January 26, 2022
De parte de La Haine
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No todos los votos tienen el mismo peso en el resultado final. Y eso en el caso de quienes logren llegar a las urnas. Pero el problema es m谩s grave

鈥淯na persona, un voto鈥, ha sido la aspiraci贸n y un lema de lucha para muchos estadounidenses. Tiene sentido el reclamo, si pensamos en el enredado sistema de Colegio Electoral que diluye la voluntad de las mayor铆as, y como consecuencia de lo cual, por ejemplo, en 2016 Donald Trump gan贸 la presidencia a pesar de haber obtenido menos votos populares que Hillary Clinton.

Sucede que no todos los votos tienen el mismo peso en el resultado final. Y eso en el caso de quienes logren llegar a las urnas. El problema es m谩s grave para quienes son privados de ese derecho, un fen贸meno que se conoce como supresi贸n del voto y que es tan antiguo en EEUU como la existencia misma del pa铆s.

Las conmemoraciones por el aniversario del natalicio de Martin Luther King esta semana estuvieron marcadas por reclamos contra la supresi贸n del voto. La familia del luchador por los derechos civiles, asesinado en 1968, encabez贸 el lunes la marcha anual en Washington D.C. que rinde homenaje a su legado. En esta ocasi贸n los participantes exigieron al Congreso aprobar una legislaci贸n que proteger铆a el derecho al voto ante las maniobras de determinados sectores (m谩s a la derecha que el gobierno) que buscan limitar la participaci贸n electoral.

Los dem贸cratas en el Capitolio, con el apoyo de un Joe Biden deseoso de cumplir alguna de sus promesas de campa帽a, est谩n impulsando dos proyectos de legislaci贸n: la 鈥淟ey de Libertad para Votar鈥 y la 鈥淟ey de Avance del Derecho al Voto John Lewis鈥, que buscan eliminar algunas de las restricciones vigentes (porque en este momento beneficia a los republicanos). Ampliar铆an la votaci贸n anticipada y por correo, convertir铆an el d铆a de las elecciones en un feriado nacional y pondr铆an freno al ‘gerrymandering’, palabra con que se conoce a la t茅cnica que manipula los distritos electorales.

Pero en un contexto de polarizaci贸n creciente y partidismo dentro del Congreso, esos proyectos han chocado con el rechazo de los republicanos. El mi茅rcoles en la noche esas propuestas fueron bloqueadas en el Senado. Y no se trata aqu铆 de buenos ni malos sino de costo o beneficio para ambas partes. Los mecanismos de supresi贸n del voto afectan m谩s a algunas minor铆as, negros, latinos, mujeres, pobres, que suelen respaldar mayoritariamente a candidatos dem贸cratas.

Este fen贸meno tiene una larga historia, que podemos rastrear, como dec铆a, hasta el surgimiento mismo de EEUU como pa铆s independiente. We the people, la frase con la que inicia la Constituci贸n, nunca incluy贸 a todas las personas.

Inicialmente pod铆an votar solo los hombres blancos con propiedades, en un sistema electoral dise帽ado para perpetuar en el poder a ciertos sectores, en aquel momento a las elites sure帽as. El requisito de propiedad se fue eliminando gradualmente, pero pasaron muchos a帽os antes de que los negros y las mujeres pudieran emitir un voto. Ni hablar de los indios, despojados de sus tierras, que solo fueron considerados ciudadanos estadounidenses en 1924.

El primer escollo es que EEUU no tiene una ley federal electoral. Por lo tanto, la forma en que se realiza todo el proceso depende de las regulaciones en cada uno de los estados. Como aclara el historiador Eric Foner, la Constituci贸n no otorga expl铆citamente a nadie el derecho al voto; los estados determinan la elegibilidad, y sus reglas y procedimientos var铆an enormemente. Con el tiempo, algunas enmiendas constitucionales han tratado de impedir que los estados limiten el sufragio.

Despu茅s de la Guerra Civil, la Enmienda 15, ratificada en 1870, prohibi贸 que los estados negaran el derecho a votar por motivos raciales. A帽os m谩s tarde, en 1920, la Enmienda 19 posibilit贸 el voto para las mujeres. Pero en un escenario donde las elecciones y sus reglamentos son locales, se han desarrollado m煤ltiples formas para limitar la participaci贸n.

La Enmienda 15 fue burlada con las llamadas leyes Jim Crow, que institucionalizaron la segregaci贸n racial y la supremac铆a blanca con aquello de 鈥渟eparados pero iguales鈥. Muchos estados, sobre todo sure帽os, comenzaron a exigir desde pruebas de alfabetizaci贸n hasta el pago de un impuesto para que las personas pudieran votar; una manera velada de impedir que afroamericanos o pobres ejercieran su derecho constitucional. Tambi茅n hubo mecanismos menos sutiles, como miembros del Ku Klux Klan y otros grupos de odio que imped铆an, con intimidaci贸n o con violencia armada, que potenciales votantes afroamericanos llegaran a las urnas.

Despu茅s de una larga lucha y casi cien a帽os de historia, en 1965 se aprob贸 la Ley de Derecho al Voto. A partir de entonces, los mecanismos de supresi贸n del voto se han transformado pero persisten, con el mismo objetivo que tienen desde su surgimiento: mantener en el poder a ciertos grupos impidiendo la participaci贸n de otros.

Un fallo de la Corte Suprema en el a帽o 2013 anul贸 una parte clave de la hist贸rica ley del 65, pues liber贸 a los estados del sur de la supervisi贸n federal sobre sus leyes electorales. Se hab铆a establecido esa supervisi贸n para evitar que los estados que hab铆an tenido leyes Jim Crow utilizaran otros mecanismos para suprimir el voto negro. Pero la Corte decidi贸 que esa regulaci贸n era innecesaria.

Para que tengan una idea de lo que eso significa en la pr谩ctica, la Uni贸n Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) comparti贸 un listado con algunos de los m茅todos utilizados actualmente para impedir que ciertas personas puedan votar.

Una de las formas m谩s comunes es restringir los t茅rminos y requisitos del registro electoral; exigir documentos para probar la ciudadan铆a o la identificaci贸n, o limitar el per铆odo de tiempo en el cual los votantes pueden registrarse. Por ejemplo, de acuerdo con la ACLU, en 2011 Kansas defendi贸 una ley que exig铆a a los habitantes mostrar documentos de 鈥減rueba de ciudadan铆a鈥 para poder registrarse para votar, tales como un pasaporte o un certificado de nacimiento. Como resultado, la ley bloque贸 los registros de m谩s de 30 000 personas.

Otros estados van m谩s all谩, y han impuesto requisitos absurdos y sanciones severas para intimidar a los votantes. En Georgia, es delito ofrecer alimentos y agua a los votantes que hacen fila en las urnas, filas que en ese estado son habitualmente largas para las comunidades de afroamericanos donde hay menos centros de votaci贸n.

En algunos estados, las personas condenadas por alg煤n delito no pueden votar, lo cual tambi茅n afecta m谩s a negros o latinos, quienes constituyen la mayor铆a de la poblaci贸n penal en ese pa铆s. Las elecciones son en un d铆a laborable y han reducido las posibilidades para el voto anticipado y por correo. Hay que mencionar tambi茅n el efecto de la redistribuci贸n de distritos electorales y ‘gerrymandering’, a lo cual ya le dedicamos un comentario en este espacio.

De acuerdo con datos de la ACLU, algunos grupos se ven m谩s afectados. Por ejemplo, los condados con poblaciones minoritarias m谩s grandes tienen menos lugares de votaci贸n y trabajadores electorales por votante; el 25% de los estadounidenses negros en edad de votar no tienen una identificaci贸n con foto como exigen en algunos lugares; el 18% de los votantes con discapacidades f铆sicas reportaron dificultades para votar en persona en 2020.

Son solo algunos ejemplos para ilustrar de forma sint茅tica un fen贸meno extremadamente complejo en EEUU, un pa铆s que cuestiona sistemas electorales ajenos e incluso sanciona por ellos, mientras impide a millones de sus ciudadanos ejercer su derecho al voto.

Cubadebate




Fuente: Lahaine.org