July 8, 2021
De parte de Fundacion Aurora Intermitente
226 puntos de vista


EL SUPUESTO GOBIERNO DE IZQUIERDAS ACELERA LA PRIVATIZACIÓN DE LA SANIDAD PÚBLICA

En este último año, la atención a patologías NO-COVID en 2020 cayó en picado. Los hospitales, dedicados casi por entero a patología COVID, y las políticas de privatización e infrafinanciación de los centros “públicos” durante años, son las responsables del colapso del sistema sanitario. Para empeorar la situación, durante la pandemia los “centros públicos” han recibido solo una pequeña parte de los fondos extraordinarios, agudizando su crisis estructural y su agónico deterioro, mientras el dinero ha fluido hacia empresas privadas de todo tipo. La situación ha sido lógicamente peor, en los territorios del Estado con mayores grados de penetración de la empresa privada y con menos financiación histórica.

La consecuencia más visible de este colapso es que imposibilita el acceso real (en tiempos adecuados) al sistema sanitario de la población trabajadora y excluida. Esto provoca también la huida de los sectores poblacionales que aún mantienen cierta capacidad de compra hacia seguros privados. En 2020 hubo 470.000 pólizas individuales nuevas, el crecimiento más elevado de los últimos 15 años. Los casi 13 millones de personas que disponen de una póliza privada -más 5 millones con póliza dental privada- han aportado la nada despreciable cifra de 9.000 millones de € a las aseguradoras. Mientras, perdemos cerca de 1.000 millones de € que dejan de recogerse vía impuestos, debido a la incentivación fiscal por la compra de dichos seguros 1, incentivación que el gobierno más progresista de la historia mantiene.

Ahora el gobierno publica las listas de espera oficiales correspondientes a diciembre de 2020 que, aunque convenientemente maquilladas, no pueden tapar esta vergonzosa situación.

¿Cómo es posible que la lista de espera quirúrgica haya disminuido en 20.000 personas en 2020 2, con los “quirófanos bajo mínimos” por la pandemia, y cuando la población protegida se ha incrementado en casi 100.000 personas?

La explicación de este descenso solo puede encontrarse en el “bloqueo” del sistema. De 2008 a 2019 las personas en lista de espera quirúrgica prácticamente se duplicaron (de 372.000 a 705.000), manteniendo una tasa de entradas creciente. En 2020 esa tendencia se rompe, ya que entraron en lista de espera medio millón de personas menos que en 2019 3. Es indudable que se han hecho menos intervenciones de las esperables para un periodo de tiempo similar, por lo que el dato en crudo de descenso del número de pacientes en lista de espera quirúrgica no es positivo, sino que es resultado de la falta de acceso de los pacientes.

Si nos fijamos en el tiempo medio de espera, vemos que ha empeorado pasando de 121 a 148 días. Comunidades como Castilla la Mancha con 286 días y Andalucía con 188 ocupan los peores lugares. Otros como País Vasco se sitúa en solo 68 días. En Castilla la Mancha el 56 % de los pacientes tienen que esperar más de 6 meses para ser intervenidos, mientras que en el País Vasco sólo el 5,5%.

Combinando ambos datos vemos que además de entrar menos pacientes que precisan operarse, deben esperar más tiempo que antes cuando había un mayor volumen de pacientes.

Respecto a la lista de espera para la primera cita con el especialista 4, ha disminuido en casi medio millón durante el 2020, hasta situarse en 2 millones de personas 5. No lo consideramos muy fiable ya que, con el sistema colapsado y centrado en el Covid, es imposible haber atendido ese número de consultas, lo que ya denunciábamos en nuestro anterior análisis, hace 6 meses, cuando se nos aseguraba que entre diciembre de 2019 y junio de 2020, se había pasado de 2,5 millones de personas a 1,5 millones, es decir, ¡¡se había reducido la lista de espera en casi 1 millón de personas en el peor momento de la pandemia 6 !!

Según estos datos, Andalucía con 74,46 pacientes por 1.000 habitantes encabeza la clasificación, mientras en el “oasis vasco” solo son 8 de cada 1.000 personas. “Oficialmente” la lista de espera para la primera consulta del especialista es de 99 días, con grandes diferencias entre Catalunya 152, Aragón 147 y País Vasco 30. En Canarias el 88,1% de los pacientes esperan más de 60 días frente al 3,4 % de Baleares.

Por otro lado, es bien sabido que, una vez superada la ardua tarea de ser visto por el especialista (que puede llevar meses desde la indicación del médico de cabecera), el paciente queda en un “limbo diagnóstico” para la que no hay estadísticas publicadas: el tiempo que media hasta la realización de la prueba diagnóstica indicada por el especialista que puede ser necesaria para la intervención quirúrgica. Este tiempo retrasa la entrada del paciente en lista de espera quirúrgica. Sin contabilizar adecuadamente este tiempo, o dejando al criterio de las Comunidades reportarlo o no, desaparecen miles de pacientes de las estadísticas oficiales, maquillando las cifras ocultando el problema real.

Como era de esperar, la privada, se ofrece ahora a reducir las listas de espera. La misma sanidad privada que en la primera ola y pese a que el Gobierno central disponía de la posibilidad legal de exigir la puesta de sus recursos al servicio de las necesidades de la población en una situación de emergencia, realizaba ERTEs y dejaba infrautilizadas camas de hospitalización y de cuidados críticos, mientras los hospitales públicos de muchas zonas colapsaban. Sin olvidar, que los centros privados que pusieron al servicio de los ciudadanos algunos de sus medios, fueron debidamente compensados económicamente con un coste incremental sobre la base oficial del precio de atención de estos pacientes (atendiendo a los GRDs, Grupos Relacionados por Diagnóstico). Ahora las privadas se ofrecen a reducir las listas de espera 7, con otra oferta inmejorable: operaciones al 50 % de los “precios oficiales”. Eso sí, las complicaciones, reingresos, seguimiento de las cirugías, y otros efectos colaterales seguirán siendo asumidos, como siempre, por la atención primaria y los hospitales públicos. La empresa privada no entra en el juego para perder. Pero sus ganancias económicas, son nuestras pérdidas en salud.

https://www.casestatal.org/es/2021/…




Fuente: Aurorafundacion.org