April 21, 2021
De parte de Lobo Suelto
348 puntos de vista


1- El realismo estrecho se ha esparcido por el entero campo de lo pol铆tico. La ostensible ausencia de una imaginaci贸n constituyente, capaz de pensar de otro modo, despej贸 el terreno para la expansi贸n de esta doctrina ideol贸gica sencilla, que enuncia que s贸lo hay lo que hay. Planicie que admite, en todo caso, diferencias de grados -nunca de naturaleza. Diferencias que se resumen en actitudes o disposiciones, las de tipo defensivo y ofensivo. Son ellas las que animan la polarizaci贸n. Son diferencias que refieren a los modos de gestionar el com煤n sometimiento a una tendencia que se presenta irrevocable: m谩s telecapitalismo y m谩s desigualdad. Distinciones y disputas sobre los criterios con los que se gestiona esta realidad inapelable. Polarizaciones que consisten en estados de 谩nimo, actitudes y posicionamientos que tienden a lo inconciliable. La opci贸n se da como esfuerzo de la sensatez contra la radicalidad. Como en otros sitios del mundo, se libran encarnizados enfrentamientos entre los defensores de una versi贸n moderada y defensiva -liberales y progresistas- que hacen de la propiedad privada un momento incuestionable pero compatible con proyectos de inclusi贸n, y los agresivos libertarios del goce de la posesi贸n -neoliberales y neofascistas-, de ret贸rica belicista, y ampliamente percibidos como exceso a contener, problema urgente y desaf铆o casi irresoluble.  

Este tipo de realismo envuelve en sus premisas a los principales contendientes. Y les impone una tarea imposible: sea la del dialogo y la mutua comprensi贸n, sea la de la resoluci贸n disciplinaria, de tipo represiva, capaz de limitar la inestabilidad cr贸nica. Tarea imposible, en la medida en que el consenso y la coacci贸n -categor铆as que en Gramsci supon铆an un proyecto hist贸rico y una vocaci贸n hegem贸nica- se vuelven operaciones inefectivas para pensar la descomposici贸n social y la reducci贸n ideol贸gica. 

En esta escena, la pregunta que comienza a tomar forma es todav铆a m谩s extrema: 驴cabe esperar de la pol铆tica as铆 formateada, otra cosa que impotencia, a medida que la crisis muestra su profundidad? Crisis sin precedentes, que se intenta presentar como s贸lo sanitaria, para mejor diferir la inmediatez de sus aspectos econ贸micos y sociales, y que hay que tomar muy en cuenta a la hora de considerar la impotencia del realismo moderado, as铆 como la exacerbaci贸n del delirio reaccionario. La ostensible imposibilidad de alcanzar la declarada intenci贸n del dialogo y el acuerdo, y la inviabilidad de la coerci贸n, que s贸lo tiene sustento en un contexto de agudizaci贸n de la lucha de clases, coloca al realismo pol铆tico al borde de la inoperancia. En medio de la pol茅mica por la suspensi贸n de las clases, que opone al presidente y al jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, circul贸 un meme que mostraba a Marx junto a la frase: 鈥渓as clases debieran suspenderse para siempre鈥.

2- Por lo dicho, vale la pena sustraerse por un momento de las coordenadas propias del realismo, dejar descansar las categor铆as del maquiavelismo revolucionario de Gramsci, y reflexionar, en todo caso, sobre la precondici贸n que toda pol铆tica debe tener en cuenta: la perdurabilidad del c铆rculo de la soberan铆a (forma legal del mando), entendida como capacidad de imposici贸n que deriva no s贸lo de las relaciones -nacionales- de fuerzas, sino tambi茅n y cada vez m谩s, del orden global en el que se inscriben. Como aconsejaba David Vi帽as, vale la pena ampliar la comprensi贸n de los episodios locales remiti茅ndolos a la din谩mica global. Como 茅l mismo hacia, por ejemplo, con la batalla de Pav贸n -con la que sue帽an in煤tilmente en estos d铆as Patricia Bulrich y Horacio Rord铆guez Larreta- que permit铆a al escritor de De los montoneros a los anarquistas, mediante el trazado de 鈥渇iguras an谩logas鈥, integrar la expansi贸n del mercantilismo porte帽o y la derrota de la 鈥渃ultura del cuero鈥 como parte integrante de las tendencias inapelables del poder transnacional.

Dicho c铆rculo, el de la soberan铆a, se define como violencia que se justifica en el derecho y como derecho que se sostiene materialmente a partir de la violencia. El orden jur铆dico que pretende el monopolio de la violencia, depende de la violencia que crea y conserva derecho. De Walter Benjamin a Jacques Derrida, la articulaci贸n entre la fuerza y la ley es tautol贸gica: la instancia legal que autoriza la violencia depende materialmente de la violencia que funda autoridad legal. Quedando excluida toda relaci贸n interna entre fuerza de ley, y cualquier consideraci贸n sobre lo que en el plano de las luchas y las aspiraciones se denomina justicia.

Los ejemplos m谩s claros que ofrece Benjamin en su 鈥淐r铆tica de la violencia鈥, son: el poder de polic铆a, en cuya acci贸n la violencia conserva el derecho al tiempo que lo crea, conjurando activamente toda violencia desligada, capaz de precipitar nuevos criterios de justicia; y el derecho a huelga (cuyo referente material es la huelga general) frente a la cual el Estado no puede sino actuar de modo ambivalente, reconociendo y temiendo la articulaci贸n potencial entre derecho y violencia obrera, fuerza capaz de romper la circularidad sobre la que se sostiene el orden. Es decir que la amenaza que acecha al orden jur铆dico proviene del interior mismo del derecho. La aparici贸n de una violencia desligada, capaz de ejecutarse en nombre de la justicia (un derecho a tener derecho), expone a los ojos de todo el mundo, en su sola acci贸n, la 芦s铆ntesis a priori禄 seg煤n la cual ley y violencia se recubren entre s铆, sin cuestionamiento alguno. Ese poder develador de la huelga general, sumado a su potencial revolucionario (Benjamin cita con admiraci贸n a Sorel), explican el temor que mueve e involucra al estado en habituales operaciones represivas destinadas al re-establecimiento de la redundancia del circulo entre violencia y orden jur铆dico.

Interesados por los per铆odos de ruptura desde abajo, Benjamin -en su referencia a la correlaci贸n entre estado de excepci贸n y tradici贸n de los oprimidos- y Derrida -en la postulaci贸n del momento no interpretable, en el que la violencia desligada act煤a seg煤n criterios que el poder no logra descifrar- piensan el instante m铆tico en el cual el orden jur铆dico resulta interrumpido, sin alcanzar a ser sustituido por alg煤n nuevo derecho. Dicha interrupci贸n, donde la acci贸n act煤a sin el amparo de la norma, coloca al sujeto ante la ley (a煤n por venir). Tanto para uno como para el otro, la acci贸n desligada amenaza al c铆rculo del mando desde dentro, como potencial irrupci贸n de sujetos dispuestos a reclamar su derecho a discutir el derecho -derecho cuyo momento m谩s denso se sigue representando en el propio Estado-.

3- En su comentario de la obra de Benjamin, Derrida imagina que la huelga general podr铆a realizarse v铆a inoculaci贸n de un virus que paralizara las comunicaciones, los ordenadores; un equivalente del sida que afectar铆a no los cuerpos sino la transmisi贸n del sentido. Su hip贸tesis cobra hoy una nueva actualidad. 驴Puede un virus desencadenar una fisura en el c铆rculo del derecho, haciendo emerger un nuevo 鈥渄erecho a discutir el derecho鈥? 驴Puede un virus, que a diferencia del de Derrida, cuestiona a los cuerpos y fortalece a los ordenadores, acentuar contradicciones sociales a punto tal de forzar la decisi贸n que interrumpe el continuo jur铆dico? Y si fuera as铆, 驴estamos seguros de que la interrupci贸n del orden ser铆a inmediatamente favorable a un momento emancipatorio?

El problema de la decisi贸n pol铆tica capaz de desconectar las relaciones directas e inmediatas entre fuerza y derecho, por efecto de la acumulaci贸n de tensiones, fue pensado bajo la forma de la dictadura por Carl Schmitt. El momento m铆tico deviene en 茅l espiritual, y la violencia normalizante act煤a siempre en funci贸n de reinstaurar el c铆rculo. 驴C贸mo diferenciaba Benjamin su propia idea de estado de excepci贸n generalizado, su propia proposici贸n de un momento m铆tico desde abajo? Oponiendo una concepci贸n diferente del momento m铆tico. Rechazando la violencia como fundamento del orden (que crea y/o conserva), el derecho a castigar que en el extremo deviene derecho a matar. Y postulando en su lugar una filosof铆a de la violencia desligada, puramente destructora, incapaz, sin embargo, de derramar sangre. Una violencia cuestionadora del estado de cosas, pero incapaz de sacrificar vida humana, considerada sagrada en tanto que portadora de un potencial de justicia. La destrucci贸n benjaminiana del c铆rculo desvincula el derecho del poder de matar, como condici贸n de una justicia que, sin embargo, por ser irreductible al derecho, no se deja 鈥渞econocer con certeza鈥, ni es del todo 鈥渆vidente鈥. Y no lo es -al menos seg煤n Derrida-, porque el propio lenguaje resulta afectado por esta violencia, destruyendo en 茅l todo lo que es relaci贸n medio/fin, signo/mediaci贸n, en favor de un nominalismo de las singularidades -poder de dar nombre a cada sujeto, a cada cosa-, abriendo las puertas a una justicia m谩s all谩 del derecho.

4- El peso de la pandemia sobre la crisis extrema una tensi贸n que el realismo pol铆tico s贸lo presenta como asunto de estilos, de formas de comunicaci贸n o, en el mejor de los casos, de criterios sanitarios. El realismo es la ideolog铆a que constri帽e a unxs y a otrxs a aceptar este campo estrecho de disputa. Siendo la estrechez misma la que impide que la polarizaci贸n se salga de curso, abriendo posibilidades, al lenguaje y a la escucha, de lo que merece ser dicho y escuchado. Se trata de una polarizaci贸n impermeable, incapaz de filtrar una imagen, una palabra que no se adec煤e al juego ultra judicializado de oficialismo-oposici贸n. 驴Ninguna chance de que la profundidad de la crisis obligue a transformar la gesti贸n de la crisis en un sentido enteramente favorable a las pr谩cticas de los cuidados, lo que implicar铆a transferir recursos econ贸micos y capacidad de decisi贸n al sistema p煤blico? La pol铆tica del realismo bloquea el dato problem谩tico esencial -la irrupci贸n de la pandemia como intensificador de la crisis- circunscripto, como est谩, a un lenguaje ya capturado. Pero entonces, son las l铆neas principales de politizaci贸n las que no encuentran cauce. Y lo que permanece fuera de foco, y fuera del lenguaje, son las conexiones elementales entre conflicto social y nuevas figuras de justicia. Lo que permanece impedido, en y por la trama del derecho, es la m谩s b谩sica necesidad de orientar la producci贸n de bienes en favor del disfrute p煤blico, y la reasignaci贸n de riquezas en un sentido igualitario. El realismo, cuando no es una secuencia necesaria de una pol铆tica de emancipaci贸n, se priva de esa comprensi贸n m谩s amplia -de la que hablaba Vi帽as-, que permite situar mediante figuras de analog铆a, la penetraci贸n del mitrismo, la derrota de las montoneras o la venganza de Sim贸n Radowitzky como episodios de significaci贸n global. El realismo desestima, y provoca un declive de lo pol铆tico. Declive que se extiende, bajo la forma de an谩lisis period铆sticos y comentarios justificatorios de red social, saberes acotados o directamente en sorderas. Indiferencia que, bien encauzada, podr铆a llevar a la pregunta sobre los derechos a nombrar cada cosa por su nombre.

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Fuente: Lobosuelto.com