July 8, 2021
De parte de Lobo Suelto
288 puntos de vista


Cuando me mud茅 de la casa familiar eleg铆 los objetos que me llevar铆a a la nueva vida de las decisiones. Traje las pocas cosas que junt茅 con sentido despu茅s de la adolescencia.
La caja de cart贸n que m谩s miedo me dio que se rompiera fue una de las tituladas 鈥淏IBLIOTECA ARRIBA鈥.

En el departamento en el que vivo hay dos lugares en los que guardo libros. Abajo, frente a esta computadora en la que escribo, est谩n, desordenados, los que quiero tener al alcance del estiramiento de un brazo. Arriba, en mi habitaci贸n, est谩 La Biblioteca en la cual, con una sencilla organizaci贸n, encuentro los libros que ya le铆, los que no le铆 y quiero leer, y los que cre铆a que quer铆a leer y ahora temo que nunca leer茅. Tambi茅n guardo ah铆 los cuadernos en los que escrib铆.

Cada cuaderno tuvo un uso particular. Hay algunos en los que hice anotaciones aleatorias: listas de supermercado, firuletes, palabras que rebotaron de una llamada telef贸nica,  anotaciones de una generala en la que perd铆, ideas germinales de textos literarios y obligaciones del d铆a. Las hojas de estos cuadernos est谩n arrancadas, rotas y las que quedaron enteras, fieles a la encuadernaci贸n, tuvieron el poder ef铆mero de retener cierta informaci贸n que fue utilizada en el corto plazo. Tambi茅n guardo los cuadernos en los que escribo cuentos, relatos, poemas y sue帽os. Su individualidad es que las hojas tienen una potencia 煤nica, desconocida por el brillo del Documento1 de Word, donde finalmente termino reescribiendo y editando el texto que guardar茅 como鈥 en la carpeta inform谩tica llamada: 鈥渓os textos tienen que estar aqu铆鈥.
En cambio, los diarios 铆ntimos est谩n formados por una sucesi贸n de cartas en las que sin querer radiografi茅, a lo largo de los a帽os, mi torrente sensible. A estas hojas nunca vuelvo. Las palabras permanecen tal como las encontr茅 en el momento de la escritura. Fueron como un sudor, un escupitajo, un v贸mito que el cuerpo necesit贸 transformar en resto y desecharlo. Su existencia convierte en graf铆a la historia de mis sentimientos.

La caja m谩s pesada de mi mudanza fue la de los diarios 铆ntimos. No importa si pesaba m谩s o menos kilogramos que las hist贸ricas vajillas familiares compradas en un pa铆s lejano, para m铆 esa caja ten铆a la carga de la vida entera.

Desde que soy chica le escribo al Querido Diario y sospecho que ese fue mi ingreso a la escritura y,  posteriormente, a la literatura. Sus tapas callan la tinta de todos mis secretos, hasta de los secretos que existen en los cuadernos y no en los recuerdos.

Comenc茅 escribiendo, desde el berrinche de la cama, cartas hechas de s煤plicas y confesiones escritas con l谩grimas desplaz谩ndose por los cachetes. El Diario era una figura salvadora, que sin responderme, recib铆a mis palabras. 鈥淨uerido Diario: ya estoy mejor, alguna ayuda me habr谩s mandado鈥︹

Por la sugerencia de mi educaci贸n  laica y el encuentro de po茅ticas s铆miles, las entradas dejaron de ser cartas melodram谩ticas y comenzaron a ser el registro de eventos ocurridos o pensados mientras ellos mismos suced铆an, en un determinado d铆a. Una foto con las palabras como el paisaje.

Escribir en un diario las repercusiones de mis heridas, de mis alegr铆as, de mis interpretaciones y de mis razones no se me ocurri贸 a m铆, sino que es un componente constituyente de la recurrencia semi贸tica. Hay gestos culturales que reaparecen a lo largo de las sociedades de diferentes formas. 驴De d贸nde habr茅 sacado, a los siete a帽os, que para dejar de llorar ten铆a que escribirle al Querido Diario? No lo s茅, pero sin dudas del pasado.

Ahora pienso en la escritura de un diario y aparece en mi mente Querido Diario (2011), un libro de Luis Mar铆a Pescetti en el que se pod铆an espiar las anotaciones de Natacha, un personaje, ni帽a como yo, al que segu铆a en todos sus libros. O bien, pienso en la escritura de un diario y resuenan en m铆 algunos signos de una conversaci贸n con un terapeuta al que no puedo ver por estar recostada en un div谩n. Tambi茅n, pienso en la escritura de un diario e imagino que tiene rasgos similares a una confesi贸n ante un sacerdote, que por juramento no puede  romper con el secreto en cuesti贸n. O mejor a煤n: pienso que escribirle al Querido Diario es como hablarle al Dios mismo. Padre nuestro que est谩s en los cielos antecede todo di谩logo entre el hombre y Dios, que nunca responde con nuestro lenguaje. Al igual que el Querido Diario antecede todo di谩logo entre el hombre y ese ente et茅reo que tampoco responde con nuestras palabras.

Pablo Katchadjian, en Amado Se帽or (2020), le dedica una novela epistolar entera al 鈥淎mado Se帽or鈥. En estas cartas sin respuesta ling眉铆stica, Katchadjian reflexiona sobre y con su receptor, que no existe pero existe cuando 茅l le escribe y lo piensa. El Amado Se帽or de Katchadjian cambia de forma r谩pidamente porque nunca tuvo una. Las cartas comienzan a dirigirse a: Amado Reflejo, Amada Mata de Cactus, Amada Boca, Amada Nube de Bacterias, Amado Punto, entre muchas otras. En una entrada, el emisor le confiesa a su Amado Ruido Verdadero que la historia que le est谩 contando la conoce porque en su familia existe un diario que se fue escribiendo de generaci贸n en generaci贸n. Esa escritura fue la encargada de mantener viva la memoria familiar. Enseguida le escribe al Amado Diario: 鈥渢enerte y leerte me hace pensar en qu茅 de todo lo que pas贸 en mi familia antes de m铆 sediment贸 en m铆 鈥Entonces, escribirle el Amado Diario, o al Querido Diario, o a la Amada Utilidad es casi una intuici贸n, sedimentada en nosotros por la historia previa a nosotros.

En el siglo XVIII, despu茅s de la Revoluci贸n Francesa, una serie de transformaciones en la producci贸n impresa de los libros produjeron la llamada 鈥淩evoluci贸n de la lectura鈥. Los lectores cambiaron su modo de enfrentarse a los libros y empez贸 a surgir, en convivencia con otros modos de lectura, la lectura silenciosa e individual como forma de entretenimiento privado. Fue en este contexto de intimidad en el cual los lectores comenzaron a sentir cercan铆a con los personajes de las ficciones que le铆an y a su vez, comenz贸 a forjarse una relaci贸n con los autores que posibilitaban ese trance. Un caso famoso es el de Las penas del joven Werther (1774). Goethe, el autor, recibi贸 miles de cartas de los lectores que tras leer su novela sintieron quebrantada su intimidad emp谩tica, al punto tal de poner de moda el suicidio, tal como lo hace el pobre Werther en la ficci贸n.
En el caso particular de las mujeres-lectoras, el acto de lectura las encontr贸 adentro de sus casas. Los libros comenzaron a desplazarlas de sus tareas dom茅sticas para llevarlas a sus habitaciones donde llevaban a cabo El Acto de La Lectura. Lo privado comenz贸 ser peligroso porque estaba asociado con el deseo y los mundos posibles a los que la lectura las podr铆a estar llevando. Siglos m谩s tarde, Virginia Woolf escribir铆a Un cuarto propio (1929), un manifiesto a la necesidad del espacio personal como simbolismo de autonom铆a econ贸mica y emancipaci贸n social, ya no s贸lo para la lectura, sino adem谩s para la escritura 铆ntima.

No s茅 si fue por resabios hist贸ricos o por consumos culturales que mediaron nuestras pr谩cticas, mis compa帽eros de la escuela primaria no escrib铆an diarios 铆ntimos. Era algo yankee y de mujeres. Mis compa帽eras ten铆an sus diarios apoyados en las  mesas de luz. Algunos ven铆an con claves y candados que mostraban que, ni aunque fu茅semos las amigas m谩s cercanas del grado, podr铆amos enterarnos de lo que el Querido Diario s铆.

Despu茅s de la adolescencia, la relaci贸n con esa sustancia receptora cambi贸. Pienso que haberme encontrado con los diarios de la poeta Alejandra Pizarnik tuvo que ver. Recuerdo la sorpresa que me gener贸 que una editora hubiera recolectado y, tras la muerte de la autora, publicado el testimonio de los d铆as de Pizarnik, y que esos textos, a su vez, pod铆an funcionar en un mercado editorial porque a muchos lectores, como a m铆, les interesaba leerlos. En sus diarios, Alejandra menciona los diarios de otros escritores: Baudelaire, Katherine Mansfiel, Julien Green, entre otros. Los diarios, hac铆a tiempo, eran un g茅nero literario en s铆 mismo. Descubr铆 diarios de viajes, diarios de enfermedades, diarios del dinero, diarios de duelos, diarios de becas y los diarios de los escritores que yo le铆a.

Pizarnik, un 30 de abril, escribi贸 鈥 document贸-  que es casi imposible escribir un diario con la intenci贸n, a priori, de publicarlo. Sin embargo, en La novela luminosa (2005) Mario Levrero lo logra. Si bien el escritor construye el relato de sus d铆as desde la soledad de su casa y, m谩s puntualmente, desde la nocturnidad de su 铆ntima computadora, hay una constante apelaci贸n al futuro lector de esos escritos. Esta escritura 铆ntima est谩 pensada para que un otro la lea. Levrero se disculpa por el aburrimiento que conlleva leer esas p谩ginas y a su vez  se excusa con la creencia de que, como sigue siendo su diario un espacio privado, 茅l debe poder seguir haciendo lo que quiera 鈥渟in pensar en el lector鈥. Presenta a al diario como un espacio de libertad. Si nadie se anima a ir a la casa de otra persona a cuestionar el color de las paredes y el orden y desorden los muebles porque es un espacio privado, nadie deber铆a leer un diario para criticar su sintaxis o el aburrimiento que produce la lectura de los eventos narrados, al menos no en b煤squeda de una 鈥渂uena literatura鈥.
Al convertirse en un g茅nero literario en s铆 mismo, los diarios 铆ntimos comenzaron a coquetear con la ficci贸n. Las personas cercanas a Levrero, sus amigos y parejas, se transformaron en los personajes, con nombres ficticios, de su novela. O bien, en Los diarios de Emilio Renzi, Emilio Renzi no existe, sino que es un personaje, 谩lter ego del escritor Ricardo Piglia. Por lo tanto, Piglia escribi贸 su vida en sus diarios a partir de una cesi贸n de su propia intimidad.

Ahora pienso que el diario es un cuaderno formado por textos cuyos t铆tulos son las fechas del d铆a en que escribo. Desde que s茅 que puedo ir a una librer铆a y comprar diarios 铆ntimos como compro novelas de ciencia ficci贸n, la escritura 铆ntima comenz贸 a desarmarse. El Diario dej贸 de ser el portador de las palabras resultantes de una ofensiva a la intimidad y comenz贸 a ser el ensayo de mi escritura.

S茅 que esos cuadernos tienen la maldici贸n de la eternidad a menos que una cat谩strofe o un mortal detengan su inercia. No quisiera que nadie lea las cartas que le escrib铆 a mi antigua deidad, pero por ahora no puedo tirarlos ni leerlos. Su funci贸n ser谩 la de ocupar espacio y cargar, ellos, el peso de los a帽os.

S茅 que las cartas al Querido Diario son casi de un manual infantil, pero tambi茅n siento que, distanciada de la infancia, el Diario se alej贸 de la intimidad porque dej贸  de ser el lugar donde escribir s贸lo las verdades: aparecieron los artilugios.

Reivindico al Diario 铆ntimo como espacio para la construcci贸n del relato 铆ntimo. No existe intimidad sin mundo, pero si el mundo enmara帽a la intimidad al punto tal de ocultarla, el trabajo para volver a la verdad consistir谩 en, como propuso Julia Kristeva, una revuelta 铆ntima. Una re-vuelta. Volver hacia la autonom铆a. No es necesario s贸lo tener un cuarto propio, sino adem谩s una hoja 铆ntima, con 鈥搉uevos- l铆mites y poros sensibles ante el mundo preexistente.




Fuente: Lobosuelto.com