Todo Estado, indefectiblemente, es la ant铆tesis de la autodeterminaci贸n? Afirmar que todo Estado per se es la ant铆tesis de la autodeterminaci贸n es, por lo menos, simplista. Y, en determinadas circunstancias hist贸ricas, pol铆ticamente irresponsable. Hay que hacerse cargo de ese tipo de afirmaciones y ofrecer medios m谩s eficaces para proteger a la sociedad civil popular de los embates del mercado y los monopolios privados. 驴De qu茅 sirve impugnar al Estado capitalista y proclamar el abolicionismo, desde territorios desorganizados e incapaces de hacer sentir todo el rigor de sus demandas?

El sesgo marcadamente estatista (o 鈥渆statalista鈥) de muchas concepciones de la econom铆a popular 鈥搖no de los datos m谩s negativos鈥 no deber铆a generar respuestas especulares, binarias y poco dial茅cticas. Nos referimos a las concepciones que, en lugar de priorizar la autonom铆a de las organizaciones populares, conf铆an ciegamente en las ventajas de la integraci贸n, reproducen l贸gicas y ret贸ricas estatales. Una integraci贸n que reniega de toda disputa estrat茅gica. Esa integraci贸n anticipada, no hace m谩s que reproducir al viejo Estado y fortalecer sus aristas m谩s despolitizadoras y desorganizantes de la sociedad civil popular.

 

La necesidad de un proyecto pol铆tico

La autodeterminaci贸n de las experiencias de la econom铆a popular es algo fundamental. Adem谩s, sin autodeterminaci贸n la autogesti贸n termina siendo un slogan vac铆o.

Existe una dimensi贸n pol铆tica de la econom铆a popular que pasa por generar un nuevo tipo de estructura de autoridad en el lugar de trabajo que puede repercutir sobre el sistema pol铆tico. Una estructura de poder popular que le dispute el comando al capital, en las f谩bricas s铆, pero sobre todo en los territorios que cada vez se tornan m谩s significativos: los suburbios, los barrios, las calles, algunas zonas rurales. En concreto, la econom铆a popular deber铆a pensarse en relaci贸n a nuevas racionalidades no s贸lo econ贸micas, sino tambi茅n pol铆ticas: nuevas gubernamentalidades.

Pero esa autodeterminaci贸n tiene que superar la 鈥減rosa de parte鈥 para afectar la totalidad dominante. Ser谩 imprescindible gestar organizaciones m谩s amplias que den cuenta del conjunto de los intereses de la clase trabajadora, que tengan la capacidad de resignificar la relaci贸n capital-trabajo en una escala macro y no conformarse con las resignificaciones en escala micro. Organizaciones pol铆ticas. La econom铆a popular necesita un proyecto pol铆tico com煤n que dignifique sus pr谩cticas diversas.

Un proyecto propio que aporte claridad y confianza, para que las organizaciones populares y los movimientos sociales dejen de sentirse parte de proyectos ajenos que no han hecho m谩s que profundizar el modelo extractivista y concentrador. Proyectos ajenos que, en el mejor de los casos, tienen reservado para la econom铆a popular un sitio marginal donde esta no perturbe y sirva a los intereses del gran capital financiero, industrial, terrateniente, comercial, etc.

En las 煤ltimas dos d茅cadas, en Argentina y en otras partes de Nuestra Am茅rica, ha adquirido una gran visibilidad la contradicci贸n entre la ambici贸n del horizonte estrat茅gico asumido por las organizaciones populares y los movimientos sociales, y el raquitismo de sus opciones pol铆ticas. Por un lado han llamado a resistir al modelo econ贸mico hegem贸nico y por el otro han prestado apoyo a las alianzas pol铆ticas y los gobiernos que lo impulsaban. Es menester continuar elaborando un balance del ciclo de luchas antineoliberales y los obst谩culos para convertir esa energ铆a insurreccional en elementos de cambio estructural, m谩s all谩 de la absorci贸n de un conjunto de demandas por parte de los Estados.

Muchas organizaciones del campo, por ejemplo, han planteado como eje de su programa la reforma agraria popular, la diversificaci贸n productiva, la soberan铆a alimentaria; han desarrollado campa帽as sobre los efectos ecol贸gicos del extractivismo; pero al mismo tiempo han buscado integrarse en un bloque hist贸rico que rechaza de plano esos ejes a los que los considera verdaderos anatemas y que santifica la propiedad privada y el 鈥渄esarrollo鈥 a partir del agro-negocio. Se han identificado con gobiernos promotores del monocultivo y han participado en 谩reas de gesti贸n estatal.

Sin embargo, la prescindencia de apoyo a gobiernos neodesarrollistas no fue garant铆a de poseer herramientas de construcci贸n estrat茅gica mucho m谩s s贸lidas. En el estrecho margen que los progresismos dejaron para un horizonte emancipatorio, los senderos a caminar por fuera de la grieta entre el posibilismo y la derecha retr贸grada se convirtieron en un terreno fangoso donde las organizaciones populares se acostumbraron a convivir con la fragmentaci贸n y falta de creatividad pol铆tica.

El combate de las estrategias de los monopolios privados en un nivel micro y la falta de cuestionamiento concreto en nivel macro, entre otras flagrantes contradicciones puede (y debe) verse como el signo de la ausencia (y de la imperiosa necesidad) de un proyecto pol铆tico propio de y para el proletariado extenso. Si no se conforman bloques hist贸ricos emancipadores, pol铆ticamente dirigidos por las clases subalternas y oprimidas, toda conquista relacionada con las condiciones materiales tendr谩 como contrapartida una gran derrota pol铆tica y cultural que no har谩 m谩s que reforzar la resignaci贸n y la integraci贸n al sistema.

El futuro de la econom铆a popular depende de un cambio en las correlaciones de fuerza, en la sociedad y el Estado. En el largo plazo, la sostenibilidad de la econom铆a popular es un asunto a dirimir pol铆ticamente. Al mismo tiempo, la econom铆a popular puede contribuir decididamente a modificar esas correlaciones de fuerza. En el corto plazo, la econom铆a popular puede garantizar un m铆nimo de sostenibilidad. El acceso m谩s o menos directo a los 鈥渕anantiales de la riqueza鈥 (tierra y trabajo, seg煤n la cl谩sica definici贸n de Marx), el auto-control de los procesos de trabajo y el tiempo, un sujeto formado en la organizaci贸n colectiva del trabajo y, en algunos casos, un sujeto comunal o comunero y por lo general familiarizado con pr谩cticas deliberativas, constituyen ventajas estrat茅gicas.

Se trata de pensar la econom铆a popular en t茅rminos de construcci贸n de una nueva hegemon铆a. Porque las posibilidades contra-hegem贸nicas de la econom铆a popular dependen de los proyectos globales.

Finalmente, son los proyectos pol铆ticos los que otorgan sentido a las pr谩cticas y las dignifican. Las experiencias aisladas, auto-referenciales, dif铆cilmente puedan convertirse en manantial de sentido. Si no se concibe al mundo a la luz de la redenci贸n de los y las de abajo, todo se reduce a la administraci贸n del mundo tal cual es, a la gesti贸n de los ciclos econ贸micos del capital; atrasando la desmejora del sistema, en el mejor de los casos. Si no se asume como horizonte la construcci贸n de una alternativa al capitalismo, si no se ponen en juego fundamentos hegem贸nicos alternativos, dif铆cilmente un experimento de la econom铆a popular pueda convertirse en semilla de socialismo. Una cosa es pensar a los n煤cleos de la econom铆a popular como trincheras materiales y sociales en una guerra de posiciones y otra muy distinta es concebirlas como complementos de una alianza neo-ricardiana entre capital y trabajo.  Si la econom铆a popular se piensa en funci贸n de la confianza en la posibilidad de un nuevo compromiso entre capital y trabajo, si se la subsume en el orden de las pol铆ticas p煤blicas, si carece de toda perspectiva contra-hegem贸nica, se malogran sus capacidades de invenci贸n social.

La emancipaci贸n humana ha sido definida como el salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. Pero el reino de la necesidad inhibe de mil modos ese salto. No lo favorece jam谩s. La econom铆a popular puede verse como el conjunto de intervenciones sobre el reino de la necesidad orientadas a generar las condiciones para que el 鈥渟alto鈥 al reino de la libertad (de todos juntos, todas juntas, todes juntes) sea posible.

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(*) El presente texto es un fragmento de la 鈥淚ntroducci贸n鈥 al libro 驴Qu茅 es la econom铆a popular? Experiencias voces y debates, publicado recientemente por la Editorial El Colectivo, en el que participan: Juan Grabois, Dina S谩nchez, Esteban 鈥淕ringo鈥 Castro, Diego Gandini, Magda Garnica Flores, Sof铆a Mena, Rosal铆a Pellegrini, Diego Mont贸n, Malena Hopp, Oscar Soto, Mariano Pacheco, Eva Verde, Andr茅s Ruggieri, Santiago Gonz谩lez Arzac, Dar铆o Azzellini, Alioscia Castronovo, Enrique Mart铆nez y Ariel Penisi.

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Pedidos o consultas: https://editorialelcolectivo.com/producto/que-es-la-economia-popular/

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Notas

[1] Utilizamos la noci贸n de 鈥渦nidades de la econom铆a popular鈥 (UEP), para hacer referencia a experiencias concretas de la econom铆a popular, puede ser una cooperativa, u otra. Las unidades comunitarias de la econom铆a popular (UCEP) forman parte de la las UEP, junto con otras no-comunitarias, individuales y hasta peque帽o-patronales. Luego, hay que tener en cuenta que la cooperativa suele ser la figura m谩s a mano que tienen las UEP para adquirir alg煤n grado de formalidad. Por ejemplo, el grueso de las empresas recuperadas se constituyeron en cooperativas. Para identificar las distintas actividades de la econom铆a popular seguimos el criterio tradicional de las diferentes 鈥渞amas鈥: reciclado, empresas recuperadas, textil e indumentaria, vendedores ambulantes, ferias populares, artesanos, cooperativistas de infraestructura social, campesinos鈥

[2] V茅ase: Lipietz, Alain: 鈥溌縌u茅 es la econom铆a social y solidaria?鈥. En: de Sousa Santos, Boaventura et al. (Organizadores), Desarrollo, eurocentrismo y econom铆a popular. M谩s all谩 del paradigma neoliberal, Caracas, Ministerio para la Econom铆a Popular, 2006.

[3] Mart铆, Julia, 鈥淐onclusiones鈥. En: Uharte, Luis Miguel y Mart铆 Comas, Julia (Coordinadores), Repensar la econom铆a desde lo popular. Aprendizajes colectivos desde Am茅rica Latina, Barcelona, Icaria-Antrazyt, 2019, p. 270.

[4] Thompson, Eduard P., La formaci贸n de la clase obrera en Inglaterra, Barcelona, Cr铆tica, 1989, Vol. 1 y 2.

[5] Vercellone, Carlo, 鈥淐risis de la ley del Valor y devenir renta de la ganancia. Apuntes sobre la crisis sist茅mica del capitalismo cognitivo鈥. En: Fumigalli, Andrea; Lucarelli, Stefano; Marazzi, Christian; Mezzadra, Sandro; Negri, Antonio y Vercellone, Carlo, La crisis de la econom铆a global. Mercados financieros, luchas sociales y nuevos escenarios pol铆ticos, Madrid, Traficantes de Sue帽os, 2009.

[6] Cfr. Marx, Karl, El Capital, Tomo I, Cap. 23, FCE, M茅xico, 1999, p. 518.

[7] A partir del interregno abierto por la pandemia en 2020, algunos an谩lisis confiaron en que la crisis sanitaria dejar铆a expuesto el fracaso del mercado como regulador de la vida social; incluso, llegaron a plantear un retorno al rol de los Estados nacionales como garantes de una sociedad librada a la desprotecci贸n. Lo que no han tenido en cuenta los discursos 鈥減rogresistas鈥 es que esos mismos Estados seguir谩n en bancarrota y sometidos al poder de las finanzas, con id茅nticos o incluso m谩s profundos problemas para garantizar la reproducci贸n del capital en sus pa铆ses. La vuelta a un 鈥渃apitalismo de derechos鈥 es una quimera anacr贸nica que, una y otra vez, muestra su car谩cter de espejismo.

[8] V茅ase: Matus, Carlos, Teor铆a del Juego Social, Buenos Aires, Universidad Nacional de Lan煤s, 2007.




Fuente: Contrahegemoniaweb.com.ar