April 26, 2021
De parte de La Haine
186 puntos de vista

Crisis capitalista y control social

La decisi贸n del presidente norteamericano Joe Biden el pasado 15 de abril de expulsar a 10 diplom谩ticos del Kremlin y de imponer nuevas sanciones contra Rusia por su alegada injerencia en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020 鈥 al cual ya reciproc贸 Rusia 鈥 se produjo pocos d铆as despu茅s de que el Pent谩gono realizara ejercicios navales frente a la costa de China. Las dos acciones representan una escalada de las agresiones con el af谩n de Washington de intensificar la “nueva guerra fr铆a” en contra de Rusia y China, llevando al mundo cada vez mas hacia la conflagraci贸n pol铆tico-militar internacional. La mayor铆a de los observadores atribuyen esta guerra instigada por EEUU a la rivalidad y la competencia por la hegemon铆a y el control econ贸mico internacional. No obstante, estos factores solo explican en parte esta guerra. Hay un cuadro mas amplio 鈥 que ha sido pasado por alto 鈥 que impulsa este proceso; la crisis del capitalismo global.

Esta crisis es econ贸mica, o estructural, de estancamiento cr贸nico en la econom铆a global. Pero tambi茅n es pol铆tica, una crisis de la legitimidad del Estado y de la hegemon铆a capitalista. Mientras el sistema se hunde en una crisis general del dominio de capital, miles de millones de personas alrededor del mundo enfrentan luchas por una supervivencia incierta y cuestionan un sistema que ya no consideran leg铆timo. En EEUU, los grupos dominantes se esfuerzan por desviar la inseguridad generalizada producida de la crisis hacia chivos expiatorios, tales como los inmigrantes o los asi谩ticos culpados por la pandemia, y hacia enemigos externos como China y Rusia. A la vez, las crecientes tensiones internacionales legitiman el aumento de los presupuestos miliares y de seguridad y abren nuevas oportunidades lucrativas mediante las guerras, los conflictos, y la extensi贸n de los sistemas transnacionales de control social y represi贸n de cara al estancamiento en la econom铆a civil.

Econ贸micamente el capitalismo global enfrenta lo que se llama en t茅rminos t茅cnicos la sobreacumulaci贸n. El capitalismo, por su misma naturaleza, produce una abundancia de riqueza, pero polariza esa riqueza y genera niveles cada vez mayores de desigualdad social en ausencia de pol铆ticas redistributivas. La sobreacumulaci贸n se refiere a una situaci贸n en la cual la econom铆a ha producido 鈥 o que tiene la capacidad de producir 鈥 grandes cantidades de riqueza, pero el mercado no puede absorber la producci贸n como resultado de las desigualdades. Los niveles de polarizaci贸n social global y la desigualdad registrados en la actualidad est谩n sin precedente. En 2018, el uno porciento mas rico de la humanidad control贸 mas que la mitad de la riqueza del mundo mientras el 80 porciento mas pobre tuvo que conformarse con apenas el cinco porciento, de acuerdo con las cifras de la agencia de desarrollo internacional Oxfam.

Estas desigualdades terminan socavando la estabilidad del sistema mientras crece la brecha entre lo que el sistema produce o podr铆a producir, y lo que el mercado puede absorber. La extrema concentraci贸n de la riqueza en manos de muy pocos al lado del empobrecimiento acelerado de la mayor铆a significa que la clase capitalista transnacional, o CCT, enfrenta cada vez mayores dificultades en encontrar salidas productivas para descargar las enormes cantidades del excedente que ha acumulado. Entra mas se ensanchan las desigualdades globales, mas se vuelve constre帽ido, y por ende saturado, el mercado mundial, y cada vez mas el sistema enfrenta una crisis estructural de la sobreacumulaci贸n.

En la ausencia de medidas compensatorias 鈥 es decir, una redistribuci贸n hacia debajo de la riqueza 鈥 la creciente polarizaci贸n social resulta en crisis 鈥 en estancamiento, recesiones, depresiones, levantamientos sociales y guerras.

Contrario a narraciones prevalecientes, la pandemia de coronavirus no caus贸 la crisis del capitalismo global, ya que esta ya estaba a las puertas. En v铆speras de la pandemia, la tasa de crecimiento en los pa铆ses de la Uni贸n Europea ya hab铆a llegado a cero, en tanto la mayor parte de Am茅rica Latina y de 脕frica Subsahariana ya estuvo en recesi贸n, las tasas de crecimiento en Asia experimentaban un declive notable, y Norteam茅rica enfrentaba una ralentizaci贸n econ贸mica constante. La situaci贸n estaba clara: el mundo tambaleaba hacia crisis. El contagio fue nada mas que la chispa que encendi贸 el combustible de una econom铆a global que nunca logr贸 una plena recuperaci贸n del colapso financiero de 2008.

En los a帽os previos a la pandemia se registr贸 un constante aumento en la capacidad infrautilizada y una desaceleraci贸n de la actividad industrial alrededor del mundo. El excedente de capital sin salida aument贸 r谩pidamente. Las corporaciones transnacionales registraron niveles r茅cord de ganancias durante los a帽os 2010-2019 al mismo tiempo que las inversiones corporativas se disminuyeron. El monto total de dinero en reservas de las 2,000 corporaciones no financieras mas grandes en el mundo pas贸 de $6.6 billones a $14.2 billones de d贸lares entre 2010 y 2020 鈥 cantidad por encima del valor total de todas las reservas en divisas de los gobiernos centrales del mundo 鈥 al mismo tiempo que la econom铆a global se qued贸 estancada. La fren茅tica especulaci贸n financiera y el constante aumento de la deuda gubernamental, corporativa, y de los consumidores, impulsaron el crecimiento en las primeras dos d茅cadas del siglo XXI. Pero estos dos mecanismos 鈥 la especulaci贸n y la deuda 鈥 constituyen soluciones temporales y no sostenibles frente al estancamiento de largo plazo.

La econom铆a global de guerra

Como mostr茅 en mi libro 鈥淓l Estado Policiaco Global鈥, publicado en 2020, la econom铆a global ha llegado a depender cada vez mas del desarrollo y despliegue de los sistemas de guerra, de control social transnacional, y de represi贸n, simplemente como medio para sacar ganancia y seguir acumulando el capital de cara al cr贸nico estancamiento y la saturaci贸n de los mercados globales. La acumulaci贸n militarizada se refiere a esta situaci贸n en la cual una econom铆a global de guerra depende de las constantes guerras, conflictos, y campa帽as de control social y represi贸n, organizadas por los Estados, y ahora impulsadas adelante por las nuevas tecnolog铆as digitales, para sostener el cada vez mas tenue proceso de acumulaci贸n global de capitales.

Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 marcaron el inicio de una era de guerra global permanente en el cual la log铆stica, la guerra, la inteligencia, la represi贸n, el monitoreo y rastreo, y hasta el personal militar son cada vez mas el dominio privado del capital transnacional. El presupuesto del Pent谩gono se increment贸 en un 91 porciento en t茅rminos reales entre 1998 y 2011, mientras a nivel mundial, el conjunto de los presupuestos militares estatales creci贸 en un 50 porciento entre 2006 y 2015, desde $1.4 billones de d贸lares, a $2.03 billones, aunque esta cifra no incluye los centenares de miles de millones de d贸lares gastados en la inteligencia, las operaciones de contingencia, las operaciones policiales, las 鈥済uerras鈥 contra las drogas y el terrorismo, y la seguridad interna. Durante este periodo, las ganancias del complejo militar-industrial se cuadruplicaron.

Pero un enfoque que se limita a analizar los presupuestos militares estatales nos da una visi贸n demasiado parcial del cuadro de la econom铆a global de guerra. Las numerosas guerras, los m煤ltiples conflictos, y campa帽as del control social y de represi贸n alrededor del mundo entra帽an la fusi贸n de la acumulaci贸n privada con la militarizaci贸n estatal. En esta relaci贸n, el Estado facilita la expansi贸n de las oportunidades para que el capital privado acumule mediante la militarizaci贸n, tales como la facilitaci贸n de la venta global de armamentos por parte de las compa帽铆as del complejo militar-industrial-seguridad. Estas ventas han alcanzado niveles que no tienen precedente. Las ventas globales de armamentos por parte de los 100 fabricantes mas grandes se incrementaron en un 38 porciento entre 2002 y 2016.

Ya para 2018, las compa帽铆as militares con fines de lucro emplearon unos 15 millones de personas alrededor del mundo, mientras otros 20 millones de personas trabajaban para las compa帽铆as privadas de seguridad. El negocio de la seguridad privada (polic铆a privada) es uno de los sectores econ贸micos de crecimiento mas r谩pido en muchos pa铆ses y ha llegado a empeque帽ecer a las fuerzas publicas alrededor del mundo. En monto gastado en la seguridad privada en 2003 鈥 el a帽o de la invasi贸n norteamericana a Iraq 鈥 fue mayor en un 73 porciento que el gastado publico de seguridad, y tres veces mas personas trabajaban por compa帽铆as privadas militares y de seguridad que por las instancias estatales. Estos soldados y polic铆as corporativos fueron desplegados para vigilar la propiedad corporativa, proporcionar personal de seguridad para los ejecutivos de la clase capitalista transnacional y sus familias, recompilar datos, llevar a cabo la contrainsurgencia, las operaciones paramilitares y de monitoreo y rastreo, realizar acciones de control de multitudes y represi贸n de los manifestantes, administrar los c谩rceles y centros de interrogaci贸n, manejar centros privados de detenci贸n de los inmigrantes, y hasta participar directamente en las guerras al lado de las fuerzas estatales.

En 2018, el entonces presidente estadounidense Donald Trump anunci贸 con mucha fanfarria la creaci贸n de un sexto servicio de las fuerzas armadas norteamericanas, la llamada 鈥淔uerza Espacial鈥. Los medios de comunicaci贸n corporativos repitieron como papagayo la versi贸n oficial para la creaci贸n de estas fuerzas 鈥 de que era necesario para que EEUU enfrentara crecientes amenazas internacionales. Ignoraron casi por completo de que un peque帽o grupo de exfuncionarios gubernamentales con fuertes lazos con la industria aeroespacial hicieron constante cabildeo entre bastidores para la creaci贸n de esta Fuerza con el objetivo de ampliar el gasto militar en concepto de sat茅lites y otros sistemas espaciales.

En febrero del a帽o en curso la Federaci贸n de Cient铆ficos Americanos denunci贸 que detr谩s de la decisi贸n del gobierno norteamericano de invertir no menos de $100 mil millones de d贸lares en una renovaci贸n del arsenal nuclear, se dio un constante cabildeo por parte de las compa帽铆as del complejo militar-industrial que producen y mantienen dicho arsenal. La administraci贸n Biden anunci贸 con mucha fanfarria a principios de abril de este a帽o de que iba a retirar todas las tropas norteamericanas en Afganist谩n. Sin embargo, los 2,500 soldados estadounidenses en ese pa铆s palidecen en comparaci贸n con los mas de 18,000 contratistas de auxilio privados desplegados por EEUU, entre ellos al menos 5,000 soldados bajo la planilla de las corporaciones militares privadas.

Las mal-llamadas guerras contra las drogas y el terrorismo, las guerras no declaradas contra los inmigrantes y refugiados, la construcci贸n de los muros fronterizos, los centros de detenci贸n de inmigrantes, los complejos industriales carcelarios, los sistemas de monitoreo y rastreo de masa, la extensi贸n de las compa帽铆as privadas de seguridad y mercenarias 鈥 todos se han convertido en importantes fuentes de ganancia y se volver谩n mas importantes aun en la medida que la econom铆a global siga enfrentando el estancamiento cr贸nico. En resumidas cuentas, el Estado policiaco global se vuele gran negocio en momentos en que otras oportunidades de lucro para las grandes corporaciones transnacionales se ven limitadas.

Pero si bien la ganancia de capital transnacional y no la amenaza externa es la explicaci贸n para la expansi贸n de la maquinaria norteamericana de guerra estatal y corporativa, esta expansi贸n todav铆a necesita ser justificada por la propaganda oficial del Estado. La nueva guerra fr铆a cumple con esta finalidad.

Conjurando enemigos externos

Hay otra din谩mica en juego que explica la nueva guerra fr铆a: la crisis de la legitimidad del Estado y de la hegemon铆a capitalista. Las tensiones internacionales derivan de una contradicci贸n aguda en el capitalismo global: la globalizaci贸n econ贸mica tiene lugar en un sistema de autoridad pol铆tica basada en el Estado naci贸n. Es decir, en t茅rminos mas t茅cnicos, hay una contradicci贸n entre la funci贸n de acumulaci贸n y la funci贸n de legitimidad de los Estados. Los Estados enfrentan una contradicci贸n entre la necesidad de promover la acumulaci贸n transnacional de capital en sus respectivos territorios nacionales 鈥 en competencia con otros Estados 鈥 y la necesidad de lograr la legitimidad pol铆tica y estabilizar el orden social interno.

La tarea de atraer las inversiones corporativa y financiera al territorio nacional requiere que el Estado proporcione al capital todos los incentivos asociados con el neoliberalismo, como son la presi贸n para abajo sobre los salarios, la represi贸n sindical, la desregulaci贸n, las pol铆ticas impositivas regresivas, las privatizaciones, los subsidios al capital, la austeridad fiscal y recortes del gasto social, etc茅tera.

El resultado de estas medidas es el incremento de la desigualdad, el empobrecimiento, y la inseguridad para las clases trabajadoras y populares, precisamente las condiciones que arrojan a los Estados hacia la crisis de la legitimidad, que desestabilizan los sistemas pol铆ticos nacionales, y que ponen en peligro el control elitista.

Las fricciones internacionales escalan en la medida que los Estados, en sus esfuerzos por retener la legitimidad, buscan sublimar las tensiones sociales y pol铆ticas y evitar que se fracture el orden social. En EEUU, esta sublimaci贸n ha entra帽ado el esfuerzo por canalizar el descontento social hacia las comunidades convertidas en chivos expiatorios, tales como los inmigrantes. Se trata de una de las funciones mas importantes del racismo y fue parte integral de la estrategia pol铆tica del gobierno de Trump. Pero tambi茅n entra帽a la canalizaci贸n de dicho descontento hacia enemigos externos tales como China y Rusia, lo cual parece ser una de las piedras angulares de la estrategia del gobierno de Biden.

Las clases dominantes chinas y rusas tambi茅n deben enfrentar las consecuencias econ贸micas y pol铆ticas de la crisis global, pero sus econom铆as nacionales est谩n menos dependientes de la acumulaci贸n militarizada y sus mecanismos de legitimidad son otras, es decir, no dependen del conflicto con EEUU. Es Washington que conjura la nueva guerra fr铆a, pero esta guerra no responde a una amenaza de China o de Rusia, mucho menos a la competencia econ贸mica entre los capitalistas en los tres pa铆ses, pues las corporaciones transnacionales se han inter-penetrado inextricablemente mediante las inversiones mutuas tras-fronteras. Mas bien, esta guerra impulsada por Washington responde al imperativo de manejar y sublimar la crisis.

El af谩n del Estado capitalista de externalizar las consecuencias pol铆ticas de la crisis aumenta el peligro de que las tensiones internacionales conduzcan a la guerra. Hist贸ricamente las guerras han sacado al sistema capitalista de las crisis estructurales, en tanto fungen para desviar la atenci贸n desde las tensiones pol铆ticas y los problemas de la legitimidad. El llamado 鈥渄ividendo de paz鈥 鈥 que supuestamente iba a conducir a la desmilitarizaci贸n con el fin de la Guerra Fr铆a original con el colapso de la Uni贸n Sovi茅tica en 1991 鈥 se esfum贸 de la noche a la ma帽ana con los eventos del 11 de septiembre de 2001, los cuales legitimaron la farsa de la 鈥済uerra contra el terror鈥 como nuevo pretexto para la militarizaci贸n y el nacionalismo reaccionario. Los presidentes estadounidenses hist贸ricamente registren el 铆ndice de aprobaci贸n mas alto cuando lanzan las guerras.

El 铆ndice de aprobaci贸n de George W. Bush alcanzo el m谩ximo hist贸rico de 90 % en 2001, en el momento en que su administraci贸n se alistara para invadir a Afganist谩n, en tanto el de la administraci贸n de su padre, George H. W. Bush, alcanz贸 un 铆ndice de 89 % en 1991, a ra铆z de su declaraci贸n de que concluy贸 exitosamente la (primera) invasi贸n a Irak y la 鈥渓iberaci贸n de Kuwait鈥.

La dictadura digitalizada de la clase capitalista transnacional

El capitalismo global experimenta en estos momentos un proceso de reestructuraci贸n y transformaci贸n radical, impulsado por una digitalizaci贸n mucho mas avanzada de toda la econom铆a y la sociedad global. Este proceso esta basado en las tecnolog铆as de la llamada 鈥渃uarta revoluci贸n industrial鈥, incluyendo la inteligencia artificial y el aprendizaje autom谩tico, los macrodatos, los veh铆culos terrestres, a茅reos, y mar铆timos de conducci贸n autom谩tica, la computaci贸n cu谩ntica y en nube, el internet/red de las cosas (conocido como IoT por sus siglas en ingl茅s), la bio y nanotecnolog铆a y 5G ancho de banda, entre otras.

Si la crisis es econ贸mica y pol铆tica, tambi茅n es existencial por la amenaza del colapso ecol贸gico, as铆 como por la de una guerra nuclear, a la cual tenemos que agregar tambi茅n el peligro de futuras pandemias que podr铆an involucrar a microbios mucho mas letales que los coronavirus. Los encierros impuestos por los gobiernos por la pandemia sirvieron como pruebas para la forma en que la digitalizaci贸n podr铆a permitir a los grupos dominantes efectuar una aceleraci贸n en el tiempo y en el espacio de la reestructuraci贸n capitalista y ejercer un mayor control sobre la clase trabajadora global. El sistema ahora buscar una mayor expansi贸n por la v铆a de la militarizaci贸n, las guerras y los conflictos, una nueva ronda de despojos violento alrededor del mundo, y una extensi贸n del pillaje del Estado.

Las clases dominantes est谩n aprovechando de la emergencia sanitaria para legitimar un control mas apretado sobre las poblaciones descontentas. Este proceso se ve acelerado por el cambio de las condiciones producidas por la pandemia y sus consecuencias. Dichas condiciones han ayudado a un nuevo bloque de capital transnacional 鈥 liderado por las compa帽铆as gigantescas de alta tecnolog铆a, entrelazados como son con la finanza, la industria farmac茅utica, y el complejo militar-industrial 鈥 a acumular cada vez mas poder y consolidar su control sobre los ejes dominantes de la econom铆a global. La reestructuraci贸n en marcha acarrea consigo una mayor concentraci贸n de capital a nivel mundial, un agravamiento de la desigualdad social, y tambi茅n una agudizaci贸n de las tensiones internacionales y los peligros de la conflagraci贸n militar.

En 2018, solo 17 conglomerados financieros globales en su conjunto manejaron $41.1 billones (trillones en ingl茅s), que representa mas que la mitad del producto global bruto del planeta entero. Ese mismo a帽o, para reiterar, el uno porciento de la humanidad, encabezado por 36 millones de millonarios y 2,400 multimillonarios (billonarios en ingl茅s), control贸 mas de la mitad de la riqueza del planeta, mientras el 80 porciento 鈥 casi seis mil millones de personas 鈥 tuvieron que conformarse con apenas el cinco por ciento de esa riqueza.

El resultado es devastaci贸n para la mayor铆a pobre de la humanidad. El 50 % de la poblaci贸n mundial intenta sobrevivir con menos de $2.50 diarios y el 80 % sobrevive con menos de $10 diarios. Una de cada tres personas sufre de la desnutrici贸n, casi mil millones de personas se acuestan cada noche con hambre, y otros dos mil millones sufren de la inseguridad alimentaria. El numero de personas convertidos en refugiados por la guerra, el cambio clim谩tico, la represi贸n pol铆tica y el colapso econ贸mico ya alcanza varios centenares de millones. La nueva guerra fr铆a resultar谩 en una agudizaci贸n de la miseria de esta masa de la humanidad.

Las crisis capitalistas son momentos de intensas luchas de clase y sociales. Ha habido una r谩pida polarizaci贸n en la sociedad global desde 2008 entre una ultra-derecha insurgente y una izquierda insurgente. La crisis en curso desata revueltas populares. Los trabajadores, campesinos y pobres han llevado a cabo una oleada de huelgas y protestas alrededor del mundo. Desde Sudan hasta Chile, desde Francia hasta Tailandia, Sud谩frica, y EEUU, una 鈥減rimavera popular鈥 se estalla por doquier. Pero la crisis tambi茅n anima a las fuerzas ultra-derechistas y neofascistas que han surgido en muchos pa铆ses alrededor del mundo y que buscan aprovechar pol铆ticamente de la emergencia sanitaria y sus consecuencias. Los movimientos neofascistas y los reg铆menes autoritarios y dictatoriales se han proliferado alrededor del mundo en tanto se desintegra la democracia.

Las desigualdades salvajes explosivas desatan protestas en masa por parte de los oprimidos y llevan a los grupos dominantes a desplegar un Estado policiaco global cada vez mas omnipresente para contener la rebeli贸n de las clases trabajadoras y populares. El capitalismo global emerge de la pandemia en una nueva y peligrosa fase. La batalla por el mundo post-pand茅mico ya esta siendo librada. Las contradicciones de un sistema en perpetua crisis han llegado al punto de quiebre, conduciendo al mundo hacia una situaci贸n peligrosa, hacia el borde de la guerra civil global. Los riesgos no podr铆an ser mayores. Parte integral de la batalla por el mundo post-pand茅mico es la revelaci贸n y la denuncia de la nueva guerra fr铆a como artima帽a de los grupos dominantes para desviar nuestra atenci贸n de la crisis en escalada del capitalismo global.

CALPU




Fuente: Lahaine.org